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Full text of "Anales de la Biblioteca"

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REPÜBLIC\     A  K  (i  ENTINA 


ANALES 


DE     L\ 


BIBLIOTECA 


PUBLICACIÓN  DE  DOCUí^t:?¡TOS  RELATIVOS  AL  RÍO  DE  LA  PLATA 


CON  INTRODUCCIONES  T  NOTA» 


POK 


P.   GROUSSAC 


DJIKXCTOK       ifa       LA       BIBLIOTB¿A       llAClO 


n  AL 


/'♦ 


TOMO  ni 


TTzia  refutaoión  inédita  de  ffioreno 

Biografía  de  Santiago  Liniers 

Cazrtas  y  documentos  Mstórioos.  —  «  Diario  o 

de  Don  Diego  de  Alvear 

Tres  cartas  inéditas  de  Bolívar 


BUENOS  AlUES 

IMPRENTA    r    CASA   EDITORA    DE    CO?II    HERMANOS 
68^    —    CALLE    PB&Ú    —    684 


1904 


.  HUNOS  «mis 


~N. 


\NALES  DE  LA   BIBLIOTECA 


PREFACIO 


Las  documentos  inéditos  que  hoy  se  publican  en  el  tomo  III  de  los 
Anales  de  la  Biblioteca  tienen  diversa  procedencia.  Como  en  el  lu- 
gar correspondiente  se  indica,  la  curiosa  Refutación  del  escrito  de 
Mariano  Moreno  proviene  de  la  colección  manuscrita  de  Angelis, 
existente  en  la  Biblioteca  Nacional  de  Río  de  Janeiro  y  cuya  copia 
legalizada  se  encuentra  ya  casi  completa  en  la  de  Buenos  Aires.  Las 
cartas  personales  de  Liniers,  ó  relativas  á  él,  fueron  adquiridas 
particularmente  por  el  editor  con  excepción  de  la  N*"  20,  que  es  don 
gracioso  del  doctor  don  Felipe  Yo/re  — y,  como  corresponde,  incor- 
poradas al  fondo  manuscrito  de  la  Biblioteca  :  todas  ellas  son  au- 
tógrafas. La  interesante  comunicación  de  Liniers  d  su  suegro  Sa- 
rratea  (W  31),  así  como  la  Relación  anónima,  que  arroja  nueva  luz 
en  la  catástrofe,  me  han  sido  confiadas  por  la  familia  del  Recon- 
quistador, Todos  los  otros  documentos,  que  forman  sin  duda  la  con- 
tribución más  valiosa  para  la  biografía  de  Liniers,  han  sido  extraí- 
dos del  Archivo  General,  en  copias  autenticadas  por  el  personal  del 
establecimiento,  y  me  complazco  en  reconocer  públicamente,  una  vez 
más  y  la  buena  voluntad  con  que  sus  empleados  superiores  han  facili- 
tado mis  investigaciones.  Por  Jin,  como  en  su  lugar  lo  apunto,  las 
tres  cartas  inéditas  de  Bolívar  me  han  sido  comunicadas  respectiva- 
mente por  los  señores  Anadón,  Peñay  Arata,  d  quienes  renuevo  la 
expresión  de  mi  agradecimiento. 

Espero  que  los  lectores  argentinos  de  los  Anales  no  encontraran 
excesivo  el  desarrollo  que  ha  tomado  el  fragmento  sobre  Liniers,  con 
el  cual  doy  por  terminado  el  trabajo  biográfico  que  principié,  hace 


TI  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

algunos  años^  en  la  revista  La  Biblioteca.  Sea  cual  fuere  el  mérito 
de  esta  segunda  parte,  debo  confesar  que  la  preparación  y  redacción 
de  sus  225 páginas,  que  representan  unas  300  del  tamaño  común,  ha 
sido  tarea  mucho  más  laboriosa  que  la  de  los  primeros  capítulos,  sea 
esto  debido  á  mi  menor  aptitud  para  el  trabajo,  ó  — como  lo  creo  — 
d  las  exigencias  de  un  método  más  severo.  No  me  jacto,  á  pesar  de 
ello,  de  no  haber  incurrido  en  algunos  errores  de  fondo  ó  aprecia- 
ción, fuera  de  las  inevitables  incorrecciones  que  espero  atenuar 
cuando  reúna  en  volumen  estos  fragmentos;  pero,  séame permitido 
declarar  que  no  me  ha  guiado  en  este  esbozo  otra  preocupación  que 
la  de  la  verdad  histórica,  y  que,  para  establecerla  sólidamente,  no 
he  omitido  esfuerzo  ni  diligencia. 

Sin  apartarme  un  punto  de  la  exactitud  documental,  cuando  de 
los  hechos  propiamente  históricos  se  tratara,  me  ha  parecido  que  el 
ensayo  biográfico  toleraba  por  momentos  cierto  libre  desarrollo  del 
tema,  allí  donde  la  carencia  de  datos  positivos  dejara  casi  vacio  el 
escenario.  En  suma,  la  licencia  á  que  aludo  se  limita  á  colorir  ó  ani- 
mar algunas  veces,  valiéndome  de  informes  analógicos  y  verosími- 
les, la  seca  relación  de  los  sucesos ^  que  seguramente  no  era  tal  sino 
para  testigos  que  no  sabían  trasuntar  la  viva  y  movediza  realidad. 
Si,  verbigracia,  nos  consta  por  declaración  de  testigos,  que  el  en- 
viado Sassenay  comió  en  el  Fuerte  con  el  virrey  Liniers  y  su  familia, 
no  creo  que  se  peque  gravemente  contra  el  método,  al  esbozar  ligera- 
mente los  personajes  y  la  escena  que  por  otros  conductos  conocemos, 
aunque  dichos  testigos  no  los  describan.  In  dubiis  libertas :  la  má- 
xima de  San  Agustín  vale  para  la  historia  como  para  la  teología ;  y 
este  rápido  cruzar  de  la  imaginación  por  el  campo  real  constituye  la 
parte  de  arte  que  se  unirá  siempre  á  la  ciencia  histórica,  por  más 
que  contra  ello  protesten  los  simples  eruditos.  Pero  dicho  se  estaque 
tales  entradas  furtivas  han  de  ser  raras  y  siempre  limitadas  á  las 
decoraciones  y  hechos  accesorios. 

Esta  preocupación  incesante  de  la  exactitud,  que  ha  sido  tildada 
alguna  vez  de  jansenismo  literario,  tenía  que  conducirme,  en  esta 
segunda  parte  de  mi  estudio  sobre  Liniers,  lo  propio  que  en  la  pri- 
mera, á  señalar  algunos  yerros  materiales  en  que  mis  predecesores 
han  incurrido.  A  no  hacerlo,  no  sólo  hubiera  faltado  al  deber  de 
conciencia  que  todo  historiador  contrae  ante  sus  lectores,  sino  apa- 
rentado ignorar,  ó  tener  en  poco  aprecio,  obras  nacionales  que  con- 


PREFACIO  Til 

servan^  entre  oíros  méritos^  el  de  haber  trazado  el  camino  que  nos- 
otros ahora,  en  posesión  de  mejores  instrumentos  críticos,  rectificamos 
con  relativa  facilidad.  Entre  los  autores  argentinos  cuya  frecuente 
inexactitud  me  ha  tocado  señalar,  tenia  que  ocupar  el  primer  puesto 
el  doctor  don  Vicente  Fidel  López,  cuya  sentida  muerte  ocurrió  du- 
rante la  redacción  de  mi  trabajo.  Este  lugar  preferente,  que  muy  á 
pesar  mío  he  tenido  que  asignarle  en  mis  rectificaciones,  es  debido, 
desde  luego,  á  la  importancia  indiscutible  de  la  Historia  de  la  Repú- 
blica Argentina.  Sólo  se  substrae  á  la  critica  lo  que  no  merece  criti- 
carse: deminimis  non  curat  pnetor.  Por  cierto  que  tal  no  es,  ni 
será  nunca,  la  suerte  reservada d  la  obra  de  López,  Aunque  hubiera 
de  desestimarse  como  exposición  completa  y  fidedigna  de  una  época, 
subsistiría  como  animado  cuadro  social  y  evocación  palpitante  de 
muchos  personajes  y  actos  revolucionarios.  Sus  deficiencias  y  exce- 
sos saltan  d  la  vista:  la  parcialidad  apasionada  y  la  ligereza  afirma- 
tiva del  escritor  son  apenas  comparables  con  su  desdén  absoluto  de 
la  pesquisa  documental.  Nadie  ignora  que  el  nervioso  y  a  menudo 
feliz  repentista  no  se  había  sometido  d  Ifs  condiciones  onerosas  que 
la  historia  exige  de  sus  cultivadores.  Poco  es  decir  que  quedó  ex- 
traño al  paciente  escudriñamiento  de  los  datos  y  d  su  cotejo  contra- 
dictorio :  puede  afirmarse  que  nunca  se  detuvo  á  meditar  sobre  un 
problema  que  reclamase  largas  y  hondas  reflexiones.  No  sabía  du- 
dar.  Todos  los  vicios  de  fondo  y  forma  de  su  obra  se  explican  con 
sólo  recordar  que  ésta  fué  una  perpetua  improvisación.  Ahora  bien : 
para  la  crítica  moderna,  la  idea  de  improvisar  la  historia  equivale 
exactamente  d  la  de  levantar  un  plano  catastral  u  d  vuelo  de  pá- 
jaro n . 

Todo  ello  aceptado,  y  mucho  más  que  pudiera  agregarse,  queda 
subsistente  que  la  obra  de  López,  no  sólo  conserva  alto  sabor  literario, 
sino  que  su  lectura  deja  una  impresión  indeleble  y,  á  trechos,  más 
eficaz  que  los  más  laboriosos  inventarios  ó  fotografías  de  la  reali- 
dad. Bastaríaquitarle su  malhadado  título,  llamándola,  v.  g. ,  Memo- 
rias ó  Crónicas,  para  que  el  dramático  relato  justificara  su  estruc- 
tura sin  perder  un  punto  de  su  intenso  interés.  La  riqueza  nativa  de 
ana  mente  en  continua  ebullición  brota  y  se  desborda  en  aquellos 
diez  volúmenes,  casi  tan  rauda  y  espontánea  como  en  las  páginas  de 
Sarmiento.  Ambos  escritores  se  asemejan  bastante  en  sus  procedi- 
mientos impulsivos,  y  la  trepidante  nerviosidad  del  uno  suele  lograr 


Tin  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

efectos  inmediatos  tan  potentes  como  la  rada  energía  del  otro.  En 
cierto  grado  y  d  cierta  distancia,  el  talento  se  confunde  con  el  ge- 
niOf  como  un  planeta  con  una  estrella.  Alzad  los  ojos  a  la  bóveda 
nocturna  :  aquellos  dos  astros  vecinos  despiden  el  mismo  esplendor ; 
pero  distinguiréis  por  el  centelleo  que  la  luz  del  uno  es  propia  y  la 
del  otro  refleja:  tal  es  la  diferencia  entre  el  genio  y  el  talento, 

Pero  esta  misma  sugestión  de  un  talento  prestigioso  torna  tanto 
más  indispensable  la  corrección  de  los  detalles  erróneos  en  su  obra 
contenidos.  Creo  que  en  lo  relativo  al  doctor  López  he  cumplido  esta 
penosa  tarea  sin  excesiva  severidad;  no  necesito  añadir:  sin  acrimo- 
nia, siendo  muy  conocido  el  respetuoso  afecto  que  su  persona  me 
inspiraba.  On  doit  des  égards  aux  vivants;  on  ne  doit  aux  morts 
que  la  vérité.  Esta  máxima  de  Voltaire  (una  simple  nota  sobre  Chau^ 
lieu,  en  la  primera  carta  a  Genonville),  un  tanto  imprevista  en 
quien  gastó  tan  pocos  miramientos  con  los  vivos,  nunca  me  ha  pare- 
cido palabra  de  Evangelio.  Pienso  que  se  debe  d  los  muertos  como  á 
los  vivos  toda  la  suma  de  miramientos  compatible  con  la  verdad;  y 
creo  que  en  el  caso  del  doctor  López,  por  lo  menos,  esta  regla  ha 
sido  observada.  Habiendo  él  fallecido,  como  dije,  mientras  yo  escri- 
bía este  ensayo,  me  seria  imposible  discernir  ahora,  por  las  notas 
en  que  a  menudo  le  cito,  la  pagina  en  que  mis  criticas  comenzaron  d 
dirigirse  d  un  ausente;  y  espero  que  mis  lectores  se  hallaran  con  la 
misma  dificultad.  Sea  como  fuere,  ya  que  mi  escasa  notoriedad  me 
eximió  de  pronunciar  sobre  su  féretro  las  fórmalas  convencionales  que 
el  género  exige  (y  suelen  formar  tan  triste  contraste  con  el  olvido 
del  día  siguiente),  no  he  querido  que  saliese  d  luz  este  fragmento  de 
historia  argentina,  sin  que  lo  precediera  un  recuerdo  del  noble  escri- 
tor que  honró  d  la  República  con  su  talento  y  sus  virtudes,  y  cuya 
memoria  espera  aun  el  público  homenaje  digno  de  sus  mereci- 
mientos. 

P.  Groussag. 

Buenos  Aires,  í*  de  marzo  de  i90U. 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA 


DK   LA 


«  REPRESENTACIÓN  »    DE    MARIANO    MORENO 


El  docuiñento  inédito,  que  hoy  ve  la  luz  en  estos  Anales,  merece 
por  más  de  un  concepto  la  atención  de  los  estudiosos.  Forma  parte 
de  la  colección  de  manuscritos  históricos  que  don  Pedro  de  Angelis 
vendió  al  gobierno  del  Brasil,  y  que  el  de  la  República  Argentina, 
defiriendo  á  una  indicación  del  director  de  los  Anales,  ha  dispuesto 
sean  copiados  con  destino  á  la  sección  correspondiente  de  la  Biblio- 
teca Nacional  de  Buenos  Aires.  La  plausible  gestión  de  la  cancillería 
argentina  ha  encontrado  la  mejor  acogida  en  Rio  de  Janeiro ;  y  la 
transcripción  literal  de  los  manuscritos  designados  se  está  efec- 
tuando, por  empleados  de  la  importante  repartición  brasileña,  con 
todas  las  garantías  de  minuciosa  fidelidad  que  casi  importan  una 
restitución  de  las  piezas  originales. 

La  disertación  presente  no  lleva  título  ni  firma.  Si  su  atribución 
ál  doctor  don  Julián  S.  de  Agüero,  que  se  consigna  en  el  catálogo 
impreso  de  la  Colección,  no  fué  un  mero  «  reclamo  »  comercial  del 
poco  escrupuloso  coleccionista,  debe  admitirse  que  éste  no  había  re- 
corrido el  documento.  La  confusión  entre  los  dos  homónimos  es, 
en  efecto,  apenas  explicable,  bastando  la  más  ligera  lectura  para 
cerciorarse  de  que  el  Agüero  autor  del  escrito  (acaso  designado 
en  la  cubierta)  era  un  tratante  español,  antiguo  residente  en  el  Río 


AIlAtlS  DS  LA   UBUOTICA.    — >  T.    III 


3  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

de  la  Plata  ;  y  de  ningún  modo  nuestro  clérigo  cordobés  y  futuro 
ministro  de  Rivadavia.  La  Representación  de  Moreno  lleva  la  fecha 
de  3o  de  septiembre  de  1809  ;  siendo  este  escrito  una  refutación  de 
aquéit  según  resulta  del  contexto,  tiene  que  serle  un  poco  posterior. 
Ahora  bien :  consta  que  en  dicha  época,  no  sólo  don  Julián  Segun- 
do no  residía  en  Montevideo,  sino  que  estaba  [desempeñando  «  las 
funciones  de  cura  rector  del  Sagrario  déla  Catedral  ». 

Nadie  ignora,  por  otra  parte,  ¿[ue  el  célebre  alegato  de  Mariano 
Moreno  no  era  sino  una  briosa  impugnación  de  otro  producido  por 
don  Miguel  Agüero,  apoderado  del  Consulado  de  Cádiz,  á  quien 
nuestro  virulento  polemista  designa  y  maltrata  superabundante- 
mente.  Que  sea  este  mismo  interpelado,  el  que  aquí  replica  con  otros 
argumentos  a(/Aom/nem,  parece  superfino  demostrarlo,  siendo  de  in- 
mediata evidencia.  Hasta  podría  afirmarse  que  ello  fluye  directa- 
mente del  procedimiento  administrativo,  y  que  el  expediente  traería 
este  ú  otro  decreto  análogo  del  virrey  Cisneros  :  V»te  al  apoderado 
del  Consulado  de  Cádiz...  Su  autor,  piies,  no  puede  ser  otro  que 
dicho  apoderado,  don  Miguel  de  Agüero,  antiguo  capitular  de  Bue- 
nos Aires  y  oficial  de  la  Defensa,  á  quien  Moreno  nos  presenta  como 
un  simple  mercader,  incapaz,  según  él  dice,  de  penetrar  «  los  su- 
blimes principios  de  la  ciencia  económica,  que  ni  se  aprenden  ni 
se  emplean  dignamente  en  el  mostrador  de  una  tienda  ». 

Para  completar  la  biografia  un  tanto  somera  de  dicho  Agüero,  nos 
faltan  desgraciadamente  los  elementos  más  indispensables.  Con  todo, 
no  creemos  que  la  vaga  fisonomía  del  apoderado  gaditano  merezca 
costear  arduas  investigaciones,  ni  ganara  mucho  con  acentuarse. 
Antiguo  mercader  ó  covachuelista  de  Indias,  seria  uno  de  tantos  pa- 
rásitos como  criara  á  sus  agotados  pechos  la  secular  nodriza  colo- 
nial, cerrados  á  toda  noción  económica  que  no  fuera  el  provecho  ca- 
sero, y  cuya  rancia  doctrina  principiaba  y  concluía  en  el  «  bari-er 
para  adentro  » .  Todo  esto  se  induce  de  los  recios  ataques  de  Moreno, 
como  quiera  que  en  el  retrato  de  su  adversario  le  cargue  visiblemente 
la  mano.  No  le  faltaba  á  éste  cierta  información  libresca ;  ni  el  su- 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  3 

puesto  u  tendero  »  carecía  de  trastienda ;  pero  estaba  obcecado,  al 
igual  que  la  mayoría  de  sus  paisanos,  por  las  preocupaciones  rei- 
nantes. Y  si  bienes  cierto  que  el  trivial  alegato  conserva  hoy  escaso 
interés  como  lucubración  individual,  no  lo  es  menos  que  merece 
atención  por  presentarnos  un  fiel  trasunto  del  sistema  económico 
que,  después  de  acarrear  la  ruina  de  España,  ha  sobrevivido  á  la  ex- 
periencia, para  ella  inútil,  de  un  siglo  entero,  hasta  presidir  en 
nuestros  días,  puede  decirse,  á  la  pérdida  de  sus  últimas  colonias. 

Son  muy  conocidos  los  vicios  y  errores  entretejidos  que  forma- 
ban el  sistema  colonial  de  la  monarquía  española,  y  fuera  ocioso,  á 
propósito  de  un  escrito  vulgar,  repetir  consideraciones  á  las  que 
veinte  historiadores  de  autoridad  han  dado  forma  definitiva.  Pero  es 
curioso  descubrir  y  señalar,  en  una  discusión  tan  circunscripta  como 
la  presente,  los  propios  sofismas  económicos  que  hasta  principios 
del  siglo  XIX  informaron  los  decretos  del  Despacho  de  Indias,  sin 
que  los  ejemplos  exteriores,. las  elocuentes  protestas  de  los  Campo- 
manes  y  Jovellanos,  ni  siquiera  las  rudas  lecciones  de  la  experien- 
cia lograsen  triunfar  de  la  inveterada  rutina.  Prescindiendo  del  pé- 
simo gusto  y  ridicula  fraseología  del  tiempo  (á  la  que  tampoco  Mo- 
reno se  substrae  completamente),  vemos  á  nuestro  rancio  apoderado 
de  Cádiz  incidir,  por  una  pendiente  natural  é  irresistible,  en  los 
conocidos  sofismas  que  siempre  y  donde  quiera  invocaran  los 
doctrinarios  del  monopolio;  pero  que,  sin  duda,  no  cobraron  en 
parte  alguna  el  carácter  absurdo  que  en  España,  apoyándose  allí 
precisamente  en  las  razones  que  hoy  mejor  nos  servirían  para  refutar 
sus  teorías  y  evitar  sus  prácticas. 

Debe  ser,  según  el  autor  de  este  escrito,  el  primer  oficio  de  toda 
colonia  el  contribuir  con  su  riqueza  al  sustento  de  la  metrópoli. 
Nadie  ignora  que  tal  fuera,  en  efecto,  durante  tres  siglos,  la  regla  ob- 
servada por  todas  las  naciones  colonizadoras,  y  desde  luego  por  la 
que  había  descubierto  y  sometido  á  su  imperio  la  mitad  del  orbe 
habitado.  Según  este  concepto  estrechamente  utilitario,  organizó  y 
gobernó  España,  con  lógica  más  ciega  que  sus  rivales,  susincomen- 


U  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

surables  dominios  en  el  antiguo  y  el  nuevo  mundo.  No  tendría  utili- 
dad una  nueva  pintura  de  los  errores  y  abusos  administrativos  que 
constituían  aquel  sistema  colonial,  cien  veces  descripto  por  autores 
nacionales  y  extranjeros ;  bastará  á  nuestro  propósito  actual  señalar 
los  dos  ó  tres  sofismas  funestos  que,  desde  el  origen,  atacaron  de 
raíz  la  planta  maravillosamente  lozana  del  descubrimiento  y  la  con- 
quista. 

Fué  el  primero,  una  noción  errónea  de  la  riqueza,  haciéndola 
consistir  ante  todo  en  la  explotación  de  los  metales  preciosos.  A  este 
espejismo  económico  se  sacrificaron  las  industrias  de  la  madre  pa- 
tria, no  menos  que  los  progresos  materiales  y  morales  de  las  colonias, 
llegándose,  al  cabo  de  tres  siglos  de  tan  absurdo  sistema,  al  lamen- 
table resultado  de  encontrarse  éstas  tan  exhaustas  de  fuerza  y  hasta 
de  recursos  monetarios,  á  pesar  de  todas  las  exacciones  fiscales, 
que  á  duras  penas  contenían  el  derrumbamiento  inminente  de 
aquélla.  El  segimdo  error  administrativo  de  la  metrópoli,  corolario 
inevitable  del  primero,  consistió  en  absorber  el  monopolio  del 
comercio  é  industrias  coloniales,  imponiendo  al  doble  tráfico  ile 
ultramar  trabas  y  prohibiciones  tan  compresivas  que,  á  no  intervenir 
el  contrabando  libertador,  hubieran  acarreado  la  incurable  ruina  de 
estas  comarcas.  El  odio  inveterado  al  extranjero  y  la  insaciable 
avidez  del  fisco,  que  han  sido  los  dos  achaques  mortales  de  la 
antigua  monarquía  española,  se  aunaron  aquí  para  acelerar  la 
decadencia,  no  encontrando,  como  en  otras  partes  ocurría,  fuerzas 
antagónicas  que  restablecieran  el  equilibrio. 

A  estas  comprobaciones  irrefutables  suélese  contestar,  no  sólo 
por  el  pobre  adversario  de  Moreno,  sino  por  los  economistas  españo- 
les contemporáneos  y  aun  los  posteriores  ( i ),  mostrando  cómo  en  la 

(i)  CoLMEiBO»  Hittoria  de  la  Economía  política  en  Etpaha,  II,  lxxtui,  trae  un  resumen 
bastante  completo  de  estas  apologías,  añadiéndole  la  propia.  Para  muestra  del  espíritu 
critico  que  informa  esta  obra  clásica,  baste  decir  que  el  autor,  por  muchos  años  catedrá- 
tico de  la  materia  en  la  Universidad  Central,  cita  innumerables  veces,  como  antoridadcf 
inseparables  para  el  siglo  xtiii,  á  Campillo,  Gobierno  económico,  y  á  Waad,  Proyecto  econó- 
mico, sin  caer  en  la  cuenta  de  que  la  primera  obra  es  un  plagio  literal  de  la  segunda. 


LNA  HEFLTACIÓN  INÉDITA  5 

organización  y  policía  del  comercio  de  la  metrópoli  con  sus  colonias» 
España  no  se  apartaba  sensiblemente  de  las  prácticas  vigentes  en  otras 
naciones  colonizadoras,  y  desdeluegoenlaque,  después  de  dos  siglos 
de  lucha  incesante,  llegó  á  dominar  los  mares  y  convertirse  en  em- 
porio de  la  riqueza  universal.  La  afirmación  es  en  gran  parte  exacta. 
No  se  podría,  sin  injusticia  notoria,  desconocer  que  en  lo  relativo  á 
restricciones  y  trabas  mercantiles,  la  política  inglesa  sólo  aventajó  á 
la  española  en  el  extremo  más  riguroso  aun  de  la  prohibición.  Es 
innegable  que  la  industria  colonial  lograba  en  los  dominios  de  la 
segunda  una  existencia  y  desarrollo  precario,  que  los  pobladores  de 
Massachusetts  ó  Virginia  reclamaban  vanamente.  En  tanto  que  se 
toleraban  las  fábricas  de  paños  en  Méjico  y  el  Perú,  los  telares  de 
cáñamo  y  lino  en  Chile,  los  ingenios  azucareros  en  las  Antillas  y  el 
beneficio  de  los  cueros  en  Buenos  Aires,  fuera  de  los  laboreos  mi- 
neros y  la  explotación  de  los  productos  naturales  en  todas  partes, 
Inglaterra  desterraba  de  sus  colonias  la  gran  industria  en  beneficio 
exclusivo  de  las  manufacturas  insulares.  Se  prohibían  en  las  colonias 
inglesas  los  hornos  de  fundición,  las  refinerías  de  azúcar,  y  hasta  la 
exportación  de  una  provincia  á  otra,  por  tierra  ó  por  agua,  de  los 
tejidos  é  hilados  locales.  En  cuanto  al  tratamiento  de  los  indígenas» 
cuya  tutela  y  civilización  relativa  constituyó  uno  de  los  objetos  pre- 
ferentes de  la  legislación  de  Indias,  es  muy  sabido  que  para  Ingla- 
terra ello  no  ha  sido  nunca  ni  es  todavía  materia  de  consideración. 

perpetrado  por  un  librero  de  Madrid.  El  hurto»  aún  más  ingenuo  que  audax,  pinta  el  estado 
de  aquellos  espíritus.  Cuando  salió  á  lu2  la  supuesta  obra  postuma  del  ministro  Campillo, 
en  1789,  habian  transcurrido  diez  años  de  la  segunda  edición  del  Proyecto  de  Ward, 
editado  nada  menos  que  por  Campomanes.  En  ambas  obras  se  encuentran  idénticas  refe- 
rcnciasá  lósanos  17  ^7  y  siguientes;  v.g.  (Proyecto^  II,vi,p.  2']  k'.  Gobierno  ^  p.  161):  «Tengo 
en  mi  poder  una  carta  del  visitador  de  Poiosi,  que  escribió  después  do  haber  hecho  su 
visita  el  año  17/^7  »  (la  fecha  suprimida  en  el  Gobierno).  Campillo  murió  el  11  de  abril 
de  17^3  :  f<  el  dia  del  Jueves  Santo  »»  como  exactamente  lo  apunta  el  prólogo  de  la 
obra.  —  En  este  nutrido  renglón  del  capeo  literario,  citaré  de  paso  (por  referirse  á  una 
de  las  obras  más  célebres  del  siglo  xviu  y  que  trata  de  materia  análoga  á  la  presente)  la 
Historia  política  de  tos  establecimientos  ultramarinos  por  Meló  de  Luque,  la  cual  no  es  sino 
la  famosa  Histoire  philosophique  de  Raynal,  con  el  inocente  disfraz  de  cortar  á  la  de  Dioa 
los  capítulos  originales. 


6  AMALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

La  exterminación  violenta  ó  paulatina  del  indio  fíié  practicada  en  el 
norte  de  América  como  un  principio,  no  siéndolo  en  el  centro  ysud 
sino  como  un  abuso :  entre  ambas  operaciones  hay  este  matiz,  que, 
al  realizarla,  los  encomenderos  españoles  violaban  la  ley,  en  tanto 
que  los  plantadores  ingleses  la  cumplían  (i).  Por  fin,  hasta  la  famosa 
y  tan  discutida  Acta  de  navegación^  que  ha  sido  apellidada  la  a  Carta 
Magna  de  la  marina  inglesa  »,  sobre  no  diferir  esencialmente  délas 
pragmáticas  expedidas  por  Carlos  Quinto  y  sus  sucesores,  no  tendía 
al  cabo  sino  á  monopolizar  el  tráfico  colonial,  al  modo  que  el  siste- 
ma de  las  flotas  y  galeones  españoles. . .  Ahora  bien :  todo  ello  recono- 
cido y  proclamado,  los  apologistas  de  España  se  ven  reducidos  á  con- 
fesar la  evidencia  :  á  saber,  que  dos  sistemas  fiscales  al  parecer  muy 
semejantes  produjeron  en  un  siglo  (2)  resultados  tan  opuestos  como 
la  ruina  absoluta  de  una  nación  y  la  prosperidad  asombrosa  de  la 
otra ;  sin  que,  á  pocos  años  de  distancia,  la  pérdida  paralela  de  unas 
y  otras  colonias  americanas  modificase  el  contraste,  sino  al  revés, 
pues  éste  se  prosiguió  y  acentuó  entre  los  dos  grupos  emancipados. 
Seria  extraño  á  este  breve  comentario,  el  mostrar  una  vez  más  las 
diferencias  de  caracteres  é  instituciones,  por  cierto  más  importantes 
y  vivaces  que  todas  las  pragmáticas  y  reglamentos  (como  que  éstos 
son  meras  consecuencias  de  aquellas),  que  separaban  á  españoles 
é  ingleses ;  basta  á  mi  objeto  recordar  el  fundamento  radicalmente 
distinto  en  que  una  y  otra  nación  apoyaban  sus  parecidos  sistemas 
de  prohibición  y  monopolio  comercial.  Mientras  el  Acta  de  navega- 
ción tenía  por  efecto  inmediato  el  desarrollo  creciente  de  la  marina 
inglesa,  y  el  desenvolvimiento  paralelo  de  la  industria  y  comercio 
nacionales,  se  asistía  en  España  á  la  decadencia  irremediable  de  estas 
mismas  fuentes  de  riqueza  y  poderío,  tras  la  eterna  falacia  de  los 
metales  preciosos  traídos  de  Indias.  Es  hoy  una  noción  elemental 
de  la  economía  política,  el  hecho  de  que  la  principal  utilidad  de  las 

(1)  Numerosos  estatutos  coloniales  de  Nueva  Inglaterra  prohiben  la  paz  con  los  in- 
dios. 

(a)  El  Acta  de  navegación  es  de  i65i. 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  7 

colonias  consiste,  más  que  en  recibir  el  exceso  de  población  de  la 
metrópoli,  en  fomentar  el  comercio  y  las  industrias  de  ésta.  Ahora 
bien :  bastóle  á  Inglaterra  entrever  esa  verdad  desde  el  siglo  xvn,  y 
aplicarla  en  parte  durante  el  siguiente,  para  asegurarse  el  predomi- 
nio. Absurdo  en  lo  referente  á  las  prohibiciones  coloniales,  el  siste- 
ma era  tan  sabio  en  punto  á  la  expansión  de  las  energías  metropoli- 
tanas, que  sus  defectos  desaparecieron  al  pronto  en  la  inmensa 
avenida  de  prosperidad  y  opulencia  que  rebosó  por  el  Támesis.  A  la 
par  de  los  buques  que  por  centenares  se  construían  en  los  astilleros, 
en  cumplimiento  del  Acta,  para  traer  á  los  puertos  ingleses  los  fru- 
tos de  sus  colonias  y  lejanas  factorías,  multiplicábanse  en  la  Gran 
Bretaña  las  fábricas  y  depósitos  destinados  á  cargarlos  en  retorno, 
cubriendo  con  creces  el  valor  de  las  importaciones.  Empero,  como 
lo  han  mostrado  admirablemente  sus  historiadores,  esta  lucha  del 
progreso  no  podía,  mucho  menos  entonces,  dejar  de  asumir  la  for- 
ma de  la  guerra  internacional ;  y  para  sostenerla  victoriosamente  en 
en  el  mar,  que  era  el  inmenso  campo  de  batalla,  era  necesario  que 
la  marina  militar  se  desarrollara  en  la  misma  proporción  que  la  mer- 
cante, no  sólo  para  protegerla,  sino  para  disputar  á  Holanda,  Es- 
paña y  Francia  la  supremacia  del  océano.  Tales  eran  los  términos 
precisos  del  problema  colonial,  con  su  séquito  de  prohibiciones  y  pri- 
vilegios nacionales,  que  en  el  siglo  xvii  se  planteaba  igualmente  para 
todas  las  metrópolis.  Sólo  Inglaterra  supo  resolverlo,  alcanzando  la 
victoria  definitiva  en  sus  guerras  económicas.  Holanda  tenía  fatal- 
mente que  sucumbir  la  primera,  mediando  harta  desproporción  en- 
tre su  poder  naval  y  la  extensión  de  sus  dominios.  Francia  prolongó 
desesperadamente  la  lucha  en  América  y  las  Indias ;  pero  sus  malos 
gobernantes  pudieron  más  que  sus  heroicos  marinos  y  soldados, 
concluyendo  por  dejar  en  las  garras  británicas  la  mejor  parte  de  su 
imperio  colonial.  En  cuanto  á  España,  nadie  ignora  cómo  la  antigua 
reina  de  los  mares,  impotente  para  proteger  sus  flotas  y  galeones 
repletos  de  riquezas,  las  ofrecía  como  presa  segura  al  enemigo 
secular,  cuando  no  á  los  atrevidos  corsarios. 


8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

El  imperialismo  español,  pues,  no  era  yá,  á  fines  del  siglo  xvín» 
sino  un  edificio  vacilante  en  que  cada  tempestad  abría  nuevas  grie- 
tas, anunciadoras  de  la  ruina  próxima.  Había  sido  fundado  sobre 
arena,  faltándole,  desde  las  horas  que  siguieron  á  la  conquista,  la 
base  industrial  y  alimenticia  de  la  metrópoli.  En  lo  comercial,  su 
sistema  prohibitivo  tenía  por  condición  la  compra  de  los  efectos 
extranjeros  que  no  fabricaba,  y  el  estancamiento  de  los  frutos  colo- 
niales que  sólo  en  mínima  parte  aprovechaba  como  carga  de  las 
flotas  anuales.  Esta  extenuación  metódica  de  las  Indias  repercutía 
desastrosamente  en  la  metrópoli,  habiendo  descendido  el  producto 
líquido  fiscal,  en  los  últimos  años  del  siglo,  á  la  cifra  irrisoria  de  seis 
millones  anuales  —  menos  de  lo  que  rendía  á  Francia  ó  Inglaterra 
alguna  de  sus  Antillas.  La  pobreza  de  las  colonias  iba  pareja  con  la 
de  la  madre  patria ;  y  es  harto  sabido  cómo  sólo  merced  al  comercio 
intérlope  pudieron  éstas  abastecerse  durante  años  de  lo  |que  la 
metrópoli  no  quería  ó  no  podía  suministrarles.  El  contrabando 
organizado  por  Inglaterra  y  Francia  asumió  en  esta  América  el 
carácter  de  una  institución  salvadora,  habiendo  podido  asentarse 
por  economistas  tan  graves  como  Sénior  y  otros,  que,  en  países  así 
oprimidos  por  el  prohibicionismo,  el  contrabando  llega  á  ser  un 
elemento  social  precioso  é  indispensable. 

Sin  duda,  la  fuerza  invencible  de  las  cosas  logró  abrir  portillo  en 
tamaños  abusos  y  preocupaciones.  Bajóla  dinastía  borbónica,  y  sin- 
gularmente durante  el  reinado  de  Carlos  III,  se  agolparon  las  refor- 
mas administrativas,  si  bien  muchas  de  ellas  artificiales  y  reflejas, 
como  venidas  directamente  del  país  vecino.  Bastó,  sin  embargo,  la 
apertura  de  los  puertos,  con  la  relativa  libertad  de  comercio  conce- 
dida á  las  colonias,  para  producir  un  mejoramiento  tan  notable  en  la 
situación  económica,  que  mostraba  á  las  claras  la  verdadera  natura- 
leza del  mal  y  su  sitio  preciso.  Pero  la  debilidad  militar  de  España 
y  sus  vinculaciones  dinásticas  la  arrastraron  á  pesar  suyo  en  las 
guerras  interminables  de  Inglaterra  y  Francia,  tocándole  siempre  la 
peor  parte  en  sus  regiones  coloniales,  ya  se  encontrase  aliada  de  la  na- 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  g 

ción  vencida  ya  de  la  vencedora.  Además,  la  escasez  de  ciencia  en  las 
clases  dirigentes  y  de  energía  en  los  gobiernos,  no  permitía  que  pe- 
netrase en  las  capas  profundas  del  país  la  reacción  benéfica.  Faltando 
en  los  consejos  de  Estado  el  convencimiento  razonado  de  la  verdad  y 
el  concepto  cabal  de  la  situación,  ocurrió,  como  era  de  preverse,  que 
las  vecinas  protestas  de  la  minoría  perjudicada  ahogaron  los  aplau- 
sos lejanos  de  la  mayoría  satisfecha.  Las  quiebras  inevitables  del  co- 
mercio monopolizador  fueron  motivo  suficiente  para  que  el  gobierno 
retirara  su  principal  reforma,  y  á  poco  se  de vol vio  á  Cádiz  su  privilegio. 
Este  egoísmo  de  gremio  y  localidad,  por  otra  parte,  es  muy  huma- 
no, y  toda  vía  hoy  lo  vemos  luchar,  si  no  predominar,  en  los  parlamen- 
tos délas  naciones  más  liberales  y  civilizadas.  ¿Cómo  extrañar,  en- 
tonces, que  hubiera  sobrevivido  en  España  á  los  graves  sucesos  que 
señalaron  el  fin  del  siglo  xvm,  y  apareciera  íntegro  en  la  protesta 
que  contra  la  apertura  del  puerto  de  Buenos  Aires  formulaba  el  re- 
presentante oficial  del  comercio  de  Cádiz  ? 

Se  encuentran,  pues,  resumidas  en  este  alegato  todas  las  rancias 
preocupaciones  y  sofismas  económicos  con  que,  durante  dos  siglos, 
se  apuntaló  el  deplorable  sistema  que  consumara  á  la  par  la  ruina 
de  la  metrópoli  y  la  de  las  colonias :  de  ahí,  el  valor  histórico  de 
este  documento.  Para  nosotros,  su  interés  real  reside  ante  todo  en 
haber  sido  ocasión  para  la  réplica  fulminante  del  adversario.  Po- 
demos abstenernos  de  toda  refutación  doctrinal,  teniendo  á  la  vista 
la  Representación  de  los  Hacendados  que  desempeña  la  tarea  con  ad- 
mirable eficacia.  Y  aunque  no  tuviera  importancia  primordial  el 
proceso  en  que  se  agitaba  en  realidad  el  problema  de  la  próxima 
emancipación,  á  la  luz  de  la  cuestión  económica,  que  fué  uno  de  sus 
mejores  justificativos,  creo  que  bastaría,  para  explicar  esta  publica- 
ción, el  hecho  de  que  por  ella  se  aprecian  debidamente  los  méritos 
del  joven  abogado  patricio,  cuya  lógica  vigorosa  y  razón  profunda 
pulverizaban  los  errores  del  sistema  colonial,  mientras  la  revolución, 
permitiéndole  pasar  de  las  ideas  á  los  actos,  le  suministrara  el  papel 
y  el  escenario  proporcionados  á  su  genio. 


10  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


Exmo.  Señor  : 

Ha  mucho  tiempo  q^  el  comercio  de  Montevideo  pudo  comprehen- 
der  el  empeño  con  q**  en  esa  Capital  se  ha  ventilado  una  question 
(q'  nunca  lo  fue  p*  los  buenos  españoles)  á  saber,  si  combiene  abrir 
francamente  los  puertos  de  esta  Colonia  al  Comercio  de  la  Estrange- 
ría.  Las  reiteradas  asambleas  q*  Y.  E.  ha  combocado  p*  deliberar  so- 
bre tan  arduo  asunto,  los  devates  acalorados,  q"*  sostenía  la  opinión 
publica  del  comerciante,  y  el  hacendado,  sus  resultados  ya  favorables 
á  unos,  ya  disgustosos  á  otros  eran  fielmente  transmitidos  desde  las 
salidas  de  las  sesiones  hasta  nuestros  oydos.  pero  nadie  llegó  jamas 
á  persuadirse,  q*  el  advenimiento  de  V.  E.  al  Virreynato  seria  sella- 
do con  la  apertura  de  un  comercio,  q**  poniendo  en  manos  extrañas 
toda  la  riqueza  del  pais,  solo  dejaría  á  la  misera  Metrópoli,  la  satis- 
facción de  haver  ganado  un  dia  con  arroyos  de  sangre  y  caudales 
inmensos  su  preciosa  conquista. 

No  Exmo  Sor  :  Y.  E.  q"*  arrancado  del  seno  de  la  Madre  España 
venia  de  presenciar  sus  desdichas:  Y.  E.  testigo,  hoy  expectador  del 
teatro  mas  sangriento  q^  vio  jamas  el  mundo:  Y.  E.,  á  cuyos  ojos 
havia  immolado  la  cuchilla  enemiga  millares  de  Yictimas;  Y.  E.  q' 
acaso  todavia  estaba  oyendo  el  Furibundo  alarido  de  una  nación 
contra  quien  se  havia  conspirado  la  perfidia,  la  traycion,  la  hambre 
desoladora,  la  peste  mortal,  y  sobre  todo  el  furor  de  un  tirano,  q* 
parece  el  primogénito  de  la  furias,  no  era  seguramente  el  instru- 
mento, de  q"*  podría  servirse  talvez  la  intriga,  tal  ves  la  sórdida  covi- 
cia  (sic)  p"  apresurar  su  ruina  ;  En  Y.  E.  confiábamos  nosotros,  y  la 
nación  entera,  q"  haría  de  esta  Provincia  un  manantial  de  socorros 
p'  el  soldado,  un  consuelo  p'  el  artesano,  y  un  mercado  de  privile- 
gio p"  el  comerciante  Español :  No,  no ;  desiamos  nosotros  :  el  pru> 
dente  pacificador  de  la  America  del  Sur  :  el  sabio  politico  q"  con  su 
presencia  disipó  la  borrasca,  y  volvió  la  serenidad  á  las  aguas  ya 
enturbiadas  del  Rio  de  la  Plata  :  El  q"  ha  merecido  la  confianza  de 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  ii 

SUS  compatriotas :  aquel  en  quien  ellos  han  depositado  una  gran  par- 
te de  su  tesoro»  no  sera  el  q*  haciendo  resonar  en  las  Playas  de 
Buen' Ayr",  la  trompeta  de  una  libertad  desconocida,  combidara  A 
q^  despedazen  el  patrimonio  Español,  las  mismas  naciones  de  quie- 
nes hemos  sabido  defenderle  por  mas  de  tres  siglos. 

Pero  ya  es  indudable  :  no  solo  Y.  E.  se  dice  q'  ha  concedido  el 
commercio  libre  de  la  Extrangeria,  sino  también  q"  se  ha  dignado 
dictar,  reglas  q*  consultan  á  su  estabilidad,  y  régimen,  no  de  otro 
modo  q*  si  este  fuera  un  hecho  el  mas  legitimo.  Asi  parece  Exmo 
Sor  q*  han  vuelto  los  tiempos  de  ignorancia,  en  q*  la  venganza  par* 
ticular,  el  cruel  desafío,  el  torpe  concubinato  y  hasta  el  homicidio 
se  veian  progresar  á  la  sombra  de  las  mismas  L.  L.  q"  debían  pros- 
cribirlo. 

Sin  embargo,  nuestro  dolor  no  es  tanto  por  haber  llegado  á  ese 
punto  del  abatimiento,  quanto  por  conocer  lo  inútil  de  tamaño  sa- 
crificio, que  si  a  precio  de  una  humillación  se  hubiera  de  comprar 
una  dicha,  aunque  con  mengua  de  aquel  orgullo  plausible  que  en  los 
dias  de  Cesar  era  yd  el  carácter  distintivo  de  los  fuertes  Iberos  (a), 
seria  menos  sensible  que  se  nos  obligase  á  sufrir  lo  que  sufrimos  ; 
Pero  no  es  asi  Exmo  S*'  y  los  que  pretenden  persuadir  lo  contra- 
rio enemigos  son  de  Y.  E.  Enemigos  de  España,  Enemigos  de  la 
America  y  de  sus  hijos.  Demostrarlo  con  precisión  y  sencillez  será 
el  asunto  de  esta  respetuosa  suplica,  que  para  mejor  intelig*  divi- 
diremos en  dos  puntos.  Averiguar  si  el  Comercio  de  la  Estranjeria 
es  compatible  con  los  intereses  de  la  Peninsula...  He  aquí  el  Uno. 
Inquirir  si  quando  menos  combiene  á  la  America...'  he  aquí  el  otro. 
Y  quando  hubiésemos  discutido  acerca  de  ambos  quanto  nos  permi- 

(a)  El  autor  no  ha  de  referirse  al  mismo  César,  en  cuyos  Comentarios  no  hay  tal  de- 
finición de  los  iberos,  sino  á  los  escritores  de  aquel  siglo,  poetas  y  prosistas,  que  aluden 
frecuentemente  á  este  rasgo  genial  de  los  españolea,  y  en  particular  de  los  cántabros. 
V.  g. ;  Tito  Litio,  Hisl.  XXXIV,  xti  :  Perox  genus,  nullam  vitam  rati  sine  armis  este  ; 
HoAACio,  Carm.t  II,  xi,  btUieosns  Cantaber,  eto.  Un  poco  más  tarde,  el  aragonés  Marcial 
llamará  á  sus  paisanos:  traces  íberos,  y  Plinio  (XXXVII,  Lxxyii)  consignará  que  sobre- 
salen cor]>orttm  humanorum  duritia,  vehementia  coráis.  (Nota  del  editor.) 


la  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ta  el  Instituto  de  una  suplica,  averiguaremos  también,  si  al  menos 
puede  disculparse  su  concesión  con  las  necesidades  publicas.  To- 
mando pues  el  I"",  ramo  de  la  secion  entremos  en  asunto. 

El  libre  Gom""  de  la  America  del  Sur  no  solo  es  incompatible, 
sino  también  contrario  á  los  Intereses  de  la  Península:  Es  en 
todos  tiempos  nocivo  al  Com""  Nacional,  y  en  los  presentes,  su 
ruina. 

Seria  inútil  conciderar  la  Verdad  de  esta  propocicion  con  los  len- 
tes de  un  Jurista,  quando  rota  la  rienda  de  la  Ley  y  perdida  la  Sen- 
da de  la  Constancia  se  á  buscado  un  camino  tan  insusitado  como 
torcido,  no  p"  satisfacer  las  demandas  del  bien  publico,  sino  para 
alagar  nuestros  caprichos  ;  Pero  si  tal  no  fuera  la  Verdadera  pintura 
de  lo  que  pasa  en  estos  dias  de  general  trastorno,  nosotros  con  solo 
abrir  á  la  suerte  el  Diploma  de  las  Indias  abríamos  combencido  q"" 
el  systhema  colonial  se  á  desplomado  como  el  Edificio  majestuoso 
en  cuyos  cimientos  traydora  y  oculta  mano  hizo  volar  una  Mina . 
Probaríamos,  que  no  hay  cosa  tan  proscrita  como  el  trato  con  los 
Estranjeros  y  su  comercio  en  America ;  que  esta  raza  siempre  ene- 
miga de  la  prosperidad  de  España,  no  á  podido  jamas  profanar  sin 
pena  el  suelo  dichoso  donde  vibimos  (i) :  que  le  está  prohibido  su 
transito  de  Europa  (2) :  que  no  se  puede  negociar  con  ellos,  pena 
de  la  Vida  (3) :  que  no  pueden  establecerse,  ni  establecidos  pasar  á 
lo  interior  del  Reyno  (4)  y  apurando  mas  la  materia  también  haría- 
mos ver  que  irritado  el  Zelo  de  nuestra  Corte  contra  la  osadia  ó  la 
tenacidad  con  que  se  procuraban  abrír  paso  á  la  America  en  medio 
de  tan  serias  provid*  llegó  á  preceptuar,  que  no  se  diese  abrigo  á  los 
Buq*  Estrangeros  por  ningún  pretesto  (5),  y  que  insistiendo  en  to- 


(i)  Lib.  I,  tit.  37,  lib.  g*  de  Ind. 
(a)  L.  id. 

(3)  L.  7,  del  tit.  j  Lib.  citado. 
(k)  Lib.  4  y  5,  tit  y  Lib.  idem. 
(5)  L.  53,  tit.  i5,  Lib.  9*. 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  i3 

marlo  se  les  alejase  con  el  Gañón  de  nuestras  Plazas  ;  y  para  que  el 
Espíritu  de  la  fruslería  no  tuviese  el  atrevimiento  de  despreciar  por 
antiguas  tan  sabias  medidas,  citaríamos  dos  soberanas  disposicio- 
nes (6)  por  las  cuales  S.  M.  la  Junta  Central  y  Suprema  á  dado  á 
conocer  en  estos  días  quan  distante  se  halla  de  mitigar  la  severi- 
dad de  aquellas  Leyes. 

Pero  ya  lo  hemos  dicho,  Este  discurso,  fruto  legitimo  de  las  ta- 
reas, que  por  siglos  consagraron  nuestros  Padres  á  la  felicidad  y  en- 
grandecimiento del  Imperio  Español  seria  destruido  con  un  solo 
golpe  :  Nuestras  circunstancias  son  maicriticas :  es  preciso  distinguir 
de  tiempos;  No  estamos  en  el  caso,  y  otras  salidas,  que  solo  tienen 
de  realidad,  lo  que  tienen  de  tribiales  ¡  Desgraciada  cituacion  !  tiem- 
po infeliz,  y  mas  infelizes  los  que  hemos  nacido  para  ser  testigos  de 
su  existencia  ! . . . 

No  hay  pues  (lo  repetimos)  paraque  consultar  la  intención  de 
nuestros  Augustos  Lejisladores.  Quede  reservado  este  trabajo  para 
los  jenios  timidos,  para  los  Espíritus  Vulgares,  para  aquellos  que 
solo  hablan  de  la  Ley  con  un  respeto  profundo,  ó  para  aquellos  que  al 
oír  la  Voz  Penetrante  y  Majestuosa  del  Trono,  solo  saben  escuchar 
y  obedecer  .  A  nosotros,  á  quienes  estaba  reservado  dar  lecciones  de 
nueba  Economía  Civil  sobre  el  dilatado  Continente  del  Perú,  hemos 
de  conciderar  la  question  propuesta  del  modo  que  la  examina  un 
Político,  es  decir,  No  por  lo  que  debe,  sino  por  lo  que  combengaha- 
cerse  .  En  esta  supocicion  Vamos  á  demostrar  que  el  Comercio  con 
los  Estranjeros  será  por  siempre  nocibo  á  la  Peninsula,  y  actualmen- 
te su  ruina . 

Sí  fueran  estos  los  tiempos  asiagosen  que  el  prurito  de  Conquista 
ajitaba  al  Mundo,  si  fuera  este  el  Siglo,  en  que  se  dio  el  titulode  gran  - 
de  á  un  Macedonío  aventurero  porque  supo  aprovecharse  de  la  ím- 


(6)  R'  orden  expedida  con  motivo  de  haber  solicitado  permiso  para  introducir  un  Car- 
gamento  en  esta  America  la  Fragata  Agradable. 

Iden  con  moliro  de  noticia  que  dio  la  Junta  de  obserbacion  de  Montevideo  acerca  de 
los  Buques  Ingleses  admitidos  desde  ax,  de  Septiembre. 


1 4  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

becilidad  (a)  de  sus  Combecinos  para  cubrir  de  cadaberes  la  faz  del 
Mundo  conocido,  sin  mas  Objeto  que  alagar  una  sed  insasiable  de 
poceer  lo  ajeno,  haciendo  de  paso  millones  de  infelices,  acaso  po- 
dría dudarse  qual  es  el  objeto  y  ñn  primordial  de  una  conquista . 
Entonces  seria  disculpable  que  algún  insensato  confundiendo  los 
principios,  creyera  que  es  apetecible  dominar  sobre  un  terreno  de 
extencion  inGnita,  solo  por  el  gusto  de  tener  muchos  Vasallos,  aun- 
que inútiles  y  llamarse  con  titulo  pomposo  el  Señor  de  dos  Mundos  ; 
Pero  en  el  Siglo  de  la  razón  ni  aun  puede  sufrirse  semejante  idea,  y 
el  hombre  que  la  abrigase,  seria  mirado  justamente  como  un  igno- 
rante. Havrá  sabemos,  que  una  colonia  es  mas  bien  gravosa  que 
benefíca  si  nada  produce  para  el  poseedor  porque  como  después  del 
ganar  entra  el  conserbar^  y  de  el  conserbar  nace  el  mantener,  yá  el 
soldado,  que  con  las  armas  en  la  mano  defiende  el  pabellón  triun> 
fante,  yá  la  Esquadra  que  orgullosa  de  haber  superado  un  Mar  in- 
menso se  presenta  en  todos  puntos  p*  acelerar  ó  sostener  en  todos 
aquel  primer  impulso  que  dio  la  Victoria,  resulta  que  el  Dueño  del 
Pais  subiugado  tiene  que  distribuir  inmensas  sumas  en  la  doble 
fuerza  de  Mar  y  tierra,  y  como  que  estas  no  dejan  mas  producto  que 
la  funesta  satisfacción  del  Vencimiento,  el  Señor  viene  á  quedar  es- 
clavo de  sus  propios  Vasallos,  ó  tiene  que  abandonarlo  por  no  arrui- 
narse. 

De  aqui  y  de  las  intimas  relaciones  que  se  establecen  entre  una 
Metrópoli  i  sus  Colonias  q"^""  un  solo  Cetro  llega  á  unirlas,  sale  como 
inferencia  forsosa  el  derecho  de  la  primera  (6^")  para  hacer  con  la 
segunda  un  comercio  exclusibo,  no  obstante^  q*"  según  las  Leyes  de 
naturaleza  «  Nada  sea  tan  justo  como  que  todos  los  hombres  aun  de 
diferentes  Repúblicas  disfruten  igualm^  de  los  bienes  con  que  los  brin- 
da la  tierra  auxiliándose  reciprocamente  sus  necesidades  por  medio 
de  aquella  comunicación  que  se  llama  tranco,  Comercio,  jiro  ¿'^ 

(a)  Se  tómala  Yoz  en  su  acepción  cUsica,  por  détUidad;  asi,  Cicerón  (Aü.  xi,  6):  im- 
becUlitas  corporis.  (N.  E.). 

(ó****)  Olmedo  Dro  de  jentescap.  del  com*  libre. 


UNA  REFUTACIÓN    INÉDITA  i5 

De  Otro  modo  nunca  el  Déficit  de  las  rentas  públicas  habría  de  don- 
de ser  rezarsído,  y  disminuyéndose  por  momentos  en  gastos  inútiles, 
al  fin  pararía  en  su  aniquilación  absoluta. 

Asi  pues,  de  todo  Establecimiento  debe  sacarse  el  Déficit  que  cau- 
sa en  las  rentas  publicas  de  la  Metrópoli.  Este  es  su  prímer  ofício  ; 
Pero  C4>mo  hasta  aqui  nada  se  habria  avanzado  con  su  pocesion  ni 
habría  servido  lo  que  Vale  un  átomo  para  el  fin  prímilivo  de  toda 
República,  que  es  su  felicidad  y  engrandecimiento,  entra  como  se- 
gundo oficio  de  la  Colonia  dar  lados  las  Ventajas  pocibles  d  su  Me- 
trópoli, pues  no  seria  bien  visto  que  constituyendo  un  todo  con  la 
Monarchia,  dejará  de  contribuir  á  sus  aumentos  del  mismo  modo 
que  lo  hazen  los  restantes  miembros  del  cuerpo  politico.  Mas  á  fin 
de  que  concurra  según  se  á  dicho,  es  preciso  que  todos  sus  produc- 
tos particularmente  los  del  concepto  mercantil  se  refundan  primiti- 
vamente en  si  mismos  y  en  la  Metrópoli,  por  que  todo  lo  que  pasa 
por  otro  conducto  es  una  verdadera  perdida  para  nosotros,  y  una 
ganancia  para  los  Extranjeros,  y  como  las  Naciones  no  son  gran- 
des sino  comparadas  entre  si,  es  evidente,  que  tanto  pierda  la  Me- 
trópoli, y  tanto  ganen  los  Extranjeros,  tanto  se  deprimen  la  pujanza 
de  aquella  y  tanto  se  lebanta  el  poder  de  estos. 

Al  la  precencia  de  unas  macximas  que  á  consagrado  en  el  templo 
de  la  Verdad,  la  razón  y  la  experiencia,  Que  dirá  el  Mundo  quando 
sepa  que  los  pensadores  de  la  A.merica  del  Sur,  los  fieles  habitadores 
de  B*  Aires  han  imbocado  para  su  felicidad  y  la  de  todo  el  Imperio 
el  Comercio  no  restrinjido  de  la  ambiciosa  Inglaterra  ?  Sin  duda, 
que  su  asombro  llegará  á  lo  sumo,  y  agradecidos  de  un  descubri- 
miento tan  nuebo  como  honorífico  para  los  Maestros  de  la  Econo- 
mía Civil,  no  podrá  menos  que  poner  sobre  las  Nubes  los  nombres 
memorables  de  nuestros  sabios  Politicos. 

Estos  son  aquellos  jenios  benéficos  de  quienes  se  dijo — jam  nova 
progenies  coqIo  dimititur  alto  (a).   Estos  los  Economistas  á  quienes 

(a)  ViKGiLio,  Eg.  TI,  7. — Aqui  principian  las  alusiones  sarcásticas  á  Moreno.  (A'.  ^.> 


i6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

deberá  el  Mundo  para  lo  sucesivo  el  celebre  sisthema  de  partir  la 
riqueza  con  otro  para  ser  mui  rico,  ó  darlo  todo  áese  de  quien  nada 
se  recibe,  para  tener  mucho;  pero  dejando  la  ironia  para  tomar  un 
tono  mas  serio,  Volbamos  á  nuestros  principios. 

Todo  quanto  produce  una  Conquista  debe  ser  para  si,  y  para  su 
Metrópoli  (deciamos)  y  nada  para  el  Extranjero.  Véase  aqui  redu- 
cido ádos  renglones  de  mala  tinta  quanto  en  Volúmenes  inmensos 
se  á  escrito  sobre  el  Systhema  Colonial.  Véase  lo  que  hizo  rebozar 
en  otro  tiempo  el  tesoro  de  España.  Véase  lo  que  á  elevado  el  Co- 
mercio de  la  Francia  á  una  prosperidad  embidiable.  Véase  el  gran 
resorte,  q*  movido  por  la  Reyna  D.  Isabel  y  retocado  por  el  gran 
Cromvel  dio  tan  vigoroso  empuje  á  la  gran  Bretaña,  que  dejando 
sus  toscas  mantillas,  en  menos  de  tres  siglos  á  llegado  á  tener  un 
influjo  general  sobre  las  quatro  partes  del  Mundo.  Véase,  lo  que  á 
puesto  en  sus  manos  el  Cetro  de  Neptuno. 

Un  systhema  de  restricciones  sabiamente  calculado,  y  rigorosa- 
mente seguido  (7)  a  sido  lo  único  con  que  Inglaterra  y  Francia 
menos  emprendedoras,  menos  felices  en  sus  descubrimientos,  menos 
constantes  en  sus  Conquistas,  y  menos  ricas  en  sus  Establecimientos 
han  logrado  un  Comercio  floreciente,  mientras  el  nuestro  apenas 
presenta  la  Estampa  tétrica  de  un  Esqueleto  que  á  servido  para  En- 
sayos de  anathomia.  Pero  ni  este  contraste  tan  poderoso  como  es 
en  si,  puede  masque  nuestro  empeño  de  abismarse  en  el  precipicio. 
Haora,  que  parecia  el  tiempo  de  la  reforma  ;  haora  q*  el  Espiritu 
Nacional  parecia  haber  resucitado  de  sus  agonias,  es  puntualm**" 
quando  la  America  del  Sur  formando  una  revolución  mercantil  de 
que  no  hay  ejemplo  en  ninguno  de  los  Imperios  del  Orbe  culto, 
quiere  que  se  establezca  la  libertad  de  Comercio  con  toda  la  Extran- 
geria.  Asi  se  verifica,  que  España,  fiel,  y  á  veces  reprensible  imita- 
dora de  quanto  imbenta  la  extravagancia  de  los  Extraños,  solo  en 
aquello  que  puede  combenirla,  es  en  lo  que  no  los  imita,  pues  con 

(7)  Voasc  la  celebre  Acta  de  Navegación. 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  .  17 

solo  seguir  los  principios  de  prohibición  que  ellos  tienen  estableci- 
dos según  lo  exije  la  gran  Ley  de  la  reciproca  se  habría  acertado  en 

■ 

el  modo  de  ser  felices. 

Y  esto  lo  decimos,  porque  no  hay  mejor  prueba  en  lo  político  de 
que  un  systhema  es  bueno,  que  sus  resultas.  Las  que  obserbamos  en 
Inglaterra  y  Francia  siempre  opuestas  á  los  principios  liberales  de 
nuestros  Politicos,  no  solo  son  buenas,  sino  excelentes  como  lo  ve- 
mos, luego  también  lo  será  su  origen.  Y  habrá  valor  para  separar- 
se de  una  cosa  tan  sencilla  como  es  imitar  lo  bueno  sabiendo  que 
lo  es,  solo  para  seguir  los  impulsos  de  una  razón  mal  dirijida  P 
No  sabemos  Exmo.  Señor  que  responderán  á  esta  pregunta  los 
partidarios  del  Comercio  libre,  porq*  hasta  haora  no  nos  hemos  con- 
tagiado con  la  lectura  de  sus  Escritos  ;  pero  sea  qual  fuere  su  con- 
testación, y  aunq'  apuren  en  ella  todos  los  recursos  de  la  sofistería, 
nos  otros  robando  el  dicho  de  Zenon  constantemente  decimos  :  mas 
creemos  d  nuestros  ojos,  que  d  vuestras  inepcias. 

El  Estranjero  es  feliz,  porque  no  sabe  partir  con  nosotros  el  pre- 
cio de  sus  Colonias,  y  nosotros  caminando  por  una  senda  opuesta, 
nos  hemos  quedado  sin  fabricas,  sin  artes,  sin  Agricultura.  Ellos, 
siendo  pobres  derraman  millones  para  encender  la  Guerra  donde  les 
combiene,  y  para  realizar  sus  miras  políticas.   Nosotros,  siendo 
Dueños  de  las  mejoresMinas  de  la  tierra,  comparativamente  somos 
unos  Mendigos.  Ellos  sin  haber  sacrificado  los  Varones  fuertes  déla 
Nación  en  subyugar  al  osado  Mejicano,  ni  al  brabo  habitante  del 
Perú,  disfrutan  el  oro  y  plata  de  ambos  continentes  en  mas  abun- 
dancia, q*  el  infelice  Español.  Ellos,  precisados  á  fomentar  su  co- 
mercio, compitiendo  con  otras  Naciones  y  perdiendo  muchas  veces 
sus  manufacturas  por  falta  de  consumidores,  son  opulentos  y  tienen 
industria  en  un  punto  capaz  de  dar  Zelos  á  la  China.  Nosotros,  con 
unos  Establecimientos  que  darán  consumo  á  quantó  puede  fabricar 
la  Península,  apenas  tenemos  los  Pintados  de  Cataluña.  Ellos  con 
príncipios  mesquinos,  son  poderosos ;  Nosotros  con  la  liberalidad  y 
franqueza  somos  pobrisimos.  Luego  por  mas  q"*  se  fatiguen  los  Ami- 


A9A&I»  Da    L*    UaUOTBCA.  —  T.    UI 


i8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

gos  del  Estranjero,  nunca  podrán  contra  experiencia  tan  visible  pro- 
bar que  el  libre  Comercio  es  benéfico  á  la  Peninsula. 

Las  presedentes  observaciones  solo  tienen  una  aplicación  general 
al  comercio  de  España,  ó  bien  esta  se  concidereen  los  tiempos  desu 
mayor  prosperidad,  ó  bien  ^n  los  de  su  decadencia  ;  Pero  si  las  lle- 
vamos hasta  el  actual  (el  mas  triste  de  quantos  tubo  después  que  sa- 
cudió el  Yugo  Morismo)  no  parece  que  hay  fuerzas  para  sostener  la 
\dsta  del  quadro  que  vá  trazando  nuestra  pluma. 

Primeram**  se  nos  presenta  la  Metrópoli  aflijida  con  una  Guerra 
de  treze  años  continuos,  sostenida  á  veces  por  la  traición^  y  á 
veces  por  la  impericia.  Luego  vemos  un  Pueblo  á  quien  despedazan 
alternativam^  en  Andalucía  la  Peste,  la  hambre  en  Castilla,  y  en  to- 
das las  Prov*  la  crueldad  del  mayor  Despota  que  vieron  los  siglos. 
Su  miseria  parece  que  á  llegado  al  Colmo.  No  hay  Ejercito.  La  Ma- 
rina á  desaparecido.  El  Erario  no  existe.  Las  artes  han  sido  auyenta- 
das.  La  virtud  perseguida  en  todas  partes,  apenas  halla  en  los  Claus- 
tros algún  asilo.  Casi  desde  el  trono  baja  la  corrupción  hasta  la 
clase  mas  Ínfima.  Todo  lo  domina  el  vicio,  y  donde  antes  se  mira- 
ban ensalzadas  la  providad,  la  fortaleza,  el  valor,  y  la  sabiduría, 
haora  asoman  el  rostro  insultante  la  inercia,  la  cobardia,  la  ignoran- 
cia, y  el  Egoísmo,  España  vá  á  ser  sepultada  en  sus  propias  ruinas ; 
yá  nada  falta.  Una  sola  piedrecilla  la  detiene  al  bordo  del  precipicio. 
En  este  momento  aparece  un  tirano  á  quien  la  provid*  sostiene  para 
castigo  de  los  miseros  mortales  uniendo  á  la  fuerza,  quantos  ardiles 
le  enseñó  su  larga  carrera  en  los  caminos  de  la  intriga;  le  dá  un 
empuje  tan  violento,  que  parece  irresistible ;  Gran  Dios  1  Quien  po- 
drá salvar  esta  desgraciada  Monarquia  P  Solo  vuestro  poder  inmenso 
y  la  bizarría  de  un  Pueblo  que  nunca  supo  sufrir  insulto. 

Sus  hijos  corren  á  las  armas  posponiéndolo  todo  al  cuidado  de 
salvar  la  Patria.  Ya  no  hay  Labradores ;  No  hay  Artesanos ;  No 
hay  Comerciantes,  ni  se  trata  de  otra  cosa,  que  de  vencer  ó  morir^ 
Pero  ¿  Quien  ha  de  sostener  estos  generosos  Guerreros,  que  con  tan- 
to denuedo  entran  en  la  terrible  lucha  ?  ¿  Quien  les  ha  de  facilitarel 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  19 

alim*^  para  que  no  desfallescan,  el  vestido  p'  q*  la  intemperie  no  los 
consuma,  el  dinero  p'  que  por  falta  de  arbitrios  no  se  vea  precisado 
á  dejar  el  cerco?  La  America  Señor  Exmo  es  el  punto  en  que  fijan 
ellos  la  vista  desfallecida  como  el  moribundo  en  el  Medico  que  le 
asiste.  Acia  ella  tienden  los  brazos  que  á  destinado  el  cielo  para  sal- 
bar  la  libertad  de  Europa,  y  mostrando  el  pecho  traspasado  de  he- 
ridas que  no  se  sienten  por  el  gusto  con  que  se  reciben,  parece  que 
implora  sus  auxilios.  Pero  ¿  Que  podrá  hacer  la  America  por  sensi- 
ble, por  fiel,  por  amante  que  se  suponga  de  su  Madre  la  Peninsula  ? 
Solo  tender  la  vista  asorada  al  rededor  de  si  misma  contemplar  su 
desnudez  y  responder  abochornada  :  Amigos,  Yo  soy  una  infelice.  Ya 
no  existen  mis  tesoros  inmensos,  ni  aquella  multitud  de  recursos  con 
que  en  otras  ocasiones  os  hice  ver  lo  que  valia.  Todo  lo  á  deborado 
un  Enjambre  de  advenedisos  que  pudo  introducirse  por  la  puerta 
vedada,  mientras  Vosotros  os  entreteníais  en  cortar  Laureles  á  los 
Conquistadores  del  Norte  para  coronar  las  Sienes  de  mis  hijos. 

No  tiene  remedio,  esto  responderá  la  America  talvez  arrepentida 
pero  inutilm^  de  haber  combidado  con  su  Comercio  á  toda  clase  de 
Estranjeros,  porque  estos  inundarán  de  efectos  la  Prov*  extraerán  el 
dinero  mientras  lo  haya,  y  nos  dejaran  reducidos  á  un  negocio  de 
permutas  ;  ¿  Podrá  entonces  el  Español  venir  con  sus  Expediciones 
á  Vuscarles  entre  nosotros  el  expendio  que  no  puede  darles  en  las 
Colonias  de  nuestros  aliados  ?  ¿  Querrá  entrar  haora  en  el  Mercado 
con  el  Negociante  Inglez,  con  quien  no  puede  competir  á  mas  de  un 
siglo  ?  Si  tal  hiciese ;  si  sus  Buques  aportasen  á  nuestras  costas,  es 
evidente,  que  solo  aliaría  aqui  su  ruina,  y  de  este  modo  atacado  en 
Europa  por  un  tirano,  y  en  America  por  sus  propios  hermanos  solo 
en  la  desesperación  hallaría  un  Asilo. 

Las  noticias  de  su  Estado  se  trasmitirán  á  los  Únicos  Puertos  que 
nos  á  dejado  libres  la  traición  y  el  engaño.  De  allí  se  difundirán  por 
lo  interíor  del  Reyno,  y  no  habrá  un  solo  Artesano,  que  tenga 
aliento  para  continuar  empleando  el  tiempo  en  fabricar  lo  que  por 
falta  de  extracción  jamas  podran  vender  con  aprecio.  Así  morirá  la 


30  AÜALES  DE  LA  BIBUOTECA 

industria  ;  se  acabará  de  aniquilar  la  Agricultura ;  y  no  qiKsdará 
mas.  que  la  memoria  de  nuestro  desgraciado  Comercio,  pues  es  tan 
intimo  el  enlaze  y  la  mutua  correspondencia  de  esos  tres  objetos, 
que  en  destruyendo  el  Uno,  no  pueden  subsistir  los  otros.  Ponga- 
mos un  ejemplo  para  hacerlo  sensible. 

Un  Labrador  siembra  el  Lino.  Un  Artesano  lo  hila.  Un  Comer- 
ciante lo  compra  p*  vender;  pero  si  falta  el  Labrador  no  hay  Lino, 
ni  cosa  que  hilar,  ni  Artefacto  que  vender ;  Del  mismo  modo,  que 
si  no  hay  quien  compre,  no  hay  quien  siembre,  ni  quien  hile,  á  no 
ser  un  maniático  que  guste  de  trabajar  para  perder.  Por  eso  es,  que 
destruidos  los  últimos  restos  de  nuestra  oprimida  industria  con  la 
entrega  de  la  America  en  manos  de  los  Aliados  ó  Neutros,  no  que- 
dará mas  Comercio  con  la  Península. 

Pero  entretanto  Inglaterra,  que  es  quien  Vá  á  sacar  el  mejor  par- 
tido dará  un  Empuje  Vigoroso  á  todos  los  resortes  de  su  Economía 
y  ganará  un  ascendiente  mercantil  sobre  la  misera  España,  tan  po- 
deroso, q*  no  habrá  poder  para  destruirlo.  No  solo  esto;  tendrá  tam- 
bién todos  los  Gajes  de  verdadera  propietaria  de  esta  America,  y 
algo  mas,  porque  disfrutando  de  un  Com**  libre,  que  es  lo  aprecíable 
de  una  Conquista  (según  dejamos  dicho)  no  tendrá  que  tomar  parle 
en  los  gastos  de  su  conservación,  que  es  el  onus  de  los  Conquista- 
dores. Esta  proposición  es  tan  evidente,  que  un  Celebre  Político  no 
duda  sostener,  que  debían  despreciarse  todas  las  colonias,  á  tal  que  se 
pudiera  conseguir  solo  su  Comercio  (a) ;  Pero  nosotros  que  no  mira- 
mos en  la  authoridad,  mas  q*  la  razón  dicha  por  hombres  de  buen 
juicio,  no  creeríamos  esa  paradoja  política  sino  la  Viésemos  demos- 
trada por  los  Franceses  en  el  Canadá  donde  mantienen  Colonias  de 
Indios  libres  para  aprovecharse  del  Consumo  que  proporcionan, 
dejándoles  el  cuidado  de  guardar  el  País  contra  los  Enemigos. 

Aora  pues,  recordemos  aquel  principio,  de  que  con  diferente  mo- 
tivo hicimos  uso  en  otra  parte  de  este  discurso,  á  saver,  que  las  Po- 

(a)  B.  Wahd,  Proyecto  económico.    Cf.   Cabrera,    Crisis  política,   III :  Ratmal,   Uist. 
Phii  Vni.  f^V.  E.). 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  ai 

tencias  no  son  grandes  sino  relativamente  (a),  y  viendo  quanto  pierde 
España  por  todo  aquello  de  que  se  priva,  y  por  todo  lo  que  dá  al 
Estranjero,  por  todo  lo  que  ella  se  abate,  y  se  elevan  los  Estraños» 
por  lo  que  se  imposibilita  para  perfeccionar  sus  jenerosos  designios 
conei  tirano  de  la  Europa,  por  los  males  consequentes  que  experi- 
mentará su  Comercicf  en  lo  succesivo,  finalmente  por  lo  que  el  nuebo 
systhema  contribuye  á  debilitar  sus  fuerzas  arto  agotadas,  y  alejar 
hasta  la  esperanza  del  restablecimiento  ;  se  conosca  con  quanta  ra- 
zón dijimos,  que  el  Comercio  de  la  Estranjeria  es  nocibo  para  la  Me- 
trópoli en  todos  tiempos,  y  en  el  actual  su  ruina, 

Pero  ¿  Que  importa  ?  responderá  allá  del  otro  lado  de  este  gran 
Rio  algún  injenio  felice  tenemos  hecho  los  Americanos  (8)&'.;  ó 
preguntas  de  ignorancia  y  Egoismo  ! ;  ó  preguntas,  borrón  eterno 
de  nuestras  luces  !  Vosotras  no  debierais  ocupar  una  linea  en  las 
paginas  de  un  discurso  que  es  consagrado  á  la  Patria  por  sus  verda- 
deros hijos  ;  Pero,  con  todo  para  que  vuestro  veneno  mortal  y  pes- 
tifero  no  se  derrame  sobre  el  Corazón  de  los  incautos  vamos  á  con  - 
testar  con  la  brebedad  posible. 

Hemos  hecho  los  Americanos,  se  dice.  Si  esta  pregunta  fuera  de 
un  Estado  independiente,  sin  duda  que  era  mui  poderosa ;  pero 
siendo  quien  la  hace  un  Establecimiento,  y  á  quien  la  dirije,  su  Me- 
trópoli ;  Acaso  no  hay  una  cosa  mas  pueril  y  mal  sonante  (sapit  hc- 
resim)  (6).  Tenemos  esa  obligación,  no  de  mantener,  si  de  preferir  al 
artesano  y  Comerciante  Español,  para  q*  de  este  modo  se  fomente  la 
industria,  resuelle  el  comercio,  floresca  el  Estado,  la  Nación  recobre 
su  grandeza,  y  seamos  felices,  no  solo  por  la  diferente  figura  que 
haremos  en  el  Orbe  politico,  sino  también  por  la  abundancia  que 


(a)  Wau>,  obra  citada.  (N.  E.). 

(5)  Hemos  YÍsto  un  papel  que  se  titula  RepresenUcioa  del  cuerpo  de  hacendad*  por  el 
Com*  libre  donde  entre  otras  concideraciones  se  propone  la  presente,  que  nos  parece  mui 
frivola. 

(6)  El  solo  hecho  de  citar  una  fórmula  inquisitorial  en  tales  materias  revela  lo  incu- 
rable de  la  situación  política  por  otro  remedio  que  la  emancipación.  (N.  E.). 


as  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

derramaran  aquellas  fuentes  donde  quiera  que  alcanze  su  benéfico 
influjo.  Asi  como  el  buen  hijo  tiene  un  deber  de  contribuir  4  los 
Engrandecimientos  de  la  Madre  aunque  sea.  con  algún  perjuicio. 

Alguno  que  piense  como  el  Autor  de  la  pregunta  creerá  que  esto 
es  un  absurdo  porque  en  sus  ideas  mesquinas  no  cabe  tan  jeneroso 
pensamiento  como  perjudicarse  en  favor  de  otrd ;  pero  consuélese  su 
Egoísmo  al  contemplar  que  ese  por  quien  algopadesemos  es  el  mis- 
mo que  con  sus  brazos,  con  su  sangre  y  sudor  está  manteniendo  el 
trono  y  la  independencia  Nacional.  El  pelea  por  nosotros,  y  lo  hará 
siempre  que  sea  preciso  (a).  Que  en  él  recae  la  obligación  de  mantener 
las  plazas  guarnecidas,  las  fronteras  en  Estado  de  defenza,  la  Marina 
lista,  la  Justicia  administrativa  sin  gravamen,  el  ramo  de  Hacienda 
bien  servido,  y  garantida  nuestra  seguridad  contra  las  tentativas  de 
toda  Potencia  estranjera,  y  asi  no  será  mucho,  q*  en  pago  de  tanto, 
hagamos  nosotros  el  sacrificio  de  preferirlo,  aunque  sea  pagando 
mejor  su  trabajo  que  el  de  manos  no  conocidas. 

2*  pregunta  ¿  Hay  Ley  que  me  obligue  ?  &*  Mucho  ignora  quien 
está  todavía  en  semejante  duda.  Todas  las  Naciones  se  han  visto  pre- 
cisadas á  excluir  de  su  Comercio  ciertos  artículos  los  quales  por  esta 
razón  se  llaman  de  Contrabando.  Entre  unas  la  prohibición  es 
absoluta,  y  entre  otras  condicional.  Aquellas  no  permiten  queeijenero 
excluido  se  compre  ni  venda  en  su  territorio.  Estas  lo  consienten 
bajo  unos  derechos  tan  subidos,  que  el  Negociante  no  puede  expen- 
derlo, sino  a  un  precio  insoportable. 

Supóngase  pues,  que  Inglaterra  prohibe  de  cualquiera  de  estos 
modos  la  introducción  de  paños  Españoles,'y  que  el  Español  deseo- 
so de  darles  salida  asoma  alas  Costas  Inglesas  ofreciendo  aquella  tela 
por  un  precio  mui  moderado  y  aun  inferior  al  de  fabrica  Nacional. 
El  Govierno  seguram^  que  no  se  dejará  deslumhrar  de  la  aparente 
combeniencia  que  ofrese  el  Español,  pues  es  demasiado  observador, 
p*  incurrir  en  Errores  tan  groseros,  y  asi  tan  lejos  de  ceder;  redo- 

(a)  {Valiente  argumento  para  Buenos  Aires,  á  raíz  de  la  doble  experiencia  de  la  con- 
quista inglesa  y  reconquista  criolla!  (N.  E.). 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  a3 

blará  su  Zelo  para  que  los  Paños  no  entren  al  Reyno,  ¿  seria  bien 
visto,  sería  racional,  seria  tolerable  quando  menos,  que  un  Milor 
sejijunto  grítase  desde  su  Gabinete  preguntando  como  aqui  sucede 
¿  si  habia  Ley  tan  dura  que  le  obligase  á  comprar  por  quatro,  lo 
que  puede  lograr  por  Uno  ?  Nosotros  somos  seguros  de  que  en  el 
instante  mil  politicos  mas  patrióticos  ó  filantrópicos  contestarían.  Si 
malvado.  Esa  Ley  se  baila  inserta  en  el  pacto  social.  Es  la  base  de 
nuestros  adelantamientos,  y  el  bien  general  exige  que  se  sufra  ese 
pequeño  incomodo  de  q*  te  quejas,  porque  no  se  arruinen  nuestras 
fabricas,  porq*  no  perescan  sus  Dueños,  porq'no  pierda  el  GoV"  los 
caudales  inmensos  que  le  proporciona  la  extracción  de  paños,  la  in- 
troducción de  lanas,  tintes,  &".  Tu  debes  adorar  el  Ad"*  que  te  apues- 
to en  cituacion  de  hacer  un  pequeño  sacrificio  de  tu  combeniencia 
privada  al  bien  común,  ó  délo  contrario  no  te  daremos  un  lugar  en 
nuestra  sociedad. 

Otro  tanto  diria  el  Catbalan,  el  Andaluz,  si  el  Andaluzpreguntase. 
que  Ley  habia  para  obligarle  á  comprar  por  quatro  en  manos  de 
aquel,  lo  que  adquirirla  por  uno  en  las  del  Bretón.  Lo  mismo  el 
Yizcayno,  el  Aragonez,  si  este  se  quejara  de  que  solo  le  permitían 
comprar  por  quatro  el  fierro  de  Vizcaya,  quando  el  sueco  le  daba  el 
suyo  por  Uno.  y  en  fin,  si  la  pregunta  prueba  lo  que  nuestros  An- 
tagonistas quieren,  todo  comercio  debe  hacerse  sin  mas  medidas  ni 
restricciones  que  la  combeniencia  del  que  compra.  Pero ;  que  dis- 
tantes están  de  pensar  asi  los  Politicos  de  Europa  ! 

3'  Pregunta.  ¿  Hay  Padre  tan  bárbaro,  &■.  Exmo  Señor  Yo  no 
sé  como  este  Apostrofe  ignominioso  para  la  fidelidad  de  los  Ameri- 
canos pudo  escribirse  en  B' Ay*  ?  ¿  Donde  estamos  ?  ¿  Con  que  según 
eso,  el  bárbaro  femando  7**  tiene  sujeta  esta  porción  escojida  de 
Vasallos,  que  nosotros  constituimos  á  sufrir  una  cruel  depredación 
para  engrosar  el  caudal  de  nuestros  comerciantes  de  Europa  ?  ¿  Con 
que  este  es  el  Yugo  suabe,  la  dominación  preciosa,  por  quien  la  Ca- 
pital á  vertido  la  sangre  de  sus  hijos  ?¿  Esta  es  la  sociedad  que  consti- 
tuyen el  Español  Europeo,  y  Americano  ?  Estas  son  sus  relaciones? . . . 


a4  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Gracias  á  la  suerte.  Nosotros  sin  duda  estamos  en  el  dia  del  desenga- 
ño, puesvemos  hoy  verdades,  que  no  conocieron  nuestros  mayores. 

De  lo  expuestose  podra  inferir  que  la  causa  del  Amigo  del  Extran- 
jero, ó  bien  se  concidere  ofendiendo  con  sus  razones,  ó  bien  defen- 
diendose  de  las  nuestras  es  siempre  débil,  y  no  solo  débil,  sino 
escandalosa,  mas  que  escandalosa,  subersiba  del  buen  orden  y  feli- 
cidad publica.  Mucho  hemos  dicho  para  lo  que  se  necesita,  pero 
todavia  alargaríamos  la  pluma  siquiera  para  tocar  por  encima  mul- 
titud de  ideas  que  se  agolpan  en  este  instante  disputándose  la  prefe- 
rencia en  presentarse  sobre  una  palestra  en  que  tanto  se  interésala 
felicidad  de  la  Patria.  Pero  ya  es  tpo  de  acercarse  á  observar  sobre 
el  teatro  que  presentaría  la  America  una  vez  puesta  en  manos  del 
Estranjero.  Pesado  es  el  Telón ;  Pero  él  ha  de  correrse  p'  que 
nuestros  compatriotas  vean  en  su  verdadero  punto  lo  que  es  el  Co- 
mercio libre. 

Si  es  verdad,  q*  el  Virreynalo  de  B*  A'f  es  una  parte  integrante 
de  la  Monarquía  Española ;  si  es  verdad,  que  somos  una  Colonia  de 
ella,  un  Establecimiento,  ó  una  Provincia,  que  á  nuestro  proposito 
es  lo  mismo,  no  tiene  duda,  que  habiendo  demostrado  quanto  es 
nocibo  á  la  Peñinsula  el  libre  Comercio  con  la  Extranjería,  hemos 
probado  también  lo  mucho  que  nos  daña  á  nosotros  mismos.  A  la 
manera,  que  en  el  Cuerpo  humano,  herida  la  cabeza,  se  apodera  un 
general  desconcierto  de  todos  los  miembros,  ó  dañado  uno  de  estos, 
al  instante  el  resto  siente  los  malos  efectos  de  la  corrupción ;  Pero 
por  quanto  se  á  querido  hacer  una  distinción  entre  España  y  sus 
Americas,  y  porque  se  ha  creido  que  Buenos  Ay'  puede  ser  feliz,  sin 
que  lo  sea  la  Metrópoli,  influyendo  acaso  en  tan  peregrina  creencia 
el  ver  separado  el  uno  de  el  otro  Emispherio,  y  no  reparar  en  el  lazo 
político,  q*  los  identifica,  por  eso  queremos  examinar  la  question 
bajo  unos  principios  absolutam*'  diversos  de  los  que  nos  han  diri- 
jido  hasta  aqui.  Un  recuerdo  general  de  ciertas  propociciones,  que 
son  los  elementos  de  la  Economia  Civil,  nos  abrirá  paso  al  primer 
discurso. 


L.NA  REFUTACIÓN  INÉDITA  a 5 

Sentemos  pues  como  basa  fundamental  que  el  Comercio  tiene  dos 
conceptos,  unopolitico,  y  otro  Mercantil.  El  primero  mira  solo  al 
bien  del  Estado.  El  segundo  al  de  los  particulares.  Este  consiste  en 
comprar  barato,  y  vender  caro.  Aquel,  arreglar  el  cambio  de  las 
producciones  propias,  de  tal  manera  que  se  extraiga  todo  el  sobrante 
de  ellas,  y  entre  solo  lo  preciso  para  satisfacer  nuestras  necesidades, 
empleando  en  esta  alternativa  los  brazos  útiles  del  Estado.  Hay  por 
lo  tanto  Comercio,  que  siendo  utilisimo  al  Vasallo,  es  la  ruina  déla 
Nación.  Nosotros  tratamos  aqui  del  Comercio  bajo  la  segunda  consi- 
deración, como  que  es  la  mas  importante  para  el  Estado;  pero  todavia 
esto  no  basta.  Combiene  advertir,  que  el  Comercio  politico  puede 
hacerse  entre  los  Pueblos  de  un  mismo  Reyno,  y  entonces  se  dice 
externo,  ó  bien  entre  dos  Naciones  diferentes,  y  se  llama  externo 
pasivo^  quando  solo  tiene  por  objeto  comprar  y  vender  dentro  del 
propio  Pais,  y  activo  quando  sus  ¡eneros  y  producciones  se  llevan 
fuera  por  Mar  o  por  tierra.  El  Comercio  con  la  Extranjería  por 
quanto  promuebe  el  Canje  y  exportación  de  nuestros  frutos  (aunque 
de  un  modo  perjudicial  á  la  Marina  Nacional)  puede  tomar  este 
título,  estaremos  también  en  las  consequencias. 

Mas  para  que  el  Comercio  activo  sea  útil,  no  basta  que  facilite  la 
extracción  de  las  producciones  propias,  pues  sin  extraer  puram^ 
concistirá  el  secreto  de  aumentar  las  riquezas  de  un  Pueblo,  con 
dejarlo  sin  tener  que  comer,  seria  felicisimo.  La  verdadera  utilidad 
conciste  en  los  buenos  reglamentos  y  en  el  calculo  de  lo  que  perju- 
dica, ó  combiene. 

En  general,  combiene  á  todo  Pais  la  extracción  de  sus  frutos, 
pero  si  es  excesiva  como  sucede  quando  concluido  el  sobrante,  se 
echa  mano  del  necesario,  entonces  sirve  de  mucho  perjuicio.  La 
hambre,  la  carestia,  la  peste,  la  despoblación  podrían  ser  los  efectos 
de  un  systhema  tan  imprudente.  Combiene  tener  una  comunicación 
mercantil  con  las  Naciones  Estrañas;  Pero  si  en  esto.  lejos  de  ganar 
se  pierde,  entonces  no  combiene.  Finalmente,  aunque  los  Imperios 
deban  su  prosperidad  al  Comercio,  el  Comercioes perjudicial,  quan- 


•j6  anales  de  la  biblioteca 

do  promueve  la  extracción  del  dinero  en  especie,  quando  impide  el 
consumo  de  nuestros  artefactos,  favoreciendo  el  de  los  Extranjeros; 
y  qdo  nos  hace  deudores  de  estos  ;  con  que  para  afirmar  que  es  útil 
el  Comercio  libre  de  America  con  la  Estranjeria,  debe  ante  todo  mi- 
rarse mui  bien  si  tiene  ó  no,  alguno  de  estos  incombenientes.  Vamos 
pues  ala  prueba. 

Se  á  dicho  que  es  perjudicial  el  Comercio  quando  promuebe  la 
extracción  del  dinero.  Esto  es  evidente.  El  dinero  destinado  á  re- 
presentar universalmente  las  riquezas,  es  un  signo  que  lo  suple  todo. 
y  que  colocándose  en  lugar  de  lo  que  cada  Ciudadano  necesita,  fa- 
cilita indeciblemente  el  Canje  de  las  Especies ;  De  este  modo,  un 
Pueblo  que  reducido  á  simples  permutas  de  jenero  y  jenero  solo 
haría  veinte  contratos  en  una  semana,  y  con  el  dinero  hace  nove> 
cientos,  porque  tanto  como  es  difícil  tener  siempre  yo  lo  que  otro 
necesita,  y  este  lo  que  yo,  tanto  con  el  dinero  que  todo  lo  representa 
es  fácil  hallar  en  primera  mano  quien  me  saque  de  un  apuro  dándo- 
me por  un  pedazo  de  paño  V.  g,  una  moneda  con  la  qual  puedo  yo 
comprar  pan  carne  y  azeite  para  mi  alimento !  De  esta  rapidez  de 
los  contratos  salen  los  aumentos  del  comercio,  el  de  los  artefactos; 
De  el  de  los  artefactos,  el  de  las  primeras  materias,  y  de  este,  el  de 
la  Agricultura  á  quien  se  prefiere.  Por  eso  Ja  construcción  (a)  del  din* 
sin  ser  cosa  que  se  come  ni  se  vebe  (8^")  es  tan  combeniente  al  Estado, 
como  nocibo  el  perderlo. 

Pero  a  mas  de  esto,  el  dinero  sirve  para  vivificarlas  Artes  propor- 
cionando buenos  premios  á  los  que  las  cultivan,  sirve  para  aumentar 
el  crédito  mercantil  de  la  Nación,  y  sir>'e  sobre  todo  para  cimentar 
la  tasa  del  interés,  porque  el  din*"  comerciable  como  la  seda,  el  Algo- 
don  y  otros  efectos,  sufre  á  par  de  ellos  las  visisitudes  del  precio ; 
quando  hay  muchos  que  lo  compren,  y  pocos  que  lo  vendan  crece  el 
interés,  que  es  su  precio,  y  al  contrarío  baja  quando  está  vice  versa. 


(a)  Sie  ¿por  conservación?  (N.  E.). 
(8^'*)  La  frase  del  papel  aatecitado. 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  37 

La  baja  produce  un  efecto  marabilloso,  qual  es  la  multiplicación 
de  especulaciones  y  la  major  utilidad  que  estas  dexan  al  Comer- 
ciante. Se  multiplican  los  ensayos,  porque  habiendo  quien  dé  capi- 
tales á  un  premio  moderado  todos  emprenden,  y  queda  mayor  utili- 
dad al  Comerciante,  porque  tanto  comohaorra  en  el  premio  pagan- 
dolo  un  uno  ó  un  dos  por  ciento  menos  de  lo  frecuente,  tanto  rebaja 
en  el  principal  con  que  jira  y  aumenta  en  lo  que  gana. 

Pongamos  un  ejemplo.  Si  Pedro  emprende  un  negocio  con  mil 
pesos  tomados  á  premio  de  quatro  por  ciento,  y  Juan  con  otro  tanto 
que  solo  le  cuesta  el  dos,  Juan  respecto  de  Pedro  lleba  un  dos  por 
ciento  de  utilidad  cierta.  Seguramente,  pero  no  era  preciso  haber 
dicho  tanto  para  probar  una  proposición  evidente,  pues  con 
decir  que  es  el  único  centro  de  todas  las  Operaciones  Económicas, 
el  gran  cuidado  de  las  Naciones  que  actualm*^  pueden  dar  leccio- 
nes á  la  America,  y  el  principio  de  su  engrandecimiento  á  no  ser 
unos  preocupados,  creeríamos  que  importa  tener  dinero ;  pero  nues- 
tros Políticos  abusando  de  los  principios  se  han  empeñado  en  per- 
suadir lo  contrario,  p*  que  asi  sea  mas  franca  la  comunicación  con  el 
Estranjero,  mas  segura  sea  su  ganancia,  y  mas  cierta  nuestra  ruina. 

Es  verdad  Exmo  Señor,  que  el  dinero  en  llegando  á  pasar  de  cier- 
ta linea  causa  en  el  cuerpo  poh'tico,  lo  que  en  el  natura)  una  píente- 
ría  (a).  Los  vasos  redundan,  la  circulación  se  entorpece,  y  todos  los 
miembros  adormecidos  caen  en  un  Embotamiento,  que  semeja 
mucho  á  la  muerte  ;  pero  tan  fatal  estado  es  por  lo  común  efecto  de 
una  obstrucción  perfecta  en  la  que  no  podrá  incurrir  la  América 
mientras  tenga  un  solo  Pueblo  de  España,  con  quien  hacer  el 
Comercio.  Logrará  salidas  proporcionadas  al  acresentamiento  de 
sus  caudales,  conservará  la  parte  de  estos  que  necesite  para  sus 
urgencias,  y  se  deshará  del  exceso,  no  para  prodigarlo  en  aumentar 
las  fuerzas  de  los  que  mañana  vendrán  á  conquistarnos,  sino  en 
nutrir  los  miembros  debilitados  de  la  Madre  Patria. 

(a)  Quizá  el  original  dijera  pletorioy  sinónimo  anticuado  de  plétora.  El  argumento  pa- 
rece lomado  de  Campomanes,  Apéndice^  IV.  AlU  se  dice  «apoplexia  ».  (N.  E.) 


98  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Tal  es  el  primer  aspecto  que  presenta  esta  medalla.  Veamos  el 
reverso.  Abierto  un  canal  de  extensión  inmensa  para  que  salga 
nuestro  dinero,  es  evidente  que  Uegaria  el  caso  de  hallarnos  sin  una 
moneda,  pues  como  dice  el  adagio  cierto.  De  los  finitos,  donde  se 
saca,  y  no  hay  reintegro,  es  forzoso  que  se  llegue  al  termino  (9). 
Por  esta  razón  se  á  dicho  siempre  y  es  accioma  en  la  materia,  que 
una  Nación  teniendo  contra  si  la  balanza  del  Comercio  se  arruina 
irremisiblem**  á  no  ser  que  aumente  su  Comercio  activo  para  que 
la  introducción  de  nuebos  tesoros  repare  aquellas  perdidas .  Prohi- 
bir la  extracción  del  dinero  es  un  arbitrio  vano  aunque  se  apure 
para  ello  el  Cathalogo  de  las  penas.  Los  Extranjeros  tienen  demasiada 
codicia,  demasiada  necesidad,  y  demasiado  aliento  para  privarse 
de  ciertos  lucros  por  peligros  inciertos.  Primero  procurarán  eludir 
la  Ley  en  la  misma  llabe  que  les  cierra  la  Puerta,  y  quando  no 
puedan  conseguirlo,  que  será  mui  raro,  se  valdrán  de  mil  ardiles 
para  sorprender  la  vigilancia  del  Gov**.  Pero  á  proporción  de  estas 
dificultades  será  el  premio  que  pidan  á  los  nuestros  por  extraerles 
su  dinero,  y  asi  lejos  de  disminuirse,  hade  ser  mayor  la  perdida 
del  Estado,  que  es  el  Yunque  donde  paran  unos  golpes  tan  crueles. 

Por  lo  tanto,  no  nos  queda  mas  recurso,  que  aumentar  el  Comer- 
cio activo  según  se  dijo  antes.  ¿Pero  como  se  hará  este  milagro  ? 
Nosotros  no  tenemos  fabricas,  no  tenemos  primeras  materias  capa- 
ces de  servir  para  el  efecto  sino  de  dos  clases,  y  aun  estas  cuando  se 
abran  para  la  Inglaterra  los  Puertos  de  Rusia,  no  serán  mui  apre- 
ciables  contrayendonos  al  Estado  presente.  ¿  Hay  hombre  tan  pre- 
suntuoso ó  tan  fatuo  que  se  haya  lisonjeado  inclinar  á  su  favor  la 
pesada  valanza  del  Comercio  de  Inglaterra  solo  con  el  cuero  y  sebo 
que  dá  la  Prov*  ?  ¿  Habrá  quien  crea  posible  contrarrestar  los  in- 
gresos.de  un  cargamento  rico  en  poco  volumen,  con  otro  pobre  y 
voluminoso  en  extremo  ?  ¿  Habrá  quien  se  persuada   seriamente 


(9)  La  Jamaica,    el  Brasil,   y  una   parte  de  la   costa   de  Caracas  son  testigos    fieles 
pero  terribles  de  esta  verd'. 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  39 

de  que  un  Ingles  exportará  una  sola  ocasión  tanto  como  introduce  ? 
Esto  es  soñar  la  felicidad,  y  no  ser  felices. 

Los  Ingleses  Exmo  Señor  desembarcarán  veinte,  y  sacarán 
uno.  Si  se  les  manda  traer  Buques  en  lastre  para  concluir  los  retor- 
nos, es  abrirles  un  nuebo  sendero  para  que  hagan  el  contravando  á 
su  gusto,  ó  exponer  las  ordenes  del  Gov^  á  una  vurla,  y  si  no  se  les 
manda,  al  paso  que  se  pretende  hacer  un  comercio  activo,  ventajo- 
so, un  Comercio  cuya  valanza  sea  favorable  á  nos  otros  que  es  decir, 
un  Comercio  donde  no  salga  el  oro  de  las  Minas  del  Perú,  es  pre- 
tender que  en  Barcos  iguales  se  haga  con  cueros  el  retorno  de  un 
cargamento  de  Olanes.  Si  esto  es  posible,  será  posible  el  Comercio 
activo  de  la  America  en  las  presentes  circunstancias ;  pero  si  es  un 
absurdo,  y  absurdo  muy  remarcable,  será  lo  que  pretenden  los 
Amigos  de  la  gran  Bretaña. 

El  dinero  saldría  sin  poderlo  remediar  de  todos  los  resguardos 
del  Mundo,  y  progresivamente  se  veria  reducida  la  Prov^  á  cambiar 
paño  por  carne,  como  se  permutaba  no  á  mucho  en  el  Paraguay 
el  tabaco  por  el  pan.  Esta  cituacion  verdaderam*' miserable  lo  será 
mas  por  la  extracción  mal  calculada  de  frutos,  pues  no  bastando  el 
sobrante  para  satisfacer  las  demandas  siempre  cresidas  del  comer- 
ciante, ocurriríamos  al  necesario,  y  cuando  por  un  arranque  de  la 
mayor  imprudencia,  lo  hubiésemos  entregado  todo  al  Extranjero. 
Entonces  abriríamos  los  ojos  sobre  nuestra  propia  miseria,  pero  no 
habria  mas  consuelo,  que  deplorarla. 

Parte  de  este  pronostico  se  vio  aqui  realizado  quando  los  Buques 
Ingleses  admitidos  al  comercio  por  la  ilustre  Junta  de  obserbacion 
empezaron  á  preparar  sus  retornos  en  marquetas  de  sebo,  único  ar- 
ticulo á  que  se  contrajeron  despreciando  la  peletería,  pues  llegó  á 
tanto  grado  la  escases  de  aquel  articulo,  que  aun  pagándose  al  pre- 
cio desconocido  dei5,  16,  yiyr^en  rama,  nadie  podia  conseguir- 
lo para  los  usos  comunes.  Los  Ganaderos,  incitados  por  la  codicia, 
tocaron  todos  los  resortes  posibles  para  promover  la  abundancia 
(aunque  su  objeto  fuera  muy  distinto).  Pero  ni  con  haber  destroza- 


3o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

do  inutilm^  millones  de  Bacas  y  Novillos  pudieron  conseguirlo 
¿Que  prueba  mas  evidente  de  que  aun  no  estamos  en  estado  de  pen- 
sar con  grandeza?  Los  Pueblos,  asi  como  los  particulares  deben 
atemperarse  á  sus  fuerzas.  Si  un  hombre  gana  quatro  y  gasta  seis 
precisam**  se  arruina.  Lo  mismo  le  sucede  al  Pais  que  produce  dos 
y  quiere  extraer  ciento.  Por  eso,  en  Inglaterra,  allá  en  aquella  Isla 
donde  á  sentado  su  precioso  trono  el  Numen  de  la  Economía, 
mientras  de  una  parte  se  vé  premiada  la  exportación  de  granos,  de 
otra  se  obserba  rigorosam^  prohibida.  Se  premia  hasta  cierto  punto, 
y  en  habiéndolo  tocado,  se  prohibe.  Esto  se  llama  calcular  lo  que 
perjudica  ó  combiene.  Esto  averiguar  las  fuerzas  del  Estado,  y  pro- 
porcionarle una  carga  que  ni  lo  abrume,  ni  lo  debilite. 

Pero  ¿  Qual  de  nuestros  Políticos  se  á  tomado  el  trabajo  de  en- 
trar en  semejantes  averiguaciones  ?  Ellos  piden  la  extracción,  por- 
que han  oido  que  esto  combiene;  pero  no  saben,  que  todo  en  este 
Mundo  tiene  dos  caras.  Una  buena  y  otra  mala,  y  que  la  habilidad 
conciste  en  no  confundirlas,  porq*  entonces  aun  la  buena  se  hace 
mala.  Piden  que  se  promueba  la  saca  de  nuestros  frutos  necesarios, 
sin  haber  calculado  qual  es  su  sobrante,  ó  sin  advertir  que  puestos  á 
negociar  con  una  Potencia  que  está  en  el  mayor  auje,  entraremos 
en  la  lucha  de  un  Niño  con  un  Gigante  ;  es  decir  que  nosotros  redu- 
cidos á  primeras  materias,  y  estas  ni  tan  abundantes  como  se  figura 
el  hacendado,  que  nunca  salió  de  su  Estancia,  y  los  Ingleses  á  una 
multitud  de  artefactos  valorosos  quando  mas  contrarrestaremos  por 
un  instante  el  violento  descenso  de  su  valanza,  pero  luego  debilita- 
dos en  proporción  de  lo  extraordinario  de  aquel  esfuerzo,  caeremos 
en  un  deliquio  mortal. 

Las  haciendas  serán  despedazadas  con  aquella  barbarie  propia  de 
nuestros  Pastores,  la  qual  con  ser  muy  grande,  será  mayor  todavía 
estimulada  por  la  ganancia.  Ni  grande,  ni  pequeño,  ni  Baca,  ni  Buey, 
ni  Novillo,  habrá  que  respete  su  Zana.  Todo  caerá  bajo  el  brazo  des- 
tructor del  gaucho  para  utilizar  el  sebo,  que  es  lo  único  que  valdrá 
en  el  Mercado. 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  3i 

Esta  no  es  una  pintura  antojadiza  ó  arbitraria.  Sus  rasgos  ya  se 
dejan  traslucir  en  nuestros  campos  por  una  diminución  muy  sen- 
sible de  los  Ganados ;  mas  el  hombre  poco  observador,  que  solo 
fija  la  atención  en  la  superficie  de  las  cosas,  no  se  detiene  en  unos 
resultados  de  tanta  importancia.  Su  anteojo  no  pasa  del  diaen  que 
vibe.  Lo  futuro  se  le  presenta  fuera  del  punto  de  vista,  y  asi  lo  con- 
funde con  lo  imposible.  El  solo  sabe  que  tiene  haciendas  ;  que  si 
mata  y  vende  caro,  ha  de  ganar.  Esto  le  basta  para  formarse  un 
juicio  decidido  y  pronunciar  con  Magisterio  :  luego  combiene  intro- 
ducir un  systhema  que  no  deje  Animal  en  pie.  Muera  todo,  todo 
salga.  Engroze  yo  mi  bolsa  por  esta  semana,  que  la  tierra  está  pro- 
duciendo Bacas. 

¡  Infelices  hacendados !  Vosotros  sois  la  victima  de  un  engaño 
muy  funesto!  Haoraq''  tenéis  que  matar,  tenéis  que  vender.  Quan- 
do  no  haya  lo  primero,  faltará  el  segundo.  Haora  que  por  fortuna 
se  conserba  algún  dinero,  hallareis  quien  los  pague  bien  los  frutos, 
en  faltando  apenas  tendréis  zarasas  paños  y  otras  manufacturas  de 
Inglaterra  para  hacer  un  mal  canje;  pero  lo  que  allí  no  se  fabrique, 
en  ninguna  parte  habéis  de  encontrarlo.  El  Ingles  siempre  astuto 
os  está  cebando  con  el  aparente  brillo  de  la  ganancia  ;  os  alucina 
con  la  baratez  de  sus  efectos;  pero  no  sabéis,  que  pronto  recojerá  lo 
que  á  sembrado.  No  sabéis  que  quando  se  haya  echo  Dueño  abso- 
luto de  nuestro  Comercio  quando  no  haya  quien  le  dispute  ni  la 
venta  ni  la  compra,  establecerá  el  Monopolio  más  infame,  y  vos- 
otros seréis  sacrificados.  No,  No  lo  sabéis,  amigos,  pero  abrid  los 
anales  de  la  India,  los  de  Holanda,  y  Portugal.  Abrid  la  historia  de 
Inglaterra  comerciante,  y  temblareis  al  ver  escrito  en  letras  de  dia- 
mantes, que  los  Americanos  del  Sur  han  dejado  de  ser  felices,  y 
debéis  aumentar  el  numero  de  aquellos  miserables. 

¡  Ojala,  que  nuestras  declamaciones  Jueran  hijas  del  interez,  y  no 
de  la  verdad !  pero  con  dolor  lo  decimos,  nada  hay  tan  cierto  coma 
que  está  decretada  la  perdición  del  Virreynato.  Su  Pastoría  será 
destruida.  Sus  minas  saqueadas.  Su  comercio  reducido  á  la  nada» 


3a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

que  solo  sirva  para  recordar  los  días  de  nuestra  pasada  opulencia... 
La  pluma  se  cansa,  y  la  imajinacion  se  hastia  de  ir  asi  rodando  de 
mal  en  mal,  de  miseria  en  miseria,  y  de  desgracia  en  desgracia ; 
pero  es  preciso  armarse  de  fortaleza  como  el  buen  cirujano  que 
pierde  la  comiseracion  en  el  acto  de  cortar  un  brazo  para  salbar  al 
mismo  que  martiriza. 

Dijimos  antes,  que  era  también  perjudicial  el  Comercio  que  des- 
truye la  industria  del Pais,  favoreciendo  la  del  Estraño.  Que  la  pro- 
posición sea  cierta,  no  podrá  dudarlo  quien  á  visto  en  otros  pasajes 
de  nuestro  Escrito  quanto  se  dan  la  mano  la  industria,  la  agricul- 
tura, el  comercio  y  la  felicidad  del  Estado;  conque  solo  resta  apli- 
carla á  nuestro  asunto,  demostrando  q*  la  industria  de  la  Prov*  vá 
a  ser  aniquilada  apenas  se  abra  al  Estranjero  los  puertos  de  B'  Ay* 
y  Montevideo. 

Este  empeño  no  es  diGcil.  Y.  E.  sabe  que  el  activo  Ingles  Ueba 
por  máxima  fundamental  destruir  en  todas  partes  la  industria,  y  el 
Comercio  de  todas  las  Naciones  Estranjeras,  y  que  para  conseguirlo 
no  perdona  medio  ni  sacrificio,  aun  quandolas  ventajas  de  tan  cruel 
política  ó  no  sean  ciertas,  ó  solo  sean  remotas.  ¿  Que  no  hará  pues 
para  despedazar  nuestros  pequeños  telares,  quando  vea  que  ellos  le 
quitan  parte  de  las  ganancias,  que  le  impiden  ser  Dueño  absoluto 
del  Pais,  y  disponer  á  su  antojo  de  nuestras  necesidades  ?  V.  E.  po- 
drá inferirlo  por  estos  pasajes. 

I"*  Conociendo  la  gran  Bretaña  q*"  no  le  conven ia  hacer  á  me- 
dias el  Com"*  de  la  India  con  los  Holandeses,  tentó  varios  medios 
de  aquellos  q*  con  frecuencia  suele  sufrir  el  Maquiabelismo  de 
una  Corte,  que  todo  lo  mira  á  la  luz  de  una  ganancia  y  viendo  que 
nada  bastaba,  se  decidió  por  fin  á  entrar  en  una  especie  de  jiro  que 
no.  conocian  ni  sus  mismos  Comerciantes.  Todas  las  expediciones 
destinadas  á  la  India  salían  con  animo  hecho  (y  lo  cumplian)  de  ven- 
der al  5o  Yo  ^^  perdida  sobre  principal  de  fábrica  ;  De  forma,  que 
dando  los  renglones  mas  baratos,  que  quantos  concurrían  al  mismo 
mercado,  ellos  solos  hallaban  comprador,  y  el  Holandez  espectador 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  33 

de  esta  scena  rara ,  se  veia  constreñido  de  arruinarse  perdiendo  en 
las  ventas,  ó  de  volberse  á  sus  Puertos  si^  haber  hecho  nada.  En 
qualquiera  extremo  su  ruina  era  evidente,  y  asi  tomo  el  partido  de 
ceder  el  campo  á  sus  ribales.  Pero  estos,  apenas  el  barómetro  mer- 
cantil anunció  la  victoria,  recargaron  tanto  las  mercancías,  que  en 
brebe  quedaron  recompensadas  las  perdidas  con  un  céntuplo  de 
utilidades. 

2*"  Habiéndose  erijido  en  Chemnitz  de  Saxonia  una  fabrica  de 
telas  de  algodón,  conocieron  los  Ingleses  que  los  progresos  de  ellas 
podian  perjudicar  á  su  Comercio,  y  aunque  el  mal  nunca  llegaría 
á  ser  demasiado,  atento  tan  pequeño  orijen  decretaron  su  ruina  por 
el  año  de  8o3,  y  en  la  ieria  de  Lipsia  celebrada  entonces,  vendieron 
por  mas  de  cien  millones  de  r*  en  telas  de  algodón  á  un  treinta  y 
cinquentap'  %  de  perdida.  De  este  modo  los  fabricantes  de  Chemnitz 
fueron  forzados  á  perder  de  sus  principales  por  expender  algo  y  de- 
jar seguidam^  el  telar  por  no  verse  perdidos.  En  España  sucedió  lo 
mismo,  aunque  por  medios  distintos  con  una  fabrica  de  bayetas 
que  se  abrió  en  Sevilla,  con  otras  de  lata  de  Alcalá,  con  otra  de 
paños  de  Guadalajara,  y  ñnalm^  con  todas  las  de  Cathaluña,  que 
iban  ya  poniendo  en  descrédito  al  romperse  la  ultima  guerra  (a). 

Quando  nosotros  recordamos  unos  echos,  que  por  lo  extraordi- 
nario han  llamado  la  atención  de  la  Europa,  sirviendo  su  propio 
vulto  para  su  notoriedad,  no  podemos  menos  q"  celebrar  la  ori- 
ginal ocurrencia  de  un  político,  q*  habia  discurrido  gravar  con 
doce  y  medio  por  ciento  los  dros  del  circulo,  los  efectos  Ingle- 
ses de  fabrica  ;  semejante  á  los  nuestros  para  impedir  (decia)  que 
entren  aquellos,  ó  entrando,  que  perjudiquen  la  venta  de  estos  ;  pero 
el  infeliz  ignoraba,  que  con  perder  doscientas  mil  libras  Esterlinas 

(a)  Toda  esU  argumentación  de  circunstancia  es  un  tejido  de  falsedades  y  absurdos. 
Véase  en  Colukibo«  Historia  de  la  economía,  II,  lxtiii,  las  causas  de  la  ruina  industrial 
de  España.  Las  fábricas  citadas  vivían  del  tesoro,  y  la  de  Guadalajara,  especialmente  «  vino 
Á  ser  un  gusano  roedor  de  la  hacienda  pública  y  dio  muy  escaso  fruto  »,  sin  que  tuvie- 
ran parte  en  ello  los  ingleses.  Por  lo  demás,  asi  su  director  (Riperdá)  como  sus  opera- 
rios eran  holandeses.  (N.  E.). 

AHAUn   DB    L*    BIBUOTKGA.  —  T.    III  3 


34  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

estaba  hecho  todo  el  gasto,  y  que  la  Inglaterra  no  solo  compra- 
ría nuestros  Ponchos,  je|gas,  mantas  ó  sobre  camas  de  Chile,  coto- 
nías de  Mojos,  &".  para  quitar  deraiz  esta  semilla,  sino  que  Envene- 
naría también  á  los  mismos  fabricantes  como  se  vio  en  Guadalajara 
con  el  Director  de  la  fabrica  de  paños  que  dejamos  citada. 

Nosotros,  que  hemos  visto  hasta  lomillos  y  caronas  trabajados  ea 
Londres  después  de  la  invacion;  Hemos  visto  Ponchos  y  tenemos  no- 
ticia de  que  fabrican  hasta  Estribos  de  palo,  cinchas  y  otros  artículos 
semejantes.  Los  Inglezes  no  hande  quedarse  con  ellos  ;  pues  no  los 
consumen.  Tampoco  dejarán  de  traerlos,  porq^  su  codicia  es  ex- 
tremada, y  saben  que  estos  renglones  dejan  lucro,  con  que  deben 
exportarlos,  y  deben  introducirlos  dentro  del  País,  ó  por  alto  como 
es  tan  frequente,  ó  pagando  el  doce  y  medio  por  ciento  ;  pero  con 
protesta  de  reintegrarse  muí  á  costa  del  pobre  Americano,  á  quien 
sobre  arrancarle  el  din""  le  quitan  también  la  industria.  Y  ¿  Que  será 
entonces  del  Gordoves,  del  Santiagueño,  del  Tucumano,  del  Para- 
guayo,  del  Cochabambino,  &*.  &*.  P  ¿  Que  será  de  esas  numerosas 
familias  á  quienes  el  telar  facilita  un  entretenimiento  lucrativo  y 
honrrado  P  ¿  Que  de  esa  caterba  de  infelices  que  pasan  la  vida  bene- 
ficiando la  suela  y  constituyéndola  en  aderezos  de  montar  P  Todos 
perecerán  en  la  indijencia ;  sus  casas  serán  sus  tumbas,  y  sus  telas 
el  habito  con  que  bajen  al  sepulcro.  ¿  Pero  que  importa,  dirá  el  ha- 
cendado. Yo  tendré  un  recado  barato,  un  poncho,  un  lazo,  unos 
estribos ; . . .  ó  torpe  Egoismo  !  ó  barbara  ignorancia  I  á  que  males  no 
expone  la  misera  humanidad  I  Y  vosotros.  Políticos  desgraciados, 
nacidos  para  la  destrucción  del  mas  bello  Pais  del  Universo,  mirad 
aqui  un  ejemplo  de  que  no  está  la  felicidad  en  comprar  barato  y 
vender  caro,  sino  que  hay  caro,  barato,  y  barato  mui  caro. 

Tal,  como  el  de  los  artefactos  Inglezes,  que  dejarán  sin  ocupación 
á  un  millón  de  brazos,  que  abismarán  en  la  desdicha  multitud  de 
familias,  y  que  por  decirlo  pronto,  combertiran  la  America  en  un 
espantoso  desierto.  La  Población  huye  de  los  lugares  donde  habita 
el  ocio,  y  acabado  el  embrión  de  nuestra  industria,  ocio  y  ocio 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  35 

eterno  será  el  Numen  de  la  America.   Estos  pues  serán  los  resulta- 
dos de  un  trato  libre  con  la  Estranjeria. 

El  Comercio  de  la  Metrópoli  reducido  á  un  estado  de  absoluta 
nulidad.  Sus  ejércitos  privados  de  socorros,  y  abandonados  ente- 
ramente á  su  desgracia.  La  America  privada  de  su  riqueza,  y  des- 
pojada hasta  de  la  esperanza  de  volber  á  ser  dichosa.  La  Nación  en 
general  abatida»  y  ensalsados  sobre  su  ruina  los  Émulos  de  su  indus- 
tria; en  una  palabra,  de  su  engrandecimiento.  Pero  tantos  males 
podrán  al  menos  soportarse  p'  la  necesidad  en  que  nos  hallamos,  y 
por  el  lucro  que  van  á  dejarnos  P  Es  la  tercera  proposición  de  que 
nos  hicimos  cargo  de  examinar,  y  que  efectivamente  discutiremos 
antes  de  cerrar  nuestro  discurso. 

Que  los  males  dejan  de  serlo  quando  producen  verdaderos  y  ma- 
yores bienes;  Que  el  buen  político  debe  en  tal  caso  abrazarse  con 
ellos,  es  un  principio  evidente.  Que  nosotros  padesemos  infinitas 
privaciones.  Que  el  herario  se  halla  exausto.  Que  la  fuerza  armada 
absorbe  las  rentas  publicas,  y  no  es  posible  perderla  de  vista  ni 
disminuirla...  También  son  unosechos  que  solo  pudieran  negarse 
en  los  delirios  del  scepticismo  ;  pero  no  es  tan  averiguado  como  se 
presume,  que  el  remedio  de  estos  paracismos  sea  el  Comercio  libre. 

Antes  bien  por  el  contrario  opinamos,  que  no  siéndoles  perjudi- 
cial, será  quando  menos  inútil.  Porque  si  se  trata  de  reparar  con  sus 
productos  el  defalco  de  la  R*  Caja  para  conseguirlo,  debe  V.  E.  y 
los  Autores  del  pensamiento  haberse  lisonjeado  de  un  imposible, 
qual  es  sin  duda,  que  todos  los  Cargamentos  Ingleses  paguen  con 
exactitud  los  dros  que  adeuden.  Lo  harán  ciertam^  aquellos  que 
se  introducen  por  la  R^  Aduana.  ¿  Pero  quantos  serán  estos  todos? 
No  ExmoS""'  será  de  cada  veinte,  uno.  Los  restantes  aprovechando 
sin  el  peligro  que  antes  lo  largo  de  una  costa,  que  en  todos  puntos 
es  accesible  á  los  Buques  menores,  aprovechando  las  relaciones  que 
podran  tenerse  abiertam**  con  los  consignatarios,  con  el  resguardo 
terrestre ;  mas  brebe,  con  la  falange  inmensa  de  contrabandistas 
que  inundan  la  Prov",  lograran  á  salvo  esparcir  sus  mercaderías 


36  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

sin  mas  dros  que  los  que  se  paguen  á  los  cómplices  del  delito. 

¿Quien  podrá  impedirlo  P  ¿La  tropa,  los  Dependientes  de  Rentas, 
los  Zeladores  públicos  ?  Exmo  S""'  nuestra  pluma  no  se  á  cortado 
para  herir  en  ninguna  forma  el  pundonor  de  nuestros  combecinos, 
pero  para  dar  una  respuesta  satisfactoria  á  esas  preguntas.  Invoca- 
mos la  experiencia,  tal  vez  que  V.  E.  perdiese  cualquiera  Esperanza 
fundada  en  aquel  recurso,  ó  será  el  rigor  de  las  Leyes  y  el  temor  del 
castigo  P  Todo  es  bien  poco  para  retraer  al  hombre  de  buscar  la 
ganancia  donde  sabe  que  está  segura.  ¿  No  vemos  millares  de  hom- 
bres correr  todos  los  dias  á  ponerse  debajo  de  los  Estandartes  de  la 
muerte  con  la  misma  alegría,  que  si  fuesen  á  un  convite,  solo  por 
ganar  una  peseta  diaria,  y  á  veces  la  mitad  menos  P  Pues  bien,  ¿  Que 
no  harían  entonces  los  hermanos  de  estos  mismos  quando  vean  que 
el  premio  de  su  Osadia  será  un  tres  ó  un  quatro  por  ciento  de  ga- 
nancia sobre  el  principal  de  factura  y  gastos?  También  acerca  de 
este  punto  podíamos  consultar  la  experiencia,  y  con  solo  ver  en  lo 
que  vino  á  combertirse  el  Comercio  de  Ensayo,  sabríamos  lo  que  ha 
de  suceder  en  el  libre.  O  diremos  que  han  variado  los  tiempos,  que 
los  Ingleses  son  de  otra  pasta,  que  los  Portugueses,  oque  existe  bao- 
ra  algún  fantasma  el  qual,  levantado  sobre  la  torre  de  ese  Cabildo, 
alejara  á  gran  distancia  de  la  Ensenada  de  los  Quílmes,  de  las  Con- 
chas, délos  Olivos,  &■,  &■,  los  Buques  contrabandistas.  Pudiera  ser 
esto  muí  bien,  pero  los  Ingleses  ya  no  creen  en  Vampiros. 

Pero  si  creen,  q*  el  jenero  introducido  bajo  los  exorbitantes  dros 
circulo  en  el  estado  de  abundancia  que  se  halla  la  Capital  (g**")  no  le 
ofrece  ventaja,  sino  perdida  muí  segura.  Sabe,  que  el  modo  de  com- 
petir con  el  contravandista  del  pasado  Gov*'  es  dirijirse  por  la  senda 
que  abrió  y  dejó  aquel  bien  trillada.  Sabe,  que  permitido  el  Com"* 
puede  libremente  aportar  á  qualquiera  paraje  de  ambas  costas,  ya 
pretextando  necesidad  de  Aguada,  ya  falta  de  practico  en  el  Rio,  ya 
un  mal  tiempo,  ya  la  facultad  de  hacerlo  á  virtud  del  Comercio  libre. 

(q**^*)  La  abundancia  déla  cap'  toca  en  un  punto  Kunca  visto,  p*  en  los  Libros  de  la  Adua- 
nase hallará  sentada  una  partida  que  acredito  la  introducción  de  los  efectos  que  la  inundan. 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  37 

Sabe  que  hoy  ni  reprendérsele  puede  por  lo  que  antes  merecía  per- 
der el  Buque,  y  de  todo  infiere,  q*'  seria  un  Majadero  si  no  aprove- 
chase la  oportunidad  de  dar  un  golpe  Jino,  Nosotros  desafiamos  la 
sinceridad  de  nuestros  adversarios  á  que  respondan  si  esta  refleccion 
es  hija  del  capricho,  y  si  han  soñado,  que  no  será  mayor  haora  el 
Comercio  de  contrabando,  que  no  el  licito;  pero  entretanto  dejando 
que  la  experiencia  nos  justifique,  aseguramos  que  los  dros  de  intro- 
ducción serán  mui  pocos  para  servir  de  alivio  á  la  pesada  deuda  que 
nos  oprime. 

Quitada  asi  la  única  figurada  combeniencia  del  Com""  libre,  nada 
queda  en  el  de  embidiable  para  el  Gov"" ;  pero  demos  que  en  realidad 
existiesen  las  ventajas,  q*'  á  pintado  el  acaloramiento  del  hacen- 
dado. ¿  No  vale  mas  sufrir  un  poco?  ¿  No  vale  mas  invocar  al  patrio- 
tismo de  los  fidelísimos  habitantes  de  B' Ay'  para  queaccepten  un 
systhema  de  privaciones  qualcombiene  al  Estado  de  la  Monarchia  ¡^ 
¿Nóvale  mas  persuadirle,  que  la  Guerra  es  una  calamidad  gral, 
y  que  pretender  substraerse  á  sus  males  es  un  Egoismo,  ó  por  fin, 
no  valdría  mas  cercenar  el  Num"*  de  Tropas,  que  abruman  al 
Erario  ? 

No ;  responde  la  hipocresía.  No  ;  que  estamos  en  peligro.  Una 
combulcion  parcial  ajita  el  centro  del  Perú,  Es  preciso  oponerse  á 
sus  progresos,  y  esto  solo  puede  hacerlo  el  Soldado...  Bien  está  fie- 
les Vasallos  ¿Y  esos  síntomas  funestos  no  serán  aumentados  con  la 
precencia  del  EstranjeroP  ¿El  Espíritu  de  rebolucion  si  existe  no  a 
tenido  su  cuna  en  Inglaterra  ?  ¿  Desde  allí  no  fué  conducido  en  sus 
Naves  á  B'  Ayres  ?  Es  preciso  creerlo  Exmo  Señor.  Nada  bueno 
pensaran  entre  nosotros,  unos  hombres  que  embidian  la  suerte  del 
Español ;  que  desean  tener  un  Comercio  mas  estendido  en  sus  Co- 
lonias ;  que  perdieron  las  suyas  con  el  auxilio  de  España  ;  que  no 
tienen  Religión,  ó  la  tienen  mui  contraria  á  la  nuestra ;  que  no  tie- 
nen motivo  para  retraerse  de  la  seducción ;  que  hacen  alarde  de  unos 
principios  muy  libres;  y  que  hasta  sus  combersaciones indican  el 
Espíritu  no  recto  que  los  anima. 


38  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Bien  lo  entendieron  Nuestros  Augustos  Lejisladores,  y  asi  se  ve, 
q*  en  la  exclusión  de  los  Estranjeros  no  solo  procedieron  por  Zelos 
de  Com''  sino  con  el  fin  santo  de  conservar  en  su  pureza  la  Religión, 
que  dichosam^  plantaron  con  su  sangre,  y  preservar  de  novedades 
políticas  estos  Reynos.  Las  Leyes  8,  y  g,  tit.  27,  Lib.  g""  de  Indias 
hablan  por  nosotros  sobre  el  particular  ;  bien  que  con  haber  dicho 
(Ley  I*,  tit.  17,  Lib.  g"*)  se  prohibe  el  transito  y  establecimiento  de 
Estranjeros  en  America,  se  á  dicho  lo  bastante  para  que  un  hom- 
bre  de  mediana  cabeza  comprenda  todo  el  Espiritude  este  precepto. 

Luego  tan  lejos  de  conducir  á  la  conserbas*""  de  la  Colonia,  cons- 
pira contra  ella  en  cierto  modo  el  (]om°  de  los  Estranjeros.  Esto  es 
tan  evidente,  q*  no  sabemos  si  el  Gov*"  se  baria  cargo  de  una  respon- 
sabilidad sobre  los  puntos  indicados,  aun  quando  no  hubieran  las 
resultas  que  anunciamos ;  pero  sea  de  ello  lo  que  fuere,  bien  com- 
prendemos que  en  Época  tan  delicada,  es  quando  debe  redoblarse  el 
Zelo,  apartarse  las  Ocasiones,  y  hasta  la  mas  remota  por  causa  de 
algún  movimiento.  La  Metrópoli  se  ve  terriblemente  atacada.  La 
suerte  de  las  Armases  Variable  (a).  La  Guerra  tiene  sus  vicisitudes 
y  ya  hemos  visto  que  unas  veces  parece  váá  zozobrar,  y  otras  q*se  ele- 
va orgullosa  sobre  su  propio  infortunio,  y  desafia  al  Mundo  á  medir 
la  Espada  con  sus  hijos,  como  la  Nave  en  medio  de  la  borrasca,  q** 
ya  parece  tocar  en  las  Nubes,  ya  sumirse  en  los  Abismos,  ¿  Y  quien 
impedirá  que  se  presente  con  destreza  uno  de  estos  momentos  de 
ilusión  desagradable  p'  desalentar  la  constancia  del  Americano  P  Los 
Estranjeros  Exmo  Señor  sino  son  Enemigos,  al  menos  son  gente 
Estraña,que  no  Ven  en  nosotros  mas  que  el  lado  de  lacombeniencia. 
Esperémoslo  todo  de  ellos,  y  temblemos  si  llega  el  caso...  ¡Que  des- 
preciable será  entonces  para  nosotros  el  triste  fruto  de  sus  cargamen- 
tos I  ¡  Que  poco  servirán  los  derechos  del  circulo  para  aliviar  nuestra 
miseria,  y  q*  difícil  será  enjugar  nuestras  lagrimas  con  sus  telas  I 

(a)  Sabido  es  que  con  estas  palabras  principiaba  la  inümacióa  de  Liniers  á  Beresford, 
antes  de  romperse  el  faego  de  la  Reconquista:  puede  que  se  haga  aquí  aluúón  á  esa  jor- 
nada :  el  subrayado  es  del  autor.  (i\.  E.). 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  Sg 

Quando  nos  otros  consideramos  este  peligro;  quando  miramos  los 
males  efectivos  q*  van  á  resultar  contra  el  Rey,  contra  nosotros, 
contra  la  Metrópoli  y  la  Provincia,  creemos  que  el  jen  ¡o  malo  de  la 
Patria  fue  sin  duda  el  Autor  del  Comercio  libre,  pues  solo  el  Encar- 
gado de  perdernos  pudiera  presentar  por  fruto  de  largas  meditacio- 
nes un  plan  mas  propio  para  conseguirlo.  Pero  al  fin  si  no  hay  otro 
remedio,  dígnese  Y.  E.  quando  menos  excluir  del  libre  Com**  el 
Aguardiente  Caña  y  todo  fruto  análogo  á  los  del  Paraguay  y  Haba- 
na, cuyo  abatimiento  grande  en  el  dia  por  la  concurrencia  deel  Por- 
tugués, vendrá  á  serlo  mayor  por  la  de  todos  los  que  pueden  extraer 
del  Brasil  y  conducir  á  nuestros  Puertos  las  mismas  producciones  ; 
resultando  de  ello,  que  en  tanto  aquellos  Establecimientos  y  poce- 
siones  de  la  Corona  sufren  todos  los  males  propios  de  una  Estagna- 
ción general,  estos  que  son  de  un  potentado  Estranjero.  que  perju- 
dican tanto  por  su  inmediación  al  Rio  de  la  Plata,  y  que  debiéra- 
mos aniquilar  si  fuera  posible  por  nuestra  propia  conbeniencia, 
adquirirán  nuebos  grados  de  acrecentamiento  sobre  los  muchos  q^ 
les  ha  dado  el  fatal  Com""  de  Ensayo. 

Los  Paraguayos  se  ven  casi  sin  Ingenios,  y  el  Habanero  si  los 
conserva  es  únicamente  por  el  consumo  que  le  facilita  la  Penínsu- 
la. Con  nosotros  casi  para  nada  cuenta,  porque  sabe  que  á  duras 
penas  podemos  con  lo  que  introducen  los  Portugueses  ;  pero  á  poco 
tiempo  que  excluidos  estos  ó  gravado  su  Comercio  de  una  manera 
conforme  á  los  Intereses  de  la  Nación,  se  empezaron  á  mover  y  em- 
biaron  algunas  Expediciones  que  se  hallan  en  este  Puerto  y  esa  Ra- 
da, al  mismo  tiempo  que  nosotros  embiamos  otras  á  los  suyos,  jus- 
tamente persuadidos,  de  que  no  teníamos  que  sufrir  la  competencia 
del  Estranjero ;  Mas  haora  vemos,  que  sucederá  lo  contrario,  por- 
que permitida  la  introducción  de  la  Caña  con  un  derecho  mode- 
rado (i o)  volberán  á  verse  infestadas  las  dos  costas  con  los  Buques 
Portugueses,  y  Nosotros,  cuyas  Expediciones  forzosamente  serán  de 

(i o)  Se  asegura  que  de  resultas  del  libre  Gom*  se  les  ha  levantado  el  derecho  municipal 
j  Patriótico. 


A  o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

mayor  costo,  tendremos  que  sufrir  unos  quebrantos  tan  subidos 
como  ciertos.  Quedaremos  de  consiguiente  imposibilitados  para 
emprender  de  huebo.  Los  Negociantes  de  la  Isla  se  hallarán  en  el 
mismo  caso.  Los  Azucares  volberán  á  estancarse,  ó  sentirán  los  efec- 
tos de  nuestras  perdidas.  El  Agua  ardiente  no  tendrá  extracción.  La 
industria  recibirá  un  golpe  terrible  en  los  dias  de  su  combalecencia. 
Tal  vez  morirá  de  la  recaida,  y  asi  se  habrá  levantado  la  felicidad  del 
Extranjero  sobre  la  desgracia  particular  de  muchos  honrrados  Co- 
merciantes, y  la  general  de  un  Comercio  que  interesa  á  la  Corona 
más  de  lo  que  parece. 

No  nos  excedemos  Exmo  S"*'.  Estos  consiguientes  tienen  una 
existencia  positiva  en  la  experiencia,  y  á  que  no  sea  en  las  reales 
acciones  mutuas  de  estos  Establecimientos,  y  los  del  Norte;  Con 
que  si  Y.  E.  aprecia  mas  la  prosperidad  de  ambos,  que  no  la  de  los 
del  Brasil ;  si  los  Comerciantes  de  Montevideo,  aquellos  cuyas  Arcas 
han  estado  y  están  abiertas  á  los  conflictos  de  la  Patria  ;  los  que  su- 
perándose á  si  mismos  derramaron  sus  caudales  entre  los  recon- 
quistadores de  Buenos  Ayres  y  los  defensores  de  esta  Plaza,  los  que 
actualmente  hacen  sacrificios  extraordinarios  para  socorrer  á  nues- 
tros valientes  guerreros  merecen  algún  miramiento,  dígnese  darlo 
á  entender  Y.  E.  con  salbarlos  del  golpe  que  asoma  sobre  sus  ca- 
bezas. 

Siquiera  de  este  modo  seremos  consolados  de  nuestro  dolor,  y  en 
tanto,  que  el  Ingles  sebado  en  nuestra  riqueza,  se  ocupe  todo  en 
acabar  la  pobreza  del  Pais  ;  mientras  activo  y  aneloso  nos  excluya 
de  todos  los  puntos  enseñoreando  los  Mercados  como  dominaban 
otro  tiempo  este  Continente  los  Conquistadores  del  Nuevo  Mundo ; 
Nosotros  tendremos  siquiera  el  arbitrio  de  llebar  carnes  á  la  Habana' 
(dejando  este  beneficio  al  hacendado  del  Sur)  y  retornar  Azucares, 
haciendo  este  bien  al  de  la  America  del  Norte.  De  otro  modo  nos 
consumiremos  en  la  inacción,  y  disipados  los  Caudales,  que  tantas 
veces  fueron  el  consuelo  de  la  Madre  Patria,  irán  á  mendigar  de  ma- 
nos del  Estranjero,  loque  antes  contribuyeron  mas  de  cerca  ácasti- 


UNA  REFUTACIÓN  INÉDITA  hi 

gar  SU  orgullo ;  bien  que  en  medio  de  tamaño  abatimiento,  crea  Y. 
E.  que  nuestra  pena  no  será  tanta  por  vernos  miserables,  quanto 
por  ver  aniquilado  el  Comercio  de  la  Metrópoli,  los  tesoros  de  Ame- 
rica, y  la  Nación  hecba  el  ludivrio  de  sus  crueles  Émulos. 

Todos  los  documentos  transcriptos  de  la  Colección  Angelis  llevan  la  siguiente 
legalización,  que  una  vez  por  todas  reproducimos  para  constancia  de  su  auten- 
ticidad : 

Copia  de  copia  contemporánea  existente  na  Seccfio  de  Manuscriptos  da  Bi- 
bliotheca  Nacional  do  Rio  de  Janeiro  e  pertenecente  á  Gollecc¿o  Angelis.  £*o  N<* 
319  do  Catalogo  especial  da  referida  CoUec^o. 

Copia  extrahida  para  o  Govemo  da  República  Argentina,  de  accordo  com  a 
autoríza^So  constante  do  Aviso  N°  355  de  16  de  Abril  de  1901,  do  Ministerio 
da  Justina  e  Negocios  Interiores  do  Govemo  da  República  dos  Estados  Unidos 
do  Brasil. 

Antonio  Jansen  do  Pago.  Chefe  da  Secáo  de  Manuscriptos  d*aquella  Biblio- 
tfaeca,  fez  esta  copia  fóra  das  boras  do  expediente,  por  encommenda  particular 
do  Govemo  da  República  Argentina. 

E'o  N".  31  da  Relajo  da  encommenda. 


Rio  de  Janeiro,  em  3i  de  Deseinbro  de  igoi. 


Anroiuo  Jarse»  do  Paqo. 


Visto. 

Bibliotheca  Nacional  do  Rio  de  Janeiro,  i5  de  Maio  de  190a. 

O  Director 

D'  Manoel  Cicero  P.  da  Su^va. 


ho  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

mayor  costo,  tendremos  que  sufrir  unos  quebrantos  tan  subidos 
como  ciertos.  Quedaremos  de  consiguiente  imposibilitados  para 
emprender  de  ñuebo.  Los  Negociantes  de  la  Isla  se  hallarán  en  el 
mismo  caso.  Los  Azucares  volberán  á  estancarse,  ó  sentirán  los  efec- 
tos de  nuestras  perdidas.  El  Agua  ardiente  no  tendrá  extracción.  La 
industria  recibirá  un  golpe  terrible  en  los  dias  de  su  combalecencia. 
Tal  vez  morirá  de  la  recaida,  y  asi  se  habrá  levantado  la  felicidad  del 
Extranjero  sobre  la  desgracia  particular  de  muchos  honrrados  Co- 
merciantes, y  la  general  de  un  Comercio  que  interesa  á  la  Corona 
más  de  lo  que  parece. 

No  nos  excedemos  Exmo  S''^  Estos  consiguientes  tienen  una 
existencia  positiva  en  la  experiencia,  y  á  que  no  sea  en  las   reales 
acciones  mutuas  de  estos  Establecimientos,  y  los  del  Norte;  Con 
que  si  V.  E.  aprecia  mas  la  prosperidad  de  ambos,  que  no  la  de  los 
del  Brasil ;  si  los  Comerciantes  de  Montevideo,  aquellos  cuyas  Arcas 
han  estado  y  están  abiertas  á  los  conflictos  de  la  Patria  ;  los  que  su- 
perándose á  si  mismos  derramaron  sus  caudales  entre  los  recon-  I 
quistadores  de  Buenos  Ayres  y  los  defensores  de  esta  Plaza,  los  que 
actualmente  hacen  sacrificios  extraordinarios  para  socorrer  á  núes-  | 
tros  valientes  guerreros  merecen  algún  miramiento,  dígnese  darlo 
á  entender  V.  E.  con  salbarlosdel  golpe  que  asoma  sobre  sus  ca-| 
bezas. 

Siquiera  de  este  modo  seremos  consolados  de  nuestro  dolor»  y  ea 

■ 

tanto,  que  el  Ingles  sebado  en  nuestra  riqueza,  se  ocupe  todo  eflj 
acabar  la  pobreza  del  Pais  ;  mientras  activo  y  aneloso  nos  excluya 
de  todos  los  puntos  enseñoreando  los  Mercados  como  domínabao 
otro  tiempo  este  Continente  los  Conquistadores  del  Nuevo  Mundoí 
Nosotros  tendremos  siquiera  el  arbitrio  de  llebar  carnes  á  la  Habaot 
(dejando  este  beneficio  al  hacendado  del  Sur)  y  retornar  Azucares 
haciendo  este  bien  al  de  la  America  del  Norte.  De  otro  modo  no 
consumiremos  en  la  inacción,  y  disipados  los  Caudales,  que  tanU 
veces  fueron  el  consuelo  de  la  Madre  Patria,  irán  á  mendigarde  mi 
nos  del  Estranjero,  loque  antes  contribuyeron  mas  de  cerca  á  casi 


\G0  LINIERS  A3 

súbita  avenida  resultará  más  nociva 
ndose  preparado  de  antemano  la 
í  lo  estéril  y  precario  de  los  prime-, 
los  primeros  reveses.  Méjico  se 
>  curas  de  aldea,  y  es  el  Grito  de 
isilamientos,   degüellos,  emula- 
Ix'ldes,  para  encontrarse  después 
Mrtida,  con  el  virrey  Calleja  en 
mismas  condiciones  iniciales 
análogos.  La  insurrección  de 
i  natos  de  Quito,  para  rematar 
•;rotá,  dejando  la  dominación 
líela  cuenta  con  mejores  ele- 
x'^licos  que  sus  vecinas ;  pero 
disolventes;   sus  armas  se 
I  ó  se  rompen  al  choque 
r,  rechazado  por  sus  mis- 
sus  proezas  pacificado- 
'■\d  indígena  ó  una  suerte 
sus  más  atroces  peripe- 
¡f^'ualmente  infeliz.  En 
I  estructura  oligárquica 
ion  su  carácter  mode- 
lera :  no  se  fundan  so- 
ntos de  feudos  y  ma- 
>   rivalidades  de  los 
igua  que  repone  las 

Ae  neologismo  sus  bam- 
la   cantidad  de  cAlcuIo 

:¡das  trocatintat  en  su 
Grifo   de  Dolores,  por 
arranca  al  cura  Hi- 
Laviste. 


'}\ 


i 


SANTIAGO  LINIERS 


Al  día  siguiente  de  la  Defensa,  y  apenas  desembarazado  el  Río 
de  la  Plata  de  las  invasiones  inglesas,  se  inicia  para  los  habitantes 
de  este  país  un  periodo  complejo  de  elaboración  política  y  social,  de 
que  no  presenta  otro  ejemplo  la  historia  de  la  independencia  ameri- 
cana. Comparado  con  el  de  estas  provincias,  el  proceso  emancipa- 
dor de  otros  virreinatosó  capitanías  reviste,  en  su  comienzo  al  menos, 
una  relativa  sencillez  de  formas  que  permitiría  trazar  sin  esfuerzo  su 
perfil  esquemático.  Nada  más  simple,  en  suma,  que  la  psicología 
histórica  de  la  rebelión  y  la  anarquía.  Los  movimientos  que  en  este 
continente  se  producen,  como  repercusión  natural  del  embargo 
trabado  por  Napoleón  sobre  la  Península,  —  paralizando  por  algu- 
nos años  su  acción  externa,  —  no  muestran  ser  en  esencia  de  otro 
orden  que  las  pasadas  intentonas  de  los  indígenas  contra  sus  amos, 
á  mediados  ó  fines  del  siglo  anterior.  Son  raptos  impulsivos  que  no 
obedecen  en  general  á  plan  alguno,  ni  son  resultado  de  una  gesta- 
ción  orgánica.  No  precediéndoles  una  lenta  germinación  de  ideas  y 
sentimientos,  estallan  al  acaso,  con  la  violencia  del  instinto  monta- 
raz que  no  halla  barrera  á  su  ciego  ímpetu.  Así  los  triunfos  momen- 
táneos como  las  inminentes  derrotas,  son  efectos  de  circunstancias 
extrañas.  Las  colonias  sacuden  hoy  el  yugo  de  la  impotente  metró- 
poli, porlas  mismas  causas  que  lo  sufrían  ayer  de  la  metrópoli  om- 
nipotente. La  masa  de  agua  estancada  ha  roto  fácilmente  la  vetusta 


SANTIAGO  LINIERS  t^^ 

compuerta  ;  pero  al  pronto,  la  súbita  avenida  resultará  más  nociva 
que  la  pasada  sequía,  no  habiéndose  preparado  de  antemano  la 
nueva  red  de  canalización.  De  ahi  lo  estéril  y  precario  de  los  prime-, 
ros  éxitos,  hermanos  mayores  de  los  primeros  reveses.  Méjico  se 
a  convulsiona  »  (i)  á  la  voz  de  dos  curas  de  aldea,  y  es  el  Grito  de 
Z>o/ore^  (2):  combates,  saqueos,  fusilamientos,  degüellos,  emula- 
ción de  barbarie  entre  realistas  y  rebeldes,  para  encontrarse  después 
de  cinco  ó  seis  años  en  el  punto  de  partida,  con  el  virrey  Calleja  en 
cambio  del  virrey  Iturrigaray.  *Las  mismas  condiciones  iniciales 
producen  en  otras  partes  resultados  análogos.  La  insurrección  de 
llueva  Granada  principia  con  los  asesinatos  de  Quito,  para  rematar 
con  las  monstruosas  ejecuciones  de  Bogotá,  dejando  la  dominación 
española  al  parecer  consolidada.  Venezuela  cuenta  con  mejores  ele- 
mentos díreclivos  y  mayores  recursos  bélicos  que  sus  vecinas ;  pero 
sus  ideales  utópicos  se  tornan  gérmenes  disolventes ;  sus  armas  se 
embotan  en  las  manos  seniles  de  Miranda  ó  se  rompen  al  choque 
de  las  ambiciones,  y  la  huida  del  Libertador,  rechazado  por  sus  mis- 
mos tenientes,  abre  á  Morillo  el  teatro  de  sus  proezas  pacificado- 
ras... Allí  mismo,  donde  la  inerte  docilidad  indígena  ó  una  suerte 
de  feudalismo  agrario  despojan  al  drama  de  sus  más  atroces  peripe- 
cias, el  desenlace  de  su  primera  parte  es  igualmente  infeliz.  En 
tanto  que  el  Perú  se  mantiene  reaccionario,  la  estructura  oligárquica 
de  Chile  imprime  á  la  lucha  por  la  emancipación  su  carácter  mode- 
rado y  conservador.  Pero  esta  tentativa  es  efímera:  no  se  fundan  só- 
lidamente instituciones  de  libertad  sobre  cimientos  de  feudos  y  ma- 
yorazgos: entre  las  rencillas  de  las  juntas  y  las  rivalidades  de  los 
jefes  militares,  se  prepara  la  derrota  de  Rancagua  que  repone  las 

(i)  La  brocha  gorda  hispano-americana  gasta  de  pintar  con  este  neologismo  sus  bam- 
bochadaa  políticas,  las  cuales  suelen  encerrar,  en  efecto,  toda  la  cantidad  de  cálculo 
reflexiro  que  cabe  en  una  convulsión. 

(a)  Gervinus,  cuya  Historia  del  siglo  XIX  contiene  tan  divertidas  trocatintas  en  su 
parte  americana,  traduce  literalmente  (Gesehiehte,  lil,  96)  lo  de  Grito  de  Dolores^  por 
«  un  grito  de  dolor  »  (Sehmerzenschrei)  que  la  desgracia  del  pais  arranca  al  cura  Hi- 
dalgo!—  Pero  la  deja  atrás,  y  por  mucho,  la  reciente  Hisloire  de  Lavisse. 


44  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

cosas  en  su  estado  inicial.  En  todas  partes  la  empresa  emancipadora 
resulta  malograda.  Con  el  despeño  de  Napoleón,  cuya  sola  acción 
de  presencia,  revolucionaria  á  pesar  suyo,  fomentara  en  el  mundo 
los  estremecimientos  patrióticos,  vuelve  á  caer  sobre  la  frente  de  los 
pueblos  la  lápida  secular  de  miseria  y  servidumbre.  El  fatídico  año 
1 5,  que  señala  en  el  antiguo  continente  el  retorno  agresivo  del  abso- 
lutismo, repercute  lúgubremente  en  el  nuevo.  La  restauración  bor- 
bónica en  España  coincide  con  el  sometimiento  de  los  virreinatos.  El 
abyecto  Fernando  recobra  ala  misma  hora  su  trono  de  Madrid  y  su  im- 
perio de  Indias,  pudiendo,  como  don  de  feliz  advenimiento,  rasgar  de 
un  solo  gesto  la  constitución  de  Cádiz  y  las  franquicias  de  América. 
Con  todo,  en  el  fracaso  general  de  las  primeras  empresas  eman- 
cipadoras, una  sola  colonia  forma  excepción.  Desde  la  tarde  de  Mayo 
en  que,  sin  efusión  de  sangre  ni  excesos,  Buenos  Aires  despidió  á 
sus  gobernantes  peninsulares,  no  ha  vuelto  á  conocer  virreyes  ni 
audiencias.  Los  cinco  años  transcurridos  han  sido  por  cierto  harto 
fecundos  en  trabajos  y  zozobras.  Todo  ha  corrido  peligro  y  queda 
todavía  en  cuestión:  forma  de  gobierno,  fortuna  pública,  organiza- 
ción interna...  todo,  menos  la  independencia  conquistada.  En  las 
provincias  propiamente  «argentinas»,  los  ejércitos  españoles  no 
han  conseguido  sino  derrotas.  Los  reveses  de  los  patriotas  acaecen 
en  regiones  lejanas  ó  anexas  del  virreinato,  marcando  así  con  jalo- 
nes de  batallas  la  frontera  futura  de  la  República.  —  Más  tarde, 
este  hecho  sorprendente  se  fundió  en  el  éxito  general  de  la  Indepen- 
dencia americana,  pero  en  la  hora  crítica  fué  altamente  significativo 
y  presagioso  (i):  este  solo  punto  brillante  por  el  extremo  sur  revela- 
ba una  centella  inapagada  en  la  sabana  obscura,  vale  decir,  la  posi- 
bilidad de  otro  incendio  libertador.  Cumplióse  la  amenaza :  de  Bue- 


(i)  Su  importancia  no  ha  escapado  á  Gerrinus  (Gesehiehte,  III,  na)  :  a  Sin  em- 
bargo, en  la  frontera  extrema  de  ese  inmenso  imperio,  en  el  territorio  del  Rio  de  la 
Plata,  único  país  en  que  la  dominación  española  no  fué  restablecida,  la  agitación  no  cesó 
durante  ese  periodo,  y  las  armas  de  la  revolución  pasaron  á  Chile  :  á  partir  de  <»te 
momento  (1S17),  la  fortuna  cambió...  » 


SANTIAGO  LINIERS  A5 

nos  Aires  y  Mendoza  la  llama  se  propagó  á  Chile  y  al  Perú,  y  las 
combinaciones  de  San  Martín  sirvieron  de  apoyo  y  dirección  á  las 
proezas  esta  vez  eficaces  y  decisivas  de  Bolívar. 

La  gloriosa  excepción  presentada  por  el  movimiento  emancipador, 
en  las  provincias  del  Río  de  la  Plata,  no  era  ilusoria,  ni,  mucho  me- 
nos, fortuita.  Si  en  el  furioso  huracán,  que  derribaba  todos  los  ár- 
boles de  la  selva,  sólo  uno  había  resistido  sus  embates  y  quedado  en 
pie,  ello  no  podía  ser  debido  al  azar,  sino  á  las  raíces  múltiples  y 
más  robustas  que  éste  hundiera  en  el  suelo.  Estas  raíces  ó  causas 
ocultas  del  éxito  inmediato  y  persistente  de  la  revolución  argentina, 
por  entre  obtáculos  mil  que  se  atravesaron  en  su  camino,  son  las  que 
merecen  fijar  laatención  preferente  del  historiador,  muy  antes  que  los 
motines  callejeros  ó  encuentros  campales,  que  son  meros  corolarios 
de  aquéllas.  Ahora  bien :  entre  los  factores  varios  que  en  la  prime- 
ra subversión  de  las  colonias  intervienen,  habrán  evidentemente 
de  relegarse  á  segundo  término  los  que,  siendo  comunes  á  todas 
ellas,  no  han  impedido  que  fueran  tan  diversos  los  resultados.  Así 
las  condiciones  del  origen  y  del  medio  urbano,  que  eran  en  todas 
partes  semejantes,  si  no  idénticas.  Tenemos  aquí  una  aplicación  co- 
rrecta del  procedimiento  baconiano  llamado  «  de  diferencia  » .  Desde 
luego  dos  caracteres  salientes  distinguen  de  antiguo  esta  estructura 
social  de  sus  congéneres ;  es  el  primero  —  como  alguna  vez  lo  he  di- 
cho —  la  escasa  importancia  en  el  Plata  del  elemento  indígena  que  en 
otras  partes  prepondera ;  el  segundo  es  la  ausencia  de  aristocracia,  — 
y  omito,  para  ser  breve,  el  demostrar  cómo  los  dos  hechos  citados  son 
correlativos  y  mutuamente  dependientes.  El  doble  rasgo,  positivo  y 
negativo,  es  el  que  aquí  permite  la  rápida  fusión  de  las  clases  colo- 
niales en  un  compuesto  a  criollo  n ;  y  allí  donde  no  se  opera  este 
intimo  consorcio,  —  ya  sea,  como  en  Chile,  porque  la  aristocracia 
pretendiera  absorber  en  su  provecho  el  movimiento,  ya,  como  en 
Méjico  y  el  Alto-Perú,  porque  éste  se  redujera  al  impulso  ciego  de 
una  masa  ignorante, — aborta  al  pronto  la  tentativa.  Veremos  en 
cambio  cómo,  en  las  Provincias  Unidas,  un  alma  inteligente  y  cor- 


&6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

dial,  un  hálito  de  patria  calienta  y  anima  la  materia,  propagándose 
la  idea  y  el  sentimiento  revolucionario  del  grupo  burgués  á  las  pró- 
ximas capas  populares,  hasta  constituir  una  fuerza  capaz  de  resistir, 
no  sólo  á  los  ataques  externos,  sino  álos  conflictos  mucho  más  graves 
de  la  anarquía  interior. 

Pero,  al  cabo,  los  acontecimientos  son  los  factores  decisivos  del 
éxito.  Una  serie  de  condiciones  y  accidentes  favorables  prepara, 
durante  cuatro  años,  el  alumbramiento  de  Mayo.  Quedan  eviden- 
ciadas, en  páginas  anteriores,  las  consecuencias  felices  de  las  inva- 
siones inglesas,  que  infunden  en  el  vecindario,  único  vencedor  de 
las  jornadas,  la  conciencia  naciente  de  su  autonomía.  La  formación 
de  dos  partidos  y  sus  incesantes  conflictos  en  torno  del  caudillo  po- 
pular surgido  de  la  victoria,  van  á  completar  el  aprendizaje  cívico. 
Nos  toca  ahora  seguir  á  Liniers  en  la  etapa  ñnal  que  le  conduce  á 
la  catástrofe,  convirtiéndole  en  víctima  propiciatoria  de  la  revolu- 
ción, por  él,  si  bien  á  pesar  suyo,  fomentada.  No  son  únicamente 
las  funciones  que  desempeña,  las  que  permiten  concentrar  en  su  bio- 
grafía todo  un  proceso  histórico,  sino  la  reacción  curiosa  de  su  idio- 
sincrasia compleja,  en  presencia  de  las  circunstancias  que  obran 
decisivamente  en  la  suerte  del  país.  Por  ser  Liniers  un  caballero 
francés,  de  raza  militar,  y  noble  de  alma  como  de  sangre,  —  vale 
decir,  secretamente  entusiasta  de  la  imperial  epopeya,  al  par  que  in- 
variablemente fiel,  contra  toda  apariencia,  á  su  patria  adoptiva  — 
es  por  lo  que  durante  los  años  críticos  en  que  Napoleón  gravita  so— . 
bre  España,  ya  como  arbitro  adulado,  ya  como  aborrecido  usurpa- 
dor, los  sucesos  del  Plata  toman  el  sesgo  especial  que  tanto  los  dife- 
rencia de  otros  desatentados  levantamientos.  Quedan  visibles  los 
eslabones  de  la  cadena.  La  singular  coincidencia  de  regir  estas  pro- 
vincias unjefe  popular  y  paisano,  si  no  subdito,  del  dictador  europeo, 
sugiere  el  envío  del  emisario  Sassenay,  cuya  presencia,  despertando 
los  recelos  de  Elío  y  del  partido  español,  acarrea  el  rompimiento  con 
Montevideo  y  la  agrupación  del  partido  criollo  en  torno  de  su 
caudillo.  Ahondan  la  escisión  los  conflictos  repetidos  entre  las  auto- 


SANTIAGO  LINIERS  4? 

ridades  y  el  vecindario.  La  destitución  de  Liniers,  arrancada  á  la 
Junta  Central  por  las  denuncias  de  Álzaga  y  sus  amigos,  coloca  4 
los  criollos  en  abierta  hostilidad  respecto  del  sucesor.  Y  cuando  la 
lealtad  del  virrey  depuesto  rechaza  el  plan  de  resistencia,  sólo  resta 
á  los  patriotas  organizarse  en  la  sombra  y  dar  forma  á  sus  propósi- 
tos, esperándola  ocasión  que  no  puede  tardar.    Ésta  se  ofrece  con  la 
irrupción  de  los  ejércitos  franceses  en  Andalucía.  La  carcomida  arma- 
zón indiana  se  desmorona  al  primer  empuje  del  pueblo :  sin  cruel- 
dades ni  violencias,  el  cabildo  abierto  invade  el  cabildo  cerrado,  y 
la  revolución  se  instala  en  la  Fortaleza  colonial.   Pero  la  situación 
permanece  obscura  y  preñada  de  asechanzas :  entre  Montevideo  que 
amenaza  al  litoral,  y  Córdoba  que  tiende  la  mano  al  Alto-Perú,  las 
provincias  interiores  vacilan,  indecisas.  La  Junta  se  siente  en  peli- 
gro; sólo  un  acto  de  atroz  energía  puede  abonar  tanta  proclama  v 
palabreo,  anonadando  á  los  rebeldes  y  arrastrando  á  los  tímidos. 
Úrgele  ser  implacable,  aplastando  en  su  nido  á  la  reacción.  El  fusi- 
lamiento de  Liniers  será  el  rayo  que  precipite  las  nubes  tormento- 
sas y  despeje  la  atmósfera.  Y  es  triste  pero  forzoso  confesarlo :  el  sa- 
crificio del  inocente  fué  tan  útil,  que,  entonces  y  después,  pareció 
necesario,  pudiendo  casi  decirse  que  con  su  muerte  injusta  el  héroe 

» 

de  la  Reconquista  salvó  á  Buenos  Aires  por  segunda  vez. 

Tal  es,  á  grandes  rasgos,  el  génesis  de  la  Revolución  argentina, 
cuyos  cuadros  preliminares  se  esbozan  en  las  siguientes  páginas,  no 
por  cierto  con  la  amplitud  y  el  aparato  de  la  historia,  sino  como 
fondo  real  en  que  se  sitúe  y  destaque  mejor  un  perfil  biográfico.  Y 
si  otros  han  podido,  con  libertad  perfecta,  forzar  los  acontecimientos 
á  converger  hacia  tal  ó  cual  figura  entonces  de  segundo  término  y 
que,  á  desaparecer  en  la  propia  fecha  que  Liniers,  no  hubiera  dejado 
más  rastro  histórico  que  el  cura  Alberti  ó  el  catalán  Matheu  :  nadie 
extrañará  que  se  evoquen  una  vez  más,  en  forma  sucinta  y  con 
otro  método,  las  grandiosas  escenas,  á  propósito  del  personaje  que, 
indiscutiblemente,  fué  protagonista  del  drama  en  sus  primeras  y 
más  accidentadas  peripecias. 


hS  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


EL  VIRREINATO 


I 


En  cumplimiento  déla  capitulación  del  7  de  julio  de  1807,  las 
tropas  inglesas  rendidas  en  Buenos  Aires  se  embarcaron  á  los  pocos 
días  para  Montevideo,  desde  cuyo  puerto  se  dieron  á  la  vela,  duran- 
te el  mes  de  agosto,  los  transportes  convoyados  por  fragatas  de 
guerra  que  las  devolvían  á  su  país  ó  al  Cabo  de  Buena  Esperanza. 
El  último  convoy  zarpó  el  9  de  septiembre,  completándose  así  en 
la  fecha  fijada  la  evacuación  (i).  El  mismo  día,  las  fuerzan  espa- 
ñolas, que  pudieron  presenciar  el  reembarco  desde  la  playa  neutral 
de  Pando,  volvían  á  tomar  posesión  de  Ja  plaza  entregada  el  3  de 
febrero  al  general  Auchmuty.  Para  substituir  á  Ruiz  Huidobro,  prí> 
sionero  en  Inglaterra,  Liniers  había  nombrado  gobernador  interino 
al  coronel  Elío,  en  atención,  decía  el  decreto,  «á  su  pericia  militar 
y  conocimientos  políticos  »  :  de  la  primera  daban  fe  sus  descalabros 
de  la  Colonia  y  Buenos  Aires,  y  poco  tardaría  en  acreditar  los  se- 
gundos, alzándose  contra  su  jefe  y  fomentando  la  discordia  latente. 

Por  lo  demás,  los  últimos  meses  del  año  transcurrieron  sin  traer 
alteración  ostensible  en  las  mutuas  relaciones  de  las  autoridades. 
Delegado  en  Liniers  el  gobierno  puramente  militar  de  estas  provin- 
cias, habíanse  naturalmente  retenido  por  la  Audiencia  las  demás 
funciones  administrativas  del  virrey  suspenso^,  sin  que  por  esto  re- 
nunciara el  Cabildo  á  la  extensión  de  facultades  é  influencia  que  los 
sucesos  le  habían  conferido.   Entre  tanto,  la  memoria  reciente  del 

(i)  Whitelocke  llegó  á  Inglaterra  en  noviembre  y  fué  arrestado  en  el  acto  de  desem- 
barcar para  ser  sometido  á  un  consejo  de  guerra.  El  Ánnaal  fíegister  de  1807  refleja  U 
irritación  causada  por  el  descalabro,  y  de  que  da  sobradas  pruebas  el  TrieU  tantas  veees 
citado.  Menos  feliz  que  Popbam,  el  vencido  de  la  Defensa  fué  condenado  á  la  pérdida  del 
empleo  y  declarado  «  incapaz  é  indigno  (totalfy  unfii  and  wtworüiy)  de  servir  i  Su  Ma- 
jestad en  cualquier  puesto  militar  ». 


SANTIAGO  LINIERS  Ü9 

peligro  conjurado  y  la  conciencia  de  una  nueva  agresión  posible  por 
la  parte  de  Inglaterra,  aunaban  las  buenas  voluntades.  Á  consecuen- 
cia de  gastos  extraordinarios  délos  últimos  años  (i)  yla  estancación 
del  comercio,  las  Reales  Cajas  estaban  exhaustas;  habia  sido  necesa- 
rio licenciarla  mayor  parte  délos  batallones  movilizados,  á  excepción 
del  cuerpo  de  Patricios  y  el  de  artillería  que  quedaban  para  el  ser- 
vicio de  la  plaza,  debiendo  los  otros  sólo  concurrir  á  ejercicios 
un  día  por  semana  (3).  Pero  las  subscripciones  patrióticas  afluían 
de  todo  el  virreinato,  destinadas  unas  á  cubrir  gastos  generales, 
otras  al  sostenimiento  de  los  tercios  españoles  licenciados;  —  y  pue- 
de que  en  estas  últimas,  como  en  la  disposición  gubernativa  que 
intentaban  contrarrestar,  la  política  partidaria  tuviese  tanto  influjo 
como,  el  puntillo  militar  que,  á  raíz  de  la  Defensa,  provocó  las  «  re- 
laciones de  méritos  y  servicios  »  contraídos  por  los  Patricios,  los 
Gallegos,  los  Cántabros  de  la  Amistad  y  demás  batallones  urbanos. 
Sea  como  fuere,  lo  repito,  las  relaciones  entre  las  autoridades 
quedaban  cordialísimas,  aunque  algunos  historiadores  hayan  visto 
síntomas  contrarios  en  ciertas  manifestaciones  mal  interpretadas, 
como  ser  algunos  informes  sobre  la  Defensa  dirigidos  á  la  corte  de 
Madrid  ó  al  mismo  Napoleón.  Así  en  las  respuestas  del  Cabildo  á  las 
felicitaciones  que  de  la  América  entera  le  llegaban,  como  en  sus 
comunicaciones  al  gobierno  español,  no  se  escatimaban  los  mereci- 
dos elogios  á  la  conducta  de  Liniers,  y  esto,  no  sólo  en  los  primeros 
meses  de  entusiasta  regocijo  que  siguieron  á  la  victoria,  sino  hasta 
muy  entrado  el  año  8  (3).  Es  cierto  que  presentan  diferencias 
notables  los  partes  oficiales,  separadamente  elevados  al  Rey  y  al 

(1)  Tan  sólo  el  recargo  anual  de  las  pensiones  militares,  procedentes  de  la  Recon- 
quista y  la  Defensa,  pasaba  de  iSo.ooo  pesos.  (Estado  publicado  en  diciembre  de  1807.) 

(a)  Proclama  de  Lioiers  á  los  cuerpos  de  voluntarios  patriotas  (3  de  agosto). 

(3)  Citaré,  entre  otros  ejemplos,  la  Contestación  al  ayuntamiento  de  Oruro  (a6  de  d\- 
ciembre  de  1807)  y  la  Proclama  del  M.  I.  Cabildo  d  los  defensores  de  la  patria  (3  de  marzo 
de  i8o8>  que  termina  asi  :  «  Estad  salisfecbos  de  que  el  Cabildo,  á  la  par  de  nuestro  pa- 
triota y  meritisimo  Jefe,  cuyos  distinguidos  servicios  ya  babeis  visto  con  liberalidad 
premiados  por  la  misma  soberana  mano,  vela  sobre  vuestra  conservación...  » 

ASA  Lia  DB    LA    BIBLIOTSCA.  —   T»    Itt  4 


5o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

príncipe  de  la  Paz  por  el  jefe  de  las  fuerzas  y  el  Cabildo ;  pero  ellas 
atañen  principalmente  al  juicio  formulado  sobre  el  comportamiento 
de  los  jefes  profesionales  :  severo  hasta  la  dureza  en  el  documento 
capitular,  indulgente  hasta  la  debilidad  en  el  del  jefe,  —  acaso  por 
exigencias  de  su  posición.  Pero  en  lo  relativo  á  los  autores  respecti- 
vos, ambos  oñcios  se  tributan  mutuamente  cumplida  justicia;  y  la 
exacta  coincidencia  de  las  cifras,  como  de  ciertos  giros  idénticos, 
—  especialmente  en  la  relación  del  episodio  crítico  del  Miserere,  — 
induce  á  pensar  que  Liniers  tuviese  á  la  vista  la  nota  de  Álzaga  (i). 
En  cuanto  á  la  carta  sobre  la  Defensa,  que  por  esos  mismos  días 
dirigió  Liniers  á  Napoleón,  y  ha  sido  acremente  epilogada  pornues- 


(i)  Ambas  oomunicacioDM  se  encuentran  en  la  Historia  de  Bdgrano,  I,  apéndice  i3 
y  1 4.  La  del  Cabildo  es  del  ag  de  julio,  la  de  Liniers  del  3i.  £1  texto  de  ésta,    publi* 
cado  por  el  general    Mitre,   es  particularmente  interesante  por  ser  «  un  borrador  con 
numerosas  correcciones  j  adiciones  de  puño  y  letra  de  Liniers  ».  Algunas  de  éstas  pa- 
recen adaptaciones  á  la  nota  del  Cabildo  y  robustecen  mi  conjetura.  En  cuanto  i  la  afir- 
mación (Historia  de  Belgrano^  \,  5i6)  debaber  sido  Pueyrredón  portador  del  documento 
«  como  enviado  especial   del  Cabildo  de  Buenos  Aires  cerca  del  rey  de  España  »,  es 
muy  sabido  que    Pueyrredón  estuvo   ausente    de   Buenos   Aires   desde  fines   de    i8o6 
(ó  enero  de  1807)  hasta  i8og.    Había  recibido  del  Cabildo  la  misión  de  informar   á  la 
corte  sobre  el  estado  de  estas  provincias  y  procurar  el  envió  de  refuersos.  De  Babia,  donde 
el  buque  recaló  en  febrero  de  1807,  mandó  una  Exhortación  á  su  escuadrón  de  húsares, 
y,  pocos  días  después,  algunas  noticias  útiles  sobre  los  movimientos  de  la  escuadra  in- 
glesa. Llegó  á   Madrid  en  mayo  y  se  mantuvo  en  la  corte  basta   la   entrada  de  Murat. 
Aunque  hijo  de  francés  rehusó  afrancesarse  y  representar  á  Buenos  Aires  en  el  congreso 
de  Bayona.  Fué  reemplazado  por  el  comerciante  español  Mili  de  la  Roca,  cuyo  nombre 
figura  efectivamente  entre   los   firmantes  de  la  constitución  del  rey   José,   junto   al  de 
Nicolás  Herrera.    Gracias  á  la  amabilidad  del  doctor  Ramón  Cercano   he  podido  leer  en 
manuscrito  la  curiosa  odisea  de  este  soi~disant  enviado  de  Liniers  (junio  de  1807),  cuya 
especialidad  consistía  en  perder  siempre  las  comunicaciones  que  acreditaran  sus  habla- 
durías. Él  mismo  cuenta  cómo  por  la  negativa  de  Pueyrredón,  que  se  refugiara  en  An- 
dalucía,   fué   improvisado  representante  ín  partibus  del  Rio  de  la  Plata,  que  resultó  asi 
afrancesado   sin  saberlo.  —  Nuestros  historiadores    tergiversan   la  época  de    esta»   mi- 
siones i  Madrid  y  su  objeto.  Unos  despachan  á  Pueyrredón  después  de  la  Defensa,  otros 
(Núñez,  Domínguez)  &  Périchon  á  raíz  y  con  motivo  de  la  Reconquista.  El  primer  parte 
de  la  Reconquista  (oficio  de   Liniers,  despachado  por  Ruiz  Huidobro)  se  publicó  en  h 
Gaceta  de  Madrid  del  ao  de  enero  de  1807.  Se  debió  Unta  demora  A  haber  sido  capturada 
por    los  ingleses,  en  el  cabo  Espartel.  la  goleU  Aranzazu,  á  cuyo  bordo  iba  el  teniente 
de  navio  don  Tomás  Blanco  Cabrera,  portador  de  los  pliegos.  (Véanse  las  Gacetas  de 
enero  16  y  ao). 


SANTIAGO  LINIERS  5i 

tros  historiadores,  baste  decir  que  este  documento  privado  y  es- 
crito ea   francés,  fué   traducido    aqui  mismo  y  comunicado  á  la 
Audiencia  y  al  Cabildo,  que  lo  aprobaron,  sacándose  de  la  traducción 
la  copia  que  hoy  existe  en  el  Archivo  de  Indias.   Esta  iniciativa  de 
Liniers  no  era  sólo  natural,  sino  acertada  y  plausible,  conocido  el 
verdadero  protectorado  que  sobre  España  ejercía  el  emperador,    á 
quien  el  rey  Carlos  IV  y  sus  ministros  consultaban  respecto  de  todo 
asunto  de  gobierno  y  de  familia.   Tratándose  de  allegar  recursos 
contra  una  nueva  agresión  probable  de  Inglaterra  á  estas  posesio- 
nes, ninguna  influencia  era  más  decisiva  que  la  del  aliado  omnipo  • 
tente,  que  por  entonces  tenia  sometida  la  Península  á  su  soberano 
albedrío.  No  hay  historia  posible  sin  la  observancia  exacta  de  las 
fechas  ;  y  nada  más  absurdo,  en  el  caso  ocurrente,  que  juzgar  las 
cosas  hispano-americanas  de  1807  con  el  criterio  del  año  siguiente, 
después  que  la  explosión  del  2  de  mayo  y  sobre  todo  la  batalla 
de  Bailen,  hubieron  subvertido  las  pasiones  populares.  Por  lo  de- 
más, el  texto  de  la  carta   incriminada  antes  pecaría  de  reservada 
que  de  excesivo  en  el    rendimiento,    conocida    la  situación  del 
autor  y  del  destinatario :  con  un  tacto  perfecto  y  sin  reticencias» 
Liniers   proclama  á    la  par  su    sangre  francesa  y  su   española 
lealtad.   Y  en  lo  que  atañe  al  elogio  de  Mordeille  y  sus  com- 
pañeros, cuyo  valor  y  estéril  sacrificio  en  Montevideo^  contrastando 
con  la  inercia  ó  la  inepcia  de  otros,  esperan  vanamente  un  recuerdo 
simpático  de  nuestros   historiadores  :  no  tendría  el  corazón  bien 
puesto  quien  extrañara  encontrarlo  bajo  la  pluma  de  un  jefe,  com- 
patriota suyo, que  se  dirige  al  semidiós  déla  guerra.  Tampoco  pudo 
causar  sorpresa  la  designación,    como  portador  de  la   misiva,  del 
edecán  francés  de  Liniers,  y  su   futuro  yerno,  Périchon  de  Van- 
deul  (i),  cuya  nacionalidad  resultaba  para  el  caso  muy  convenien- 

(i)  Este  apellido  (como puede  verse  en  la  Historia  de  Belgrano^  1,  21C)  ha  sido  escrito 
en  cuairo  ó  cinco  formas;  la  única  correcta  es  la  empleada  aqui,  si  se  trata  de  la  familia 
noble  cujos  descendientes  figuran  todavía  en  Francia.  La  grafía  frecuente  «  Vandeuil  » 
se  explica  por  la  pronunciación  (lo  propio  ocurre  con  Choiseul  y  también,  por  algunos^ 


53  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

te,  sean  cuales  fueren  las  relaciones  del  primero,  —  viudo,  por 
otra  parte,  — con  la  mal  maridada  hermana  del  segundo  que  vivía 
en  casa  separada.  Las  maliciosas  conjeturas  modernas  (que  cuidan 
mucho  de  ejercitarse  en  otros  casos  análogos,  como  el  de  Belgrano 
y  M""*  Pichegru)  no  tienen  más  fundamento  que  las  venenosas  in- 
sinuaciones de  Manuel  Moreno,  el  adversario  enceguecido  por  el  odio 
ala  víctima,  y  el  contemporáneo  que  ha  difundido  más  errores  y 
calumnias  en  la  historia  argentina. 

Los  inmediatos  síntomas  separatistas,  que  se  ha  creído  descubrir 
en  la  situación  creada  por  la  Defensa,  no  descansan,  pues,  sino  en 
suposiciones  anacrónicas.  Las  pequeñas  rivalidades  entre  los  cuer- 
pos urbanos  distaban  mucho  de  asumir  importancia  política  ;  ni 
era  posible  que  se  manifestasen  por  hechos  positivos  los  futuros 
agrupamientos  de  los  europeos  en  torno  de  Álzaga  y  de  los  patri- 
cios en  torno  de  Liniers,  no  existiendo  á  la  sazón  causas  que  lo 
motivaran.  El  único  documento  de  1807,  que  pudiera  dar  pie  á 
estas  inducciones  prematuras,  sería  la  carta  del  general  Auchmuty 
al  ministro  Windham,  en  que,  junto  á  las  más  severas  aprecia- 
ciones sobre  la  índole  y  las  aptitudes  políticas  de  este  pueblo,  el 
flamante  conquistador  de  Montevideo  revelaba  la  existencia  de  un 
partido  criollo  decididamente  hostil  al  español,  como  que  aspi- 
raba á  la  independencia  (i).  Empero,  una  interpretación  ra- 
cional reduce  singularmente  el  alcance  de  este  juicio.  Como  él 
mismo  lo  confiesa,  Auchmuty  se  limitaba  en  este  pasaje  de  su  carta 
á  referir  las  impresiones  del  general  Beresford,  recién  fugado  de 
Biíenos  Aires.  Ahora  bien  :  es  harto  sabido  que  éste  precisamente 

«OD  lincéala  que  proDuacian  lineeüU.  La  analogía  de  la  a  con  la  v  ha  traído  la  forma 
Vandevil,  muy  general  en  los  escritos  coloniales.  Por  una  curiosa  coincidencia,  también 
«ra  á  la  sazón  un  Vandeul  el  secretario  de  la  legación  francesa  en  Madrid,  con  quien 
necesariamente  tenia  el  nuestro  que  entenderse;  y  no  es  dudoso  que  esta  circunstancia 
facilitara  sus  gestiones  con  el  embajador  Beauhamais  y,  más  tarde,  con  el  ministro 
Champagny  ;  de  estos  informes  dació  probablemente  la  primera  idea  de  la  misión  Sosse- 
nay  al  Rio  de  la  Plata. 

(1)  Trial  of  Whiteloeke,  II,  768. 


SANTIAGO  LINIERS  5$ 

era  el  primer  inventor  y  único  fomentador  de  tales  aspiraciones, 
todavía  exóticas  en  el  Plata,  y  que  sólo  habían  encontrado  eco  en 
Rodríguez  Peña  y  Padilla,  cómplices  criminales  de  una  fuga  que 
hubo  de  dar  ala  invasión  inglesa  el  único  jefe  capaz  de  llevarla  á 
feliz  término.  Beresford  había  hecho  de  serpiente  tentadora  cerca 
de  estos  artesanos  de  enredos,  quienes,  después  de  recibir  pensión  de 
Inglaterra  por  su  fechoría,  se  preparaban  á  seguir  cerca  de  la  Carlota 
su  fructuosa  política  de  bastidores.  A  esto  se  reducía  realmente  en 
dicho  año  el  supuesto  cisma  colonial ;  y  si  es  lícito  tener  por  cantidad 
despreciable  la  opinión  de  algunos  Mirandas  de  paco  tilla,  debe  afir- 
marse que  los  supuestos  proyectos  de  emancipación,  sólo  se  agitaban 
entonces  en  la  fértil  imaginativa  del  general  inglés,  —  sin  que  por 
cierto  ello  importe  negar  la  presencia  latente  en  este  suelo  de  la 
semilla  por  aquél  depositada,  y  que  muy  pronto  las  circunstancias 
harían  germinar. 

Más  fantásticas  aún  que  las  visiones  apuntadas,  son  las  de  algunos 
historiadores  que  han  creído  descubrir,  en  el  encumbramiento  de 
Liniers,  las  causas  primeras  de  la  hostilidad  de  Álzaga,  atribuyendo  á 
éste  cavilaciones  ambiciosas,  orientadas  hacia  el  gobierno  de  estas 

9 

provincias.  Puede  que  más  tarde,  en  la  atmósfera  de  audacia  y  aven- 
tura que  el  doble  desquicio  déla  colonia  y  la  metrópoli  había  creado, 
la  fiebre  de  las  grandezas  perturbara  el  juicio  comercial  de  Álzaga 
con  la  alucinación  del  mando  supremo,  y  acaso  de  un  imperio  inde- 
pendíente. Pero  en  1807,  bajo  el  reinado  de  Carlos  IV,  y  cuando  aún 
funcionaba  intacto  el  mecanismo  jerárquico  más  rígido  y  formalista 
que  se  conociera  jamás,  no  es  admisible  que  tales  quimeras  se  abri- 
gasen en  un  cerebro  español.  Aun  suponiendo  que  el  ricacho  insa- 
ciable  (y  padre  de  doce  hijos)  quisiera  abandonar  sus  ingentes  y 
lucrativos  negocios,  por  un  cargo  ostentoso  pero  precario  y  ya  roza- 
do por  la  revolución,  no  se  le  ocultaba  que  lo  modesto  de  sus  ante- 
cedentes, su  numerosa  familia  y  larga  permanencia  en  el  país,  serían 
otros  tantos  obstáculos  para  la  realización  de  tales  ensueños.  Como 
la  naturaleza,  la  administración  española  no  hacía  saltos ;  y  era  tan 


54  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

monstruoso  é  inaudito  el  de  mercader  á  virrey,  que  no  soportaba  un 
minuto  de  examen.  Seguramente  que  el  recio  alcalde  no  alimentó 
tal  locura.  Con  su  carta  ampulosa  á  i'.  Su  Majestad  »,  en  diciembre 
de  dicho  año  (i),  y  la  enumeración  complaciente  de  sus  servicios 
concejiles,  sólo  perseguía  la  concesión  de  un  título  de  Castilla.  La 
afirmación  no  es  conjetural;  fuera  de  ser  harto  sabido  que  la  lurlu- 
taine  nobiliaria  es  la  eterna  sed  tantálica  de  los  advenedizos,  consUi 
de  documentos  la  pretensión  de  nuestro  u  burgués  gentilhombre  »». 
—  y  debe  agregarse,  en  abono  de  nuestra  tesis,  que  la  solicitud  fué 
apoyada  por  el  mismo  Liniers  (2). 

Aun  para  este  último,  no  dejó  de  regir  aquella  supersticiosa  obser- 
vancia de  la  jerarquía  y  del  protocolo  á  que  antes  aludía.  Realizada 
la  Reconquista,  que  tornó  insostenible  la  posición  del  inepto  Sobre- 
monte  (3),  la  substitución  del  mando  no  vino  derechamente  al 
Reconquistador  sino  á  Ruiz  Huidobro  (que  no  tuvo,  felizmente,  parte 
en  la  empresa),  por  ser  el  jefe  de  más  alta  graduación ;  pues  el  mismo 
decreto  que  ascendía  á  Liniers  á  brigadier  de  marina,  promovía  a 
jefe  de  escuadra  al  gobernador  y  deplorable  defensor  de  Montevideo. 
La  designación  de  Huidobro  para  virrey  interino  llegó  á  Buenos 
Aires  cuando  éste  se  hallaba  prisionero  en  Inglaterra,  —  el  día 
mismo  del  desembarco  de  Whitelocke,  —  y  á  esta  circunstancia 
fortuita  debió  Liniers  su  inesperado  encumbramiento;  pues,  injer- 
tándose luego  la  Defensa  en  la  Reconquista,  tuvo  la  corte  que 

(1)  Publicada  en  La  Biblioteca^  lU,  i^5g. 

(a)  En  la  Biblioteca  del  Comercio  del  Plala^  Vil,  6^5,  se  menciona  esta  solicitud,  á 
continuación  de  los  ascensos  militares  concedidos,  reservándola  con  otras  análogas  para  la 
res(^ución  de  Su  Majestad  «  por  el  orden  que  propuso  el  virrey  ».  Creo  que  Álzaga  sfilo 
resultó  agraciado  con  la  cruz  de  Carlos  III,  como  Pueyrredón  y  otros. 

(3)  Debe  agregarse  en  justicia  que  Sobremonte  fué  un  buen  gobernante  —  acaso 
no  inferior  al  celebrado  Vértic  —  para  las  circunstancias  ordinarias  y  exigencias  mo- 
destas de  la  administración  colonial.  Más  tarde  se  mostró  inferior  á  los  acontecimionlos 
extraordinarios  :  pero  ¿quién  no  se  mostró  tal,  desde  los  profesionales  Huidobro  y  Elio 
hasta  Gisneros  y  Liniers  ?  La  administración  colonial  era  una  colección  de  incapacidades  : 
toda  la  máquina  estaba  enmohecida,  y  esta  Reconquista,  como  la  de  la  Península,  fué 
obra  del  pueblo  —  ayudada  allí  por  la  de  los  ejércitos  ingleses. 


SANTIAGO  LINIERS  55 

ceder  al  entusiasmo  popular  y  mantener  en  el  mando  al  vencedor. 
Desde  últimos  de  junio  de  1807,  pues,  Liniers  fué  reconocido  por 
la  Audiencia  como  Capitán  general  del  Río  de  la  Plata,  desempe- 
ñando interinamente  las  funciones  políticas  y  militares  de  virrey. 
En  consecuencia,  este  Tribunal  de  Cuentas  hubo  de  proceder  á  la 
regulación  de  su  sueldo,  con  arreglo  á  la  Real  Cédula  de  1806,  que 
lo  fijaba  en  20.000  pesos  anuales  (salvo  el  derecho  de  media  anata) 
para  el  Capitán  general  interino  de  Buenos  Aires,  ó  sea  la  mitad  del 
asignado  al  titular.  Aun  mirada  únicamente  por  su  faz  material, 
esta  súbita  mudanza  de  fortuna  no  podía  dejar  indiferente  al  modes- 
to oficial  español  y  padre  de  numerosa  familia  que.  hasta  entonces, 
—  aunque  yerno  de  Sarratea  y  recibiendo,  además,  alguna  corta 
renta  de  su  país,  —  había  vivido  al  día  y  no  miraba  sin  inquietud  el 
porvenir  (i).  Con  todo,  no  se  le  escapaban  á  Liniers  las  razones  le- 
gales que  á  la  confirmación  definitiva  de  su  título  se  oponían  ;  y,  ya 
sea  que  realmente  tuviese  poco  apego  al  mando,  ó  que  las  poster- 
gaciones sufridas  por  el  militar  extranjero  le  hubiesen  de  antiguo 
avezado  á  las  injusticias,  ello  es  que  miraba  con  filosofía  la  eventua- 
lidad de  su  reemplazo.  En  4  de  agosto  de  1807,  casi  al  día  siguiente 
de  la  Defensa,  dirigía  al  Príncipe  de  la  Paz  una  representación  inte- 
resante (2),  y  que  por  su  discreta  sensatez  contrasta  amablemente 

(i)  El  documeato  número  i  fija  cumplidamente  estcM  detalles  administrativos  y  dcv- 
méstícos.  Existe  en  el  ArchiTO  una  nota  de  la  Junta  ^septiembre  de  1810),  remitiendo 
al  intendente  de  Córdoba  una  representación  de  don  Martin  de  Sarratea  en  que  pide  que 
de  los  bienes  embargados  á  Liniers  se  reserve  «  la  dote  de  su  hija  Martina,  mujer  que 
fuó  de  don  Santiago  Liniers  ».  No  existe  aquí  el  d^unento,  que  sin  duda  so  remitiría 
original :  pero  si  la  constancia  de  su  contenido  que  textualmente  reprodusco  :  «  Buenos 
Airea,  18  de  septiembre  de  1810.  Don  Martin  de  Sarratea  reclama  1 3.963  pesos  perte- 
necientes i  la  dote  de  su  hija  casada  con  don  Santiago  Liniers,  cuyos  bienes  se  han 
mandado  embargar,  y  acompaña  la  cuenta  y  documentos  q*  califican  su  legitimidad.  Sep 
tiembre  9a.  Pase  al  Gov~  Inten**  de  Córdoba  p*  administrar  justicia  conforme  á  Dro  ». 
Corrobora  el  dato  el  que  la  estancia  de  Alta  Gracia  fuese  exceptuada  del  embargo, 
siendo  su  valor  de  compra  (1  i.ooo  pesos)  inferior  al  del  dote  reclamado.  El  dato  sobre  la 
renta  que  Liniers  recibía  de  Francia  proviene  de  Sagui  (VlUmo*  eaatro  años,  171)  que  lo 
tenia  dedoñaMelchora  Sarratea  :  estos  detalles  no  se  inventan,  y  el  dato  ha  de  ser  cierto. 

(a)  Publicada  en  La  Biblioteca^  IV.  3o6. 


66  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

con  la  tiesura  gerundiana  de  aquel  otro  a  Alcalde  Ronquillo  ». 
El  mismo  exponía  allí  al  omnipotente  Almirante  las  causas  que  le 
inhabilitaban  para  el  cargo  de  virrey  :  además  de  ser  extranjero,  y 
no  tener  «  las  cualidades  ni  el  espíritu  propio  para  los  mandos  poli- 
ticos  y  de  justicia  »,  le  inhibía  para  el  puesto  el  haberse  casado  y 
residido  diez  y  siete  años  en  el  país  (i).  No  pudiendo,  por  otra  parle, 
(agregaba)  ocupar  un  puesto  subalterno  allí  donde  había  mandado» 
sólo  pedia  al  gobierno  que  le  confiriese  la  comisión  de  «  recorrer 
todas  estas  provincias  y  entablar  en  ellas  el  mejor  sistema  dedefen- 
sa, establecimientos  de  maestranza,  fundiciones,  cortes  de  maderas, 
aperturas  de  canales,  puertos,  etc.;  y  últimamente  proponer á  S.  M. 
las  mejoras  de  las  minas  y  comunicaciones  de  unas  provincias  con 
otras  ».  Por  fin,  después  de  señalar  las  condiciones  de  que  carecía  y 
eran  indispensables  en  el  Jefe  llamado  á  regir  estas  provincias,  á  raíz 
de  (( las  críticas  circunstancias  que  forzosamente  habían  relajado  los 
resortes  de  la  legislación  y  de  la  subordinación  »,  concluía  el  man- 
datario interino  (que  ya  se  suponía  cesante),  ofreciéndose  para  ser- 
vir el  mencionado  empleo  «  con  el  sueldo  que  sea  del  agrado  de 
S.  M.,  pagándome  los  gastos  de  viajes  :  á  esto  se  reduce  toda  mi 
ambición,  y  la  de  educar  á  mi  numerosa  familia  ». 

Con  esta  mezcla  de  candor  y  perspicacia  se  producía,  en  una  co- 
municación no  destinada  á  la  publicidad,  el  modesto  triunfador  que, 
sobre  ser  víctima  de  las  pasiones  contemporáneas  basta  el  supremo 
sacrificio,  no  había  de  alcanzar  para  su  memoria  la  plena  justicia 

postuma,  continuando  á  sufrir,  en  la  muerte  como  en  la  vida,  los 

f 

(i)  a  ludia  Liniers  á  la  ley  LXXXil,  titulo  XVI,  libro  II  de  la  Recopilación  de 
Indias t  la  cual  disponía  que  u  ningún  Virrey,  Presidente,  Oidor,  Alcalde  del  crimen, 
ni  Fiscal,  ni  sus  hijos,  ó  hijas,  se  casen  en  sus  distritos,  pena  de  perder  los  oficios  », 
porque  (agrega  sabiamente  el  legislador)  «  conviene  á  la  buena  administración  de  nuestra 
justicia,  y  lo  demás  tocante  á  sus  oficios,  que  estén  libres  de  parientes  y  deudos  ea 
aquellas  partes,  para  que  sin  afición  hagan  y  ejerzan  lo  que  es  ¿  su  cargo,  y  despachen 
y  determinen  con  toda  entereza  los  negocios  de  que  conocieren  ».  Entre  la  sarta  de  ne- 
cedades y  groserías  que  Elio,  desde  Montevideo,  endereza  ¿  Liniers  (Documentos  de 
Lamas,  I),  le  decía  que  «  por  la  ley  estaba  [Liniers]  suspenso  por  el  reciente  casa> 
miento  de  su  infeliz  hija  )>. 


SANTIAGO  UNIERS  67 

ataques  de  ese  misoxenismo  (i)  suspicaz  y  estrecho  que  caracteriza 
las  sociedades  inferiores.  Tal  era  el  hombre  sencillo  y  algo  ligero 
quizá,  pero  probo  y  dispuesto  á  exagerar  su  propia  insuficiencia,  á 
quien  un  historiador  de  talento  espontáneo,  si  bien  destituido  de 
prudencia  en  el  juicio  y  de  seriedad  en  la  información,  nos  ha  pin- 
tado como  un  «  advenedizo  mediocre,  medio  tonto,  medio  fatuo  », 
ávido  del  poder  por  las  satisfacciones  vulgares  que  éste  procura,  y 
capaz  de  todas  las  intrigas  para  conservarlo.  Es  lo  contrario  de  la 
verdad,  coiíio  lo  demostrara  la  facilidad  conque  accedió  á  renunciar 
el  I*  de  enero  de  1809  y  á  ceder  más  tarde  el  mando  á  su  sucesor. 
No  era  Liniers  un  santo,  ni  un  carácter  austero,  ni  un  espíritu  su- 
perior, —  y  bien  se  echa  de  ver  que  esta  biografía  no  se  parece  á  un 
panegírico  :  ya  tengo  señalados  algunos  de  sus  errores  de  concepto 
ó  conducta,  y  habré  de  volver  sobre  ellos  siempre  que  trasciendan 
á  los  negocios  públicos.  Con  todo,  puede  ya  conjeturarse  que  el  exa- 
men más  severo,  con  ser  imparcial  y  verídico,  nada  extraerá  de  sus 
actos  que  desdiga  de  las  nobles  tradiciones  del  caballero,  ó  de  la 
lealtad  jurada  por  el  soldado  á  su  patria  adoptiva. 

Queda  al  pronto  establecido,  sobre  base  documental  é  inatacable^ 
que  Liniers  no  piersiguió  en  forma  alguna,  —  mucho  menos  por  la 
adulación  ó  la  intriga  (2),  —  la  prolongación  de  su  mando  inte- 
rino, que  con  este  carácter  provisional  duró  cerca  de  un  año,  no 
recibiéndose  su  confirmación    hasta  mediados  del  siguiente   (3). 

(  i)  fAi70^€vícc  =  odio  contra  el  extranjero. 

(2)  El  historiador  López  (Historiüt  II,  207  y  passim),  á  más  de  confundir  ciertis 
circunstancias  del  año  1808  con  las  del  anterior,  supone,  entre  Napoleón  y  Liniers,  re- 
laciones directas  que  nunca  existieron.  Napoleón  sólo  supo  en  1808  que  en  estas  pro- 
vincias, cuya  conservación  le  importaba,  mandaba  un  francés.  Éste  fué,  en  aquellos  meses, 
uno  de  los  peones  del  ajedrez  imperial,  de  alguna  importancia  únicamente  por  su  posi- 
ción momentánea  en  el  tablero  :  pasada  la  oportunidad.  Napoleón  no  se  acordó  má.«  de 
Liniers  ni  de  Sassenay.  Tampoco  pudo  jamás  Liniers  ser  a  felicitado  por  el  opresor  del 
continente  »  (op.  cif.,  3o3\  El  1^  de  octubre  de  1807  (Gaceta  de  Madrid^  ao),  con 
motivo  de  entregar  al  rey  de  España  una  carta  del  emperador,  el  embajador  Beauhar- 
nais  <(  aprovechó  de  esta  circunstancia  para  participar  á  Su  Majestad  lo  mucho  que  ha 
celebrado  su  Soberano  los  buenos  sucesos  de  Buenos-Ayres  ».  No  hubo  más. 

(3)  En  noriembre  de  1807  (Gaceta  del  36),  Liniers  fué  promovido  á  Jefe  de  escuadra 


58  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

No  resulta  menos  constante,  hasta  dicha  fecha,  la  perfecta  armonía 
de  propósitos  que  entre  los  tres  poderes  de  Buenos  Aires  reinaba,  y 
que  por  entonces  no  eran  parte  á  perturbar  la  sorda  hostilidad  de 
Montevideo  ni  las  emulaciones  todavía  inofensivas  de  los  cuerpos 
urbanos.  Para  comprender,  antes  de  cualquier  exposición  de  los  he- 
chos, cómo  pudo  estallar  en  esta  atmófera  serena  la  primera  tor- 
menta que  separó  y  tornó  mutuamente  refractarios  los  elementos 
sociales,  no  basta  tener  presente  —  como  á  ningún  historiador  ar- 
gentino se  le  ha  escapado  —  la  absoluta  dependencia  de  estas  colo- 
nias respecto  de  la  metrópoli,   cuyas  condiciones  y  sentimientos 
populares  se  transformaron  súbitamente  en  pocas  semanas  ;  esnece- 
sario  tener  en  mayor  cuenta  de  lo  que  se  ha  hecho  otro  factor  esencial 
de  los  acontecimientos  :  esto  es,  la  enorme  distancia  en  el  tiempo 
que  mediaba  entonces  entre  la  masa  agente  y  la  paciente ^  si  se  tolera 
la  terminología  escolástica.  Las  agitaciones  confusas  y  contradicto- 
rias, de  que  estas  provincias  fueron  el  teatro  en  1808,  provinieron  en 
gran  parte  de  esta  circunstancia  por  nadie  atendida  :  que  mientras 
allá  los  sucesos  se  precipitaban  diariamente,  tardaban  entre  dos  y  tres 
meses  para  ser  conocidos  aquí,  debiéndose  no  pocas  veces  á  la  des- 
igual velocidad  de  las  naves  ó  su  captura  por  los  cruceros  enemigos, 
el  que  las  noticias  antiguas  y  recientes  se  entretejieran  hasta  formar 
inextricable  maraña.  Gomo  los  presos  encadenados  en  la  famosa 
cueva  de  Platón,  que  sólo  por  las  sombras  reflejadas  en  la  pared 
conocen  las  realidades  exteriores  (i),  los  americanos  tenían  que 
forjarse  opiniones  políticas  según  las  noticias  truncas,  revueltas  por 
el  tiempo  y  deformadas  por  la  distancia,  que  de  Europa  les  llega- 
ban. Los  acontecimientos  de  abril  y  mayo,  especialmente,  al  reper- 


ó  mariscal  de  campo ;  el  3  de  diciembre  (véase  el  documento  núm.  a)  fué  nombrado 
virrey  interino:  pero  el  despacho  hubo  de  sufrir  demora  en  su  tramitación,  pues  no  llegó 
á  Buenos  Aires  hasta  mediados  de  mayo  de   t8o8. 

(i)  Platóm, /?e/)ú6/(ca,  principio  del  libro  VII.  Sabido  es  que  el  símbolo,  un  tanto 
complicado  en  el  filósofo  griego,  ha  venido  i  ser  en  el  Novam  Organum  de  Bacon,  los 
idola  tpecux  ó  ilusiones  de  la  mente. 


SANTIAGO  LINIERS  69 

cutiren estas  aldeas  coloniales,  redoblaron  su  primitiva  incoherencia, 
emulando  su  marcha  la  de  los  u  hipógrifos  más  violentos  »  del  dra- 
mático repertorio.  Ante  tamaño  enredo,  entró  en  efervescencia  la 
sangre  española;  y,  en  las  dudas,  pareció  lo  más  urgente  é  indicado 
emprenderla  á  mojicones.  Y  estas  riñas  á  obscuras,  en  que  los  com- 
batientes cambian  sendas  puñadas  y  varapalos  sin  saber  exactamente 
por  qué  ni  por  quién,  evocan  irresistiblemente,  sobre  todo  al  meterse 
en  la  zambra  el  arriero  Elío,  los  trances  épicos  de  la  venta  man- 
chega,  después  que  «  al  ventero  se  le  apagó  el  candil  ».  Procurare- 
mos encenderlo;  pero  es  evidente,  desde  luego,  y  contraía  tesis 
generalmente  admitida,  que  entre  los  dos  campos  en  lucha  no  cabía 
aún  la  más  remota  preocupación  de  independencia  americana.  Ésta 
nació  mucho  más  tarde  :  por  lo  pronto,  sólo  se  trató  de  decidir  á 
dos  mil  leguas  si  era  mejor  amo  el  suspirado  Fernando  ó  el  «  tuerto 
Pepe  Botellas  o,  asi  denominado  porque  gastaba  un  par  de  ojazos 
magníficos  y  no  bebía  más  que  agua. 


11 


A  fines  del  año  de  1807,  y  cuando  se  prolongaban  aún  los  ecos 
de  la  Defensa  en  forma  de  felicitaciones,  homenajes  y  panegíricos  en 
prosa  y  en  verso,  que  desde  los  puntos  más  apartados  se  enviaban 
al  virrey,  á  la  Audiencia  y  al  Cabildo  de  Buenos  Aires,  empezó  á 
dejarse  sentir  por  sus  inconvenientes  la  presencia  en  las  plazas  y 
cuarteles  de  tantos  héroes  en  disponibilidad.  Aunque  licenciadas  en 
su  mayoría  las  fuerzas  urbanas,  subsistían  los  cuadros,  y,  además, 
los  ejercicios  semanales  solían  ser  pretexto  de  manifestaciones  y 
actos  censurables  de  indisciplina.  Algunas  proclamas  de  Liniers 
aluden  á  este  estado  de  inquietud,  fomentado  por  las  rivalidades  de 
los  tercios,  pero  sin  atribuirle  mayor  importancia,  como  que  era  su 
causa  principal  la  falta  de  toda  perspectiva  bélica.  Por  eso  vemos  al 


6o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

virrey  interino  acoger  y  transmitir  al  pueblo  los  rumores  de  otra 
invasión  inglesa,  no  sin  exagerar  un  poco  asi  la  certeza  del  anuncio, 
como  la  confianza  que  el  armamento  y  la  militarización  del  país 
le  inspiraban.  No  es  dudoso  que  á  la  sazón  se  hacían  en  Ports- 
mouth  y  Cork  los  aprestos  de  una  expedición  militar  cuyos  jefes 
designados  eran  Beresford  y  Sidney  Smith — luego  reemplazado 
por  el  vice- almirante  Hood;  pero  resultó  dirigida  contra  la  isla  de 
Madera,  que  fué  ocupada  el  24  de  Diciembre.  Posteriormente  re- 
crudecieron los  rumores  relativos  á  otra  invasión  de  la  América 
del  Sud,  y  la  prensa  inglesa  mencionó  repetidas  veces  al  mayor 
general  Wellesley  (Wellington)  como  futuro  jefe  de  ella.  Pero 
nunca  se  ha  puesto  en  claro  el  objeto  preciso  de  esta  proyectada 
expedición,  cuyos  preparativos  se  abandonaron  por  el  cambio  re- 
pentino que  sufrieron  las  relaciones  de  Inglaterra  con  España.  A 
ser  cierto  que  se  pensara  en  una  posesión  española,  y  no  en  el  Bra- 
sil, todavía  dependiente  de  Portugal,  no  es  probable  que  se  tratase  de 
Buenos  Aires,  —  precisamente  en  los  días  del  proceso  de  White- 
locke,  que  revelaba  al  público  las  dificultades  de  la  empresa.  Más 
que  á  sugestiones  del  amor  propio  ó  del  resentimiento,  suele  Ingla- 
terra obedecer  á  conveniencias  positivas ;  y  seguramente  el  Río  de 
la  Plata  había  de  parecerle  presa  de  más  laboriosa  digestión  que 
Venezuela  ó  Guatemala  (i).  Sea  como  fuere,  los  sucesos  de  la  Pe- 
nínsula hicieron  abandonar  la  expedición,  mudando  repentina- 
mente la  actitud  del  gobierno  inglés  ;  y  la  anunciada  amenaza  no 

(i)  El  historiador  López  resuelve  el  problema  sin  vacilación  (11,  aga)  :  u  la  nneva 
expedición  que  el  Teniente  General  Wellesley...  preparaba  en  Cork  contra  el  Rio  de  la 
Plata...»  Wellesley,  que  era  entonces  Mayor  general  (Brigadier),  no  asistió  nunca  á  los 
preparativos  de  Cork :  hasta  fines  do  1807  estuvo  en  Copenhague,  cuya  capitulación 
firmó,  con  nuestro  oíd  friend  Popham,  el  7  de  septiembre ;  de  ahí,  pasó  directamente  ¿ocu- 
par su  banca  en  la  Cámara  do  los  Comunes,  donde  fué  objeto,  en  febrero  de  1808,  de  una 
manifestación  de  aprecio.  Respecto  de  la  mencionada  expedición,  dice  sencillamente  (Dis- 
patches  of  tíie  dake  of  Wellington,  IV,  6)  ;  na  forcé  was  assemhled  at  Cork,  with  a  view,  as 
iT  WAS  supposBD,  to  somc  of  the  Spanish  colonies  of  Soüth  America;  bul  the  exiraordinary 
changes  whieh  taken  place  lowards  the  latter  and  of  1807 ^  and  the  beginning  of  i808,  in  títe 
affairs  of  Spain  and  Portugal by  the  French  interventiom,  etc.  ».  Sabemos  queso  abandonó. 


SANTIAGO  LINIERS  6i 

tuvo  aquí  más  efecto  que  afirmar  ia  disciplina  de  las  tropas  y  robus- 
tecer la  autoridad  del  virrey. 

Tuvo  para  estas  provincias  consecuencias  más  inmediatas  y  posi- 
tivas la  llega^da  al  Brasil  (Bahía),  el  20  de  enero  de  1808,  de  la  real 
familia  portuguesa,  que  abandonara  á  Lisboa  el  día  mismo  en  que 
la  ocupaba  el  ejército  de  Junot.  Aun  antes  de  cualquier  paso  inicial 
por  parte  de  los  recién  venidos,  no  se  le  había  ocultado  á  Liniers  la 
gravedad  que  podía  encerrar,  para  el  Río  de  la  Plata,  el  estableci- 
miento definitivo  de  los  Braganza  en  una  región  fronteriza,  ya 
erigida  en  Estado  independiente  bajo  la  protección  y  tutela  efectiva 
de  Inglaterra  (i).  El  i3  de  febrero,  apenas  conocido  el  desembarco 
déla  corte  portuguesa  en  Bahía,  dirigió  una  proclama  significativa 
á  los  (c  invictos  habitantes  de  Buenos  Aires  »,  en  que,  al  par  de 
expresar  su  confianza  en  los  propósitos  del  Regente  (fundándose,  con 
cruel  ironía,  en  su  pacífica  actitud  en  Lisboa),  mostraba  tenerla  aún 
mayor  en  las  tropas  y  armamento  del  virreinato.  Tan  fundados 
resultaron  los  recelos  de  Liniers  que,  no  bien  instalada  la  corte  en 
el  Janeiro  y  reconstituido  el  gabinete  sobre  las  bases  del  anterior, 
el  ministro  Souza  Coutinho  dirigió  al  cabildo  de  Buenos  Aires 
(marzo  de  1808)  una  nota  conminatoria  que,  conocida  la  precipi- 
tada fuga  del  gobierno  portugués  ante  los  mil  y  quinientos  exte- 
nuados granaderos  de  Junot.  borraba  con  lo  grotesco  de  la  actitud 
lo  que  pudiera  tener  de  indignante  (2).  Era  una  mise  en  demeure 

(i)  Desde  su  arribo  al  Brasil,  el  RegenU  de  Portugal  en  nombre  de  la  reina  viuda 
(María,  demente)  había .  sido  saludado  por  el  pueblo  con  vivas  a  o  emperador  do  Brazil 
(Pereira  da  Silva,  op.  eil.  U,  3i).  Luego  el  mismo  príncipe,  en  su  Manifiesto  de  i*  de 
mayo,  proclamaba  que  Portugal  levantaba  a  sua  voz  do  seio  do  novo  imperio.  En  cuanto  á 
la  tutela  inglesa,  además  déla  ocupación  de  Madera,  basta  recordar  que  el  embajador 
lord  Strangford  se  trasladó  á  Rio  de  Janeiro,  acompañándole  á  poco  Sidney  Sroitb  con  su 
«scoadra. 

(3)  Gonocco  tres  textos  impresos  de  la  nota  y  de  la  respuesta  :  en  ninguno  se  da  la 
fecha  de  la  primera,  pero  se  deduciría  de  este  pasaje  de  la  contestación  (á  no  haber  in- 
tervenido el  habitual  descuido  de  nuestros  editores)  ;  «  El  cabildo  al  imponerse  de  la  nota 
de...  marxo  último...  »  El  texto  de  Parish  (Baenos  Aires ^  385)  dice  :  the  i3^  of  Mareh^ 
pero  el  traductor  Maeeo  ha  dejado  deslixarse  el  error  3  de  marzo,  que  ha  sido  copiado 


6a  ANALES  DE  LA   BIBLIOTECA 

de  entregar  lisa  y  llanamente  estas  provincias  al  augusto  amo  de 
dicho  Souza  Coutinbo,  por  n  ser  cosa  fuera  de  duda  la  completa 
sujeción  de  la  monarquía  española  á  la  Francia  »,  y  (sobre  todo) 
por  contar  Su  Alteza  Real  «  con  los  inmensos  recursos  de  su  pode- 
roso aliado  »  —  el  mismo  que  acababa  apenas  de  repatriar  sus  tro- 
pas aquí  derrotadas.  La  respuesta  del  Cabildo  (abril  29),  concertada 
con  el  virrey,  fué  enérgica  y  altiva  :  al  rechazarla  proposición  como 
una  afrenta  que  a  no  olvidaría  jamás  »,  la  corporación  manifestó 
claramente  al  ministro  Souza  que  las  amenazas  no  intimidaban  á 
este  pueblo,  a  acostumbrado  á  arrostrar  todos  los  peligros  y  hacer 
toda  clase  de  sacrificios  en  defensa  de  los  sagrados  derechos  del 
monarca,  y  que  había  dado  ante  el  mundo  pruebas  inequívocas  de 
lo  que  puede  hacer  el  valor  exaltado  por  la  lealtad...  n  La  comuni- 
cación concluía  declarando  que  sería  el  primero  «  en  dar  un  ejemplo 
de  ello  el  cabildo  de  Buenos  Aires,  encabezado  por  su  digno  general 
don  Santiago  Liniers».  A  los  pocos  días,  en  efecto,  encargaba  á 
éste  que,  «  como  jefe  superior  de  estas  provincias,  no  perdiese  ins- 
tante en  adoptar  medidas  conducentes  á  su  seguridad,  sin  omitir 
las  que  fuesen  propias  á  vengar  tan  gravísimo  ultraje,  inferido  á  las 
sagradas  personas  del  Rey  de  España  y  del  Emperador  de  los  fran- 
ceses su  aliado.,. y>  Bastan  las  palabras  subrayadas,  fuera  de  otras 
redundancias  que  se  omiten,  para  pintar  los  sentimientos  que,  asi 
en  las  colonias  como  en  la  metrópoli,  se  profesaban  á  Napoleón,  y  ex- 


por  Calvo  (Anales^  I,  8i)  y  aceptado  dócilmente  por  Bauxá  y  otros.  Esta  fecha  es  á  todas 
luces  inadmisible.  El  Principe  Regente  no  desembarcó  en  Rio  hasta  el  8  do  marco,  cons- 
tituyéndose el  II  el  primer  ministerio.  La  misma  fecha  del  i3,  dada  á  la  nota  por  Parish 
y  aceptada  por  el  señor  Mitre  (BelgrcuiOj  638),  parece  apenas  admisible ;  pero  está  con- 
firmada por  una  nota  de  Liniers  (Biblioteeat  IV,  3o8j,  y  el  increible  apresuramiento  la 
torna  más  ridicula.  Aunque  verosímil,  creo  que  debe  rechazarse  la  fecha  del  21,  adoptadla 
sin  raxón  conocida  por  el  historiador  Lópex.  Pero  éste,  al  atribuir  la  nota  á  doña  Carlota, 
comete  un  error  mucho  más  grave  y  que,  ano  proceder  de  incurable  inadvertencia,  revo- 
laría el  desconocimiento  absoluto  de  aquel  proceso  histórico.  La  famosa  princesa,  aepa~ 
rada  de  su  marido  hasta  el  grado  de  vivir  fuera  de  palacio,  no  tomaba  entonces  parte 
alguna  en  la  política  :  faltaban  meses  para  que  el  destronamiento  de  su  familia  en  E»- 
paña  diera  pretexto  á  sus  enredos  y  pretensiones. 


SANTIAGO  LINIERS  63 

plicar  ciertos  pasos  de  Liniers  que  sin  fundamento  se  han  criticado. 
No  necesitaba  más  acicate  el  arrebatado  general :  en  el  acto,  se 
dirigió  al  gobernador  de  Montevideo,  trazándole  un  plan  de  ataque 
á  Río  Grande  con  2000  hombres,  que  bastarían,  según  él,  «  para 
merendarse  á  5ooo  portugueses  ».  Por  esta  vez,  Elío  no  secundó  las 
bravatas  de  su  jefe,  ya  sea  porque  le  atrajera  mediocremente  la 
perspectiva  de  la  merienda,  ya  porque  la  llegada  á  Montevideo  del 
enviado  portugués  Curado  le  mostrase  bajo  su  verdadero  sesgo  la 
situación.  Muy  antes,  en  efecto,  de  recibir  la  respuesta  del  Cabildo, 
el  Príncipe  Regente  había  modificado  su  actitud  absurdamente  be- 
licosa —  que  nunca  respondió  á  un  propósito  serio,  no  contando 
con  el  apoyo  de  Inglaterra.  Además  de  su  misión  de  espionaje,  el 
brigadier  Curado  traía  en  borrador  las  bases  de  un  tratado  de  comer- 
cio entre  los  dos  países,  visiblemente  encaminado  á  favorecer  la 
libre  introducción  de  los  productos  ingleses  por  la  vía  del  Brasil ;  y 
como  coincidiesen  estas  proposiciones  con  las  transmitidas  desde 
Río  de  Janeiro  por  el  conde  de  Liniers,  hermano  del  virrey,  éste  no 
vio  sino  ventajas  en  aceptar  preliminares  diplomáticos  que,  sin  im- 
portar compromisos  futuros,  alejaban  el  conflicto  presente  (i).  Este 
incidente,  bajo  su  apariencia  anodina,  entrañaba,  sin  embargo, 
consecuencias  muy  graves  para  Liniers,  habiendo  motivado  su  pri- 
mera desavenencia  con  el  Cabildo  y,  por  el  sedimento  de  encono 
que  dejara  en  los  ánimos,  preparado  el  terreno  de  las  hostilidades 
irreparables. 

A  pesar  de  los  entrometimientos  oficiosos  de  su  hermano,  quien, 
simple  transeúnte  en  Río  y  sin  misión  alguna,  trataba  un  poco 
como  asuntos  de  familia  los  negocios  de  Estado,  no  se  apartó  Li- 
niers de  su  conducta  conciliadora  con  el  Cabildo,  ni  se  mostró 


(i)  El  historiador  Mitre  (Belgrano,  II,  9^1)  ha  tenido  en  su  mano  muchos  hilos  de 
esta  madeja;  pero,  por  carecer  de  algunos  ó  no  darles  la  debida  importancia,  su  exposi- 
ción no  reviste  suficiente  claridad.  Asi  las  comunicaciones  del  conde  de  Liniers  como  las 
instrucciones  á  Rivera,  existen  manuscritas  en  la  Biblioteca  Nacional  y  han  sido  publi- 
cadas en  La  Biblioteca^  tomo  II,  i3^,  j  tomo  V,  3o6. 


64  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

dispuesto  á  conceder  mayor  importancia  á  la  gestión  portug'uesa, 
dejando  al  pronto  que  el  gobernador  Elfo  entretuviese  á  Curado  con 
preámbulos  dilatorios.  Pero,  á  mediados  de  mayo,  llególe  de  Madríd 
el  titulo  de  Virrey  interino.  Gobernador  y  Capitán  general  del  Río 
de  la  Plata,  el  cual,   si  no  modificaba  su  situación  material,   la 
^  regularizaba  y  revestía  de  mayor  prestigio  y  autoridad.  Es   per- 
mitido creer  que,  hasta  entonces,  el  improvisado  mandatario  no  so 
portara  sin  irritación  las  actitudes  dictatoriales  de  un  simple  Ayun- 
tamiento, y  que,  valido  ya  de  su  título  inatacable,  se  propusiera  no 
tolerar  en  adelante  tal  abuso  de  atribuciones.  Y  puede  también  que 
un  resabio  de  antigua  vanidad  aristocrática  se  despertara  bajo  cierta 
influencia  femenina,  inclinándole  á  tratar  «  de  arriba  o  á  esos  mer- 
caderes ricachos,  y  á  echarla  de  virrey.  Ello  es  que,  desde  principios 
de  junio,  se  anunció  públicamente  el  próximo  envío  de  un  «  emba- 
jador »  cerca  de  la  corte  del  Brasil,  para  concluir  el  tratado  comercial 
iniciado,  acentuando  lo  insólito  del  acto  la  persona  designada,  que 
lo  era  don  Lázaro  de  Rivera,  pariente  cercano  (concuñado)  de  Li- 
niers  (i).    El  Cabildo  elevó  una  protesta  al  virrey,  fundada  en 
dos  órdenes  de  consideraciones  políticas:  i<*  el  estado  de  las  rel**)- 
ciones  entre  Portugal  y  la  metrópoli  (respectivamente  aliados  de 
dos  naciones  beligerantes),  que  desaconsejaba  la  mencionada  inicia- 
tiva ;  2°  los  inconvenientes  de  un  tratado  comercial  que  importaba 
«dar  libre  expendio  en  estos  dominios  á  las  manufacturas  inglesas ») . 
La  contestación  del  virrey  pudo  y  debió  limitarse  á  los  dos  breves 
párrafos,  primero  y  final,  en  que  negaba  al  a  Ilustre  Cuerpo» 'el 
derecho  de  ingerirse  en  negocios  de  Estado  y  le  invitaba  á  ocuparse 
de  (( las  cosas  perteneciente?  al  buen  orden,  policía,  abasto  »  y  demás 
progresos  del  municipio.  Pero  incurrió  en  el  error  de  querer  gra- 

(i)  Un  contomporáneo  y  testigo  generalmente  bien  informado,  don  Francisco  R.  de 
Udaeta,  asegura  (Revista  de  Buenos  AireSt  XV,  i64)  que  se  suspendió  el  viaje  de  Rive- 
ra por  la  declaración  de  guerra  del  Principe  Regente  á  Francia:  pero  este  Manifiesto  e« 
del  I*  de  mayo,  y  las  instrucciones  á  Rivera  llevan  la  fecha  del  i8  de  junio.  El  enviado 
era  capitán  (ó  mayor)  de  infantería  é  Intendente  del  Paraguay.  Gomo  tal  figura  ya  en  la 
Guia  de  Forasteros  de  i8o3. 


SANTIAGO  LINIERS  65 

cejar,  intercalando  en  su  nota  un  «  cuento  al  caso»,  glosa  pesada  y 
chabacana  del  refrán  Ne  sutor  ultra  crepidam,  que,  naturalmente, 
exasperó  á los  ((zapateros».  Tal  fué  el  origen  déla  ruptura  entre 
el  virrey  y  el  poderoso  ayuntamiento. 

Prescindiendo  de  lo  inconveniente  de  la  forma  y  lo  petulante  de 
la  actitud,  no  es  fácil  decidir  si  Liniers  tenía  la  razón :  ó  en  otros 
términos,  si  la  providencia  —  que  se  llevó  adelante,    si  bien   inte- 
rrumpieron sus  efectos  los  sucesos  europeos  —  era  en  el  fondo  buena  ó 
mala  desde  el  punto  de  vista  gubernativo.  Es  probable,  como  en  casi 
tCNlas  las  discusiones  ocurre,  que  por  ambos  lados  estuviera  parte 
del  derecho.  La  primera  objeción  del  Cabildo  no  parece  defendible: 
sea  cual  fuera  la  sujeción  real  de  su  gobierno  á  la  política  inglesa , 
Portugal  conservaba  en  la  apariencia  su  soberanía  ;  y  no  estando  en 
guerra  con  España,  nada  obstaba  á  que  se  iniciasen  entre  ambos 
países  ó  sus  dependencias  arreglos  de  carácter  comercial.  Con  me- 
jor acuerdo  pudiera  observar  el  (Cabildo  el  nombramiento  de  un  en- 
viado diplomático  cerca  de  una  corte  extranjera,  el  cual  competía  ex- 
clusivamente al  soberano ;  á  lo  que  el  virrey  debía  contestar  enseñan- 
do sus  instruciones  á  Rivera,  en  las  que  se  prevenía  que  cualquier 
arreglo   consentido  conservaría  carácter  condicional,    hasta  reci- 
bir la  aprobación  de  la  corte  de   Madrid.   La  segunda  objeción, 
aunque  más  especiosa,  no  era  más  consistente :  según  las  instruccio- 
nes debía  desecharse    «  toda  propuesta  que  tuviera  por  objeto  incluir 
directa  ó  indirectamente  á  los  ingleses  en  esta  negociación  » ;  ade- 
más, ésta  no  podía  tratar  sino  de  «  los  frutos  y  productos  territoria- 
les, con  exclusión  absoluta  de  géneros  manufacturados  » .  En  suma, 
las  instrucciones  entregadas  á   Rivera  revelan  bastante  perspicacia 
Y  prudencia,  al  par  que  un  concepto  cabal  de  la  situación  política  y 
económica  de  estas  provincias.  Pero  había  bastado  que  asomara  en 
el  estrecho  horizonte  de  la  colonia  el  espectro  del  libre  cambio^  para 
que  los  ÁJzaga,  Santa  Coloma,  Agüero  (i)  y  demás  fuertes  monopo- 


(i)  Don  Miguel  Fernandez  de  Agüero  no  era  3ra  cabildante,  pero  su  influencia  aub- 

ASALBS  vm  L4   «IBLIOTSCA.    T.    II  5 


66  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

listas  que  dominaban  el  Cabildo,  se  alarmasen  y  declarasen  guerra 
abierta  al  promotor  de  la  idea.  Ésta  fué,  á  mi  ver,  la  causa  profun- 
da del  divorcio,  cometiendo  Liniers  la  doble  falta  de  suministrar  ar- 
mas  al  adversario,  con  lo  impertinente  de  su  respuesta  y  la  designa- 
ción ilegal  de  un  deudo  suyo  como  enviado  (i).  En  sus  denuncias 
á  la  corte,  el  Cabildo  no  hizo  mérito  sino  de  estas  dos  últimas  razo- 
nes, que  agregadas  sin  duda  á  otras  derivadas  de  las  nuevas  circuns- 
tancias, no  dejaron  de  contribuir  á  la  caída  del  virrey  Liniers.  La 
gravedad  y  complicación  de  los  acontecimientos,  que  van  á  descar- 
gar sobre  la  Península  y  alcanzar  de  rebote  á  estas  provincias,  lo- 
grarán por  instantes  unir  las  fuerzas  antagónicas  en  un  propósito 
común  :  no  borrarán  la  antigua  ofensa.  Bajo  la  capa  de  estuco  super- 
ficial, seguirá  ensanchándose  la  grieta  abierta  en  la  vanidad  ó  la 
codicia;  y  las  mismas  peripecias  de  la  lucha  se  encargarán  de  sumi- 
nistrar nuevos  cargos,  exagerados  ó  calumniosos,  contra  el  impru- 
dente mandatario  —  en  realidad  sólo  culpable  de  lesa  majestad  mu- 
nicipal. La  implacable  persecución  concejil  sobrevivirá,  no  sólo  á 
la  destitución  del  perseguido,  sino  al  estruendo  de  las  guerras  n<i- 
cionales  y  al  conflicto  de  las  dinastías,  concluyendo  el  hostigado 
Cisneros,  en  vísperas  de  la  revolución,  por  echar  á  paseo  al  uno  y  al 
otro  alcalde,  con  sus  rencores  vizcaínos  y  su  estúpido  expediente  so- 
bre el  virrey  que  rabió  (2). 

sUtia  en  el  gremio  comercial  europeo.  He  vacilado  alguna  vez  en  creer  que  este  regidor 
de  1807,  gran  amigo  de  Álzaga  y  que  se  portó  valientemente  en  la  Defensa,  despuéa  de  des- 
empeñar su  papel  en  la  famosa  entrevista  que  precedió  á  la  fuga  de  Beresford,  pudiera  ser 
la  misma  persona  que  el  sindico  de  Cádiz,  autor  de  la  refutación  á  Moreno :  me  parecía  que 
se  oponían  á  esta  hipótesis  ciertas  dificultades  de  domicilio.  Mejor  informado,  puedo 
ahora  mostrarme  del  todo  afirmativo. 

(1)  La  ley  XXXVII,  titulo  II,  libro  III  de  la  Recopilación  de  Indias,  disponía  que  a  los 
oficios  no  se  den  á  parientes  dentro  del  cuarto  grado  »,  j,  para  no  dejar  lugar  á  duda, 
la  ley  XXXIX  del  mismo  titulo  extendía  la  prohibición  á  los  parientes  délas  «mujeres, 
nueras  y  yernos  »  de  los  virreyes  y  presidentes.  Además,  la  ley  era  aplicable,  no  sólo  i 
los  oficios  permanentes,  sino  también  á  las  n  comisiones,  negocios  particulares  y  cual- 
quier aprovechamiento». 

(a)  Puede  verse  en  el  Archivo  general,  :*  serie,  tomo  V,  el  epilogo  do  este  ridiculo 
proceso.  En  diciembre  de  1809,  el  Cabildo  pide   al  virrey  que  dé  cumplimiento    á   la 


SANTIAGO  LINIERS  67 


111 


Mientras  ocurría  en  Buenos  Aires  esta   revuelta  de  tinteros,  que 
poco  trascendía  á  la  calle  ni  era  parte  aún  á  perturb«')r  las  siestas 
criollas,  empezaba  á  desencadenarse  en  España  la  tempestad  que,  du- 
rante años  había  de  sacudirla  y,  por  repercusión,  dar  en  el  suelo  con 
su  vetusta  fábrica  colonial.  Las  semanas  aquellas,  en  que  el  Regente 
de)  Brasil  procuraba  ahuecar  su  falsete  con  la   bocina  de  Sidnoy 
Smith,  y  este  Cabildo  rebatíalas  bravatas  portuguesas  en   nombre 
de  Carlos  IV  y  su  gran  Almirante :  eran  las  que  veían  allá  los  prepa- 
rativos de  la  fuga  real  para  Andalucía,  el  saqueo  del  palacio  deGodoy 
por  el  populacho  de  Aranjuez  y  la  miserable  caída  del  favorito,  la 
abdicación  provisional  del  rey  autómata  en  favor  de  Fernando — que 
preludiaba  á  la  definitiva  de  todos   los  Borbones  en  manos  de  su 
despiadado  huésped  de  Bayona.  Al    tiempo  que  estas  autoridades 
acataban  reverentes  las  órdenes  del  soberano,  éste  obedecía  las  de 
un  gendarme  de  Napoleón ;  y  el  día  mismo  (i  7  de  mayo)  en  que  la 
Audiencia  de  Buenos  Aires  besaba  la  firma  augusta  puesta  en  el 
título  del  nuevo  virrey,  la  Gaceta  de  Madrid  consignaba  la  buena 
gracia  con  que  el  Serenísimo  Gran  Duque  de  Berg  se  había  digna- 
do admitir,  en  el  Palacio  Real,  los  homenajes  que  á  porfía  le  tribu- 
taban los  miembros  del  cuerpo  diplomático,  los  grandes  de  España, 
consejos  de  Castilla  é  Indias  y  demás  altos  dignatarios  del  reino... 
La  sola  distancia,  como  ya  dije,  introducía  á  veces  tal  contraste  entre 
los  sucesos  europeos  y  sus  ecos  americanos,  que  éstos  remedaban  el 

Real  Orden  quedispoae  se  desglose  y  rompa  el  oficio  de  Ltniors:  Cisneros  contesta  que 
el  documento  no  existe  en  poder  del  gobierno .  Nuevas  y  repetidas  insistencias,  hasta  que 
en  marzo  de  18 10  se  pretende  que  sea  el  mismo  Liniers,  refugiado  en  Córdoba,  quien 
produzca  el  cuerpo  del  delito  !  Entonces  es  cuando  el  virrey  exasperado  cierra  el  debate, 
dqandoque  el  Ayuntamiento  «practique él  mismo  la  diligencia  con  el  original  —  si  fuese 
servido }).  —  Poco  había  perdido  en  rancidez  colonial  el  ilustre  Cabildo  con  entreverarse 
decriolloB,  y  para  depurarlo  hacía  falta  evidentemente  otra  legia. 


68  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

arreglo  convencional  de  la  novela.  Pero  nunca  se  reveló  más  iróni- 
camente intencionada,  el  hada  burlona  que  parecía  jugar  con  el  des- 
tino de  Liniers,  que  cuando  hizo  coincidir  los  conatos  embajatorios 
del  flamante  virrey,  con  el  envío  por  Napoleón  de  otro  diplomático 
de  lance  que,  recibido  aquí  como  gallina  en  corral  ajeno,  dejó  albo- 
rotadas, sin  quererlo  ni  saberlo,  ambas  márgenes  del  Plata. 

Una  biografía  reciente  del  marqués  de  Sassenay,  por  uno  de  sus 
deudos  (i),  resuelve  todas  las  dudas  acerca  de  la  persona  y  oríge- 
nes de  este  agente,  eximiéndonos  de  emprender  la  tarea.  Enlodemás 
presenta  para  nosotros  escaso  interés  esta  producción  casera,  siendo 
así  que,  para  el  episodio  histórico  que  nos  ocupa,  se  apoya  en  obras 
conocidas  y  principalmente  en  la  del  general  Mitre.  Etienne  Ber- 
nard,  marques  de  Sassenay,  pertenecía  á  una  antigua  familia  de 
Dijon,  cuyo  castillo  patrimonial  existe  todavía  en  la  comuna  del 
mismo  nombre  (Saóne-et-Loire)  (a).  Siguió  la  carrera  militar  ;  y, 

(i)  ISapoléon  I"  el  la  fondation  de  la  fíépubliqae   Argenline,    par   le  marquis  de  Sassenay 
París.  1892  • 

( 3)  Sabido  es  quo  también  la  «  verdadera  forma  »  de    este    nombre    ba   dado  lagar  á 
largas  discusiones  entre  los   bistoriadores  argentinos.    Para  nosotros  resultan    un  lanío 
risueños  estos  debates  sobre  apellidos  bistóricos  (Sassenay,   Vandeul,  etc.)  que   figuran 
eu  los  diccionarios  y  ahora  mismo  en  el  Toul    Paris.     El    historiador  López  elabora    un 
apéndice  de  cuatro  página»  (Historia^  II,  6a a)   para  i^ostener  la  ortografía  Chassenai  con 
su  decisión  habitual :  «Pero  no  cabe  duda  de  que  era  o  Chassenai  »,  según  el   testimoaio 
iacontroveríible  de  M.  Julien  Mellet,  que  relata  este  incidente  en  su  interesante  opúsculo 
titulado  VoYagedans  r  A  mériqae  meridionales.  — Parece  haber  sido  el  tal  Mellct  un  empleado 
despensero  del  Consolateur,  que,  perdido  el  buque  en  Montevideo,  logró  sacar  unas  oojas 
á  Liniers  y  quizá  á  Ello  (de  quien   recuerda  con  enternecimiento),  con  las  que  se  hico 
de  una  pacotilla,  batiendo  los  caminos  del  virreinato  como  mercachifle.  Vuelto  á  su  tierra 
después  de  este  largo  y  accidentado  traqueteo,  se  puso  á  frangollar  en  su  Jerga  gascona 
un  relato  fantástico  (que  remeda   un  borrador  del  de    Roniain    Daurignac).    omitiendo 
contarnos  sus  verdaderas  aventuras  picarescas,  que  serian  sin  dúdalas  más  curiosas.  Des- 
de luego  estropea  todos  los  nombres    propios  de  persona  ó  lugar  (¡con  decir  que  no  pudo 
en  tres  meses  aprender  el  apellido  de  Sassenay!):  y  el  finado  doctor    Carranza  lavo  la 
angélica  paciencia  de  corregirlos  en  su    ejemplar,  que  así  resulta  más  interesante  que  el 
texto.  Allí  he  visto  que  también  vinieron  en  el  Consolatear  algunos  «pasajeros»  franceses 
que  se  radicaron  en  el  país:  Monguillot.   Castagnet.  Latour,  Bonnafond,  etc.  Eran,  en 
efecto,  pasajeros  de  camiseta  y  gorro  azul  que,  para  distraerse  durante  la  travesía,  ma- 
niobraban las  velas  y  lavaban  la  cubierta.  Sabido  es  que,  no  pudiendo  «  repatriar  »  á  la 
iripulacióp  náufraga,  Liniers  socorrió  á  sus  pobres  paisanos,  invitándoles  á  prestar  ser- 


SANTIAGO  LIMERS  C9 

al  iniciársela  revolución  de  1789,  era  capitán  en  el  regimiento  de 
Conde- dragons.  Elegido  diputado  de  la   nobleza  á  la  Asamblea 
Nacional,  por  el  bailiajede  Chalon-sur-Saóne,  renunció  á  los  pocos 
meses  (i),  y,  ante  las  dificultades  y  peligros  de  la  vida,    se  resolvió 
á  emigraren  1792,  sentando  plaza  en  el  cuerpo   de  Conde;  sirvió 
luego  en  los  húsares  de  Hompesch,  valientemente,  contra  su  patria. 
Al  fin,  en  1798,  después  de  largas  aventuras,  pasó  á  Estados  Uni- 
dos, con  un  corto  peculio  salvado  del  naufragio  de  su  gran  fortuna, 
y  secasó  en  Delaware,  con  una  joven  criolla  de  Santo  Domingo, 
perteneciente  á  una   noble  familia  francesa.    Entonces  emprendió 
varios  viajes  comerciales  al  Río  de  la  Plata,  permaneciendo  en  uno 
de  ellos  cerca  dedos  años  en  Buenos  Aires  (i  801- i8o3),  que  fué 
cuando  trabó  intimidad  con  Liniers.    Logró  hacerse  borrar  de  la 
lista  de  emigrados  y  pudo  volver  á  Francia  en  i8o3;  pero,  durante 
varios  años,  persiguió  en  vano  la  restitución  de  sus  propiedades  con- 
fiscadas :  sólo  logró  recuperar  el  castillo  de  Sassenay  y  algunos  re- 
tazos no  vendidos  de  sus  antiguos  dominios.  Allí  vivía  con  relativa 
comodidad  entre  su  mujer  y  sus  hijos,  cuando,  á  fines  de  mayo  de 
1808,  una  orden  del  emperador  le  arrojó  brusca  y  nuevamente,  ya 
rayano  en  la  cincuentena,  á  las  aventuras  y  zozobras  de  su  juventud. 
Nos  cuenta  su  biógrafo  y  pariente  que,   llamado  á  Bayona,  donde 
llegóel  29,  fué  recibido  al  punto  por  Napoleón,  quien,  en  una  audien- 
cia de  cinco  minutos,  le  comunicó  sus  designios :  «  Os  doy  una  mi- 
sión cerca  del  virrey  de  Buenos  Aires ;  deberéis  partir  mañana;  te- 
néis veinte  y  cuatro  horas  para  prepararos.  Haced  vuestro  testamento : 
Maret  se  encargará  de  despacharlo  á  vuestra  familia.  Ida  veros  con 
Champagny  que  os  dará  vuestras  instrucciones  » .  Y  con  un  ademán. 


vicios  en  esta  flotilla.  De  la  oBcialidad  quedó  el  aspirante  Philippc  Bertrés,  que  se  esta- 
bleció en  Tucumán  como  ingeniero.  Encuentro  en  mi  Memoria  hUtóriea  que  fundó  alli 
una  escuela  lancasteriana,  durante  el  primer  gobierno  de  La  Madrid. 

(i)  Archives  parlemenlaires,  IX.  781.  Otras  indicaciones  bibliográficas  de  Sassenay 
(p.  9a)  son  inexactas,  á  más  de  incompletas ;  los  primeros  tomos  de  los  Archives  traen 
otras  menciones  del  marqués,  más  interesantes  para  su  familia  que  para  la  historia. 


70  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

el  Júpiter  tonante  despidió  al  improvisado  y  estupefacto  diplomá- 
tico... Esta  versión  me  parece  inaceptable.  Por  acostumbrados  que 
estemos  álos  gestos  imperativos  de  Napoleón,  no  admitimos prmia 
facie  que  en  esa  forma  pudiera  un  ciudadano  de  cierta  posición  so- 
cial ser  arrancado  de  cuajo  á  su  hogar  y  familia,  y,  contra  su  volun- 
tad, disparado  como  bomba  diplomática  al  extremo  del  mundo.  Por 
ignorancia  de  los  hechos  ó  exceso  de  celo  antibonapartista,  el 
descendiente  de  Sassenay  ha  desnaturalizado  el  episodio,  aislándolo 
de  sus  antecedentes  históricos.  Aquella  misión  era  en  realidad  el 
eslabón  mediano  de  una  cadena  forjada  en  varios  meses,  y  que  se 
rompió,  menos  por  su  inconsistencia,  que  por  la  fuerza  superior  de 
las  circunstancias.  Entre  nuestros  historiadores,  sólo  el  señor  Mitre 
ha  tenido  en  sus  manos  los  principales  eslabones  de  la  cadena ;  si  bien 
por  faltarle  algunos  y  haber  intervertido  otros,  no  ha  logrado  re- 
anudar la  serie  en  su  orden  lógico. 

El  incomparable  prestigio  de  Napoleón  nacía  de  aparecer  impro- 
visando lo  que  resultaba  de  largo  estudio  y  madurado  examen :  la 
ejecución  solía  ser  violenta  y  fulminante,  pero  se  apoyaba  en  el  cál- 
culo :  también  en  él  el  genio  era  el  fruto  de  la  paciencia.  Consta 
por  su  correspondencia  que,  desde  principios  de  1808,  y  antes  de 
que  las  colonias  españolas  le  interesasen  como  dominio  casi  propio, 
le  preocupaban  —  especialmente  el  Río  de  la  Plata  —  como  presa 
que  debía  disputarse  á  Inglaterra.  Aunque  todavía  no  hubiera  que ri~ 
do  recibir  á  Périchon  de  Vandeul,  había  leído  las  cartas  de-Liniers  y 
las  indicaciones  transmitidas  por  el  embajador  de  Madrid.  Inmedia- 
tainente  hizo  buscar  por  todas  partes,  personas  de  confianza  que  pu- 
dieran suministrarle  informes  sobre  estas  regiones. 

El  ministro  de  marina  Decr¿s  dio  al  pronto  con  el  capitán  de 
navio  Jurien  de  la  Graviére,  quien,  además  de  conocer  estas  provin- 
cias, había  sido  amigo  íntimode  Liniers  (i).  Jurien  recibióla  orden 

(i)  JuRiKN  DE  LA  Graviére,  Soüvenirs  d'ttn  amiral^  II,  tu.  Éste  era  tío  de  su  editor, 
contemporáneo  nuestro,  también  almirante  y  escritor  distinguido.  Paréceme  que  nues- 
tros historiadores  suelen  confundirlos,  prestando  al  sobrino  (nacido  en  iSra)  nnalonge- 


SANTIAGO  LINIERS  7» 

<le  redactar  una  memoria  sobre  esta  región  y  sus  habitantes,  y,  apro- 
badas sus  conclusiones,  de  tomar  en  Lorienl  el  mando  de  la  fragata 
Creóle,  que  debía  traerle  á  Montevideo  con  un  coronel  de  artillería, 
veinte  y  cinco  artilleros  escogidos  y  quinientos  fusiles:  todo  ello  en- 
caminado, noá  conquistar  el  país  (como  inocentemente  se  ha  escrito), 
sino  á  cooperar  á  su  defensa,  de  acuerdo  con  los  pedidos  de  Liniers 
V  el  Cabildo.  Esto  ocurría  en  febrero  ó  marzo ;  fué  más  tarde  cuan- 
do,  cambiando  las  circunstancias,   cambiaron  los  propósitos  (i). 
A  principios  de  mayo  y  consumado  el  funesto  guet-apensde  Bayo- 
na, ya  no  se  trató  de  auxiliar  á  estas  provincias,  pero  sí  de  asegu- 
rarlas. Murat,  que  mandaba  en  España,  dispuso  el  apresto  en  el 
Ferrol  de  una  escuadra  que  debía  transportar  al  Río  de  la  Plata  tres 
mil  soldados  gallegos :  excelente  providencia  que.  á  más  de  su  ob- 
jeto propio,  se  avenía  con  las  disposiciones  tomadas  para  dispersar 
en  Portugal  y  el  norte  de  Europa  las  tropas  españolas  (2).    Pero 

vidad  fenomenal.  Tampoco  se  dan  exacta  cuenta  de  la  publicación,  que  no  es  propiamen- 
te un  relato  del  actor,  sino  una  adaptación  hecha  sobre  apuntes  do  memoria.  Dista  mu* 
cho.  pues,  de  ser  un  joarnal  de  bord  llevado  á  raiz  de  los  sucesos  :  de  ahí  algunos  erro- 
rpK  j  oonfuAiones  de  detalle.  Pero  el  fondo  merece  entera  fe.  El  honrado  y  valiente 
marino  tributa  allí  los  mayores  elogim  al  carácter  de  Liniers,  á  quien  había  tratado  inti- 
mamente en  1800.  He  aquí  en  qué  términos  este  buen  juez  en  materia  de  honra  y 
patriotismo  aprecia  la  actitud  de  su  noble  compatriota :  <(  M.  de  Liniers,  fiel  á  su  patria 
adoptiva,  abrazó  la  causa  de  Fernando  VII.  Esta  determinación,  que  ningún  hombre  de 
corazón  podría  vituperar^  había  de  recibir  la  recompensa  que  el  odio  implacable  de  los 
partidos  reserva  generalmente á  los  más  puros  sacrificios».  Tales  palabras,  caídas  de  la- 
bios tales,  consuelan  de  muchas  diatribas. 

(i)  L-na  carta  inédita  de  Napoleón,  que  ningún  historiador  argentino  ha  conocido  ó 
tenido  en  cuenta  (Lettres  inidiíes  de  Napoleón  /",  tomo  1,  171)  establece  nuestra  afirmación. 
Está  fechada  en  Saint-Cloud,  á  26  de  marzo  de  1808.  Al  devolver  á  Decrés  sus  verbosas 
in^ttmcciones  sobre  la  proyectada  expedición,  el  déspota  genial  dicta  la  conducta  á  seguir 
con  su  precisión  imperativa  :  «Os  devuelvo  vuestras  instrucciones.  Lo  que  decis  es  in- 
útil escribirlo  :  debe  ser  dicho  de  viva  voz  al  agente  que  mandaréis.  Basta  escribirle  osten- 
siblemente :  Iréis  á  Montevideo,  desembarcaréis,  y  si  llegasen  noticias  que  pudieran 
inquietar  á  las  colonias,  os  presentaríais  á  las  autoridades  en  son  de  amistad...  »  Esta 
carta  se  relaciona  evidentemente  con  la  misión  de  Jurien  que  la  reproduce  en  substancia 
(op.  cit.  1 33),  aunque  de  memoria  y  atribuyéndole  una  data  algo  posterior. 

(3}  TniBRs,  VIH,  XXX.  ToRKSio,  I,  II-  El  levantamiento  general  hizo  abortar  la  ex- 
pedición. 


7a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

convenía  que  se  adelantara  á  esta  expedición,  cuyos  preparativos  de- 
mandaban algunos  meses,  un  agente  explorador,  más  elástico  y  me- 
nos comprometedor  que  Jurien,  para  sondar  los  ánimos  y,  llegada 
el  caso,  inclinarlos  al  nuevo  régimen.  Entonces  produjo  su  candidato 
el  ministro  Maret,  que  también  se  bailaba  en  Bayona  á  fuer  de  cola- 
borador inseparable  del  amo;  y  en  tanto  el  secretario  de  Estado  pre- 
venía á  su  conocido  Sassenay,  el  emperador,  que  de  nada  se  olvi- 
daba, concedía  á  Yandeul  la  solicitada  entrevista  que  completaría  sus 
informes.  Esta  audiencia  hubo  de  verificarse  á  mediados  de  mayo,  uq 
poco  antes  de  la  llegada  de  Sassenay,  siendo  así  que  en  su  carta  al 
virrey  ó  en  otra  inmediatamente  posterior,  no  menciona  Périchon 
tan  importante  noticia.  En  caso  contrario,  directa  ó  indirectamen- 
te, la  hubiera  conocido  ;  pues  no  había  razón  para  que  Napoleón  ó 
sus  ministros  se  la  ocultaran,  ni  es  admisible  que,  en  tan  corta  po- 
blación y  rondando  las  mismas  antesalas,  no  tropezasen  uno  con 
otro  los  dos  amigosde  Liniers  l(i). 

Por  lo  demás,  nada  se  opone  (y  lo  dicho  parece  confirmarlo)  á 
que  Sassenay  sólo  llegase  á  Bayona  muy  pocos  días  antes  de  su 
embarco;  pero  el  simple  buen  sentido  indica,  aunque  no  tuviéramos 
varios  datos  para  apoyar  esta  conjetura,  que  tenia  aviso  anticipado 
de  su  misión  —  y  aun  es  permitido  pensar  que  la  hubiera  solicita- 
do :  no  seguramente  por  sus  escasos  emolumentos,  sino  como  un 
medio  de  alcanzar  mejor  éxito  para  sus  instancias  de  emigrado  (2). 

(i)  La  carta  do  Périchon  llegó  á  Buenos  Aires  en  los  primeros  días  de  agosto,  ha- 
biendo Liniers  escrito  de  ella  á  Ello  el  8.  Es  probable  que  dicha  carta  de  Bayona  se 
escribiese  entre  el  1 5  y  el  3 5  de  mayo:  las  comunicaciones  tardaban  70  dias  por  térmi- 
no medio.  Corrobora  esta  conjetura  el  hecho  do  haberse  recibido,  dos  dias  antes  que  U 
carta  de  Périchon,  un  impreso  de  Cádiz  que  contenia  la  protesta  de  Carlos  IV;  ésta  ha- 
bía quedado  secreta  y  no  so  hizo  pública  en  Madrid  hasta  el  i3  de  mayo  (Gaceta  de  dicha 
fecha):  por  tanto,  en  Cádiz,  tres  ó  cuatro  dias  después.  Por  cierto  que  muchas  circun»- 
tancias  alteraban  entonces  la  duración  del  trayecto,  pero,  tratándose  do  dos  buques 
mercantes,  que  navegaban  casi  Juntamente  y  en  condiciones  análogas,  se  robustece  la 
probabilidad  del  mismo  tiempo  empleado  por  uno  y  otro. 

(a)  En  3  de  julio  de  18 10,  el  ministro  Champagny  escribía  á  M**  de  Sassenay  que   el 
mperador,  accediendo  á  su  solicitud,  había  fijado  á  su  marido  un  sueldo  anual  de  6000 


SANTIAGO  LINIERS  73 

Sea  como  fuere,  el  antiguo  oficial  de  Conde  fué  recibido  y  aceptado 
por  el  emperador :  con  firmeza,  aunque  no  sin  emoción,  soportó  esa 
mirada  aguda,  avezada  á  sondar  las  almas  y  casi  infalible  en  el  diag- 
nóstíco.  Nada  más  absurdo,  pues,  que  mirar  un  ente  apocado  c 
inepto  (como  ha  dicho  un  historiador  que  ni  el  apellido  del  injuria- 
do conocía)  en  ese  soldado  viajero,  envejecido  en  los  peligros  y  luchas 
déla  vida  ¡  por  el  hecho  de  haberse  estrellado  aquí  contra  obstáculos 
iavencibles,  y  tenido  que  soportar  callado  los  desmanes  de  un  jefe 
español,  sólo  famoso  por  sus  derrotas  !  — Tal  es  el  encadenamiento 
lógico  y  racional  de  los  sucesos  que  motivaron  el  envío  de  una  mi- 
sión francesa  al  Río  de  la  Plata,  y  la  elección  del  marqués  de  Sasse- 
nay  para  desempeñarla.  Aunque  frustrada  en  su  objeto  principal,  la 
tentativa  que  paso  á  referir,  rectificando  de  pasada  algunos  errores 
materiales  y  críticos  de  mis  predecesores,  es  doblemente  interesan- 
te: en  sí  misma,  por  las  peripecias  dramáticas  que  la  envuelven; 
Y  en  sus  resultados,  por  las  consecuencias  duraderas  é  imprevistas 
qiie  fluyeron  de  tan  fugaz  y,  al  parecer,  insignificante  episodio. 

francos,  á  partir  del  i*  de  mayo  de  iSoS,  fecha  de  sumisión  d  Buenos  Aires  ^  acordándo- 
le, además,  una  gratificación  de  30.000  francos  para  gastos  del  viaje  que  ella  «  se  proponía 
hacer  para  ir  á  compartir  la  suerte  de  su  marido».  La  especie  á  que  alude  el  señor  Mitre, 
sin  darlo  asenso  (Comprobaciones ^  aa4)>  hade  tener,  en  efecto,  tanto  fundamento  como  la 
borrachera  del  rey  José.  Aun  suponiendo  que  el  emperador,  muy  poco  feminista,  pudie- 
nte ver  en  parte  alguna  á  M""  de  Sassenay,  que  vivia  en  un  rincón  do  su  provincia,  y 
prestar  un  minuto  de  atención  ú  una  yankee  madura  y  madre  de  familia,  hay  dos  actitu- 
des que,  entre  sus  enormes  defectos,  no  pueden  achacarse  á  Napoleón.  La  primera,  es  ha- 
ber descendido  jamás  á  sacrificar  al  marido  de  la  mujer  que  distinguiera  :  á  ser 
ciertos  los  toros  (tomando  el  todo  por  la  parte),  el  (cmás  feliz  de  los  tres»  hubiera  ascen- 
dido por  lo  menos  á  prefecto  de  Dijon;  la  segunda,  es  haber  comprometido  jamás  su 
política  con  caprichos  falderescos.  Por  otra  parte,  de  la  carta  de  Ghampagny  parece 
deducirse  que  M**  de  Sassenay  no  conocía  personalmente  al  emperador.  También  puede 
inferirse  de  una  frase  del  mismo  Sassenay,  en  su  informe  final  al  ministro,  que  la  misión 
oficial  se  injertaba  en  otra  comercial  y  de  cuenta  propia  :  «  Comme  peal  te  voir  V.  E. ,  ma 
mission  a  ¿ti  sans  suecés  et  j*ai  fait  pour  moi  do  mauvaises  affaires». 


74  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


IV 


El  bergantín  Le  Consolateur^enque  se  embarcó  Sasscnayel3ode 
mayo  de  1808,  era  un  buquecito  de  mala  muerte,  endeble  y  apenas 
armado,  pero  bastante  velero, — como  que,  á  pesar  de  algunoscon- 
tratiempos  en  el  golfo  de  Vizcaya,  se  puso  en  Maldonado  en  setenta 
días.  Puede  que  fuera  aquella  la  primera  «  mosca  »  que,  nos  dice 
Tbiers,  se  despachó  alas  colonias  cuando  Napoleón  estaba  en  Bayo- 
na. La  mandaba  el  teniente  de  navio  Dauriac  y  contaba  por  todo 
cuarenta  y  cinco  hombres  de  tripulación,  siendo  Sassenay  el  único 
pasajero.  A  juzgar  por  el  estilo  del  informe  y  del  acta  publicada  en 
la  Biografiüyú  comandante  Dauriac  seria  quizá  uno  de  tantos  oficía- 
les de  mar,  prácticos  y  valientes,  que  por  aquellos  años  merecieron 
ingresar  en  el  Cuerpo  general  de  la  Armada.  Hacía  de  segundo  un 
viejo  alférez  vasco  Dolhabaratz,  probablemente reclutado para  el  caso 
en  los  malecones  de  Bayona.  El  bergantín  ofrecía  pocas  comodida- 
des; los  víveres  eran  malos  y  los  compañeros  de  mesa,  aunque  bue- 
nos, poco  divertidos,  no  contribuyendo  á  la  amenidad  de  la  trave- 
sía la  perspectiva  de  dar  con  algún  crucero  inglés.  Toda  la  empresa 
(con  el  aditamento  de  ser  quizá  en  principio  una  operación  comer- 
cial de  Sassenay)  llevaba  el  carácter  de  un  ensayo  hecho  con  el  me- 
nor costo  posible,  como  si  el  instinto  genial  de  Napoleón  desconfiase 
del  éxito.  Pero  alentaba  al  emisario  la  idea  de  servir  los  intereses 
de  su  país  al  par  délos  propios,  con  esta  comisión  de  supuesta  pro- 
paganda pacífica.  Llevaba  impresos,  de  España  y  Francia,  oficios 
sellados  de  la  Junta  de  Madrid  y  los  ministros  para  las  autoridades 
de  Buenos  Aires  y  otros  virreinatos,  un  pliego  de  instrucciones 
bastante  vagas  é  inofensivas,  —  por  fin,  otra  carta  lacrada  que  sólo 
debía  abrir  en  alta  mar.  Nos  cuenta  el  biógrafo,  según  versión  de  al- 
gunos testigos,  que,  al  tomar  conocimiento  délas  instrucciones secre- 


SANTIAGO  LINIEUS  75 

tas,  Sassenay  dio  muestras  de  « una  verdadera  desesperación))  (i). 
^Qué  contenían  esas  páginas,  luego  destruidas  por  el  mismo  en- 
viado? Sin  duda  la  orden  de  anunciar  al  gobierno  de  Buenos  Aires 
la  próxima  expedición  armada  con  sus  designios  de  conquista,  ó  de 
exig^ir  el  reconocimiento  de  José,  contando  con  el  concurso  del  vi- 
rrey... ¡  Y  bien  sabía  Sassenay  que  con  Liniers  no  podía  contarse, 
sobre  la  base  de  una  defección ! 

En  los  primeros  días  de  agosto,  cuando  ya  se  divisaba  la  costa 
uruguaya,  un  pampero  furioso  envolvió  al  Consolaiear,  arrojándole 
mar  afuera  y  retardando  una  semana  la  arribada  á  Maldonado:  á 
desembarcar  en  Montevideo  en  la  fecha  prevista,  Sassenay  hubiera 
podido  detener^  ó  hacer  modificar,  la  comunicación  de  Liniers  á 
Elío  (6  de  agosto)  que  causó  el  incurable  rompimiento.  Tuvo  que 
bajaren  Maldonado  el  g  de  agosto,  sin  más  equipaje  que  la  maleta, 
luego  famosa,  de  los  pliegos  é  impresos,  ganando  á  caballo  la  ca- 
pital, donde  so  apeó  al  día  siguiente.   No  fué  mal  recibido  por  Elío, 
quien,  sorprendido  por  las  noticias  y  todavía  indeciso,  procuró  en 
vano  detener  por  la  persuasión  al  enviado,  pero  sin  negarse  á  faci- 
litarle los  medios  de  llegar  á  su  destino.   Refiérese  que  en  esta  en- 
trevista, Sassenay,  aludiendo  á  los  preparativos  que  en  la  pobla- 
ción se  hacían  para  la  jura  de  Fernando    VII,  se  dejó  decir  que 
convendría  suspenderlos,   «  pues  tal  vez  á  esta  hora  estuviera  go- 
bernando á  España  otro  soberano. . . ))   Sí  el  dicho  fuera  cierto,  muy 
verosímil  sería  la  respuesta  furibunda  que  á  Elío  se  atribuye  (2). 
En  todo  caso,  el  enviado  francés  pudo  sacar  de  su  contacto  con  el 


(i)  Sas^enat,  obra  citada,  i3o.  Allí  también  se  transcribe  la  instrucción  ostensible. 
<c  traduciéndola  de  la  traducción  española  comunicada  por  el  general  Mitre».  Ésta  ha 
de  ser  la  que  de  mucho  tiempo  atrás  existía  en  la  Biblioteca  de  Buenos  Aires  y  fué  re- 
producida por  Zinny  en  la  Historia  de  la  prensa  del  Uruguay.  En  el  doble  trasiego  se  ha 
enturbiado  no  poco  la  prosa  de  Champagny. 

(3)  Lahrañaoa  t  Guerra,  Apantes  históricos  (citado  por  Bauza).  El  diálogo  nada  tiene 
de  imposible;  pero  ¿quién  lo  garantiza?  Si  las  declaraciones  privadas  de  dos  testigos  de 
vista  resultan  siempre  contradictorias  :  ¿  cómo  creer  en  la  exactitud  de  esas  referencias 
a  posteriori  y  de  oídas  P 


76 


ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


.  primer  mandatario  español,  una  lección  de  prudencia  que  no  echó 
en  olvido  ;  sintió  que  desde  ese  momento  entraba  á  pisar  un  terreno 
quebradizo  y  volcánico,  y,  en  la  mañana  del  1 1 ,  se  apresuró  á  seguir, 
viaje  ala  Colonia,  escoltado  por  el  capitán  Igarzábal.  Allí  encontró 
al  alférez  Luis  Liniers  con  la  zumaca  Belén  que  el  virrey,  avisado 
por  correo  extraordinario,  mandaba  al  emisario,  y  con  la  que,  siem- 
pre acompañado  de  su  guía  y  vigilante,  desembarcó  el  i3  antes  de 
mediodía  en  Buenos  Aires  (i).  Entre  tanto,  el  bergantín  Consolaleur 
pasaba  por  lances  terribles  que  presagiaban  los  de  su  tripulación. 
Perseguido,  en  el  trayecto  á  Montevideo,  por  dos  fragatas  inglesas, 
había  puesto  resueltamente  la  proa  á  Maldonado  para  embicar  en 
la  costa  y  salvar  el  cargamento  ya  que  no  la  embarcación.  Asi  con- 
cluyó la  pobre  mosca,  en  la  telaraña  británica,  su  accidentada  carre- 
ra. Recogióse,  en  efecto,  parte  de  la  carga  y  del  armamento^  no 
habiéndose  interesado  los  ingleses,  según  el  informe  ingenuo  de 
Dauriac,  sino  por  las  bebidas  de  la  bodega.  Con  ímprobo  trabajo, 
los  tripukntes  lograron  transportar  á  Montevideo  fusiles  y  mer- 
caderías, donde  las  autoridades  españolas  agradecieron  hidalga- 
mente el  regalo  —  encarcelando  á  sus  dueños. 

La  mañana  de  invierno  en  que,  desde  la  carretilla  que  le  llevara  al 
primitivo  desembarcadero  de  Buenos  Aires,  el  malhadado  emisario 
reconocía  á  la  distancia  el  murallón  y  su  Alameda  de  sauces  y  om- 
bués,  señalaba,  sin  que  el  viajero  pudiera  sospecharlo,  la  hora  aguda 
de  una  quincena  de  agitaciones.  A  semejanza  de  los  flegmáticos  bur- 
guesesde  la  novela  francesa,  estos  coloniales  vivían  de  días  atrás 
sumergidos  en  otra  atmósfera  de  desconocida  actividad  febril,  que 
mantenía  excitados  sus  nervios  y  encendida  su  sangre,  desfigurando 


(i)  Dice  ol  señor  Mitre  (Historia  de  Belgrano,  L  vi,  y  Comprobaciones,  338;  qae  el 
enviado  se  embarcó  en  la  Colonia  «el  día  11  y  llegó  ¿  la  rada  de  Buenos  Aires  el 
i3)),  en  la  zumaca  de  Luis  Liniers  «que  expresamente  había  salido  del  apostadero  de 
Montevideo».  So  ha  confundido  la  partida  de  Montevideo  (escamoteando  el  viaje  por  tierra) 
con  la  de  la  Colonia,  cuya  distancia  á  Buenos  Aires  es  cuestión  de  horas,  no  de  días.  Tam- 
poco pudo  la  Belén  salir  de  Montevideo  (ni  había  tiempo  para  ello),  sino  de  Baeaos 
Aires,  para  ir  á  recibir  á  Sassenay.  (Expediente  de  la  Junta,  declaración  do  Sassenay). 


SANTIAGO  LINIERS  77 

SU  sencilla  y  tradicional  psicología.  ¡  Eranpasadoslos  tiempos  felices 
en  que  el  vecindario  se  alimentaba  con  la  modesta  provisión  de  ideas 
y  sentimientos  transmitidos  por  los  abuelos,  y  casi  tan  inamovible 
como  la  capa  hereditaria  !  Al  compás  que  las  cosas  de  España  lleva- 
ban y  era  fuerza  seguir,  —  para  algo  se  vive  en  sociedad,  —  nadie 
sabía  al  amanecer  con  qué  opiniones  se  acostaría  á  la  noche  ;    no 
tratándose,  por  supuesto,    de  que  cada  cual  se  las  compusiera  á 
solas  y  por  medida.   Vivíase  en  continuo  sobresalto,   no  habiendo 
arribada  de  bergantín,  de   Cádiz  ó  Vigo,   sin  su  correspondiente 
vuelta  de  casaca.   Don  Carlos,  don  Fernando,  Godoy,  Napoleón  ; 
los  ingleses,  los  portugueses  ;   los  amigos  de  ayer,   hoy  enemigos, 
ó  viceversa  :    ¡  Viva  Francia  !  ¡  Mueran  los  gabachos  !  . .  De  veras 
que  faltaba  tiempo  para  saber  de  corrida  á  quién  se  debía  adorar  ó 
aborrecer.    Y  todo  ello,  de  oídas  y  por  cuenta  ajena.  Allá,  siquiera, 
el  choque  directo  de  la  realidad  engendraba  su  instantáneo  reac- 
tivo :  las  pasiones  de  una  hora  creaban  las  convicciones  de  un  día. 
Aquí,  por  el  contrario,  los  sentimientos  tenían  que  elaborarse  con 
razones  y,  como  quien  dice,  á  pulso:  no  se  pasaba  de  faroles  y  co- 
hetes, de  bandas  y  bandos.  Por  eso,  la  imprenta  de  Niños  Expósitos 
sudaba  más  papel  impreso  que  en  los  tiempos  del  Semanario  ¡  que 
alcanzó   á  tirar  trescientos  ejemplares  I   En  aquel  período,  sobre 
todo,  contadas  eran  las  tardes  en  que  no  saliera  á  luz  una  proclama 
del  virrey  ó  del  Cabildo  á  los  «  invictos  é  incomparables  habitantes 
de  Uuenos  Aires  »  ;  por  lo  menos,  tal  ó  cual  reimpresión  de  las  ga- 
celas de  Cádiz,  ó,'á  falta  de  pan,  la  vigésima  torta  pastoral  del  in- 
coercible arzobispo  déla  Plata,  don  Benito  María  deMoxó  y  de  Fran- 
coli.  Y  sin  embargo,  tanta  es  la  virtud  sugeridora  del  verbo  huma- 
no y  tanto  el  poder  de  ilusión  de  las  almas  nuevas,  que  bastaba  ese 
redundante  palabreo,  nacido  al  mágico  atractivo  de  la  novedad, 
para  mantener  con  espumosa  efervescencia  esta  sangre  meridional, 
sin  que  fueran  parte  á  enfriarla  los  repetidos  «sablazos»,   mu- 
cho más  certeros  que  los  portugueses,  con  que  la  metrópoli  ponía 
á  prueba  el  patriotismo,  en  «  frutos  ó  en  dinero  »,  de  las  colonias. 


78  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Fuera  ó  no  debido  á  la  combinación  délos  citados  ingredientes, es  la 
verdad  que  todo  Buenos  Aires,  del  Hueco  de  Cabecitasá  la  Residen- 
cia, se  agitaba  en  aquel  invierno  de  1808,  al  sóndelos  sucesos 
contradictorios  que  en  Aranjuez  y  Bayona  se  precipitaban.  Los 
hombres  en  los  umbrales  de  sus  oficinas  y  tiendas,  las  mujeres  en 
la  Alameda  y  atrios  de  las  iglesias,  los  niños  en  las  escuelas  y  plazo- 
letas, se  exaltaban  á  porfía  por  las  noticias  europeas  ;  realidades 
lejanas  que  la  perspectiva  deformaba  en  quimeras,  mentiras  actua- 
les que  fueron  verdades  tres  meses  atrás.  Tal  era  la  ((constitución» 
psicológica  de  la  ciudad  á  la  llegada  de  Sassenay  :  mudable,  irrita- 
ble, inflamable,  tan  súbita  para  el  odio  como  para  el  amor,  y  acaso 
más  peligrosa  en  sus  entusiasmos  que  en  sus  iras  irrazonadas.  Sí 
durante  el  viaje,  como  es  probable,  el  hijo  de  Liniei*s  adelantó  al 
emisario  algunos  vagos  informes  —  delante  del  testigo  Igarzábal. 
que  no  sabía  francés,  —  pudo  decirle  con  toda  exactitud  que  Bue- 
nos Aires  entera,  pueblo  y  gobierno,  españoles  y  americanos,  ardía 
en  sentimientos  de  admiración  y  afecto  por  Francia  y  el  emperador. 
No  se  equivocaba  sino  en  la  hora  :  desde  la  víspera  hasta  el  momen- 
to en  que  la  Belén  cruzaba  el  Río  de  la  Plata,  el  viento  político  ha- 
bía calmado  repentinamente,  anuncio  casi  infalible  de  un  próximo 
cambio...  Aquí  principia  un  episodio  verdaderamente  dramático 
que,  á  mi  ver,  no  ha  sido  hasta  ahora  interpretado  con  acierto  y  pre- 
cisión, antes  por  falta  de  método  que  de  elementos  positivos  para 
estudiarlo.  En  suma,  más  que  complejo  en  sí  mismo,  el  problema 
parece  complicado  por  lo  rápido  é  imprevisto  de  sus  peripecias  : 
bajo  el  instrumento  crítico,  la  solución  se  hace  evidente.  Otros  más 
abstrusos  se  plantearán  en  seguida,  como  el  de  la  Revolución,  pero 
igualmente  solubles,  siquiera  necesiten  mayor  examen  y  esfuerzo. 
El  análisis  de  una  gota  de  sangre,  por  ser  menos  elemental  que  el  de 
una  gota  de  agua,  no  presenta  resultados  menos  certeros  (i). 

(i)  La  versión  del  señor  Mitre  no  adolece  de  graves  errores  materiales:  pero  la  del 
doctor  López  (II.  xxxv)  forma  una  maraña  de  inexactitudes  é  invenciones  que  desfiguran 
completamente  el  episodio.  Preferiríamos    limitarnos  á  exponer  nuestro  concepto  de  lo* 


SANTIAGO  LINIERS  79 

El  sábado  3o  de  julio  de  1 808,  la  misma  víspera  del  día  en  que  de- 
bía publicarse  el  bando  relativo  á  la  jura  de  Fernando  Vil,  fijada  para 
el  12  de  agosto,  el  virrey  Liniers  tuvo  el  primer  anuncio  del  nuevo 
vuelco  dinástico.  Un  vecino  (Lezica)le  remitió  un  impreso  de  Cádiz 
que  contenía,  entre  otros  documentos  de  menor  importancia, la  pro- 
testa de  Carlos  IV  contra  su  anterior  abdicación  u  por  haber  sido 
forzada»,  y  su  reasunción  de  la  corona,  dejando  la  suerte  de  la 
real  familia  y  de  España  al  arbitrio  de  la  magnanimidad  y  genio 
del  grande  Hombre;    las  renuncias  de  Fernando  y  los  infantes ;  la 
designación  por  el  rey  Garlos  del  gran  duque  de  Berg  (Murat)  co- 
mo Lugar-Teniente  del  reino;  la  circular  de  la  Junta  Suprema  aca« 
tando dicho  nombramiento  y  mandando  «al  Consejo   de  Indias  y 
demás  consejos,  chancillerías,  audiencias,   virreyes,  gobernadores 
de  provincias  y  plazas,  etc. ,  le  presten  obediencia,  ejecuten  y  hagan 
ejecutar  sus  órdenes    y  providencias  »;  por  fin,  la  carta  en   que 
Napoleón,  aprobando  lo  hecho,  tomaba  á  España  bajo  su  soberana 
protección  para  regenerarla,  sin  aspirar  á  la  corona; y,  por  lo  pron- 
to, declaraba  al  príncipe  de  la  Paz  desterrado  del  reino  (i). 


ituceflos,  fundados  en  U  correcta  intorpretacióa  délos  documentoa,  si  el  respeto  de  la  verdad 
histórica  no  nos  impusiera  el  deber  de  señalar  á  los  estudiosos  algunos  de  los  errores  en 
({ue  el  nervioso  improvisador  ha  incurrido. 

(i)  Los  impresos  de  Cádiz,  de  dicha  fecha,  no  podian    reproducir  sino    las  materias 
contenidas  en  la  Gaceta  de  Madrid  del  i3  y  17  de  mayo.  Esto  se  confirma  por  el  auto  de 
la  Audiencia  de  i5  de  octubre  de  1808.    que  constituye  sin  duda  alguna  la   eiposición 
más  verídica  y  autoriaada  de  los  hechos.  El  historiador  López  (II,  378)  tacha  de  incom- 
pletos los  documentos  llegados  á  manos  de  Liniers  porque,  según  ¿1,  «no  contenían  la 
protesta  de  Carlos  IV  y  su  reasunción  del  carácter  de  único  rey  legítimo,  ni  la  apelación 
dd  rey  á  la  autoridad  y  protección  de  Bonaparte  como  aliado...  »  Casi  podría  decirse  que 
los  impresos  no  contenían  otra  cosa.  En  cambio  nos  afirma  que  dichos  impresos  (t  conte- 
nían la  proclamación  de  José  Bonaparte  y  el  levantamiento  de  España  bajo  la  dirección  de 
la /unta  Suprema  de  España  y  de  las  Indica  constituida  en  Sevilla   ».  La  proclamación  de 
Joc¿  es  del  7  de  Junio,  y  el  mismo  Sasscnay  sólo  pudo  traer  el  anuncio  de   su  probable 
realización.  Pero    ¿cómo  esperar  que  el  doctor  López  desenvuelva  este  lío,  cuando  en  el 
mismo  tomo  donde  transcribe  el  embarco  de  Sasscnay  (el  3o  de  mayo),  nos  afirma  gra- 
vemente (11,  369),  que   <(  llegó   con    cartas    de  la  Junta  de    Madrid  fechadas  el  íft  de 
jxuüoñ?  En  cuanto  á  la  de  Sevilla  (que  él  no  pudo  conocer)  no  era  entonces  sino  una 
de  tantas  Sapremas  como  en  cada  provincia  se  organizaron ;    no  tuvo  acción    fuera    de 


8o  ANALES   DE  LA  BIBLIOTECA 

En  la  prolija  y  meditada  Vista  de  la  Audiencia,  sobre  estos  su- 
cesos, se  pinta  al  vivo  «  la  perplejidad  en  que  puso  á  S.  E.   el  con- 
tenido de  este  impreso,  de  cuya  certeza  se  dudó  entonces^  hasta  que 
otras  cartas  (de  Vandeul)  lo  confirmaron.»  En  la  misma  noche  del 
sábado,  el  virrey  convocó  en  el  Fuerte  á  los  miembros  del  alto  Tribu- 
nal y  Cabildo  para  oir  su  dictamen  en  tan  grave  emergencia.  Sobre 
la  extraordinaria  situación  política  de  estas  provincias  y  la  actitud 
de  sus  autoridades,  gravitaban  tres  órdenes  de  hechos :  i°los  ya  co- 
nocidos, y  resumidos  en  la  orden  superior  de  proclamar  á  Fernando 
como  sucesor  de  su  padre;  2*"  los  que  fluían  de  las  noticias  recientes, 
las  cuales,  si  bien  no  parecía  discutible  su  autenticidad,  no  habían 
sido  oficialmente  confirmadas  ;  3**  los  que  hubiesen  ocurrido  pos- 
teriormente y  podían  haber  modificado  la  situación.   De  estos  tres 
grupos  de  factores,  eran  los  primeros,  evidentemente,  los  que  más 
debían  pesar  en  las  resoluciones  del  gobierno :  no  sólo  por  ser  los 
únicos  constantes,  sino  por  entrañar  el  menor  trastorno  público,  á 
raíz  de  las  disposiciones  tomadas  para  la  jura.  A  confirmarse  el  res- 
tablecimiento y  segunda  abdicación  de  Garlos  IV,  se  anularía  lo 
hecho,  siguiendo  las  colonias  una  evolución  paralela  á  las  de  la 
metrópoli  y  de  la  misma  dinastía.  Esta  política  expectante  era  sin 
duda  la  más  sabia,  y  la  que  dejaba  más  fácil  acceso  á  los  aconteci- 
mientos inminentes.  En  cuanto  ala  actitud  de  Napoleón,  hasta  en- 
tonces no  inspiraba  recelo  ni  antipatía  :  sus  promesas  presentes 
confirmábanlas  pasadas.  Arbitro  soberano  y  de  todos  aceptado,  su 
primer  acto  había  sido  la  confirmación  del  destierro  de  Godoy,  y  el 


Andalucía,  y  bu  pretensión,  nunca  aceptada  por  las  otras  juntas,  de  asumir  facultades 
representativas,  sólo  fomentó  el  desorden  y  la  anarquía.  La  verdadera  Junta  Central, 
formada  por  diputados  de  cada  provincia,  se  instaló  en  Aranjucz  el  sS  de  septiembre, 
pasando  el  17  de  diciembre  á  Sevilla,  de  donde  tomó  su  titulo  habitual.  En  los  meses  de 
mayo  y  junio,  la  única  Junta  de  Gobierno  era  la  de  Madrid,  que  predicaba  la  sumisión  al 
gobierno  de  Murat  y  designaba  á  José  para  rey  de  España.  Además  de  su  imposibilidad 
material,  las  hipótesis  gratuitas  del  señor  López  tornan  absurda  é  inexplicable  la  acti- 
tud indecisa  de  las  autoridades  coloniales.  La  rigurosa  exactitud  de  las  fechas  y  dalos 
forma  aquí  la  única  realidad  histórica. 


SANTIAGO  LINIERS  8i 

segundo,  la  declaración  de  no  aspirar  al  trono,  librando  á  la  Junta 
de   Madrid  la  designación  del  príncipe.  ¿  No  era  lógico  discernir  en 
estos  indicios  correlativos  el  posible  advenimiento  de  Fernando  ? 
Aquella  misma  Junta  Suprema  del  reino  era  la  que,  según  todos 
los  órganos  ofíciales,  protestaba,  ante  la  nación  y  el  mundo,  con- 
tra los  fautores  de  desórdenes  y  asalariados  de  Inglaterra  que  intenta- 
ban perturbarlas  relaciones  de  España  y  su  poderoso  aliado,  desfi- 
gurando los  actos  y  propósitos  de  Napoleón,  y  dando   color  de  le- 
vantamiento nacional  á  uno  que  otro  acto  de  motín  miserablemente 
abortado  y  condenado  por  la  opinión...  (i).  Así  razonaban  en  aquel 
momento  las  autoridades  coloniales,  en  consonancia  con  su  infor- 
mación imperfecta  de  la  actualidad.  En  consecuencia,   a  resolvióse 
de  común  consentimiento  no  hacer  novedad  en  la  publicación  del 
bando  fijado  para  el  día  siguiente»,  aunque  sí  postergar  la  fecha 
(i  2  de  agosto)  de  la  jura  de  Fernando  VII,  pretextando  la  demora  de 
las  medallas  que  se  acuñaban  en  Chile,  hasta  recibir  nuevos  infor- 
mes de  España. 

Tal  resultado  tuvo  la  solemne  deliberación ;  y  está  demás  agregar 
que,  por  entonces,  el  sentimiento  público  no  podía  ser  más  que  un 
reflejo  fiel  del  parecer  gubernativo.  No  asomaron  en  el  debate,  según 
resulta  de  documentos  posteriores  que  lo. resumen  fielmente,  las 
cavilaciones  histórico-jurídicas  en  que  algunos  escritores  argentinos 
se  han  complacido ;  ni  era  posible  que  se  produjeran  en  tal  mo- 
mento y  lugar.  La  validez  y  legitimidad  de  las  abdicaciones  ó  adve- 
nimientos reales  no  era  cuestión  que  pudiese  plantearse,  ni  mucho 
menos  resolverse^  en  las  colonias,  cuyo  vasallaje  á  la  corona  era 
absoluto  é  independiente  de  la  persona  del  príncipe.  Cuando  esto 
problema  se  formulara  aquí,  más  tarde,  no  sería  por  las  autoridades 
coloniales  sino  por  la  revolución ;  y  es  muy  sabido  que,  desde  el 
primer  momento,  la  «  máscara  de  Fernando  »  y  la  defensa  aparente 


(i)  Véase  la  Gaceta   de  Madrid  de  aquellos  días,  especialmente  la  extraordinaria  del 
28  de  mayo. 

ASAUU  nt  LA   «■LIOTBC*.    —  T.    II  G 


8a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

de  SUS  derechos  encubrían  propósitos  de  independencia.  No  hubo, 
pues,  desavenencias  ostensibles  ni  secretas  entre  el  virrey  y  el  con~ 
sejo,  como  tampoco  entre  europeos  y  americanos ;  y  no  puede 
ponerse  en  duda  que,  á  consolidarse  en  la  metrópoli  el  sistema 
napoleónico  bajo  cualquier  forma,  hubiera  sido  aceptado  por  las 
colonias  sin  ninguna  dificultad.  Pronto  cambiaron  las  cosas,  pero 
no  más  pronto  que  en  España.  Las  ideas  y  sentimientos  del  pue- 
blo de  Buenos  Aires,  á  fines  de  julio  y  principios  de  agosto» 
eran  exacta  y  necesariamente  las  ideas  y  sentimientos  del  pueblo 
de  Madrid  á  fines  de  abril  y  principios  de  mayo;  y  este  perfecto 
paralelismo  cotinuó  después  de  la  súbita  explosión  que,  natural- 
mente, no  fué  aquí  sino  un  eco  de  aquélla.  Se  ve  cómo  la  explica- 
ción del  presente  episodio  descansa  en  la  observancia  é  interpreta- 
ción correcta  de  las  fechas.  Es  el  hilo  conductor  en  el  laberinto  :  sin 
su  auxilio,  todo  se  vuelve  errores  y  extravíos. 

En  esta  expectativa  de  calma  aparente  y  secreta  inquietud,  trans- 
currieron los  primeros  días  de  agosto.  La  carta  de  Périchon,  que 
Liniers  recibiría  el  4  ó  el  5  y  mostró  seguramente  á  sus  consejeros, 
(pues  el  6  escribió  de  ella  á  Elío),  no  pudo  tener  más  efecto  que 
inclinar  los  ánimos  hacia  el  aliado  imperial  y  su  prometido  envío 
de  armas  al  Río  de  la  Plata.  En  este  bien  preparado  terreno  cayó 
el  1 1  la  noticia  (transmitida  por  correo  extraordinario)  de  la  llegada 
de  Sassenay  á  Montevideo.  La  población  entera  se  entusiasmó  con 
el  anuncio,  cuyasproporciones  se  exageraron  natural  mente  al  difun- 
dirse. Hasta  los  españoles  europeos,  refiere  un  testigo  (cuya  hostili- 
dad hacia  Liniers  es  bien  notoria),  «  se  dejaron  fácilmente  arras- 
trar de  esta  ilusión,  y  por  dos  noches  corrieron  las  calles  con  hachas 
encendidas,  músicas  y  gritos  de  ¡Viva  Napoleón!)}  (i).  'Con  todo, 
no  parece  dudoso  que  en  las  últimas  horas  del  día  12,  así  el  virrey 

(i)  Arengas  de  Mariano  Moreno  (Prefacio  del  editor,  CVIII).  Pocas  páginas  anU»  de 
trautcribir  las  do  Moreno,  el  señor  López  (HUloria,  II,  270),  pinta  como  sigue  el  efecto 
producido  por  la  noticia:  «La  llegada  de  un  agente  de  Napoleón  causó  profunda  agita- 
ción en  la  ciudad :  los  españoles  y  los  hijos  del  país  dieron  vuelo  i  sa  enojo  » / 


SANTIAGO  LINIERS  83 

como  el  Cabildo  y  la  Audiencia,  sin  duda  prevenidos  por  Elio,  lejos 
de  compartir  la  exaltación  popular  no  aguardaban  sin  ansiedad  y 
recelo  la  llegada  del  emisario.  Ésta  no  tuvo  en  modo  alguno  el 
carácter  triunfal  que  las  manifestaciones  recientes  presagiaban  :  fué 
silenciosa  y  clandestina,  habiéndose  probablemente  ocultado  al  ve- 
cindario la  hora  del  desembarco. 

Sin  otro  acompañamiento  que  el  hijo  de  Liniers  y  el  capitán 
Ifrarzábal,  Sassenay  recorrió  el  corto  trayecto  del  muelle  á  la  For- 
taleza, con  el  natural  regocijo  del  viajero  que,  al  término  de  larga  y 
penosa  travesía,  pone  la  planta  en  tierra  de  recuerdos.  En  lo  que 
de  Buenos  Aires  pudiera  ver  al  paso,  después  de  seis  ó  siete  años  de 
ausencia,  muy  pocos  cambios  había  de  notar.  En  la  plazoleta  del 
Mercado,  que  fuera  antiguamente  la  plaza  de  armas,  hormigueaban 
á  esta  hora  matinal  los  grupos  bulliciosos  y  pintorescos.  Desembar- 
cando  por  la  Alameda,  el  viajero  tenía  al  frente  la  recién  concluida 
Recova,  que  separaba  el  Mercado  de  la  Plaza  Mayor  :  alargaba  de 
norte  á  sud  sus  macizos  pilares  y  arcos  de  medio  punto,  con  su 
doble  galería  poblada  de  tiendas,  asomando  por  sobre  el  tosco  coro- 
namiento la  torre  lejana  del  Colegio.  Una  calle  empedrada  dividía 
la  plaza  desde  la  entrada  del  Fuerte  hasta  el  Cabildo,  cuyos  balco- 
nes se  divisaban  por  el  arco  central  de  la  Recova.  Delante  de  ésta, 
en  Cías  paralelas  á  la  tiendas,  se  alineaban  los  puestos  de  verduras 
y  frutas  invernales,  bananas,  batatas,  naranjas,  cuyas  pirámides 
rodaban  por  el  suelo;  un  poco  mas  allá,  los  montones  de  gallinas, 
perdices  y  mulitas,  hacían  manchas  obscuras.  Por  el  extremo  nor- 
oeste, frente  al  «  Hueco  de  las  Ánimas  o  (ya  designado  para  Coli- 
seo), un  piquete  de  policía  y  las  muías  del  Santísimo  cohabitaban 
en  unas  casuchas   seculares,  siempre  rodeadas  de  gendarmes  des- 
harrapados y  paisanos  de  poncho,  cerca  de  sus  caballos  atados  al 
palenque  (i).  Allí^  próximos  á  unas  tabernas   de   marineros,  se 

(i)  Era  lo  que  habla  quedado  del  antiguo  colegio  do  Jesuítas,  trasladado  en  el  siglo 
XVII  4  la  manzana  de  la  Unirersidad.  El  señor  Trelles  (Revista  de  Buenos  Aires,  VIH)  ha 
referido  la  historia  de  ese  «  pedazo  de  tierra»;  pero,  para  la  época  de  queaqui  tratamos» 


U  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

apiñaban  los  puestos  de  cigarreras  y  vendedoras  de  mazamorra^ 
maní,  patas  cocidas,  tamales  y  otras  «golosinas».  Ocupaban  el 
lado  opuesto  del  mercado»  desde  la  acera  de  los  «  altos  de  Escalada  » 
cedida  á  los  pulperos,  las  bandolas  de  ambulante  mercería :  espejos, 
peines,  pañuelos,  alfileres,  cuentas  de  colores  y  joyas  de  latón.  En 
el  trecho  contiguo,  los  carniceros  sanguinolentos,  junto  á  las  carre- 
tillas volcadas  en  su  trasera,  descuartizaban  la  res  en  un  cuero  fan- 
goso, salpicando  de  rojo  los  calados  calzoncillos ;  más  allá,  cayendo 
al  bajo  del  río,  cuyas  toscas  cubiertas  de  ropa  lavada  resplandecían 
al  sol,  los   pescadores  despechugados  revolvían  sus  banastas  de 
dorados  y  zábalos.  Y  por  todas  partes  hervían  como  moscas,  los 
negros  joviales  con  sus  tableros  de  dulces  y  alfajores,  las  jóvenes 
esclavas  cocineras,  «  altas  de  pechos  y  ademán  brioso  »,  con  su  tipa 
de  provisiones  sobre  las  motas,  estacionándose  en  los  tabancos  de 
su  parroquia  para  tomar  un  mate  ó  encender  en  una  brasa  su  ci- 
garrillo... 

Aunque  el  cuadro  no  era  nuevo  para  el  recién  llegado,  que  años 

antes  viniera  tantas  veces  á  la  \lameda  de  Yértiz,  lo  examinaba 

con  el  interés  que  siempre  despiertan  en  el  hombre  las  huellas  de 

su  pasado.  Entre  sus  inseparables  acólitos,  orillaba  ya  el  zanjón  del 

Fuerte,  en  cuyos  poyos  de  ladrillo,  algunos  mendigos  inventariaban 

sus  alforjas  llenadas  en  el  mercado;  á  su  derecha,  la  cúpula  de  la 

Catedral,  la  esquina  de  Azcuénaga  y  otros  fragmentos  entrevistos 

de  los  barrios  familiares,  evocaban  en  su  memoria  escenas  que  creía 

para  siempre  olvidadas.  Pero  allá,  sobre  todo,  hacia  el  sud,  la  torre 

cuadrada  de  Santo  Domingo,  que  dominaba  las  azoteas,  hizo  volar 

de  su  alma  bandadas  de  recuerdos,  más  numerosas  que  las  palomas 

grises  del  campanario  :  la  casa  patriarcal  de  Sar ratea,  que  conociera 

se  limita  á  traducir  (no  muy  exactamente)  la  noticia  do  Vidal,  agregando  solamente  que 
éste  ora  conocido  con  el  nombre  de  Piquete  de  Snn  Martin^  «  no  saberocMpor  qué  motÍYo  n. 
Paréceme  que  la  explicación  más  sencilla  sea  la  más  probable  :  había  allí  un  piquete 
Cagaard-house,  dice  Vidal)  j  la  calle  (hoy  Reconquista-Defensa)  se  llamó  de  Scui  Martiu 
basta  1807,  eo  que  el  Cabildo  le  puso  el  nombre  de  Liniers  :  de  ahí  sin  duda,  lo  de  Pt-- 
^aetede  San   Martin. 


SANTIAGO  LIMERS  «5 

por  Liniers,  los  patios  llenos  de  niños  y  de  flores,  los  paseos  á  Ba- 
rracas» las  tertulias  cordiales.  —  toda  la  plácida  existencia  ameri- 
cana,  con    cuya  perspectiva  alegraba  de  antemano  su  destierro  y 
soledad.    Y  á  punto  de  pisar  el  puente  levadizo  de  la  entrada  al 
Fuerte,  se  volvió  hacia  el  joven,  ansioso  por  saber  de  tantos  seres 
amigos,   cuyos  nombres  y  rostros  se  venían  revelando  en  la  placa 
mental,  cuando  llamó  su  atención  un  alto  tablado  que  por  el  arco 
central  de  la  Recova  aparecía.  A  su  pregunta  en  francés,  Luis  Li- 
niers contestó  en  castellano  :   «  Es  para  la  jura  de  Fernando  VII  ». 
Bruscamente  parecióle  á  Sassenay  que,  por  primera  vez,  se  conden- 
saban en  sentido  concreto  varios  indicios  flotantes,  que  desde  su 
desembarco  le  chocaran  :  la  actitud  suspicaz  del  oficial  uruguayo, 
las  reticencias  del  alférez  y  su  marcada  frialdad  después  de  conver- 
sar con  un  edecán  del  virrey  que  le  aguardaba  en  el  muelle,  — todos 
los  detalles  del  extraño  recibimiento  que  semejaba,  más  que  la 
cordial  acogida  de  un  diplomático,  la  captura  y  entrega  de  un  de- 
lincuente.   Y  entonces,  pasó  por  su  frente,    como  frío  aleteo  de 
vespertilio,  el  presentimiento  de  ser  este  rincón  plebeyo  y  las  te- 
chumbres divisadas,  todo  lo  que  de  Buenos  Aires  volvería  á  con- 
templar. 


Cruzado  el  puente  levadizo,  donde  un  Patricio  de  facción  pro- 
sentó  las  armas,  salvaron  el  portón  del  Fuerte  y  penetraron  en  ol 
recinto.  El  inmenso  palio  poligonal  se  hallaba  obstruido  por  edifi- 
cios administrativos,  dejando  en  su  centro  una  estrecha  plazoleta. 
Por  el  lado  derecho,  el  «  palacio  »  extendía  de  este  á  oeste  su  vulgar 
fachada,  sin  más  adorno  que  sus  pesadas  pilastras  y,  en  el  piso  su- 
perior que  correspondía  á  las  habitaciones  del  virrey,  una  fila  de 
ventanas  con  balcón  saliente  y  moldurado  dintel ;  las  puertas  del  piso 
bajo  daban  á  la  Audiencia  y  la  Secretaría ;  frente  al  palacio,  por  la 


86  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

parte  sud,  se  encontraban  las  Cajas  reales.  Cuadraban  el  patio  por 
el  norte  los  almacenes  y  armería;  al  este,  sobre  el  río,  los  talleres; 
por  (in,en  el  lado  opuesto,  que  miraba  á  la  plaza,  se  sucedían  la  capi- 
lla y  el  cuerpo  deguardia.  Los  tres  hombres  doblaron  ala  derecha  y, 
subiendo  la  ancha  escalera,  se  encontraron  en  una  antesala,  desierta, 
á  pesar  de  ser  la  hora  en  que  solicitantes  y  pretendientes  solían  in- 
vadirla. El  ordenanza  que  defendía  la  entrada  se  inclinó  respetuoso 
ante  el  hijo  del  amo,  y  como  éste  se  dirigiese  ala  izquierda,  hacia  las 
habitaciones,  el  negro  farfulló  una  «  orden  de  Su  Excelencia  » ,  con 
una  mirada  al  hombre  de  la  maleta,  y,  abriendo  la  puerta  del  fondo. 
dejó  á  ((  sus  mercedes  »  en  una  sala  de  recibo.  Era  ésta  una  espa- 
ciosa pieza  sencillamente  amueblada  y  que  recibía  la  luz  de  dos 
ventanas  al  sud;  algunos  sofaes  de  caoba  con  respaldar  y  asiento  de 
damasco,  una  docena  de  sillas  de  igual  estilo  y  una  mesa  redonda 
componían  el  frío  ajuar  oGcial.  Éntrelos  descoloridos  tapices  que  cu- 
brían las  paredes,  se  ostentaban  grandes  retratos  al  óleo  de  los  virre- 
yes antecesores:  tiesos,  solemnes,  vagamente  grotescos  bajo  su  pro- 
fusión de  cruces  y  entorchados ;  todos  parecidos  en  lo  inexpresivo  de 
la  mirada  y  de  la  frente,  vacíos  de  cuanto  no  fuera  formalismo  y 
rutina,  y  presentando,  mitad  por  culpa  de  la  pintura,  mitad  por 
causa  del  modelo,  un  comento  abrumante  de  la  decadencia  espa- 
ñola. Apenas  sentados  sus  compañeros,  Luis  Liniers  se  ausentó, 
volviendo  luego  para  decirles  que  allí  esperasen  hasta  ser  llamados ; 
después  de  lo  cual,  «  desapareció  sin  que  se  supiese  más  de  él  »i  (i). 
Transcurridas  dos  horas,  los  hicieron  pasar  al  despacho  del  virrey 
«  donde  se  encontraba  Su  Excelencia  con  varios  miembros  del  Ca- 
bildo y  de  la  Audiencia,  y  después  de  dejar  á  Sassenay  en  manos  del 
virrey,  el  capitán  se  retiró  ».  Este  mismo  advierte  expresamente  en 
su  declaración  jurada  que  «  hasta  entonces  Su  Excelencia  no  había 
hablado  y  visto  al  francés  »  :  lo  que  no  obstará  para  que  algunos 

(í)  Erpedienie de  Montevideo^  declaraciones  de  Sassenay  á  Igarzábal.  Conf  Sassss&y, 
obra  citada,  apéndice.  Salvo  algunos  detalles,  ambas  declaraciones  ante  al  fiscal  ooncuer- 
dan  exactamente. 


SANTIAGO  LINIERS  87 

historiadores  argentinos  insinúen  que  Liniers  y  el  emisario  tuvieron 
conferencias  privadas  antes  de  la  pública.  Los  detalles  de  esta  ver- 
dadera comparecencia  de  un  reo  ante  sus  jueces,  han  sido  fíjados  con 
toda  precisión  en  el  dictamen  de  los  fiscales  de  la  Audiencia,  el  cual, 
por  otra  parte,  concuerda  con  las  declaraciones  insertas  en  la  suma- 
ria de  Montevideo : 

<r  S.  E.  no  quiso  recibirlo  por  sí  solo  é  hizo  llamar  al  Fuerte  tí  los  Alcaldes  or- 
dinarios, y  Fiscales  exponentes  (Villota  y  Caspc)  con  el  ministro  snbdecano  de  este 
Tribunal,  y  habiendo  concurrido  con  solo  la  diferencia  de  que  en  lugar  del  Alcal- 
de de  primer  voto  (i)  asistió  el    Regidor  Decano,   mandó  S.  E.  entrar  á  dicho 
emisario,  que  ¿  presencia  de  todos  abrió  la  maleta  donde  venían  los  pliegos,  y 
reconocidos  todos  eran,  etc.  (Los  ya  enumerados)...  A  la  primera  vista  de  estos 
pliegos,  se  mandó  salir  al  emisario,  y  reflexionando  sobre  lo  que  debía  hacerse 
en  un  caso  tan  extraordinario,  se  adoptó  desde  luegoel  parecer  de  que  convenía  te- 
ner á  dicho  emisario  incomunicado  y  hacerlo  reembarcar  inmediatamente  que 
hubiese  proporción...  Se  le  llamó  de  nuevo,  se  le  preguntó  si  había  entregado 
papeles  á  alguna  persona  ó  comunicado  el  estado  de  Europa ;  contestó  que  ningún 
papel  había  dado,  pero  sí  las  noticias  al  Gobernador* de  Montevideo;  y  después 
se  le  dijo  que  era  necesario  partiese  á  Europa  inmediatamente...  Manifestó  en- 
tonces el   apuro  v  escasez  en  que   se  hallaba  para  retornar   á  Europa,  pues  había 
perdido  el  equipaje  y  cuanto  tenía  en  el  bergantín,  á  que  contestó  S.  E.  que  la 
generosidad  española  nunca  se  bahía  negado  á  los  oficios  de  humanidad...  Que- 
daron los  papeles  encerrados  en  una  caja,  cuya  llave  se  entregó  por  su  S.  E.  al  Re- 
gidor decano,  á  pesar  de  las  instancias  que  se  hizo,    con   el   Alcalde   de  segundo 
voto  (Gires),  para  no  recibirla,  teniendo  una  justa  consideración  á  la  persona  del 
Excmo.   Sr.  Virrey,  y  á  la  confianza  que  de  ella  debía  hacerse.  Esta  es  la  rela- 
ción puntual  y  exacta  de  lo  acaecido  con  el  emisario   francés,  y  ella  sola  basta 
para  ilustrar  el  concepto  y  motivo  con  que  S.  E.  puso  la  orden  que  contiene  este 
documento  (á  Elio  para  que  embarque  á  Sasscnay  en  el  primer  bergantín  espa- 
ñol que  saliera  de  Montevideo),  y  que  ninguna  otra  cosa  hizo  que  conformarse 
con  el  parecer  y  dictamen  de  los  que  concurrieron  al  acto,  procediendo  con   tal 
cordura  y  precaución  como  si  previese  las  cavilosidades  y  conjeturas   malignas 
á  que  había  de  quedar  expuesta  su  conducta  (a).  » 

(i)  Aliaga,  pretextando  razones  de  salud,  se  habla  marchado  á  Montevideo :  allí 
urdió  con  Elío  y  la  futura  Junta  la  trama  separatista  ;  su  ausencia  duraría  pocos  dias, 
pues  asistió  á  la  Jura  y  firmó  el  Acuerdo  del  3 1  de  agosto.  —  Según  la  legislación  de 
Indias  (Lib.  V,  tit.  i¿k,  ley  XIII)  en  tales  casos  u  gozaba  precedencia  de  regidor  más 
antiguo  n  el  Alférez  real,  que  lo  era  entonces  don  Olaguer  Reynals. 

(3)  Visla  de  los  fiscales  de  Sa   Majestad  Villoia  y  Caspe,   sobre  la  Junta  de  Montevideo  : 


S8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Terminada  la  consulta  del  virrey,  y  dispuesto  para  esa  misma 
noche  el  viaje  de  Sassenay  á  la  Colonia,  en  la  propia  zumaca 
Belén  que  le  trajera,  el  gentilhombre  pudo  pensar  al  fin  en  cumplir 
como  quien  era  con  su  desgraciado  compatriota  y  amigo.  Además 
de  su  familia,  invitó  á  comer  en  el  Fuerte  á  varias  personas  de  im- 
portancia social  y  política  :  entre  éstas,  probablemente  ásus  íntimos 
contertulianos  Casamayor,  Echevarría,  Letamendi  —  y  también 
haría  quedar  prudentemente  algunos  actores  de  la  escena  anterior. 
No  conservamos  detalles  de  esta  reunión  interesante  y  conmovedo- 
ra :  muy  pocos  eran  entonces  los  que  tenían  ojos  para  ver,  y  pluma 
para  contar  lo  que  vieran.  Sólo  la  imaginación  podría  hoy  restituir 
el  movimiento  y  la  vida  á  los  pocos  datos  incoloros  de  Sassenay. 
No  cuesta  creer  que  el  rumboso  Liniers  hubiera  afinado  bastante  el 
lujo  algo  tosco  de  la  instalación  virreinal  :  es  probable  que  ciertos 
restos  del  moblaje  de  Cisneros  —  que  éste  no  trajo  de  España  y 
luego  cedió  á  su  vez  al  Presidente  de  la  Junta  y  otros  —  provinie- 
ran de  su  elegante  predecesor.  En  esta  ocasión,  el  fausto  desplegado 
en  honor  de  un  extranjero,  desvalido  y  náufrago,  era  un  rasgo  de  no- 
bleza ;  y  si  el  buen  gusto  nativo  le  mandaba  afectar  relativa  sencillez 
en  su  traje  de  cincuentón  enamorado,  —  delante  de  este  pobre  diablo 
demarqués  cuyo  guardarropa  cabía  en  su  maleta, — hubo  de  desqui- 
tarse con  lo  exquisito  de  la  mesa  y  lo  selecto  de  la  compañía.  Por 
doble  motivo  de  cortesía  y  prudencia,  habría  cuidado  de  colocar 
á  Sassenay  en  el  grupo  juvenil  que  hablaba  decorrida  el  francés :  Luis 
Liniers  y  su  cuasi  pariente  Manuel  Sarratea  (i)  educado  en  Euro- 
aprobada  por  la  Audiencia  en  i5  de  oclubre  de  1808,  se  publicó  en  folleto  por  la  Im- 
prentado N.  E.  Para  todo  este  incidente,  es  sin  duda  el  documento  mis  exacto  y 
fidedigno.  A  falta  de  autoridades  escritas,  el  doctor  López  (Historia^  II,  aSa)  dice  que 
apoya  sus  conjeturas  en  comunicaciones  orales  de  don  Vicente  Lopes  y  Planes  «  que 
las  había  tomado  en  fuentes  intimas  y  bien  informadas,  como  la  del  venerable  fiscal  don 
Manuel  Genaro  de  Villota  ».  Seria  faltar  á  la  venerabilidad  del  digno  sujeto  el  admitir 
un  solo  instante  que  sus  palabras  contradijesen  sus  escritos. 

(i)  Este  hijo  mayor  de  Liniers  había  nacido  del  primer  matrimonio  con  la  malagueña 
doiia  Juana  de  Menviel ;  no  era,  pues,  pariente  de  los  Sarratea,  pero  se  le  tenia  por  tal. 
liabiéndose  criado  con  sus  hermanos  en  casa  de  los  abuelos  de  éstos. 


SANTIAGO  LINIERS  89 

pa ;  María  del  Carmen,  la  hija  mayor  del  virrey  y  novia  de  Van- 
denl :  fresca  y  delicada  criatura  á  quien  le  bastaba  la  flor  de  sus  diez 
y  ocho  años  para  rivalizar  con  su  tía  Melchora  Sarratea,  la  reina  de 
la  moda  y  de  los  salones  coloniales.  Por  un  contraste  picante  y  sin 
duda  intencional,  solía  la  descendiente  de  tanto  caballero  de  San 
Luis  vestir  la  corta  basquina  española,  forro  de  raso  claro  muy 
ceñido  al  cuerpo  y  cuajado  de  encajes  obscuros  y  pasamanería  des- 
de la  rodilla ;  en  tanto  que  la  heredera  del  castellano  viejo  y  factor 
de  Filipinas  lucía  el  traje  Imperio  de  finísimo  percal  indiano,  bor- 
dados á  mano  el  vuelo  y  las  bocamangas,  y  apenas  velado  el  atrevi- 
do escote,  casi  lindante  con  el  talle  muy  alto,  por  un  bullón  de 
blondas  de  Malinas.  Llevaban  las  dos  muchachas  el  mismo  peinado 
semigriego  de  bucles  caídos  en  la  frente;  pero,  en  Melchora,  la  ancha 
venda  bordada  del  tocado  ya  se  encaminaba  al  famoso  turbante  de 
M"**  de  Stael — cual  si  previera  que,  más  tarde,  se  descubriría  cierto 
parecido  entre  aquel  huevo  franco-suizo  y  esta  castaña  criolla  (i). 

El  marqués  de  Sassenay,  que  al  principio  enseñara  la  triste  figu- 
ra de  un  pájaro  empapado  por  el  aguacero,  se  animaba  poco  á  poco 
al  calor  de  lacharla  mujeril  y  de  los  vinos  franceses :  ya  sacudía  el 
plumaje,  y,  de  bajo  del  andante  diplomático  batido  de  la  suerte,  aso- 
maba á  ratos  el  cortesano  de  Ycrsalles  y  antiguo  oficial  de  Conde. 
A  los  postres,  Liniers  alzó  su  copa  llena  por  el  noble  huésped ;  en  el 
mismo  instante  una  ráfaga  violenta  sacudió  las  ventanas  y  agitó  las 
llamas  de  los  candelabros ;  arreciaba  el  temporal  que  desde  la  tarde  se 
anunciara,  tornándose  más  fuerte  el  ronquido  de  la  marejada  que  rom- 
pía en  las  toscas.  La  hora  se  acercaba;  y,  pensando  en  el  contraste  de 
la  tibia  morada  con  la  helada  borrasca  exterior  que  esperaba  al  pasa- 
jero, elanfitriónagregó:  «Aunque  temo,  mi  querido  marqués,  que 
vais  á estar  un  poco  sacudido. . . »  Sassenay  tuvo  un  gesto  de  desdén, 
significando  que  otros  chubascos  tenía  recibidos :  uA  la  guerre  corn- 


al) RoEERTSOH,  LelUrs  on  Soalh  America,  lU,   no  :  «  Doña  Melchora  Sarratea  was  Ihe 
madame  de  Staíl  of  tíxe  place  ». 


90  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

me  á  la  guerrel^)  Y  después  de  apurar  su  copa,  se  levantó  en  actitud 
de  esperar  las  órdenes  del  virrey.  Pero  el  comandante  de  la  Belén, 
que  había  salido  minutos  antes,  volvió  á  decir  que  el  práctico  no  creía 
posible  embarcarse  con  semejante  tempestad.  El  virrey  se  dirig-ió  á 
la  ventana  del  fondo  quedaba  sobre  el  rio,  entreabrió  las  cortinas,  pres- 
tó el  oído,  sondeó  con  la  mirada  las  tinieblas,  y,  pesando  quizá  en  su 
determinación  más  que  la  pericia  del  marino  la  inquietud  del  padre. 
resolvió  que  se  esperase  al  día  siguiente.  Un  reloj  de  pared  dio   las 
nueve,  hora  casi  indebida  paraaquellos tiempos:  ((Marqués,  dijo  L¡- 
niers  :  os  hospedo  esta  noche;  Luis  os  indicará  vuestro  dormitorio.» 
Sassenay  se  despidió  con  ceremonia  de  los  comensales  que  tratara 
por  primera  vez,  con  mal  reprimida  emoción  de  los  amigos  que 
veía  por  la  última,  y  siguió  al  joven  hacia  el  interior.   A  poco  se 
marcharon  también  los  extraños,  á  quienes  dejaría  en  sus  casas  uno 
de  los  carruajes  del  virrey  (i);  luego  se  fueron  en  otro  los  Sarratea 
con  las  dos  niñas ;  y  Liniers  pasó  á  su  despacho,  precedido  por  un 
criado  que  encendió  las  luces  de  dos  candelabros  puestos  en  un  es- 
cptorio  de  caoba  que  ocupaba  el  centro  de  la  pieza.  Mandó  llamará 
su  edecán,  recibió  el  parte  de  la  noche  :  ((  sin  novedad  »,   y,  salido 
éste,  dijo  al  sirviente :  «  Podrán  retirarse  todos,  no  necesito  de  na- 
da». El  virrey  quedó  solo. 

En  el  silencio  nocturno,  sólo  turbado  por  el  rumor  de  la  tormenta 
y  el  ¡quien  vive!  de  las  centinelas,  estuvo  paseándose  largo  rato  de 
un  extremo  al  otro  de  la  amplia  habitación.  Luego  se  sentó  á  su 
escritorio,  escribió  algunos  renglones,  dobló  el  papel  sin  sellarlo  y 
lo  guardó  en  el  bolsillo  de  su  casaca.  Tomó  en  seguida  uno  de  los 


(i)  Entro  el  mueblaje  que  Liniers  cedió  á  su  sucesor  figuraban  dos  carruajes  con  su» 
correspondientes  guarniciones,  un  juego  de  sala  de  38  piezas  u  color  de  perla  con  filete 
do  oro  »,  mesas  do  jaspe,  etc. ,  y  varias  libreas  sin  estrenar  :  casi  todo  fué  vendido  par- 
ticularmente en  1 8 1 1  por  orden  de  Doña  Inés  de  Cisneros.  Las  «  guarniciones  de  tres 
tiros,  usadas  »  fueron  adjudicadas  por  ao6  pesos  al  Presidente  de  la  Junta.  (Revista  del 
Rio  de  la  Plata^  IV).  La  sencillez  republicana  que  vino  después  no  es  aplicable  al  tren 
gastado  por  los  virreyes,  quienes,  además  del  elevado  sueldo,  disfrutaban  otros  prove- 
chos legales,  como,  v.  gr.,  una  parte  sóbrelos  comisos. 


SANTIAGO  LIMERS  91 

candelabros,  después  de  apagar  el  otro,  y  salió  á  un  pasillo  conti- 
guo: en  frente  de  la  puerta  de  su  dormitorio,  otra  mal  ajustada  de- 
jaba íiltrar  un  rayo  de  luz.  El  virrey  golpeó  ligeramente  y  preguntó 
á  media  voz:  Dormez-vons,  marquis?  La  puerta  se  abrió,  apareció 
Sassenay.  teniendo  todavía  en  la  mano  el  lápiz  con  que  estaba   es- 
cribiendo en  una  cartera  abierta  sobre  un  velador.  Liniers  volvió  á 
cerrar  la  puerta,  colocó  en  lamesita  su  candelabro  y,   sacando  del 
bolsillo  la  carta  que  acababa  de  escribir,  la  mostró  á  su  huésped, 
diciendo :   «Ante  todo  no  os  preocupéis  de  pormenores  materia- 
les; esta  carta  es  para  D.  Manuel   Ortega,  de  Montevideo,  que  os 
facilitará  todo  lo  necesario  para  vuestro  viaje.  Pero,  á  todo  evento, 
quiero  que  mi  hijo  os  la  entregue  mañana,  en  la  Belén,  en  presencia 
de  todos»  (i).  Y  sin  atender  las  protestas  efusivas  del  otro,  el  virrey 
le  indicóla  silla  que  acaba  de  dejar,  y  se  sentó  en  frente  de  él,  de- 
lante de  la  mesa.  Enfin,  seuls! 

Es  muy  seductora,  por  cierto,  la  tentación  de  reproducir  por  con- 
jetura el  diálogo  de  los  dos  amigos  que,  después  de  larga  separación, 
volvían  á  encontrarse  en  tan  extrañas  circunstancias.  La  hora,  el 
lugar,  Y  hasta  la  tempestad  de  invierno  que  estremecía  la  vetusta 
Fortaleza,  acrecentaban  lo  intensamente  dramático  de  la  situación. .. 
Pero  el  historiador  no  tiene  el  derecho  de  invadir  el  campo  del  no- 
velista ;  y  si  se  tolera  que  pruebe  á  colorir  (como  acabo  de  hacerlo) 
las  lineas  secas  del  testimonio,  valiéndose  de  datos  analógicos, 
no  le  es  permitido  forjar  un  documentodel  todo  imaginario,  por  ve- 
rosímil y  probable  que  en  sus  términos  generales  aparezca.  Sólo  nos 
han  llegado  dos  ecos  bastante  vagos  de  aquel  la  escena.  En  sudeclara- 
ción  ante  el  fiscal  de  Montevideo.  Sassenay  manifiesta  que  «  no  ha- 
biendo podido  embarcarse  en  la  B^/^n  por  causa  del  mal  tiempo, 
pasó  en  el  Fuerte  aquella  noche  y  conversó  á  solas  con  Liniers  de 
la  reconquista  de  Buenos  Aires  n.  Se  muestra  naturalmente  más 

(i)  Este  acto  de  generoBÍdad  —  por  otra  parte  acordado  en  la  reunión  de  la  tarde  — 
fué  reprochado  á  Liniers  como  un  paso  sospechoso,  figurando  la  carta  A  Ortega  entre 
los  capítulos  de  acusación  formulados  por  la  Junta  de  Montevideo ! 


92  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

explícito  en  suinforme  al  ministro  Chanipagny,ciiyos  términos  me- 
recen atención^  aunque  no  hayamos  de  aceptarlos  al  pie  de  la  letra. 
Después  de  describir  la  conferencia  pública  de  la  tarde.  Sassenav  re- 
sume así  su  entrevista  nocturna  con  el  virrey : 

«  Antes  de  embarcarme  tuve  sin  embargo  la  ocasión  de  ver  en  privado  á  M.  de 
Liniers ;  se  disculpó  (creo  que  sinceramente)  por  el  modo  con  que  me  había  reci- 
bido, diciéndome  que  así  lo  exigía  su  posición,  pues  no  tenía  tropas  de  línea,  su 
autoridad  (poder)  dependía  de  la  opinión,  y  perdería  todo  su  prestigio  en  el  mo- 
mento de  apartarse  de  lo  que  parecía  ser  el  voto  general.  Me  convenció  de  este 
aserto  la  dependencia  en  que  le  vi  respecto  del  Cabildo...  Me  afirmó  que  deseaba 
ver  cambiar  un  gobierno  que  se  había  mostrado  poco  agradecido  con  él,  dejándole 
virrey  interino  en  vez  de  nombrarle  en  propiedad ;  pero  era  fuerza  obrar  con  pru- 
dencia y  esperar  que  las  circunstancias  le  permitiesen  pronunciarse;  por  de  pron- 
to, contemporizaría...  Por  su  parte,  su  interés  y  alta  estimación  por  el  Emperador 
le  atraían  más  hacia  la  nueva  dinastía  que  fijaría  su  suerte,  en  lugar  de  vivir  en 
esta  incertidumbre.  Estoy,  pues,  persuadido  de  que,  si  él  hubiese  tenido  los  rae- 
dios  de  obrar,  ó  quizá  mayor  audacia,  y  que  yo  hubiese  podido  volver  (inmediata- 
mente) á  Europa,  los  acontecimientos  habrían  tomado  otro  curso.  La  proclama  que 
dio  después  de  mi  llegada  (y  salida),  en  que  aconsejaba  al  pueblo  esperar  tran— 
quilo,  como  en  la  guerra  de  Sucesión,  el  desarrollo  de  los  sucesos,  prueba  de  un 
modo  irrevocable  sus  intenciones  de  servir  al  Emperador,  pero  se  lo  impidieron 
las  circunstancias. . .  (i)  » 

Para  reducir  á  sü  verdadero  alcance  estas  apreciaciones- del  en- 
viado Sassenay,  es  menester  tener  presente  que  las  dirigía,  después 
de  dos  años  de  sufrimientos  y  penurias,  en  su  calidad  de  subalterno 
cuya  misión  había  fracasado,  á  un  ministro  del  soberano  que  meaos 
admitía  los  fracasos.  Procuraba  evidentemente  paliar  el  mal  éxito 
de  su  misión,  exagerando  las  simpatías  imperialistas  de  Liniers  y 
atenuando  la  forma  indiscreta  y  poco  meditada  que  la  tentativa 
había  revestido.  Es  muy  posible,  por  otra  parte,  y  aun  probable 
(pues  estos  detalles  no  se  inventan)  que,  delante  de  Sassenay,  Liniers 
se  produjese  en  términos  parecidos  contra  el  gobierno  español» 
mitad  porque  eran  tales  sus  opiniones,  mitad  porque  las  manifes 

•  i)  Sasaenat,  op.  cí(.,  piezas  justificativas.  El  documento  original  se  encuentra  en  Ar- 
chives da  ministere  des  aff aires  étrangéres;  está  datado  en  Sevilla,  3 3  de  mayo  de  i8io. 


SANTIAGO  LINIERS  93 

taba    á  un  emisario  que  había  de   transmitirlas  á  sus  mandantes 
franceses.  Juzguemos  humanamente  á  los  seres  humanos.  Sin  po- 
ner en  duda  la  sinceridad  con  que,  un  año  antes,  manifestara  su  nin- 
gún apego  al  mando,  puede  que  ahora  fueran  muy  otros  sus  senti- 
mientos. La  máxima  de  que  « los  oficios  graves  adoban  el  entendi- 
miento »  no  es  del  todo  cierta,  ni  aun  para  Sancho  Panza,  siendo  el 
efecto  ordinario  del  mando  engreir  y  marear  al  encumbrado :  ya  te- 
nemos señalada  de  pasóla  propensión  del  buen  Liniers  á  virreinar. 
Además,  su  despecho  no  carecía  de  fundamento,  si  se  comparaba  lo 
que  él  y  Sobremonte  habían  hecho  para  alcanzar  premio  tan  desigual . 
Por  fin,  á  suponer  que  Sassenay  no  esforzara  la  actitud  de  su  hués- 
ped, —  cuya  conducta  generosa  echaba  un  poco  en  olvido,  —  hay 
que  tener  en  cuéntala  circunstancia  excepcional  déla  conversación. 
Se  dice  en  el  mismo  informe  que  pasaron  juntos  w  toda  la  noche  »:  de 
algo  más  que  de  los  tristes  Borbones  hubieron  de  hablar.  Parécenos 
escuchar  la  pregunta  ansiosa  de  Liniers,  y  el  grito  de  su  curiosidad 
ardiente:  «¿Le  habéis  visto?  ¿cómo  es,  cuál  es  su  voz,  su  figura, 
su  gesto  ?. . .  ))  La  fascinación  universal  que  Napoleón  ejercía  y  ejerce 
aún  en  las  almas,  arrancando  aclamaciones  involuntarias  á  sus 
mismos  enemigos,  no  podía  dejar  insensible  al  Reconquistador, 
francés,  al  cabo,  y  de  extirpe  militar.  También  vería  alzarse  desde 
su  modesta  penumbra  de  gloria  local,  la  imagen  resplandeciente  del 
único  teatro  en  que  valiera  ser  actor  (i).  No  se  trataba  para  Liniers 
—  y  bien  lo  mostraría  á  su  hora  —  de  entregar  Buenos  Aires  á  un 
enemigo  de  España,  sino  de  aceptar  la  perspectiva  de  tener  poi* 
«oberano  al  que,  según  las  últimas  noticias,  era  proclamado  y  acia 
mado  por  la  mayoría  de  la  nación.  Tal  pudo  y  debió  ser,  en  aquellas 
horas  inquietas,  el  estado  de  alma  de  quien,  desde  su  madurez  hasta 
su  muerte  en  tierra  extraña,  hubo  de  sufrir  el  doloroso  conflicto  en- 
tre deberes  inconciliables...  Y  si  es  admisible  que  en  lo  que  faltaba 


(i)  Recuérdese  al  viejo  Bernadotto,  mirando  sa  corona   de  rey  de  Suecia   y  murmu- 
x.indo  entristecido:  «/  V  pensar  que  he  sido  mariscal  de  Francia!  » 


94  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

(le  la  noche  el  atribulado  virrey  lograra  dormir,  puede  presumirse 
que  agitaran  su  sueño  visiones  heroicas  que  no  atormentaban  á  los 
dignos  miembros  del  Cabildo  y  la  Audiencia. 

Sassenay  se  embarcó  al  día  siguiente;  pero  el  mal  tiempo  le 
retuvo  dos  días  en  la  rada,  no  llegando  á  Montevideo  hasta  el  19. 
Apenas  desembarcado,  fué  arrestado  como  prisionero  de  guerra  y 
encerrado  en  la  Cindadela.  Al  cabo  de  diez  meses  logró  escaparse, 
—  al  parecer  con  la  complicidad  de  algunos  soldados,  según  el 
expediente  que  tengo  á  la  vista;    nuevamente   capturado,  quedó 
cinco  meses  con  grillos.  A  fines  de  1809,  fué  transportado  á  Cádiz 
y  arrojado  á  un  pontón,  del  cual  intentó  evadirse  en  mayo  de  1810. 
En  agosto,  por  fin,  logró  ser  incluido  en  un  cambio  de  prisioneros 
ingleses  y  ver  el  término  de  su  lamentable  odisea.  El  trance  de  un 
turón  sorprendido  en  el  campo  por  el  galope  furioso  de  un  escua- 
drón de  caballería  :  eso  era  la  existencia  del   hombre  en  aquellos 
tiempos  de  bronce  (i). 


VI 


Al  día  siguiente,  t5  de  agosto,  se  publicó  la  «  famosa  proclama» 
de  Liniers,  como  la  apellidan  nuestros  historiadores,  que  exageran 
sus  consecuencias  al  par  que  tergiversan  su  espíritu,  por  no  llevar 
esa  cuenta  exacta  de  las  fechas  á  que  antes  me  referí,  y  es  el  único 
cartabón  que  permite  en  cualquier  momento  medir  el  horizonte 
político,  divisable  desde  Buenos  Aires.  Aquel  documento,  acorda- 
do con  la  Audiencia  y  el  Cabildo  (y  que  éstos  dejaron  de  subscribir 
por  cobarde  contemplación  con  el  grupo  de  Álzaga),  era  todo  cuanto 
en  la  circunstancia  podía  y  debía  ser.  Resultaba  ambiguo  é  incier- 
to porque  reOejaba  fielmente  la  ambigüedad  é  incertidumbre  de  la 


(i)  Coa  todo,  el  ratón  escapó.  Sassenay,  aunque  maltrecho  y  envejecido,  volvió» 
como  Gandide,  a  á  cultivar  su  jardin  ».  Llegó  á  ser  diputado  en  i83o,  y  murió  á  lo» 
ochenta  afios  cumplidos. 


SANTIAGO  LINIERS  96 

situación.  Lo  que  procede,  pues,  para  formular  un  juicio  que  sea 
algo  más  que  un  prejuicio,  es  examinar  sus  principales  cláusulas. 
La  proclama  consta  de  cinco  párrafos.  En  el  primero  se  establece 
claramente  que,  hasta  la  llegada  de  Sassenay,   las  noticias  habían 
quedado  aquí  con  la  abdicación  de  Carlos  IV  en  favor  de  su  hijo 
Fernando  VII  (i4  de  mayo)  y  «  la  traslación  de  toda  la  familia  Real 
á  Francia»  (io-3o  de  abril);  posteriormente,  la  llegada  del  emisa- 
rio francés  había  planteado  otro  problema,  al  que  los  magistrados 
buscaron  solución  antes  de  atender  las  impacientes  »  vociferaciones 
de  los  ociosos  » .  El  segundo  parágrafo  comprendía  el  desembalaje  de 
la  maleta  :  el  Emperador  reconocería  la  integridad  de  la  monarquía 
y  sus  colonias,  respetaría  la  religión,  las  propiedades,  fueros  y  cos- 
tumbres de  la  nación ;   por  otra  parte^  no  estaba  todavía  decidida  la 
elección  del  príncipe,  habiéndose  convocado  cortes  en  Bayona  para 
el  1 5  de  junio.   Pero  en  el  tercer  párrafo  es  donde   se  reconcentra 
todo  el  bonapartismo  de  Liniers  y  sus  asesores :  el  Emperador  nos 
ofrece  auxilios,  creo  que  debemos  admitirlos  «  siempre  que  consis- 
tan en  armas  y  en   tropas  españolas  » ;  en  cuanto  á  la  actitud  de 
esta  colonia,  debe  ser  expectante,   es  decir  lo  que  fué  durante  la 
guerra  de  Sucesión,  «  esperándola  suerte  de  la  Metrópoli  para  obe- 
decer á  la  autoridad  legítima  que  ocupe  la  soberanía».  Ello  es 
todo.  Entre  tanto,  dice  el  cuarto  párrafo,  no   teniendo  el  gobierno 
u  órdenes  suficientemente  autorizadas  que  contradigan  las  reales 
cédulas  del  Consejo  de  Indias  para  la  proclamación  y  jura  de  Fer- 
nando VII,  anunciada  ya  por  bando  de  3i  dejulio»,  se  resuelve 
proceder  ásu  ejecución.  El  último  daba  cuenta  de  las  órdenes  im- 
partidas en  el  virreinato  para  dicha  jura,  terminando  con  la  caden- 
cia de  rigor  sobre  las  glorias  adquiridas  por  el  «  inexpugnable  ba- 
luarte de  la  América  meridional». 

Tal  era  el  documento  juicioso  y  esencialmente  anodino  que  nues- 
tros declamadores  handescripto  como  una  nube  preñada  de  rayos  y 
centellas.  Por  cierto  que,  al  disponer  la  jura  inmediata  de  Fernan- 
do,—  para  el  domingo  siguiente,  21, — después  de  conocerse,  no 


96  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

sólo  la  protesta  y  segunda  abdicación  de  Garlos  lY,  sino  la  formal 
renuncia  del  principe  de  Asturias  y  los  infantes,  incurría  en  g^rave 
inconsecuencia;  pero,  á  más  de  transparentarse  el  origen  de  la  cláu- 
sula y  sus  razones  locales,  debe  repetirse  que  el  ilogismo  fluía  lógi- 
camente de  la  caótica  situación.  Ateniéndose  á  la  protesta  posterior 
del  rey  padre,  éste  era  á  quien  debiera  jurarse  de  nuevo;  por  otra 
parte,  las  comunicaciones  de  la  junta  de  Madrid,  y  de  los  mismos  ex- 
ministros de  Fernando,  prescribían  el  reconocimiento  del  gobierno 
provisional  sometido  á  Napoleón.  Empero,  las  cédulas  expedidas  el 
lo  de  abril  por  el  Consejo  de  Indias,  único  representante  y  órgano 
legal  del  soberano  ante  las  colonias,  aunque  muy  anteriores  á  los 
otros  sucesos,  no  habían  sido  oficialmente  anuladas  ni  substitui- 
das (i).  . .  En  ese  laberinto  vagaban  á  tientas  las  desconcertadas  auto- 
ridades, chocándose  en  las  tinieblas  intereses  y  pasiones,  á  merced 
de  las  últimas  noticias  que  trajera  una  barca  de  Cádiz :  ¿  cómo  exi- 

(i)  Todas  ostas  páginas  do  la  Historia  del    señor  López  están  llenas  de    incongruen- 
cias :  u  Llegó  (Sassenay)  con   cartas  de  la  Junta  de  Madrid  fechadas  el  1U  de  junio  (^11, 
a6g).  —  ((  El  a3  do  agosto^  recientemente  jurado  Fernando  Vil  (en  Buenos  Aires,  sin 
duda,  pues  en  Montevideo  se  juró  el  1 2)  llegó á  Montevideo  D.  José  de  Goyeneche  »  ( agS). 
—  u  El  virrey  Liniers  recibió  el  2  de  agosto  las  órdenes  (para  la  jura)  de  la  Junta    de 
Sevilla,  con  fecha  de  3o  de  mayo  »  (a6g).  ¿  Cómo  fundar  en  tan  enormes  trocatintas    la 
historia  de  un  episodio,  en  que  son  diarias  las  peripecias  y  dependen  de  horas  las  relacio- 
nes de  los  sucesos  antecedentes    con  sus  consecuentes  ?  Respecto  de  Sassenay,  el  mismo 
señor  López  transcribe  y  comenta  (p.  6a a)  su  salida  de  Hayona  en  3o  de  mayo  ;  y  todo 
el  imbroglio  nace  precisamente  de  haberse  embarcado  antes  de  la  proclamación    de  José 
f  junio)  y  cuando  no  podía  tenerse  en  Bayona  noticia  alguna  sobre  la  formación  do  la  Junta 
de  Sevilla  (aS  de  mayo).  —  Goyeneche  desembarcó  en  Montevideo  el  ig,  horas  antes  que 
Sassenay  (retour  de  Buenos  Aires),  y  fué  su  primera  bravata  anunciar  que  venia  á  apre- 
surar la  jura —  que  se  hizo  aqui  el  ai.  —  Antes  del  3o  de  julio,  se  habla  dado  principio  á 
los  preparativos  para  la  jura,  cumpliendo  órdenes,  no  de  Sevilla,  sino  las  muy  anteriores 
de  la  cédula  expedida  por  el  Consejo  de  Indias,  com )  reiteradamente  lo  apunta  Linier» 
(proclama   y  carta   á   Carlota).    Dice  Torrente  (Historia^  I,  ao)  que    «el  i4  de   julio 
llegó  á  Montevideo  el   bergantín    Amigo  fiel,  y  el    a 5  de  julio  la  barca  Sonto   Cristo, 
conduciendo  este  último  buquo  la  cédula  del  10  de  abril  que  ordenaba  la  jura».  Con- 
firma el  dato  (aun  más  irrefragablemente  que  la  Gaceta  de  Madrid^  que  también  lo  trae) 
este  pasaje   del  Acuerdo  del  Cabildo  de   Buenos  Aires  (ag  de  julio);  «  dos  pliegos  que 
contenían...  las  R.  Cédulas  expedidas  con  fecha  diez  de  Abril  último».  El  primer  «rei- 
nado» de  Fernando  va  del  ao  de  marzo  al  g  de  abril,  en  que  salió  de  Madrid  para  Ba- 
yona. 


SANTIAGO  LINIERS  97 

» 

gir,  entonces,  que  los  hombres  se  mostrasen  más  lógicos  que  las 
cosas  ?  (i)  Por  lo  demás  es  absurdo  suponer — pues  todo  ello  no  pasa 
de  suposiciones  —  que  las  tendencias  bonapartistas  de  la  proclama 
irritasen  las  «  pasiones  patrióticas  »  del  mismo  pueblo  que,  la  vispera 
y  al  solo  anuncio  de  la  llegada  de  Sassenay,  estallara  en  raptos  de 
entusiasmo  —  excesivos  é  inconscientes  como  todos   los  arranques 
populares.  El  impreso  pasó  inadvertido  en  Buenos  Aires;  y  aun  en 
Montevideo  produjo  mucho  menos  efecto  que  la  circular  del  17  que 
lo  acompañaba  é  iba  dirigida  á  las  autoridades  subalternas  (2).  En 
realidad,  como  luego  se  mostrará,  ni  uno  ni  otro  documento  tuvo 
influencia  apreciable  en  la  separación  de  aquella  provincia:  el  con- 
flicto latente,  que  hemos  visto  próximo  á  estallar  después  de  la  Re- 
conquista, obedecía  á  causas  históricas  en  que  los  hombres  con  sus 
pasiones  no  eran  sino  pretextos  ocasionales. 

La  jura  solemne  de  Fernando  VII,  fijada  primero  para  el  12  de 
agosto,  «  aniversario  de  la  Reconquista  »,  y  luego  para  el  3o,  «  día 
de  Santa  Rosa»,  se  efectuó  en  Buenos  Aires  el  21.  sencillamente 
porque  esta  fecha  correspondía  al  primer  domingo  después  de  los 
incidentes  narrados,  y  urgía  terminar  el  enojoso  asunto.  En  un 
artículo  de  polémica  revolucionaría  —  excesivo  por  definición,  — 
Mariano  Moreno  ha  pintado  en  términos  inadmisibles  la  indiferen- 
cia con  que  este  pueblo  presenciara  la  ceremonia  (3);  y  no  ha  faltado 

(i)  La  única  actitud  prudente  fué  la  del  cabildo  do  Méjico,  al  prescribir  k.  su  virrey 
(i5  de  julio  de  1808)  que  siguiera  gobernando  «á  nombre  del  reino»  hasta  constituirse 
definitivamente  el  soberano  legal  «sin  entregar  el  gobierno  A  la  misma  España,  aunque 
nombrase  otro  virrey  S.  M.  Carlos  IV,  ó  el  principe  de  Asturias  bajo  la  denominación 
de  Fernando,  antes  de  salir  de  España  ó  después  desde  la  Francia,  ó  el  señor  Empera- 
dor ó  el  duque  de  Berg».  (La  Lealtad  española,  IV,   157.) 

(3)  La  proclama  no  figura  entre  los  i3  documentos  reunidos  en  Montevideo  como  ca- 
pítulos contra  Liniers.  Se  aludía  á  ella  en  el  n*  la,  que  era  la  circular,  y  los  fiscales  de 
Bueno»  Aires  decían,  rebatiendo  la  calumniosa  acusación:  «  menos  hemos  hallado  (motivo 
de  sospecha),  en  la  proclama  que  con  fecha  del  1 5  de  agosto  publicó  S.  E.  con  acuerdo  y 
parecer  de  los  dos  cuerpos  ». 

(3)  Moreno  (Eserilos^  ^ko)  sólo  se  refiere  al  atrio  de  Santo  Domingo,  donde  según  él, 
«  fué  necesario  que  los  bastones  provocasen  en  los  muchachos  la  algazara,  que  las  mismas 
monedas  no  excitaban  I  »  Quizá  serian  pocas. . .  Pero  aunque  el   hecho  fuera  cierto,  poco 

AHALSI  »■   LA    BlllUOTVC*.    —  T.    II  y 


98  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

quien  exagerase  la  especie,  inventando  no  sé  qué  fantástico  «  sen- 
timiento público ))  que,  desde  aquella  fecha,  se  mostraba  casi  tan 
hostil  á  España  como  á  Francia,  en  sus  aspiraciones  de  indepen- 
dencia. No  hubo  tal  madrugón,  y  los  supuestos  anhelos  separatistas 
de  aquel  momento  son  anacronismos.  A  primera  vista  y  sin 
poseer  datos  positivos,  el  caso  de  que  esta  población  meridional  aco- 
giera fríamente  un  programa  de  cohetes  y  faroles,  parece  tan  ex- 
traordinario como  el  de  una  masa  de  cal  que  tuviese  contacto  con 
el  agua  sin  entrar  en  ebullición  :  siempre  y  en  cualquier  parte,  el 
inmutable  pópulo  sólo  pide  panem  €t  circenses  para  alborotarse,  — 
y  aun,  á  falta  de  pan,  le  basta  el  espectáculo.  Asi  las  cosas  ¡  mila- 
gro fuera  que  naciese  la  excepción  en  un  grupo  de  sangre  española! 
Pero  nos  consta  por  testigos  oculares  que,  á  pesar  de  los  aplazamien- 
tos y  lo  difícil  de  las  circunstancias  económicas,  la  jura  de  Fer- 
nando YII  se  realizó  con  el  mismo  entusiasmo,  si  con  menos 
pompa  y  estrépito,  que  algunas  anteriores  —  singularmente  la  de 
Carlos  III,  en  que  el  célebre  Alférez  Matorras  echó  la  casa  por  la 
ventana  (i). 


probaria  contra  la  «algazara»  general.  Santo  Domingo  no  fué  sino  una  délas  «  estacio- 
nes )>  en  que  el  Alférez  dio  sus  tres  gritos;  el  teatro  del  bullicio  era  la  Plaza  Major. 

(i)  En  cambio,  la  jura  de  Carlos  IV  se  realizó  con  muy  juiciosos  ahorros.  El  virrej 
Arredondo,  en  su  Informe  al  sucesor  C/?evü(a  de  la  Biblioteca  [de  Trellos],  111,  Sia)» 
consigna  el  hecho  notable  de  haber  dedicado  los  lo.ooo  pesos  recolectados  en  el  comer- 
cio al  empedrado  de  las  calles  a  en  lugar  de  haberlo  gastado  en  funciones  y  regocijos». 
Acaso  este  plausible  antecedente  influyó  también,  fuera  de  las  otras  razones  apuntadas, 
para  que  la  proclamación  de  Fernando  se  contuviera  en  proporciones  modestas,  no  sa- 
crificándose al  vecindario  ya  muy  postrado  por  las  pasadas  y  presentes  contribuciones  pa- 
trióticas ;  lo  mismo  ocurrió  en  Chile. — Fuera  del  interesante,  aunque  descolorido  esbozo 
de  Udaeta  (Revista  de  Buenos  Aires^  XV,  i66)  y  de  algunos  datos  de  los  acuerdos  capi- 
tulares (reproducidos  en  Hosa,  Estadios  numismáticos)  j  no  creo  que  exista  descripción 
circunstanciada  de  la  jura  de  Fernando  VII  en  Buenos  Aires.  En  esta  última  obra,  ex- 
celente en  su  especialidad,  se  encuentran  reunidas,  además  de  las  anteriores  de  Buenos 
Aires,  todas  las  proclamaciones  celebradas  en  América.  Ello  permite  restaurar  por  inferen- 
cia la  fisonomía  general  de  la  que  cerró  la  serie.  Nada  más  legitimo  que  proceder  aquí 
por  analogía  :  basta,  para  demostrarlo,  comparar  la  descripción  de  la  jura  de  Salta,  no  ya 
con  las  de  Lima  ó  Méjico,  sino  con  la  de  Madrid  (Gacela  de  septiembre  6  de  i8o8).  To- 
das estas  ceremonias  observaban  el  mismo  ritual,  no  diferenciándose  más  quoon  detalles 


SANTIAGO  LINIERS  99 


Desde  el  sábado  á  la  noche,  víspera  de  la  jura,  los  alegres  bo- 
naerenses, abandonaron,  sin  distinción  de  americanos  ó  europeos, 
sus  casas  iluminadas  y  empavesadas,  para   recorrer  la  ciudad  llena 
de  cantos  y  músicas.  Los  edificios  públicos  resplandecían  con  ha- 
chas y  bombas  de  colores.  En  el  aristocrático  barrio  del  sud,  las 
calles  de  Unguera  y  Liniers  (i)  rivalizaban  en  lujo  decorativo.   En 
la  primera,  además  de  las  casas  señoriales  que  hasta  los  Betlemitas 
se  sucedían,  los  atrios  de  San  Francisco  y  Santo  Domingo  llamaban 
la  concurrencia  en   torno  de  sus  orquestas  colocadas  en  los  ta- 
blados de  la  proclamación  :   sobre  todo  junto  al  templo  de  las  jor- 
nadas memorables,  á  vista  de  la  acribillada  torre  y  las  azoteas  que 
fueron  cantones  de  Montañeses,  era  donde  se  glosaban  á  gritos  los 
episodios  de  la  Defensa.    Era   el  foco  de  atracción  de  la  segunda 
el  cuartel  de  Patricios^  delante  de  la  plazuela  de  la  Ranchería,  don- 
de la  banda  del  orgulloso  cuerpo  estremecía  con  acentos  marciales 
las  Temporalidades,  bajo  un  arco  triunfal  que  ostentaba  en  su  cen- 
tro un  escudo,  formado  por  dos  manos  enlazadas  entre  nutridas  co- 
lumnas de  versos  (2).  Pero  en  el  barrio  de  la  Catedral  al  norte,  el 


de  ejecnción  :  claro  está  qae,  v.  gr.,  los  cuadros  decorativos,  que  en  Madrid  fueron  pin- 
tados por  Goya,  lo  serían  aquí  por  algún  «  Goyo»  ;  pero  en  lo  substancial  ^si  tal  puede 
decirse)  se  parecían  como  una  misa  á  otra  misa. 

(x)  Así  acababan  de  bautizarse  las  que  se  llaman  hoy  de  la  Defensa  y  Perú.  La  nue> 
va  nomenclatura,  destinada  á  perpetuar  nombres  que  se  hicieron  más  ó  menos  famosos 
en  las  invasiones  inglesas,  sólo  duró  hasta  182a.  Estas  inscripciones  oficiales  (que  se  leían 
en  tabÜllas  fijadas  en  las  esquinas)  nunca  fueron  populares.  Era  uso  muy  frecuente, 
como  dije  más  arriba,  designar  la  calle  ó  parte  de  ella,  por  un  edificio  notable  :  asi  la 
cuadra  Belgrano-Moreno,  de  la  calle  Perú,  se  llamaba  acalle  del  Pinoy)j  la  siguiente  calle 
del  Correo  y  etc. 

(a)  Udacta,  loe.  cil.  No  deja  de  ser  interesante  este  primer  esbozo  colonial  del  escu- 
do argentino.  Por  lo  demás,  las  dos  manos  unidas  son  de  uso  muy  frecuente  en  he- 
ráldica :  Enrique  V  de  Inglaterra,  para  afirmar  sus  pretensiones  al  reino  de  Francia,  lle- 
vaba en  sus  armas  dos  manos  de  justicia  enlazadas  ;  en  la  lengua  del  blasón  este  «mueble» 
se  llama  fe.  En  cuanto  al  gorro  frigio  sobre  una  pica,  sabido  es  que  procede  de  la  Revo- 
lución francesa  ;  pero  mucho  antes  lo  habían  adoptado  los  Países  Bajos  y  también  los  Es- 
tados Unidos. 


loo  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Real  Consulado  tanto  se  había  excedido  en  esplendor  y  magnificen- 
cia, que  se  encargó  un  artista  inspirado  de  transmitirlos  á  la  posteri- 
dad ( I ).  En  el  parapeto  superior  flameaba  la  inscripción  ¡  Viva  Espa- 
5ía!  simétricamente  repetida ;  sobre  el  balcón  central,  dominando  las 
armas  de  Castilla,  un  gran  dosel  de  damasco  cobijaba  la  eGgie  real; 
en  la  doble  hilera  de  balcones  laterales,  altos  y  bajos,  se  distribuían 
lemas  análogos,  cubriendo  las  ocho  ventanas  del  frente  otros  tantos 
bastidores  con  sendas  cuartetas,  en  que  se  celebraban  las  virtudes  del 
adorado  Fernando  y  la  dicha  inefable  de  América  bajo  tan  sublime 
monarca  (2);  los  dobles  cordones  de  lámparas  innumerables  reco- 
rrían las  cornisas,  subían  al  frontón  triangular,  exageraban  los 
relieves  de  las  pilastras,  festoneaban  las  jambas  y  dinteles  de  las 
ventanas,  convirtiendo  la  venerable  fachada  colonial  en  una  calada 
pantalla  puesta  delante  de  una  hoguera.  En  la  acera  del  frente, 
montaba  la  guardia  al  rey  fantasma  una  compañía  de  Vizcaínos,   al 


(1)  Un  dibujo  bastante  caidado  de  la  fachada,  el  día  de  la  jura,  ha  sido  reproducido 
en  la  citada  obra  de  Rosa ;  está  firmado  E.  Ceratti.  El  vasto  edificio  del  Consulado  ocu- 
paba el  sitio  del  actual  Banco  do  la  Provincia,  y  por  sus  pro{>orciones  arquitectónicas,  era 
tan  notable  á  principios  del  siglo  xix,  como  lo  fué  el  segundo  allá  por  los  añoa  70 
y  tantos,  antes  de  multiplicarse  las  construcciones  monumentales.  Quiero  abundar  en 
detallen  precisos  para  obligar  la  gratitud  de  los  investigadores  futuros,  ahorrándoles  el 
trabajo  que  cuestan  estas  rebuscas.  Hasta  1833,  ocupaba  el  piso  alto  del  edificio  el  «  Con- 
sulado »  propiamente  dicho  ó  Tribunal  de  Comercio;  en  el  piso  bajo  funcionaba  la  Cá- 
mara de  representantes ;  había,  además,  una  escuela  de  dibujo  que  se  incorporó  luego  á 
la  Universidad.  El  i*  de  mayo  de  183 a  se  inauguró  la  nueva  Sala  de  representantes, 
construida  por  el  ingeniero  francés  Prospor  CattoUn,  en  la  calle  del  Perú,  contigua  á  la 
antigua  Biblioteca,  a  fijando  sus  cimientos  precisamente  sobre  el  mismo  lugar  en  que  se 
fabricaron  los  calabozos  de  Oruro  en  1780».  Resultando  así  disponible  el  antiguo  lo- 
cal, el  gobierno  dispuso  que  allí  se  instalase  el  novísimo  Banco  de  Buenos  Aires:  las  aulas 
de  dibujo  y  el  primer  patio  se  reservaron  para  la  Bolsa  mercantil,  también  de  reciente 
creación;  y  el  Correo  general  se  desahogó  con  dos  salas  en  el  segundo  patio,  continuando 
ocupados  los  altos  por  el  Tribunal  Consular  (Argos,  de  enero  á  mayo,  183a). 

Ca)  He  aqui  una  muestra  de  estas  coplas  de  ciego, — la  que  probablemente  correspondía 
«1  modesto  despacho  del  secretario  Belgrano  : 

Legítimo  laccsor 
De  la  corona  y  el  mando: 
JnramoB  hojr  i  Fernando 
Por  nuestro  rejr  y  señor. 


SANTIAGO  LINIERS  loi 

pie  del  tablado  en  que  hacía  de  las  suyas  la  charanga  del  batallón  ; 
en  tanto  que  sus  oficiales,  más  tiesos  que  en  el  Miserere  (i),  con 
su  lucida  casaca  azul  de  peto  carmesí  y  el  alto  sombrero  empena- 
chado, revolvían,  como  moscas  en  panal,  por  las  rejas  voladas 
donde  formaban  ramillete  las  familias  vecinas  Del  Sar  y  Escalada, 
flor  y  nata  del  barrio  catedralicio.  Con  todo,  nada  era  comparable  al 
espectáculo  y  bullicio  de  la  Plaza  Mayor,  por  cuyas  cuatro  esquinas 
déla  Cárcel,  el  Mercado,  el  Coliseo  y  la  Catedral,  desembocaban  in- 
cesantemente ríos  humanos.  Después  de  contemplar  extático  las 
innúmeras  luminarias  que  coronaban  la  Recova  y  su  arco  central 
todo  erizado  de  trofeos,  el  pueblo  fijaba  su  admiración  en  la  torre 
y  galerías  del  Cabildo,  en  cuyas  archivoltas  los  festones  de  lámpa- 
ras alternaban  con  las  crestas  bermejas  de  los  hacinados  estandartes. 
No  desmerecía  de  estos  esplendores  el  arreglo  del  adyacente  cuartel 
de  Miñones,  debido  á  la  esplendidez  de  su  comandante  —  el  mismo 
Alférez  Real  y  protagonista  de  la  fiesta —  que  había  agotado  en  el 
adorno  los  recursos  de  su  adinerada  y  catalana  fantasía.  A  continua- 
ción, hasta  la  esquina  de  Reconquista  (Rivadavia),  los  altos  de  Ri- 
glos  daban  otra  nota  social,  más  elegante,  símenos  estrepitosa  que  la 
del  vecino  oficialismo  :  un  solo  cordón  de  globos  encarnados  y  ama- 
rillos bordaba  la  cornisa ;  pero  se  exhibían  por  las  ventanas  abiertas 
las  famosas  arañas  de  cristal  encendidas  en  la  sala ;  y  colgaban  ricos 
tapices  de  aquellos  balcones  de  hierro  forjado  que,  desde  la  capitu- 
lación de  Beresford  y  la  entrega  de  las  armas  inglesas  delante  del 
Cabildo,  hasta  la  tumultuosa  entrada  de  los  vencedores  de  Caseros, 
habían  de  ver  desfilar  un  medio  siglo  de  historia  argentina...  Den- 
tro del  inmenso  marco  de  luz,  seguía  la  muchedumbre  colonial 

(i)  Saouí,  op.  cit.,  lia  :  u  loa  Vizcaínos,  qiie  tanta  arrogancia  mostraban  antea  del 
ataque  de  Whitelocke,  para  después  quedar  hechos  el  blanco  de  zumbas  y  pullas  ».  Para 
acallar  estos  rencores  desfavorables,  sus  jefes  solicitaron  certificados  de  heroísmo  que, 
naturalmente,  les  fueron  otorgados :  á  estas  pretensiones  infundadas  los  Patricios  repli- 
caron con  la  evidencia  de  su  propia  conducta,  atestiguada  por  toda  la  población  y  los 
mismos  oficiales  enemigos.  Sobre  estos  gérmenes  de  discordia,  que  pronto  fructificaron, 
véase  el  tomo  Vil  de  la  Biblioteca  del  Comercio  del  Plata. 


103  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

desarrollando  en  el  ámbito  de  la  Plaza  sus  lentas  oleadas,  que  se 
cuajaban  en  islotes  compactos  en  torno  de  la  bandas  militares  y  las 
mojigangas  de  gremios.  De  repente,  al  primer  toque  de  las  nueve, 
estallaron  las  bombas  y  cohetes  voladores,  poblando  el  cielo  obscuro 
de  centellas  y  penachos  de  fuego,  en  tanto  que  los  castillos  fantásti- 
cos incendiaban  uno  tras  otro  sus  arcos  rutilantes  y  ruedas  gira- 
torias; y  entonces  un  grito  de  diez  mil  pechos,  un  clamor  unísono 
de  /  Viva  Fernando !  cubrió  por  un  minuto  las  detonaciones  y  las 
músicas.  ¡  El  eterno  vagido  del  niño  colosal  que  prefiere  por  ali- 
mento la  papilla  de  la  superstición  á  la  médula  leonina  de  la  verdad; 
y,  necesitando  creer  en  un  supremo  dispensador  de  todo  bien  v 
regocijo,  se  labra  un  fetiche  simbólico  con  la  primer  materia  que 
á  la  mano  le  viene,  ya  sea  el  bronce  de  un  Napoleón,  ya  el  barro  vil 
de  un  Fernando  VII  (i) ! 

Al  amanecer  del  día  siguiente,  las  salvas  de  la  Fortaleza  y  valizas 
anunciaron  al  vecindario  el  acto  memorable .  Con  los  primeros 
repiques  de  las  campanas  llenáronse  las  calles  de  pueblo  endomin- 
gado ;  nobles  y  plebeyos,  españoles  y  patricios,  viejos  y  niños, 
blancos  y  morenos,  soldados  y  clérigos,  ostentando  todos  —  hasta 
los  frailes  de  los  conventos — una  divisa  bordada  de  oro  y  plata  con 
el  sagrado  nombre.  El  solemne  Te  Deum  era  para  el  otro  día  en 
la  Catedral;  pero  sabíase  que  las  autoridades  concurrirían,  aunque 
no  en  séquito  oficial,  á  la  misa  cantada  de  Santo  Domingo.  Y  desde 
las  nueve  de  la  mañana,  las  masas  populares  apiñadas  en  las  aceras 
se  descubrían  al  paso  de  sus  altos  mandatarios:  el  Cabildo  pleno,  la 
Audiencia,  el  Consulado,  el  obispo  Lué  con  sus  dignidades;  por  fin. 
en  un  círculo  de  jefes  y  vecinos  notables,  el  virrey  Liniers  vestido  de 
media  gala,  la  negra  cruz  de  Malta  prendida  á  la  solapa,  dominando  la 

(i)  Nada  queda  por  decir  de  la  abyección  moral  y  nulidad  intelectual  de  Fernando: 
es  máa  sorprendente  hallarle  extraño  á  todo  hábito  palaciego.  Talleyrand,  testigo  simpá- 
tico en  odio  á  Napoleón,  nos  refiere  su  asombro  (Mémoires,  I,  583)  al  descubrir  en  Va- 
len^y  que  Fernando  y  los  infantes  no  sabían  disparar  una  escopeta,  ni  montar  k  ca- 
ballo, ni  bailar.  En  cuanto  á  los  modales,  á  los  detalles  íntimos  de  mesa  y  tocador,  son 
casi  increíbles:  esos  descendientes  del  Luis  XIV  no  parecían  europeos. 


SANTIAGO  UNIERS  io3 

comitiva  con  su  cabeza  blanca  y  su  fino  rostro  de  emigrado  francés. 
Muy  pronto  estuvo  repleto  el  histórico  templo,  aglomerándose  el 
gentío  bajo  el  pórtico,  en  frente  de  la  obscura  nave  estrellada  de  ci- 
rios, ó  formando  corros  charladores,  al  tibio  sol  de  invierno,  en  el 
atrio  cercado  de  postes.  Y  por  instantes  abríanse  los  grupos  más 
compactos  ante  una  acometida  femenina :  frescas  muchachas  de 
mantilla  y  estrecho  guardapiés  modelando  el  cuerpo  esbelto  (i); 
enormes  señoronasque  llegaban  jadeantes,  con  el  rebozo  en  banda, 
interrumpiendo  el  febril  abaniqueo  para  alcanzar  un  coscorrón  al 
negrito  de  la  alfombra.  Por  fin,  al  toque  de  las  once  terminó  la  mi- 
sa solemne,  alargada  aún  por  una  fogosa  homilía  del  padre  Greln. 
que  así  ensillaba  entonces  el  rocín  monárquico  como  tomaría  des- 
pués la  patriótica  podadera ;  y  desfiló  con  paso  lento  la  grave  con- 
currencia, disolviéndose  en  la  Plaza  Mayor,  para  reorganizarse  á  la 
siesta  y  decentar  el  macizo  programa. 

A  las  dos  de  la  tarde  hormigueaba  en  la  Plaza  Mayor  la  alborota- 
da muchedumbre,  ávida  de  gozar  al  fin  el  diferido  espectáculo.  Es- 
taban ya  formadas  en  su  sitio  respectivo,  y  banderas  desplegadas,  las 
tropas  urbanas :  los  tercios  de  Patricios  en  la  calle  central  que  del 
arco  de  la  Recova  al  Cabildo  dividía  la  plaza  ;  los  Miñones  delante 
de  su  cuartel ;  los  Arribeños  á  lo  largo  de  la  Catedral ,  y  en  el  resto 
del  cuadro  los  Andaluces,  Vizcaínos  y  Gallegos.  Debajo  de  los  bal- 
cones capitulares,  levantábase  á  dos  varas  del  suelo  el  escenario  de  la 
simbólica  loa :  era  un  vasto  tablado  de  nueve  varas  de  frente,  con 
balaustrada  corrida  y  escaleras  laterales,  —  el  mismo  que  sirviera 
algunos  meses  antes  para  el  sorteo  de  los  esclavos  manumisos,  pero 


(i)  El  inglés  Vidal,  muy  pobre  dibujante  do  ordinario,  trae  en  su  obra  (Piclüresque 
Ulustrations  of  Buenos  A rref,  Londres.  i8ao)  una  interesante  vista  del  atrio  de  Santo  Do- 
mingo con  un  grupo  de  porteños  saliendo  de  misa :  la  de  la  izquierda,  vestida  de  ne- 
gro, es  verdaderamente  deliciosa.  Podría  deducirse  del  texto  que  Vidal  tuvo&  la  vista 
un  croquis  hecho  «algunos  años  antes  por  un  viajero  inglés».  ¿No  sería  el  oficial  au- 
tor de  los  excelentes  dibujos  á  pluma  sobre  la  Reconquista  y  la  Defensa  P  Así  se  explica- 
rían á  la  vez  los  trajes  de  las  mujeres  (que  parecen  ser  del  año  lo)  y  el  mérito  del 
inusitado  trabajo. 


io4  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

nueva  y  ricamente  decorado  para  la  circunstancia.  Las  columnas 
angulares,  revestidas  de  trofeos  y  alegorías,  dejaban  ver  un  dosel 
carmesí  coronado  por  las  armas  de  España,  y  cobijando  el  flamante 
y  todavía  velado  retrato  del  monarca  en  su  marco  de  oro  (i).  De- 
lante del  sitial  reservado  al  virrey,  una  mesa  cubierta  de  cojines  de 
terciopelo  esperaba  el  real  pendón  ;  y  por  el  fondo  y  costados  del  ta- 
blado se  distribuía  la  »  rica  sillería  »  con  arreglo  al  ceremonial.    Un 
toque  de  clarines  anunció  la  llegada  de  la  comitiva  ;  y  las  músicas 
rompieron  á*  tocar  marchas,  mientras  la  escolta  de  dragones  desem- 
bocaba del  arco  de  la  Recova,  precediendo  el  séquito  en  dos  alas  que 
formaban,  con  sus  vistosos  uniformes  ó  las  insignias  de  su  cargo, 
los  jefes  de  mar  y  tierra,  los  miembros  del  Cabildo  y  del  Consulado, 
los  ministros  de  la  Real  Hacienda  y  la  Audiencia;  por  fin,  solo  en  el 
centro  de  la  calle,  el  virrey  Liniers :  alto,  robusto,  muy  erguido  en  su 
magnífico  traje  de  capitán  general,  bordado  de  oro  en   las  costuras 
y  las  vueltas  encarnadas,  saludando  con  su  galoneado  bicornio  al 
pueblo  que  le  aclamaba.  Apenas  ocupado  el  tablado  por  las  autori- 
dades, asomó  por  la    calle  de  la  Victoria  un  escuadrón  de  húsares, 
anunciando  el  Real  pendón  que  se  traía  de  la  casa  del  Alférez ;  a  poco 
apareció  este  héroe  del  día,  —  á  mil  leguas  de  su  escritorio  de  mer- 
cader, —  en  su  traje  de  corte,  montando  un  magnífico  tordillo  en- 
jaezado, seguido  del  diputado  del  Cabildo  que  traía  el  estandarte 
en  su  funda  de  seda,  entre  los  cuatro  reyes  de  armas,  maceros  y  la- 
cayos de  librea.  Colocado  en  la  mesa  el  pendón,  se  adelantó  el  Sín- 
dico Villanueva,  acompañado  del  Escribano  Mayor,  y  leyó  la  pro- 
clama de  estilo :  el  Alcalde  Álzaga  descubrió  el  retrato ;  el  Regidor 
decano  desplegó  el  estandarte  con  los  colores  y  armas  de  España, 
ante  el  cual  se  postró  el  Alférez,  jurando  obediencia;  y  estallaron  á 


(i)  Acuerdo  del  Cabildo  (39  de  julio)  :  v  Ordenaroa  se  llamase  en  el  acto  al  reirntisU 
1).  Ángel  de  Campugnesqui,  alias  el  Romano,  á  quien  se  le  encargó  que  sin  pérdida  de 
instante  y  trabajando  de  día  y  noche,  procurara  sacar  un  retrato  el  más  perfecto  de  nues- 
tro Rey  el  señor  D.  Fernando  Séptimo,  á  cuyo  efecto  se  le  franquearon  copias  graba- 
das ». 


SANTIAGO  LINIERS  io5 

un  tiempo  las  salvas  de  artillería,  los  redobles  de  los  tambores  y  los 
repiques  de  la  campana  municipal.   En  seguida,  el  Alférez  Real  hi- 
zo frente  al  pueblo  con  el  pendón  alzado,  mientras  los  reyes  de  ar- 
mas reclamaban  silencio  desde  las  cuatro  esquinas  del  tablado,  y 
arrojó  al  espacio  las  voces  tradicionales :  /  Castilla  y  las  Indias,  por 
nuestro  Rey  el  Señor  Don  Fernando  Séptimo  que  Dios  guarde ! — De 
repente  vióse  á  Liniers  dar  un  paso  adelante,  y,  pálido  de  emoción, 
extenderen  solemne  ademán  de  pleito  homenaje,  la  desnuda  espa- 
da hacia  la  eGgie  del  príncipe.  Un  entusiasmo  inexplicable  arrebató 
la  gran  alma  instintiva  de  la  muchedumbre,  que  prolongó  como  un 
solo  trueno  sus  aclamaciones  al  héroe  todavía  popular,  en  tanto  que 
Alzaga  fijaba  en  el  francés  su  recelosa  mirada,  y  el  noble  Belgrano 
percibía  vagamente  en  la  actitud  de  su  jefe  la  tristeza  de  un  adiós. 
Pero,  entre  los  testigos  cercanos  ni  los  oficiales  patricios, —  que,  aca- 
so, sintieron  agitarse  las  banderolas  del  regimiento  reconquistador, 
como  se  estremecen  las  copas  de  los  álamos  mucho  antes  de  la  tor- 
menta :  —  ninguno  pudo  entender  el  sentido  profundo  del  gesto  tea- 
tral, que  acababa  de  sellar  entre  un  hombre  y  una  dinastía,  el  pacto 
de  sangre  que  ya  no  lograrían  romper  ni  las  calumnias  de  los  co- 
rreligionarios, ni  los  halagos  de  los  criollos,  ni  los  recuerdos  de  la 
patria  nativa,  —  ¡  ni  siquiera  la   clara  visión   del   sacrificio  consu- 
mado por  una  causa  indigna  I 

Mientras  el  virrey  se  retiraba  al  Fuerte  con  su  escolta,  y  el  Ayun- 
tamiento se  reunía  en  la  sala  capitular  á  extender  «  el  acta  de  la 
augusta  ceremonia  para  constancia  en  todo  tiempo  »  (i),  el  Alfé- 
rez Real  proseguía,  en  la  misma  forma  y  con  el  propio  séquito,  la 
proclamación  y  paseo  del  estandarte  en  los  ángulos  de  la  Plaza  Ma- 
yor, y  luego  en  los  atrios  de  la  Merced  y  Santo  Domingo  (¡  allí  fué 
el  derramar  de  cuatros  y  pesetas  por  los  reyes  de  armas  que  lie  va- 


ri) Acuerdo  del  2/  de  agosto  ;  se  dice  en  él  que  quedaba   á  cargo  del  Alcalde  de  pri- 
mer voto  la  «  relación  puntual  de  todas  las  circunstancias,   que  deberá   formarse  y  dar- 
se ¿  la  prensa  con  la  posible  brevedad»;  pero  no  creo  que  tal  relación  se  haya  publicado 
ni  exista  manuscrita. 


io6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ban  llenos  sus  azafates  !)  (i);  volviendo  luego  á  fijarlo  en  el  balcón 
central  del  Cabildo,  donde  había  de  quedar  enarbolado  hasta  el  to- 
que de  queda.  Finalmente,  el  Alférez  se  dirigió  á  su  casa  y,  despoja- 
do de  sus  arreos,  volvió  á  ser  el  catalán  ricacho  D.  Olaguer 
Reynals,  que  ofrecía  un  suntuoso  banquete  á  las  autoridades  y  re- 
presentantes conspicuos  del  vecindario,  con  música  y  refresco  en 
el  patio  para  la  concurrencia  de  menor  cuantía.  A  la  noche  recru- 
deció la  pública  algazara:  nuevas  y,  si  cabe,  más  espléndidas  ilu- 
minaciones (que  dhailel  que  dhaile!),  fuegos  artificiales,  ban- 
das y  orquestas  por  todas  partes,  cantos  y  bailes  al  aire  libre;  con 
su  obligado  epílogo,  al  día  siguiente,  del  Te  Deum  cantado  en  la 
Catedral,  y,  por  la  tarde,  su  buena  corrida  de  toros  en  la  plaza  del 
Retiro,  para  que  á  estas  últimas  fiestas  de  la  patria  vieja  nada  les 
faltara  del  sabor  español. — Tal  se  realizó  en  Buenos  Aires  la  jura  del 
nuevo  monarca,  álos  pocos  días  de  haber  salido  por  las  cal  les  el  mis- 
mo pueblo,  con  los  mismos  cohetes  y  vítores  parecidos  en  honor  de 
Napoleón.  ¿Acaso  dejaba  de  ocurrir  lo  propio  en  España,  y  puede 
darsealgo  más  semejante  á  la  proclamación  del  rey  Fernando  en 
Madrid,  el  24  de  agosto —  casi  el  día  de  la  jura  en  Buenos  Aires  — 
que  el  alzamiento  de  pendones  por  el  rey  José,  realizado  un  mes 
antes  en  la  coronada  villa  (2)  ? 

(i)  Llegaron  Urde  Us  medallas  de  oro  y  plata  que  m  mandaroa  batir  en  Chile,  di»- 
tribu vendóse  tres  meses  después  de  la  jura. 

(3)  La  jura  de  José  Napoleón  I  se  efectuó  en  Madrid  el  i5  de  julio  de  1808,  hacien^ 
do  de  Alférex  Real  el  conde  de  Campo  Alange.  La  describe  la  Gaceta  de  !MaJrid  del  37, 
en  términos  análogos  i  los  que  habla  de  emplear  la  misma  Gaceta,  el  6  de  septiembre, 
para  la  jura  de  Fernando  Vil,  sin  omitir  las  protestas  de  fidelidad  de  los  grandes,  ni  las 
aclamaciones  entusiastas  de  los  chicos.  Todo  ello  ha  sido  después  atenuado,  tergiversado, 
cuando  no  rotundamente  negado  por  los  historiadores  españoles  ;  pero  la  verdadera  his- 
toria, más  que  en  la  prosa  gerundiana  de  Toreno,  se  encuentra  en  las  actas  y  periódicos 
del  día,  que  no  preven  el  dia  siguiente: — sin  que  por  esto  disculpemos  á  Napoleón,  y  vea- 
mos otra  cosa  que  un  acceso  de  delirio  en  la  guerra  de  España,  aunque  se  hubiera  evita- 
do el  desastre  moralmente  irreparable  de  Bailen.  El  error  funestísimo  de  Napoleón  fué 
la  eliminación  de  Fernando :  dominando  á  éste,  que  dominaba  á  España,  quedaba  reali- 
sada  la  conquista  pacifica.  Allí  fué,  más  que  el  crimen,  la  falta  inexpiable,  para  re- 
editar la  frase  de  Talleyrand.  Con  Fernando  como  rey  indolente,  que  se  casara  en  su  la- 


SANTJAGO  LINIEKS  107 


EL  CONFLICTO  COLONIAL 


I 


No  bien  apagadas  las  luminarias  de  la  jura,  encendiéronse  entre 
Buenos  Aires  y  Montevideo  las  teas  de  la  discordia,  cuyos  conse- 
cuencias, como  ya  lo  tenemos  indicado,  acarrearon  la  escisión  de  la 
provincia  uruguaya.  La  ruptura  del  vínculo  colonial  era  un  acci- 
dente en  sí  mismo  reparable ;  lo  que  agravó  el  divorcio  hasta  impe- 
dir toda  reconciliación,  aun  después  que  la  aconsejara  la  mejor  de- 
fensa de  la  causa  común,  fué  la  subsistencia  de  los  resentimientos 
durante  el  cisma  cultivados.  Pudieron  más  tarde  confundirse  los 
intereses:  no  se  fundieron  los  corazones ;  y  la  historia  acentuó  el 
aislamiento  creado  por  la  geografía.  De  este  divorcio,  cuyas  conse- 
cuencias penden  aún  sobre  el  Estado  más  débil,  la  responsabilidad, 
antes  como  después  de  la  revolución,  incumbe  toda  entera  á  Mon- 
tevideo. No  pudiendo  negar  la  evidencia,  los  historiadores  más  jui- 
ciosos de  aquel  país  han  intentado  velarla,  estableciendo  entre 
el  pueblo  y  sus  autoridades  un  dualismo  que  los  documentos  no 
justifican.  Ei  más  imparcial  estudio  de  los  hechos  demuestra,  por 
el  contrario,  que  si  el  navarrote  Elío  —  para  referirnos  sólo  á  él 
—  pudo  causar  tantos  disturbios  en  el  Plata,  fué  por  apoyarse 
constantemente  en  el  Cabildo  y  la  parte  más  influyente  de  ese  ve- 
cindario. 

AI  día  siguiente  de  la  jura  (22  de  agosto),  el  cabildo  de  Buenos 
Aires  dio  á  luz  una  proclama  firmada  por  todos  sus  miembros,  in- 

milia,  ol  Emperador  habría  realizado  en  España  un  protectorado  tan  seguro  y  tranquilo 
como  los  que  Inglaterra  tiene  en  las  Indias  y  Francia  en  Túnez,  bajo  la  pantalla  nominal 
de  un  hej  ó  raja. 


io8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

cluso  Álzaga,  cuyos  términos  sensatos  y  conciliatorios  comentaban 
el  acto  recién  realizado.  Se  lo  presentaba  como  el  cumplimiento  de 
una  obligación  anterior  y  ajena  á  los  últimos  trastornos  de  la  Pe- 
nínsula, cuya  suerte  debía  dilucidarse  en  Europa ;  entre  tanto,  sólo 
procedía  mantener  en  el  virreinato  el  orden  existente,  y  demostrar 
que  «  regido  por  su  digno  jefe,  el  Excmo.  Señor  Virrey  D.  Santiago 
Liniers  y  Brémond,  ha  sabido  unir  la  conveniencia  de  sus  intereses 
á  la  justicia  de  su  causa  ».  Sin  examinar  el  grado  de  sinceridad  de 
estos  últimos  conceptos,  resalta  en  la  proclama  del  2a  el  propósito 
de  comprometer  lo  menos  posible  la  actitud  futura,  acogiéndose  el 
gobierno  al  homenaje  que  al  soberano  nominal   acababa  de  prestar 
para  resistir  otras  innovaciones.  Pero  en  la  circular  del  26,  que  el 
mismo  Cabildo  dirige  á  los  ayuntamientos  y  prelados  del  virreina- 
to, todo  aparece  cambiado :  estas  provincias  deben  seguir  en  todo  eJ 
impulso  de  la  Suprema  Junta  de  Sevilla,  «  sujetándose  á  sus  sabias 
disposiciones  y  contribuyendo  con  cuanto  penda  de  su  arbitrio  al 
buen  éxito  de  una  guerra  justa,  emprendida  en  defensa  de  la  reli- 
gión hollada,  del  monarca  perseguido,  etc.  ».  ¿Qué  había  ocurrido 
en  tan  breve  intervalo?  Sencillamente  la  arribada  de  un  aventurero 
de  alto  vuelo,  improvisado  brigadier  al  solo  efecto  de  propagar  en 
estas  provincias  la  buena  nueva  sevillana,  y  cuyas  primeras  proezas 
en  América  merecen  párrafo  aparte. 

Don  José  Manuel  deGoyeneche  y  Barreda  pertenecía  auna  buena 
familia  arequipeña.  Teniente  de  milicias  en  el  Perú,  pasó  á  Espa- 
ña en  1795,  y  se  dice  que  allí,  de  sopetón,  á  los  veinte  años,  obtuvo 
el  empleo  de  capitán  en  un  regimiento  formado  por  el  limeño  D. 
José  Antonio  de  Lavalle.  Dióse  luego  á  viajar  por  Europa,  provisto 
de  una  indecisa  comisión  militar  que  le  permitió,  nos  cuenta  el  bió- 
grafo Cortés  (á  quien  lo  ingenuo  no  quita  lo  valiente),  presenciar, 
entre  otras  maniobras  memorables,  las  mandadas  en  «  Bruselas  y 
Paris  por  Bonaparte  »  (!)  :  agudeza  de  visión  que  despertó  el  entu- 
siasmo de  Godoy.  Lo  más  probable  es  que  Goyeneche,  buen  mozo, 
elegante,  fanfarrón,  sembrase  por  las  capitales  europeas  su  patrimo- 


SANTIAGO  LINIERS  109 

nio,  sin  levantar  otra  cosecha  que  una  notable  habilidad  para  el 
embvistc y  la  intriga.  Al  enturbiarse  las  cosas  de  España,  acudió  á 
Madrid,  seguro  de  hacer  pesca  ese  el  río  revuelto.  Por  de  pronto,  lo- 
gró introducirse  en  las  antecámaras  del  gran  duque  de  Berg,  brin- 
dándose para  venir  á  estos  virreinatos  y  enredar  en  favor  de  las  ¡deas 
napoleónicas :  fué  aceptado  su  ofrecimiento,  y  no  es  dudoso  que  del 
trapicheo  sacaría  algún  partido.  Vino  efectivamente  á  embarcarse  en 
Cádiz  :  pero  al  pasar  por  Sevilla,  no  pudo  asistir  sin  entusiasmo  pa- 
triótico al  asesinato  del  conde  del  Águila  por  las  turbas  feroces,  y, 
con  la  comisión  de  Murat  en  el  bolsillo,  abrazó  en  el  acto  la  causa 
que  tan  á  lo  vivo  demostraba  su  legitimidad.  La  recién  establecida 
Junta  provincial,  —  pues  no  era  más  por  entonces  la  titulada  «  Su- 
prema de  España  y  las   Indias», —  no  pudiendo  aviarle  en   otra 
forma  más  palpable,  hizo  todo  un  brigadier  con  el  vago  capitán  de 
milicias,  que  para  ello  bastaban  tinta  y  papel ;  y  en  los  primeros  días 
de  junio,  le  despachó  á  estas  Américas,  portador  de  instrucciones 
y  noticias  tan  auténticas  como  su  generalato.  Y  lo  más  inaudito  — 
que  pinta  lo  perturbado  de  los  espíritus  —  es  que  todas  las  autori- 
dades legítimas  de  dos  virreinatos  acogieron  sin  vacilación  este  pro- 
consulado  de  contrabando,  acatando  sumisamente   las  usurpadas 
atribuciones  de  la  Junta  de  Sevilla,  cuya  supremacia  no  era  por 
ninguna  otra  de  España  reconocida;  — y  de  este  trampolín  funam- 
bulesco  fué  cómo  saltó  Goyeneche  á  las  realidades  más  sólidas  de 
la  fortuna  y  déla  gloria  (i). 

En  los  dos  días  que  Goyeneche  pasó  en  Montevideo,  además  de 
esparcir  sus  abultadas  noticias  sobre  la  situación  de  la  metrópoli, 
que,  salvo  en  los  bordados  apócrifos,  poco  ó   nada  agregaban  á  lo 

(1)  Murió  en  Madrid,  eD  18^6,  siendo  teniente  general,  grande  de  España,  conde  de 
Hoaqui,  etc.  Siempre  feliz,  no  estaba  en  el  Perú  cuando  desembarcaba  alli  San  Martín. 
j  liego  á  España  después  de  terminada  la  guerra;  fué  nombrado  gentilhombre  de  cámara, 
para  que  alguna  vez  estuviera  en  su  verdadero  puesto.  Sus  panegiristas  fervorosos  ocultan 
con  exquisito  celo  los  accidentes  picarescos  de  su  carrera;  y  Mendiburu  se  indigna  contra 
Punes  que  la  condensó  en  cinco  epítetos  justicieros.  Pero  si  faeil  indignatio  versuirif  no 
hace  prosa  documentada. 


lio  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

sabido  ( I ),  se  dedicó  á  fomentar  la  discordia  existente  entre  las 
dos  poblaciones  :  pintando  á  cuantos  querían  escucharle  la  eficacia 
de  las  Juntas  populares,  y  los  resultados  fulminantes  del  le>'anta- 
miento  de  España,  no  sin  agregar  que  la  presencia  de  un  jefe  fran- 
cés á  la  cabeza  del  virreinato  era  en  tales  momentos  una  mons- 
truosidad. Con  todo,  no  alcanzó  gran  predicamento  con  Elío,  quien, 
á  todos  sus  defectos  no  juntaba  el  gusto  de  la  tramoya  hipócrita ; 
también  algo  se  susurraba  ya,  por  el  comandante  del  bergantín  en 
que  vino  Goyenecbe,  de  sus  promiscuaciones  en  Madrid  y  Sevilla. 
Todo  ello,  — agregado  á  que  Montevideo  no  podía  suministrarle  lo 
que  anhelaba,  que  era  seguir  con  tren  rumboso  la  jornada  al  Perú, 
— aceleró  la  marcha  á  Buenos  Aires  del  industrioso  brigadier.  Llegó 
aquí  el  23  (2);  y,  con  su  descaro  habitual,  fué  su  primer  ademán 
precipitarse  en  los  brazos  abiertos  del  candoroso  Liniers,  que  le  ins- 
taló en  su  casa,  y  durante  algunas  semanas  absorbió  como  palabras 
deevangelio  las  faramallas  del  arequipeño,  que  á  los  mismos  andalu- 


(1)  El  asi  como  daba  por  hecho  consumado  (á  Bnes  de  majo  ó  principios  de  junio) 
la  prevista  cesación  de  las  hostilidades  con  Inglaterra,  cuyo  decreto,  levantando  el  blo> 
queo  de  los  puertos  españoles,  es  del  4  de  julio.  También  presentaba  como  una  solemne 
declaración  de  guerra  de  España  á  Francia  las  primeras  vociferaciones  de  Sevilla  (6  de 
junio).  Era  un  rasgo  curioso  de  esas  proclamas  de  la  Junta  provincial  no  llevar  más  fir- 
mas que  las  de  los  secretarios.  £1  primero  y  más  considerable  era  D.  Juan  Bautista  E*- 
teller,  que  vino  luego  al  Brasil  como  subalterno  de  Casa  Irujo:  de  suerte  que  este  ino- 
fensivo D.  Juan  Bautista  era  quien  aparecía  declarando  la  guerra  y...  toteando  k  Napo- 
león! 

(a)  Goyeneche  desembarcó  en  Montevideo  el  19,  estuvo  allí  dos  días  j  llegó  á  Bne- 
nos  Aires  el  a  3  (dos  días  de  viaje  por  la  G>lonia).  En  esta  cronología  elonental,  esta- 
blecida por  los  textos  y  los  hechos,  encuentran  como  enredarse  nuestros  historiadores. 
Ya  hemos  oidoá  López,  ( Historia,  11^  agS):  «El  a3  de  agosto,  recientemente  jurado  Fer- 
nando Vil,  llegó  d  Montevideo  don  José  deGoyeneche».  Mitre  (Belgrano,  I,  a34):  «  La 
solemne  jura  de  Fernando  VII  se  celebró  el  ai  de  agosto,  presenciando  este  acto  el 
general  D.  José  Manuel  de  Gojeneche  ».  Pudieron  inducir  en  error  al  señor  Mitre  los 
términos  generales  con  que  Liniers,  en  su  comunicación  á  la  Junta  de  Sevilla,  daba 
cuenU  de  la  llegada  de  Goyeneche,  a  testigo  presencial  o  de  los  sucesos  recientes :  pero 
sobre  lo  de  ser  errónea  la  afirmación,  no  haj  duda  posible.  Todas  estas  páginas  de  la  ¿fis- 
toria  de  Belgrano  son  bastante  confusas  ;  por  momentos  dan  á  sospechar  una  transposición  : 
liaste  decir  que,  después  de  enseñamos  asi  el  fantasma  de  Goyeneche  en  Buenos  Aires 
en  el  capitulo  VI,  el  autor  nos  dracribe  su  llegada  á  Montevideo  en  el  capítulo  siguiente. 


SANTIAGO  LINIERS  iii 

ees  acababa  Je  embair.  Por  cierto  que  para  él  era  juego  harto  sen- 
cillo el  captarse  la  voluntad  del  virrey,  denigrando  á  Elío  y  excitán- 
dole contra  la  rebelión  de  sus  subordinados.  Pero  al  propio  tiempo 
que  tomaba  parte  activa  en  los  consejos  de  gobierno,  se  lasarreglaba 
para  que  Álzaga  y  el  grupo  europeo  quedasen  firmemente  persua- 
didos de  que  trabajaba  con  ellos  contra  el  jefe  sospechoso.    Sin 
atrevernos  á  decidir  —  que  fuera  intrincadísimo  problema  —  en 
cuál  de  las  dos  actitudes  Goyeneche  se  apartaba  menos  de  la  since- 
ridad, remataremos  la   silueta  de  tan  singular  personaje,  diciendo 
que,  sin  perjuicio  de  aceptar  tal  cual  ayuda  de  costa  de  Álzaga  (i), 
obtuvo  del  virrey  el  nombramiento  de  coronel  de  Arribeños,  con  co- 
misión en  el  norte  del  virreinato :  vale  decir  que,  bien  abastecido  y 
recomendado  como  real  funcionario  á  las  autoridades  del  tránsito, 
pudo  transportarse  cómodamente  al  Alto  Perú,  teatro  de  sus  futu- 
ras y  más  graves  hazañas. 

Por  entre  su  aparato  charlatanesco,  el  paso  por  el  Rio  de  la 
Plata  de  este  Fígaro  con  entorchados,  dejó  esparcidas  en  la  opinión 
dos  especies  erróneas  que,  supuesto  el  encono  de  los  ánimos,  iban 
á  prosperar  desastrosamente,  suministrando  base  y  pretexto,  en  apa- 
riencia legales,  á  los  movimientos  subversivos.  Era  la  una,  tener  por 
válida  y  regular  la  representación  nacional  que  la  Junta  de  Sevilla 
se  arrogaba;  la  otra  consistía  en  admitir  como  una  forma  viable  de 
gobierno,  é  imitable  en  las  colonias,  aquella  pululación  de  jun- 
tas provinciales  que  en  la  misma  España  iban  á  desaparecer.  Co- 
mo ya  indicado  se  tiene,  la  Junta  creada  en  Sevilla,  á  fines  de  mayo, 
no  difería  por  su  origen  ni  por  su  carácter  de  las  existentes  en  otras 
ciudades,  no  siendo  todas  ellas  sino  la  manifestación  de  la  «anar- 
quía espontánea  »,  que  diría  Taine,  surgida  fatalmente  de  la  ausen- 
cia de  todo  gobierno  en  las  provincias  que  no  reconocían  al  «in- 
truso ».  Sin  insistir  en  los  sangrientos  atentados  contra  las  autori- 
dades y  exceso  populares  que  en  todas  partes,  — sin  exceptuar,  por 

(i)  Asi  lo  deja  entender  el  honrado    Sagui    (Últimos  eaatro  (^os,    iii),  contemporá- 
neo 7  testigo  de  los  sucesos,  que  rara  vex  se  equivoca  y  nunca  miente. 


na  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

cierto,  á  Sevilla,  —  señalaron  ese  desborde  de  bandolerismo  pa- 
triótico :  baste  dejar  asentado  que,   no  bien  retiradas  al  norte  del 
Ebro  las  tropas  francesas  después  de  Bailen,  todos  los  esfuerzos  de 
los  directores  del  levantamiento  tendieron  á  la  constitución  de  una 
sola  junta  central,  dejando  suprimidas  todas  las  locales,  y  desde  lue- 
go la  de  Sevilla,  —  la  cual,  sin  mandato  alguno,  usurpaba  funciones 
soberanas  que  ella  sola  se  habia  conferido.  Tal  fué  el  propósito  que 
presidió  á  la  erección  de  la  Junta  Central  del  reino,  que  se  instaló 
en  Aranjuez,  el  35  de  septiembre  de  1808.  Hase  puesto  en  duda  la 
legitimidad  de  esta  misma  Junta,  formada  por  simple  delegación  de 
las  provinciales,  y  que  asumía  el  gobierno  en  nombre  de  un  prínci- 
pe que,  desde  Francia,  la  repudiaba:  examen  sería  este  muy  extraño 
á  nuestro  asunto,  tanto  como  el  de  comprobar  la  impotencia  políti- 
ca que  demostró  antes  y  después  de   su  buida  á  Andalucía   en  di- 
ciembre  del  mismo  año.  Pero  loque  está  fuera  de  discusión  y  basta 
á  nuestro  objeto,  es  que  ninguna  providencia  de  la  primera  Junta  de 
Sevilla  debió  valer  para  estas  Indias  (i):  mucho  menos  las  torpes 
imitaciones  quede  aquélla  se  intentaron,  con  desprecio  de  la  única 
autoridad  española  que  sóbrelos  trastornos  dinásticos  quedaba  aquí 
subsistente  y  capaz  de  resistir  á  las  insidias  del  Brasil.  Ahora  bien  : 
la  hora  misma  en  que  la  metrópoli  suprimía  sus  pandillas  tumul- 
tuarias, sólo  eficaces  para  la  anarquía,  era  la  que  elegían  el  gober- 
nador de  Montevideo  y  sus  prosélitos,  en  medio  de  las  intrigas  por- 
tuguesas,  para  intentar  una  realización  tardía  y  paródica  de  i  as 
juntas  provinciales  :  movido  aquél  por  su  odio  vizcaíno  contra  el 
francés  Liniers ;  impelidos  éstos  por  sus  envidias  lugareñas  contra 
Buenos  Aires,  y  contando  el  uno  y  los  otros  con  la  absurda  compli- 
cidad de  este  partido  español  para  cooperar  á  la  ruina  de  España. 

(i)  Participaron  de  la  aberración  general  todas  las  autoridades  americanas,  y  desde 
luego  las  del  Rio  de  la  Plata,  como  puede  verse  en  el  documento  n*  3,  dirigido  en  t^  de 
septiembre  por  el  virroy  Liniers  á  la  Suprema  Junta  de  Sevilla  u  cpie  en  representación 
de  la  nación  gobierna  estos  dominios  ».  El  mismo,  en  otra  comunicación  del  dia  i3. 
á  la  infanta  Carlota,  le  da  cuenta  de  haber  llegado  el  aS  el  brigadier  D.  Josof  Goyene- 
che,  «  diputado  de  la  Junta  Suprema  Nacional  convocada  en  Sevilla  ». 


SANTIAGO  LIMERS  ii3 

Los  incidentes  de  este  conflicto  intestino,  complicados  con  las  en- 
contradas pretensiones  de  los  príncipes  brasileños  y  las  maniobras 
<le  alg^unos  platenses  refugiados  en  Río,  son  los  que  llenan  y  agitan 
lo  que  resta  del  virreinato  de  Liniers,  hasta  la  venida  del  infeliz  Cis- 
neros  que  presidirá,  aún  más  inconsciente  que  impotente,  á  la 
incoercible  avenida  déla  revolución. 


II 


Hemos  visto  iniciarse  con  la  llegada  de  Sassenay  la  actitud  in- 
subordinada del  gobernador  Elío,  y  luego  acentuarse  esta  con  la  or- 
den superiorde  aplazar  la  jura,  que  fué  desobedecida.  El  tratamiento 
salvaje,  de  que  fueron  víctimas  el  inculpable  emisario  y  sus  más 
inocentes  compañeros  del  Consolaleur,  revelaba  la  fermentación 
obrada  por  el  fanatismo  patriótico  en  esa  alma  violenta  y  espíritu 
estrecho  de  castellano  medioeval.  La  proclama  del  i5  de  agosto,  y 
sobre  todo  la  circular  á  ella  adjunta,  produjeron  el  estallido;  al  tiem- 
po que,  según  se  dijo,  las  pérfidas  sugestiones  de  Goyeneche  indi- 
caban la  forma  conque  pudiera  cohonestarse  el  alzamiento  (i).  Elío 
se  estrenó  dirigiendo  al  virrey,  á  quien  debía  su  puesto,  una  carta 
insolente  y  jactanciosa  como  todo  él.  y  dándole  publicidad  aun 
antes  de  que  llegara  á  su  destino.  Pocos  días  después  (principios  de 

(i)  Entre  los  documentos  remitidos  por  la  Junta  de  Montevideo  al  enviado  Guerra, 
<|ue  iba  á  gestionar  ante  la  do  Sevilla  la  desaprobación  de  Liniers,  figuraba,  bajo  el 
n"  1 5,  una  ((justificación  prcxlucida  para  acreditar  que  Goyeneche  dijo  estar  autorizado 
para  erigir  juntas  en  la  Capital  y  toda  la  provincia,  y  que  asi  lo  practicaría  luego  de 
llegado  á  Buenos  Aires».  Sabido  es  que  Goyeneche  dijo  ó  hizo  en  Buenos  Aires  todo 
lo  contrario  que  en  Montevideo,  como  lo  declara  la  misma  Junta  en  sus  instrucciones  á 
Guerra  (Documentos  de  Lamas,  I,  ^79)  :  «  Conviene  se  toque  algo  acerca  de  Goyeneche, 
pues  es  remarcable  la  ligereza  con  que,  á  los  tres  días  de  llegado  á  la  Capital,  dio  á  Li- 
niers por  hombre  justificado  )>.  La  Audiencia  de  Buenos  Aires  (en  su  auto  de  i5  de  0(^ 
tabre)  demostró  que  Goyeneche  no  traía  tal  autorización  escrita :  más  categórico  y  ajus- 
tado á  la  ley  hubiera  sido  contestar  que  este  gobierno,  obedecía  las  órdenes  emanadas 
del  Consejo  de  Indias,  que  todavía  funcionaba,  y  ñolas  do  una  Junta  provincial. 

AHALSA  UC  LA   BtBLIOTCCA.    T.    II  8 


ii4  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

septiembre),  tomado  el  consejo  de  algunos  capitulares,  el  Gober- 
nador publicó  una  grotesca  «declaración  de  guerra»  á  Napoleón, 
cuyas  fuerzas  se  componían  en  Montevideo  de  los  infelices  náufra- 
gos franceses  ;  y,  agregándole  una  nueva  carta  en  que  intimaba  á 
su  jefe  la  cesación  del  mando  (i),  despachó  ambas  piezas  con  el  sín- 
dico Gutiérrez,  que  debía  exigir  no  se  abriese  el  pliego  sino  en  pre- 
senciadel  virrey,  de  la  Audiencia  y  del  Cabildo  reunidos,  como  re- 
zaba el  sobrescrito.  Así  se  hizo,  y,  concluida  la  lectura,  por  unani- 
midad de  votos  (no  faltando  el  del  inevitable  Goyeneche),  se  resol- 
vió ordenar  á  Elío  que  compareciese  ádar  cuenta  de  su  conducta. 
El  rompe  esquinas  se  cuidó  mucho  de  cumplir  la  orden ;  en  conse- 
cuencia, el  virrey,  en  17  de  septiembre,  le  «relevó  del  gobierna 
poh'tico  y  militar  de  esa  plaza  » .  y  nombró  en  su  reemplazo  al  capi- 
tán de  navio  Michelena,  quien  salió  al  día  siguiente,  llevando  las 
instrucciones  del  caso  para  las  autoridades  militares  y  civiles,  v 
bien  resuelto  á  colgar  el  cascabel  al  gato  navarro.  Apenas  llegado, 
el  20  á  la  tarde,  el  gobernador  in  nomine  se  dio  prisa  para  realizar 
su  empresa, —  y  con  tal  éxito,  que  el  21,  á  las  cinco  de  la  mañana, 
venía  galopando  camino  de  la  Colonia.  Los  jefes  todos  se  habían 
declarado  enfermos ;  Elío  había  recibido  con  los  puños  cerrados  ¿ 
su  reemplazante;  el  Cabildo  estaba  tomando  en  solemne  con- 
sideración el  nombramiento,  cuando,  invadido  oportunamen- 
te por  un  grupo  popular,  aconsejó  al  candidato  una  prudente 
retirada.  El  malparado  mandatario  sólo  halló  refugio  aquella  no- 
che en  la  casa  de  Prego  de  Oliver,  el  inagotable  cantor  de  las  fun- 
ciones patrias  y  administrador  de  la  Aduana  en  sus  ratos  de  prosa  : 
pero  no  dice  la  historia  si  abusó  de  la  coyuntura  para  servir  á  su 

(i)  Bai'zí  (op.  eit.,  II,  559).  El  señor  Mitre  (Belgrano,  I,  333)  pone  en  duda  esta 
intimación :  pero  ella  consta  de  una  declaración  algo  posterior  (5  de  octubre)  del  misnia 
Cabildo  de  Montevideo  {Documentos  de  Lamas,  I)  :  «Montevideo  ha  dicho  y  sostiene  que 
esta  [felicidad]  peligra,  mientras  el  gobierno  permanezca  en  manos  de  un  jefe  nacido  en 
el  centro  de  ese  imperio  sacrilego...  Por  eso  pidió  su  remoción».  A  renglón  seguido, 
escribe  el  señor  Mitre :  «  Asi  las  cosas,  Alzaga  se  trasladó  á  Montevideo  bajo  pretexto» 
de  salud  ».  La  ausencia  á  que  se  alude  es  la  del  mes  anterior,  antes  de  la  proclanoacirá. 


SANTIAGO  LINIERS  ii5 

descalabrado  huésped  alguna  oda  á  lo  Gallego  acabadita  de  poner. 
Entre  tanto,  recorría  las  calles  de  Montevideo  una  manifestación 
lírico-popular,  que  con  razón  un  historiador  nacional  califica  de 
«  imponente  i>:  pues,  á  raíz  de  imponer  al  Ayuntamiento  la  convo- 
cación de  un  Cabildo  abierto,  y  á  Elío  su  resolución  de  no  dejarle 
salir,  se  dirigió  al  domicilio  de  Michelena  para  imponerle  de  otra 
resolución,  según  se  desprendía  de  esta  letra  incorporada  ala  músi- 
ca, y   que  el  buen  Oliver  hallaría  sin  duda  menos  medida  que  la 

suya  : 

;  Muera  Michelena  ! 

;  Muera  el  traidor  I 

¡  Muera  Buenos  Aires  ! 

¡  Viva  nuestro  Gobernador!... 

Felizmente,  el  beneñciado,  harto  de  poesía,  había  ganado  el  cam- 
po, no  quedando  sino  el  dueño  de  la  casa  para  felicitar  á  sus  deplo- 
rables émulos.  Así  comenzó  y   terminó  el  gobierno  de  Michelena  ; 
mientras  el  de  Elío  se  afianzaba  sobre  la  primera  de  esas  bellas  deli- 
beraciones populares  que,  andando  el  tiempo,  serían  un  instru- 
mento preferido  de  gobierno  en  las  democracias  hispano-america- 
nas.  — Entre  nosotros,  por  haber  naturalmente  revestido  esta  forma 
plebiscitaria   la  revolución  de  Mayo,  la   expresión  de   a  Cabildo 
abierto  »  ha  quedado  sacrosanta,  y  no  aparece  sino  envuelta  en  una 
como  aureola  de  fantástica  grandeza :  es  para  muchos  imposible 
pronunciarla  en  otro  tono  que  el  ditirámbico  y  con  doble  sosteni- 
do (i).   Despojado  de  todo  convencionalismo  supersticioso,  el  tal 
cabildo,  ó  mejor,  concejo  abierto  (pues  creo  sea  esta  la  denominación 
niás  habitual  en  los  autores  clásicos),  nunca  fué  tenido  por  un  proce- 
dí miento  regular  entre  los  pueblos   modernos,  fuera  de  las  cortas 

^  I )  Asi,  en  la  Historia  de  Belgrano,  I,  3^8  :  a  Montevideo  fué  el  primer  teatro  en  que 
se  exhibieron  en  el  Rio  de  la  Piala  las  dos  grandes  escenas  democráticas  que  constitu- 
yen el  drama  revolucionario :  el  Gibildo  abierto  y  la  constitución  de  una  Junta  de  pro- 
pio gobierno  nombrado  popularmente  >>.  En  cuanto  á  ser  este  el  primer  caso  de  cabil- 
do Abierto,  basta  recordar,  como  el  señor  Mitre  lo  tiene  explicado  con  insistencia  (Op. 
cit.t  I.   I  Ai  y  pussim)  que  no  tuvo  otro  origen  el  nombramiento  de  Líniers. 


ii6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

agrupaciones  donde  subsistía  á  la  par  de  las  costumbres  pastorales. 
Este  ejercicio  directo  de  la  soberanía  significaba  un  regreso  hacia  el 
estado  natural,  no  pudiendo.  por  lo  tanto,  aceptarse  sino  como  re- 
curso extremo  —  ultima  ralio  populi  —  del  número  y  de  la  fuerza 
contra  un  gobierno  despótico.  Háse  dicho  en  son  de  epigrama  que 
((  un  motín  es  una  revolución  vencida,  y  una  revolución,  un  motín 
victorioso  »:  acaso  fuera  más  exacto  y  justo  juzgar  por  sus  causas  á 
las  insurrecciones  que  fracasan,  y  por  sus  efectos  á  las  que  triunfan. 
Sea  como  fuere,  muy  lejos  de  importar  un  medio  de  gobierno,  im- 
plica la  interrupción  localizada  y  momentánea  de  todo  gobierno,  la 
tabla  rasa  política.  En  el  mejor  de  los  casos,  substituye  la  tiranía 
de  las  masas  á  la  tiranía  de  los  individuos.  Viénese  repitiendo  por 
nuestros  historiadores  que  el  «  cabildo  abierto  »  se  encuentra  en  las 
tradiciones  y  constituciones  del  antiguo  régimen  municipal :  creo 
que  les  sería  difícil  probar  su  afirmación,  y  exhibir  un  texto  en  que 
se  formulara,  entre  los  derechos  ó  deberes  de  los  avuntaraien- 
tos,  el  de  presidir  á  cualquier  avance  tumultuario  contra  su 
propia  autoridad  (i).  Que  esto  ocurra  en  la  práctica,  sobre 
todo  en  los  países   donde  la  libertad  y   la  licencia  son    las  dos 


(i;  No  ho  encontrado  mención  del  cabildo  abierto  en  Solórzano,  ni  creo  quo  la  haya  en 
lofl  antiguos  códigos  españoles.  En  cambio  una  ley  de  Juan  ti,  año  de  i4a3(N.  R.,  lib.  Vil. 
til.  III,  ley  1)  previene  que  «  las  Justicias  no  consientan,  que  fagan  levantamientos  ni 
ayuntamientos  contra  el  Concejo  y  OBcialcs,  ni  comunidad  do  gente  para  embargarlo» 
en  regir  y  gobernar,  ni  á  los  Justicias  en  la  execucion  dello  ..».  Castillo  de  Bovadilla.  el 
gran  expositor  del  derecho  comunal  español,  trae  dos  menciones  del  u  concejo  abierto  >> 
(^Polllica  para  corregidores^  II,  pág.  laa  y  127  de  la  edición  de  Amberes,  1750).  En  la 
primera  se  dice  que  «aunque  os  verdad  que  en  la  congregación  y  universidad  de  todo  un 
pueblo  (que  se  llama  concejo  abierto)  residía  la  mayoría  y  superioridad,  pero  ya  por  co<$- 
lumbre  resido  en  los  ayuntamientos  y  concojos...»;  en  la  segunda  se  estiblecc  que  ulo$ 
Regidores  representan  al  pueblo...  sin  que  sea  necesario  concejo  abierto  para  ello:  e>lo 
es  en  las  ciudades  y  lugares  populosos  ;  porque  en  las  pequeñas  villas  e^oslumbre  av  de 
juntarse  el  pueblo  para  algunas  cosas  señaladas  ;  y  en  el  corregimiento  de  Vizcaya  se  jun- 
ta y  con:;rega  para  algunas  ocasiones  en  el  campo  do  dizen  el  árbol  de  Cárnica».  Rous- 
scjiu,  quo  seguramente  no  conocía  á  Bovadilla,  tuvo  á  la  vista  la  misma  imagea  del  roble 
de  (luernira,  al  buscar  un  ejemplo  de  comicios  agrestes  entre  poblaciones  cortas  y  primi- 
tivas {Conlral  social,  IV,  I):  «  On  voil  chez  le  plus  heureax  peuple  da  monde  des  troapes 
de  paysans  régler  les  aff aires  de  VLlaisous  un  chéne...n. 


SANTIAGO  LINIERS  117 

caras  de  una  sola  medalla;  y  que  allí  mismo  el  empleo  de  ese  pro- 
cedimiento revolucionario  haya  sido  alguna  vez  salvador,  por  otras 
ciento  en  que  resultara  funesto:  nadie  ha  pensado  en  discutirlo.  Ello 
no  impide  que  representeuna  simple  variedad  déla  sedición.  Todos 
los  casos  de  concejos  abiertos,  que  en  la  historia  hispano-america- 
na   se  registran,  son  sediciosos  en  su  origen  ó  en  su   realización» 
cuando  no  en  su  doble  fase.  Como  los  de  Buenos  Aires  y  Montevideo, 
á  que  antes  se  aludía,  se  inician  con  la  invasión  de  las  salas  capi- 
tulares por  un  grupo  callejero,  entre  «  ¡vivas !  »  y  «  ¡  mueras !  »  igual- 
mente irracionales  y  subversivos,  para  rematar  con  un  atropello  á 
la  ley,  mentidamente  revestido  de  apariencias  legales,  —  y  sin  que, 
lo  repito,  el  resultado  benéfico  de  tal  ó  cual  de  esas  ciegas  impulsio- 
nes modifique  su  carácter  esencialmente  antipolítico  y  antisocial: 
del  propio  modo  que  el  hecho  de  haber  acertado  por  casualidad,  al 
hacer  fuego  contra  un  transeúnte  desconocido,  con  la  supresión  de 
un   malvado,    no  modifica  la  moralidad  del   acto.  Existen,   sin 
duda,  para  los  pueblos  como  para  los  individuos,  casos  de  legíti- 
ma defensa,  pero  éstos  quedan  excepcionales,  y  no  se  establecen 
principios  para  las  excepciones.  En  lugar,  pues,  de  celebrar  ios 
llamados  «  cabildos  abiertos  »  como  una  conquista  ó  una  manifes- 
lación  déla  democracia,  debemos  tenerlos,  á  la  par  de  las  «mon- 
toneras » ,  «  puebladas  »  (pues  Sud  América  se  vanagloria  de  haber 
bautizado  con  nombres  nuevos  esos*  achaques    viejos),   motines, 
pronunciamientos  y  otras  materias  de  derecho  inconstitucional,  por 
lo  que  son  en  realidad :  simples  erupciones  del  virus  anárquico  que 
prospera,  cual  en  sitio  de  elección,  en  las  entrañas  hispano-ameri- 
canas;  y  que,  sin  gravedad  para  el  organismo  político  si  fueran  acci- 
dentales, lo  mantienen,  tornándose  consuetudinarias,  en  un  estado 
de  miseria  fisiológica  é  incurable  marasmo. 

Celebróse  al  fin,  el  21  de  septiembre,  el  vociferado  cabildo  abier- 
to, en  la  misma  casa  consistorial  y  bajo  la  presidencia  de  Elío.  Lo 
componían,  además  de  los  capitulares,  jefes  militares,  funcionarios 
civiles  y  unos  veinte  diputados  del  pueblo,  quien,  por  las  puertas  y 


n8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ventanas  abiertas,  asistía  á  la  discusión,  formando  el  público  de  esa 
comedia.  Sabiase  de  antemano  el  resultado,  habiéndose  distribuido 
pasquines^  firmados  por  el  alcalde  Parod i  (¡nombre  simbólico!), 
que  contenían  la  invariable  consigna,  entre  alabanzas  á  Elío  é  insul- 
tos á  Liniers.  Pero,  como  abundaran  en  la  asamblea  los  togados  y 
teólogos,  salieron  á  relucir  las  argucias  legales,    sosteniéndose   la 
doble  tesis  contradictoria  de  que,  por  una  parte,  el   relevo  de   Elio 
era  nulo  por  no  haber  sido  consultada  la  Audiencia,  y  por  la   otra, 
había  caducado  la  autoridad  de  Michelena,  por  haberse  ausentado 
sin  anuencia  del  Cabildo !  Menos  vergonzosa  que  esta  sofistería  de 
leguleyos  fué  la  moción  de  los  diputados,  que  al  fin  se  impuso,    y 
consistía  sencillamente  en  desconocer  la  orden  del  virrey  y  mante- 
ner á  Elío,  elevándose  el  expediente  de  protesta  á  la  Audiencia  de 
Buenos  Aires,  á  la  vez  que  á  la  Junta  de  Sevilla.  Entonces  intervi- 
no el  «  pueblo  soberano  » ,  — compuesto  de  unos  doscientos  mirones 
reclutados  por  el  Cabildo :  oyéronse  desde  afuera  los  gritos  de  /  J«/i- 
la  como  en  España!  I  Abajo  el  traidor  Liniers!   Y  este  patriótico 
programa  fué  puesto  en  deliberación  y  aprobado  por  la  asamblea, 
nemine  discrepante.  La  primera  parte  era  de  realización  inmediata  : 
quedó  erigida  una  Junta  de  gobierno,  independiente  del  virreinato 
y  presidida  por  Elío.  La  ejecución  de  la  segunda  cláusula  parecía 
más  laboriosa ;    pero  se  dio  hacia  ella  un  paso  importante,  decre- 
tando que  ninguno  de  los  jefes  y  oficiales  existentes  en  la  provincia 
debía  obedecer  las  órdenes  del  virrev.  Para  la  consecución  del  resto 
del  programa,  ó  sea  echar  abajo  á  Liniers,  se  despachó  á  Sevilla  al 
ya  nombrado  don  José  Guerra  (¡  otro  nombre  simbólico  !),  j)orta- 
dor  de  un  expediente  de  cargos   pueriles  ó  calumniosos  contra 
el  virrey,  —  el  cual,  agregado  á  otras  denuncias  elaboradas  en 
Buenos  Aires,   había   de  surtir  á  su  tiempo  el  efecto  apetecido. 
Así  quedó  erigida  en  Montevideo  la  Junta  de  desgobierno,  é 
inaugurada  en  ese  suelo  fecundóla  serie  de  alzamientos  y  motines 
que,  mejorando  lo  presente,  había  de  dar  tan  alto  color  local  á  la 
historia  uruguaya.  Respecto  del  hecho  mismo,  como  acertadamente 


SANTIAGO  LINIERS  119 

lo  apunta  su  historiador  nacional  (1),   «  sería  inoficioso  extremar 
comentarios  » .  Aun  prescindiendo  de  su  desastroso  funcionamiento, 
cuyos  ejemplos  se  exhibían  en  la  metrópoli  con  sobrada  elocuencia. 
esta  pretendida  imitación  americana  de  las  juntas  españolas  des- 
cansaba en  un  error  grosero,  que  ni  en  la  vista  fiscal  antes  citada  ni 
en  la  carta  del  oidor  Cañete  (2)  se  evidenciaba  bastantemente.  Por 
sobre  los  argumentos  generales,  fundados  en  la  entidad  monárquica 
y  la  única  delegación  legítima  del  soberano  en  el  jefe  del  virreinato, 
contra  cuya  constitución  se  atentaba  abiertamente,  se  formulaba 
una  objeción  tópica  y  patente  en  los  mismos  ejemplares  que  se  in- 
vocaban :  y  era  que  en  ningún  reino  ó   provincia  de  la  Península 
había  ocurrido  el  caso  de  fraccionarse  la  autonomía  poli  tica  que  cada 
uno  de  éstos  representaba,  intentándose  multiplicar  esos  organis- 
mos parásitos.  En  todas  partes  el  furor  anárquico  habíase  detenido 
ante  la  mutilación  de  los  moldes  seculares  que,  vacante  el  trono  y 
secuestrado  el  príncipe,   eran  todo  lo  que  de  la  estructura  nacional 
quedaba  subsistente.  No  se  habían  creado  juntas  provinciales  sino 
en  las  capitales  ó  ciudades  con  voto  en  Cortes;  y  por  esto,  cuando 
un  experimento  de  pocos  meses  bastó  á  revelar  los  estragos  y  peli- 
gros de  su  coexistencia,  fué  posible  refundirlas  —  á  la  hora  misma 
que  en  estos  rezagados  las  discurrían  — en  la  Central  de  Aranjuez, 
que  revistió  cierto  viso  de  legalidad  por  componerse  de  delegados  de 
aquéllas,  ó  sea  de  supuestos  representantes  de  dichas  ciudades  (3). 

(i)  El  historiador  Bauza,  que  nunca  se  sonríe,  consagra  treinta  páginas  compactáis 
á  la  prolija  exposición  do  este  acto  memorable,  cuya  «  importancia  fundamental  no 
necesita  comentarios».  Allí  podrá  el  lector  empaparse  hasta  la  saturación  en  los  inQni- 
tos  detalles  de  esa  marimorena,  que  se  consignan  infatigablemente,  gastándose,  para  trans- 
mitir á  la  posteridad  la  actitud  respectiva  de  fray  Francisco  Carvallo  ó  del  capitán  Mi- 
lar  de  Boó,  mayor  solemnidad  que  la  de  Montesquieu  al  referirnos  las  vicisitudes  de  los 
imperios . 

(a)  Carta  consaltiua  apologética  de  los  procedimientos  del  Excmo.  señor  virrey  D.  San- 
tiago Uniers,  por  D.  Pedro  V.  Cañete,  Oidor  honorario  de  Charcas,  etc.  Imprenta  de 
Niños  Expósitos,  1809. 

(3)  En  realidad  la  Junta  central  de  Aranjuez,  y  más  tarde  de  Sevilla,  carecía  de 
poderes  legales,  no  habiendo  precedido  elecciones  en  forma. 


120  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

El  propio  criterio  informó  la  representación  de  las   colonias  en 
•   las  asambleas  de  la  Península,  así  en  la  Junta  Central  cooio  en  las 
Cortes  de  Cádiz ;  aun  bajo  el  influjo  de  la  corriente  innovadora,  á 
nadie  le  ocurrió  fragmentar  territorios  que,  en  sus  relaciones  políti- 
cas con  la  metrópoli,  constituían  otras  tantas  unidades  indivisibles: 
fueron  los  virreinatos  y  las  capitanías  generales,  en  globo  y  perso  - 
niñeados  en  los  ayuntamientos  de  sus  capitales  respectivas,  ios  que 
hubieron  de  elegir  y  mandar  diputados  á  España.  Ahora  bien  :  á 
ser  admisible,  en  estas  dependencias  directas  de  la  corona,  la  exis- 
tencia de  juntas  populares,  no  puede  ponerse  en  duda  que  hubiera 
regido  para  ellas  el  mismo  principio  que  allá:  vale  decir,  que  no  se 
habría  erigido  sino  una  en  cada  virreinato,  y  esto,   naturalmente, 
en  su  capital  y  única  ciudad  con  voto  en  Cortes.    Reconocido  el 
principio,  huelga  enseñar  las  consecuencias  lógicas  que  de  su  vio- 
lación se  desprendían :  la  erección  de  una  junta  en  Montevideo,  no 
era  más  ni  menos  arbitraria  que  la  de  otras  tantas  en  las  Intenden- 
cias,—  aun  suponiendo  que  hubiera  razón  legal  para  negar  igual  de- 
recho alas  subdivisiones  departamentales.  Sin  extremarla  conjetu- 
ra, y  ciñéndonps  á  la  realidad,  basta  advertir  que  el  funcionamiento 
de  una  junta  «suprema  »  significaba  la  reasunción  por  ésta  de  todo 
el  poder  público  y  la  proclamación  de  la  autonomía  local  (i).  Tal 
ocurrió  efectivamente  en  Montevideo :  la  provincia  oriental    se  dis- 
gregó del  virreinato;  y  la  semilla  separatista  caía  en  terreno  tan 
bien  preparado,  que  echó  raíces  definitivas. 

En  lo  que  respecta  al  escándalo  inaudito  del  gobernador  de  Mon- 
tevideo, que  aparecía  fomentando  y  dirigiendo  abiertamente  la  su- 
blevación de  una  provincia  contra   la  autoridad  del    virrey,   el 
.    desacato  administrativo  se  agravaba  singularmente  por  la  condición 
personal  del  culpable,  militar  en  servicio  activo  y  subalterno  de 

(i)  En  rigurosa  lógica,  la  Junta  de  Montevideo  no  podía  reconocer  la  autoridad  de 
la  de  Sevilla  :  las  provinciales  de  España  negaron  á  ésta  toda  supremacía  mientras  exis- 
tieron :  una  vez  creada  y  reconocida  la  Central,  tuvieron  que  desa{)arecer.  La  coexisten- 
cia era  incompatible. 


SANTIAGO  LINIERS  121 

aquél.  Aunque  fueran  más  positivos  y  menos  estúpidamente  for- 
oiulados  los  pretextos  de  «sospechada  infidencia»  con  que,  tanto 
el  Cabildo  como  el  Gobernador,  quisieron  justificar  su  alzamiento, 
nunca  pudo  éste  erigirse,  con  insultos  y  jactancia,  en  juez  del  supe- 
rior; mucho  menos  sentenciarle  con  su   espeso  discernimiento  de 
soldadote  ignorante,  después  que  la  misma    Audiencia  pretorial 
—  cuya  autoridad  y  luces  invocaban  los  rebeldes —  había  demos- 
trado lo  infundado  de  la  acusación.  Pero,  supuesto  el  caso  de  ser 
impermeable  á  la  razón  y  á  la  evidencia  ese  duro  casco  navarro, 
no  llegaba  su  insipiencia  hasta  ignorar  que  en  circunstancias  tales, 
las  leyes  de  Indias  y  las  Ordenanzas  le  prescribían  obedecer  y  elevar 
su  queja  ó  protesta  al  Soberano.  (jQué  viento  de  delirio  le  arrebató!* 
Conociendo  el  fondo  de  honradez  obstinada  y  brutal  que  caracteriza 
aquellas  almas  medioevales,  dudo  de  que  la  envidia  y  la  ambición 
del  mando  dirigieran  la  actitud  de  Elío.  Creo  más  bien  que,  exa- 
cerbado por  las  circunstancias  el  fanatismo  patriótico  que  arde  en 
la  sangre  scmiafricana  de  la  raza,  se  sintió  presa  del  mismo  delirio 
sanguinario  que  impulsó  colectivamente  á  sus  paisanos,  de  toda 
edad  y  condición,  á  cometer  contra  los  franceses  aislados,  prisione- 
ros y  hasta  heridos  en  los  hospitales,  las  atrocidades  que  indignaron 
á  Wellington.  Poco  le  hubiera  importado  la   elegancia,  la  nobleza, 
la  superioridad  jerárquica  y  social  de  Liniers :  todo  le  perdonara 
¡  menos  el  ser  francés!  Este  calificativo  fué  el  trapo  rojo  que  enfu- 
rece al  toro  y  le  hace  acometer,  con  la  cabeza  baja  y  los  ojos  inyec- 
tados,  hacia  la  muleta  que  oculta  el  acero.  El   absurdo  y  valiente 
Rodomonledel  absolutismo  evitó  aquí  el  castigo  reservado  á  los  jefes 
«  que  .se  levantan  en  armas  para  desmembrar  alguna  parte  del  terri- 
torio nacional  »;  pero  lo  logró  en  su  tierra,  catorce  años  después  : 
á  consecuencia  de  otra  insurrección  militar,  fué  condenado  á  garro- 
te vil  por  los  liberales  de  Valencia  (dqué  suplicio  le  hubieran  in- 
fligido á  no  ser  liberales  ?).  —  Entre  tanto,  el  solo  hecho  de  consu- 
marse en  un  virreinato  español  tal  atentado  administrativo  y  jerár- 
quico, y  contando  de  antemano,  no  sólo  con  la  complicidad  de  re- 


123 


ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


gidores  y  funcionarios,  sino  con  la  aprobación  del  soberano  (pues 
eso  era  la  Junta  Central),  la  que  se  manifestó  por  el  ascenso  del  cul- 
pable y  la  desgracia  del  inocente :  este  solo  hecho,  decimos,  revelaba 
el  desquicio  profundo  del  régimen  colonial.  De  muy  antiguo  habían- 
se denunciado  vicios  en  el  sistema  y  abusos  criminales  en  sus 
agentes ;  pero  nunca  jamás  había  trascendido  la  corruptela  al  des- 
conocimiento flagrante  de  las  leyes  en  que  el  mismo  edificio  político 
se  asentaba.  El  rebelde  premiado  osó  intentar  la  vuelta  á  Buenos  Ai- 
res, como  Inspector  general  de  las  tropas  que  había  ultrajado;  y  fué 
necesario  que  la  mayor  y  mejor  parte  de  su  oficialidad  le  infligiese 
la  humillación  que  merecía,  declarándole  indigno  del  mando  (i). 
Pero  también  esto  era  un  signo  de  los  tiempos;  y  en  el  desprecio  de 
las  autoridades,  aún  más  que  en  su  impotencia,  se  revelaba  el  sín- 
toma precursor  de  su  caída. 


III 


Dejamos  suficientemente  indicados,  en  páginas  anteriores,  los 
puntos  doctrinales  que  entre  Buenos  Aires  y  Montevideo  se  debatían ; 
por  lo  demás,  carecen  de  importancia  actual  los  lances  del  paso  retóri- 
co que  los  togados  de  una  y  otra  banda  durante  meses  prolongaron, 
con  gran  acopio  de  citas  ciceronianas,  y  sin  queá  ninguno  le  ocurrie- 
ra la  de  Silent  legcs  ínter  arma  (2), que  en  aquellos  momentos  parecía 
serla  única  pertinente.  La  Audiencia  pretorial,  á  cuya  decisión  pro- 
testaban apelar  los  revoltosos,  sostuvo  enérgicamente  al  virrey,  sobre- 


(i)  Véanse  los docamoutos  5  y  siguientes. 

(a)  CicEHO?!,  Pro  Milone^  IV.  Una  de  estas  citas  fué  tan  repetida  y  comentada  quo 
quedó  como  estribillo  de  gaceta  en  esta  forma  más  ó  menos  correcta  :  u  La  República  siem- 
pre es  atacada  bien  y  es  defendida  mal  ».  Supongo  que  el  pasaje  apuntado  sea  el  princi- 
pio del  S  ^7  do  la  Oratió  pro  Sextio ;  Majoribus  prsesidiis  et  eopiis  oppugnatar  respubliea^ 
<¡uam  defenditar.  Es  lugar  común  muy  traído  por  autores  griegos  y  latinos. 


SANTIAGO  LINIERS  128 

Garlando  su  precedente  oficio,  que  ordenaba  la  disolución  de  la  Junta 
y  comparecencia  del  Gobernador,  sin  que  la  segunda  intimación 
surtiera  más  efecto  que  la  primera.  Elío  redobló  sus  insolencias  y 
atropellos,  y  á  su  influjo  la  Junta  extremó  en  la  población  el  régi- 
men terrorista;  en  tanto  que  ese  Cabildo  (aunque  de  hecho  estaba 
refundido  en  la  Junta)  dirigía  al  de  Buenos  Aires  una  exposición  de 
supuestos  agravios,  que  sólo  se  componía  de  soeces  desahogos  contra 
Liniers.  Esta  incitación  á  la  anarquía  no  podía  tener  otro  alcance 
que  publicar  el  acuerdo  existente  entre  ambas  corporaciones;  así  lo 
puso  de  manifiesto  el  grupo  de  Alzaga.  urdiendo  un  complot  mili- 
lar  que  debía  estallar  á  mediados  de  octubre,  y  fracasó  por  la  actitud 
resuelta  de  Liniers,  apoyada  en  los  tercios  urbanos  de  Saavedra  y 
García  (i).  Entre  tanto  el  virrey  despachaba  para  España  á  su  ayu- 
dante Quintana,  con  una  exposición  documentada  de  los  aconteci- 
mientos, sin  mucho  confiar,  probablemente,  en  el  meditado  estudio 
que  de  ella  harían  las  vagas  autoridades  peninsulares.  No  había  de 
escapársele  que  el  documento  más  influyente  en  las  resoluciones 
oportunistas  de  aquella  Junta  fuera  el  anuncio  de  haberse  pacifica- 
do, por  la  razón  ó  la  fuerza,  el  virreinato:  demuestra,  en  efecto, que  es- 
to mismo  se  intentó,  una  proclama  del  virrey  al  vecindario  de  Mon- 
tevideo en  que  le  avisa,  en  noviembre  de  1 808,  los  propósitos  de  cier- 
ta expedición  armada  al  mando  del  brigadier  Velasco  (2).  Hay  prue- 

(i)  Véase  el  documento  número  9,  en  que  consta  la  junta  de  Guerra  tenida  el  5  de 
octubre  por  los  comandantes  de  los  cuerpos,  con  excepción^  naturalmente,  del  de  Re- 
zábal.  que  debia  sublevarse. 

(3)  Ningún  historiador  menciona  esta  expedición,  y  pudiera  creerse  que  se  detuvo 
en  sus  primeros  pasos,  si  no  en  sus  preparativos.  Sin  embargo,  además  do  la  proclama 
(impresa  el  36  de  noviembre  en  los  Niños  Exjiósitos),  Liniers  en  su  carta  de  enero  3o  de 
1809  á  doña  Carlotji  ^publicada  en  La  Biblioteca^  iV,  3o8),  alude  á  u  la  proclama  que 
tuve  por  conveniente  dirigir  al  pueblo  de  Montevideo,  y  el  destacamento  que  hice  pasar  d 
la  baadn  septentrional  de  este  Bio  i>.  Por  otra  parte,  ésta  respondía  al  mismo  orden  de  ideas 
que  en  ia  presentación  do  García  (documento  citado)  asi  se  formula  :  «  Fué  la  mayoría 
de  votos  (en  la  Junta  de  guerra)  ser  un  Gobernador  (alzado)  contra  la  autoridad  sobe- 
r.ina,  y  que  habiendo  fuerza  debía  atacársele  y  sujetarlo  como  á  un  insurgente».  No 
«  había  fuerzas  »,  ni  probablemente  se  produjo  allí  el  pronunciamiento  con  que  se  con- 
taha, y  Velaaco  tuvo  que  envainar  su  espada. 


la/i  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

bas  de  que  el  proyecto  pasó  de  veleidad  y  tuvo  un  principio  de  rea- 
lización; pero  no  hubo  de  ir  muy  adelante,  no  contando  Liniers  con 
uñábase  sólida  en  aquella  banda,  donde  hasta  los  buques  del  Apos- 
tadero eran  en  su  mayoría  hostiles;  ni  pudiendo  tampoco  despren- 
derse de  los  cuerpos  urbanos  que  eran  en  Buenos  Aires  su  principal 
apoyo.  Tuvo  que  aceptar  resignado  su  poco  airosa  situación,  hasta 
tanto  que  las  órdenes  superiores  ó  los  mismos  sucesos  la  resolvieran, 
y  por  lo  pronto  atender  á  las  intrigas  que  por  el  lado  del  Brasil  ve- 
nían á  complicar  los  peligros  internos. 

Fué  la  primera  consecuencia  de  las  discusiones  plalenses  renovar- 
se las  veladas  intimaciones  del  Brasil,  por  conducto  del  mariscal  de 
campo  Curado  que  permanecía  siempre  en  Montevideo,  persiguien- 
do, so  color  de  una  misión  diplomática  que  no  acababa  de  deOnirse, 
una  campaña  sorda  de  espionaje  é  intriga.  Con  todo,  el  nuevo  esta- 
do de  las  relaciones  entre  Inglaterra  y  España,  quitando  al  Príncipe 
Regente  el  concurso  efectivo  de  su  «  poderoso  aliado  »,  atenuaba 
singularmente  el  alcance  de  sus  amenazas  que,  así  reducidas  á  la 
eventualidad  de  una  conquista  portuguesa,  no  pasaban  por  lo  pronto 
de  belicosas  baladronadas.  Cobraron  allí  mismo  viso  más  inquie- 
tante otras  repercusiones  de  los  acontecimientos  europeos,  que  ha- 
llaron un  foco  de  vibrante  resonancia  en  la  ambición  enfermiza  de 
la  infanta  Carlota;  y  se  complicaron  con  las  maniobras,  ya  concu- 
rrentes, ya  encontradas,  del  príncipe  Juan,  —  y  sobretodo  del  mi- 
nistro inglés  Strangford  y  del  turbulento  almirante  Sidney  Smith: 
tutores  altaneros,  aunque  felizmente  antagónicos,  de  la  desvalida  y 
menesterosa  dinastía. 

¡  Cuadro  lamentable  y  melancólico,  si  bien  desprovisto  de  trági- 
ca grandeza,  había  sido  aquel  lanzamiento  de  toda  una  corte  por  de- 
creto imperial,  al  través  de  dos  mil  leguas  de  mar,  con  su  caótico 
arrumaje  de  personas  y  cosas  hacinadas  en  el  /  sálvese  quien  pueda  ! 
de  la  fuga,  y  su  deshilado  desembarco  en  esta  vasta  aldea  colonial.  — 
tan  mal  apercibida  para  servir  de  termino  al  éxodo  palaciego  que, 
después  de  seis  meses,  la  instalación  no  había  perdido  aún  su  aspecto 


SANTIAGO  LINIERS  ia5 

de  campamento !  —  Quince  mil  desarraigados  de  todos  oficios  y  con- 
diciones habíanse  hacinado  en  los  sesenta  buques  que  formaban  la  flo- 
ta de  mudanza,  fuera  de  los  emigrantes  que  á  la  rastra  llegaban  dia- 
riamente por  embarcaciones  inglesas:  tal  era  la  multitud  que  se  aba- 
tía en  los  malecones  de  Río,  con  sus  equipajes  y  pacotillas  salvadas 
del  naufragio,  en  demanda  de  víveres  y  refugio  que  no  todos  halla- 
ron desde  las  primeras  horas.  Los  dignatarios,  cortesanos  y  demás 
privilegiados  habían  encontrado  alojamiento  más  ó  menos  cómodo, 
aceptando  la  generosa  hospitalidad  de  los  vecinos ;  otros  se  insta- 
laban sin  escrúpulo  en  los  hogares  cuyos  dueños  habían  sido  violen- 
tamente lanzados  por  orden  del  virrey;  pero,  á  millares  se  conta- 
ban los  grupos  de  expatriados  que,  por  el  pronto,  buscaron  abrigo 
en  las  barracas  y  choupanas  de  los  suburbios.  Aunque  no  faltaron  los 
artículos  de  primera  necesidad,  merced  á  las  proveedurías  organiza- 
das en  las  vecinas  capitanías,  todo  fué  al  principio  desorden  y  penu- 
ria, en  medio  de  la  abundancia  del  país  y  á  pesar  de  las  enormes  ri- 
quezas, en  moneda  y  joyas,  extraídas  de  Lisboa.  No  obstante,  el 
ardor  de  los  sentimientos  monárquicos  se  sobrepuso  á  todos  los  in- 
convenientes y  privaciones  materiales;  los  príncipes  fueron  acogidos 
con  delirante  entusiasmo  y  recibidos  bajo  arcos  triunfales,  entre  sal- 
vas y  aclamaciones.  La  fe  ardiente  é  ingenua  del  pueblo  miraba  en  la 
presencia  real  de  sus  soñados  monarcas  un  gaje  de  imperturbable 
felicidad ;    y  apenas  si  fué  notado,  en  el  alborozo  de  la  arribada,  el 
paso  furtivo  de  un  grupo  de  servidores  que  llevaban  en  un  sillón  y 
metían  en  un  coche  cerrado  auna  demacrada  anciana  que,  la  mirada 
extraviada,  las  greñas  blancas  en  desorden  fuera  de  su  toca  negra, 
arrojando  aullidos  y  voces  incoherentes,  forcejaba  desesperadamen- 
te para  escaparse  :  era  la  reina  demente  doña  María,  tétrico   emble- 
ma de  lamina  nacional,  á  quien  arrancaran  de  su  habitual  estupor 
el  tumulto  y  traqueo  del  desembarco. 

La  misma  familia  real  tuvo  primero  que  acudir  para  instalarse  á 
la  munificencia  de  algunos  subditos;  tanto  más,  cuanto  que  en  Río, 
como  en  Lisboa  y  abordo,  formaba  dos  grupos  distintos.    Por  el 


136  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

pronto,  los  monjes  carmelitas  cedieron  su  convento;  pero  luego  fué 
regalada  al  Regente  la  hermosa  quinta  de  Boa  Vista,  que  vino  á  ser 
el  palacio  de  Sao  Christováo,  donde  aquél  se  instaló  con  la  reina  ma- 
dre, su  hijo  don  Pedro  y  su  sobrino  don  Pedro  Carlos,  hijo  del  in- 
fante de  España  don  Gabriel  y  de  la  infanta  portuguesa  Mariana.  La 
princesaCarlota  ocupó  una  villa  pintoresca  en  el  retirado  arrabal  del 
Engenho  Velho,  con  sus  dos  hijas  y  el  infante  don  Miguel  (i).  De 
años  atrás  la  separación  de  los  consortes  era  absoluta  y  definitiva, 
no  juntándose  sino  en  los  minutos  de  las  ceremonias  oficiales.  Pero 
desconocería  el  carácter  del  bastardeado  retoño  de  los  Braganzas, 
quien  atribuyera  tal  acti  tuda  sus  justos  resentimientos  de  esposo  mil 
veces  y  en  las  formas  más  viles  ultrajado  :  era  sólo  el  pusilánime 
soberano  quien  procuraba  defenderse  contra  las  arterías  de  la  prin- 
cesa, que  en  Lisboa  no  dejó  nunca  de  mover  contra  el  Regente  y 
heredero  del  trono,  un  partido  de  frailes  y  nobles  absolutistas.  Aquí, 
en  el  Brasil,  lejos  de  la  corte  española,  y  substraído  á  su  mirada  el 
objeto  de  su  pesadilla,  el  pobre  don  Juan  se  atrevía  á  respirar.  Si 
bien  era  tan  pazguato  y  para  poco  el  infeliz,  que  ocurría  presentarse 
en  palacio  la  desterrada  tarasca,  atropellando  guardias  y  ministros, 
hasta  dar  con  el  escondido  Menelao  y  arrancarle,  con  injurias  soeces 
diante  dos  fámulos^  loque  por  resolución  gubernativa  se  le  negara. 
Así  y  todo,  sentíase  relativamente  dichoso,  bastándole  que  los  días 
de  tormenta  fuesen  en  Río  tan  excepcionales  como  los  de  calma 
en  Lisboa. 


(i)  En  las  Memorias  Secretas  de  Presas,  se  dice  siempre  el  ((palacios  por  la  morada 
de  Carlota ;  pero  es  fácil  ver  que  no  se  trata  del  ocupado  por  el  Regente.  Esto  mismo  se 
afirma  y  prueba  categóricamente  por  Pereira  da  Silva  (Historia  da  fundado  do  Imperio 
brazileiro^  I,  a6a  — déla  segunda  edición,  muy  superior  a  la  primera)  :  «  Separados  con- 
tinuaram  a  vi  ver  no  Rio  de  Janeiro,  como  o  praticaram  em  Lisboa...  No  palacio  de  Slo 
Christováo  fíxou  o  principe  a  sua  morada,  acompanhado  da  rainha  Marjsa,  do  principe 
D.  Pedro  seu  fílho.  e  do  infante  Don  Pedro  Carlos,  seu  sobrinho.  Em  uma  vasti  propie- 
dade  entre  o  Engenho  Velho  e  o  Rio  Comprido,  situada  sobre  um  outeiro  pittoresco,  fixou 
Carlota  o  seu  domicilio,  cercada  das  filhas  e  do  infante  D.  Miguel  do  Braganza.  Viam-se 
os  dous  consortes  juntos  únicamente  em  festas  publicas  e  no  theatro,  afim  de  guardaren 
as  apparencias  precisas  diantc  do  povo  » . 


SANTIAGO  LINIEUS  lay 

La  hermana  mayor  de  Fernando  VII  sólo  tenía  á  la  sazón  treinta 
y  tres  años ;  pero, desairada,  prematuramente  envejecida,  achacosa, 
medio  tísica,  consumida  de  ambición  y  lujuria,  ofrecía  el  espectáculo 
tres  veces  repugnante  del  vicio  femenino  unido  á  la  perfidia  y  á  la 
fealdad.    Comparado  con  este  cínico  desenfreno,  el  real  ménage  á 
trois  de  Madrid  cobraba  aspecto  burgués  y  casi  regular.  La  pasividad 
vacuna  de  María  Luisa  parecía  virtud,  junto  al  furor  impúdico  de 
su  hija,  intencionalmente  agresivo  y  degradante  para  el  Regente  y  el 
pueblo  portugués.  Habíasela  visto,  en  Lisboa,  colmar  sus  escándalos 
privados  con  el  atentado  público  de  encabezar  una  conspiración  con- 
tra su  marido;  y,  fracasada  ésta,  tomar  bajo  su  íntima  protección 
á  los  individuos  de  la  soldadesca  y  frailería  más  comprometidos. 
Su  vulgaridad  de  gustos  y  grosería  de  modales  hubieran  chocado 
en  un  cuerpo  de  guardia.  Entregábase  con  su  secretario  Presas  (i)  á 
confianzas  tales,  que  el  digno  rodrigón  omite  relatarlas  «  por  no  ofen- 
der la  moral  y  la  decencia  »;  —  y  por  el  matiz  de  lo  que  cuenta, 
infiérese  el  color  délo  que  calla.  Al  paso  que  la  edad  y  la  pérdida  del 
poder  la  obligaban  á  descender  más  y  más  en  sus  elecciones,  vengá- 


(t)  El  doctor  José  Presas,  cuya  gracia  principia,  como  la  de  Montalbán.con  el  nombre 
y  titulo,  era  una  especie  de  Gil  Blas  gerundense  que  vivió  en  Buenos  Aires  á  principios 
del  siglo,  graduándose  aqu i  do    «doctor  en  teología  »,  dice    el  Diccionario  enciclopédico 
(¡pues    figura  entre  los  ilustres!),  quince  años  antes  de  fundarse  la  Universidad.    Por 
supuesto  que  nunca  figuró  entre  los  alumnos  ni  examinandos  del  colegio  de  San  Carlos. 
Por  no  sé  qué  trapicheos  políticos  tuvo  que  marcharse  de  Buenos  Aires,  á  principios  do 
1808.  Liniers,  en  una  carta  á  doña  Carlota,  le  denuncia  <í  «este  individuo,  maligno  por 
carácter,  hombre  inquieto  y  revoltoso  á  quien  el  gobierno  le  formó  causa».  En  justicia 
debe  advertirse  que  la  «causa»  no  parece  que  afectara  la  probidad  de  Presas.  Tampoco 
carecía   éste  de  tal  cual   bagaje  corriente  y  facilidad  plumaria  que  deslumhrarían  á  esa 
analfabeta  señora,  de  quien  fué  secretario  á  tonl  faire  más  de  tres  años.  Las  curiosas  Me- 
morias secretas^  que  contal  motivo  escribió,  deben,  naturalmente,  ser   consultadas  con  pre- 
caución y  desconfianza,  como  las  Anécdotas  de  Procopio,  y  en  general  todas  las  denuncias 
clandestinas   de    los  criados    contra  sus  amos.  En  cuanto    se  relaciona  con  su  interés  y 
supuesta  importancia,    el  divertido  personaje  miente  con  absoluto  candor  (asi,  v.  gr.  el 
cuento  de  su  llegada  á  Río  y  entrada  en  funciones  tiene  que  ser  fantástico);  pero  muchos 
de  los  chismes  que  refiero  han  de  ser  ciertos.  Por  lo  demás,  creo  innecesario  prevenir  al 
lector  que  no  es  en  el  oficio  ó  la  antecámara  donde  hay  que  proveerse  de  apreciaciones 
políticas  y  juicios  morales. 


ia8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

base  villanamente  de  quien  la  desdeñara,  —  á  no  disponer  de  las 
carroñadas  de  Sidney  Smith;  —  y  en  Río  de  Janeiro,  empleaba  su 
resto  de  influencia  en  pedir  el  castigo  de  un  oficial  que,  decididamen  • 
te  ¡  prefirió  la  cárcel  á  los  favores  de  la  real  bruja !  —  Sus  senti- 
mientos hacían  juego  con  sus  gustos,  así  como  éstos  se  amoldaban 
á  su  desequilibrada  mentalidad.  Entre  aquéllos,  los  de  hija  y  de  ma- 
dre, que  se  tienen  por  inherentes  al  ser  humano,  aparecían  en  Car- 
lota desviados  hasta  el  extremo  de  referirlos  deslices  de  María  Luisa 
á  un  fámulo ;  en  tanto  que,  para  quitar  al  desnaturalizado  don  Miguel 
cualquier  vestigio  de  escrúpulos  —  si  los  tuviera  —  respecto  de  su 
padre  y  hermano,  dábale  á  entender  que  era  hijo  adulterino.  En 
cuanto  á  su  inteligencia,  era  la  de  Fernando  VII,  con  la  misma 
ignorancia  unida  á  la  misma  perversión  de  criterio,  resultante  de  la 
raza  enteca  y  del  medio  corruptor.  Sus  cartas  incorrectas  no  reve- 
lan un  asomo  de  cultura  literaria  ó  información  histórica;  pero  no 
carecen  de  cierta  salpimienta  desvergonzada  y  manolesca,  que,  bajo 
la  pluma  de  una  princesa  real,  escandaliza  como  un  j  por  vida!  en 
boca  de  un  clérigo.  Por  lo  demás,  una  incapacidad  absoluta,  no  di- 
gamos para  formarse  un  concepto  cabal  de  las  cuestiones  políticas 
que  á  tontas  y  á  locas  barajaba,  sino  para  dominar  su  histerismo  y 
desempeñar  exteriormente,  con  prudencia  y  aparente  discreción,  el 
papel  que,  conocido  su  prurito  de  mando  y  su  fervor  de  intriga,  de- 
biera de  años  antes  saberse  de  memoria.  Sus  faltas  de  tacto  eran  en 
realidad  faltas  de  concepto;  en  otros  términos:  la  revelación  de  un 
estado  de  inconsciencia  mental  no  menos  completa  que  la  moral ; 
por  eso,  en  un  momento  dado,  encontraba  siempre  la  palabra,  ó  to- 
maba precisamente  la  actitud,  que  más  podía  perjudicarle.  Además 
de  los  muchos  ejemplos  que  refiere  el  amanuense  Presas,  —  y  de 
otro  enorme  que  habré  de  mencionar  luego, pues  caracteriza  el  imbro- 
glio  platense,  —  recuérdese  la  carta  inaudita  que  la  misma  Carlota 
dirigió á  las  cortes  de  Cádiz  (i),  en  i8i  i ,  para  desahogarse  contra  su 

(i)  A  pesar  de    su    compostura    monárquica,  Toreno  (Historia^   III.  5 a 4)  no    puede 
dejar  de  reconocer  que  el  paso  probaba  «  por  lo  menos  imprudencia  extraña  y    sama». 


SANTIAGO  LINIERS  139 

esposo  el  Regente  de  Portugal,  y  que  terminaba  con  pedir  á  sus  dos- 
cientos confidentes  ¡  la  mayor  reserva !  En  resumen,  y  dejada  á 
un  lado  toda  superstición  monárquica,  tratábase  de  una  mujerzuela 
extravagante,  cuya  verbosidad  é  inquietud  enfermiza  encubrían  la 
garrulería  y  el  instinto  errabundo  que  son  propios  de  la  meretriz 
orgánica  :  gárrula  el  vaga,  qaietis  impatiens  (i), . .  Pero  ¿no  basta 
acaso,  para  fijar  el  eslabón  que  en  la  cadena  degenerativa  de  los 
Borbones  ocupa  la  infanta  Carlota,  recordar  que,  bija  y  hermana  de 
quienes  sabemos,  dio  á  luz  y  crió  con  predilección  al  monstruoso  y 
grotesco  don  Miguel  de  Portugal  :  impulsivo  sádico  que  á  los  diez 
años  se  embriagaba,  á  los  quince  torturaba  á  las  negras  por  él  vio- 
ladas, y  á  los  diez  y  nueve  no  sabía  leer,  — por  cuyas  relevantes  con- 
diciones fué  llamado  de  dos  mil  leguas  para  ceñir  una  corona,  y  ejer- 
citar sus  talentos  sobre  todo  un  rebaño  nacional  ? 

Tal  era  el  augusto  mamarracho,  mezcla  de  Mesalina  y  Maritornes, 
cuya  candidatura  eventual,  para  el  gobierno  ola  regencia  interina  de 
estas  provincias,  mereció  la  adhesión  entusiasta,  no  sólo  de  los  Pa- 
dilla. Saturnino  Rodríguez  Peña,  Contucci,  Presas  y  demás  corre- 
dores de  empresas  intérlopes ;  sino  también  de  patriotas  tan  sinceros 
ó  socialmente  considerados  como  Belgrano,  Passo,  Moreno,  Funes, 
Pueyrredón,  etc.,  cuyo  grupo  ha  recibido  y  en  parte  merecido,  se- 
guramente.por  iniciativas  políticas  mejor  acordadas  que  la  presente, 
el  apelativo  enfático  de  «  Precursores  de  la  independencia  ».  A  juz- 
gar por  los  resultados,  no  ha  de  ser  tarea  fácil  la  de  dilucidar  des- 
pués de  tantos  años  este  episodio  histórico,  siendo  así  que  su  teje 
maneje,  más  que  á  realidades  tangibles,  correspondía  á  veleidades  y 
proyectos  no  muy  clara  ni  siempre  sinceramente  expresados  por 
los  corresponsales.  Sabido  es  como  se  prolongó,  después  de  la  revo- 
lución, hasta  empalmar  con  los  conflictos  de  la  independencia  uru- 
guaya. ?ío  tenemos  felizmente  que  tocarlo  sino  en  su  primera  parte. 

Véase  también  la  carta  infantil  á  Goyenecho  (citada  on  Belgrano^  II,  706)  recomendán- 
dole qae  «  cuanto  antes  »  venga  á  reducir  á  Buenos  Aires. 

(i)  Peotehb.  va. 

ASALV8  DB  LA   BIBUOTBCA.    T.    III  Q 


1 3o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

para  demostrar,  en  forma  tan  concisa  como  posible  sea,  y  contra  la 
tesis  generalmente  admitida  :  i°  que  la  aventura  de  la  princesa  Car- 
lota, no  sólo  en  razón  de  la  persona  sino  en  sí  misma,  era  una  cala- 
verada quetenia  por  teatro  un  castillo  de  naipes ;  s'^quela  oposición 
franca  y  tenaz  de  Liniers  —  noindecisani  discutible,  como  gratuita- 
mente se  aQrma  —  fué  la  que  más  contribuyó  á  salvar  estas  pro- 
vincias de  tan  costoso  cuanto  estéril  experimento. 

No  bien  confirmadas  en  Rio  de  Janeiro  las  renuncias  de  los  Bor- 
bones  y  la  proclamación  de  José,  la  inquieta  Carlota,  que  se  devo- 
raba en  el  vacío  de  esta  nueva  é  insoportable  existencia  colonial,  se 
abalanzó  sobre  la  presa  —  ó  la  sombra  —  que  las  circunstancias  le 
deparaban  :  inmediatamentehizosolicitary  obtuvo  del  Regente,  por 
intermedio  del  contraalmirante  Sidney  Smith,  la  autorización  nece- 
saria para  hacer  públicas  su  protesta  contra  el  usurpador  y  la  rei 
vindicación  de  sus  derechos  eventuales  al  trono  de  España.  Fuera 
de  no  poder  negarse  á  un  pedido  del  jefe  de  la  escuadra  inglesa,  —  á 
no  cruzarse  otra  disposición  del  plenipotenciario  lord  Strangford(i), 
—  el  real  fantoccio  no  debía  de  ver,  supuesto  que  algo  viera,  sino 
ventajas  en  estas  distracciones  inofensivas  de  la  princesa,  que,  sea 
cual  fuere  su  éxito,  ocupaban  el  lugar  de  otras  peores.  El  manifiesto 
á  los  ((  vasallos  de  las  Españas  é  Indias  »  se  mandó  imprimir  en  Río 
y  distribuir  profusamente  en  América,  no  habiéndose  publicado  en 
Europa,  según  Llórente,  hasta  abril  de  1810.  Este  documento,  en 
cierto  modo  privado,  y  curioso  bajo  tantos  aspectos,  era  datado  del  19 
de  agosto  de  1808;  y  desde  luego  presentábala  singularidad  deque, 
siendo  firmado  por  La  Princesa  doña  Carlota  Joaquina  de  Barbón, 


(i)  Al  poco  tiompo  de  encontrarse  ambos  en  Rio,  se  produjo  entre  al  diplomático  j  el 
almirante  una  honda  desavenencia,  a  bitler  qaarrel,  que  terminó  con  el  llamamiento  del 
último  á  Inglaterra,  á  mediados  de  1809.  En  el  fondo  elconQicto  provenia,  una  ves  máf, 
de  haber  dado  á  un  agente  instrucciones  públicas  que  contradecían  las  secretas  dadas  i 
otro.  Después  de  producido  el  escándalo,  Sidnej  Smith  probó  que  su  conducta  se  ajustaba 
en  el  fondo  á  las  instrucciones  secretas  de  Canning.  Por  lo  que  respecta  á  la  fomu 
extravagante,  nadie  ignora  que  su  famosa  defensa  de  San  Juan  de  Acre  contra  Napoleón 
quedó  como  una  insolación  crónica  en  el  cerebro  del  exuberante  y  fantástico  marino. 


SANTIAGO  LINIERS  i3i 

sin  alusiÓQ  alguna  á  sus  títulos  matrimoniales,  aparecía  refrendado 
por  don  Fernando  Josef  de  Portugal ;  quien  era  nada  menos  que  el 
ministro  del  Interior  y  Hacienda  del  Brasil  !  Ello  se  explica,  si  no 
se  justifica,  aceptando  la  versión  de  Presas,  según  la  cual  «  este  ne- 
gocio fué  tratado  en  consejo  de  Estado  presidido  por  el  mismo  prín- 
cipe Regente,  y  en  él  se  acordó  que  se  escribiese  el  manifiesto  d. 
I  Quién  lo  escribió  ?  Pocos  días  antes  estuvo  en  Río  el  elástico  Go- 
yeneche,  gozando  gran  privanza  con  la  princesa,  y  no  es  imposible 
que  sugiriera  ó  fomentara  el  pensamiento  de  la  proclama ;  pero  no 
veo  razón  para  despojar  á  Presas  de  la  paternidad  que  se  atribuye. 
Éste  declara  que  fué  su  estreno  de  secretario,  mejor  dicho  el  coup 
íessai  que  motivó  su  nombramiento  de  secretario  privado  (i).  Es  lo 
cierto  que  la  mediocridad  del  escrito  admite  todas  las  hipótesis.  Este 
se  limita,  en  medio  de  una  fraseología  pomposa  y  hueca,  á  indicar 
vagamente  á  doña  Carlota  como  a  depositaría  y  defensora  »  de  los 
derechos  de  su  familia,  para  a  cuidar  muy  particularmente  de  la 
tranquilidad  pública  y  defensa  de  estos  dominios,  hasta  que  mi  muy 
amado  primo  el  infante  don  Pedro  Carlos,  ú  otra  persona  llegue  entre 
vosotros...  í)  A  más  de  esquivar  toda  declaración  precisa  sobre  su 
t(  candidatura  »,  la  pretendienta  incurría  en  la  doble  falta  política  de 
referirse  con  insistencia  á  los  derechos  de  su  «  señor  padre  y  rey 
don  Carlos  IV  »,  los  cuales  debían,  por  el  contrario,  óonsiderarse 
caducos,  y  sobre  todo  de  equiparar  á  los  propios  los  muy  lejanos  y 

(i)  Memorias,  7:  c<  Me  granjeó  el  mayor  concepto  con  SS.  AA.  RR.  y  con  los  secre- 
tarios de  Estado,  quienes  concibieron  la  idea  de  que  yo  podria  servir  para  el  manejo  de 
negocios  de  alta  monta  »  ( ! ).  Presas  nos  dice  que,  á  los  pocos  días  (por  consiguienio  en 
agosto),  entró  en  funciones,  aunque  en  el  certificado  de  Carlota  (p,  100)  se  lee  que 
sólo  fué 'desde  noviembre  de  1808,  focba  que  concuerda  con  las  primeras  esquelas  de  la 
princesa.  Pero  no  hay  que  pararse  en  pelillos  con  este  personaje.  La  historia  de  sus  pri- 
meras relaciones  con  Sidney  Smith  y  la  corto  no  soporta  el  examen.  Dice  que  álos  pocos 
días  de  llegará  Río  el  almirante,  éste  llamó  á  Presas  y  le  mostró  las  proclamas  de  la 
Junta  do  Sevilla :  Sidney  Smith  estaba  ya  en  la  corte  brasilera  á  principios  de  junio, 
faltando  dos  meses  para  recibirse  tales  comunicaciones,  etc.  Todo  se  concibe  con  admitir, 
una  vez  por  todas,  que  Presas  arregla  las  fechas  según  sus  conveniencias.  Lo  probable 
es  que  el  pobre  diablo  anduvo  intrigando  algunos  meses  y  ofreciendo  á  diestra  y  siniestra 
sus  servicios,  hasta  que  la  necesidad  de  un  u tinterillo»  español  los  hizo  aceptar. 


i3a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

problemáticos  del  infante  Pedro  Carlos.  Evidentemente,  la  petu- 
lante princesa  ignoraba  todavía  los  términos  de  la  cuestión  dinás- 
tica en  España ;  en  cuanto  a  sus  términos  en  América,  babía  de 
ignorarlos  siempre,  —  si  bien  no  los  conocían  mucbo  más  los  «  pre- 
cursores ')  que  desde  el  Plata  fomentaban  sus  miras. 

Reservando  la  situación  de  hecho  creada  en  España  por  Napoleón, 
los  derechos  eventuales  de  Carlota  á  la  corona  eran  incontrovertibles, 
y  ocupaban  el  lugar  inmediato  á  los  de  Fernando  y  sus  hermanos 
varones  (i).  Así  lo  habían  sancionado  por  voto  unánime  las  corles 
de  1789  (que  juraron  á  Fernando  como  príncipe  de  Asturias),  con 
la  particularidad  de  que,  al  hacer  derogar  el  Auto  acordado  con  que 
se  introdujo  la  Ley  Sálica  por  Felipe  V,  fué  el  ánimo  de  Carlos  IV 
aproximar  á  las  gradas  del  trono  á  Carlota  y  su  descendencia,  ó  sea 
propender  á  otra  reunión  ibérica.  Aunque  no  publicada  la  pragmá- 
tica, nadie  ignoraba  su  existencia.  El  22  de  junio  de  1808,  la  Junta 
de  Murcia  recordaba  el  hecho  en  una  circular  á  las  demás  del  reino, 
redactada  por  el  mismo  Floridablanca  que  promovió  dicha  san- 
ción (2);  de  suerte  que,  más  tarde,  las  resoluciones  de  las  cortes  de 
Cádiz,  que  se  condensaron  en  el  artículo  180  de  la  Constitución,  no 
hicieron  más  que  confirmar  lo  establecido  y  notorio.  La  autorizada  ex- 
posición del  ex  ministro  y  futuro  presidente  de  la  Junta  Central  causó 
tanto  mayor  regocijo  en  el  círculo  de  la  princesa  del  Brasil,  cuanto 
que  esta  cabeza  de  chorlito  le  dio  en  el  acto  una  interpretación  exa- 
gerada y  errónea  (3).  Floridablanca  emitía  dos  proposiciones  dis- 


^1)  PostériormoDte  (i8  de  mano  de  i8i2^  las  Cortes  habíaa  de  anular  los  derechos 
del  infante  Don  Francisco  de  Paula.  «  En  su  consecuencia  (decía  el  decreto),  á  falta  del 
infante  Don  Carlos  María  y  su  descendencia  legitima,  entrará  á  suceder  en  la  corona 
la  infanta  doña  Carlota  Joaquina,  Princesa  del  Brasil  o. 

(3)  La  carta  circular  de  la  Junta  do  Murcia  se  encuentra  en  la  colección  ya  citada  : 
Doñoslración  de  la  lealtad  española ^  II,  i6.  Consta  que  Carlota  la  recibió,  aunque  sin  duda 
después  de  publicar  su  proclama  (Memorias  Seeretas^  9):  y  también,  allí  mismo,  que  ella 
y  Presas  tomaron  el  rábano  por  las  hojas. 

(i)  Ibid,  nota:  u  Escribió  S.  A.  R.  á  todas  las  supremas  juntas  de  provincias,  y  al 
conde   de  Floridablanca   dándole   las  gracias  por  el  manifiesto  que  publicó   en  Murcia, 


SANTIAGO  LINIERS  i33 

tintas  y  que  sólo  en  el  papel  se  aproximaban.  Con  la  primera  fijaba  el 
derecho  de  sucesión  eventual  al  trono,  en  previsión  de  algún  accidente 
posible  por  el  lado  de  Valengay  (i)  :  producida  la  catástrofe  temi- 
da, convenía  que  no  mediara  una  hora  de  interregno,  por  cuyo  in- 
tersticio pudiera  colarse  la  legitimación  del  «  intruso  ».  La  otra 
providencia  tendía  á  remediar  el  desquicio  actual  con  la  instala- 
ción de  un  verdadero  gobierno.  Ahora  bien  :  está  á  la  vista  que  una 
y  otra  proposiciones  eran  en  la  mente  de  su  autor  tan  independien- 
tes, que  cualquier  tentativa  para  relacionarlas  sólo  revelaría  su  incom- 
patibilidad.  Estas  miras  del  político  experimentado  se  impusieron 
sin  esfuerzo  á  sus  colegas  y  sucesores,  subsistiendo  como  axiomas 
para  el  grupo  dirigente  hasta  la  vuelta  de  Fernando.  No  fué  tomada 
en  consideración,  ninguna  propuesta  de  infante  ó  allegado  dinástico 
para  inmiscuirse  en  la  Junta;  y  cuando,  más  tarde,  la  misma  Car- 
lota, valida  de  su  reconocimiento  de  princesa  heredera,  lo  invocara 
como  un  título  á  la  Regencia  del  reino,  no  sólo  tal  pretensión  fué 
rechazada  sino  que,  después  de  votada  la  Constitución,  se  decretó 
expresamente  que  «  en  la  Regencia  no  se  ponga  ninguna  persona 
real  (2).  En  suma,  la  teoría  que  vaga  y  obscuramente  venía  despun- 
tando en  la  tierra  del  absolutismo  y  por  la  sola  fuerza  de  las  cosas, 

invitando  á  los  españoles  á  centralizar  la  autoridad  suprema  é  indicando  que  la  princesa 
del  Brasil  era  la  inmediata  heredera,  etci>. 

(1)  La  catástrofe  del  duque  de  Enghien  había  quedado  como  una  obsesión  general, 
j  DO  era  el  menor  castigo  de  Bonaparte  el  que,  para  todos,  entrara  en  el  orden  de  las  cosas 
probables  la  muerte  violenta  de  Fernando  y  los  infantes  en  Valenpay.  Wellington  dis- 
cute fríamente  la  eventualidad  en  varios  lugares  de  su  correspondencia  ;  asi :  v.  gr.  DU— 
patches,  VI,  69:  u  In  either  case  (irmníen  ó  no  \o9  franceses),  il  is  most  probable  that 
Ferdinand  andhis  brolher  would  be  mnrderedn.  Nunca  pensó  en  tal  cosa  Napoleón,  poro 
on  fie  prite  qa'aux  riehes ! 

(a)  Sobre  el  pedido  de  doña  Carlota,  dice  Toreno  (Historia,  ÍH,  SaB)  :  «  La  proposi- 
ción á  pesar  de  lo  mucho  que  se  había  maquinado,  no  fué  siquiera  admitida  á  discusión  ». 
Véase  La  discusión  sobre  la  moción  de  Arguelles  en  el  Diario  de  las  Cortes:  XI,  53  y  siguientes, 
sesión  del  i*  de  enero  de  181  a.  —  Mucho  antes  (abril  de  1810)  Wellington  caracteri- 
zaba esta  misma  incompatibilidad  en  su  admirable  carta  ya  citada  sobre  las  cosas  de  Es- 
paña, y  dirigida  á  su  joven  hermano  Enrique,  ministro  británico  on  Cádiz :  As  I  believe 
there  is  no  doabi  bal  that,  by  law,  Carlota  eannot  be  Regenta  if  she  is  deelared  succetsor  tO' 
ifte  croum,  the  objeet  of  tke  Poriaguese  Goverment  will  be  eqaally  disappoinledí). 


iá4  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

era  la  distinción  moderna,  base  del  régimen  constitucional,  entre 
reinar  y  gobernar.  Basta  para  representar  la  ficción  real  cualquier 
muñeco  dinástico,  aunque  sea  mujer  ó  niño  inconsciente  (los  ingle- 
ses han  tenido  durante  años  á  un  Jorge  III  demente  sin  reparar  en 
esta  desgracia  de  familia),  siempre  que  se  ponga  el  gobierno  efecti- 
vo en  manos  viriles  y  responsables. 

Sentadas  estas  premisas  y  conocida  la  obsesión  ambiciosa  que, 
como  mosca  en  botella  vacía,  no  dejaba  de  zumbar  en  la  cabeza  hue- 
ca de  la  Infanta,  creo  que  pueden  caracterizarse  en  pocas  palabras  los 
principales  papeles  é  incidentes  de  aquella  parodia  política  del  Lega- 
tario universal;  cuyo  inextricable  quid  pro  quo  nacía  de  estar  bata- 
llando los  personajes  en  torno  de  un  simulacro  proteico,  á  quien, 
según  la  hora  y  el  punto  de  vista,  cada  cual  encontraba  forma  dis- 
tinta. Es  ridicula  la  aquiescencia  del  cortesano  de  Hamlet,  sobre  lo 
de  parecerse  la  misma  nube  á  un  camello  y  á  una  comadreja,  por- 
que se  trata  de  un  solo  instante  :  concédasele  un  cuarto  de  hora,  y 
el  viejo  Polonio  tendrá  razón.  En  nuestra  caso,  la  nube  era  la  situa- 
ción movible  de  la  Península.  En  mayo  de  1808,  la  caída  de  los  Bor- 
bones  aparecía  definitiva  y  España  amarrada  al  carro  de  Napoleón. 
En  agosto,  después  de  Bailen,  todo  había  cambiado,  y  la  retirada 
de  los  franceses  sobre  el  Ebro  prestaba  viso  triunfal  al  alzamiento 
popular.  Pasan  algunos  meses,  éste  se  disipa  como  polvo  al  paso 
del  Emperador  :  en  enero  de  1809,  José  entra  por  vez  segunda  en 
Madrid.  La  guerra  continúa  con  algunas  alternativas,  pero  los  pa- 
triotas pierden  terreno  en  todas  partes,  y  la  batalla  de  Ocaña  prepara 
la  invasión  de  Andalucía.  A  principios  de  18 10,  la  causa  de  la  in- 
dependencia se  considera  en  general  como  perdida  :  la  deplorable 
Junta  Central  huye  á  Cádiz,  más  desacreditada  aún  que  impotente ; 
el  general  Wellington  pronostica  oficialmente  la  inminente  evacua- 
ción del  país  por  las  tropas  inglesas,  dejando  á  las  francesas  en  pose- 
sión de  la  Península  (i);  y  es  la  hora  en  que  Fernando,  sin   que 

(i)  Carta  citada  (34  do  abril  de  18 10):  «  Iflhe  allies  should  fail  and  ihe  Freneh  should 


SANTIAGO  LINIERS  i35 

nadie  le  incite  á  ello  y  sólo  movido  por  su  bajeza  de  alma,  felicita 
a  José  por  su  triunfo  y  se  exhibe  públicamente  en  la  postura  de  lamer 
la  mano  que  azota  á  su  pueblo.  Sin  duda,  todo  cambió  después. 
Cuando  se  sentía  perdido,  Wellington  no  podía  prever  que  Napoleón, 
urgido  por  la  campaña  de  Rusia,  se  encargaría  de  salvarle,  sacando 
de  España  sus  mejores  tropas  en  vez  de  reforzarlas...  Pero  estos 
acontecimientos  pertenecen  á  época  posterior  á  la  que  nos  ocupa. 

Tan  nebulosa  é  instable  como  aquella  situación  europea  se  pre- 
sentara, su  influencia,  más  que  nunca  decisiva  en  la  de  estas  pro- 
A'incias,  se  complicaba  con  la  connivencia  ó  conflicto  de  los  factores 
locales  ya  señalados  :  de  suerte  que,  volviendo  á  la  anterior  imagen, 
para  el  historiador  no  se  trata  ya  de  conjeturar  la  forma  de  la  nube 
política  en  tal  momento  preciso,  sino  la  de  su  reflejo  trémulo  en  una 
onda  inquieta.  De  ahí  las  obscuridades  y  contradicciones  que  en  los 
varios  relatos  de  este  episodio  abundan,  y  de  que  no  me  jacto  esté 
del  todo  exento  el  presente,  á  pesar  de  las  pesquisas  é  investigacio- 
nes que,  me  atrevo  á  decirlo,  sirven  de  substructura  invisible  á  este 
ligero  ensayo. 

A  íines  de  i8o8,  al  tiempo  de  exteriorizarse  con  la  citada  procla- 
ma las  pretensiones  de  la  princesa  Carlota,  varias  eran  las  influen- 
cias personales  que  en  este  grave  asunto  se  dejaban  sentir.  Desde  lue- 
go, al  lado  de  la  arrebatada  infanta,  y  casi  tan  desequilibrado  como 
ella,  el  contraalmirante  SidneySmith,jefe  de  la  división  naval  de  Sud 
América,  secundaba  enérgicamente  las  ambiciosas  miras  de  aquélla. 
—  A  pesar  de  ciertos  indicios  graves  que  de  las  Memorias  secretas 
parecen  resultar,  preferimos  creer  que  el  valiente  marino  supo  de- 
fenderse en  Río  como  en  San  Juan  de  Acre,  y  hasta  prueba  en 
contrarío,  debemos  lavar  su  buen  gusto  de  toda  injuriosa  sospecha. 
Era  otra  aventura  la  que  él  perseguía  en  el  Plata  :  probablemente  un 
desquite  de  la  derrota  de  Whitelocke.  Contrarrestó  las  maniobras  de 


<Ataín  possession   of  tke  Peninsaht  which  is,  I  am  sorry  to    say,  the  most  probable  event  a 
presentí). 


1 36  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Sidney  Smith,  y  por  tanto,  las  de  la  princesa,  el  ministro  lord  Strang- 
ford,  cuyo  comedimiento  y  prudencia  profesionales  formaban  con- 
traste con  los  raptos  impulsivos  de  su  compatriota.  Lord  Strangford 
tenia  la  persuasión  de  servir  mejor  á  su  país,  procurando  la  inde- 
pendencia política,  y  por  lo  pronto  comercial,  de  estas  provincias; 
fomentaba,  pues,  las  intrigas  revolucionarias  de  los  americanos  emi- 
grados, defendiéndoles  contra  las  denuncias  de  las  autoridades  pía- 
tenses  y,  más  tarde,  del  plenipotenciario  Gasa  Irujo.  Ya  hicimos 
alusión  á  su  violenta  polémica  epistolar  con  Sidney  Smith,  que  ter- 
minó con  el  llamamiento  del  marino,  á  mediados  de  1809 ;  en  tanto 
que  el  diplomático  logró  ver  sus  designios  realizados,  asistiendo  á 
los  primeros  actos  de  la  revolución  y  entrando  en  relaciones  cordia- 
les con  Mariano  Moreno  (i).  Entre  estos  dos  factores  poderosos  y 
encontrados,  que  representaban  la  suzeraineté  de  Inglaterra  sobre 
el  inerme  Portugal,  la  actitud  del  Regente  no  podía  ser  sino  vaci- 
lante como  su  carácter  y  tímida  como  sus  medios  de  acción.  Reque- 
rido por  Sidney  Smith,  autorizó  primero  á  la  Infanta  para  lanzar 
sus  proclamas  y  aun  preparar  su  viaje  al  Plata ;  pero  desbarató  lue- 
go, por  consejo  de  Strangford,  esta  parte  activa  de  la  calaverada  mu- 
jeril, que,  sobre  ser  arriesgada  y  temeraria,  entrañaba,  supuesto  el 

(1)  En  realidad  los  dos  adversarios  de  Rio  llevaban  el  mismo  doble  apellido;  el  diplo- 
m&iico  Sé  llamaba  Percy  C.  Sydney  Smythe  (ó  Smith),  vizconde  Strangford;  y  el  profe- 
sor J.  M.  Laugthon  piensa  qneéste  y  el  célebre  marino  sallan  de  un  solo  tronco.  Lord 
Strangford  había  nacido  en  1780;  después  de  brillan  les  éxitos  escolares  (tuvo  la  medalla 
de  oro  en  el  Trinity  Collegede  Dublin),  entró  en  la  diplomacia  y  fué  nombrado  en  iSoa 
secretario  en  Lisboa.  Publicó  el  año  siguiente  un  tomo  de  poesías  imitadas  de  Camoént 
(Poems  from  the  Portuguese  of  Camoéns),  que  se  encuentra  analizado  con  severidad  en  la 
Edinburgh  Rev¿eu\  abril  de  i8o5 ;  en  el  mismo  número  se  halla  una  critica  del  Lay  of 
the  last  Minstrelt  de  Walter  Scott.  Strangford  ha  sido  satirizado  por  Byron  en  su  EnglUk 
Bards^  en  la  excelente  compañía  de  Walter  Scott,  Southey,  Wordsworth,  Colerid- 
Ke,  etc.:  vale  decir,  pues,  que  exifda,  como  literato.  En  1806  fué  nombrado  ministro 
plenipotenciario  en  Lisboa,  y,  siendo  persona  grata^  pesó  mucho  su  consejo  en  la  resolu- 
ción que  tomó  el  Regente  de  emigrar  al  Brasil.  El  mismo  Strangford  fué  confirmado  en 
su  puesto  en  Rio,  á  dondo  llegó  en  abril  de  1808;  tenía,  pues,  á  la  sazón,  sólo  a8  años. 
Sus  principales  puestos  fueron  después  las  embajadas  de  Constan  ti  nopla  y  San  Peter»- 
burgo;  en  i8a8,  volvió  al  Brasil  con  misión  especial,  con  lo  que  terminó  su  carrera. 
Era  par  de   Inglaterra  desde  iSaS.  Murió  en  i855. 


SANTIAGO  LIMERS  187 

buen  éxito,  graves  complicaciones  y  hasta  peligros  para  el  Brasil  : 
ya  pretendiese  la  flamante  Zenobia  asociar  ambas  regencias,  ó  ases- 
tar la  nueva  contra  la  antigua.  Por  fin,  aunque  no  como  factores 
influyentes  sino  como  instrumentos,  habíanse  puesto  al  servicio  de 
doña  Carlota  algunos  extranjeros  refugiados,  americanos  ó  europeos, 
que  solían  juntarse  en  un  café  de  la  rúa  do  Oavidor.  No  estaban 
todavía  en  Río,  Pueyrredón,  Sarratea  y  otros,  que  más  tarde  darían 
mejor  tono  á  los  conciliábulos;  Saturnino  Rodríguez  Peña  y  Ani- 
ceto Padilla  eran  por  entonces  los  directores  del  reducido  grupo  es- 
pañol, al  que  adherían  ciertos  agentes  de  no  menos  dudosa  ortodo- 
xia, tales  como  los  italianos  Contucci,  Guezzi  y  otros  intrigantes  — 
sin  omitir  al  amigo  Presas  que,  con  hidalgo  disimulo,  mascaba  filo- 
sófícamente  á  dos  carrillos.  Con  estos  elementos  y  entre  aquellas  co- 
rrientes encontradas,  emprendió  doña  Carlota  su  campaña  política  ; 
felizmente  sólo  se  trataba,  por  lo  pronto,  de  propaganda  epistolar ; 
pues,  para  otro  género  de  operaciones,  escaseaba  bastante  el  nervio 
de  l^i  guerra  (i). 

Ya  \  irnos  cómo  el  manifiesto,  publicado  en  agosto  de  1808  por  la 
pretendienla,  no  manifestaba  gran  cosa,  limitándose  á  estimular  la 
fidelidad  de  las  autoridades  y  de  los  pueblos  á  su  legítimo  soberano. 
No  hubieron  de  ser  mucho  más  explícitas  las  cartas  que  en  aquellos 
meses  se  dirigieron  á  muchos  sujetos  de  posición  é  influencia,  no 
sólo  de  este  virreiníito.  sino  del  Perú  y  Chile.  Según  declaración 
de  su  mismo  redactor,  «  el  contenido  de  estas  cartas  se  reducía  á 
incitarlos  á  mantenerse  fieles  y  adictos  á  la  madre  patria,  y  á  de- 
fender los  derechos  de  su  augusto  hermano  Fernando  Vil,  y  los  de 
sus  legítimos  sucesores  (2)...»  Confirman  esto  mismo  algunas  res- 

(i)  Sabido  es  que  más  tarde,  á  imitación  do  Isabel  la  Católica,  envió  &  Montevideo 
Qoa  remesa  de  joyaa,  estimada  por  ella  en  5o. 000  pesos,  para  que  con  el  producto  de  su 
venta  <f  se  atendiese  á  la  defensa  de  los  derechos  de  Fernando  Vil » .  Huelga  decir  que 
estas  joyas  contribuyeron  tanto  á  la  defensa  de  Montevideo  como  las  de  Isabel  al  descu- 
brimiento de  .\méricá :  son  gestos  teatrales  que  impresionan  al  pueblo  papamoscaa»  y 
nada  cuestan  á  los  actores.  Las  alhajas  fueron  devueltas. 

(a)  Presas,  Memorias ^  9. 


i38  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

puestas  que  conocemos,  como  la  de  Liniers  y  la  (muy  posterior)  de 
la  Audiencia  de  Chile  :  sus  autores  se  manifiestan  altamente  favore- 
cidos por  los  augustas  y  serenísimas  epístolas,  pero  consideran  en 
substancia  que  su  lealtad  se  ha  patentizado  con  la  jura  de  Fernan- 
do Vil  y  el  reconocimiento  de  la  Junta  de  Sevilla,  «  sin  que  se  pueda 
innovar  nada  (escribe  Liniers)  á  nuestra  presente  Constitución  n. 
A  este  tenor  serían  las  más  de  las  contestaciones  oficiales ;  si  bien 
las  particulares  dejaban  entrever,  como  habríamos  de  suponerlo  sin 
que  nos  lo  dijeran  las  Memorias,  la  profunda  emoción  plebeya  con 
que  eran  recibidos  los  formularios  de  Presas,  copiados  por  la  real 
mano  de  su  S.  A. !  Había,  sin  embargo,  otro  grupo  de  correspon- 
sales que,  por  cierto,  no  pecaba  de  frío  ni  desabrido  :  y  era  el  de  Ro- 
dríguez Peña,  que  esparció  entre  sus  amigos  de  Buenos  Aires  el 
panegírico  más  ardiente  y  arrebatado  de  la  «  heroína  »  de  Amé- 
rica (i).  exhortándolos  áque  le  suplicasen  trasladarse  al  Río  déla 
Plata  para  ser  aclamada  Regente.  Esta  circular,  resultado  evidente 
de  un  previo  acuerdo  con  la  interesada,  lleva  la  fecha  del  4  de  octu- 
bre. Tres  semanas  después,  el  i**  de  noviembre,  la  Infanta  denun- 
ciaba á  Liniers  una  conspiración  de  facciosos  y  traidores,  encabezada 
por  Rodríguez  Peña  ¡á  quien  se  proponía  remitir  preso  á  Buenos 
Aires !  La  explicación,  muy  sencilla,  se  encuentra  en  el  contexto  de 
dicha  circular.  Junto  á  los  grotescos  ditirambos  dedicados  á  la  su- 
blime Infanta,  se  descubría  á  las  claras  el  verdadero  propósito  de  los 
conjurados,  el  cual  consistía  en  «  aprovechar  la  oportunidad  de  sa- 
cudir una  dominación  corrompida  »  :  era,  pues,  el  antiguo  plan 
del  gobierno  inglés  el  que  salía  nuevamente  á  luz,  perseguido  ahora 

(i)  La  carta  do  don  Saturnino  Rodríguez  Peña  se  encuentra  en  la  Historia  de  Bel- 
granot  I«  538.  Está  fechada  en  Rio  de  Janeiro,  ^  de  octubre  de  1808.  En  el  Archivo  Ge- 
neral, a*  serie,  XIV,  luñ,  lleva  la  fecha  del  4 de  septiembre.  No  hallo  en  el  coniexlo 
indicación  alguna  para  preferir  una  fecha  á  otra;  pero,  tratándose  de  una  circular  profu- 
samente repartida,  no  parece  natural  que  tardase  mucho  en  conocerla  la  Infanta;  ntc 
inclino  pues,  como  más  probable,  á  la  fecha  de  octubre.  Entre  las  efusiones  casi  místicas 
de  ese  himno  á  la  divina  Carlota,  se  le  dice  :  <(  Esta  mujer  singular,  la  única  cd  §n 
clase,  me  parece  dispuesta  á  sacrificarlo  todo  por  servir  de  instrumento  á  la  felicidad  de 
sus  semejantes».  Y  acaso  esta  proposición,  mirada  bajo  cierto  sesgo,  sea  la  única  exacta. 


SANTIAGO  LINIERS  189 

por  lord  Strangford,  que  naturalmente  empleábalos  ¡nstrumenlos 
por  aquél  comprados  (i). 

Dicho  se  está  que  los  «  traidores  »  de  Río,  protegidos  por  el  mi- 
nistro británico,  no  fueron  entregados  alas  autoridades  españolas; 
pero  la  doble  reacción  de  doña  Carlota,  ya  en  presencia  de  los  co- 
rresponsales que,  como  Liniers,  no  aceptaban  novedades,  ya  de  los 
que,  como  Rodríguez  Peña,  las  querían  de  tomo  y  lomo,  revela  lo 
que    sus  nebulosas  epístolas  no  decían,  permitiéndonos  definir  in- 
equívocamente su  actitud.  Desde  1808, — si  bien  las  circunstancias 
no  toleraban  todavía  las  pretensiones  del  año  siguiente,  —  algo  per- 
seguía la  Carlota  :  y  era  una  suerte  de  superintendencia  provisional 
sóbrelos  cuatro  virreinatos,  que  le  permitiera  entremeterse,  aunque 
sólo  fuese  con  dimes  y  diretes,  en  los  negocios  de  Estado,  y  satis- 
facer al  fin  sus  anhelos  de  mando  é  intriga  :  de  ahí  su  sorda  irrita- 
ción contra  el  virrey,  que  fingía  no  entender  el  velado  envite  (2). 
Al  pronto,  estas  viarazas  de  mujer  histérica  parecían  bastante  in- 
ofensivas ;  pero  no  faltaba  en  Río  quien  procurase  enderezarlas  á  sus 
miras  ocultas  y  más  prácticas.  Ya  tenemos  indicado  el  dominio  abso- 
luto que  Sidney  Smilh  ejercía  sobre  la  revoltosa  Infanta  (3);  no  era 
tanta  ni  con  mucho  su  influencia  cerca  del  Regente,  combatida  co- 
mo estaba  por  la  de  lord  Strangford  y  el  ministro  Sousa  Coutinho. 
Con  todo,  el  osado  marino  logró  fascinar  al  Príncipe,  haciendo  es- 


(i)  Ya  se  ha  dicho  que  Pona,  Padilla  y  acaso  algún  otro  recibían  pensiones  de 
Inglaterra. 

(a)  Memorias  secretas ,  10:  «El  virrey  Liniers  contestó  en  términos  generales  de 
urbanidad  y  política,  porque  era  natural  que  quisiese  continuar  en  el  mando». 

(3)  No  por  esto  debe  aceptarse  lo  que  dice  Pereira  da  Silva  (Historia^  I,  a83) :  a  O 
vice  almirante  concordoa  eom  a  prineeza,  e  prometteu-lhe  a  sua  eoadjavafdo  recebendo  della 
mimos  de  propiedades,  e  presentes  de  subido  valor  n.  (Agrega  en  nota:  Beceben  ama  chácara 
na  Praia  Graaide,  e  joiasj.  La  casado  campo  (Chácara  Braganza)  fué  regalo  del  Regente, 
V  el  único  regalo  de  la  Princesa,  poco  antes  de  volverse  Sidney  Smith  á  Europa,  fué 
una  espada  de  honor.  Véase  Memorias  secretas ^  a5.  Cf  IS'aval  Chronicle,  XXI,  ^98 
(Carta  de  an  oficial  de  Sidney  Smith) ;  «  Sir  Sidney  has  a  pleasant  house  on  the  opposite 
side  of  the  river^  with  a  gooddeal  of  land.  Jt  was  a  present  of  the  Piince,  and  is  called  Cha- 
cara  Braganza  ». 


ilio  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

pejear  á  su  vista  las  propias  visiones  de  conquista  y  engrandeci- 
miento que  por  cuenta  de  Inglaterra  perseguía,  —  sin  arredrarse 
por  los  recientes  consejos  de  guerra  en  que,  bien  le  constaba,  se 
había  castigado,  más  que  las  empresas  temerarias,  su  mal  éxito.  No 
sólo  arrancó  al  iluso  Regente  la  autorización  que  doña  Carlota  nece- 
sitaba para  presentarse  como  infanta  española  en  el  Plata,  sino  que  le 
hizo  consentir  en  una  acción  combinada  (bajo  su  alta  dirección)  de 
la  escuadra  británica  con  las  tropas  portuguesas  de  Río  Grande.  Aun- 
que no  se  decía  claramente  por  qué  ni  contra  quién  el  nuevo  Marl- 
borough  se  iba  á  la  guerra,  no  parecía  dudoso  que,  con  pretexto  de 
restablecer  el  orden  en  estas  provincias  ó  defenderlas  contra  un 
ataque  fantástico  de  los  franceses,  entrara  en  sus  designios  apode- 
rarse de  la  Banda  Oriental,  entregando  acaso  al  aliado  portugués  la 
zona  fronteriza  y  estratégica  que  á  éste  le  tocaba  y  convenía  cubrir. 
Ahora  bien  :  esta  piratería,  combinada  por  el  antiguo  compañero 
del  bajá  Yezar  (y  que  en  el  fondo  acaso  tuviera  más  de  extravagante 
quede  cínica),  poco  es  decir  que  la  aceptó  sin  pestañear  la  «  heroí- 
na »,  defensora  y  depositaría  de  los  sagrados  derechos  de  Fernán- 
do :  en  una  carta  delirante  que  dirigió  á  Liniers,  —  y  ¡  colmo  de 
inconsciencia !  le  hizo  llevar  por  un  coronel  Burke,  harto  conocido 
en  Buenos  Aires  (i), — le  proponía  candorosamente  que  sometiese 


(i)  Esta  carta,  fechada  en  Rio  de  Janeiro,  igde  octubre  de  1808,  ha  sido  publi- 
cada en  la  Historia  de  Belgrano^  IL,  788:  tiene  un  anexo  ó  posl-srríptam  del  8  de  noviem- 
bre :  por  consiguiente,  fué  ésta  la  que  llevó  Burke,  según  lo  establece  la  esquela  de  Car- 
lota, dirigida  á  Presas  el  mismo  día  8  (Memorias,  9) :  «  En  la  del  virrey,  parece  que 
el  portador  de  la  carta  es  el  coronel  don  Santiago  Borgh  (Burko)  que  es  el  de  mi  con- 
fianza, y  que  él  mismo  le  dirá  la  comisión  de  que  va  encargado  ».  Consta  por  el  docu- 
mento número  2a  que  no  sólo  Liniers  no  quiso  recibir  &  Burke  (aunque  si  la  carta 
de  la  Princesa),  sino  que  llamó  á  junta  para  decidir  sobre  prenderle  ó  mandarle 
embarcar  inmediatamente  en  el  buque  en  que  vino :  se  resolvió  lo  último  « por  venir 
revestido  del  carácter  de  emisario  del  almirante  de  su  nación  Sidign^  Esmiiw.  Ya  se 
dijo  que  este  coronel,  cuyas  campañas  parece  que  consistían  sobre  todo  en  esta  clase  de 
misiones,  había  estado  varias  veces  en  Buenos  Aires  desde  180&;  disfrazado  de  oficial 
prusiano,  penetró  en  la  tertulia  familiar  de  Sobremonte  y  sirvió  de  espia  i  Pophara. 
(( De  este  oficial  (dice  Manuel  Moreno,  Prefacio^  LVI)  se  conservan  en  el  pais  anécdotas 
curiosas :  sus  galanteos  de  una  dama  francesa,  que  estuvo  en  relaciones  con  Liniers:  un 


SANTIAGO  LINIERS  i6i 

á  Sir  Sidney  Smíth  sus  «  quejas  »  como  virrey  contra  el  gobernador 
de  Montevideo,  tanto  más  cuanto  que,  marchando  dicho  Almirante 
para  el  Rio  de  la  Plata,  «  las  tropas  portuguesas  de  aquella  vecindad 
(Río  Grande)  han  sido  desde  ayer  puestas  á  su  orden,  etc.  ».   Y  la 
inaudita  misiva,  con  aires  de  real  orden,  para  demostrar  mejor  el 
desequilibrio  ó  la  ausencia  de  sentido  moral  de  su  autora,  ¡  termina- 
ba poniendo  al  virrey  bajo  la  dependencia  directa  de  un  jefe  inglés 
que  ni  siquiera  de  su  propio  gobierno  tenía  instrucciones !  Un  conato 
de  desmembración  territorial,  para  reconocer  proezas  de  alcoba :  tal 
era  el  estreno  de  la  pretendienta,  cuya  anunciada  venida  estreme- 
cía las  übras  patrióticas  de  los  «  precursores  » .    ¡  Y  lo  que  se  proyec- 
taba desde  el  primer  día,  era  tender  en  ese  fango  palaciego  los  lau- 
reles de  la  Reconquista  y  la  Defensa,  para  que  sirvieran  de  juncia 
triunfal  al  paso  de  una  serenísima  ramera ! 

La  monstruosidad,  felizmente,  con  ser  tan  evidente  y  flagrante, 
provocó  la  inmediata  represión.  La  indignada  respuesta  del  vi- 
rrey (i),  á  quien  lograra  apenas  contener  su  respeto  por  el  sexo  y  la 
sangre  de  la  ofensora,  encerraba  ya,  para  quien  sabe  leer,  una  repa- 
ración moral  del  ultraje  inferido,  no  sóloal  mandatario  sino  al  Recon- 
quistador, y  con  éste  á  la  población  dos  veces  victoriosa  de  aquellos 
mismos  ingleses,  con  cuya  bandera  de  contrabando  se  pretendía 
ahora  rendirla  sin  combate.  En  cuanto  á  la  reparación  material,  si- 
guió muy  de  cerca  á  la  otra.  Las  protestas  enérgicas  de  Liniers. 
promovieron  las  de  Strangford,  no  sólo  ante  el  Regente  del  Brasil, 
sino  ante  su  propio  gobierno,  resultando  de  todo  ello :  por  una  parte, 
el  retiro  de  la  autorización  dada  á  Carlota  para  trasladarse  á.Buenos 
Aires  y  convocar  sus  desatinadas  Cortes;  y  por  la  otra,  el  llama- 
miento de  Sidney  Smith  á  Inglaterra,  á  pedido  del  diplomático  y 
después  de  una  polémica  en  que  éste  no  llevó  la  peor  parte. 

desafío,  etc.  »  Es  do  suponer,  como  cosa  muy  humana,  que  esta  circunstancia  no  con» 
tribuiría  á  hacerle  persona  grata  ante  el  virrey.  ¡Oh  dessoüs  de  la  historia  I  * 

(i)  Con  fecha  i5  de  noviembre;  también  se  halla  en  la  obra  citada,  á  continuación 
del  documento  anterior. 


n 


i&a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Con  esta  malograda  intentona,  puede  decirse  que  tuvo  principio  y 
fin  la  ((  campaña  electoral  »  de  la  princesa  del  Brasil  en  el  Río  de  la 
Plata.  Por  cierto  que  ésta  continuó  dando  pábulo  imaginario  á  su 
neurosis  con  misivas  á  sus  prosélitos,  cada  día  menos  entusiastas, 
de  Buenos  Aires  y  el  Perú,  ó  con  enredos  inconsistentes  en  el  propio 
Río  de  Janeiro ;  ya  con  motivo  de  la  presencia  y  reunión  de  algunos 
«  argentinos  »  en  casa  de  la  Périchon;  ya  por  la  llegada  de  la  fragata 
Prueba,  que  traía  á  su  bordo  al  antes  marrado  gobernador  Huido- 
bro,  ahora  nombrado  virrey  ¡  por  la  Junta  suprema  de  Galicia !... 
En  suma,  nadie  supo  jamás  á  ciencia  cierta,  y  mucho  menos  ella 
misma,  lo  que  la  infanta  Carlota  persiguiera  en  América,  fuera  déla 
satisfacción  pueril  que  consistía  en  meterse  donde  no  hacía  falta,  y 
prodigar  á  diestra  y  siniestra  ese  estúpido  tuteo  real,  que  hasta  ayer 
caracterizaba  la  enmohecida  y  rutinaria  etiqueta  española.  Vivos  don 
Fernando  Vil  y  el  infante  don  Garlos,  nunca  pudo  ocurrirle,  ni  le 
ocurrió,  no  más  en  América  que  en  España,  trastornar  los  derechos 
dinásticos  ni  desmembrar  los  dommios  de  la  corona.  So  pretexto  de 
defender  contra  la  usurpación  francesa  cualquiera  parte  amenazada 
del  imperio  colonial,  lo  que  anhelaba  esta  maniática  ambiciosa  era  el 
goce  inmediato  del  poder,  siquiera  no  fuera  más  que  su  vano  y  fugaz 
simulacro :  y  no  sería  calumniarla,  el  admitir,  como  lo  insinúa  su 
secretario  Presas,  que  en  la  proximidad  al  Brasil  de  la  región  cuyo 
gobierno  interino  codiciaba,  la  perspectiva  que  sonreía  á  su  perver- 
sidad era  la  de  tener  en  jaque  y  quizá  destronar  á  su  infeliz  y  odiado 
esposo.  Sea  como  fuere,  el  progreso  de  las  armas  francesas  en  Es- 
paña, y,  por  otra  parte,  la  constitución  de  una  Junta  Central  más 
ó  menos  legítima,  tuvieron  la  doble  consecuencia  de  asegurar  los 
derechos  eventuales  de  Carlota  como  heredera  del  trono,  al  propio 
tiempo  que  se  decretaba  oficialmente  su  inhabilidad  para  la  Regen- 
cia. Pero,  cuando  esto  ocurrió,  tiempo  hacía  ya  que  nadie  en  Amé- 
rica seguía  con  interés  el  movimiento  en  el  vacío  de  esa  quinta  rueda 
del  carro  monárquico.  Continuó  existiendo  una  cuestión  portuguesa 
en  el  Plata,  después  como  antes  de  la  Revolución;  pero  ya  no  com- 


SANTIAGO  LINIEHS  i43 

pHcada  con  la  regencia  de  doña  Carlota,  que  sólo  pasó  como  fuego 
fatuo  por  la  historia.  Si  me  he  detenido  en  este  episodio  algo  más  de 
lo  necesario,  es  porque,  además  de  sus  rasgos  curiosos,  al  poner  en 
relieve  la  lealtad  inalterable  de  Liniers,  anuncia  claramente  cuál  será 
su  actitud  postrera.  Si  algo  resulta  del  indicado  proceso,  es  la  evi- 
dencia de  haber  sido  Liniers  el  primer  y  principal  obstáculo  á  la 
realización  de  los  proyectos  de  doña  Carlota  y  Sidney  Smith.  Esta 
actitud  insospechable,  que  resulta  de  los  documentos  y  se  adapta, 
no  sólo  al  carácter  del  personaje  sino  á  sus  intereses,  es  la  que,  sin 
embargo,  ha  sido  declarada  sospechosa  :  hales  bastado  á  nuestros 
historiadores  trastornar  los  datos  para  interpretar  á  su  antojo  las 
intenciones ;  y  los  mismos  que  gastan  tesoros  de  indulgencia  para  el 
españolismo  de  Moreno  ó  el  monarquismo  impenitente  de  Belgra- 
no,  se  han  armado  de  severidad  ante  un  fantástico  «  carlotismo  »  de 
Liniers,  sólo  fundado  en  su  propio  desconocimiento  de  los  he- 
chos (i). 


(i)  El  señor  Mitre  (Historia  de  Belgrano^  I,  274)  dice  que  Liniers,  «no  había  des- 
conocido explícitamente  I09  derechos  eventuales  de  la  Carlota  á  un  trono  en  la  Ame- 
rica española  »  y  nos  pinta  (c  la  fluctuaciones  de  su  carácter  indeciso...  »  El  primer  miem- 
bro de  la  frase  no  tiene  sentido  histórico  ni  el  segundo  lo  tiene  jurídico :  los  derechos 
eventuaJesde  Carlota  no  podían  ser  desconocidos  sino  por  quien  ignorase  las  cortes  de 
1789:  además,  acababan  de  ser  confirmados  por  el  manitiesto  de  Floridablanca;  «un  trono 
en  América  »,  distinto  del  trono  en  España,  era  una  novedad  que  hemos  visto  no  había 
sido  por  nadie  formulada,  ni  siquiera  por  Carlota .  Lo  de  las  «  fluctuaciones  »  es  una  hipó- 
tesis gratuita,  desmentida  por  las  mismas  cartas  dadas  á  luz  en  la  obra  del  señor  Mitre. 
Tam{>oGO  la  causa  formada  á  Presas,  en  Buenos  Aires,  pudo  tener  nada  que  ver  con 
la  Carlota,  á  quien  el  futuro  secretario  vio  por  primera  vez  seis  meses  después.  En 
cuanto  al  historiador  López,  instruye  la  causa  sumariamente:  unas  veces  (Historia^  11, 
398)  dice  que  Liniers  aceptó  la  proclamación  de  la  Carlota,  sin  decirnos  en  qué  se  funda; 
otras  (Jbid,  ^^T)»  ^*  ®1  mismo  virrey  quien  denuncia  en  1808  «las  intrigas  y  manejos» 
de  aquélla  al  marqués  de  Casa  irujo,  embajador  español  en  el  Brasil  —  el  cual  llegó  á 
Rio  el  36  de  agosto  de  i8og,  cuando  Liniers  ya  no  era  virrey  ni  se  hallaba  en  Buenos 
Aires. 


> 


\NALES  DE  LK  BIBLIOTECA 


Entre  los  parlidarios  plateases  de  la  infanta  Carlota,  era  notable 
la  ausencia  casi  completa  del  grupo  español :  habíanse  retraído,  des- 
do luego,  don  Martín  de  Alzaga  con  sus  adictos  del  cuerpo  capitular. 
y  Irás  de  éstos  los  individuos  más  visibles  del  comercio  y  del  clero, 
que  afirmaban  personificar  la  opinión,  amén  de  los  jefes  militares 
fluropeosquepudieran  representar  la  fuerza.  Esta  general  abstención 
de  los  peninsulares,  si  bien  signiñcativa,  no  requería  largo  comen- 
lario,  conocido  el  acuerdo  existente  entre  los  cabildos  de  una  yolra 
banda  del  Plata.  Aspiraban  los  de  aquí  al  mismo  gobierno  munici- 
pal que  los  de  allá  habían  conseguido,  y  por  el  procedimiento  idén- 
tico de  un  motín  popular.  Así  las  cosas,  la  mal  deCnida  propaganda 
da  la  princesa  del  Brasil  no  podía  ser  aceptada  de  los  que  pretendían 
ajustar  su  conduela  poUtica  ala  actitud  de  la  metrópoli.  ¡Junta  co- 
mo en  España!  tal  era  la  secreta  contraseña  y,  muy  pronto,  el  grito 
sedicioso,  en  cuya  breve  fórmula  hallaban  cabida  la  ambición  de  al- 
gunos, el  sentimiento  antiamericano  de  otros,  —  sobre  todo  el  odio 
antifrancés  de  la  mayoría,  enardecido  hasta  el  rojo  candente  por  las 
patrañas  de  las  gacetas  de  Cádiz  que  en  cada  barca  llegaban,  y  reli- 
giosamente se  reimprimían  por  la  imprenta  de  Niños  Expósitos  (i), 

liroclamat  de  lo*  vccíndiríoa,  en  que  reiulUba  cadi  guerrilla  laerenilíaitaK  dbrii- 
laraUi  un»  cuidIoi  mileí  de  gibachot.  Prcciumenta  en  la;  dii»  de  que  IralamiH  (di>- 
Mfiubra  de  1808)  reimprimió»  en  Bupdi»  Aire<  giorU    Proclama  di  la    Mancha,  que  i 

l'unrto  Lapiche.  lestigoi  en  otro  tiempo  de  Ut  proeíai  del  iagoniom  Caballera.  Iiin 
Jidmirndo  abura  el  valor  de  lot  descead ¡entes  do  aquel  bíros,..»  y  negnian  oirás  «spin- 
tibln  aieaturai  do  los  carneros,  con  cita  cundusiÓD  :  h  Dado  on  nuoilro  cuartel  gen<- 
ral  ambulanle.  Por  Dunduto  del  señor  Diego  Lopeí  Membrilla  (el  genenlj  que  m 
•nbe  «cribir».  Ea  cuanto  á  la  aorpreu  de  Boilén  /Aon  ii^e  causa  led  líne  fine  landalti 
une  rerreicabl  uD  poco  lai  localareí   reminiscencia]  de    Roncesvalles   j  San    Quinlio. 


SANTIAGO  LINIERS  i&5 

Frustrada,  como  vimos,  la  intentona  de  octubre,  Álzaga  empleó 
los  dos  meses  siguientes  en  preparar  el  éxito  de  una  segunda  y  mejor 
combinada  contra  el  odiado  virrey.  A  los  batallones  urbanos  de 
Catalanes,  Vizcaínos  y  Gallegos,  con  que  contaban  siempre  los  con- 
jurados, se  agregaban  muchos  dependientes  del  comercio,  y  también 
algunos  elementos  cedidos  por  Elío  :  así,  varios  oficiales  de  la  fra- 
gata Prueba,  á  quienes  instigaban,  si  no  mandaban  directamente, 
el  jefe  de  escuadra  don  Pascual  Ruíz  Huidobro  y  el  brigadier  don 
Joaquín  de  Molina,  — de  paso  éste  para  el  Perú  y  revolucionario 
por  pura  afición  (i).  Habitualmente,  teníanse  los  conciliábulos  noc- 
turnos en  la  casa  de  Álzaga;  otras  veces  en  el  palacio  episcopal, 
como  que  el  obispo  Lué  y  Riega  figuraba  entre  los  más  ardientes 
conspiradores.  Aunque  los  más  de  éstos  eran  españoles,  no  habían 
dejado  de  adherirse  al  complot  unos  cuantos  americanos,  y  algunos 
de  tanta  significación  social  como  los  doctores  don  Julián  de  Leiva 
y  don  Mariano  Moreno,  —  con  la  particularidad  de  haber  sido  éste 
último  uno  de  los  primeros  y  más  entusiastas  partidarios  de  doña 
Carlota.  Las  causas  de  la  animosidad  personal  del  futuro  secretario 
de  la  Junta  contra  Liniers  han  sido  indicadas  alguna  vez,  pero  sin 
fundamento  suficiente  para  que  pertenezcan  á  la  historia  ;  tampoco 
es  permitido  afirmar  que  los  rencores  privados  pesaran  más  tarde 
en  la  terrible  resolución  del  repúblico,  aunque  sí  debe  deplorarse 
que  suscite  tales  sospechas  la  actitud  implacable  del  biógrafo  que 
siempre  reflejó  las  pasiones  de  su  modelo,  y,  en  el  doble  sentido 
propio  y  figurado,  sólo  fué  un  hermano  menor  de  Moreno.  Sea  co- 
mo fuera,  en  la  última  reunión  celebrada  en  el  obispado,  se  fijó  para 
el  motín  la  fecha  del  i**  de  enero  de  1809,  por  efectuarse  este  día  la 

produjo  oa  interminable  romancero  en  verso  y  prosa;  pero  las  gacetas  comentaban  con 
««pecial  entusiasmo  los  insultos  con  que  los  jefes  españoles  habían  sazonado  la  viola- 
ción salvaje  de  la  capitulación. 

(1}  Existe  en  el  Archivo  general  un  largo  expediente  sobre  la  fragata  Prueba  y  el 
brigadier  Molina  ;  sabido  es  que  el  buen  Cisneros  absolvió  á  éstos  como  á  los  otros  auto- 
res de  los  escándalos  del  i*  de  enero,  creyendo  con  sus  concesiones  tener  la  fiesta  en  paz  : 
luyo  el  a  5  de  Mayo  ! 

AlAtiBS   m    LA    BIBUOTBCA.   T.     III  lO 


lUñ  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

elección  anual  de  los  capitulares,  que  congregabaal  vecindario  en  la 
Plaza  Mayor.  El  programa  de  la  función  no  difería  del  recién  reali- 
zado en  Montevideo,  síno  en  un  detalle,  —  á  la  verdad  de  cierta 
importancia,  sobre  todo  para  Liniers  :  y  era  que  en  lugar  de  presi- 
dir —  como  allá  Elio  —  la  Junta  surgida  del  tumulto  popular,  el 
virrey  quedaría  depuesto  y  sin  ingerencia  en  el  nuevo  gobierno,  va 
por  renuncia  voluntaria  del  empleo,  ya  por  aclamada  destitución. 
Estos  planes  subversivos  eran  conocidos  del  virrey  y  bus  adictos. 
que  tenían  agentes  suyos  entre  los  mismos  conjurados  y  seguían  día 
por  día  el  desarrollo  de  la  conspiración.  Con  el  fin  plausible  de  evi- 
tar un  conflicto  sangriento,  los  jefes  de  los  cuerpos  fieles  habían 
dirigido  á  Liniers  una  representación  colectiva,  denunciando  el  pe- 
ligro y  poniendo  sus  fuerzas  al  servicio  de  la  autoridad  (i).  El  man- 


(.)?<« 

Kom»  variai  •<! 

•ionoa  de 

go>  mí.  ó  mono 

Bulariwl» 

Siavcd» 

M.    Bodriguet 

Manoe 

MoroDO.  P.  A.  Gflrc 

a.  fuer«    d 

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acUt  í  patlfl 

oBcUIm. 
Podro  A 

a  la  carU  del  ye 

y  ÁpinJiei):  e 

bo»  con»rl 
Unlo  ipr  ■■! 

García,    ,««  p 

píi  se  a 
blica  ínl 

egra  (Historia.  11.  3i 

Mfior  Mi 

65)  DO 

a  menciona,  pero  «o  v 

U  >uc«tva 

iferealeniMlf 

debid» 

a,  dcmii :  uno  ; 

otro,  en 

rorma  diferoDle.  peca 

n  contra  la 

ritic 

adocuiHoU 

El  e.ided 

U.    p>r  ojen-pb 

qnola 

página  de  Manuel  Mo 

eno.  ademA 

de 

>u  UniK-f 

e,  enorm«  en  lo  priooipat : 

.g,.:„E 

goh 

emo  I»  txbii 

[Hrcibido 

(apcrsibidoí)  00 

«algu» 

con  anticipaciÓQ.  pu 

.  la.  dcmi. 

tropa»  de  confiínu 

na   «Ubi 

Uscuar 

da.  ni  preparada!  .>. 

El  eiaclame 

nie 

0  conlrario  i' 

1.  YU-da 

,    El    mi»™o  Li 

ier<.  en 

su  proclama  del  U  do 

ooero,  lo  e 

Ubiece  categória- 

menle;" 

Tomí  de  acuerdo  con  loi 

¡Oí.  Arribe 

(». 

le,.  1«.  m«Ji- 

da>  ngceurias  para  opone 

moa  la 

Dxirreccion  ;    i,Ua  a 

>í™  .etr 

elai. 

.iao  H«'>"- 

prtcuri  yoí  nadie  lia  ijnoraj 

e  pa-a  ve 

,— 

Paréceme  q"( 

U  rebelo 

n  do  Saavsdra  so 

la  mil 

que  coDlien 

tara 

bien  ;err«  7 

oomo  ffioriu  tr 

inU  »So 

o<  <la  fecha 

fina 

«  del  1-  d' 

«aero  do 

1819).  U  reimp 

rwión  q 

e  de  esta    memoria  9 

ba  bocbo 

recio 

n  témeme   i" 

la  reviiU 

WúlonaJ  no  díR 

ere   de  1 

primera  publicación 

qua  M  hi« 

en 

aftKrtJ-Wn- 

del  aulor:  conduvó  el  :<S  de  abril,  ;  la  Gucefa  del  ig  lo  dedica  un  juicio  unulo  J  md- 
pático.  Saavedra  mutió  repentina  mente  ol  ig  de  mario  de  rSig,  i  la.  8  de  la  Docbe,  en 

compañero  do  arma..  Mnrlln  Rodrigucí,  Las  circuDilaocia.  del  momento  aiuorbiu  dinle- 
ró»  público  ;  el  día  del  enliorro  de  Saavodra  oireulaba  ja  la  noticia  de  la  derrota  df  I" 
Viicacbcru  y  muerte  de  Rauch  :  lambían  la  administraciÚD  de  Lavalle  entraba  en  agoai' 


SANTIAGO  LINIERS  i47 

datarío  había  agradecido  y  aceptado  ostensiblemente  el  ofrecimiento, 
aunque  manifestara  no  creer  en  la  realización  del  atentado,  ya  por- 
que confiase  en  una  reacción  patriótica  de  los  conspiradores,  ya  en 
los  sanos  consejos  de  la  prudencia,  siendo  notoria  la  adhesión  de  los 
tercios  criollos.  Las  almas  generosas  son  fácilmente  optimistas;  y, 
como  escribía  Saavedra  treinta  años  después,  «  aquel  hombre  de 
carácter  bondadoso  »,  solía  apreciar  los  sucesos  con  el  sentimiento 
más  que  con  la  reflexión.  Por  eso,  sin  duda,  no  juzgó  que  la  efer- 
vescencia callejera  debiese  trascender  á  su  vida  doméstica,  hacién- 
dole diferir  el  anunciado  casamiento  de  su  hija  Carmen  con  el  mayor 
don  Juan  B.  Périchon,  el  cual  se  realizó  en  la  Catedral,  el  26  de  diciem- 
bre (i).  Corroborando  estas  disposiciones  conciliadoras  del  gobierno, 
circulaba  el  rumor  de  que,  para  quitar  todo  pretexto  á  los  revoltosos, 
el  virrey  había  resuelto  aprobarlas  elecciones  del  i**  de  enero,  «  fue- 
ren quienes  fueren  los  nombrados  para  el  Cabildo  » .  Pero  no  había 
ya  providencia  ni  actitud  de  Liniers  que  lograse  atenuar  el  vicio  in- 
sanable de  su  nacionalidad;  y  el  sábado,  3i  de  diciembre,  víspera 
de  las  elecciones,  los  batallones  conjurados  recibieron  cartuchos  á 
bala,  con  orden  de  concurrir  al  día  siguiente  con  sus  armas  á  la 
Plaza  Mayor,  al  toque  de  la  campana  del  Cabildo. 

Por  su  parte,  los  jefes  délas  fuerzas  adictas  al  gobierno  las  tenían 
citadas  para  la  mañana  del  día  i"  en  sus  respectivos  cuarteles  (2). 

(i)  Encuentro  algunos  datos  interesantes  en  la  partida  de  matrimonio,  cuya  copia 
legalizada  he  sacado  de  la  Merced.  Ck)n  licencia  del  obispo,  celebró  el  acto  en  la  Catedral 
el  cura  de  Morón,  doctor  don  Juan  Manuel  Fernández  de  Agüero,  el  antiguo  profesor  de 
&losofía  escolástica  del  colegio  de  San  Carlos,  más  tarde  filósofo  racionalista  en  la  Uni- 
versidad. El  novio  se  designa  asi:  «  D.  Juan  Périchon  j  Vandebil  (sic),  natural  del  reino 
de  Francia,  hijo  legitimo  de  don  Esteban  Périchon  y  de  doña  Juana  Magdalena  Avello  ». 
Fueron  padrinos  el  virrey  y  la  madre  del  novio;  firma  la  partida,  como  cura  de  la 
Catedral,  don  Julián  Segundo  de  Agüero,  el  futuro  ministro  de  Rivadavia.  —  El  ^isa- 
niento  se  realizó  á  poco  de  volver  Périchon  de  Europa,  pues  á  fines  de  octubre,  las 
instrucciones  del  Cabildo  de  Montevideo  al  enviado  Guerra  le  dan  como  preso  en  Cádiz 
—  por  francés,  naturalmente. 

{3)  Respecto  de  los  informes  que  se  tenían  del  complot,  habla  el  doctor  López  (II,  aBiü) 
del  ((grande  sigilo  que  los  conjurados  habían  procurado  guardar...  »  pero,  á  renglón  se- 
guido:   (c  era  tan  pública  esta  voz  por  la  jactancia  de  los  conspiradores,  etc...» I 


1 48  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Las  componían  :  la  fuerte  legión  de  Patricios,  al  mando  del  coronel 
Saavedra;  el  regimiento  de  artillería  déla  Unión,  con  su  coronel, 
don  Gerardo  Esteve  y  Llach ;  los  cuerpos  de  Montañeses  y  Arribe- 
ños, respectivamente  mandados  por  el  coronel  don  Pedro  A.  García 
y  el  capitán  (2**  jefe)  don  Francisco  Ortiz  de  Ocampo ;  el  batallón 
de  Pardos  y  Morenos,  también  al  mando  provisional  de  García;  por 
fin,  los  Húsares  de  Pueyrredón  que,  en  ausencia  de  este  jefe,  tenían 
por  comandante  interino  á  don  Martín  Rodríguez.  Estos  cuerpos  ur- 
banos, formados  de  combatientes  de  la  Defensa,  y  que  representaban 
un  contingente  respetable  por  su  número  y  calidad,  debían  salir  de 
de  sus  cuarteles  y  converger  á  la  Plaza  en  cuanto  sonaran  los  tres 
cañonazos  de  la  Fortaleza,  según  la  señal  convenida  con  el  virrey; 
pero  veremos  luego  cómo  dicha  señal  fué  omitida,  lo  que  no  impi- 
dió á  los  tercios  moverse  en  la  hora  precisa,  con  excepción  de  los 
Húsares  que  quedaron  hasta  la  tarde  en  el  Retiro,  y  délos  Pardos  y 
Morenos  que  siguieron  ocupando  la  plaza  de  Monserrat. 

Desde  el  amanecer  habían  tomado  sus  puestos  estratégicos  los 
cuerpos  españoles,  delante  del  Cabildo  y  en  torno  de  la  Plaza  (i). 
no  dejando  libre  el  acceso  de  las  galerías  capitulares  sino  al  «  pueblo  »> 
europeo.  Las  elecciones  municipales  se  efectuaron  a  la  hora  y  en  la 
forma  acostumbradas,  resultando  reelegidos  sin  discrepancia  los  ca- 
pitulares salientes.  Redactado  el  acuerdo  correspondiente,  pasó  al 
Fuerte  una  diputación  encabezada  por  el  Alcalde  de  primer  voto,  don 
Martín  de  x4lzaga.  y  acompañada  degrupos  tumultuarios,  para  solici- 
tarla ratificación  de  los  nombramientos.  La  guardia  dejó  entrará  los 
capitulares,  perocerró  el  paso  al  populacho,  que  quedó  revolviendo 
por  la  plaza  del  Mercado  en  hervidor  oleaje.  A  poco  salía  el  grujK) 
concejil,  con  aspecto  entre  satisfecho  y  cariacontecido,  pues  si  bien 

(i)  López,  Historia,  II,  3a6 :  u  Al  frente  de  l<i  arquería  del  Cabildo  extendían  so 
linea  los  Catalanes  que  mandaba  el  rico  hombre  Rozaba!...  »  Don  Ignacio  de  Rezibal  cri 
comandante  do  los  Cántabros  de  la  Amistad.  Ya  tenemos  repetido  que  el  comandanie  de 
los  Catalanes  era  el  regidor  don  Olaguer  Reináis,  y  sabemos  que  la  razón  de  estar  for- 
mados delante  del  Cabildo  era  tener  su  cuartel  contiguo.  Pero,  ya  so  tratara  de  Rezál>^ 
ó  do  Reináis,  no  le  es  permitido  á  un  historiador  llamar  rico  hombre  k  un  tendero  rico. 


SAxNTIAGO  LINIERS  1/^9 

era  cierto  que  triunfaba,  habiendo  el  virrey  firmado  el  auto  de  con- 
fírmación  sin  mirar  la  lista,  no  lo  era  menos  que  faltaba  ya  el  mejor 
pretexto  para  el  motín.  Pero  la  vacilación  fué  de  pocos  minutos; 
apenas  llegados  al  centro  de  la  plazoleta,  uno  de  los  diputados  — 
Alzaga,  según  algunos,  Villanueva,  según  otros,  —  arrojó  al  aire  el 
primer  grito  sedicioso  de  /  Junta  como  en  España !  ¡  Abajo  el  francés 
Liniers!  que  fué  repetido  por  la  muchedumbre.  Al  mismo  tiempo 
que  la  campana  del  Cabildo  tocaba  á  rebato,  formábanse  los  tercios 
europeos,  y  los  conjurados  empezaban  á  llenarlas  galerías  de  la  casa 
consistorial,  donde  había  de  realizarse  el  acto  más  importante  del 
programa  revolucionario. 

A  mediodía,  el  comandante  de  Patricios  recibía  la  orden  de  diri- 
girse con  su  cuerpo  á  la  Fortaleza  por  la  poterna  de  la  playa,  estan- 
do ya  interceptadas  por  las  fuerzas  españolas  las  cuadras  inmediatas. 
Mientras  cumplía  personalmente  esta  disposición,  Saavedra  man- 
daba á  los  Arribeños  que  ocupasen  la  u  casa  de  Mixtos  » ,  frente  á 
las  Catalinas,  y  se  mantuviesen  sobre  las  armas.  Dejando  su  regi- 
miento formado  en  el  recinto,  el  coronel  Saavedra  penetró  en  el  des- 
pacho del  virrey,  á  quien  el  obispo  Lué,  el  jefe  de  escuadra  Ruíz 
Hnidobro,  el  brigadier  Molina  y  otros  oficiales  formaban  un  círculo 
de  traidores.  Después  de  un  vivo  altercado,  el  comandante  de  Pa- 
tricios aceptó  la  proposición  de  volver  á  su  cuartel,  pero  no  por  la 
puerta  de  Socorro,  sino  por  la  Plaza  Mayor,  en  columna  formada  y 
áUmbor  batiente,  comprometiéndose  por  su  parte  el  prelado  á  con- 
seguir que  los  españoles  despejasen  la  plaza  y  calles  adyacentes.  Así 
se  hizo ;  pero  tan  poca  confianza  tenía  el  soldado  en  la  palabra  del 
obispo,  que  hizo  llamar  al  cuartel  de  Patricios  á  los  Montañeses, 
Arribeños  y  Artilleros  de  la  Unión,  con  el  convencimiento  de  que 
iba  á  ser  necesario  desalojar  por  la  fuerza  á  los  contrarios. 

Entre  tanto,  el  vecindario  español,  congregado  en  las  galerías 
del  Cabildo,  realizaba  al  fin  por  aclamación  el  nombramiento  de 
una  Junta  Suprema,  compuesta  exclusivamente  de  europeos,  con 
excepción  de  los  doctores  don  Julián  de  Leiva  y  don  Mariano  Mo- 


1 5o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

reno,  únicos  americanos  notables,  hay  que  decirlo,  que  hubieran 
participado  en  esta  empresa  esencialmente  antiamericana.  Encabe- 
zaban la  lista  los  nombres  de  Álzaga,  Reináis,  Villanueva.  Santa 
Coloma  y  demás  capitulares,  y  la  cerrábanlos  de  Leiva  y  Moreno, 
que  habían  sido  designados  para  secretarios.  Así  organizada  la  Jun- 
ta, que  nunca  volvería  á  juntarse,  y  redactada  el  acta  de  instalación, 
que  quedaría  como  el  único  vestigio  de  su  existencia,  trasladáronse 
al  Fuerte  algunos  miembros  del  flamante  cuerpo,  —  entre  éstos  Ál- 
zaga y  Moreno,  —  para  significar  al  virrey  su  destitución.  Recibió 
éste  sin  gran  sorpresa  la  noticia,  y  por  ser  día  en  que  todo  el  mundo 
iba  y  venía  entre  la  Fortaleza  y  el  Cabildo,  no  le  costó  tiempo  re- 
unir un  abigarrado  consejo  de  notables,  en  que,  además  de  los  capi- 
tulares y  la  Audiencia,  entraban  el  obispo  y  los  mencionados  jefes 
de  marina.  Nadie  ponía  en  duda  lo  que  del  sanhedrín  tenía  que  salir» 
—  y  menos  Liniers,  que  acababa  de  dar  aviso  á  Saavedra  para  que 
entrasen  en  escena  los  Patricios  y  terminase  la  larga  función.  Para 
ganar  tiempo,  y  también  porque  tal  hubiera  sido  en  último  caso  su 
conducta,  el  virrey  admitió  la  idea  de  resignar  el  mando,  si  el 
«  pueblo  »  así  lo  exigía ;  pero  en  favor  del  jefe  más  caracterizado, 
como  lo  prevenía  la  real  orden,  y  de  ningún  modo  en  manos  de  una 
junta  anárquica.  Conseguido  lo  principal,  que  era  la  dimisión  — 
pues  para  lo  demás  había  tiempo  —  extendióse  el  acta  de  la  renun  - 
cia,  y  ya  Liniers  acorralado  tomaba  la  pluma  para  firmarla  (otros 
dicen  que  estaba  ya  firmada),  cuando  Saavedra  y  otros  jefes  de  cuer- 
po hicieron  irrupción  en  el  despacho.  Aquello  fué  un  cambio  tea- 
tral :  sin  amedrentarse  por  las  declaraciones  de  los  curiales  ni  los 
aspavientos  del  mitrado  hipócrita,  Saavedra  protestó  contra  la  abdi- 
cación y  el  abuso  que  en  nombre  del  pueblo  se  cometía,  concluyen  - 
do  por  proponer  al  virrey  que  se  mostrase  á  la  concurrencia,  y  escu- 
cliase  salir  de  miles  de  pechos  el  sentimiento  popular.  Tal  se  hizo, 
on  efecto;  el  virrey  se  presentó  en  la  plaza,  acompañado  por  Saave- 
dra; y  una  inmensa  aclamación  de  /  Viva  Liniers  !  salida  de  la  masa 
criolla,  que  ahora  rebullía  junto  á  los  Patricios  formados  en  batalla» 


SANTIAGO  LiNIERS  i5i 

probó  á  los  conjurados  que  ea  el  verdadero  pueblo  de  Buenos  Aires 
vivía  aún  el  prestigio  del  caudillo  francés  que  —  como  á  esta  oca- 
sión lo  recordaba  Saavedra  (i)  —  había  reconquistado  para  España 
la  ciudad  cobardemente  entregada  por  un  virrey  y  oñciales  espa- 
ñoles. Vuelto  Liniers  á  su  despacho,  rasgó,  en  presencia  de  los  w  con- 
sejeros »  que  allí  habían  quedado,  el  documento  que  acaso  firmara 
por  persuasión  el  mandatario  saturado  de  intrigas  y  calumnias,  pero 
no  por  intimidación  el  soldado  que  acababa  de  ver  en  frente  al  ene- 
raigo.  Así  resuelta  la  cuestión  doctrinal,  confió  á  Saavedra  la  prác- 
tica, que  consistía  en  disolver  sin  demora  ni  contemplación  las  fuer- 
zas sediciosas  que  obstruían  el  frente  oeste  de  la  plaza  y  las  cuadras 
adyacentes.  En  vano, por  sugestión  de  Álzaga,  acudieron  los  conju- 
rados al  recurso  de  desplegar  en  el  Cabildo  el  real  pendón  en  señal 
de  paz :  Yiamonte,  García,  Martin  Rodríguez,  se  pusieron  al  frente  de 
sus  respectivos  cuerpos  á  lo  largo  de  la  Recova,  y  Saavedra  mandó 
rendir  las  armas  á  los  tercios  formados  en  el  lado  opuesto...  Podría 
suscitarse  duda  sobre  si  los  estimables  horteras  de  don  Olaguer  Rei- 
náis persistieron  hasta  la  segunda  intimación  en  su  propósito  de  dar 
la  vida  por  la  Junta  :  pero  es  muy  seguro  que  no  esperaron  la  tercera, 
constándonos  por  varios  testimonios,  tan  fidedignos  como  pintores- 
cos, la  galantería  con  que  accedieron  al  deseo  del  comandante  de 
Patricios (2).  — Aquella  misma  noche  formó  acuerdo  la  Audiencia, 
presidida  por  el  virrey,  y,  calificado  el  caso  de  atentado  y  traición, 
fueron  condenados  sus  autores  principales  á  la  pena  relativamente 
leve  de  extrañamiento.  Para  evitar  nuevos  desórdenes,  fueron  apre- 
hendidos en  el  acto  los  cinco  capitulares,  Alzaga,  Reináis, Villanue- 
va,   Santa  Coloma  y  Neira,  y   embarcados  para  Patagones,  —  sin 


(i;  S4ATEDaA,  Memoria  :  «Se  olvidaban  estos  ingratos  que  sólo  el  francés  Liniers 
rdíiusó  juramentarse  ante  Beresford...  etc. 

(2)  SiATEpaA,  Memoria:  «A  la  segunda  intimación  arrojaron  las  armas  y  corrieron 
por  las  callea  como  gamos...»  —  Saguí,  op.  ctt.,  117  :  «Amanera  do  las  aves  de  rapiña 
que  sintiendo  al  cazador,  se  desbandan  y  buycn  precipitadamente.  »  Los  tres  cuerpo 
insurrectos  quedaron  di  sueltos. 


i5a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

perjuicio  de  seguirse  en  la  forma  ordinaria  la  causa  formada  álos 
autores  y  cómplices  de  la  rebelión  (i).  A  pesar — ó  en  razón — de  ser 
relatores  de  la  Audiencia,  ni  Moreno  ni  Leiva  fueron  perseguidos. 
No  obstante,  el  alma  tierna  de  Manuel  Moreno  sangraba  todavía  á 
los  tres  años  por  el  destierro  de  los  culpables,  que  en  rigor  duró  un 
mes,  y  en  su  conocida  obra  protesta  indignado  contra  la  crueldad  del 
tirano  Liniers  ¡  por  haberse  defendido  al  verse  atacado !  Y  cuando  se 
recuerda  que  el  objeto  de  tantos  dicterios  y  calumnias  era  la  más  ilus- 
tre de  las  cinco  víctimas  recién  caídas  en  la  Cruz  Alta  (2), —  de  or- 
den del  hermano  del  declamador  y  por  un  delito  más  discutible  que 
el  del  1°  de  enero,  —  ocurren  tristísimas  reflexiones  sobre  la  mora- 
lidad humana. 

Tal  fué  en  substancia  —  y  omitiendo  pormenores  sin  gran  interés 
—  la  frustrada  revolución  de  los  españoles.  Pero  no  es  dudoso  que 
el  fracaso  del  tumulto  municipal  tuvo  consecuencias  históricas,  mu- 
cho más  positivas  que  las  perseguidas  por  los  conjurados  ó  las  entre- 
vistas por  los  vencedores.  Fué  sin  duda  la  más  inmediata  y  patente 
la  que  apuntan  los  historiadores  argentinos  (3),  esto  es,  la  prepon- 
derancia militar  del  elemento  nativo,  — como  que  en  adelante  la  le- 
gión de  Patricios  y  demás  batallones  criollos  compusieron  exclusi- 
vamente la  fuerza  acuartelada.  Pero,  sobre  ser  precarioeste  resultado, 
y  depender  de  la  venida  (tan  reclamada  por  los  últimos  virreyes)  de 
una  fuerte  división  veterana,  no  constituyó  sino  el  elemento  más 
externo  de  la  nueva  situación.  Por  lo  que  ésta  en  realidad  se  carac- 
terizaba, y  contenía  el  anuncio  de  un  cambio  inminente,  era  por  el 

« 

(i)  El  acto  verdaderameote  arbitrario  y  abusivo  fué  la  confiscación  de  los  caudales 
efcctiTos,  que  se  encontraron  en  las  casas  de  comercio  de  algunos  desterrados;  asi  se 
apoderó  el  gobierno  de  Soo.ooo  pesos  fuertes  pertenecientes  al  sindico  Villanneva.  Pa- 
rece, sin  embargo,  que  esta  extorsión  tuvo  el  carácter  do  un  impuesto  forzoso,  pues  se 
empleó  en  gastos  administrativos,  dejándose  la  constancia  que,  más  tarde,  permitió  al 
interesado  recuperarla  casi  en  su  totalidad. 

(a)  La  Vida  de  Moreno  se  publicó  en  Londres,  en  agosto    de  i8ia;  es  presumible  que 
se  principiara  á  mediados  del  año  anterior. 

(3)  López,  Historia,  II,  3a 4:  MrrnE,  Belgrano,  I,  a 70. 


SANTIAGO  LINIERS  i53 

estado  de  caducidad  de  los  órganos  gubernativos,  que  un  simple 
amago  de  conflicto  acababa  de  revelar.  Tal  era  su  incurable  vetustez, 
que  bahía  bastado  un  ligero  rozamiento  para  ponerla  de  manifiesto, 
aun  ante  los  testigos  más   ingenuos  (i).  Tras  el  solo  ademán  de 
un  motín  abortado,  salían  todas  las  instituciones  estropeadas  é  invá- 
lidas. ¿Qué  quedaba  del  virreinato,  desconocido  por  el* Cabildo  y 
sólo  amparado  por  los  cuarteles  ensoberbecidos  y  ya  incapaces  de 
obedecer?  ¿Qué  del  Ayuntamiento,  cuyos  miembros  dispersos  eran 
públicamente  infamados  y  convencidos  de  traición?  La  misma  Au- 
diencia, tímida  y  temblona,  acordaba  con  el  vacilante  mandatario 
resoluciones  que  era  la  primera  en  denunciar  al  gobierno  ambulante 
y  confuso  de  Aranjuez  ó  Sevilla,  cuyo  simulacro  estaba  en  todas 
partes  y  su  realidad  en  ninguna.  Nada,  pues,  del  antiguo  régimen 
había  quedado  en  pie.  El  solo  hecho  de  ser  los  propios  gobernadores 
y  capitulares,  los  que  venían  encabezando  motines  en  estos  dominios, 
con  el  pretexto  de  conservarlos  á  un  rey  cesante,  demostraba  á  las 
claras  que  estas  provincias  no  podían  ya  ser  colonias.  La  lealtad  y 
la  fe  eran  el  cemento  que  antes  mantenía  adherentes  las  piedras  del 
edificio  monárquico  :  los  mismos  españoles  eran  los  que  aquí  ha- 
bían escandalizado  á  los  vasallos,  enseñándoles  cómo  las  desprendi- 
das hiladas  se  desplomaban  al  solo  empuje  popular.  No  sería  lección 
perdida.  Los  criollos  sabían  ya  que  no  era  atentado  inaudito  expul- 
sar virreyes  ó  dispersar  cabildos  y  audiencias.  Lo  que  los  españoles 
atacaran  con  monstruoso  ilogismo,  intentando  rasgar  sus  únicos 
títulos  al  predominio,  los  hijos  del  país  iban  á  emprenderlo  con  ló- 
gica evidente,  proclamándose  dueños  de  la  tierra  que  ellos  bastaban 
á  defender.  Y  esa  misma  Junta  gubernativa,  en  cuyo  nombre  alza- 
ran los  peninsulares  pendones  de  anarquía,  los  americanos  iban  á 
erigirla  en  señal  de  emancipación.  Con  toda  verdad  puede  decirse 
que,  al  día  siguiente  de  declararse  sediciosos  los  españoles  de  Buenos 


(i)  SAGuf,    op.   eil.f    119:    i(De   aqui  es  que  los  ánimos  cancerados,  ya  no  curaron 
más  ». 


1 54  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Aires,  la  obra  de  la  independencia  estuvo  iniciada.  Que  se  cortara 
allá  por  la  espada  de  los  invasores,  ó  se  desatara  aquí  por  la  mano  de 
los  patriotas,  —  ó,  como  aconteció,  por  ambos  extremos  á  la  vez,  — 
desde  principios  del  año  9  ya  no  existía  virlualmente  el  vínculo  de 
vasallaje.  La  revolución  estaba  hecha  en  la  conciencia  americana  : 
la  cuestión  de  pasar  á  los  hechos,  sólo  dependía  de  que  los  franceses 
empleasen  años  ó  meses  en  invadir  la  Andalucía. 


No  bien  avisado  Elío  de  los  sucesos  ocurridos  en  Buenos  Aires, 
despachó  para  Carmen  de  Patagones  uno  de  los  buques  del  apostade- 
ro, al  mando  del  capitán  de  fragata  don  Francisco  Javier  de  Yiana» 
con  orden  de  extraer  por  la  fuerza  álos  capitulares  desterrados  y  con- 
ducirlos á  Montevideo.  La  comisión  fué  prontamente  cumplida, 
á  pesar  de  la  resistencia  que  opusiera  la  débil  guarnición  del  presi  - 
dio  (i);  y,  ya  reunidos  en  la  ciudad  sublevada,  pudieron  los  enemi- 
gos de  Liniers  proseguir  á  mansalva  su  ruin  empresa  de  descrédito 
y  calumnia.  Multiplicaron,  en  efecto,  sus  denuncias  contra  el  virrey 
ante  la  Junta  suprema  ;  aunque,  como  luego  veremos,  «  lo  que 
abundaba,  ya  no  podía  dañar  »,  y  á  la  hora  en  que  aquéllas  llega- 
ron á  su  destino,  estaba  decidido  el  reemplazo  de  Liniers. 

Éste,  entre  tanto,  luchaba  contra  la  fortuna  con  la  resignada 
energía  del  marino  que  manda  la  maniobra  imposible  á  bordo 

(i)  En  una  nota  de  su  comunicación  al  Rey,  de  5  de  agosto,  escribe  Liniers:  <<  Este 
es  el  que  insultó  con  las  armas  en  la  mano  el  pabellón  de  V.  M.  en  el  establecimiento  de 
la  costa  de  Patagonia  »  (Calto,  Anales^  I,  i35).  —  El  capitán  Viana  era  el 
mismo  oficial  que,  veinte  años  ^ntes,  se  encontró  en  la  expedición  de  Malaspina  y 
dio  de  ella  un  Diario  interesante  (impreso  en  el  Cerrito  de  la  Victoria.  18^9).  Las  dos 
corbetas  Descubierta  y  Atrevida  formaban  parte  del  apostadero,  con  la  tristemente  célebre 
fragata  Medea  que,  cuatro  años  antes,  condujo  á  los  dos  Alvear.  Regularmente,  el  servi- 
cio de  la  costa  patagónica  é  islas  Malvinas  se  hacia  por  los  tres  bergantines  de  la  plaza  : 
pero,  dado  el  carácter  militar  de  la  comisión,  es  probable  que  Viana  montara  su  vieja 
Deseabierta.  Cf.  Anales  de  la  Biblioteca ,  I. 


SANTIAGO  LIMERS  i55 

de    la  nave  en  perdición,  resuelto  á  quedar  firme  en  su  puesto 
hasta  el  minuto  supremo.  Bien  sabía  él  que  su  reciente  triunfo  á  lo 
Pirro  no  significaba  sino  una  tregua  en  la  inevitable  derrota.  To- 
dos sus  merecimientos  anteriores,  todos  los  esfuerzos  v  sacrificios 
de  su  dolorosa  lealtad  presente,  por  mil  testigos  reconocida,  tenían 
<{ue  estrellarse  en  la  pared  de  hierro  de  la  preocupación   patriótica, 
que  no  razona  y  sólo  siente,  no  pudiendo,  por  lo  tanto,  ser  permea- 
ble al  convencimiento.  Aun  suponiendo  que,  para  cada  conciencia 
individual,  resplandeciera  como  la  luz  del  sol  la  evidencia  de  su  hi- 
dalguía, ésta  no  valdría  para  la  conciencia  colectiva  :  espurio  con- 
g^lomcrado  de  impulsos  c  instintos  atávicos,  cuya  lógica  implacable 
y  ciega  es  la  del  alud  que  se  desploma  de  la  montaña.  Aunque  fuese 
un  santo  ó  un  héroe,  —  que  no  era  ni  lo  uno  ni  lo  otro,  —  su  san- 
tidad ó  su  heroísmo  no  le  lavara  por  entonces  del  delito,  inexpia- 
ble ante  almas  españolas,   de  ser  francés,  es  decir :   compatriota 
délos  que  allá  herían  y  ultrajaban  á  la  madre  venerable,  cuyos  su- 
frimientos hacían  correr  lágrimas  de  sangre  en  los  rostros  de  sus 
más  rudos  hijos.  La  misma  pasión  bravia  que  arrojaba  al  vecindario 
de  Zaragoza  ó  Valencia  contra  indefensas  familias  francesas,   allí 
arraigadas  de  veinte  años  atrás,  y  hasta  ayer  queridas,  era  laque  aquí 
rugía  contra  el  paisano  de  Napoleón :  sentimiento  regresivo  y  feroz, 
que  nos  retrotrae  á  la  barbarie  de  los  conflictos  medioevales  entro 
las  razas,  y  parece  que  revolviera  en  la  moderna  humanidad  los  ape- 
titos sanguinarios  que  prolongaron  la  lucha  de  las  especies ;  pero 
imponente  en  sus  mismos  excesos  y  exento  de  egoísmo  sórdido : 
puro,  al  cabo,  como  el  fuego,  si  como  éste  devastador,  —  y  que  ha- 
ría absolver  al  pueblo  indómito  que  contra  todo  cálculo  y  esperanza 
lo  alimentaba,  si  bastase  lo  noble  del  fin  para  borrar  lo  innoble  de 
los  medios  ante  la  incorruptible  historia  ! 

Pocos  días  después  de  sofocado  el  motín  (i),  el   virrey  dirigió  á 

(i)  El  4  cío  enero;  otra  proclama  había  pablicado  la  víspera,  sólo  encamiaada  á  de- 
mostrar lo  ilegal  de  la  proyectada  Junta  y  ensalzar  la  actitud  de  los  u  cuerpos  pa- 
trióticos />. 


i56  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

los  habitantes  de  Buenos  Aires  una  importante  proclama,  que  re- 
fleja el  estado  de  su  ánimo  y  se  aparta  bastante,  en  su  segunda 
parte  al  menos,  del  estilo  enfático  y  hueco  harto  usual  en  este  gé- 
nero de  literatura.  A  raíz  de  algunas  alusiones,  acaso  poco  útiles, 
á  los  capitulares  extrañados,  pero  que  siquiera  muestran  la  poca 
animosidad  que  les  conservara,  Liniers discurría  con  gravedad  filo- 
sófica sobre  la  iniquidad  del  juicio  contemporáneo :  u  En  vano, 
decía,  se  precia  el  hombre  más  feliz  de  haber  granjeado  por  gran- 
des acciones  y  actos  de  benevolencia  la  voluntad  universal  de  los 
que  manda;  pues  la  envidia,  la  calumnia  y  la  malevolencia,  ver- 
tiendo sobre  él  su  ponzoña,  lo  convencerán  muy  en  breve  de  que 
la  única  satisfacción  que  debe  esperar  el  hombre  de  bien,  es  el  tes- 
timonio de  su  conciencia  »;  y  entrando  luego  en  lo  que  él  mismo 
llamaba  las  «  aplicaciones  »,  presentaba  un  análisis  de  los  sucesos 
recientes,  que  puede  tenerse  por  el  resumen  más  claro  que  de 
aquéllos  poseamos.  Huelga  reproducirlo,  habiéndoselo  tenido  pre- 
sente en  las  páginas  anteriores  ;  con  todo,  transcribiré  los  renglones 
relativos  al  incidente  de  la  renuncia,  que  ha  sido  tergiversado,  y 
cuya  versión  por  el  principal  actor,  y  destinada  á  un  público  en 
su  mayoría  hostil  no  debía  apartarse  un  punto  de  la    verdad  : 

«...  Tuve  que  detener  varias  veces  la  justa  indignación  de  los  defensores  de 
la  buena  causa.  Últimamente  lleve  la  moderación,  pensando  que  tal  vez  evitaría 
la  efusión  de  sangre,  y  hacerles  conocer  un  desprendimiento  que  en  toda  otra 
circunstancia  podía  caracterizarse  de  criminal,  hasta  hacer  dimisión  del  mando, 
siempre  que  por  este  medio  se  lograse  borrar  aun  el  nombre  de  Junta,  quedando 
en  su  integridad  las  sabias  leyes  que  en  tres  siglos  habían  regido  estos  dominios; 
cuya  proposición  se  admitió  á  pluralidad  de  votos...  Pero  vi  con  admiración 
exaltarse  hasta  lo  sumo  los  que  (Saavedra  y  los  jefes)  consideraban,  que  derriba- 
da la  autoridad  emanada  de  la  Suprema  y  el  Jefe  revestido  de  la  legitima,  el 
que  ellos  eligiesen  no  subsistiría  más  tiempo  que  el  en  que  cesase  de  adherir  á 
sus  siniestras  y  desarregladas  ideas...  (i)  Pero  la  energía  y  el  patriotismo  de  los 

( I )  No  necesito  advertir  al  lector  que  las  impresiones  sueltas  del  tiempo  traen  muchas 
incorrecciones  ;  aquí  y  en  otra  frase  anterior  debe  haber  algún  error  ;  el  sentido  evidente 
es  :  «  no  subsistiría  en  cuanto  dejase  de  adherir,  etc.  ».  El  golpe  era  certero,  teniéndose 
á  la  vista  lo  que  en  las  juntas  de  España  ocurría.  Como  curiosidad  literaria,  señalo  ha- 


SANTIAGO  LINIERS  167 

cuerpos  y  jefes  va  citados  me  sacaron  de  este  conflicto  con  el  mayor  denuedo.  La 
autoridad  real  se  ha  radicado,  y  los  malvados  y  mal  intencionados  están  abandona- 
dos á  sus  remordimientos  (!)  y  bajo  el  yugo  de  las  leyes.» 

En  esos  mismos  días  (i),   ya  fuese  porque  temía  realmente  un 
atentado  de  los  portugueses  por  Río  Grande,  ó.  más  probablemente, 
para  contener  nuevos  desmanes  de   su  «insubordinado»,   Liniers 
le  dirigió  un  oficio  redactado  en  tono  conciliador,  el  cual  á  la  pri- 
mera lectura  sólo  parece  ingenuo,  si  bien,  á  la  segunda,  bastante  há- 
bil.   Invocando  la  lealtad  y  patriotismo  de  Elío,  invitábale  á  disol- 
ver aquella  «  pretendida  Junta  de  gobierno»,  y  entregar  el  mando 
de  Montevideo  al  gobernador  propietario  Ruíz  Huidobro;   «con 
esto,  agregaba   el  virrey,   V.  S.  daría  una  prueba  irrefragable   de 
que,  si  alucinado  por  un  falso  concepto  ha  prevaricado  contra  las 
leyes  y  autoridades,  al  momento  que  le  ha  parecido  [correr]   un 
riesgo  inminente  la  integridad  de  los  dominios  del  Rey,  ha  desis- 
tido...» Seguramente,  Liniers  no  confió  un  momento  en  la   efica- 
cia de  su  intimación;  pero  si  quiso  provocar,  como  es  probable,  un 
documento  que  demostrase  en  forma  inequívoca  la  indisciplina  é  in- 
solencia del  alzado  subalterno,  es  innegable  que  vio  colmados  sus 
deseos.    No  cabe,  —  no  digamos  en  el  oficio  de  un  jefe  que  se  pro- 
ponga desacatar  al  superior  sin  olvidar  lo  queá  sí  mismo  se  debe, 
sino  en  la  carta  de  un  soldado  desertor  que  injuria   desde  lejos  á  su 
sargento,  —  una  retahila  de  insultos  más  soeces  y  necios  que  los 
contenidos  en  esa  respuesta  del  gobernador  «  Fracaso»,  quien,  ade- 
más, daba  en  gracejar  con  la  finura  de  un  Sancho  Panza  navarro!  (2) 

cta  el  fin  de  la  proclama  una  reflexión  sobre  u faltas  á  la  caridad  con  afligir  al  afligido», 
^e  parece  ser  una  reminiscencia  del  Quijote  (a*  parte,  prólogo  al  lector)  :  «  sabiendo  que 
no  se  ha  de  añadir  aflicción  al  afligido  » . 

(i)  En  BU  contestación,  Elio  decía  que  la  carta  de  Liniers  debía  de  ser  posterior  á  la 
fecha  que  traía  (3i  de  diciembre/;  ello  no  es  imposible  aunque  poco  probable.  No  parece 
admisible  que,  al  dar  ese  paso  después  del  i*  de  enero,  se  abstuviera  el  virrey  de  aludir 
al  motín  que,  sofocado,  dejaba  su  autoridad  robustecida.  Ambos  oficios  han  sido  publi- 
cados en  la  Colección  de  Limas  y,  posteriormente,  en  los  Anales  de  Calvo,  I,  110. 

(a)  Sobre  la  proverbial  testarudez  vizcaína,    Elio  llevaba  un  unto  personal  de  vanidad 


iSB  ANALBS   DE  LA  BIBLIOTECA 

Por  cierto  que  el  virrey  remitióá  España  esta  nueva  bellaquería 
del  gobernador  rebelde,  lo  propio  que  otros  documentos  reUlívos  á 
la  conducta  escandalosa  de  los  capitulares,  del  brigadier  Molina  y  del 
comandante  de  la  fragata  Prueba :  todo  ello  en  vano,  como  que  el 
simulacro  de  autoridad  vacilante  que  allá  se  traslucía,  acerta- 
ba apenas  á  demostrar  su  existencia  efectiva  en  la  misma  Península. 
Multiplicando  las  órdenes  y  proclamas,  bajo  la  cubierta  de  una  fic- 
ción en  que  pocos  creían,  — pues  en  todo  pensaba  el  suspirado  Fer- 
nando menos  en  resistir  áNapoleón,  —  la  Junta  suprema  de  Sevilla, 
presa  ella  misma  de  disensiones  intestinas,  poco  podía  estudiar  la 
cuestión  del  Río  de  la  Plata.  No  funcionaba  ya  el  Consejo  de  In- 
dias (i)  cuya  justicia,  si  bien  coja  y  tardía,  se  ajustaba  al  cabo  á 
reglas  tradicionales,  que  en  el  caso  actual  se  presentaban  abierta  y 
monstruosamente  transgredidas.  En  las  denuncias  y  acusaciones 
contradictorias  que  venían  amontonándose  en  el  despacho  de  los 
ministros  Escaño  y  Gornel,  respectivamente  encargados  de  la  mari- 
na y  de  la  guerra,  el  único  punto  concordante  era  el  que  liaciu 
arrancar,  justa  ó  iniustamente,  los  disturbios  del  virreinato  de  la 
nacionalidad  del  virrey.  Y  armonizándose  por  demás  este  an- 
tecedente con  las  preocupaciones  reinantes,  que  cada  victoria 
de  los  ejércitos  franceses  exasperaban,  la  Junta  resolvió  cortiir 
por  lo  sano,  separando  del  mando  de  estas  provincias  al  que 
aparecía  como  causa  directa  de  díclios  disturbios.  —  Es  fuer- 
za confesar  que  la  providencia,  inicua  en  si  misma,  fluía  irre- 
sistiblemente de  las  circunstancias  políticas.  Colocado  por  el 
destino  entre  las  dos  masas  nacionales  que  corrían  á  chocarse,  el 
desgraciado  virrey   tenía  fatalmente  que  ser  aplastado.  Esta  mis- 

fanfirrons  qua  le  hacia  impermuhle  á  toda  raaeiíóa  wnsata.  Doce  aSoí  dnpué* de  estos 
<uc«i».  ;  i  los  diei  del  ettéril  Hcrificlo  de  Linier..  hillándoie  encerrado  ea  nn  calaba- 
»  de  ValeneL»  j  próiimo  i  >iirrir  la  úllinu  pena.  r«laclal>a  un  Manieesto  lleao  do 
errores  y  jactapcias.  en  que  repelií  !at  miimai  aUardas  acuucione*  contra  tu  aoliguo 
jt-re,  {.\fMÍJIaU<  jní  aeribió  tí  general  don  Fruncí™  X.   Elía,  Valencia,  i8a3J, 

(1)  Sólo  a.i  «  eiplica  la  .¡oguIarLdid,  cuya  oira  ra>én  »  n«  eKapa.  de  qae  por  en- 
Lonces  el  .¡rrey  so  comunican  oficial  )  directamente  con  el  ministro  de  U  guern  Cornol . 


SANTIAGO  LINIERS  iBg 

ma  Audiencia  pretorial,  enérgica  defensora  de  Liniers  en  sus  cues- 
tiones con  Elío  y  Álzaga,  á  quienes  denunció  reiteradamente  como 
autores  de  los  males  sobrevenidos,  no  pudo  dejar  de  reconocer  que 
«en  tan  crítica  situación,  no  había  otro  recurso  que  separar  del  man- 
do á  don  Santiago  Liniers,  substituyéndole  un  jefe  español,  que 
por  serlo  removiese  el  pretexto  en  que  se  apoyaron  aquellos  aten- 
tados)) (i).  Todas  las  consideraciones  que  hoy  llamaríamos  «  opor- 
tunistas ))  concurrían,  pues,  para  designar  al  boac  émissaire  de  la 
situación,  —  siendo  así  que  la  noción  eterna  de  justicia,   feliz  ó 
desgraciadamente,  no  íigura  entre  aquéllas  (2).  Con  todo,  tan  fla- 
mante estaba  aún  en  España  y  América  la  gloria  del  Reconquistador, 
que,  antes  de  inmolarle,  la  Junta  le  había  condecorado  con  un  títu- 
lo de  Castilla,. señalándole  una  pensión  anual  de  cien  mil  reales  de 
vellón  sobre  estas  cajas  (3),  — al  modo  que  se  cubrían  de  ínfulas  y 
guirnaldas  las  victimas  llevadas  al  sacrifício. 


{i)  Representación  al  virrey  Cisneros^  octubre  37  de  1809.  (Publicada  en  la  B16/10- 
teeOf  VII^ .  En  ella  se  hace  alusión  á  las  varias  comunicaciones  anteriormente  dirigidas  á 
la  Junta  de  Sevilla.  He  aquí  en  qué  términos  so  produce  el  alto  Tribunal  respecto  dcElio 
j  Álzaga  :  u  Se  atreve  el  tribunal  á  asegurar  que  habría  [el  país]  conseguido  el  fruto  de 
sus  tareas  (la  Defensa),  si  la  desgracia  no  hubiera  conducido  ú  estos  dominios  al  briga- 
dier don  Francisco  Javier  Elio :  este  hombre  fanático  y  osado,  que  se  arrojó  atropellado 
é  imprudente  á  mudar  la  forma  del  gobierno  en  la  plaza  de  Montevideo  que  interina» 
mente  mandaba...  Abroquelado  de  un  escudo  imaginario  que  hacia  consistir  en  sospechas 
hacia  el  Jefe  Superior  do  estas  provincias,  cometió  cuantos  atentados  son  imaginables... 
u  Uno  de  aquellos  genios  inquietos,  á  quien  da  orgullo  su  riqueza,  es  don  Martin  do 
Alzaga.  etc.  » 

(a)  A  propósito  —  ó  despropósito  —  de  est«  decreto,  el  historiador  López,  extravia- 
do por  Torrente,  inventa  de  tóales  piéees  (Historia^  II,  363  y  sig.)  un  complicado  y 
divertidísimo  enredo  diplomático,  á  cargo  del  marques  de  Casa  Irujo,  futuro  ministro  de 
España  en  Rio  de  Janeiro  :  «  Las  ideas  y  las  indicaciones  d^l  marqués  de  Casa  Irujo 
fueron  las  que  obtuvieron  aceptación  en  los  acuerdos  de  la  Junta  Central...  Ella  resolvió 
separar  á  Liniers  del  mando  y  sustituirlo  con  Cisneros  o.  Creo  haber  dicho  ya  que  Casa 
Irujo  desembarcó  por  primera  vez  en  Rio  de  Janeiro  el  a 5  de  agosto  de  i8og;  fué  nom- 
brado (estaba  antes  en  Estados  Unidos)  el  la  de  mayo  (Gaceta  de  Gobierno),  y  se  embarcó 
en  Cádiz  el  i a  de  julio,  en  la  corbeta  de  guerra  Mercurio.  El  primer  decreto  reempla- 
zando á  Liniers  es  de  8  de  febrero. 

(3)  Cree  el  señor  López  (II,  365)  que  la  Junta  Central  «  al  separar  &  Liniers  »  le  dio 
el  titulo  de  Castilla:  esta  recompensa  formaba  parte  de  los   grados  y  premios  acordados 


i6o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

No  he  visto  indicado  en  historia  alguna  el  curioso  trámite  que  su- 
frió el  reemplazo  de  Liniers :  en  puridad,  puede  decirse  que  se  le 
quemó  á  fuego  lento,  si  bien  fuera  sólo  en  efigie  y  á  dos  mil  leguas 
de  distancia.  Después  del  fantástico  nombramiento  de  Ruíz  Huido- 
bro  por  la  «Suprema»  de  Galicia,  algo  se  susurró  de  otras  candida- 
turas (acaso  propaladas  por  los  mismos  interesados),  hasta  que,  por 
febrero  de  i8og,  la  Junta  Central  produjo  un  decreto  que  pinta  á 
maravillad  estado  interior  déla  andaluza  behetría.  El  mismo  núme- 
ro de  la  Gaceta  de  gobierno  de  Sevilla  (3  de  marzo)  publicaba  el  nom- 
bramiento (con  fecha  del  8  de  febrero)  del  Excmo  señor  don  Antonio 
Cornel  para  virrey  de  Nueva-España  y  del  Excmo  señor  don  Antonio 
Escaño  para  virrey  del  Río  de  la  Plata, —  y  á  continuación  (con  fe- 
cha 9)  las  renuncias  motivadas  que  de  estos  empleos  presentaban 
los  nombrados.  Hemos  dicho  ya  que  ambos  Antonios  eran  miem- 
bros de  la  Junta  y  respectivamente  ministros  de  la  guerra  y  de  ma- 
rina; el  decreto  del  8  (firmado  por  don  Martín  de  Gara  y)  y  las  re- 
nuncias del  9  eran  igualmente  datadas  del  Real  Alcázar  de  Sevilla ; 
y  no  se  sabe  qué  hipótesis  favorezca  más  la  buena  opinión  delaSu- 

por  la  Junta  Suprema  «  á  los  individuos  militares  y  particulares  que  concurrieron  á  la 
Reconquista  y  Defensa  de  Buenos  Aires  »,  cuya  lista  se  lee  en  la  compilación  de  Lamas, 
637.  El  decreto  de   Sevilla,  i3  de  enero  de  1809,  fué  recibido  y  cumplido  aqui  en  i5 
de  mayo.  En  seguida  se  nos  explica  que  «  condecorado  (Liniers)  con  un  titulo  de  Casti- 
lla, se  le  decretó  una  pensión  anual  de  cien  mil  reales  ó  6000  pesos  (sic).  pagadera  por 
las  cajas  de  Buenos  Aires  :  pero  semejantes  favores  eran  ilusorios  más  bien  que  reales ; 
Liniers  sabia  muy  bien  que  el  tesoro  del  virreinato  estaba  exhausto,  etc.».    Dejando  el 
calembour  por  cuenta  del  doctor  López    (y    sin  insistir    en  la  errata   de   6000  pesos  por 
5ooo),  apenas  necesito  advertir  que  la  condición  de  pagarse  la  pensión  por    estas   Cajas 
era  precisamente  la  condición   de  su    efectividad.    Los   únicos  funcionarios  exactamente 
pagados  en  toda  la  monarquía  española  eran  los  de  los  virreinatos,  que  primero  cobraban 
lo  suyo  y  remitían  el  sobrante.  Tan  reales  fueron  los  reales  aquellos,  que  Liniers  (V.  do- 
cumento n*  36)  en    18 10    pudo  hipotecar  su  pensión,  percibiendo  por  adelantado   8000 
pesos  de  las  Cajas  de  Córdoba.  Podría  admitirse  que  las  Cajas  del  virreinato  estuvieran 
relativamente  «  exhaustas  »  en  1809,  para  significar  que  de  las  entradas  anuales  de  5  ó  6  mi- 
llones de  pesos,  ya  no  quedaba  como  años  antes  un  millón  sobrante  para  la  metrópoli : 
pero,  decir  que  no  dispusieran  de  5ooo  pesos  para  cualquier  evento,  es  desconocer  por 
completo  el  movimiento  de  caudales  que  (fuera  del  Situado  del  Perú)  tenían  estas  tesO' 
rerías.  En  18 10,  los  revolucionarios  de  Córdoba  tomaron  en  una  sola  vez  más  de  77.000 
pesos  en  aquella  caja. 


SANTIAGO  LTNIERS  i6i 

prema :  si  la  tentativa  de  desalojar  simultáneamente  á  dos  de  suá 
miembros  sin  noticia  de  éstos,  ó  contra  su  voluntad.  A  primera 
vista  parecía  que  la  resolución  gubernativa  entrañaba  un  alto  honor 
para  estas  colonias ;  si  bien,  ai  recapacitarlo,  la  idea  de  decapitar,  en 
tales  momentos,  los  ministerios  de  guerra  y  marina  para  que  acu- 
diesen sus  titulares  á  levantar  subscripciones  y  presidir  audiencias 
coloniales,  podía  inspirar  alguna  desconfianza  respecto  al  valor  del 
regalo.  Sea  como  fuere,  los  agraciados  lograron  persuadirá  la  Jun- 
ta de  que  eran  indispensables  sus  servicios  ministeriales,  y  Buenos 
Aires  se  vio  privado  de  contemplar  en  el  Fuerte  á  un  ministro  de 
desecho.  Pero  estaba  de  Dios  que  este  virreinato  daría  la  piel  á  un 
•cartagenero  —  quisquís  erit  Carthaginensis !  Por  decreto  de  1 1  de 
febrero,  fué  nombrado  virrey  del  Río  de  la  Plata,  don  Baltasar  Hi- 
dalgo deCisneros,  no  menos  teniente  general  é  hijo  de  Cartagena 
que  el  ministro  recalcitrante.  No  parece  que  tampoco  el  valiente  mari- 
no admitiera  con  entusiasmo  el  mando  de  este  buque  en  perdición, 
pues  aquel  vecindario  mostró  oponerse  á  la  partida  de  su  capitán 
general ;  y  es  muy  sabido  que  estas  protestas  nunca  son  espontá- 
neas. Tuvo  la  Junta  que  repetir  la  orden  soberana,  no  sin  enco 
miar  á  los  paisanos  de  Gis  ñeros  las  relevantes  dotes  del  sucesor,  que 
lo  era  el  ilustre  jefe  de  escuadra  y  futuro  regente,  don  Gabriel  de 
Ciscar.  (¡Puros  grandes  hombres,  y  el  diablo  se  lo  llevaba  todo !) 
Al  fin  logró  arrancarse  de  tantos  brazos  amigos  el  buen  Cisneros  y 
montaren  Cádiz,  el  2 de  mayo,  la  fragata Proícrpma,  que  había  de 
depositarle  sano  y  salvo  en  estas  playas, — de  las  cuales  saldría  apo- 
co, menos  triunfante  que  de  Cartagena,  después  de  revelar  la  suma 
de  impericia  y  flaqueza  de  ánimo  que  puede  caber  en  un  héroe  de 
Trafalgar. 

Mientras  cruzaba  el  océano  su  anunciado  sucesor,  el  desairado 
Liniers  consumía  en  forzosa  inacción  las  últimas  semanas  de  su 
agonizante  virreinato.  Vago  lugarteniente  de  un  rey  fantasma,  es- 
bozaba gestos  administrativos  que  á  ninguna  realidad  corres- 
pondían.  Pasaba  informes  á  un  soberano  inhallable  con   trata- 

AMAtSa   DB    LA    mBUCrBCA.  T.    I»  II 


1 6a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

miento  de  «  Majestad  »,  que  resultaba  ser  don  Antonio  Cor- 
nel,  cuando  no  sus  anónimos  secretarios;  levantaba  en  Buenos 
Aires  subscripciones  patrióticas  que  no  llegaban  á  Cádiz  por  no  ha- 
ber en  el  apostadero  un  barco  que  obedeciera  al  virrey.  De  vez  en 
cuando  publicaba  automáticamente  blandas  proclamas  para  pintar, 
sin  mucba  convicción,  el  giro  favorable  délas  cosas  de  España,  las 
cuales,  bien  lo  sabía,  iban  cabeza  abajo.  Resuelto  como  estaba,  v 
muy  pronto  había  de  demostrarlo,  á  cumplir  hasta  el  fin  su  jura- 
mento de  fidelidad,  no  podía,  sin  embargo,  contener  en  su  corazón 
la  efervescencia  de  su  sangre  francesa ;  ¡y  érale  forzoso  anunciar  co- 
mo una  catástrofe  la  caída  de  Zaragoza,  ó  como  una  victoria  la  toma 
de  Oporto  por  Wellington !  Este  doloroso  conflicto  de  un  alma  no- 
ble, colocada  entre  el  sentimiento  y  el  deber,  y  dispuesta  á  no  per- 
mitir que  éste  sucumbiera  jamás  ante  aquél;  esta  angustiosa  lucha 
interna,  que  Liniers  sostenía  con  no  afectado  estoicismo,  era  pre- 
cisamente la  que.  con  sólo  ser  sospechada,  se  le  imputara  á  cñmen 
é  infidencia  !  ¿  Qué  mérito  había  en  ser  patriota  bajo  lasbanderasde 
su  patria?  El  esfuerzo  abnegado  y  sublime,  al  contrario,  era  el  que 
consistía,  una  vez  caído  en  la  asechanza  del  destino,  en  ahogar  á  so- 
las el  grito  de  la  raza,  y  permanecer  leal  con  una  máscara  de  trai- 
ción. Pero  estos  combates  ocultos  se  traban  ignorados  en  la  noche 
de  la  conciencia,  y  más  vale  así,  por  cierto,  pues  al  traslucirse  á  la 
mirada  del  vulgo,  en  lugar  de  palma  sólo  merecerían  la  corona  de 
espinas.  Tal  fué  la  larga  tortura  secreta  que  constituyó,  mucho  más 
que  su  previsto  desenlace  en  la  Cruz  Alta,  la  faz  realmente  heroica 
de  un  soldado  valiente  que,  por  otra  parte,  no  era  un  héroe,  y  cuya 
inteligencia  rápida  y  fina  solía  padecer  repentinos  ofuscamientos, 
asi  como  su  carácter  ofrecía  una  extraña  amalgama  de  viril  entereza 
y  ligereza  casi  mujeril. 

Por  aquel  tiempo  tuvo  también  su  brusco  epílogo  aquella  aventu- 
ra (( pericholesca  »  que,  hasta  por  el  apellido  de  la  heroína,  evoca 
irresistiblemente  el  recuerdo  de  otro  virrey  famoso  en  Lima;  y  no  de- 
jó  de  influir  desfavorablemente  en  el  buen  nombre  del  mandatario. 


SANTIAGO  LINIERS  i63 

aunque  en  realidad  muy  poco  en  sus  actos  administrativos.  Varias 
veces  hemos  aludido  á  ella;  y  según  un  dicho  de  Sainte-Beuve,  la 
monografía  de  Liniers  resultaría  incompleta  á  faltarle  la  página  fe- 
menina. Por  no  admitir  la  majestuosa  historia  estas  ojeadas  indis- 
cretas á  la  vida  íntima,  es  por  lo  que  permanecen  inexplicables  cier- 
tos acontecimientos  políticos  ó  inconsecuencias  de  sus  protagonis- 
tas:   no  debemos  siempre  despreciar  el  chisme  del  u  ayuda  de  cá- 
mara »  para  quien  no  existen  héroes.  Paracitar  un  solo  ejemplo  ilus- 
tre, y  no  sólo  contemporáneo  de  nuestro  relato,  sino  casi  vincula- 
do con  él  por  su  teatro :  es  imposible  darse  cuenta  de  las  faltas  co- 
metidas porMasséna  en  la  campaña  de  Portugal,  si  se  ignora  que, 
además  de  faltaren  su  estado  mayor  el  admirable  edecán  Sainte- 
Croix,  sobraba  en  su  a  estado  menor  »  la  mujer  de  cierto  capitán  de 
dragones.  Cherchez  la  femme !  Y  esto,  á  que  no  se  atreven  Thiers 
ni  Napier.lo  hacen Thiébault,  Marbot  y  hasta  esa  cotorra  de  duque- 
sa de  Abrantes,  que  también  cultivó  con  su  indiscreción  las  deplo- 
rables desavenencias  (i).  Ahora  bien  :   estos  pasos  furtivos  por  en- 
tre bastidores,  que  se  admiten  en  las  Memorias,  no  creo  que  sean 
tampoco  vedados  al  estudio  biográfico;  todo  el  toque  está  en  que- 
darse á  igual  distancia  de  la  excesiva  complacencia  (a)  y  del  aspa- 
viento ridiculo. 

Fué  á  principios  del  siglo, — si  tengo  buena  memoria,  —  cuando 
causó  general  sensación  la  llegada  de  una  familia  francesa,  com- 
puesta de  los  padres,  dos  hijos  varones  y  una  deliciosa  muchacha 
de  veinte  años.  El  jefe,  M.  Jean  Baptiste  Périchon,  —  más  ó  menos 
de  Vandeul,  ó  Vandevil,  según  dieron  en  escribir  el  segundo  apellido, 
—  traía  algún  capital ;  la  familia  gastaba  lujo,  —  sobre  todo  la  jo- 

(i)  Mémoires  du  general  Thiébault^  IV,  xni.  Mimoires  de  Marbot,  II,  xxtiii.  Mimoires  de 
la  daehesse  d* Ábranles,  111,  iii. 

(3)  Ello,   por   otra  parte,  no  seria  fácilmente  compatible  con  la  exactitud:    son  esca- 
sísimos los  datos  auténticos  que  acerca  déla  seductora  criolla  y  su  familia  he  logrado  encon- 
trar. Los  pocos  que  aqui  hallará  el  lector  han  sido  extraídos  de  muchos  impresos  y  ex- 
pedientes   manuscritos :   forman    por   todo  una  docena  de  jalones  muy  espaciados,  que 
me  he  permitido  unir  por  un  rasgo  continuo  y  un  tanto  ad  libitam. 


1 64  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ven  Anita,  cuya  elegancia  estrepitosa  daba  realce  á  su  belleza,  ar- 
diente y  volcánica  como  la  isla  Mauricio  donde  había  nacido.  Por  lo 
demás,  nada  que  trascendiera  á  bohémica  aventura  :  Périchon,  que 
traía  licencia  y  pasaporte  en  toda  forma,  puso  una  casa  de  negocio; 
y  la  familia  forastera,  de  modales  mundanos  y  ribetes  nobiliarios, 
salvó  sin  gran  esfuerzo  el  círculo  de  reservas  y  rancias  preocupacio  - 
nes  de  la  severa  aldea  colonial.  Con  todo,  no  se  borró  por  completo 
el  matiz  de  exotismo  que  diferenciaba  esta  gente  de  la  española  ó 
patricia ;  y  la  encantadora  criolla,  brillantemente  educada  y  muy 
desenvuelta  con  su  graciosa  media  lengua, — conservando  la  aureola 
poética  de  su  isla  de  Francia  ya  popularizada  por  Pablo  y  Virgi- 
nia ( I )  — gozaba  decididamente  de  mayor  prestigio  en  las  tertulias  de 
hombres  que  en  los  estrados  mujeriles.  A  poco  murió  el  padre,  y, 
aunque  dejó  algunos  bienes,  tuvo  necesariamente  que  reducirse  más 
y  más  el  tren  de  la  casa.  Anita  Périchon  quedaba  soltera ;  á  pesar 
(digámoslo  así)  de  sus  éxitos  de  «  crónica  social  »,  ningún  galanteo 
había  cuajado  en  noviazgo.  Al  íin,  cayó  por  estos  mundos,  allá  por 
i8o/*,  un  joven  irlandés,  Edmundo  O'Gorman,  sobrino  de  nuestro 
protom'édico.  que  traía  «real  licencia  de  seis  meses  para  arreglar 
asuntos  de  familia».  Encontrarse  Paddy  con  la  bella  Anita  y  encen- 
derse la  hoguera,  fué  todo  uno,  resultando  casada  la  pareja  antes  de 
concluida  la  licencia.  ¡  Así  arregló  el  infeliz  sus  asuntos  de  familia ! 
Que  pronto  no  bastó  Edmundo  —  tratémoslo  con  española  con- 
fianza —  para  realizar  por  sí  solo  el  ideal  de  su  mujer,  no  exigirá  el 
lector  que  lo  demostremos  palpablemente.  Pero  digamos  en  elogio 
del  protomarido  que,  modesto  y  digno,  nunca  dejó  de  atribuir  á  la 
suerte,  y  cuando  más  á  su  don  de  gentes,  la  marcada  simpatía  que 
inspiraba  á  personas  tan  notables  como  el  coronel  Burke,  el  tesorero 


(i)  Circulaba  mucho  entonces  una  Iraducción  española  (en  8*  con  liminaB),  con  esta 
recomendación  del  traductor  (anónimo)  :  « Historia  verdadera :  su  lectura  arranca  lágri- 
mas do  placer,  y  la  naturaleza  pintada  con  colores  tan  vivos,  que  parece  que  U  pluma 
del  autor  se  ha  cortado  precisamente  para  aterrar  á  los  incrédulos...  »  Precio  :  is 
reales. 


SANTIAGO  LINIERS  i65 

Casamayor,  y  otros  que  fuera  indiscreto  enumerar  Hemos  visto 
cómo,  á  raíz  de  la  invasión  inglesa,  Liniers  consiguió  por  él  la 
licencia  de  permanecer  algunos  días  en  la  ciudad.  Beresford,  tam- 
bién pagado  de  sus  aptitudes,  le  confió  el  ramo  de  Tabacos  y  Fili- 
pinaSy  á  cuya  cobranza  se  dedicó  con  tanto  esmero  que,  firmada  la  ca- 
pitulación, tuvo  que  ponerse  en  u  cobro  »  en  un  buque  de  Popham : 
pudiendo  así  los  vencedores  ver  rendidas  las  fuerzas  inglesas,  mas 
nunca  las  cuentas  del  irlandés.  Felizmente  para  él  y  para  todos, 
quedaba  en  tierra  la  socorrida  Anita,  quien,  no  menos  entusiasta 
déla  reconquista  que  de  la  conquista  (como  que,  al  cabo,  todoera  con- 
quistar), de  pie  en  aquel  célebre  balcón  de  la  calle  de  la  Merced  y  San 
Nicolás,  arrojó  su  bordado  pañuelo  al  jefe  vencedor  —  que  lo  reco- 
gió, si  hemos  de  prestar  oído  al  estribillo  que  cantaban  los  mucha- 
chos del  refocilado  virreinato : 

¿  Qué  es  aquello  que  relumbra 
Por  la  calle  e  la  Merced  P. . . 

Pues  bien,  demos  que  todo  ello  sea  cierto:  devaneos  del  virrey 
(por  otra  parte  tan  interinos  como  su  virreinato),  tertulias  de  juego 
encasa  de  la  favorita,  paseos,  cacerías,  etc.,  —  hasta  la  monstruo- 
sidad, que  refiere  un  sabroso  cronista  á  quien  ya  tengo  puesto  á 
contribución  (i),  de  presentarse  alguna  vez  á  su  «  jefe  d  la  loquilla, 
vestida  de  coronel,  con  espada  y  charreteras...  Y  después  de  ha- 
cemos algunas  cruces  por  el  qué  dirán :  pregúntemenos  sinceramente 
si,  una  vez  probado  que  el  enamorado  cincuentón  bajó  del  gobierno 
tan  pobre  como  subiera  ¿  todos  sus  deslices  equivalen  á  los  excesos 
y  concusiones  de  otros  mandarines  coloniales.  —  fuera  de  que  al- 
gunos de  ellos,  como  Amat  que  volvió  á  España  millonario,  le  da- 
ban quince  y  falta  al  nuestro  en  materia  faldamentaria  P  Desprenda- 
monos  de  todo  fariseismo :  en  suma,  viudo  y  dueño  de  sus  actos  él,  y 
no  mucho  menos  suelta  ella  (pues  existente  ó  no  en  Buenos  Aires,  el 

(i)  VicToa  Gal  VEZ,  Memorias  de  an  viejo,  11,  3oa. 


i66  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

vago  Edmundo  brillaba  por  su  ausencia  (i)),  creo  sea  permi- 
tido pensar  que,  socialmente  considerado,  era  su  delito  venial.  No 
comete  el  escándalo  el  que  se  recata  para  pecar,  sino  quien  se  vale 
del  espionaje  para  descubrir  y  divulgar  el  pecado  ajeno.  En 
cuanto  al  único  punto  que  pudiera  rozar  de  veras  la  delica- 
deza, ignoramos  qué  circunstancias  mediaron  para  que  el  virrey 
diera  su  hija  á  un  oñcial  de  buen  nombre  pero  sin  fortuna,  y  además, 
hermano  menor  de  Ana  Périchon...  Bástenos  saber  que,  poruña 
parte,  dichas  relaciones  habían  cesado  al  tiempo  del  matrimonio,  y 
por  la  otra,  que  la  joven  pareja  vivió  en  la  intimidad  de  la  familia 
Sarratea,  que  no  pecaba  por  la  anchura  de  manga. 

Para  concluir  con  la  n  Périchona  »  (como  entonces  llamaban  á 
laque  no  deja  de  pertenecer  á  la  historia,  siquiera  quede  entre  sus 
bastidores  diplomáticos),  refiere  ese  hurón  de  Presas  (2)  que 
cierta  noche  unos  españoles,  al  pasar  por  la  casa  más  bulliciosa  del 
barrio  de  la  Merced,  oyeron  cantar  a  una  canción  contra  la  España, 
con  el  inmundo  é  impío  estribillo  siguiente»  —  que  sólo  en  nota 
me  atrevo  á  hacer  seguir  (3),  Y  agrega  el  quisquilloso  correvedile 
de  la  Carlota  :  a  Semejante  desacato  y  desmedida  insolencia  exas- 
peró los  ánimos  de  los  españoles  (¡  mejigaro !),  á  tal  punto  que,  para 


(i)  A  partir  de  la  Defensa,  no  he  vuelto  á  encontrar  más  vestigio  del  marido  que 
una  alusión  contenida  en  una  carta  do  Liniers  á  Echevarría  (D.  n*  17),  á  propósito  de 
cierto  enredo  de  cuentas  con  un  señor  Marcó  (que  sospecho  fuera  don  Ventura),  y  de  la 
cual  resulta  que,  en  18 10,  Eduardo  0*Gorman,  aunque  separado  de  su  mitad,  pertenecía 
al  mundo  de  los  vivísimos.  Por  lo  demás,  Ana  Périchon  sale  desterrada,  está  en  juicio  por 
sí  ó  por  apoderado,  corresponde  con  su  tíoO*Gorman,  sin  que  nombre  jamás  á  Edmondo. 
¿  Había  éste  abandonado  á  su  consolable  consorte  para  ir  á  arreglar  otros  «asuntos  de 
familia  »  P  Misterio  para  mí  impenetrable. 

(a)  Memorias  secretas,  30.  Presas  no  precisa  la  fecha  del  destierro  de  Ana  Périchon, 
pero  dice  que  fué  en  momentos  en  que  Elio  urdía  la  asonada  de  i*  de  enero :  por  otra 
parte,  entre  las  denuncias  formuladas,  en  octubre  de  1808,  por  el  Cabildo  de  Montevi- 
deo contra  Liniers  (Instrucciones  d  Guerra.  Y  ¡qué  preciosas  instrucciones!)  se  menciona 
lo  do  sus  relaciones  con  una  francesa  casada.  Ello  ocurría,  pues,  en  noviembre  ó  diciem- 
bre: por  consiguiente,  como  en  el  texto  »c  indica,  antes  del  casamiento  de  Carmen  Li- 
niers, —  y  acaso  ambos  hechos  se  relacionen. 

(3)  Era  el  parodiado  u  coro  »  de  cierta  Canción  marcial  que  se  encuentra  en  la  De" 


SANTIAGO  LIMERS  167 

apacig'uarlos,  se  vio  Liniers  precisado  á  mandar  que  su  querida  con 
toda  su  familia  saliesen  inmediatamente  de  los  dominios  de  Espa> 
ña  I).    Por  cierto  que  no  merecía  menos  tamaña  desvergüenza ;  sin 
que   logre    atenuarla  lo  estúpido  de  la  Canción  marcial,  que  por  lo 
mismo  se  había  vuelto  intolerablemente  popular,  y  déla  cual  tendría 
u  hasta  aquí  »  la  nerviosa  francesilla.  Y  tan  es  así.  queá  estas  horas 
y  á  semejante  distancia  del  delito  y  su  condigno  castigo,  dudo  haya 
lector  que  contemple  serenamente  la  poco  colonial  escena,  tal  cual 
yo  mismo  la  evoco,  reprimiendo  á  duras  penas  mi  virtuosa  indigna- 
ción :  de  pie,  delante  (si  no  encima)  de  la  mesa  en  desorden,  la  loca 
escandalosa,  —  y  por   desgracia,  irresistible,  —  un  si  es  no  es  en 
tren,  chispeante  el  ojo  negro,  el  labio  ardiente  como  un  ají,  —  acaso 
¡ proh  pudor !  vistiendo  el  traje  militar  y,  echada  á  la  oreja  la  gorra 
coronela,   soltando  aquella  atrocidad   erizada  de  erres  francesas; 
en  tanto  que  afuera,  parado  en  la  obscura  acera  de  ladrillo,  el  grupo 
trágico  de  los  gallegos  y  vizcaínos,   rechinando  los  dientes,  apre- 
tando los  puños,  escupiendo  improperios,  junto  á  los  cuales  aque- 
llos otros  parecerían  letanías,  se  disponía  á  escalar  el  balcón  para 
hacer  picadillo  á  la  grandísima  gabacha !... 

De  veras,  como  dice  Presas,  que  el  desacato  no  era  tolerable:  y 
con  harta  razón  los  enfurecidos  paisanos  de  Elío  arrancaron  al  ato- 
londrado virrey  el  decreto  de  expulsión.  La  pobre  cigarra  se  fué  á 
cantar  en  Río,  donde,  como  en  todas  partes,  levantó  roncha  en  los 
corazones  (si  es  que  esta  viscera  las  admite)  y  hasta,  según  se  dijo, 
en  el  del  noble  lord  Strangford.  De  las  Memorias  secretas  se  induce 


matiraeián  de  la  lealtad  española^  11,  i45,  á  continuación,  precisamente,  déla  deliciosa  y 
ya  citada  Proclama  de  la  Mancha ;  he  aquí  el  texto  original  : 

\  A  la  guerrot  á  la  guerra,  españole*  I 

/  Muera  Napoleón ! 
¡  Y  viva  el  rey  Fernando 

La  patria  j  religión  I 

Fuera  de  la  transposición  sacrilega  del  viva  y  del  muera,  lo  más  grave  de  la  parodia, 
en  el  primer  verso,  consistía  para  los  españoles  en  no  mandarlos  á  la  guerra,  sino  mu- 
cho más  lejos! 


i68  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

que  SU  casa  era  un  punto  de  reunión  para  los  u  argentinos »  refd- 
giados;  estas  intrigas  sirvieron  de  pretexto  á  Carlota  (pues  según  su 
secretario,  la  verdadera  razón  nació  de  celos  mujeriles)  para  exigir 
la  salida  de  la  «  Perisona  )>,  quien,  durante  más  de  un  año,  anduvo 
yendo  y  viniendo,  como  lanzadera,  entre  los  dos  países,  á  bordo  de 
los  buques  ingleses.  El  embajador  Casa  Irujo  hacía  de  ello  un  asunto 
de  Estado,  casi  un  casas  belli  (i) ;  y  por  la  nueva  Helena,  estuvo 
á  punto  de  arder  alguna  Troya  americana.  Terminó  la  lamentable 
odisea  después  de  la  revolución,  con  la  licencia  que  dio  esta  Junta 
Gubernativa,  en  noviembre  de  1810,  y  á  intercesión  del  comandante 
Ramsay,  de  la  famosa  goleta  Misletoe,  para  que  «Madama  O'Gor- 
man  pueda  bajar  á  tierra...  con  la  precisa  calidad  de  no  fijarse  en 
esta  capital,  sino  transferirse  á  su  chacra,  ^onde  deberá  guardar  la 
circunspección  y  retiro  que  le  encarga  el  Gobierno  y  observará  por 
si  mismo.,.  »  (2)  —  Visible  está  que  esta  singular  mujer,  con  ser 
persona  de  avería  distaba  mucho  de  la  vulgar  Perichola  que  nues- 
tros jacobinos  han  pintado.  Poseía,  desde  luego,  algunos  bienes,  y 
nada  prueba  que  traficara  con  sus  encantos;  conservó  relaciones 
con  gente  tan  importante  como  Letamendi,  Marcó,  Pueyrredón,  su  tío 
el  médico  O'Gorman,  el  doctor  Echevarría,  que  era  su  apoderado. 
—  además,  por  cierto,  — del  malferido  Liniers,  que  en  sus  cartas 
al  último  hablaba  de  la  «  desgraciada  )>  con  una  indulgencia  caba- 
lleresca en  que  se  percibe  veteris  vesiigia  Jlammx.  Tenía  talento, — 
bastarían  á  demostrarlo  sus  cartas,  de  letra  elegante  y  de  giro  tan 
suelto  á  pesar  de  los  galicismos,  —  y  esa  gracia  ligera  que  ahu- 
yenta las  tristezas  del  hombre;  por  fin,  la  seducción  suprema  que 
todo  lo  absuelve  ó  atenúa:  aquella  belleza  inmarchitable  de  la  hija 
del  cisne,  que  estremecía  á  los  ancianos  congregados  en  las  puertas 


Ci)  Véase  el  documenio  número  a3,  que  principia  asi  :  «Volvió  aquí  M"*  Pérí- 
zon  con  sus  dos  hermanos...  En  su  casa  se  han  juntado  por  supuesto  los  españoles  des- 
contentos de  ese  gobierno  j  prófugos  de  ese  país... »  Estos  eran  Puejrredón,  Peña,  Ar- 
gerich  (F.),  dos  hermanos  Picarro,  Padilla,  etc. 

i  a)  Documento  número  i6. 


SANTIAGO  LINIERS  169 

Scéas,  haciéndoles  verter,  al  paso  de  la  autora  fatal  de  sus  desgra- 
cias, palabras  de  mansedumbre  y  perdón  (i). 

No  es  dudoso  queLiniers  sintiera  doblemente  el  sacrificio  cruel, 
si  no  del  todo  injusto,  que  su  situación  le  había  impuesto.  Lo  más 
doloroso  de  estos  achaques  seniles,  es  tener,  como  las  heridas  de 
punzón,  que  sangrar  por  dentro:  divulgados,  se  toman  fácilmente 
ridiculos  ¡cuánto  más,  siendo  su  causa  indigna!  Pero,  viejo  ó  joven, 
el  corazón  poco  se  cuida  de  jerarquías  morales;  y  la  pasión  idealiza 
idénticamente  su  quimera,  al  modo  que  los  rayos  del  sol  extraen  el 
mismo  purísimo  vapor  del  charco  fangoso  y  del  virgen  ventisquero. 
Desvanecida  la  ilusión  que  le  trajera  un  minuto  de  olvido,  felicidad 
suprema  del  c(ue  ya  no  puede  ser  feliz,  — el  oscilante  virrey  quedó  á 
solas  con  su  melancólica  vejez.  Cruzaba  entonces  el  período  som- 
brío de  la  existencia  en  que  se  cuentan  los  pasos  por  los  tro- 
piezos, trayendo  cada  hora  su  amargura.  La  vida  ó  la  muerte  aca- 
baban de  arrancar  de  su  lado  á  dos  seres  queridos:  su  hija  predilecta, 
recién  casada,  y  tal  vez  no  tan  bien  como  pudiera;  su  hermano 
mayor,  cuyo  sentido  fallecimiento  dejó  el  mandatario  trascender 
en  su  lenguaje  oficial  con  una  ingenuidad  en  ternecedora  (2).  Mira- 
ba alejarse  de  él  con  injurioso  recelo  sus  antiguos  compañeros  de 
carrera.  Calumniado  y  deprimido  aquí  por  la  envidia  implacable,  allá 
por  la  incuria  administrativa,  una  y  otra  ingeridas  en  el  fanatis- 
mo nacional,  — hasta  parecía  que  su  pasada  gloria  se  le  tornara  ene- 
miga, y  el  último  homenaje  con  que  la  Junta  doraba  su  desgracia  se 
volvía  ocasión  de  rencillas  y  sinsabores. 

Recibidas  á  mediados  de  mayo  las  promociones  generales  á  que 
nos  hemos  referido,  y  promulgadas  inmediatamente,  conforme  á 
la  real  orden  que  u  permitía  desde  luego  el  uso  y  exenciones  de  ellas 

(1)  ¡liada,  lU. 

(a)  El  conde  de'Liniers,  jefe  de  la  familia,  murió  en  Buenos  Aires  á  principios  de 
Janio  de  i8og.  Véase  la  proclama  de  junio  la  de  1809,  á  propósito  de  un  libelo  contra 
el  TÚrroy,  y  que  comienza  asi:  «En  el  momento  en  que  la  Providencia  acaba  de  con- 
tristarme con  la  pérdida  de  mi  hermano  mayor...  n 


I70  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

á  reserva  de  expedirle  oportunamente  los  despachos  »,  juzgó  el  vi- 
rrey ser  aplicables  estas  instrucciones  al  título  de  Castilla  que  la 
Central  en  la  misma  fecha  le  confería.  En  consecuencia,  por  circii- 
iardel  día  1 5, hizo  publícala  merced  concedida,  «  con  la  advertencia 
de  que,  por  decreto  del  mismo  día,  había  tomado  el  título  de  Conde 
de  Buenos  Aires,  en  tanto  S.  M.  no  se  digne  resolver  otra  cosa  ».  El 
Cabildo  protestó  con  tanta  mayor  energía  contra  la  denominación, 
cuanto  que  algunos  capitulares  anteriores  quedaban  pospuestos. 
En  el  fondo,  el  virrey  no  había  incurrido  sino  en  un  acceso  de  pueril 
vanidad,  circulando  á  deshoras  en  el  virreinato  un  anuncio  prema- 
turo: era  indiscutible,  por  una  parte,  que  no  podía  usar  (ni  de  hecho 
usaba)  aquella  denominación,  mientras  el  soberano  no  la  aprobara; 
pero,  por  otra  parte,  no  era  menos  sabido  que  el  soberano  nunca  de- 
jaba de  confirmar  la  designación  elegida  por  el  agraciado.  En  cuan- 
to á  la  teoría  del  Cabildo  sobre  la  ofensa  inferida  al  señorío  por  el 
título  de  ((  Conde  de  Buenos  Aires  »,  era  un  absurdo  que  la  Audien- 
cia no  tomó  en  cuenta  y  que  el  virrey  refutó  en  3o  de  mayo,  con 
buen  tino  y  no  escasa  altivez  (i).   No  pasó  adelante  la  insubstancial 


(i)  Estos  documentos  han  sido  publicados  en  La  Biblioteca^  IV,  3i4  y  V.  3i5.  Es 
un  error  muy  difundido  el  creer,  eomolo  repiten  López  {Historia^  U,  365),  Torrente 
(I,  38)  y  otros,  que  Liniers  u  fué  condecorado  con  el  titulo  de  conde  de  Buenos  Aires  » 
Con  ello  se  muestra  ignorar  la  tramitación  de  esta  investidura.  Lo  que  ocurrió  con  Li- 
niers y  con  iodos  los  titulados  de  siglos  antes,  fué  conferirle  el  monarca  (ó  su  represen- 
tante) la  merced  de  Titulo  de  Castilla :  en  esto,  como  lo  establece  gravemente  Berni 
(Antigüedad  y  privilegio  de  los  titalos  de  Castilla,  gS)  estriba  la  gracia  positiva.  Recibida 
la  merced,  el  agraciado  manifestaba  su  deseo  de  ser  conde  ó  marqués  (titulos  equivalentes 
en  España,  no  en  Francia)  de  tal  ó  cual  cosa,  y  la  Cámara  consultada  (en  el  caso  de 
Liniers  la  de  Indias)  expedía  la  Real  Cédula  auxiliatoria,  siempre  de  conformidad,  como 
lo  decía  la  fórmula  de  estilo :  «  Por  tanto,  y  porque  habéis  elegido  la  denominación 
de  conde  (ó  marqués)  de...  mi  voluntad  es  que  vos  y  vuestros  hijos,  etc.  »  En  suma  ocu- 
rría con  esto  algo  parecido  á  lo  del  bautismo,  en  el  cual  la  Iglesia  consagra  los  nombres 
que  los  padrinos  eligen  libremente.  El  punto  flaco,  en  cl  caso  de  Liniers,  era  la  dadora 
facultad  de  la  Junta  para  conferir  titulos,  en  ausencia  del  Consejo  de  Indias.  Sin  em- 
bargo, después  de  medio  siglo  de  gestiones,  y  con  motivo  de  la  traslación  á  España  de 
los  restos  de  las  victimas,  en  i86a,  la  reina  Isabel  ratificó  el  decreto  de  la  Junta  v  la 
denominación  elegida  por  el  agraciado,  firmando  los  despachos  de  u  conde  de  Buenos 
Aires  »  en  favor  del  heredero  del  titulo  y  sus  descendientes. 


SANTIAGO  LINIERS  171 

querella,  y  sólo  contribuyó  á  que  el  atribulado  Liniers,  un  mes 
después,  acogiera  con  mayor  alivio  y  júbilo  la  llegada  á  Montevideo 
de  su  deseado  reemplazante. 

Con  el  virrey  Cisneros  venía,  para  substituir  á  Elío  nombrado 
Inspector  de  armas,  el  mariscal  de  campo  Nieto,  á  quien  esperaba 
en  el  Alto  Perú  un  fin  no  menos  trágico  que  el  de  Liniers.  Disuelta 
la  Junta  de  Montevideo  y  restablecidas  las  autoridades  regulares,  no 
se  apresuraba  Cisneros  á  tomar  el  camino  de  Buenos  Aires,  que 
Elío  y  sus  secuaces  le  representaban  alzado,  con  el  virrey  depuesto 
y  el  cuerpo  de  Patricios,  contra  el  gobierno  de  la  Metrópoli.  Por  más 
que  las  primeras  comunicaciones  de  Liniers,  de  quien  era  amigo  de 
muchos  años,  disuadieran  á  Cisneros  de  todo  movimiento  subversivo 
en  la  capital,  no  dejaron  de  pesar  en  su  ánimo  las  sugestiones  de  los 
contrarios,  — si  bien,  poruña  contradicción  que  pintaba  su  carácter 
desconfiado  é  inconsistente,  mantenía  á  Elío  alejado  de  su  intimi- 
dad y  hasta  de  las  funciones  con  que  acababa  de  investirle.  Así  fué 
cómo,  dispuesto  á  dirigirse  á  la  Colonia  con  un  cuerpo  de  700  hom- 
bres, dio  el  mando  de  éste  á  Viana,  dejando  á  Elío  en  Montevideo. 
Por  lo  demás,  las  primeras  providencias  de  Cisneros  mostraron  á 
las  claras  lo  quede  sí  podían  dar  su  inteligencia  y  energía.  Receloso 
de  Buenos  Aires,  juntó  en  la  Colonia  un  destacamento  militar  que, 
si  venía  en  son  de  guerra  resultaba  ridiculamente  insuficiente,  y  en 
caso  contrario  acentuaba  su  propio  desprestigio.  A  poco  destacó  de 
allí  á  Nieto,  portador  de  una  proclama  pacificadora,  y  con  el  encar- 
go de  tomar  el  mando  militar  de  esta  ciudad,  mientras  él  disponía, 
contra  todos  los  precedentes  legales,  que  fueran  de  aquí  las  autorida- 
des civiles  y  militares  á  reconocerle  en  la  Colonia.  Todo  ello,  por 
insólito  que  fuera,  se  cumplió  con  aparente  espontaneidad,  merced 
álos  esfuerzos  de  Liniers  que  logró  vencer  todas  las  resistencias.  No 
bastaron  estas  manifestaciones  para  tranquilizar  al  inquieto  virrey  : 
filé  necesario  que  el  mismo  Liniers  atravesara  el  río,  sin  otra  es- 
colta que  Martín  Rodríguez,  y  emplease  una  noche  en  convencer 
al  mandatario  malgré  lui  de  que  podía  efectuar  sin  peligro  su  en- 


173  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

trada  solemne  en  la  buena  ciudad  de  Buenos  Aires,  —  como  efecti- 
vamente la  realizó  el  3o  de  julio  (i),  á  las  tres  de  la  tarde,  en  medio 
de  las  infalibles  Ovaciones  populares.  < 

¿  Qué  fundamento  real  tenían  los  rumores  propalados  acerca  de 
la  actitud  hostil  de  Buenos  Aires  ?  No  es  dudoso  que  el  grupo  de  los 
((  precursores  )>  pensó  en  aprovecharla  coyuntura  para  intentar  un 
movimiento  emancipador;  y  aun  que  Pueyrredón  (2),  Castelli,  Bel- 
grano.  Rodríguez  Peña  y  otros  contaban  con  el  concurso  de  algunas 
fuerzas  urbanas.  Hubo  reuniones,  conferencias  de  jefes,  proposicio- 
nes hechas  á  Liniers :  todo  se  estrelló  en  la  resolución  inquebran- 
table del  virrey,  cuya  consecuencia  fué  la  abstención  no  menos  in- 
flexible de  Saavedra.  Ahora  bien :  el  movimiento  revolucionario  que 
no  se  apoyara  en  los  Patricios  y  no  se  legitimara  con  la  bandera  de 
la  autoridad,  era  un  motín  sin  programa  ni  éxito  posible.  Con 
razón,  pues,  habiendo'  faltado  desde  el  principio  aquella  con- 
dición indispensable,  Liniers  y  Saavedra  han  podido  protestar,  como 
lo  han  hecho,  contra  la  realidad  de  un  plan  subversivo  que  se  redu- 
jo á  declamaciones.  Según  la  expresión  de  Saavedra  :  aun  no  esta- 
ban las  brevas  maduras.  Esto  establecido,  creo  que  sea  poco  útil 
discutir  la  hipótesis  de  si  pudo  ó  no  la  presencia  de  Liniers,  apo- 
yado en  el  partido  criollo,  lograr  la  independencia  sin  la  revolución; 
así  como  huelga  dilucidar  la  evidencia  de  que  la  Junta  de  Sevilla, 
al  separarle  del  mando,  aventuraba  un  acto  ilegal  y  absurdo  que 
aquél  debió  desconocer  (3). 

(i)  Calvo  (Anales,  1,  ii6)  y  Mitrb  (Belgrano^  I,  28a)  dicen  ideáticamente  :  a  El  3o 
de  junio  de  1809  entró  Gisneros  en  Buenos  Aires...  »  Parece  indudable  que  el  error  del 
primero  procede  del  segundo:  pero  es  tanto  más  notable  en  aquél,  cuanto  que  se  lee  al 
principio  del  capitulo  en  que  transcribe  la  nota  de  Liniers  de  10  de  julio,  que  alude  á 
la  demora  de  Cisneros  en  la  otra  banda. 

(a)  No  bien  escapado  en  Rio  del  buque  que  le  llevaba  preso  á  España,  y  vuelto  á 
Buenos  Aires  en  junio  de  1809^  Pueyrredón  fué  denunciado  á  Nieto  cono  conspirador, 
á  raiz  de  dicha  reunión,  y  llevado  al  cuartel  do  Patricios.  I^gró  evadirse  en  julio  y  re- 
fugiarse en  Rio,  donde  permaneció  hasta  fines  de  mayo  de  18 10. 

(3)  Los  documentos  más  sólidos  para  este  incidente  son  las  notas  de  Liniers  y  la  Me- 
moria de  Saavedra.   mucho  más   precisa  que  la  borrosa   Autobiografía  de   Belgrano.  El 


LA   CATÁSTROFE 


Guando  Liniers,  en  agosto  de  1809,  entregaba  á  Cisneros  el  go- 
bierno de  estas  provincias,  quedábale  un  año  de  vida.  Pero,  por  bre- 
ves y  contados  que  fueran  sus  días,  había  de  sobrevivir  á  su  frágil 
herencia,  y  estaba  escrito  que  el  penúltimo  virrey  caería  envuelto  en 
la  mortaja  del  virreinato.  Por  un  contraste  tristemente  irónico,  el 
plazo  que  el  destino  le  deparaba  fué  casi  todo  de  envidiable  tranqui- 
lidad, apenas  perturbada  por  los  recelos  de  su  caviloso  sucesor,  que 
de  todo  se  acordaba  menos  de  agradecer  á  Liniers  su  desprendi  - 
miento.  No  escribiendo,  pues,  la  historia  de  un  pueblo  (que  acaso 
nos  toque  luego  acometer),  sino  la  biografía  de  un  hombre,  podre- 
mos limitarnos  á  reseñar  los  principales  sucesos  que  durante  este 
lapso  ocurren,  sin  participación  directa  del  biografíado  y  lejos  de 
la  residencia  campestre  por  éste  elegida  ;  hasta  llegar  los  días  so- 
lemnes en  que  los  trastornos  públicos,  arrancando  al  veterano  de  su 
pacífico  retiro,  confundan  de  nuevo  y  por  última  vez  su  deplorable 
suerte  con  la  de  la  colonia  española  para  envolverlas  en  la  misma  ca- 
tástrofe. 


general  Mitre  sólo  le  consagra  una  página,  y  no  daba  para  máo;  pero  el  doctor  López  des- 
arrolla toda  una  filosofía  déla  historia  conjetural  (1,  xxxvii),  con  rasgos  lógicos  y  consis- 
tentes como  estos  (367)  :  «Los  historiadores  [españoles]  han  venido  á  convenir  después 
que  los  hechos  les  han  abierto  los  ojos^  que  el  mayor  de  los  errores  que  pudo  cometer  la 
Janla  fué  la  destitución  de  Liniers...  Para  espiritas  vulgares  no  hay  duda  que  esa  presunción 
aparece  bastante  racional...»  Luego,  página  871  :  «  No  hay  uno  solo  de  los  historiadores 
españoles  que  al  escribir  después  que  los  sucesos  les  abrieron  los  ojos,  no  haya  lamentado 
como  un  error  capital  y  funesto,  ese  que  cometió  la  Central  separando  d  Liniers,  y  en  vtrdad 
que  tienen  razón  »  .'/ 


174  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


I 


Como  en  sus  recientes  comunicaciones  al «  rey  »  lo  anunciaba  (i), 
Liniers  había  pedido,  y  obtenido  déla  Audiencia,  —  contra  el  pa- 
recer de  Gisneros  que  insistía  en  despacharle  á  la  Península,  — 
üjar  en  Mendoza  su  residencia  provisional,  en  espera  de  las  superio- 
res resoluciones.  No  había  de  pasar  de  Córdoba,  donde  contaba 
amigos  seguros,  como  Concha  y  Allende,  — y  otros  que  quizá  no  lo 
eran  tanto,  como  los  hermanos  Funes  (2).  Mientras  concluía  sus 
preparativos  de  translación,  tocóle  en  los  dos  meses  siguientes  asis- 
tir como  testigo  callado,  aunque  no  indiferente,  á  las  primeras  pro- 
videncias gubernativas  de  su  sucesor,  las  cuales,  sólo  hijas  de  su  des- 
acierto algunas,  inspiradas  otras  por  las  graves  circunstancias  del 
país,  pronosticaban  igualmente  el  fatal  desenlace  y,  puede  decirse. 
cx)n tenían  el  programa  de  la  revolución. 

Dejando  aparte  las  proclamas  y  reglamentos  policiales,  en  que  el 
buen  vejete  revelaba  apreciables  aptitudes  para  alcalde  de  barrio  (3), 
fué  su  primera  medida  de  reacción  contra  el  régimen  anterior,  reor- 
ganizar los  batallones  «  del  comercio  »,  disueltos  á  raíz  del  motín  de 
enero  :  con  el  doble  propósito  de  socavar  el  predominio  de  los  cuer- 
pos criollos  y  de  halagar  al  partido  español.  Luego  dio  en  el  mismo 


(i)  De  10  de  julio  y   5  de  agosto  de   i8og ;    publicadas  por  CaWo,   op.  ci'l..  I,    ia3 

y  «g- 

(3)  Uno  de  los  últimos  pasos  que  dio  Liniers  como  virrey,  fué  interceder  (réase  el 
documento  n*  4)  con  el  Deán  Funes,  á  quien  él  mismo  nombrara  rector  de  Monserrat  el 
año  anterior,  para  que  concediera  una  beca  dotada  al  sobrino  del  comandante  don  Francisco 
A.  OrtizdeOcampo,  «  por  la  amistad  y  cariño  que  le  profesa  ».  Señalo  la  triste  coinciden- 
cia sin  intención  denigrante  para  el  futuro  Jefe  de  la  Comisión  Auxiliadora  j  aprehen- 
sor  de  Liniers,  quien  es  muy  sabido  intentó  salvar  á  éste  j  sus  compañeros  suspendiendo 
su  ejecución. 

(3)  Asi,  el  interminable  reglamento  de  18  de  septiembre  sobre  juegos,  carretillas,  ba- 
suras, cerdos  sueltos,  etc.,  etc. 


SANTIAGO  LINIERS  176 

sentido  un  paso  más  aventurado,  avocando  el  proceso  seguido  á  los 
revoltosos,  y  pronunciando  un  fallo  injurioso  para  los  partidarios 
de  Liniers ;  pues,  sobre  restituir  á  sus  hogares  y  anterior  condición 
á  los  desterrados,  —  acto  de  clemencia  muy  plausible,  —  prodiga- 
ba á  los  subversores  del  orden  mayores  alabanzas  que  á  sus  defen- 
sores. Esta  actitud  impolítica,  además  de  ilegal,  bastaba  para  de- 
mostrar que  en  el  apocado  virrey  la  inteligencia  corría  parejas  con 
el  carácter  :  hiriendo  á  la  vez  el  principio  de  autoridad  y  la  noción 
de  justicia,  revelaba  en  su  autor  el  propósito  agresivo  de  procurar 
el  apoyo  de  los  europeos  en  detrimento  de  los  criollos,  cuando  preci- 
samente los  hechos  más  tangibles  acababan  de  enseñar  la  imposibi- 
lidad de  gobernar  el  país  sin  el  concurso  de  sus  hijos  (i). 

Otros  acontecimientos,  ocurridos  en  el  confín  del  virreinato,  iban 
á  cavar  la  zanja  ya  existente  entre   españoles  y  nativos,  transfor- 
mándola poco  á  poco  en  abismo  insalvable.    El  25  de  mayo  de  1809 
(fecha  fatídica),  había  estallado  en Ghuquisaca  un  tumulto  popular 
sin  programa  definido,  y  originado,  al  parecer,  por  el  mismofunes- 
lo  Goyeneche  que  iba  á  tener  luego  la  parte  más  odiosa  en  la  re- 
presión.   De  paso  para  el  Cuzcx),  el  incoercible  intrigante  había 
inoculado  su  «carlotismo  »  al  presidente  Pizarro  y  al  obispo  Moxó 
—  el  de  las  pastorales  — lo  que,  sentido  por  la  Audiencia,  la  mo- 
vió á  destituir  y  prender  á  su  jefe  (2).  La  Audiencia  asumió  el 
mando  de  la   provincia,   confiando  al  comandante  Arenales  —  el 
futuro  general  patriota  — la  organización  de  las  milicias.  Al  pronto, 
este  conflicto  de  autoridades  giró  en  el  mismo  círculo  realista  que 
el  de  Montevideo,   enarbolando    los    sublevados  la  bandera   de 
fidelidad  á  Fernando  VII;  con  todo,  áimpulsode  un  grupo  america- 

(i)  Asi  caracteriza  el  doctor  López  la  insuficiencia  política  de  Cisneros  (Historia^ 
II,  4o5)  :  «  No  era  capaz  de  penetrar  en  las  profundidades  con  que  las  leyes  de  nuestre 
revolución  venian  elaborándose  al  favor  de  aquella  lógica  latente  con  que  las  evolucio- 
nes sociales  marchan  y  se  realizan  por  la  fuerza  intrínseca  de  los  elementos  que  las  en- 
gendraron ».  ¡  Seguramente  I 

(a)  REMé-MoBEHO,  Últimos  (Uíos  coloniales  del  Alio  Perú^  SSg  y  sig.  Consúltense,  ade- 
más, los  documentos  inéditos  anexos  á  la  obra. 


176  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

no, — en  el  cual  Monteagudo  hacía  su  aprendizaje  de  conspirador,  — 
agitóse  luego  en  la  masa  indígena  un  fermento  de  emancipación.  A 
poco  la  importante  ciudad  de  La  Paz  imitaba  el  ejemplo  de  Charcas, 
acentuándolo  con  el  nombramiento  de  una  Junta  abiertamente  re- 
volucionaria, y  el  incendio  se  propagaba  á  Quito.  Pero  la  tentativa, 
inconsulta  y  prematura,  corría  al  fracaso  inevitable.  Mientras  el 
virrey  del  Perú  mandaba  á  Goyeneche  con  las  fuerzas  del  Cuzco 
contra  La  Paz,  Cisneros  disponía  que  otra  expedición,  al  mando  de 
Nieto  —  de  la  que  formaban  parte  algunas  compañías  del  disuelto 
batallón  de  Patricios  (i)  —  fuera  á  reducir  á  Chuquisaca.  El  resul- 
tado no  podía  ser  dudoso  :  después  de  algunos  encuentros,  los  re- 
beldes de  La  Paz  quedaron  desbaratados,  y  prisioneros  sus  cabecillas 
que  sufrieron  el  último  suplicio.  En  Charcas,  la  represión  fué  me- 
nos bárbara,  habiéndose  sometido  los  sublevados  á  la  intimación  de 
Nieto  que,  nombrado  Presidente,  no  quiso  inaugurar  con  sangre 
su  gobierno.  Goyeneche  comunicó  jactanciosamente  á  Lima  y  Buenos 
Aires  sus  fáciles  victorias,  empapadas  en  sangre  de  prisioneros  iner- 
mes ;  y  Cisneros  incurrióen  la  culpable  debilidad  de  hacerse  cóm- 
plice de  los  actos  y  declaraciones  de  sus  subalternos  (2).  Evidente- 
mente, no  era  ya  con  las  ¡deas  y  los  elementos  de  Tupac  Amaru. 
con  lo  que  la  revolución  americana  debía  iniciarse;  y  por  eso, 
mientras  se  cruzaban  entre  el  Plata  y  el  Desaguadero  las  entusiastas 
felicitaciones  por  el  éxito  de  las  armas  españolas  en  el  Alto  Perú,  el 
incauto  virrey,  en  sus  frecuentes  paseos  á  las  quintas  con  su  noble 
esposa  doña  Inés  de  Gaztambide,  pasaba  sin  recelo  delante  de  una 
casa  del  barrio  de  San  Miguel,  en  cuyo  comedor  se  tramaba  una 

(i)  Por  decreto  de  ii  de  septiembre  de  (809.  el  cuerpo  de  Patricios  había  quedado 
reducido  á  dos  batallones,  en  lugar  de  tres  que  desde  el  origen  lo  formaban. 

(at  Partes  fechados  en  la  Paz,  noviembre  de  1809,  y  publicados  en  Buenos  Aires  el  34 
de  diciembre,  precediéndolos  un  preámbulo  del  virrej  de  Buenos  Aires  á  sus  habitan- 
tes que  terminaba  asi  :  u  si  en  cualquier  paraje  de  estos  dominios  existiese  algún  hombre 
perverso  que  abrigue  la  idea  de  atentar  contra  la  autoridad  Real...  es  seguro  que  se  re- 
traerá con  este  ejemplo  en  cabeza  ajena...  »  Sobre  la  parte  que  Cisneros  tuvo  en  las 
ejecuciones,  V;  Mithe,  Belgrano,  I,  287. 


SANTIAGO  LINIERS  177 

conspiración  mucho  más  temible  para  los  españoles  que  las  de  Ghu- 
qtxisaca  y  La  Paz  (i). 

No  hay  viento  propicio  para  la  nave  rodeada  de  escollos.  En  tal 
situación  se  hallaba  el  gobierno  colonial,  que  todo  impulso  nuevo, 
siquiera  fuese  en  sí  mismo  benéfico  y  plausible,  conspiraba  también 
sil  desenlace  fatal.  Si  hubo  providencia  digna  de  encomio,  fué  sin 
duda  la  que  las  críticas  circunstancias  del  Tesoro,   tanto  como  la 
elocuencia  de  Mariano  Moreno,  arrancaron  á  la  incuria  de  Cisneros, 
respecto  del  comercio  libre.  Pero  llegaba  tarde  para  salvar  un  ré- 
g-ioien  condenado,    y   sus  excelentes  efectos  inmediatos  sólo  sir- 
vieron para  poner  en  realce  el  espíritu  de  ignorancia  y  rutina  que 
A  sus  adversarios  todavía  animaba,  á  fuer  de  adalides  del  puro  sis- 
tenia  prohibitivo  (2).  La  angustiosa  situación  económica*  á  que   las 
trabas  fiscales  tenían  condenadas  estas  provincias,  había  llegado  ya 
al  extremo  límite  de  lo  tolerable  con  la  invasión  de  la  metrópoli :  vale 
decir,  con  la  interrupción  casi  absoluta  de  toda  actividad  fabril  y  de 
todo  tráfico  comercial,  á  lo  que  se  agregaban  las  exacciones  pa- 
trióticas para  el  socorro  de  la  madre  patria  y  los  gastos  extraordi- 
narios acarreados  por  la  propia  defensa.  Bajo  el  peso  agobiador  de 
tales  circunstancias,  parecerá  increíble  que  los  monopolistas  ga- 
ditanos persistiesen  estúpidamente  en  su  política  de  «  perro  del  hor- 
telano ))*  y,  con  el  agua  á  la  garganta,  protestasen  con  furioso  ademán 
contra  los  salvavidas  coloniales.  La  imperiosa  necesidad,  felizmen- 
te, si  no  abrió  los  ojos  de  Cisneros,  empujó  su  mano  para  que  fir- 
mara maquinalmente  el  decreto  libertador.  Los  hacendados  que 
confiaran  á  Mariano  Moreno  la  defensa  de  sus  derechos,  sólo  aten- 
dían á  sus  intereses  privados  ;  pero,  sobre  el  abogado  se  alzó  el  tri- 

(i)  Entiendo  que  la  sociedad  secreta,  de  que  formaban  part«  Belgrano,  Rodrigues  Peña. 
Pftseo,  Vieytes,  Irigoyen,  Castelli  y  otros,  solía  reunirse,  no  en  la  quinta  de  Rodríguez 
Peña,  como  dice  el  señor  Mitre,  sino  en  su  casa  de  la  callo  de  la  Piedad :  también 
eran  puntos  de  reunión  la  casa  de  Hipólito  Vientes  (calle  de  Vonesuela)  y  la  quinta 
de  Orma. 

(a)  Véase,  en  este  mismo  tomo,  la  Refutación  del  escrito  de  Moreno  por  don  Miguel 
de  Agüero. 

A9ALBB   OZ    LA    naLIOTKGA.  T.    til  13 


178  ANALES  DE   LA   BIBLIOTECA 

buno  ;  la  causa  de  un  gremio  vino  á  ser  la  de  un  pueblo,  y  la  me- 
morable Representación  del  3o  de  septiembre  señaló  á  la  par  el 
advenimiento  de  la  Ley  nueva  y  del  genio  encargado  de  promul- 
garla. No  tengo  que  insistir  en  el  extraordinario  mérito  de  aquel 
escrito,  que  en  otras  páginas  tengo  señalado  ;  ni  tampoco  en 
la  reacción  benéGca  que  el  triunfo  de  la  doctrina  produjo.  Aquello 
fué  la  ventana  bruscamente  abierta  en  un  recinto  cerrado:  los  pul- 
mones dilatados  absorbieron  con  avidez  el  aire  y  la  luz  reparadores. 
La  salida  de  los  frutos  del  país  y  la  entrada  correlativa  de  losproduc. 
tos  ingleses  duplicaron  en  los  primeros  meses  el  tráfico  de  las  adua- 
nas :  llenáronse  las  cajas  reales,  y  por  vez  primera  la  riqueza  del  fisco 
nofué  el  rescate  de  la  miseria  indiana,  sino  el  reflujo  de  la  pública  pros- 
peridad (i).  Empero,  el  primer  paso  dado  impelía  irresistiblemente 

(i)  No  se  debe,  sin  embargo,  exagerar  los  efectos  fiscales  de  una  medida  que  fué  prin- 
cipalmente benéfica  para  Io«  hacendados  y  el  público  consumidor,  que  era  sin  duda  lo 
más  importante.  Como  buen  abogado,  Mariano  Moreno  se  propasó  en  la  pintura  de  U 
penuria  presente  y  la  futura  abundancia  ;  y  su  hermano  Manuel  lanzó  al  vuelo  cifras  mi- 
ríficas que  han  sido  piadosamente  recogidas  por  todos  los  historiadores.  «  La  Tesorería 
de  Buenos  Aires  necesitaba  para  sus  gastos  mensuales  en  1809,  la  cantidad  de  sSo.ooo 
pQsos;  esto  es,  tenia  que  pagar  tres  millones  de  pesos  al  año:  de  esta  suma  no  podía 
reunir,  en  el  estado  exhausto  en  que  so  hallaba,  sino  apenas  100.000  pesos  al  mes,  ó 
1. 300. 000  pesos  al  año.  Abierto  el  comercio,  no  sólo  ha  pagado  sus  deudas,  sino  que 
ha  quedado  en  su  favor  un  residuo  de  300.800  pesos  al  mes,  etc.  ».  (Vida^  1,35,  Cf 
Mitre,  BelgranOy  I,  388;  López,  Historia^  11,  436;  Domínguez,  Historia  Argentina  {\B6i), 
p.  197)  A  primera  vista,  aquellas  cifras  de  Moreno,  aunque  endosadas  por  trra  his- 
toriadores nacionales,  me  inspiraron  desconfianza.  Para  sólo  citar  las  anteriores  más  co- 
nocidas (publicadas  por  Torrent  y  Calvo)  en  i8o3,  las  rentas  del  virreinato  de  Buenos 
Aires  fueron  de  3. 908. 535  pesos,  y  sus  gastos  de  3.og3.588  pesos.  Es  difícil  admitir, 
salvo  el  caso  de  una  catástrofe,  que  en  tan  breve  lapso  bajen  las  rentas  de  una  nación , 
lo  propio  que  el  peso  de  un  hombro,  á  menos  de  sa  tercera  parte !  Me  puso  en  procura  de 
documentos,  y  encontró  en  el  Archivo  general  lo  que  buscaba.  Tengo  á  la  vista,  en  co- 
pia legalizada,  los  tres  Fenecimientos  de  las  cuentas  del  virreinato  para  los  años  de  1808 
1809  y  1810;  he  aquí  su  resumen  (en  cifras  redondas,  y  englobando  los  cortos  saldos 
que  pasan  al  año  siguiente)  : 

Año  Rentas  Gastos  Data  (remitido  ó 

pagado  de  R.   orden) 

1808 4-350.870         3.073.778         1.378.09* 

1809 6.283.867        4-oi3.6o6         9.370.361 

1810 6.368.533        4.763.673        i.3o5.86i 

Dejando  para  otro  lugar  el  interesante  comentario  que  estas  cifras  sugieren,  está  á  la 


SANTIAGO  LIMERS  179 

á  dar  el  segundo.  No  sólo  era  ya  evidente  que  los  pulmones  hechos  al 
aire  puro  no  soportarían  en  adelante  el  ambiente  confinado,  sinoque 
los  anudados  miembros  anhelarían  ahora  el  libre  movimiento  y  el 
espacio :  después  de  la  ventana  voluntariamente  abierta  iba  á  tratarse 
(le  echar  abajo  la  puerta  que  no  se  quería  abrir.  Desde  fines  de 
1809,  la  revolución  estaba  en  marcha. 

Háse  atribuido  á  otro  hecho  casi  concomitante  una  importancia 
á  mi  ver  exagerada  en  el  proceso  revolucionario:  me  refiero  á  la 
fundación  por  Belgrano  del  Correo  de  Comercio ,  innocuo  periódico 
cuyo  primer  número  salió  á  luz  el  sábado  3  de  marzo  de  i8og. 
Era  simplemente  la  continuación  del  Semanario  de  Agricultura,  de 
Vieytes,  que  quedó  como  colaborador,  lo  mismo  que  el  naturalista 
Haeake,  de  Gochabamba.  Por  el  tamaño,  el  número  de  páginas,  la 
materia  y  el  espíritu,  ambos  semanarios  son  idénticos,  habiendo 
sólo  mejorado  la  impresión,  con  tipos  nuevos.  En  uno  y  otro 
llenaban  regularmente  las  ocho  páginas  en  cuarto  menor  uno  ó 
dos  breves  artículos  sobre  educación,  agricultura  ó  industria,  y  en 
seguida  el  movimiento  de  entradas  y  salidas  del  puerto.  Algunas 
veces,  —  harto  raras  para  nosotros,  —  un  «  suelto  »  reflejaba  un 
fragmento  de  realidad:  v.  gr.  la  visita  del  virrey  Cisnerosá  San  Fer 
nandopara  ordenar  la  continuación  del  canal,  ó  la  fundación  de 
una  «  academia  de  música  por  don  Victor  de  la  Prada,  conocido 
por  el  gusto  y  expresión  con  que  toca  la  flauta,  sin  embargo  deque 

• 

mta:  i*  que,  may  lejos  do  haber  caído  en  el  marasmo  aterrador  que- anunciara  la  rui- 
na, las  rentas  del  virreinato  habían  seguido,  hasta  fines  de  1808,  la  ley  natural  de  creci- 
miento; a"  que  se  sintió  realmente  en  1809  (sin  duda  desde  octubre  hasta  fines  de  di- 
ciembre) el  efecto  benéfico  del  decreto  libertador.  Entre  tanto,  ¿de  dónde  provenia  o\ 
innegable  déficit  que  á  mediados  de  1 809  se  denunciaba  á  grito  herido  P  De  esto,  senci- 
llamente :  mientras  Io«  gastos  administrativos  y  las  remesas  ó  giros  de  la  metrópoli  eran 
efectivos  é  imperiosos,  figuraba  en  las  entradas  un  descubierto  por  <c  deudas  á  cobrar  » 
en  el  comercio,  que  pasaba  de  medio  millón  de  pesos  (exactamente,  para  1808  :  533. ^o5 
pesos).  —  Por  lo  demás,  no  cesó  el  contrabando  inglés;  y  en  julio  de  181  o,  con  motivo  del 
c(nniiK>  de  la  fragata  JanCt  es  curioso  encontrar,  bajo  la  pluma  del  autor  de  la  Represen-' 
iaeión^  ahora  secretario  de  la  Junta,  esta  declaración  :  «  Lx>s  apuros  del  erario  precisaron 
Á  este  Gobierno  k  adoptar  un  franco  comercio  provisorio  con  la  nación  inglesa,  (raspa- 
sondo  las  leyes  qne  lo  prohiben^  etc.  » 


(8o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

posee  el  clarinete,  fagot  y  octavín  »  :  con  su  acompañamiento 
obligado  del  elogio  de  «  nuestro  Excmo.  Jefe  en  cuyas  dignas  ma- 
nos, etc...  »  Por  supuesto  que,  al  olor  del  papel  de  imprenta,  acudió 
como  ratón  al  queso,  el  infaltable  Prego  de  Oliver,  con  alguna  oda 
artificial  á  la  Luna  ó  al  Himeneo.  Pero  habíale  salido  al  encuentro 
un  émulo  criollo  con  el  joven  V.  L.  (Vicente  López),  quien,  si  menos 
entonado  que  su  fecundo  rival,  hacia  sonar  por  casualidad  —  lo 
que  al  otro  ni  por  descuido  le  ocurría  —  la  flauta  sencilla  que  algo 
visto  ó  sentido  interpretaba,  como  en  esta  amable  estrofa  á  lo  Fray 
Luis,  que  casi  sabe  á  llanura  argentina : 

El  sol  que  ya  se  asoma 
Con  la  faz  matizada  de  oro  y  grana, 
Dora  el  verdor  de  la  vecina  loma; 
Y  cl  aura  matinal,  el  aura  sana 

Preñada  de  fragancia 
Empapa  en  vida  y  en  placer  la  estancia...  (i) 

En  suma,  un  papelito  incoloro,  inodoro,  sin  un  vestigio  de  la 
vida  contemporánea,  como  todos  los  americanos  y  la  mayoría  de 
los  españoles  (que  parecían  escritos  en  una  celda  para  leídos  en  un 
sótano),  el  cual  resultaría  de  una  absoluta  y  desesperante  vacuidad 
para  el  evocador  de  lo  pasado,  á  no  traer  en  suplemento  —  ya  que 
no  los  preciosísimos  avisos  del  tiempo  de  Rivadavia  y  Rosas  —  las 
listas  de  precios  corrientes.  El  ilustre  historiador  de  Belgrano,  que 
descubre  al  héroe  de  Salta  hasta  en  su  pacífica  literatura,  piensa  que 
los  artículos  del  Correo  repercutían  hondamente  en  la  opinión.  Sin- 
gularizándose con  el  que  lleva  este  título  formidable  :  Causas  de  la 
des  tracción  ó  de  la  conservación  y  engrandecimiento  de  las  naciones  (2) 
—  el  único,  por  otra  parte,  cuya  paternidad  sea  constante,  —  nos 

(i)  De  una  oda  deplorablemente  bautizada:  Delician  del  labrador  'hoy  le  pondríamos  : 
La  tierra  ó  Arando)  ;  también  hay  que  confesarlo  :  cela  se  gdte  muy  pronto,  y  no  tarda  en 
comparecer  la  «Musa»,  con  el  «  rubio  Apolo  ». 

(a)  Al  mencionarlo  más  tarde  en  bu.  Autobiografía^  Belgrano  lo  tituló  (sin  duda  por  cru- 
xarscuna  reminiscencia  de  Montesquieu,  y  también  por  indolencia  criolla  ):  Origen  de  la  gran- 
deza y  decadencia  de  los  imperios^  encabesamiento  que  el  señor  Mitre  ha  reproducido  sin  recu- 


SANTIAGO  LINIERS  18 1 

lo  describe  como  una  suerte  de  ariete  (i)  que  abriera  brecha  en  la 
muralla  colonial...  Es  un  inofensivo  «  deber  »  escolar,  un  sermón 
cívico  zurcido  de  lugares  comunes,  cuyo  único  efecto,  si  lo  tuviera, 
sería  estimular  en  los  soñolientos  lectores  la  adhesión  á  la  madre  pa- 
tria, como  que  en  realidad  se  inspiraba  en  un  a  editorial»  análogo  del 
Correo  de  Sevilla,  reimpreso  meses  antes  en  Buenos  Aires.  Belgra- 
no  no  poseía  en  grado  alguno  el  Os  magna  sonataram.  Basta  el 
encabezamiento  antes  reproducido  para  mostrar  que  no  había  na- 
cido escritor.  Su  estilo  desmayado  recuerda,  más  que  el  retumbante 
trompetazo  de  Mariano  Moreno,  el  «  clarinete  »  de  ese  excelente  don 
Víctor  de  la  Prada.  Su  voz  literaria  se  parece  á  la  natural  que,  se- 
gún el  irreverente  Dorrego,  carecía  de  timbre  imponente  y  vibrante 
acentuación.  —  Considero,  además,  que  se  ha  exagerado  la  parte 
que  realmente  tomó  en  la  redacción  del  Correo.  El  mismo  nos  dice 
que  «  redactó  el  prospecto  del  Diario  (sic)  de  Comercio,  que  se 
publicaba  antes  de  nuestra  revolución,  o  agregando  que  «en  él  sa- 
lieron sus  papeles».  Esto  indica,  desde  luego,  que  los  números  á 
que  alude,  los  suyos,  eran  los  anteriores  al  25  de  mayo:  y  ello  con- 
cuerda con  los  hechos  históricos,  pues  es  muy  sabido  que  Belgrano 
se  ocupó  en  seguida  de  su  expedición  al  Paraguay.  Ahora  bien: 


rrir  al  original.  También  proviene  de  la  i4ato6io^ra/?a  la  extraordinaria  importancia  que  5e 
concede  al  articulo,   el  cual,  dice  su  autor  :  «  salido  en  las  vísperas  de  la  revolución,  asi 
contentó  á    los  de   nuestro  partido  como  á  Cisneros,  y  cada  uno  aplicaba  el  ascua  á  su 
sardina,  pues  todo  se  atribula   á  la    unión  y  desunión  de  los  pueblos».    En    general  es 
tendencia  irresistible    dd  los  biógrafos    (y  acaso  }ro  mismo   ha^ra    sufrido  este  espejismo) 
considerar  los  acontecimientos  como   convergentes  á  su  u  héroe  »,   al  modo  que  antigua- 
mente se  hacia  girar  el  mundo  alrededor  de  la  tierra.  Está  muy  visible,  sobre  todo  en  lo 
relativo  al  período  anterevolucionario,  que  el  general  Mitre  exagera  la  parte  de  influencia 
decisiva  que  sú  personaje  tuvo  en  los  sucesos  políticos,  y  que,  para  repetir  la  imagen  de 
Belgrano.  arrima  el  ascua  á  su  venerable  sardina.  QuÍ2á  esta  ilusión  óptica  nazca  del  gé- 
nero mismo,  y  no  convenga  dar  á   la  biografía  las  proporciones  de    la  historia,  para   no 
incurrir  en  el  inconveniente   que  en  pintura  tenia  el  llamado  «  paisaje  hbtórico  »,   en 
que  la  naturaleza  y  los  objetos  ambientes  eran  accesorios  sacrifícados  á  la  figura  central. 

(i)  Hay  que  decir,  para  ser  del  todo  justo  y  exaeto.  que  lo  del  ariete  pertenece  á 
don  Juan  M.  Gutiérrez  (Primera  imprenta,  a33j  ;  al  señor  Mitre  le  basta  que  la  prosa 
de  Belgrano  fuera  «  un  instrumento  anodino  que  contribuyó  á  minar  el  edificio  colonial  ». 


i82  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

hasta  la  Revolución  sólo  alcanzaron  á  sal  ir  doce  números  del  Correo, 
cuya  lánguida  existencia  se  prolongó  hasta  febrero  de  1811,  sin 
que  llegase  jamás  á  sus  acolchadas  columnitas  un  eco  de  la  ruido- 
sa actualidad.  La  mejor  prueba  de  ser  imaginaria  la  a  conspiración 
sorda  »  del  periódico,  y  el  misterioso  sentido  que  sus  artículos  so- 
bre industrias  ó  plantíos  envolvían,  está  en  que  no  modiGcó  en  ab- 
soluto su  prédica  ¡nocente  cuando  muy  á  las  claras  y  sin  temor  de 
censura  podía  hablar.  El  número  de  26  de  mayo  contiene  un  frag- 
mento de  Haenke  sobre  los  indios  yuracarés,  los  precios  corrientes 
y  el  movimiento  del  puerto;  los  siguientes  de  junio  «  continúan  la 
materia  de  los  números  anteriores,  »  con  el  aditamento  de  una  sá- 
tira en  endecasílabos  sobre  la  «  perfidia  de  Circe  »  y  los  peligros  del 
Amor,  por  nuestro  amigo  Prego,  hoy  tan  español  y  administrador 
de  aduanas  como  ayer.  Sigue  el  Correo  su  pasitrote  habitual  que 
no  asusta  aun  gato;  y  no  sospecharíamos  que.  entre  el  número  12 
y  el  5o,  se  ha  consumado  una  revolución,  con  sus  fusilamientos,  ba- 
tallas, organización  y  desorgani/.ación  de  la  Junta  Gubernativa,  á 
no  salir  cada  jueves  de  la  misma  esquina  de  Temporalidades,  é  im- 
presa con  los  mismos  tipos,  aquella  Gaceta  de  Moreno  que  alborota 
la  calle  y,  como  dicen  los  franceses,  saca  chispas  de  los  cuatro  pies. 
—  No  hubo,  pues,  tales  «  segundas  intenciones  »  en  la  impercepti- 
ble propaganda  del  Correo  —  y  mucho  será  concederle  las  primeras. 
Empero,  tuvo  verdadera  importancia  política  la  empresa  de  Bel- 
grano,  y  ella  consistió,  como  él  mismo  lo  apunta  en  su  Autobio- 
grafía y  lo  señala  su  historiador  (i),  en  permitir  que,  bajo  el  pro- 
texto periodístico,  pudieran  reunirse  con  frecuencia,  y  sin  inspirar 
sospechas,  los  beneméritos  iniciadores  de  la  emancipación,  que  sólo 
esperaban  para  proclamarla  el  previsto  acontecimiento  europeo  que 
marcara  la  hora  propicia. 

Esta  hora  no  podía  tardar.  A.  despecho  de  la  precaución  policial 
con  que  el  gobierno  filtraba  las  noticias  de  España,  que  le  llegaban 

(i)  Historia  de  Belgrano,  \,  agS  y  l^\2. 


SANTIAGO  LINIERS  i83 

de  Río  de  Janeiro  por  conducto  del  ministro  Casa  Irujo  (i),  desde 
abril  susurrábanse  en  Buenos  Aires  rumores  alarmantes,  que  las  mis- 
mas reticencias  del  virrey  venían  confirmando.  A  principios  de  mayo. 
fué  imposible  ocultar  á  la  población  que  la  batalla  de  Ocaña  había 
tenido  por  corolario  la  invasión  de  Andalucía.  Después  de  una  últi- 
ma junta  de  los  afiliados,  el  circunspecto  Saavedra,  que  se  marcha- 
ba al  campo,  declaró  que  estaba  pronto  para  encabezar  el  movi- 
miento revolucionario  con  sus  Patricios,  debiendo  serla  señal  de 
haber  caducado  el  régimen  colonial  la  entrada  de  los  franceses  en 
Sevilla. 


II 


En  septiembre  de  1809,  hallábase  Liniers  en  Córdoba  con  toda 
su  familia,  no  de  paso  para  Mendoza,  como  lo  tenía  prometido  á 
Cisneros  y  anunciado  á  la  Junta  de  Sevilla,  sino  instalado  provisio- 
nalmente y  ya  resuelto  á  no  aceptar  aquel  otro  destierro.  Así  lo  co- 
municó al  virrey  en  una  carta  confidencial,  á  laque  su  «  apasionado 
amigo  y  compañero  »  (2)  contestó  con  recriminaciones,  entre  afec- 
tuosas y  resentidas,  instándole  á  que  marchase  á  su  destino,  pues 

(i;  Todavía  á  principios  de  mayo,  el  buen  marqués  de  Casa  trujo  procuraba  v  tapar 
el  cielo  coa  un  harnero  »,  transmitiendo  á  Cisneros  las  noticias  oficiales  más  halagadoras 
(publicadas  aquí  en  1 1  do  mayo^  sobre  el  estado  de  la  Península  :  u  Los  franceses  no 
progresan  en  Cataluña,  aunque  ha  caído  Gerona  :  también  han  tomado  algunos  puntos 
de  la  Sierra,  pero  ¡por  Despeñaperros,  vela  Areizaga!...  La  Junta  Suprema  ha  resuello 
trasladarse  á  la  isla  de  León  para  presidir  las  cortes,  etc.,  etc.»  Sin  embargo  sus  cartas 
privadas  al  virrey  eran  más  melancólicas.  El  3  de  mayo  (véase  el  documento  n*  3o)  le 
escribía:  «  Desde  la  desgraciada  batalla  de  Ocaña,  esto  gobierno  parece  haber  perdido 
el  respeto  y  consideración  que  debe  al  nuestro  » .  Tratábase  de  una  reclamación  enta- 
blada para  prender  á  Rodríguez  Peña  y  Puoyrredón  por  conspiradores,  y  á  la  cual  el 
gobierno  portugués,  por  instancias  de  lord  Strangford,  hacia  oídos  de  mercader. 

(a>  Compañeros  de  armas,  no  u  de  infancia  »  como  ridiculamente  suele  decirse:  hemos 
visto  ya  que  Liniers  era  hombre  hecho  — y  teniente  de  caballería  en  Francia  —  cuando 
por  primera  vez  (1776)  tomó  servicio  en  España  y  conoció,  en  la  escuadra  de  Castejón, 
al  guardia  marina  Cisneros.  Las  cartas  mencionadas  se  encuentran  en  (]alvo.  Anales, 
I,  i4i. 


iHh  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

no  era  «  juego  de  muchachos  ».  Replicó  reciamente  Liniers  en  es- 
tilo oficial,  poniendo  cosas  y  gentes  en  su  debido  lugar :  reprocha- 
ba á  ((  Su  Excelencia  »  sus  concesiones  á  los  facinerosos  que,  no 
contentos  con  haber  evitado  con  la  separación  de  Liniers  el  castigo  á 
que  eran  acreedores,  «  querían  aun  asesinarle  civilmente  »  ;  protes- 
taba contra  las  acusaciones  calumniosas  dirigidas  á  su  administra- 
ción, reconocida  y  apoyada  por  la  parte  más  sana  y  culta  del  virrei- 
nato, y  manifestaba  en  conclusión  que  estaba  dispuesto  á  marcharse, 
no  á  Mendoza,  sino  ala  Península,  con  su  hijo  Luis,  alférez  de  navio, 
dejando  en  Córdoba  á  su  familia  y  cortos  intereses  bajo  la  custodia 
de  su  yerno  Périchon  y  u  la  protección  de  la  Providencia  que,  aun- 
que gran  pecador,  nunca  le  había  desamparado  ». 

Sobrado  justas  eran  las  quejas  de  Liniers  contra  su  apocado  suce- 
sor. Para  halagar  los  rencores  del  partido  español,  después  de 
amnistiar  á  los  fautores  de  los  desórdenes  recientes,  habíase  apresu- 
rado á  declarar  libres  de  culpa  y  cargo  á  los  militares  cómplices  de 
aquéllos  y  acusados  por  Liniers,  á  quienes  se  tributó  públicos  elo- 
gios por  su  comportamiento,  á  vista  del  acusador.  Al  propio  tiempo, 
era  él  quien  agitaba  en  Sevilla  el  llamamiento  de  Liniers, — y  tam- 
bién de  Elío,  cuya  presencia  le  inspiraba  recelo,  —  pues  no  había 
razón  urgente  que  lo  aconsejara,  mucho  menos  cuando  Sobremonle. 
que  tenía  causa  abierta  por  su  entrega  de  Buenos  Aires,  había  per- 
manecido tranquilo  en  el  Río  déla  Plata  (i).  Por  cierto  que  en  la 
deplorable  actitud  de  Cisneros,  respecto  del  predecesor  á  cuya  leal- 
tad debía  la  posesión  del  mando,  entraban  por  mucho  la  pusilani- 
midad de  su  carácter  y  su  cortedad  de  vistas,  pero  no  parece  dudoso 
que  él  también  participase  ahora  de  las  preocupaciones  nacionales, 
más  que  nunca  exasperadas  por  las  últimas  victorias  francesas. 

Entre  tanto,  y  sin  gastar  prisa  en  los  preparativos  del  viaje  á 


(i)  En  i6  de  enero  de  iBio,  el  ministro Cornel  (R.  R.  Órdenes  en  el  Archiro General) 
pedia  á  Cisneros  que  se  activara  la  causa  formada  al  marqués  de  Sobremonte.  Fué  tanta 
la  actividad  desplegada,  que  el  consejo  de  guerra  se  celebró  en  CádÍ2,  en  i8i3,  recayendo 
sentencia  absolutoria. 


SANTIAGO  LINIERS  i65 

España,  Liniers  disfrutaba  en  Córdoba  del  bien  ganado  reposo  que, 
según  lo  muestra  su  correspondencia,  le  sabía  á  rejuvenecimiento 
físico  y  redención  moral  después  de  tamañas  agitaciones.  —  Encruci- 
jada de  las  provincias  interiores,  contaría  entonces  la  doctoral  ciu- 
dad unos  nueve  mil  babitantes  (i),  cuya  aristocracia,  goda  de  espí- 
ritu si  no  de  nacimiento,  era  formada  de  empleados  reales,  clérigos 
ó  frailes,  letrados  y  mercaderes,  casi  todos  ellos  estancieros  por  aña- 
didura. En  torno  dé  éstos,  además  de  la  numerosa  servidumbre,  la 
plebe  urbana  de  negros  y  mestizos,  esclava  ó  liberta,  se  ocupaba  en 
oficios  manuales  c  industrias  primitivas,  cuyos  productos  poco  ex- 
cedían el  consumo  local.   La  principal  fuente  de  riqueza  provenía 
de  las  faenas  agrícolas,  y  desde  luego  del  comercio  de  muías,  cuyas 
tropas  invernadas  en  los  potreros  de  la  provincia  se  despachaban 
anualmente  á  las  ferias  del  Perú.  En  suma,  reinaba  un  bienestar  re- 
lativo, fundado,  masque  en  la  abundancia  délos  medios,  en  la  mo- 
destia de  los  gastos,  aun  éntrelos  que  pudieran  tenerlos  más  rumbo- 
sos. Del  catolicismo  intolerante  que  de  arriba  abajo  imperaba,  daban 
aviso  al  viajero,  que  desde  la  barranca  contemplaba  la  población  ten- 
dida entre  la  sierra  y  el  sinuoso  río,  las  numerosas  torres  de  las  iglesias, 
capillas  y  beateríos,  que  á  todos  lados  emergían  del  caserío.  Es  muy 
sabido  que  era  otro  rasgo  proverbial  déla  sociedad  cordobesa,  la  índole 


(i)  Es  nn  cálculo  conjetural  (pues  no  conozco  empadronamiento  para  dicha  década), 
pero  de  una  aproximación  suficiente.  El  Censo  de  1869  deduce  la  población  probable  de 
toda  la  provincia,  en  1809,  de  los  vagos  empadronamientos  de  1779  y  i8i3,  llegando  i 
la  cifra  do  60.000;  por  otra  parte,  la  población  de  la  ciudad  en  1869  (aS.SaS  h.)  repre- 
sentaba  0,1 4    de  la  total  (*jio.5o8  h.)  :    aceptando  á  bulto  esta   proporción  (sin  engol- 
farnos en  distingos)  resultarían  S./^oo  habitantes.  Ello  concuerda  bastante  con  los  prome- 
dios de  Núñea  j  Caldeleugh  :  14*000  habitantes  en  i8a3.  Corroboran  estas  afirmaciones 
US  cifras  resultantes  del  procedimiento  que    he  discurrido  más  arriba  para  calcular   la 
población  de  Buenos  Aires.  El  plano  de  Córdoba  por  Díaz  do  la    Fuente  (1790)  le  da 
Qiias  4o  manzanas  edificadas ;  reduzcámoslas  prudentemente  á  36  atendiendo  al  exceso  do 
Iglesias  y  capillas,  lo  que  nos  dará  unas  1000  casas,  y,  á  razón  de  6,9  individuos  por  casa 
(promedio  del  censo  de  1869),  6900  habitantes  en  1790  ;  es  decir,  con  el  aumento  de  1 
por  ciento  acumulativo,  que  admite  el  censo  para  dicho  periodo,  una  población  de  8'i3o 
nabitantes  á  principios  do  18 10.  Este  cómputo  es  estadísticamente  probable,  siendo  harto 
conocido  el  lugar  distinguido  que  la  estadística  ocupa  entre  las  ciencias  inexactas. 


i86  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

pleitista,  la  que  bastaba  ya  en  tiempos  del  Lazarillo  de  ciegos  cami- 
nantes para  «  mantener  por  sí  solos  los  abogados,  procuradores  y 
escribanos  de  la  ciudad  de  la  Plata  » .  Por  fin  (para  concluir  con  los 
defectos),  como  conexo  del  humor  procesal,  señalábase  por  los  fo- 
rasteros, el  tufo  nobiliario  que  á  ningún  cordobés  faltaba,  comen- 
zando en  el  funcionario  real  de  autentica  ejecutoria,  para  no  terminar 
en  el  negro  criollo  esclavo  de  monjas,  que  así  trataba  al  congénere 
leñador  como  éste  á  su  borrico. 

Pero  la  pequeña  ciudad,  recién  embellecida  por  Sobremonle. 
alegraba  la  vista ;  la  existencia  Quía  sosegada  y  plácida  en  los  case- 
rones coloniales  de  anchos  corredores  y  patios  llenos  de  flores ;  el 
clima  es  delicioso,  y  encantadora  la  accidentada  campiña  con  sn 
tierra  cubierta  de  bosques  y  cruzada  de  arroyos.  Sobre  todo,  para 
Liniers,  Córdoba  ofrecía  el  inapreciable  atractivo  de  un  grupo  so- 
cial distinguido  y  amigo  :  el  gobernador  Concha,  su  antiguo  com- 
pañero de  armas,  á  quien  él  mismo  había  nombrado;  el  coronel 
Allende,  conocido  suyo  desde  la  Reconquista;  el  culto  y  verboso  Deán 
Funes  que  le  debía  el  rectorado  de  Monserrat;  el  hermano  Ambrosio 
que  se  perdía  de  vista,  pero  tanto  más  cordial  y  afable  cuanto  más 
dispuesto  á  barrer  para  adentro;  el  obispo  don  Rodrigo  Antonio  de 
Orellana,  quien,  al  fin  y  al  cabo  era  obispo ;  el  ilustrado  doctor  don 
Victorino  Rodríguez,  asesor  de  gobierno  y  competidor  de  Am- 
brosio en  las  cosas  concejiles,  — como  Orellana  lo  era  de  Gregorio 
en  las  episcopales ;  y  muchos  otros  vecinos  importantes,  que  reci- 
bieran del  ilustre  refugiado  servicios  ó  atenciones.  La  población 
entera  le  era  adicta;  con  la  sola  excepción,  quizá,  del  bando  fran- 
ciscano encabezado  por  fray  Pantaleón  García,  que  le  guardaría  al- 
gún rencor  por  la  reciente  secularización  de  la  Universidad.  De  su 
correspondencia  privada  se  deduce  que  Liniers,  á  los  pocos  días  de 
hallarse  en  Córdoba,  formó  el  propósito  de  establecerse  en  la  provin- 
cia, y  aun  de  dejar  allí  á  su  familia  en  el  caso  probable  de  tenerque 
realizar  su  viaje  á  la  Península. 

Por  lo  demás,  sus  primeros  actos  confirman  sus  declaraciones  á  su 


SANTIAGO  LIMERS  187 

amigo  y  confidente  Echevarría.  Apenas  llegado,  quiso  que  su  hijo  Jo- 
sé ingresara  en  la  Universidad  de  San  Carlos;  y  él  mismo  asistió  á  los 
exámenes  de  matemáticas  que  rindieron  el  18  de  diciembre,  en  la 
iglesia  del  Colegio  de  Monserrat,  los  alumnos  de  esta  cátedra  fun- 
dada por  el  doctor  Funes  (i)  y  dictada  por  don  Carlos  O'Donnell. 
Constan  por  un  documento   rarísimo,  y  que  en  esta  Biblioteca  he 
encontrado,  los  interesantes  pormenores  de  aquella  función  universi- 
taria,  que  parecería  desdecir  un  tanto  del  ponderado  atraso  colo- 
nial, si  no  supiéramos  que  las  sociedades  deben  apreciarse,  como  los 
yacimientos  mineros,  por  la  «  ley  »  de  la  masa  común  (2).  En  pre- 
sencia de  la  mejor  sociedad  cordobesa  y  «  la  mayor  parte  del  cuerpo 
del  comercio»),  veinte  y  tres  examinandos,  entre  colegiales  de  Monse- 
rrat y  externos,  rindieron  pruebas  que,  si  no  resultaron  rigurosas, 
no  sería  por  la  incompetencia  de  jueces  como  el  obispo  Orellana, 
antiguo  profesor  de  matemáticas  en  la  Universidad  de  Valladolid. 
los  dos  marinos  Liniers  y  Concha  y  el  catedrático  O'Donnell,  fuera 
del  Deán  Funes,  el  médico  Pastor  y  algún  otro.  Los  estudiantes  per- 

(i)  Gareo,  La  Universidad  de  Córdoba,  a3o  :  «  El   Dean  Funes  fué  un   genio  ben^iico 
para  la  universidad    de  Córdoba...  Fundó,    á  fines  de    1808,  una  cátedra  do  aritmética, 
álgebra  y  geometría,  dotándola  con  la  renta  de  5oo  pesos  anuales  sobre  su  patrimonio». 
La  autorización  fué  dada  por  el  virrey  Liniers  en  términos  precisos  y  plenos  que  un  fiU>- 
sofo  poeitivista  de  nuestros  días  no  desaprobaría  :  u  La  aritmética,    sea  la  vulgar,  sea  1» 
álgebra,  que  trata  más  generalmente  de  las  cantidades,  debe  ser.de  uso  continuo  en  una 
vida  como  la  nuestra,  en  que  fluctuando  siempre  entre  la  probabilidad  y  la  du^,  nun- 
ca podremos  asegurar  nuestros  juicios  sin  el  auxilio  del  cálculo  ».  Algunos  años  después 
el  mismo  fundador  solicitó  la  nulidad  de  su  donación  de  10.000  pesos,  motivándola  en  su 
cambio  de  fortuna,  lo  que  era  cierto.  Fué  uno  de  los  rasgos  honorables  de  Funes  no  sa- 
ber  calcular  (.¿por  esto  sería  que  creó  la  cátedra?)  :  á  pesar  de  la  tutela  económica  de 
su  hermano  Ambrosio,  oí  Deán  anduvo  siempre  u  de  la  cuarta  al   pértigo  »  ;  y   ciertas 
gestiones  suyas,  allá  por  los  años    a5  y  siguientes,  revelan,  más  que  codicia,  sus  apuros 
domésticos,  —  sobre    todo  cuando  sufrió  en  Buenos  Aires  otra  tutela  poco  avenida  con 
sus  años  y  estado. 

(a)  Véase,  como  contraste,  el  estado  de  la  educación  común  en  el  virreinato,  según 
los  articulos  del  Correo  de  Comercio.  Sin  embargo,  de  ese  mismo  estudio  que  parece  ser 
de  Belgrano,  resultaría  que  en  esto  también  Córdoba  hacia  excepción,  merced  á  los 
esfaerxos  del  marqués  de  Sobremonte.  quien,  al  mirar  do  cerca  las  cosas,  va  resultando 
tan  buen  gobernador  como  pésimo  virrey  :  Tel  brille  au  second  rang^  qui  s' eclipse  au 
premier. 


1 88  AN\LES  DE  LA  BIBLIOTECA 

teaecían  á  las  mejores  familias  de  todas  las  provincias,  sin  excluir  la 
de  Buenos  Aires,  confundiéndose  apellidos  porteños,  como  los  de 
Gallardo  y  Pinedo,  con  los  provincianos  de  Fragueiro,  Ocampo,  Lo- 
zano, Zorrilla,  Bustamante,  etc.  Entre  los  premios  ofrecidos,  figu- 
raba un  anteojo  de  larga  vista,  regalo  de  Liniers,  que  fué  adjudi- 
cado (¡  y  qué  falta  le  haría  en  el  Tío !)  al  estudiante  José  María  Paz. 
Para  el  segundo  premio,  —  un  ejemplar  del  Systtme  de  la  nature^ 
de  Paulian,  — descollaban  inter  bonos  Mariano  Fragueiro,  José 
Liniers  y  Ladislao  Martínez :  y  consultada  la  suerte,  ésta  tuvo  el  buen 
gusto  de  no  favorecer  al  hijo  del  virrey  (i).  Pero,  era  el  príncipe 
del  curso  el  joven  Melchor  La  vi  n,  que  mereció  pronunciar  la  ora- 
ción de  circunstancia ;  y  se  tiene  gusto  en  comprobar  que  el  eximio 
estudiante,  y  arengador  de  Liniers  y  Funes,  era  el  mismo  heroico 
muchacho  de  diez  y  siete  años  que,  seis  meses  después,  se  ofreciera 
para  llevar  al  primero  (no  al  segundo,  como  por  desgracia  ocurrió) 
las  comunicaciones  de  Gisneros,  y,  solo,  devoró  por  la  posta,  con 
velocidad  pasmosa,  las  i5o  leguas  de  desierto  que  mediaban  entre 
Buenos  Aires  y  Górdoba. 

Vemos  por  la  correspondencia  privada  de  Liniers,  que  procuraba 
entonces  la  formación  de  una  sociedad  anónima  para  explotar  las  mi- 
nas del  Famatina,  sobre  la  base  de  5oo  acciones  á  200  pesos,  «  con 
la  perspectiva  de  un  incalculable  lucro  « .  El  proyecto  contaba  sin  du- 
da con  el  apoyodel  gobernador  Goncha,  que  propendía  administrati- 
vamente al  desarrollo  de  aquella  industria,  habiendo  sido  autoriza- 
do á  destinar  cierta  cantidad  del  a  situado  »  del  Perú  para  el  rescate 
de  plata  pina  riojana  (2).  Dicho  se  está  que  los  acontecimientos 

(i)  El  alumno  Liniers,  que  en  el  documento  citado  aparece  recompensado  entre  don 
Mariano  Fragueiro  y  don  Ladislao  Martinei,  era  José  Atanasio,  nacido  en  Monterideo 
á  a  de  mayo  de  1798,  y  primer  hijo  varón  de  Martina  Sarratea.  Siguió  la  carrera  diplo- 
mática y,  en  18 17.  por  muerte  de  Luis,  quedó  como  jefe  de  la  familia:  él  fué,  por  tanto, 
quien  persiguió  la  revalidación  de  los  derechos  y  títulos  de  su  padre,  que  fueron  reco- 
nocidos en  1 86a,  en  favor  de  su  hijo  Jacques  Alexandre,  jefe  de  la  r^nia  francesa  La 
rama  española  procede  del  quinto  hijo  Mariano  Tomás,  nacido  en  Montevideo  el  ao  de 
diciembre  de  1801. 

(7)  En  abril  de  1810,  se  autorizó  al  gobernador  intendente  de  Córdoba  para  que  «  de 


SANTIAGO  LINIERS  189 

políticos  interrumpieron  los  trabajos,  haciendo  cavar  hoyos  más  es- 
tériles que  los  del  Fama  tina.  Otro  negocio,  pero  éste  realizado  y 
concluido,  fué  la  adquisición  de  la  estancia  de  Alta  Gracia,  que 
Liaiers  compró  en  3  de  febrero  de  i8io  al  doctor  don  Victorino 
Rodríguez,  por  la  suma  de  11.000  pesos,  reservándose  el  ven- 
dedor una  legua  de  campo  sobre  el  río  Anisacate.  Allí  se  ins- 
taló inmediatamente  con  su  numerosa  familia,  según  resulta  de 
una  carta  suya  de  2  de  marzo  al  doctor  Echevarría,  en  que  el  ex- 
mandatario se  exhibe  entregado  alas  faenas  campestres  y  saborean- 
do deliciosamente  esta  existencia  nueva,  que  sólo  sería  un  breve  des- 
canso entredós  períodos  de  hondas  agitaciones. 

Situada  á  unas  diez  leguas  al  sudoeste  de  Córdoba,  la  estancia  de 
Alta  Gracia  es  una  antigua  posesión  jesuítica  cuyo  caserón  conven- 
tual se  levanta,  todavía  intacto,  en  una  ondulación  de  la  sierra  que 
domina  la  moderna  población.    Delante  del  ediñcio  principal,  un 
espacioso  estanque  cercado  de  piedra  se  llenaba  y  desaguaba  por 
acequias  sacadas  del  vecino  arroyo.  Salvado  el  portón  de  entrada, 
aparecía  el  inmenso  patio  lleno  de  plantas  y  circundado  por  la  doble 
arquería  claustral,  cuyas  losas  habían  gastado  durante  dos  siglos  los 
pasos  de  la  negra  y  taciturna  milicia.  Una  ancha  escalera  de  piedra 
conducía  al  piso  superior,  sobre  cuya  galena  dábanlas  abovedadas 
habitaciones,  grandes  y  chicas,  que  abundaban  en  el  cenobítico  cas- 
tillo :  refectorios,  salas  de  estudio  y  reunión, dormitorios,  biblioteca, 
cuartos  de  huéspedes,  —  invariablemente  blanqueados  á  cal  y  sola- 
das con  roja  baldosa.  Y  al  evocarlo  ahora  después  de  muchos  años 
(y  sin  duda  muy  inexactamente),  siento  de  nuevo  el  gran  silencio  fres- 
ios  caudales  que  conduce  de  Potosí  el  situadista  don  Manuel  Sanfranco,  que  se  halla  on 
camino  (había  quedado  empantanado  en  Guasayan)    queden  en  esa   Tesorería  cincuenta 
mil  pesos  para  atender  por  ahora  al  rescate  de  la  plata  pina  que  se  extraiga  del  mineral 
de  Fama  tina  ».  Esta  suma  era  «  un  aumento   sobro  las  existencias  anteriormente  aplica- 
das al  mismo  objeto  )>.  Existe,  en  el   Archivo  General,  todo  un    expediente    acerca  del 
rescate  de  pinas,  de  cuyo   precio  (7  pesos  2  reales  marco)  protestaban  los  riojanos  ante 
los  ensayadores  de  Potosí,  por  la  ley  superior  del  metal.  Sobre  los  primeros  trabajosdcl 
mineral  de  Famatina  so  encuentra    una  interesante   reseña  de  don  Guillermo   Dávila  en 
la  Revista  de   Buenos  Aires,  XXllI,  66. 


igo  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

co  de  las  deshabitadas  viviendas,  que  tan  gratamente  me  impresionó 
la  mañana  de  verano  en  que  las  recorría.  Mostráronme  la  vasta  pieza 
de  Liniers,  por  cuyo  balcón  de  madera  él  hubo  de  contemplar  tantas 
veces  el  paisaje  encantador  que  á  su  vista  se  desarrollaba,  desde  las 
alegres  rancherías  y  las  arboledas  vecinas  hasta  las  verdes  colinas 
que  festonean  el  poniente.  ¡  Qué  honda  sensación  de  paz  y  rejuveneci- 
miento refrescaría  su  alma,  á  raíz  de  tantas  zozobras  y  fatigas,  al 
encontrarse  con  los  suyos  tan  cerca  de  la  tierra  cariñosa,  tan  lejos 
de  los  tumultos  callejeros !  Y  luego,  al  recorrer  yo  mismo  la  pinto- 
resca y  rica  campiña,  surcada  de  arroyos  y  vertientes,  hasta  el 
espeso  mu  rallón  construido  por  aquellos  maestros  colonizadores, 
cuyas  antiguas  reducciones  señalan  todavía  en  estas  provincias  sus 
sitios  más  amenos  y  fértiles  :  ¡  cuál  revivían  para  el  peregrino,  tam- 
bién cansado  de  los  hombres  y  nostálgico  de  soledad,  las  efusiones 
del  viejo  marino,  que  se  creía  libre  al  fin  de  las  tormentas  civiles, 
peores  que  las  del  océano,  y  rebosan  en  su  correspondencia  fami- 
liar, desaliñada  y  repentina,  pero  impregnada  de  olor  á  monte  y 
jugo  de  la  gleba,  -  al  modo  de  la  Res  rústica  de  algún  Varrón  que 
escribiese  en  incorrecto  latín!  No  resisto  al  deseo  de  transcribir 
algunas  líneas  de  su  carta  de  2  de  mayo  al  doctor  don  Vicente  Anas- 
tasio Echevarría : 


...Ya  me  tiene  usted  hecho  un  hombre  campestre,  ocupado  sólo  del  arado,  del 
buey,  del  caballo,  del  molino;  dando  órdenes  al  albañil,  al  hortelano,  al  capataz, 
al  peón,  al  domador  y  al  carretero,  —  con  más  gusto  que  cuando  las  dictara  á 
una  Provincia  y  á  un  ejército.  Entonces  la  mayor  parte  de  las  noches  la  pasaba 
en  vela  :  amanecía  con  nuevos  cuidados  ;  y  ahora  duermo  pasmosamente  y  ama- 
nezco lleno  de  satisfacciones. ..  Miro  con  la  mayor  lástima  los  desgraciados  mor- 
tales, que  tanto  anhelan  por  un  poco  do  humo  que  el  menor  viento  disipa :  á 
semejanza  de  esos  globos  (i)  que  en  nuestra  niñez  formamos  con  agua  de  jabón,  que 
nos  causan  admiración  por  la  brillantez  de  las  refracciones  de  la  luz,  pero  que  á 


(1)  Le  viene  nataralmente  al  espíritu  la  mÍBina  imagen  que  al  viejo  Varrón,  i  quien 
seguramente  no  habría  leído  :  qaod  (ut  dieiturj  si  est  homo  ballüy  eo  magis  tenex.  (De  re 
rasticüf  I.) 


SANTIAGO  LINIERS  igi 

mitad  que  van  engrosando  y  cuando  nos  parecen  más  hermosos,  se  convierten 
en  un  sutil  vapor.  El  corroo  de  arriba  ha  avivado  en  mí  estas  reflexiones...  (i).  » 

¡  Ay  !  sí  :  llegaba  el  correo  de  arriba,  trayendo  las  comunicacio- 
nes de  Goyeneche  y  Abascal,  para  luego  llevarse  —  aunque  cueste 
confesarlo  —  los  parabienes  de  Liniers  por  las  ejecuciones  de  La  Paz 
ó  las  prisiones  de  Chuquisaca.  —  que,  seguramente,   él  no  hubiese 
ordenado!  Y  venía  también  el  correo  de  «  abajo  »,  portador  de  no- 
ticias sólo  desagradables  todavía,  pero  que  luego  se  tornarían  com- 
prometedoras y  para  él  funestas.  En  sus  cartas  á  Echevarría,  alude 
repetidamente  al  «  mandarín  n  Cisneros,  <(  quien  tan  pronto  abo- 
rrece como  estima,  exalta  y  humilla,   premia  y  castiga  )>.   La  con- 
ducta del  débris  de  Trafalgar  para  con  Liniers  seguía  en  efecto  siendo 
inexplicable,  con  parecerse  mucho  á  la  que  con  Elío  observaba. 
Siempre  vacilante  entre  buscar  apoyo  en  el  partido  español  y  hala- 
gar al  criollo  (cuyas  intenciones,  por  otra  parte,   desconocía  por 
completo),  el  pusilánime  virrey  se  obstinaba  en  solicitar  de  Cádiz 
el  llamamiento  de  los  dos  ex  gobernantes,  cuya  presencia  alarmaba 
su  mediocridad  asombradiza,    sin  prever  la  hora  cercana  en  que 
había  de  mendigar  el  concurso  del  uno  y  deplorar  la  ausencia  del 
otro.  Al  fin  el  proteiforme  gobierno  español  cumplió  sus  votos,  en  la 
forma  incoherenteque  acostumbraba  y  que  tan  en  alto  dejaba  su  serie- 
dad administrativa  :  en  i6  de  enero,  la  Junta  de  Sevilla  ordenaba 
í'on  urgencia  el  embarco  de  Liniers  y  Elío  ;  y  el  24  de  febrero,  la 
Regencia  de  Cádiz  nombraba  á  éste  capitán  general  de  Chile,  diri- 

(ij  Documento  n'  3i  bis.  Esto  doctor  Echevarría  es  el  mismo  que,  con  los  doctoro» 
<lon  José  Darregueira,  don  P.  Medrano  y  don  Simón  de  Cossio,  fué  designado  para  inte- 
grar la  Audiencia  el  dia  (a 3  de  junio  de  1810,  G<Kela^  n'  4)  en  que  eran  embarcados  Io<« 
oidores  con  el  virrey.  Echevarría  hLeo  larga  y  provechosa  figuración,  aunque  nunca  en 
primer  término,  sin  duda  por  su  falta  de  carácter.  En  181 1  fué  colega  de  Belgrano  en  su 
mifiónal  Paraguay,  y  con  este  motivo  escribe  el  señor  Mitro  (&«/^pano,  U,  19)  :  «  Belgra- 
no representaba  en  ella  el  candor,  la  buena  fe,  la  altura  de  carácter :  Echevarría  la 
habilidad...  ».  Perfectamente  pensado  y  dicho;  por  eso  el  «  hábil  »  no  llegó  nunca  á  la 
gWia.  Ix»  pueblos  no  consagran  sino  á  los  tipos  sencillos  y  «  de  una  piesa  »  :  la  fuerza, 
con  Napoleón :  la  santidad,  con  Vicente  de  Paul  ;  la  honradez,  con  Washington  —  6 
Belgrano. 


193  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

giéndole  á  Montevideo  las  instrucciones  para  que  se  trasladara,  sin 
pérdida  de  momento  á  su  destino.  Naturalmente,  EHo  cumplió  la 
primera  orden,  embarcándose  á  principios  de  abril,  y  cuando,  un  mes 
después,  llegó  la  segunda,  se  encontraba  cruzando  u  urgentemente  » 
el  ecuador  (i). 

En  cuanto  á  Liniers,  que  también  recibió  á  fines  de  marzo  una  nue- 
va intimación  para  trasladarse á España,  muy  pronto  hubo  de  com- 
prender que  serían  vanos  sus  efugios  dilatorios.  Con  inaudita  acti- 
vidad y  no  menos  admirable  complacencia,  Cisne  ros  aceleró  los  pre 
parativosdel  embarco  como  si  en  el  viaje  de  su  predecesor  cifrara  una 
victoria :  á  todo  hallaba  fácil  respuesta;  no  había  exigencia  que  en  el 
acto  no  satisficiera.  Desde  principios  de  abril,  los  escribientes  del 
Fuerte  no  hicieron  sino  extender  y  copiar  oficios  relativos  á  la  di- 
chosa marcha.    Después  de  la  prevención  general,  en  que  avisa  al 
comandante  de  marina  que   «  debiendo  trasladarse  á  España  el 
Excmo.  Virrey  que  fué  de  estas  Provincias,  le  ha  ofrecido  la  corbe- 
ta Descubierta  para  que  pueda  transportarse  con  toda  la  comodidad 
y  distinción  que  es  correspondiente  ásu  rango»;  el  i6:  oficio  al 
comandante  del  bergantín  Belén,  para  que  conduzca  á  Montevideo 
al  Excmo;  el  i8 :  oficio  al  comandante  del  falucho  Fama  para  que 
aguarde  en  San  Nicolás  y  conduzca  al  bergantín  Belén  al,  etc. ;  el  2 1 : 
oficio  al  gobernador  interino  de  Montevideo,  don  Joaquín  de  Soria, 
para  que  reciba  de  paso  con  todos  los  honores  debidos  al   Excmo. 
señor...  ut  sapra,  Pero,  á  última  hora,  el  presunto  viajero  manifes- 
tó ser  retenido  por  ciertas  dificultades  económicas,    sólo  salvables 
(insinuaba)  mediante  un  auxilio  de  8000  pesos,  «  sin  perjuicio  de 
la  liquidación  de  los  55oo  pesos  del  pago  de  Alta  Gracia,  quedando 

(i)  Véaaae  loa  documontos  ig,  i^bisy  a^.  Dice  Elio,  en  su  Manifiesto  citado,  pá^na  >>  ' 
«  ¿  Cuál  seria  mi  sorpresa  cuando,  al  presentarme  en  Cádiz  á  la  Regencia  y  Ministros* 
unos  y  otros  me  preguntaron  la  causa  de  mi  venida...  [pues]  me  habían  enviado  tres 
meses  hacia  los  despachos  de  Capitán  general  de  Chile  ?  »  La  ignorancia  de  los  ministros 
es  explicable...  en  Cádiz,  pero  no  la  sorpresa  del  embustero  que  traía  en  su  maleta  U 
orden  anterior  de  la  Junta.  Sabido  es  que  el  incorregible  navarro  volvió  al  Plata,  en 
enero  del  año  siguiente,  como  virrey  in  partibas  infidelium. 


SANTIAGO  LINIERS  198 

hipotecada  la  pensión  [de  su  título]  y  la  misma  hacienda  )>.  ¡Nunca 
lo  insinuara!  Todo  fué  en  el  acto  concedido  y  facilitado;  en  3o  de 
abril,  el  gobernador  de  Córdoba  comunicaba  haberse  entregado  á 
Liniers,  por  aquellas  cajas,  la  suma  acordada,  quedando  autorizado 
donjuán  Périchon  para  percibir  allí  mismo,  de  los  fondos  de  Taba- 
cos, la  pensión  de  cien  mil  reales  dejada  por  Liniers  á  su  «  benemé- 
rita familia  »...  Cisneros  gastaba  en  verdad  para  su  «  inolvidable 
amigo  »  el  puente  de  plata  que  debe  ponerse,  según  el  refrán,  al 
enemigo  que  huye. 

Sea  cual  fuere  el  propósito  de  Cisneros  y  sus  consejeros,  no  es 
dudoso  que  con  sus  instancias  y  providencias  trabajaban  sin  saberlo 
por  la  salvación  de  Liniers.   Hubo  así,    durante  dos  meses,   una 
conspiración  inconsciente  de  los  hombres  y  las  circunstancias  para 
substraerle  á  su  suerte  fatal ;  tanto  que,  comprometida  su  palabra,  ya 
en  posesión  de  su  viáfico  y,  por  decirlo  así,  arrastrado  á la  puerta  de 
salida,  el  infeliz  virrey,  casi  salvado  á  pesar  suyo,  se  apercibió  seria- 
mente para  su  viaje  de  ultramar,  empleando  en  los  últimos  arreglos 
y  preparativos  aquellas  semanas  de  mayo.  Podía  embarcarse  tran- 
€[uilopara  la  Península,  en  demanda  de  reparación  y  justicia.   Nin- 
guna inquietud  le  quedaba  respecto  de  los  suyos ;  bajo  la  protección 
de  su  hijo  maypr  y  su  yerno,  rodeada  de  parientes  y  amigos,  su 
familia  había  de  compartir  entre  la  estancia  y  la  ciudad  la  cómoda 
existencia,  teniendo  bien  asegurado  su  bienestar.  A  última  hora,  se 
resolvió  amigable  y  satisfactoriamente  un  asunto  relativo  á  su  pro- 
piedad de  Alta  Gracia  :  el  antiguo  propietario  consintió  en  cederle 
la  legua  de  campo  que  se  había  reservado  sobre  el  arroyo  de  Anisa- 
cale,  y  Liniers  tuvo  que  irá  Córdoba  para  extender  la  escritura  (i). 

(i)  De  unaioieresante  carta,  que  el  doctor  Julio  Rodríguez  escribió  sobre  el  asunto  al 
doctor  Ramón  J.  Cárcano,  y  que  éste  se  ha  servido  comunicarme,  extraigo  estos  datos  com- 
plementarios y  extraídos  de  las  mismas  escrituras  de  venta :  a  Del  precio  (de  Alta  Gracia) 
se  deja  en  poder  de  Liniers  SSoo^pesos  para  pagar  lo  que  aún  debe  Rodrigues  al  rei  por 
capital  é  intereses  de  su  compra  (que  fué  por  8000  pesos).  Es  cláusula  del  contrato 
que  Liniers  tendrá  el  patronato  de  la  iglesia,  como  lo  tenia  Rodrigues.  En  26  de  marzo 
de  i8ai,  doña  Carmen  Liniers  de  Périchon  y  doña  Enriqueta    Liniers,  por  sí  y  como 

AVAUS   DB    Vk    BIBLlOraCA.  T.    lU  1 3 


194  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Consta  por  ésta  que  el  acto  se  realizó  el  25  de  mayo  de  1810:  al 
pronto,  esta  fecha  fulgurante  sólo  significó  para  él  una  formalidad 
de  escribanía.  Allí  le  sorprendió,  álos  cinco  ó  seis  días,  el  anuncio 
formidable,  en  casa  de  su  amigo  Concha,  en  la  Plaza  Mayor  (i). 
Vanos  habían  sido  todos  los  esfuerzos  de  los  hombres  y  de  las  cosas 
para  arrancar  del  libro  fatídico  la  página  de  sangre:  nadie  se  libra 
de  su  destino,  y  era  el  del  penúltimo  virrey  servir  de  víctima  propi- 
ciatoria á  la  Revolución. 


III 


El  1 3  de  mayo  de  18 10,  arribó  á  Montevideo  la  fragata  inglesa 
Parts,  capitán  Wichard,  con  cincuenta  y  tres  días  de  navegación 
de  Gibraltar,  y  trayendo  por  consiguiente  noticias  de  Andalucía 
hasta  el  20  de  marzo.  El  virrey  Cisneros  miró  imposible  ocultar 
esta  vez  los  hechos  materiales.  El  18,  dirigió  álos  «  leales  y  gene- 
rosos pueblos  del  virreinato  »  una  proclama  en  que  pintaba  á  las 
tropas  francesas  «  derramándose  por  las  Andalucías  como  un  torren- 
te que  todo  lo  arrastra  »;  agregaba  que  España,  á  pesar  de  estos  de- 

tutora  de  sus  hermanos  menores  José,  Santiago  *,  Mariano,  Tomás  y  Dolores,  por  inter- 
medio do  su  apoderado  don  Juan  B.  Echevarría,  venden  en  remate  público,  con  autori- 
zación é  intervención  del  gobierno,  á  don  Manuel  J.  Solares  la  estancia  de  Altagracia  por 
iSooo  pesos;  del  expediente  consta  que  estaba  abandonada  ». 

(i)  López  y  otros  historiadores  aceptan  la  versión  del  capellán  don  Pedro  A.  Jiménez 
(transcripta  eri  Torrente,  I,  6g)  según  la  cual  «el  joven  Lavin,  portador  de  las  comunica- 
ciones de  Cisneros,  salió  de  Buenos  Aires  el  a 5  á  la  noche  y  llegó  á  Córdoba  á  las  once 
y  media  de  la  noche  del  aS  ».  Veremos  luego  cómo  el  viaje  de  Lavin  no  se  refere  ¿este 
primer  anuncio,  pero  no  es  admisible  que  nadie  hiciera  en  tres  días  el  trayecto.  De 
Buenos  Aires  á  Córdoba  hay  700  kilómetros,  ó  163  leguas  argentinas,  que  serian  más 
por  el  antiguo  camino  del  Perú  (las  postas  cobraban  entre  170  y  180.  s^^n  fuera  la 
tolerancia  de  los  gobiernos)  :  un  término  medio  diario  de  5/i  leguas,  durante  tres  días, 
sería  una  hazaña  apenas  creíble  do  varios  jinetes  que  se  relevasen  y  con  tropa  de  caba- 
llos: de  un  hombre  solo,  por  la  posta,  con  las  demoras  inevitables,  es  imposible.  En 
realidad,  las  primeras  noticias,  que  se  tuvieron  el  3o,  sólo  alcanzaban  al  a3. 

*  Estos  dos  eran  mayores  y  ausentes :  por  ellos  estarla  el  apoderado. 


SANTIAGO  LINIERS  196 

sastres,  estaba  muy  distante  de  abatirse  y  «  rendir  su  cerviz  á  los 
tiranos  ».  El  enfático  documento  terminaba  con  la  peligrosa  decla- 
ración de  que,  aun  en  el  caso  de  haberse  perdido  España,  le  queda- 
rían á  la  independiente  monarquía  a  estos  vastos  continentes  ». 

Precisamente  la  faz  más  grave  de  la  situación  peninsular,  y  que 
en  esta  capital  se  comentaba  aunque  Gisneros  la  desmintiese,  era  lo 
de  haberse  acogido  al  rey  José  y  sus  tenientes,  en  las  principales 
ciudades  de  Andalucía,  con  muestras  inequívocas  de  adhesión  y 
rendimiento :  Sevilla  y  Málaga  habían  abierto  sus  puertas  sin  resis- 
tencia ;  el  general  Sebastiani  fué  recibido  en  Granada  por  una  di- 
putación del  clero  y  de  u  hombres  prudentes  »  ;  en  Górdoba  el  rey 
José  hizo  una  entrada  triunfal :  «  salieron  diputaciones  á  felicitar- 
le, cantóse  el  Te  Deum,  hubo  fiestas  públicas  en  celebración  del 
triunfo,  y  (dice  el  historiador  clásico  del  Levantamiento)  esmeróse 
el  clero  en  los  agasajos  (i)  )).  Enfrente  délos  vencedores,  apoya- 
dos ahora,  más  que  en  sus  ejércitos,  en  el  acatamiento  y  la  resig- 
nación de  los  vencidos,  sólo  quedaba  un  fantasma  de  gobierno  ilegal, 
refugiado  en  la  Isla  de  León  ya  batida  por  el  enemigo  :  una  Regen- 
cia heredera  de  la  desacreditada  Junta,  que  sólo  había  podido  legar- 
le su  impotencia  y  gérmenes  de  anarquía  (2).  Tal  era  la  situación 
presente  y  evidente  de  la  Península,  en  los  primeros  meses  de  18 10; 
y  si,  como  lo  hemos  visto,  el  mismo  Wellington  la  juzgaba  deses- 
perada, no  había  de  exigirse  á  estos  coloniales  que  adivinasen  ádos 

(i)  ToneNO,  Historia  del  levantamiento ^  II,  /ioo. 

(a)  El  historiador  López  coafecciona  aquí  un  extraordinario  baturrillo  (Historia,  II, 
'i58) :  «  El  pueblo  de  Sevilla  se  había  sublevado  contra  la  Junta  Central.  Los  miembros 
de  ella  habían  tenido  que  huir  del  furor  popular.  En  Cádiz  habían  sido  depuestos  y 
perseguidos  como  traidores.  Los  unos  habían  sido  encarcelados  y  los  otros  deportados, 
mientras  el  pueblo  creaba,  de  su  propia  autoridad,  nada  menos  que  una  Hegeneia  de  Es- 
paña y  de  las  Indias... í>  Es  pura  fantasmagoría.  La  translación  de  la  Junta  á  la  Isla  de 
León  estaba  decretada  desde  el  i3  de  enero:  al  acercarse  los  franceses,  los  vocale»  se 
pusieron  en  viaje  upara  no  caer  en  manos  del  enemigo  o  (Toreno).  En  Cádiz,  cierto  es 
que  estalló  un  tumulto  contra  la  Junta,  el  3o  de  enero,  pero  el  3i  fué  su  último  acto 
gobernativo  designar  é  instalar  una  Regencia  de  cinco  individuos,  uno  de  éstos  ameri- 
cano (¡  á  buen  tiempo  I) ;  sólo  entonces  se  disolvió  la  Central,  sin  que  el  pueblo  tuviese 
la  menor  parte  en  la  creación  de  la  Regencia. 


I  96  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

mil  leguas  lo  que  se  ocultaba  al  general  inglés.  Sobre  la  base,  pues, 
de  la  pérdida  de  España  ó  sea  su  ocupación,  al  parecer  definitiva,  por 
los  franceses,  se  levantaron  los  proyectos  de  los  patriotas  y  se  ini- 
ciaron sus  primeros  ensayos  de  realización ;  no  sin  muchos  errores 
y  contradicciones,  si  bien  con  un  propósito  emancipador,  vago  y 
mal  formulado  al  principio,  pero  que  reaparecía  y  tomaba  consis- 
tencia á  raíz  de  cada  desacierto  hasta  imponerse  á  todos  como  el 
único  fin  de  sus  esfuerzos. 

La  noche  misma  del  18,  en  que  las  gravísimas  noticias  circularon 
por  la  ciudad,  reuniéronse  en  casa  del  coronel  Martín  Rodríguez 
varios  patriotas  (i) ;  pero  estaban  ausentes  de  la  ciudad  algunos  de 
los  principales,  y  desde  luego  Saavedra,  el  comandante  de  Patri- 
cios, de  cuyo  concurso  dependía  cualquier  determinación.  Encar- 
góse el  mayor  Viamonte  de  llamar  á  su  jefe,  quien,  efectivamente, 
llegó  de  San  Isidro  el  día  siguiente.  Después  de  enterarse  de  los  su- 
cesos, manifestó  sin  ambajes  que  labora  era  llegada,  y,  por  pronta 
providencia,  ordenó  á  las  fuerzas  de  su  mando  permanecer  en  sus 
cuarteles  «  completamente  municionadas  » .  La  «  Sociedad  de  los  sie- 
te »  citó  á  sus  afiliados  y  algunos  más  para  la  noche  del  ig,  en  casa 
de  Rodríguez  Peña.  Allí  concurrieron,  en  número  de  doce  ó  catorce 
entre  militares  y  civiles,  los  promotores  de  la  independencia,  Saa- 
vedra, Belgrano,  Peña,  Passo,  Ghiclana,  Vieytes  y  otros,  —  con 
excepción  de  Moreno,  á  quien  indebidamente  se  ha  hecho  figurar 
entre  los  obreros  de  la  primera  hora  (2).  La  actitud  de  la  junta  y  la 

(i)  Para  estos  preliminaros  ocultos  de  la  revolución,  suministran  algunos  detalles  inte- 
resantes la  Memoria  de  Saavedra  y  el  Fragmento  de  Rodríguez ;  pero  uno  y  otro  docu-  J 
mentó  deben  usarse  con  reserva  y  precaución,  pues  se  resienten  de  la  falta  de  memoria 
de  los  testigos  envejecidos.  Asi,  para  el  detalle  á  que  esta  nota  corresponde,  siendo  se- 
guro que  hubo  una  reunión  preparatoria  y  parcial  el  i8  &  la  noche,  parece  mis 
probable  que  ésta  se  realizara  en  la  casa  do  Rodrigues  (Cangallo,  frente  á  Catalanes), 
que  en  la  de  Viamonte,  como  afirma  Saavedra :  éste  estaba  ausente,  y  aquél  dos  veces  pre- 
sente, si  tal  puede  decirse,  como  actor  y  dueño  de  casa. 

(a)  Más  extraño  aún  es  ver.  según  el  señor  Mitre  (Belgrano^  3o4)«  á  don  Juan  Mar- 
tin Pueyrredón,  en  mayo  de  18i0,  «convocando  sigilosamente  á  su  casa  á  todos  los  jefes 
militares,  entre  los  cuales  se  encontraban  algunos  jefes  españoles. . .  »  Agrega  el  historia- 


SANTIAGO  LINIERS  197 

índole  de  la  prolongada  discusión  se  infieren  Je  algunos  documen- 
tos —  si  bien  contradictorios  en  los  detalles  —  y,  sobre  todo,  de  los 
hechos  posteriores.  ¿  Cuál  fué,  con  efecto,  la  resolución  unánime- 
mente acordada?  La  de  obtener  del  Cabildo,  y  por  éste  del  virrey,  lá 
autorización  necesaria  (mantenido  el  principio  legal)  para  convocar 
al  vecindario  pacífico,  al  objeto  de  decidir  si  era  ó  no  llegado  el  caso 
de  subrogar  á  dicho  mandatario  por  una  Junta  gubernativa.   Esta 
conclusión  resultaría,  evidentemente,  del  examen  que  se  hizo,  á  la 
luz  de  los  últimos  sucesos,  de  la  situación  que  el  estado  de  la  metró- 
poli creaba  para  las  colonias.  Confesado  por  el  mismo  virrey  el  ani- 
quilamiento de  la  causa  por  él  representada  y  el  indiscutible  predo- 
minio déla  contraria,  no  quedaba  para  las  colonias  americanas  más 
alternativa  que  someterse  al  poder  establecido  de  José,  como  lo  ha- 
cían todos  los  gobiernos  que  con  España  no  estaban  en  guerra,  ó  si  no 
reasumir  cada  una  de  éstas  su  autonomía,  según  el  ejemplo  de  las 
provincias  peninsulares.    Siendo  el  primer  partido  sentimental  y 
politicamente  impracticable,  —  y  por  cierto  que  de  Cisneros  abajo 
no  había  español  que  lo  aconsejara,  —  sólo  quedaba  el  segundo, 
cuyas  dificultades  y  riesgos  no  debían  tenerse  en  cuenta,  si  resulta- 


dor  qae  «era  la  repetición  de  la  Junta  que  nueve  meses  antes  habia  tenido  lagar  en  la 
misma  casa...»  No  hay  repetición  sino  en  el  texto  del  señor  Mitre.  Pueyrredón  estuvo 
ausente  del  Rio  de  la  Piala  sin  interrupción,  desde  agosto  de  i8og  hasta  el  nueve  de  ju- 
nio de  1810.  en  que  volvió  del  Brasil  y  tomó  tierra  en  la  costa  argentina,  u  veinte  y  cin- 
co leguas  al  sur  de  esta  capital».  (V.  el  folleto  do  Pueyrredón  :  Refutación  d  ana  atroz 
calumnia).  Zinny  y  Guido  confirman  el  hecho,  pero  su  testimonio  no  tiene  valor :  cuando 
no  copian  á  Pueyrredón,  incurren  en  paparruchas  como  la  escena  patética  entre  doña 
Juana  P.  de  Sáenz  Valiente  y  Cisneros  en  el  Fuerte,  en  julio  de  i8oy.  cuando  el  virrey 
estaba  todavía  en  la  Colonia.  —  Sóbrela  estancia  de  Pueyrredón  en  Río  de  Janeiro,  véase 
la  carta  de  Casa  Irujo,  documento  número  33.  El  señor  Mitre  ha  sido  inducido  en  error 
por  M.  Rodríguez,  cuya  página  (10,  en  la  Biblioteca  del  Comercio  del  Plata^  V)  ha 
transcripto  casi  literalmente,  en  el  mismo  capitulo  en  que  nos  pone  en  guardia  contra  las 
inexactitudes  del  Fragmento,  dictado  casi  in  articulo  mortis.  Empero,  á  falta  de  cualquier 
documento,  ¿cómo  no  bastó  el  sentido  critico,  el  simple  buen  sentido,  para  dar  el  alerta 
ante  el  absurdo  de  estar  en  Buenos  Aires,  á  principios  de  mayo  de  18 10,  un  personaje 
como  Pueyrredón.  que  junta  en  su  casa  á  los  jefes  patriotas,  y  luego  se  desvanece,  sin 
qae  se  halle  en  parte  alguna  quince  días  después,  durante  la  revolución,  ni  siquiera 
entre  lo«  vecinos  del  cabildo  abierto? 


1 9»  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ba  ser  el  único  posible.  ¿  Merecía  tomarse  en  consideración  el  arbi- 
trio, propuesto  naturalmente  por  el  virrey,  de  seguir  como  antes, 
afectando  las  colonias  desentenderse  de  un  acontecimiento  que  tras- 
tornaba el  principio  de  su  existencia,  y  continuando  amarradas  á 
un  cadáver  ?  Dos  años  hacía  que  el  virrey  no  era  sino  el  represen- 
tante de  un  rey  fantasma :   ahora,  desaparecida  la  Junta  Central, 
aquél  venía  á  ser  la  ñcción  de  una  ficción,  un  título  vano,  un  simu* 
lacro  verbal,  —  y  las  colonias,  pobladas  de  seres  reales  y  conscien- 
tes, á  convertirse  por  tiempo  indefinido  en  satélites  de  un  astro 
ausente ! 

Tales  fueron,  sin  duda,  las  cuestiones  que  en  aquella  noche  se  abi- 
taron, y  en  cuya  solución  no  dejarían  de  pesar  las  circunstancias 
individuales  del  mandatario  apocado  é  impopular,  que  aparecía  re- 
sumiendo en  su  persona  la  incurable  caducidad  del  régimen  agoni- 
zante. Con  todo,  debe  observarse,  —  según  del  primer  cabildo  abier- 
to se  deduce,  —  que  la  opinión  de  la  mayoría  no  se  adelantaba 
entonces  á  la  instalación  de  una  Junta  de  gobierno  y  vigilancia  que 
no  excluía  de  su  seno  al  virrey,  análoga  á  la  de  Montevideo  y  tam- 
bién á  un  proyecto  anterior  de  Moreno.  Pero  no  se  camina  á  pasos 
contados  por  la  pendiente  revolucionaria;  una  vez  abierta  la  menor 
brecha  en  la  vetusta  muralla  de  la  tradición,  ella  había  de  ensan- 
charse y  ahondarse  más  y  más  hasta  dar  paso  libre  al  pueblo  des- 
bordado. 

Por  lo  pronto,  en  cumplimiento  de  lo  resuelto  en  la  reunión  de 
la  víspera,  Saavedra  y  Belgrano  tuvieron  el  día  20  una  conferencia 
con  el  Alcalde  de  primer  voto  don  Juan  José  Lezica  sobre  el  pro- 
yecto de  cabildo  abierto,  mientras  Castelli  se  acercaba  con  el  mismo 
objeto  al  Síndico  procurador  don  Julián  de  Leiva,  cuya  influencia 
en  el  Cabildo  era  más  decisiva  aún  (1).  A  pesar  de  ser  americanos 
ambos  capitulares,  la  solicitud  de  la  junta  fué  acogida  por  Leiva 
con  cierta  frialdad,  y  por  Lezica  con  marcada  repugnancia;  sin 

(i)  Esta  designación  de  los  diputados  es  la  que  da  Saavedra :  puede  que  se  agregaran 
algunos  otros,  según  se  dice  en  el  Acta  Capitular  del  ai. 


) 


SANTIAGO  LINIERS  199 

^^mbargo,  dominados  por  la  enérgica  insistencia  de  sus  interlocuto- 
^»*es,  fueron  el  mismo  día  á  consultar  al  virrey,  quien,  después  de 
'«Huchas  objeciones,  se  mostró  dispuesto  á  ceder  á  un  pedido  escrito 
<3el  Ayuntamiento.  Con  todo,  Cisneros  convocó  aquella  misma  tar- 
de i  los  jefes  de  cuerpos  en  la  Fortaleza  para  sondar  sus  intenciones, 
íl  mismo  confiesa,  en  su  Informe  al  Rey ^  que  sintió  el  terreno  mi- 
nado por  los  «  facciosos  » :  Saavedra,  en  nombre  de  todos  los  crio- 
llos, manifestó  la  urgencia  de  un  congreso  popular  que  estatuyese, 
no  sólo  sóbrela  actitud,  sino  sobre  la  composición  de  la  autoridad 
que  las  circunstancias  demandaban  (i).  El  Cabildo  se  reunió  al  día 
siguiente.  21,  alas  9  de  la  mañana;  y  hallábase  tratando  con  cierto 
^lesgano  de  «lo  conveniente  á  la  república»,  cuando  vinoá  estimu- 
lar su  celo  «  un  número  considerable  de  gentes  que  se  agolpó  á  la 
\  ^^laza  Mayor  (2)  »,  pidiendo  á  voces  el  cabildo  abierto  :  eran  eviden- 

*eniente  los  exaltados  del  conciliábulo  que  comenzaban  á  pesar  en  las 

\  ^"^'^raciones  de  las  autoridades,  lanzando  á  la  calle  sus  elemen- 

tos   T  .  '         . 

'  ^'^mediatamente  se  redactó  el  oficio  al  virrey,  pidiéndole  con- 
/  ^Ose  <,  permiso  franco  para  convocar,  por  medio  de  esquelas,  la 

ft/ucip^  y  más  sana  parte  del  vecindario,  á  fin  de  que,  en  un  con- 
^tef^o  Publico,  exprese  la  voluntad  del  pueblo.  Y  se  sirva  disponer 
0^&  en  ^1  ¿{g^  jgi  congreso,  se  ponga  una  reforzada  guarnición  en 
Xa^av^j^jj^g  de  la  plaza,  para  que  contenga  todo  tumulto  y  sólo  per- 
^í^trar  á  los  que  con  la  esquela  de  convocatoria  acrediten  que 
^^^^  llamados  (3)  » .  El  oficio  fué  llevado  á  Cisneros  por  los  cabil- 

Cl^     13*1 

^'^    señor  Mitre  continúa  aceptándola  versión  de   Martin  Rodríguez  que,  visible- 

.     .        *    ^Qt  la  breloqae  en  todo  este  episodio,  confundiendo  esta  entrevista  con  otra  po»- 

fp,        '     Plasta  se  apropia  y  coloca  fuera  de  lugar  este   rasgo  tintamarresco  de  Rodríguez 


^^^nlo,  9.  Cf.  Belgrano^  1,  3o9)  que  pertenece  á  una  conferencia   de  principios  de 

<<  Martin  Rodrifuez  diio  con  marcada  intención  :  Eso  se  verd  mañana  !  —  Cisneros 

^  sordo  no  le  oyó :  pero  los  oidores  quedaron  pálidos...  »  Naturalmente,  los  oido- 

^oiaui  oído !!  Cf.  López,  Historia^  11,  t^^i■  No  parece  sino  que  la  sordera  de  Cisne- 

^^ra  el  rasgo  característico  de  la  situación. 

^^)   Acta  capitular  del  ai  de  mayo.    En  general  la  edición  del  Registro  es  mejor  que 
^  Angelis,  plagada  de  errores. 

v^)  Ibid.  AUi  también  se  transcriben  el  oficio  del  Cabildo  y  la  contestación  del  virrey. 


aoo  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

dantes  Ocampo  y  Domínguez,  con  pedido  de  pronta  contestación ; 
ésta  llegó  antes  de  la  hora,  conforme  á  lo  solicitado,  aunque  en- 
vuelta la  aquiescencia  en  fórmulas  entonadas  que  ocultaban  mal  la 
entrega  á  discreción.  Entre  tanto,  no  se  disolvían  los  grupos  de  la 
plaza ;  á  las  explicaciones  que  daba  el  Síndico  desde  el  balcón  del 
Cabildo,  contestaban  ya  clamores  insólitos  exigiendo  la  deposición 
del  virrey.  Sólo  Saavedra,  llamado  átoda  prisa,  logró  apaciguar  el 
tumulto  con  la  promesa  del  cabildo  abierto  para  el  día  siguiente. 
Entonces  aplaudieron  y  se  retiráronlos  manifestantes,  llenos  de  jú- 
bilo, aunque  ninguno  de  ellos  tuviera  esquela  ni  formara  parte 
del  sano  vecindario. 

El  cabildo  abierto  del  22  de  mayo  señala  el  acto  decisivo  de  la 
revolución  argentina.  A  él  concurrieron  para  combinarse  ó  comba- 
tirse, las  fuerzas  varias,  añnes  ó  refractarias,  que  de  años  atrás  ve- 
nían trabajando  el  complejo  organismo.  Tendencias  atávicas,  pri- 
vilegios de  sangre  y  casta,  rivalidades  profesionales,  antagonismos 
de  fortuna  y  condición,  fanatismo  religioso  ó  político,  sedimento 
de  desprecio  en  unos,  de  rencor  en  otros,  depositado  por  dos  siglos 
de  abusos ;  aspiraciones  democrátix^as,  en  que  el  impulso  social  á 
la  igualdad  no  se  divorciaba  del  prurito  antisocial  de  indisciplina  y 
anarquía:  apego  rutinario á  la  tradición,  que  con  ser  mera  sumi- 
sión al  hábito  se  apellidaba  «  experiencia  »  ;  vagos  deseos  de  trastor- 
nos, disfrazados  de  anhelos  reformistas ;  cálculos  del  interés  y  la  am- 
bición, junto  á  los  purísimos  ideales  del  patriotismo ;  sed  de  nove- 
dad en  los  jóvenes,  aprensión  de  lo  desconocido  en  los  viejos  (i); 


que  principia  asi  :  uAcabo  de  recibir  el  oficio  de  V.  E.  de  esta  fecha,  ahora  qae  son 
las  diez  de  la  mañana,  y  enterado  de  su  contexto,  estoy  desde  luego  pronto  á  acordar 
á  V.  E.,  como  lo  ejecuto,  el  permiso  que  solicita  para  el  fin  y  las  condiciones  qae  me 
indica...  »  Sean  cuales  fueran,  pues,  las  resistencias  internas  y  muy  naturales  del  manda- 
tario español,  no  se  puede  decir,  como  lo  hace  el  señor  López  (UI,  7)  que  «Cisneros 
se  había  opuesto  hasta  más  no  poder...  »  Es  apenas  si  su  oposición,  más  oficial  que  per 
sonal,  llegó  hasta  el  cumplimiento  de  su  deber. 

(i)   TAcito,    Ánnal.    XV,    xlvi  :    Ut   est  [pópalas J   novaram   reram    enpiens  pañdus" 
qae. 


SANTIAGO  LINIERS  aoi 

en  todos,  la  conciencia  de  un  cambio  necesario,  aunque  sólo  subs- 
tituyese en  el  escudo  nacional  el  símbolo  popular  al  antiguo  emble- 
ma dinástico;  en  nadie,  la  visión,  siquiera  confusa  y  aproximativa,  del 
edificio  futuro  que  de  los  escombros  coloniales  podía  y  debía  surgir : 
tales  eran  los  móviles  encontrados,  caótica  amalgama  de  preocupa- 
ciones heredadas,  sentimientos  sugeridos  é  ideas  reflejas,  que  im- 
pelían hacia  la  Plaza  Mayor,  en  aquella  mañana  de  invierno,  á  la 
mayoría  de  los  pacíficos  vecinos  por  el  Cabildo  convocados.  Con  to- 
do, de  tan  diversos  y  contradictorios  componentes,  había  de  resul- 
tar, por  la  curiosa  ley  de  las  compensaciones,  un  compuesto  lógico 
Y  prácticamente  superior  á  cualquiera  de  ellos,  á  manera  de  ciertas 
aleaciones,  que  sólo  presentan  las  propiedades  útiles,  sin  los  defec- 
tos, délos  metales  constituyentes  (i). 

Desde  las  nueve  de  la  mañana  del  martes,  22  de  mayo,  halláron- 

(1)  El  documento  capital,  para  el  estudio  de  este  prólogo  revolucionario,  es  el  Acta 
del  Congreso  general  anieniicsíáa  por  el  Escribano  de  Gibildo.  Por  cierto  que  os  incomple- 
ta y  no  reproduce  toda  la  realidad  ;  pero  sólo  allí  está  la  verdad,  siquiera  descolorida  y 
fragmentaria,  y  todo  ensayo  de  reconstrucción  que  no  se  funde  en  aquélla,  flota  en  plena 
conjetura.  Mucho  podría  extraerse  de  dicho  documento  minuciosa  y  severamente  anali- 
zado :  repito  que  en  esto  esbozo  no  me  toca  sino  indicar  las  lineas  generales,  si  bien  to- 
mada»  directamente  del  único  testimonio  irrefragable,  con  las  reservas  que  la  crítica  acon- 
seja. Hemos  visto  ya  cómo  todas  las  deposiciones  individuales,  de  testigos  oculares  ó  de 
oídas,  adolecen  de  vicios  insanables ;  en  sus  páginas  finales  el  Fragmento  de  Rodríguez  es 
una  perpetua  divagación  ;  la  Memoria  de  Saavedra  tqu^  ^n  esta  parte  mejor  se  llamaría 
Desmemoria)  es  un  tejido  de  errores  :  baste  decir  que,  después  de  fijar  para  el  Cabildo 
abierto  el  día  7o  («  El  2  a  [la  Junta]  principió  sus  sesiones,  y  nada  se  hizo  en  ellas  que 
mereciese  la  atención  >*>!),  dice  que  «la  generalidad  del  numeroso  concurso»  se  decidió 
por  el  voto  de  Ruiz  Huidobro  ;  el  cual  importaba  el  reconocimiento  de  la  Regencia  !  — 
Manuel  Moreno  (Prefacio,  cxxviii)  para  hacer  más  negra  la  n  traición  )>  del  Cabildo, 
dice  que  la  Junta  del  a4  «  se  componía  del  virrey  y  dos  vocales  europeos»  ;  sabido  es  que 
los  vocales  de  dicha  Jui)ta  eran  Sola  (clérigo),  Castelli  (abogado),  Saavedra  (militar)  é  In- 
cháarregui  (comerciante)  :  sólo  el  último  era  europeo,  y  había  votado  en  el  Cabildo 
abierto  con  Sola,  es  decir,  como  Bclgrano,  Castelli,  Moreno,  Passo,  etc.  De  esta  laya 
Km  los  demás  testimonios  con  parcial  excepción  del  Informe  de  Cisneros.  Sin  embargo, 
nuestros  historiadores  lo  usan  paralela,  si  no  preferentemente,  al  único  digno  de  fe.  En 
cuanto  á  las  pinturas  locales  y  fragmentos  de  discursos  intercalados,  son  de  pura  fanta- 
úa  ;  por  lo  que  dan  los  escrit^ts,  puede  el  lector  juzgar  lo  que  serán  las  «  conversacio- 
nes» reproducidas  á  medio  siglo  de  distancia  y  con  tres  ó  cuatro  intermediarios. 


303  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

se  reunidos»  en  las  galerías  altas  de  la  casa  consistorial,  los  funciona- 
rios y  vecinos  invitados  para  el  cabildo  abierto.  La  tarjeta  de  convo- 
cación llevaba  la  doble  advertencia  de  a  asistir  sin  etiqueta  algu- 
na »  y  «  manifestar  esta  esquela  á  las  tropas  que  guarnezcan  las  ave- 
nidas de  esta  plaza,  para  que  se  les  permita  pasar  libremente  n.  De 
los  45o  invitados  que,  á  juicio  del  Ayuntamiento,  componían  «  Ja 
principal  y  más  sana  parte  del  vecindario  »,  concurrieron  244 exac- 
tamente, fuera  de  los  capitulares  que,  por  supuesto,  no  tenían  >oz 
ni  voto.  El  doble  hecho  de  ser  en  su  mayor  parte  españoles  los  abs- 
tinentes y  pertenecer  las  guardias  de  las  bocacalles  á  la  legión  patri- 
cia, motivó  protestas  y  acusaciones  de  parcialidad  contra  Saavedra 
y  sus  amigos ;  éstos  replicaron  denunciando  la  formación  sobrada- 
mente europea  de  las  listas  municipales :  probablemente  unos  y  otros 
tenían  razón  —  como  que  á  las  maniobras  electorales  se  preludia- 
ba. Fué  comentada  la  ausencia  de  Álzaga,  Santa  Coloma,  Yillanue- 
va  y  otros  españoles  notables,  la  cual  tuvo  por  consecuencia  la  de  sus 
numerosos  partidarios :  á  concurrir  este  grupo  compacto  y  dócil,  el 
triunfo  de  los  conservadores  estaba  asegurado...  por  algunas  horas. 
A  la  tentativa  de  escamoteo  electoral,  los  patriotas  contestaron  con 
el  escamoteo  de  los  electores  adversos ;  los  centinelas  cerraron  la 
entrada  de  la  Plaza  á  la  mitad  de  los  españoles,  dejándola  abierta 
para  grupos  populares  que  formaron  un  público  borrascoso  á  la  fun- 
ción :  Cisneros  deja  entender  que  algunos  de  estos  «  manólos  »  se 
colaron  entre  los  convidados.  Sea  como  fuere,  la  composición  del 
cabildo  abierto,  que  nada  tuvo  de  plebiscito,  reflejaba  con  bástanle 
fidelidad  la  del  vecindario  «  decente  »;  y  si,  aun  con  la  poda  antedi- 
cha quedaba  algo  frondosa  la  sección  española  «  de  este  comercio  «n 
no  puede  decirse  que  hubiera  sido  excluido  un  sojo  criollo  deviso  e 
importancia  en  razón  de  sus  opiniones  políticas  (i).  Respecto  de  la 
nacionalidad,  confieso  que  no  he  intentado  un  pointage  riguroso 
(¡  son  tantos  los  obscuros  «  vecinos  y  de  este  comercio  » !) ;  pero  no 

(i)  De  los  futuros  miembros  de  la  JunU  gubernativa,  sólo  faltaba  el  español  Larrea, 
y  ello,  probablemente,  por  causa  de  ausencia  de  la  ciudad  ú  otro  inconveniente  persoiMl 


SANTIAGO  LINIERS  so3 

parece  dudoso  que  los  americanos  formasen  la  mayoría.  Los  prin- 
cipales estados  sociales  se  hallaban  en  esta  proporción  representa- 
dos :  Jefes  y  oficiales  de  mar  y  tierra,  6o  :  empleados  civiles  (inclu- 
sos alcaldes  y  cónsules),  89 ;  clérigos  y  frailes,  25 ;  profesiones  libe- 
rales (dominando  los  abogados),  26 ;  comerciantes,  hacendados  y 
vecinos  sin  designación,  94  (i).  La  concurrencia,  como  hemos 
dicho,  ocupaba  la  galería  superior  de  la  casa  consistorial ;  el  largo 
balcón  corrido  quedaba  abierto  sobre  la  plaza,  á  vista  del  público 
subrepticiamente  introducido,  como  el  escenario  de  aquella  vasta 
platea.  Sentábanse  los  congregados  en  bancos  traídos  de  las  igle- 
sias y  puestos  en  filas  transversales,  haciendo  frente  al  entarimado 
del  extremo  norte»  donde  se  colocaron,  en  sillas  de  brazos  y  delante 
de  la  mesa  con  carpeta  de  terciopelo,  el  obispo,  la  Audiencia,  los 
altos  funcionarios  y  el  Ayuntamiento  que  presidía  el  acto  (2).  No 
había  orden  prefijado  en  los  asientos,  y  pudieron  los  concurrentes 

(i)  Sólo  en  el  grupo  de  los  empleados  civiles  tenían  los  españoles  mayoria :  entre. 
I06  mismos  militares  dominaban  los  criollos,  gracias  á  los  cuerpos  urbanos. 

(3)  Afirma  Manuel  Moreno  {Prefacio^  cxxv)  que  «  no  se  permitían  espectadores 
que  no  fueran  de  las  personas  convidadas,  ni  congregarse  gente  al  interior  del  edificio 
y  cercanías  do  la  plaza».  Asi  suele  ceñirse  á  la  verdad  el  «gravo  escritor  contemporá- 
neo», como  le  llaman  los  que  son  menos  graves  que  él.  Consta  por  todos  los  testimonios 
de  griegos  y  tróvanos  que  la  Plasa  Mayor  fué  llenándose  poco  á  poco  de  grupos  popula- 
res, muchos  de  ellos  con  armas  ocultas,  que  ejercían  presión  en  la  asamblea,  prorrum- 
piendo, á  una  señal  convenida,  en  aplausos  á  los  votos  adversos  al  virrey  y  rechiflas  á 
los  favorables.  (Oígase  á  Belgrano,  Saavedra,  Cisneros,  etc.)  Los  patriotas,  aunque  due- 
ños de  la  plaza,  pudieron  temer  una  intervención  violenta  del  cuartel  de  Miñones,  con- 
tiguo al  Cabildo  (V.  Bklgraüo,  Aulobiografla) ;  pero  nada  se  intentó,  y,  fuera  de 
alguna  gritería,  todos  los  testigos  (incluso  Cisneros,  que  lo  atribuye  á  terror)  convienen 
en  que  no  se  produjo  el  menor  desorden  en  la  población.  Saavedra  (Memoria^  38)  habla 
de  la  cinta  blanca  y  azul  (?)  que  pusieron  en  su  sombrero  muchos  espectadores  :  corres- 
pondería sin  duda,  como  señal  de  ralliement^  al  pañuelo  blanco  que,  según  Belgrano,  de- 
bía agitarse,  en  caso  necesario,  desde  los  balcones  del  Cabildo.  En  un  manuscripto  anó- 
nimo de  esta  Bibliotoca,  titulado  Diario  de  varios  sucesos^  veo  el  dato  confirmativo 
siguiente  :  «  El  día  a  a  se  vieron  porción  de  Patricios  y  otros  con  cintas  blancas  y  el  re~ 
trato  de  Fernando  VII;  y  estos  mismos  al  siguiente  día  aparecieron  con  un  ramo  de 
oliva  en  el  sombrero.  Hubo  quietud  en  todo  el  pueblo  todos  los  días,  sin  que  se  obser- 
vase en  él  otra  cosa  que  unidad  y  concordancia  en  las  ideas,  habiéndose  notado  que  una 
|>arte  crecida  de  Patricios  estuvieron  armados  de  pistolas  y  puñales  debajo  de  sus  vesti- 
dos, los  cuales  sostenían  se  depusiese  el  virrey  ». 


ao4  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

agruparse  según  sus  afinidades  y  simpatías,  como  se  deduce  de  la 
votación,  en  que  los  votos  idénticos  y  consecutivos  al  de  un  corifeo, 
forman  series  más  ó  menos  prolongadas. 

Sin  embargo,  del  acta  capitular,  atentamente  analizada,  se  infiere 
que,  fuera  de  la  deposición  del  virrey,  en  que  todos  eran  unánimes,  no 
había  precedido  acuerdo  general  de  los  patriotas,  acerca  déla  forma 
de  gobierno  que  provisionalmente  había  de  substituirle;  y  los  núcleos 
uniformes  áque  he  aludido  parecían  resultardejuntas  privadas,  cuan- 
do no  de  simples  relaciones  amistosas.  Mucho  menos  habrá  de  ad- 
mitirse con  los  filósofos  a  posteriori  de  la  historia,  que  uno  solo  de 
los  presentes  llevara  en  su  cabeza  un  plan  de  organización  política, 
aplicable  al  día  siguiente  de  la  emancipación^ que  los  más  resueltos 
de  esos  letrados  entreveían  bajo  su  forma  jurídica,  muy  compatible 
con  el  amor  de  la  madre  patria  y  su  prolongada  tutela.  El  brutal 
hachazo,  que  dividiera  para  siempre  este  miembro  de  aquel  tronco, 
haciendo  dos  cuerpos  independientes  y  luego  enemigos  de  los  que, 
durante  siglos,  fueron  partes  solidarias  de  uno  solo,  con   la  misma 
sangre,  las  mismas  fibras  nerviosas,  el  mismo  sentir  y  el  mismo 
querer,  —  no  lo  preveían  entonces  los  mismos  que  allí  se  sentaban 
y  serían  llamados  á  descargarlo  pocos  dias  después:  ni  Saavedra, 
ambicioso  frío,  sin  más  arrojo  en  los  actos  que  en  las  ideas,  muy 
viejo  ya  para  revoluciones,  y  que  brindaba  su  prudencia  á  los  sucesos 
queexigían  audacia;  ni  Belgrano,inteligenciacrepuscularpoblada  de 
quimeras,  alma  blanda  que  el  deber  y  el  patriotismo  tornaron  he- 
roica, á  modo  del  puñado  de  arena  que  el  fuego  convierte  en  puro  y 
duro  cristal ;  ni  Passo,  orador  firme  y  vacilante  político,  como  que 
su  elocuencia  fogosa  envolvía  un  núcleo  de  escepticismo,  y  quien, 
diez  y  seis  años  después,  llegó  á  negar  la  grandeza  de  su  propia  obra, 
con  tal  de  combatir  el    primer  ensayo  de   mitología  revoluciona- 
ria (i)  ;  ni  Rivadavia,  futuro  protagonista  del  drama  en  cuyo  pró- 

(i)  En  el  Congreso  constituyente  de  i8a6.  sesión  del  a 4  de  mayo  :  proyecto  para 
levantar  en  la  plaza  del  25  de  Mayo  (no  de  la  Victoria,  cuya  pirámide  existia  desde  1811 
y  se  respetaba)  un  monumento  á  los  autores  déla  revolución.  La  interesantísima  discusión 


SANTIAGO  LINIERS  ao5 

logo    no  era  sino  comparsa  :   innovador  fecundo   si  balbuciente 
expositor,  —  vir  bonos  dicendi  imperitas,  —  vigoroso  forjador  de 
utopías,  que  tenia  del  estadista  laautoridad,  la  energía  activa  y  el 
ascendiente  moral,  sin  el  sentido  superior  del  realismo  oportunista  : 
cerebro  efervescente  cuya  radiación,  sólo  visible  al  porvenir,  reme- 
daba esas  fogatas  de  leña  verde  que  levantan  nubes  de  denso  humo 
para  los  circunstantes,  pero,  fulgurando  á  la  distancia,  guían  en  In 
noche  al  viajero  perdido;  ni  Moreno,  por  fin:  Saulo  de  la  indepen- 
dencia, antes  de  hallar   el   camino  de  Damasco  que  le  tornara  su 
apóstol  más  eficaz  y  violento:  hipóstasis  genial  de  la  revolución  que 
necesitó  demoler  para  poder  edificar,  y  á  quien  la  posteridad  per- 
dona sus  errores  en  gracia  de  sus  inspiraciones,  como  la  flota  salva- 
da del  escollo  por  los  relámpagos  nocturnos,  olvida  el  rayo  que  hi- 
rió algunas  víctimas...  Y  si  estos  jefes  de  fila  marchaban  asi  á  la 
ventura,  en  vísperas  de  la  maniobra  decisiva,  dicho  se  está  que  el 
grueso  de  las  tropas  no  sospechaba  siquiera  lo  que  del  choque  de 
las  pasiones  ó  intereses  podía  surgir.   Con  todo,  realizóse  tres  días 
después  la  imprevista  maniobra,  y  en  tal  forma  que  apareció  como 
el  corolario  calculado  y  lógico  de  la  situación.  Tres  días:  el  plazo 
mismo  en  que  debe   ser  destruido  y  reedificado  el  templo  místi- 
co (i).  ¿ Será  verdad  que  en  cíertes  recodos  déla  historia, brote  del 
frotamiento  eléctrico  de  las  masas  una  luz  más  intensa  que  la  del 
mayor  cerebro  individual,  y  que  hay  días  cuyas  horas  preñadas  de 
virtud  creadora  valgan  semanas  para  que  en  su  breve  término  ger- 
mine, florezca  y  madure  aquel  fruto  inmortal  de  la  idea?  ¿O  será, 
más  modesta  y  simplemente,  que  nos  pasmamos,  en  nuestra  igno- 
rancia de  las  causas  y  los  efectos^  ante  nuestra  propia  plasticidad 
para  adaptarnos  á  los  moldes  impuestos  por  las  circunstancias  ? 

se  empeñó  sobre  la  palabra  subrayada  como  en  torno  de  ana  bandera.  El  canónigo  Gorriti 
estuvo  admirable  de  penetración  incisiva  y  filosófica  despreocupación,  no  exenta  de  iro- 
nía. ¡  LÁstima  que  no  fuera  porteño  !  Hoy,  el  mismo  asunto  se  trataría  á  trompetazos,  v 
en  lugar  do  razones  tendríamos  todas  las  fanfarrias  de  las  canciones  de  gesta  :  Sire  Bo- 
alnd,  sonnez  votre  olifani!... 

(i)  Matth.  XXVI,  6 1  :  Possam  destruere  templante  ei  post  tridaam  reedificare  illad. 


3o6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

El  acto  se  inauguró  con  una  breve  proclama  del  Ayuntamiento, 
leída  por  el  escribano  Núñez,  y  que  trazaba  en  esta  forma  el  pro- 
grama del  cabildo  abierto :  «  Ya  estáis  congregados :  hablad  con  toda 
libertad,  pero  evitad  toda  innovación  ó  mudanza».  Después  délo 
cual,  lo  único  que  lógica  y  evidentemente  procedía  era  que  cada  ve- 
cino se  encasquetara  su  sombrero  «  de  pelo  inglés  legítimo»,  que 
seguramente  á  ninguno  faltaba,  y  volviese  á  dormir  la  siesta  en  su 
casa.  Pero  los  notables  no  aceptaron  el  programa,  —  que  recordaba 
el  del  niño  á  quien  se  regala  un  tambor  con  la  condición  no  meter 
ruido,  —  y  pudieron  quedarse  sin  faltar  á  la  lógica.  Careciéndose 
de  toda  experiencia  de  las  asambleas  deliberantes,  no  se  habían  for- 
mulado previamente  las  proposiciones  puestas  á  votación,  de  suerte 
que,  desde  el  arranque,  salióse  de  madre  la  facundia  meridional, 
amenazando  eternizar  la  plática  (i).  Abrió  el  fuego  el  obispo  Lué, 
excediéndose  procazmente  en  celo  realista,  según  el  mismo  Cisneros 
lo  deja  entender,  y  provocando  una  réplica  no  menos  violenta  de 
Castelli.  Felizmente  intervino  el  prudente  y  respetado  síndico 
Leiva  para  encaminar  el  extraviado  debate,  fijando  el  primer  punto 
en  discusión,  á  saber:  a  si  la  Autoridad  Soberana  ha  caducado  ó 
no  en  la  Península  » .  Sobre  esta  disyuntiva  no  podía  prolongarse 
la  discusión,  asintiendo  en  lo  primero  los  oradores,  pero  sien  la 
consecuenciaquedeesta  premisa  debía  sacarse.  Emprendieron  al  pa- 
recer esta  demostración,  con  argumentos  contradictorios,  el  fiscal 
Villota  y  el  abogado  Passo,  sosteniendo  el  primero  (según  se  dice) 
que  la  reasunción  de  la  soberanía,  provisional  ó  definitiva,  compe- 
tía por  igual  á  todos  los  cabildos  del  virreinato ;  afirmando  el 
segundo  que  sólo  en  el  de  Buenos  Aires  quedaba  depositada 
dicha  soberanía,  hasta  la  reunión  del  Congreso  por  aquél  convo- 

(i)  Parecería  deducirse  del  Acta  capitular,  del  Informe  de  Cisneros  y  aun  de  laJIÍ^* 
mona  de  Saavedra,  que  los  concurrentes  sólo  hablaron  al  fundar  su  voto;  sin  embargo,  los 
historiadores  concuerdan  en  que  precedió  una  discusión  general,  y  sin  duda  tenían  el 
dato  por  tradición  de  algunos  actores.  Sea  como  fuere,  los  discursos  é  incidentes  anali- 
zados ó  comentados  en  las  obras  de  Mitre  y  López  son  meras  inducciones  de  sus  autores 
y  carecen  de  autenticidad. 


SANTIAGO  LINIERS  207 

cado  (i).  Este  paso  de  armas  dialécticas  contribuyó,  más  que  á 
ilustrar  la  cuestión  ó  arrastrar  opiniones  indecisas,  á  templar  el 
ambiente  de  la  asamblea,  que  hasta  entonces  se  había  mantenido  en 
equilibrio  con  la  fría  temperatura  exterior.  Después  de  rechazarse 
varias  mociones,  fué  aprobada  la  siguiente :  a  Si  se  ha  de  subrogar 
otra  autoridad  á  la  superior  que  obtiene  el  Excmo.  señor  Virrey,  de- 
pendiente de  la  soberana  que  se  ejerce  en  nombre  del  señor  don 
Fernando  VII,  y  ¿en  quién?».  Sobre  estas  dos  proposiciones  se 
pronunciaron  los  votos  individuales,  habiéndose  decidido  que 
éstos  serian  públicos,  es  decir,  dictados  en  voz  alta  al  actuario  y 
según  el  orden  sucesivo  de  los  asientos. 

Resultaría  muy  instructivo  é  interesante  un  análisis  razonado  de 
aquella  votación  que  demuestra,  más  elocuente  y  sólidamente  que 
todas  las  frases  retóricas,  el  estado  fluctuantede  los  espíritus, — aun 
de  los  que  poco  después  afectarían  rigidez  jacobina  ;  pero  es  labo- 
rioso y  no  favorece  el  énfasis  :  doble  razón  para  que  no  se  haya 
realizado  cumplidamente  (2).  Aunque  no  me  toca  ensayarlo  aquí, 
señalaré^  sin  embargo,  los  votos  más  significativos  ó  los  que  se 
emitieron  por  fracciones  importantes  de  la  Asamblea. 

Fuera  del  obispo  Lué,  el  brigadier  Orduña,  el  contador  Oromi 
y  un  par  de  acompañantes  que  se  opusieron  á  cualquier  innovación. 


''i)  Dado  que  Villota»  órgano  de  la  Audiencia,  sostuviese  la  tesis  que  nuestros 
glosadores  le  atríBuyen,  pues  era  contraria  á  la  teoría  histórica  que  más  do  un  año  an- 
tes (decreto  de  33  de  enero  de  1809)  había  presidido  á  la  convocación  de  las  Cortes ;  allí 
se  establecía  (como  ya  lo  tenemos  indicado)  que  cada  virreinato  formaba  nn  distrito 
electoral  para  elegir  aa  solo  diputado  á  cortes,  resultando  éste  de  la  designación  hecha, 
entre  los  candidatos  presentados  por  los  cabildos,  por  la  Junta  de  gobierno  de  la  capital.  En 
todo  caso,  ni  el  voto  de  Villota  (conforme  al  del  oidor  Reyes  :  el  virrey  asesorado  por 
el  primer  alcalde  y  el  sindico)  ni  el  de  Passo  (conforme  al  del  doctor  Chorroarin)  :  el 
cabildo  hasta  la  formación  de  una  Junta,  con  voto  del  sindico)  aluden  á  un  congreso  de 
delegados  de  las  provincias  interiores,  siendo  asi  que  formulan  esta  condición  muchos 
otros  votantes. 

(3)  Sólo  el  historiador  Domínguez  ha  esbozado  este  análisis,  pero  tan  incompleta  é 
inexactamente  que  no  puede  sino  extraviar  á  quien  le  siguiera.  Hoy  por  hoy,  no  existen 
&iao  sus  materiales  en  el  Acta  capitular  :  documento  de  primer  orden  que,  debidamente 
estudiado,  daría  la  mejor  explicación  del  movimiento  de  Mayo. 


3o8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

no  había  entre  los  concurrentes  quienes  no  admitieran  la  conve- 
niencia de  modificar  el  personal  gubernativo  :  desde  los  que  con- 
sentían apenas  en  asesorar  al  virrey,  hasta  los  que  querían  residen- 
ciarle, cabiendo  entre  ambos  extremos  todos  los  matices  interme- 
dios. Los  patriotas  saludaron  con  aplausos  —  que  en  cierto  modo 
duran  todavía — el  voto  del  jefe  de  escuadra  Ruíz  Huidobro(i), 
quien,  por  ambición  personal,  pidió  la  destitución  de  Cisneros  y 
su  reemplazo  interino  por  el  Ayuntamiento ;  le  acompañaron  ^3 
votantes,  principalmente  militares,  pero  también  algunos  crio- 
llos de  nota :  entre  otros,  Ghiclana,  Yieytes,  Balcarce,  Viamonte, 
Rodríguez  Peña...  Más  honorable  fué  la  actitud  del  oidor  Reyes  que 
personificó  la  resistencia  lógica  de  los  empleados  españoles,  acep- 
tando condicionalmente  el  término  medio  que  antes  indiqué;  vo- 
taron como  él  por  la  permanencia  del  virrey,  acompañado  del  Al- 
calde de  primer  voto  y  el  Procurador,  no  menos  de  44  españoles, 
togados  y  funcionarios  en  su  mayoría,  además  de  los  antiguos  ca- 
pitulares y  comerciantes  ricos:  era  el  grupo  compacto  de  la  reac- 
ción. Por  la  otra  parte,  eiLceptuando  una  docena  de  opiniones  singu- 
lares, algunas  de  las  cuales  merecen  atención^  puede  considerarse 
que  todos  los  votos  restantes,  que  pasaban  de  120  con  predominio 
de  los  patriotas,  eran  asimilables  al  de  Saavedra  y  sus  íntimos, 
como  que  en  substancia  lo  repetían  expresamente. 

Además  de  la  importancia  política  de  su  autor,  es  notable  el 
voto  de  Saavedra,  por  cuanto  refleja  fielmente,  con  su  mezcla  de 
acierto  y  error,  de  sentido  práctico  y  ambigua  fraseología,  el  es- 
píritu vacilante  del  futuro  Presidente  de  la  Junta.  Opinaba  por  la 
deposición  del  virrey  y  la  entrega  del  mando  al  Ayuntamiento 
(( Ínterin  se /orma  la  corporación  ó  junta  que  debe  ejercerlo,  cuya 
/ormac/ondebe  ser  en  el  modo  -^  forma  que  se  estime  por  elExcmo. 

(1)  El  señor  Mitro  (Belgrano,  I,  826)  le  llama  u personaje  respetable»  ;  era,  según 
Presas,  un  marino  de  antecámara,  «  cuyo  cuerpo  exhalaba  más  olores  que  una  perfume- 
ria.  Sus  mayores  hazañas  en  América  fueron  entregar  á  Montevideo,  y  persegnir  el  go- 
bierno por  la  intriga  y  la  traición.  Pero,  ¡  traicionó  á  su  país  por  la  buena  causa  :  y 
helo  hecho  ya  todo  un  varón  de  Plutarco ! 


SANTIAGO  LINIERS  aog 

Cabildo,  y  no  quede  duda  de  que  el  pueblo  es  el  que  confiere  la 
autoridad».  El  último  inciso,  que  acaso  no  fuera  en  la  mente  de 
su  autor  sino  una  simple  frase  de  proclama,  dejaba  entrever  pro- 
pnSsitos  de  independencia,  que  excedían  y  por  mucho  el  programa 
actual ;  mientras  el  anterior,  confiriendo  al  Ayuntamiento  facul- 
tades al  parecer  omnímodas,  abría  la  puerta  á  la  interpretación 
abusiva  que  le  dio  el  Cabildo,  y  que  no  pudo  reprimirse  sino  rom- 
piendo la  valla  de  la  legalidad.  No  adoptaron  literalmente  la  fór* 
muía  de  Saavedra  sino  diez  y  seis  votantes,  frailes  ó  burgueses  los 
más,  no  figurando  entre  ellos  ningún  revolucionario  acentuado,  ni 
oficial  de  Patricios.  Tampoco  acompañaron  éstos  al  inmediato  co- 
ronel Pedro  Andrés  García,  que  hasta  en  su  voto  se  mostró  ver- 
boso y  sólo  conquistó  á  once  descoloridos  vecinos  (i).  Quienes 
juntaron  la  mayoría  patriota  verdaderamente  representativa,  fueron 
el  comandante  de  Arribeños,.  Ortiz  de  Ocampo,  y  el  comandante  de 
Húsares,  Martin  Rodríguez,  cuyo  dictamen,  análogo  al  anterior, 
«  reproducía  el  de  don  Cornelio  Saavedra  en  todas  sus  partes, 
añadiendo  que  tenga  voto  decisivo  el  señor  Síndico  procurador  ge- 
neral »,  Esta  moción  única,  con  dos  autores  distintos,  reunió  63 
sufragios,  contándose  entre  ellos  los  nombres  más  ilustres  de  la  re- 
volución :  Moreno,  Rivadavia,  Relgrano,  Castelli,  López,  Tagle, 
Echevarría,  Campana,  Darregueira,  Escalada,  etc.,  etc.  (2). 
Si  bien  el  peso  de  esta  masa  más  ó  menos  homogénea  fué  lo  que 

(i)  El  voto  de  García,  que  ocupa  ai  renglones  del  Registro,  agrega  al  de  Saavedra 
U  presencia  del  Sindico  procurador  en  el  gobierno:  es  idéntico  al  de  Ortiz  de 
Ocampo. 

(a)  Merece  señalarse  la  particularidad  de  que,  aun  al  aceptar  la  misma  fórmula,  los 
▼otantes  hacían  constar  sus  preferencias  personales,  mencionando,  no  al  primer  autor 
de  la  moción,  sino  á  tal  ó  cual  de  sus  adherentes :  asi,  además  del  grupo  que  «  se  con- 
formaba con  el  parecer  del  señor  Saavedra  »  (Belgrano,  V.  López,  Castelli,  etc.),  habia 
los  cpie  reproducían  el  dictamen  del  señor  don  Martín  Rodríguez  (Moreno,  Riva- 
davia, Echevarría,  etc.);  también  tenían  su  núcleo  Terrada  (Matheu,  Campana,  Ara- 
na, etc.),  Belgrano  (Pinedo,  Donado,  Pinto,  Beruti,  etc.)  y  hasta  el  atropellado  French 
(Qrma,  Dupuy,  Arzac).  Por  fin,  no  escaseaban  los  incoercibles  charladores,  como  Az- 
cuénaga  ó  Escalada,  que,  para  mostrarse  conformes,  derramaban  su  arenga,  logrando  asi 
que  Uegaran  las  doce  de  la  noche  sin  terminarse  la  votación. 

A9ALBS  DB    LA   B»LIOTBCA.  T.    lU  I^ 


aio  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

obró  decisivamente  en  el  resultado  inmediato,  deben,  con  todo,  to- 
marse en  euenta  ciertas  iniciativas  que,  al  parecer,  no  cayeron  en 
vago,  puesto  que    las    hallamos    incorporadas  al   programa  de 
los  patriotas.  Entre  estas  mociones  fué  la  más  importante  la  del 
doctor  Sola,  cura  de  Monserrat,  sujeto  de  grandes  virtudes  y  pres- 
tigio, cuya  edad,  sin  duda,  le  impidió  desempeñar  en  la  Junta  de- 
finitiva el  puesto  que  tuvo  en  la  provisional:  consistió  la  novedad, 
que  no  reunió  menos  de  i8  adherentes  (i),  en  agregar  á  la  fórmula 
de  Ortiz  la  condición  de  convocarse  en   brevedad  un  congreso  de 
delegados  provinciales.  También  ofrece  algún  interés  la  cláusula 
introducida  por  el  doctor  Colina  sobre  asociarse  al  virrey  cuatro 
consejeros,   representantes  respectivos   de  la  milicia,   el  clero,  la 
justicia  y  el  comercio.  Pero  lo  tiene  aún  mayor  el  voto   de  don 
Manuel  Hermenegildo  Aguirre,  que  propuso  asociar  al  Cabildo  á 
los  vocales  Saavedra,  Moreno,  Passo,   Castelli  y  Leiva,  constitu- 
yendo así  de  antemano  (con  excepción  del  último)  el  verdadero 
núcleo  gubernativo  de  la  Junta  futura  (2). 

Con  motivo,  — ó  pretexto,  — de  haberse  prolongado  la  votación 
bástalas  12  sin  terminarse {3),  el  Ayuntamiento  suspendió  la  sesión 
hasta  el  día  siguiente,  negándose  á  practicar  el  escrutinio  que  los 
americanos  exigían.  El  triunfo  evidente  de  estos  últimos  explicaba, 
si  no  justificaba,  el  «  obstruccionismo  »  de  los  capitulares.  Disol- 
vióse, pues,  la  reunión  en  medio  de  protestas  y  comentarios  contra- 
dictorios. Pero  los  patriotas  estaban  en  la  verdad :  el  cabildo  abierto 

(i)  Mochos  de  eUos  clérigos,  como  los  doctores  Belgrano  (D.),  Sáeiu,  Viejtes  (R). 
Alberti,  Grela,  etc., y  también  algunos  grosbonnets  del  comercio,  como  Léxica,  Letamen- 
di,  Incháurregui,  etc. 

(a)  En  18 1 7,  don  Manuel  H.  Aguirre  fué  nombrado  por  Pueyrredón  agente  cod- 
fídencial  del  gobierno  argentino  en  Estados  Unidos  para  gestionar  el  reconociau«ato 
de  las  Provincias  Unidas  y  adquirir  cuatro  fragatas ;  entre  mil  obaticulos  j  pennrias, 
desempeñó  con  inteligencia  é  integridad  su  patriótica  misión.  Otra  página  honrosa  de  la 
vida  de  Aguirre,  fué  su  moción  sobre  las  facultades  extraordinarias  de  Rosas,  en  la  le- 
gislatura de  I 83 I. 

(3)  Veinte  vocales  se  habían  retirado  sin  votar  por  lo  avanzado  de  la  hora,  entre  és> 
tos,  el  cura  de  la  catedral,  don  Julián  Segundo  de  Agüero. 


SANTIAGO  LINIERS  su 

había  revelado  su  fuerza,  á  pesar  de  la  dispersión  de  votos- que  los 
había  debilitado.  Sin  duda  era  deplorable  que,  por  falta  de  acuerdo 
previo,  hubiéranse  incorporado  á  Huidobro  algunos  de  los  princi- 
pales inspiradores  del  movimiento,  y  sobre  todo  que,  casual  ó 
intencionalmente,  apareciese  dividido  el  grupo  saavedrísta;  pero 
bien  se  preveía  que  la  actitud  del  Ayuntamiento  le  baria  pronta- 
mente apretar  las  filas,  y  ya  disciplinado  se  tornaría  incontrasta- 
ble (i). 

Junto  al  éxito  colectivo  de  los  patriotas,  hemos  visto  acentuarse 
netamente  en  el  Congreso  el  gran  prestigio  personal  del  procurador 
Leiva.  Este  triunfo  tenía  que  ser  efímero:  hombre  de  transición  y 
término  medio,  no  podía  Leiva.  con  sus  previsiones  y  advertencia  de 
hombre  maduro,  responderá  las  exigencias  de  esas  horas  violentas; 
al  intentar  una  transacción  conciliadora  entre  el  régimen  antiguo  y 


(i)  No  es,  pues,  del  todo  exacto  decir  (Mitrk,  Belgrano^  \,  3a6),  qae  «  el  voto  de 
Saavedra  arrastró  la  mayoría  »,  y  luego  que  con  su  voto  Castelli  se  alejó  de  Saavedra  más 
que  Belgrano  :  para  esto,  ha  necesitado  el  señor  Mitre  alterar  la  fórmula  del  primero. 
Eftte  no  dijo  <(  que  la  elección  del  nuevo  gobernador  se  hiciese  por  el  pueblo,  janto  el 
Céfildo  abierto  sin  demoran  sino:  «junto  (el  pueblo)  en  cabildo  general  sin  demora» 
No  se  trataba  del  presente  cabildo  abierto,  sino  de  otro,  á  la  mayor  brevedad  :  y  asi 
restablecido  el  texto,  el  voto  de  Castelli  (fuera  del  sindico  agregado)  casi  se  confunde 
oon  el  de  Saavedra :  en  todo  caso  se  le  aproxima  más  que  el  de  Bolgrano.  En  suma, 
como  en  el  texto  decimos,  Belgrano,  Castelli  y  sesenta  más  coincidieron  con  Saavedra  en 
lo  principal,  y  sólo  disintieron  en  un  detalle  accesorio.  Pero  en  el  párrafo  siguiente 
(ibid,  337),  es  donde  incurre  el  historiador  en  graves  errores,  que  os  imposible  dejar  de 
rectificar.  Dice  el  señor  Mitre  que,  al  suspender  el  acto,  en  la  noche  del  a  a  de  mayo, 
c<  el  mismo  Cabildo  (transcribo  literalmente),  reconociendo  que  la  voluntad  manifiesta 
del  pueblo  era  que  el  virrey  cesase  absolutamente  en  el  mando  y  se  constituyese  un  go- 
bierno propio  que  determinara  sobre  la  forma  definitiva,  lo  formuló  en  estos  términos  : 
«  En  la  imposibilidad  de  conciliar  la  tranquilidad  pública  con  la  permanencia  del  virrey 
y  régimen  establecido,  se  faculta  al  Cabildo  para  que  constituya  una  Junta  del  modo 
más  conveniente  á  las  ideas  generales  del  pueblo  y  circunstancias  actuales,  en  la  que  se 
depositará  la  autoridad  hasta  la  reunión  de  las  demás  ciudades  y  villas».  Indica  una 
nota :  Acta  capitular  del  23  de  mayo. —  Antes  de  acudir  al  documento  invocado,  salta  á  la 
vista  que  el  Cabildo  no  ha  podido  formular  tal  declaración  (mucho  menos  en  la  noche 
del  a 3),  diametralmente  opuesta  á  sus  propósitos  y  actitud  ulterior.  Pero  ni  en  el  Acta 
capitaiar  del  23  (cuando  precisamente  estaba  el  Cabildo  urdiendo  el  escamoteo  del  voto 
popular)  ni  en  otra  alguna  so  encuentra  nada  parecido  á  la  supuesta  declaración,  cuyo 
principio  reproduce  el  voto  de  Martin  Rodríguez. 


a  13  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

el  nuevo,  teaía  fatalmente  que  volverse  sospechoso  á  uno  y  otro.  Por 
última  vez,  en  las  galerías  consistoriales,  españoles  y  americanos 
habían  procurado  uniformar  sus  voluntades  y  hablar  el  mismo 
lenguaje;  la  tentativa  había  fracasado  :  ya  no  quedaban  frente  á 
frente  sino  dos  enemigos  formados  en  batalla,  y  quienquiera  que 
se  pusiese  en  medio  tenía  que  recibir  el  fuego  de  uno  y  otro  bando. 
La  intolerancia  sectaria  desechó  la  experiencia  luminosa  y  templa- 
da; fué  una  injusticia  y  una  desgracia  :  Leiva  hubiera  completado  i 
Moreno.  Teniendo  éste  en  la  Junta  quien  le  amase  y  á  quien  respe- 
tar, no  habría  tal  vez  incurrido  en  sus  excesos  ni  en  sus  faltas,  igual- 
mente funestos;  y  el  carro  de  la  revolución  hubiera  marchado  á 
la  victoria,  llevando,  como  la  cuadriga  homérica,  un  combatiente 
y  un  conductor...  (i) 

Tal  resultado  dio  el  congreso  del  22  de  mayo;  hizo  mucho  más, 
como  se  ha  visto,  que  plantear  el  problema,  dejando  prontos  todos 
los  elementos  de  la  inminente  solución.  Podré  mostrarme  mucho 
más  breve  en  el  resumen  de  los  acontecimientos  inmediatos,  no  sólo 
porque  presumo  que  sea  mejor  conocido  el  alumbramiento  que  la 
gestación,  sino  también  porque  el  objeto  propio  de  este  estudio  es 
el  fin  del  régimen  colonial,  no  el  principio  del  régimen  moderno. 
Gomo  lo  expresa  el  señor  Mitre  en  el  párrafo  final  de  la  misma 
página  citada,  con  una  gravedad  conmovida  que  tiene  su  belleza : 
((  El  reloj  del  Cabildo  daba  las  doce  al  tiempo  de  terminarse  la  vota- 
ción. Aquella  fué  la  última  hora  de  la  dominación  española  en  el 
Río  de  la  Plata.  La  campana  que  debía  tocar  más  adelante  las  alar- 


(i)  A  propósito  del  gran  movimiento  de  opinión  que  en  favor  de  Leiva  se  produjo 
en  la  asamblea  del  a  a,  es  curioso  recordar  que  la  única  mención  que  del  cabildo  abierto 
sehaco  (según  creo)  en  la  Recopilación  de  Indias^  sea  la  de  la  ley  II,  tit.  XI,  lib.  IV,  pan 
prohibir  precisamente  que  se  designe  al  procurador  de  la  ciudad  por  cabildo  abierto.  El 
historiador  López,  que  ha  hablado  do  Leiva  en  términos  simpáticos  (Hisloriat  III,  65). 
explica  su  completo  effacemeni  después  de  la  revolución,  diciendo  que  u  perdió  la  vista  a 
los  muy  pocos  meses  ».  Entiendo  que  esta  desgracia  fué  bastante  posterior ;  en  todo  caso, 
Leiva  fué  confinado  á  Catamarca  por  la  Junta,  con  otros  capitulares,  después  de  sa  des- 
titución en  octubre  do  1810. 


SANTIAGO  LINIERS  3i3 

mas  de  la  revolución,  resonaba  en  aquel  momento  lenta  y  pausada 
sobre  la  primera  asamblea  popular  que  inauguró  la  libertad  y  pro- 
clamó los  derechos  del  hombre  y  de  la  patria:  el  22  de  mayo  de 
1810  es  el  día  inicial  de  la  revolución  argentina  ».  A  otra  mano, 
pues,  ó  por  lo  menos  á  otra  obra,  corresponde  el  desarrollo  y  dis- 
cusión de  los  hechos  que  en  ésta  sólo  puedo  indicar. 


IV 


A  estilarse  aún  los  encabezamientos  con  moraleja,  la  historia  de 
los  días  23  y  24  de  mayo  se  titularía:  De  cómo  el  Cabildo  intentó 
burlar  al  pueblo  y  salió  burlado.  Por  lo  demás,  la  maquinación 
resultó  tan  torpe  en  su  misma  audacia,  que  cuesta  creer  haya  tenido 
en  ella  el  doctor  Leiva  la  parte  principal  que  se  le  atribuye.  No  fue- 
ron sino  desaciertos  é  incoherencias;  y  debe  afirmarse  que  la  acti- 
tud ilegal  y  revolucionaria  del  Ayuntamiento,  erigiéndose  en  Co- 
mité de  salud  pública  ó  a  Consejo  de  los  diez  » ,  para  reponer  ó 
deponer  al  virrey  y  fijar  las  atribuciones  de  la  Audiencia,  sirvió  de 
pauta  justificativa  de  la  revolución.  Cuando  los  candidatos  patrio- 
tas vacilaban  aún  en  poner  la  mano  sobre  el  símbolo  secular  de  la 
autoridad  real,  fueron  los  capitulares  quienes  públicamente  desnu- 
daron al  pobre  maniquí  de  mimbre  y  lo  tiraron  de  su  balcón  á  la 
plaza.  Gracias  á  las  cabildadas,  los  delegados  del  pueblo  no  tuvie- 
ron que  desalojar  á  los  representantes  de  la  monarquía  :  estaba  el 
sitio  despejado;  el  24  á  la  noche,  ya  no  había  gobierno;  y  como, 
bueno  ó  malo,  es  fuerza  que  lo  haya,  el  25,  la  revolución  ocupó  tran- 
quilamente la  sede  vacante. 

Apenas  reunido  en  la  mañana  del  28,  el  Ayuntamiento  resolvió 
dejar  sin  efecto  la  convocación  del  congreso  para  esa  tarde;  luego, 
se  puso  á  regularlos  votos  «con  el  más  prolijo  examen  »;  y  resul- 
tando del  escrutinio,  «á  pluralidad  con  exceso,  que  el  virrey  debía 


3I&  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

cesar  en  el  mando  y  recaer  éste  provisionalmente  en  el  Cabildo  con 
voto  del  Síndico  procurador,  hasta  la  creación  deuna  Junta  que  ha  de 
formar  el  Cabildo  en  la  manera  que  estime  conveniente,  mientras 
se  congregan  los  diputados  provinciales  que  han  de  establecer  la 
forma  de  gobierno  »  (i):  por  todos  estos  motivos,  dicho  Cabildo 
empezó  por  comunicar  al  virreyque  quedaba  en  el  mando,  con  algu- 
nos «  acompañados  »  que  ulteriormente   se  designarían  !  De  este 
modo  interpretaban  los  capitulares  la  cláusula  imprudente  de  Saa- 
vedra  :   cierto  era  que  el  virrey  debía  cesar  en  el  mando;  pero,  li- 
brada al  Cabildo  la  elección  de  la    Junta,  nada  más  lícito  que 
hacerla  presidir  por  el   mandatario  depuesto  (2).    Tan   evidente 
era  el  sofisma,  que  el  prudente  Cisneros,   en  su  respuesta  á  la 
notificación,    «juzgó  muy  conveniente  que    se   tratase  el  asunto 
con  los  comandantes  de  los  cuerpos,  pues  la  resolución  del  Cabildo 
no  parecía  en  todo  conforme  con  los  deseos  del  pueblo  n .  Los  jefes 
consultados  declararon  que  la  efervescencia  popular  sólo  se  calmaría 
con  la  deposición  del  virrey,  anunciada  por  bando  aquella  misma 
tarde,  dejándose  para  el  día  siguiente  el  nombramiento  de  la  Jun- 
ta (3).  El  Cabildo  cedió  aparentemente;  el  pregonero,  á  son  de  ca- 
jas y  con  una  escolta  de  Patricios,  dio  al  pueblo  de  Buenos  Aires  la 
sorprendente  noticia  —  que  á  nadie  sorprendió  —  de  haberse  desti- 
tuido un  virrey  por  un  ayuntamiento;  y  el  vecindario  pasó  la  noche 
en  sosiego,  no  quedando  otros  síntomas  alarmantes  que  los  conciliá- 
bulos de  los  patriotas  y  las  órdenes  impartidas  por  el  Alcalde  Ma- 

(i)  Acta  capitular  del  a3.  He  quitado  algunas  redundancias.  Para  no  repetir  las  mis- 
mas llamadas  de  notas,  entiéndase  que,  faltando  otra  indicación,  las  palabras  entre  co- 
millas pertenecen  á  las  Actas  capitulares. 

(a)  Tan  clara  era  la  intención  de  volver  al  stata  quo,  que  en  el  Acta  del  a4  se  dice 
sencillamente  :  «  Que  continúe  en  el  mando  el  Excmo.  seRor  Virrey^  asociado,  etc.  i> 

(3)  El  señor  Mitre  acepta  la  versión  de  una  segunda  démarche  hecha  por  Saavedra  y 
Belgrano  ante  el  Cabildo,  posteriormente  á  la  de  los  comandantes.  Nada  dice  el  Acia  de 
este  paso  improbable,  sólo  referido  en  la  Memoria  de  Saavedra,  que  en  esta  parte  es 
toda  confusión,  principiando  por  fijar  la  fecha  del  ao  para  el  cabildo  abierto  y  la  del  ai 
para  el  nombramiento  y  recepción  de  la  Junta.  ¿Cómo  edificar  historia  sólida  con  esos 
materiales  de  cartón  y  sin  aplicarles  una  critica  rigurosa  P 


SANTIAGO  LINIERS  ai5 

yor,  de  no  dejar  salir  «  posta  ni  extraordinario  á  ningún  destino  n . 

En  la  mañana  del  a 4  de  mayo,  á  pesar  del  bando  de  la  víspera  y 
de  las  secretas  aprensiones  personales  que  suelen  constituir  la  úni- 
ca pradencia  de  los  imprudentes,  el  Cabildo  se  apresuró  á  dictar 
una  verdadera  constitución  política  en  trece  artículos,  revoluciona- 
rios sin  saberlo  sus  autores,  tan  atentatoria  á  la  corona  como 
á  los  estatutos  coloniales,  y  cuyo  revoltillo  inconexo,  mal  re- 
medo del  Reglamento  para  la  Regencia  de  Cádiz,  ha  sido  burlesca- 
mente comparado  por  un  historiador  nacional  á  la  Magna  Carta  li- 
bertatam!  El  primer  artículo  disponía  en  esta  forma  la  creación  de 
la  Junta  :  «  Que  continúe  en  el  mando  el  Excmo.  señor  virrey,  don 
Baltasar  Hidalgo  de  Cisneros,  asociado  de  los  señores  doctor  don 
Juan  M.  de  Sola,  cura  rector  de  Monserrat,  doctor  don  Juan  J. 
Caslelli,  abogado  de  esta  Real  Audiencia,  don  Cornclio  de  Saave- 
dra,  comandante  del  cuerpo  de  Patricios,  y  don  José  Santos  de  In- 
cháurregui,  de  este  vecindario  y  comercio :  cuya  corporación  ó  Junta 
ha  de  presidir  el  Excmo.  señor  Virrey  con  voto  en  ella,  conservan- 
do en  lo  demás  su  renta  y  altas  prerrogativas  de  su  dignidad,  mien- 
tras se  erige  la  Junta  general  del  virreinato».  Pero,  muy  lejos  de 
considerar  terminado  con  esta  instalación  el  mandato  político  que 
el  pueblo  á  este  solo  objeto  le  confiriera,  el  Cabildo  se  erigía  en  Su- 
premo Consejo  de  vigilancia,  enumerando  con  complacencia  sus 
facultades  ultramunicipales :  tocaba  al  Cabildo  integrarla  Junta,  en 
caso  de  muerte  ó  ausencia  de  algún  miembro,  y  deponer  al  que  fal- 
tase á  sus  deberes ;  sólo  aquél  tenía  atribución  para  imponer  pen- 
siones ó  pechos  en  el  virreinato...  y  así  continuaba  la  «  Magna  car- 
ta »,  trazándola  línea  de  conducta  de  sus  «  empleados  »  con  más 
prolijidad  y  estrictez  que  el  Código  de  Indias. 

Por  ridicula  que  nos  parezca  'esta  tentativa  de  dictadura  concejil, 
que,  como  dije,  desconocía  á  la  par  las  tradiciones  administrativas 
y  los  votos  recientes  del  pueblo,  no  iban  tan  descaminados  sus  auto- 
res al  contar  con  la  vanidad  ó  el  ofuscamiento  de  los  favorecidos  para 
prestarle  su  apoyo.   Después  de  algunas  vacilaciones,  Saavedra  y 


3i6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Castelli  admitieron  como  viable  un  conato  de  escamoteo  revolucio- 
nario, que  tendia  á  ocultar  bajo  un  mal  revoque  las  grietas  profun- 
das del  torreón  colonial.  Todos  los  jefes  de  cuerpos,  reunidos  en  el 
Cabildo,  «  ofrecieron  concurrir  de  su  parte  á  su  plantificación  »  ;  j 
aquella  misma  tarde,  los  flamantes  cuatorviros,  con  el  infeliz  virrey 
por  unas  horas  redivivo,  concurrieron  á  la  sala  capitular  revestida 
de  sus  viejas  colgaduras,  y,  «  por  su  orden,  hincados  de  rodillas  y 
poniendo  la  mano  derecha  en  los  Santos  Evangelios,  juraron  des- 
empeñar legalmente  sus  respectivos  cargos,  conservar  íntegros  estos 
dominios  al  señor  don  Femando  VII  y  sus  legítimos  sucesores,  y 
guardar  puntualmente  las  leyes  del  reino  » .  Abreviemos  los  detalles 
del  empalagoso  ceremonial :  después  de  arengar  Cisneros  al  entre- 
sacado concurso,  que  por  última  vez  aplaudió  su  acento  murciano, 
la  Junta  se  dirigió  al  Fuerte,  entre  los  inevitables  repiques  de  cam- 
panas y  salvas  de  artillería.  Todo  esto  ocurría  en  la  tarde  del  a 4  de 
mayo. 

En  lugar  de  insistir  en  esta  hora  de  desfallecimiento  y  extravio, 
que  parecía  dejar  nuevamente  hundido  en  un  pantano  el  carro  de 
la  revolución,  admiremos  lo  inmediato  y  espontáneo  de  la  reacción 
popular  que,  arrancándolo  de  cuajo,  lo  arrastró  contra  todos  obs- 
táculos y  asechanzas  á  su  marcado  y  glorioso  destino.  Hay  que  de- 
cirlo una  vez,  para  no  repetirlo  más  :  en  la  tarde  del  2^,  los  conduc- 
tores del  movimiento  habían  abdicado ;  es  más  honroso  para  su 
memoria  admitir  un  corto  eclipse  de  su  razón  que  un  subterfugio 
de  su  conciencia,  cual  sería  un  juramento  prestado  con  la  segunda 
intención  de  quebrantarlo.  Sea  como  fuere,  el  instinto  de  los  igno- 
rantes no  ratificó  la  capitulación  de  los  sabios.  Había  llegado  el 
momento  crítico  de  las  discordias  civiles  en  que,  como  dice  Táci- 
to (i),  los  soldados  valen  masque  los  jefes;  y  aquéllos  bastaron 
para  reconquistar  el  terreno  perdido.  Por  eso,  todo  monumento  con 
inscripciones  nominativas  que  se  consagre  á  los  «  autores  »  de  la 

(i)  Tlcrr.  Hist.  II,  xxix:  eivilibtu  bellis,  pías  milibitus  quam  dncibtu  lieere. 


SANTIAGO  LINIERS  217 

revolución  de  mayo,  tiene  que  cometer  la  inmensa  injusticia  de 
omitirá  sus  verdaderos  héroes  —  que  son  anónimos.  Ese  rugido 
popular  que,  partido  de  los  suburbios,  repercutió  en  los  barrios  cen- 
trales y  los  cuarteles,  es  el  que  retumba  sordamente  en  la  nota 
apremiadora  y  como  jadeante  que  la  Junta,  á  instigación  de  Saave- 
dra  y  Castelli  arrepentidos,  dirigió  al  Cabildo,  «  á  las  g  y  media 
de  la  noche  »,  encareciéndole  la  urgencia  de  admitir  sus  renuncias 
colectivas  (i). 

Entonces  los  patriotas  se  recobraron.  En  tanto  que  las  oleadas 
populares  batían  las  murallas  de  la  Fortaleza  y  las  arquerías  del  Ca- 
bildo, alzando  clamores  de  protesta  contra  el  virrey  :  en  el  cuartel 
de  Patricios,  los  jefes  y  oficiales  contenían  á  duras  penas  los  solda- 
dos enardecidos ;  en  los  arrabales,  los  chisperos  y  manólos  se  or- 
ganizaban para  el  ataque,  encabezados  por  Berutti  y  French,  pres- 
tigiosos agitadores  de  las  capas  sociales  á  que  ellos  mismos 
pertenecían  (2)  y  los  promotores  de  la  revolución  se  reunían  en  la 
casa  de  Rodríguez  Peña  para  discutir  y  fijar  definitivamente  las 
resoluciones  del  día  siguiente  (3).   De  la  borrascosa  deliberación 


(i)  Áela  del  a5  :  «  Esta  Junta  ha  sido  informada,  por  dos  de  sus  vocales,  do  la  agita- 
ci<»i  en  que  se  halla  alguna  parte  del  puehlo  por  no  haberse  excluido  al  Presidente 
(Virrej)  del  mando  de  las  armas...  [Debe  V.  E.j  proceder  á  otra  elección  en  sujetos 
que  merezcan  la  confianza  del  pueblo...  creyendo  que  será  el  medio  de  calmar  la  agitación 
y  efenrescencia  que  se  ha  renovado  entre  las  gentes». 

(a)  Por  lo  menos  Domingo  French,  que  figura  en  la  Guía  de  i8o3  como  cartero 
(¡único!)  de  la  administración  de  correos.  Berutti  era  empleado  subalterno  en  la  Con> 
laduria. 

(3)  Saavedrano  asistía  á  la  reunión,  pero  le  representaban  Castelli  y  el  «  terrible 
Chidaua».  Tampoco  es  probable  que  estuviera  Mariano  Moreno,  con  quien  el  sefior  Mitre 
encabeza  su  lista,  confundiéndole  quizá  con  su  hermano  Manuel ;  por  éste  mismo  sabemos 
que  Mariano  se  abstuvo  hasta  el  grado  de  ignorar  su  nombramiento  de  secretario  «  muchas 
horas  después  de  la  elección».  Para  este  episodio,  el  señor  Mitre  ba  seguido  preferente- 
mente á  Guido,  cuja  Reseña  contiene  errores  tan  enormes  como  el  de  suponer  que  hubo 
el  a 4  otro  cabildo  abierto,  del  cual  salió  nombrada  la  junta  del  a3.  Sólo  alli  se  hace 
también  mención  del  rapto  teatral  de  Belgrano  («  Juro  á  la  patria. . . ! »)  no  muy  avenido 
con  su  carácter  ni  acaso  con  la  situación.  Sin  embargo,  el  hecho  nada  tiene  de  imposi- 
ble, supuesto  el  estado  de  exaltación  que,  según  el  señor  Mitre,  dominaba  aquella  noche 
4  hombres  habitualmente  tan  reposados  como  Belgrano  y  Vieytes. 


ai8  AiNALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

que,  según  4íce  un  testigo,  se  prolongó  hasta  cerca  del  alba,  salió 
trazado  en  su  conjunto  y  partes  principales  el  programa  completo 
del  día  siguiente.  Una  vez  acordes  los  directores  del  movimiento, 
que  contaban  con  las  fuerzas  y  las  voluntades,  no  había  obstáculo 
que  pudiera  estorbar  su  cabal  realización.  El  virrey  no  tenía  el 
poder  ni  la  intención  de  oponer  resistencia ;  el  partido  español  no 
salía  á  la  calle,  temblando  por  sus  personas  y  bienes;  el  Cabildo  es- 
taba á  merced  de  los  comandantes  de  cuerpos,  cuya  opinión  era 
unánime  —  como  que  estaban  casi  todos  presentes  en  el  conciliá- 
bulo. Siendo  asunto  entendido  que  el  partido  patriota  era  ya  el 
arbitro  de  los  acontecimientos  y  haría  el  22  lo  que  quisiera  hacer, 
la  cuestión  única  que  por  entonces  se  planteaba,  era  la  de  decidir 
(T  qué  se  debía  hacer  ? 

Fué  seguramente  en  el  examen  de  esta  gran  cuestión,  que  impor- 
taba el  programa  del  día  siguiente,  en  el  que  se  emplearon  las 
horas  de  la  noche ;  y  el  hecho  de  que  ninguno  de  los  autores  de 
Memorias  ó  Reseñas  consignara  con  claridad  esa  discusión,  induce 
á  dudar  de  que  estos  mismos  tomaran  parte  en  ella  (i).  Muchísi- 
mos eran  los  que  iban  y  venían,  entre  el  zaguán  de  Rodríguez  Peña  y 
las  casas  de  los  añliados  ó  los  cuarteles,  llevando  órdenes,  trayendo 
informes,  noticias  ó  chismes  :  muy  contados  fueron  sin  duda  los 
huéspedes  del  comedor  donde  se  trataba  el  asunto  importante.  Al 
grupo  central  de  la  Sociedad  de  los  siete  (Rodríguez  Peña,  Belgrano, 
Passo,  Donado,  Alberti,  Castelli  y  Vieytes),  que  durante  el  mes  de 
mayo  concurrió  allí  mismo  casi  diariamente,  habíanse  agregado, 
desde  luego,  algunos  jefes  :  Torrada,  Ocampo,  Azcuénaga,  Martín 
Rodríguez,  Enrique  Martínez,  Díaz  Vélez,  Balcarce,  etc.,  además 


(i)  Puede  tambiéa  que,  por  ser  muy  jóvenes  cuando  la  presenciaron  ó  muy  viejos 
cuando  intentaron  repararla,  no  recordaran  sus  más  importantes  incidentes.  En  general 
ha  sido  la  plaga  de  la  historia  argentina  esa  multitud  de  memorias  personales,  cartas  y 
chismes  particulares,  debidos  á  personas  orgánicamente  inexactas  y  aceptados  por  escri- 
tores sin  crítica,  que  vacian  en  sus  obras  «  el  baúl  de  la  parda  Marcelina  Orma  ».  Sera 
el  principal  trabajo  del  futuro  historiador  argentino,  rozar  el  terreno  de  toda  e^a 
maleza. 


SANTIAGO  LINIERS  319 

de  algunos  patriotas  de  consejo,  como  Darregueira  y  Echevarría,  ó 
de  acción,  como  Cbiclana  y  Larrea  (i).  El  primer  punto  por  fijar  era 
la  actitud  de  los  cuerpos  el  25.  A  lasdoce,  súpose  porLeiva  que  el  Ca- 
bildo, antes  de  considerar  la  renuncia  de  la  Junta,  convocaría  á  los 
jefes  para  pedirles  que  sostuvieran  por  la  fuerza  al  gobierno  estableci- 
do (2)  :  los  jefes  presentes,  en  su  nombre  y  en  el  de  los  ausentes,  se 
comprometieron  á  exigir  la  exclusión  absoluta  de  Cisneros  y  la 
renovación  de  la  Junta ;  en  cuanto  á  las  tropas,  quedarían  acuarte- 
ladas hasta  recibir  la  orden  de   marchar.   Establecido  este  primer 
punto,  no  quedaba  por  tratar  sino  la  cuestión  de  la  forma  de  gobier- 
no. En  substancia,  esta  cuestión  había  sido  resuelta  por  el  cabildo 
abierto;  bastaba,  pues,  atenerse  áella;  pero,  con  el  fin  de  evitar 
toda  nueva  interpretación  dolosa  del  voto  de  la  mayoría,  era  indis- 
pensable imponer  al  Ayuntamiento,  por  medio  de  una  delegación, 
la  fórmula  completa  é  invariable  que  expresara  la  voluntad  popular. 
El  procedimiento  era  revolucionario  ;  pero  se  estaba  en  plena  revo- 
lución, y  en  caso  de  resistirlo  los  capitulares,  teníase  el  recurso  de 
otro  cabildo  abierto,  cuya  conformidad  no  era  dudosa.  En  cuanto 
á  la  fórmula  que  debía  presentarse,  ello  se  reducía  á  elegir  aquí 
mismo  la  lista  de  vocales  de  la  Junta  gubernativa,  que  el   pueblo 
aceptaría  por  aclamación. 

En  ese  momento  entró  el  asunto  en  su  faz  práctica,  y  es  presu- 
mible que  la  discusión  se  acentuara.  No  creo,  sin  embargo,  que  se 
produjeran  disidencias  fundamentales.  Es  muy  probable,  desde 
luego,  que  la  Sociedad  de  los  siete  y  núcleo  de  la  reunión,  sirviera 
de  pauta,  no  solamente  para  el  número  de  los  vocales  de  la  futura 

(i)  Aunque  español.  Larrea  se  afilió  desde  el  priacipio  al  partido  patriota ;  sus 
grandes  relaciones  como  armador  y  su  práctica  de  los  negocios  le  designaban  natural- 
mente {Mira  ser  el  hacendista  de  la  Junta ;  pero  poseía  además,  una  «  exquisita  sagacidad 
política»,  j  según  el  doctor  López  (Historia,  UI,  807)  que  tenia  el  dato  de  su  padre,  su 
^oto  pesaba  mucho  en  los  acuerdos  de  gobierno.  Fué  más  tarde  ardiente  unitario,  como 
«u  hermano  Ramón,  y  Rosas  los  persiguió  hasta  hacer  quebrar  la  casa. 

(a)  Acta  capitular  del  35.  La  cita  en  el  Cabildo  fué  para  las  nueve  y  media  de  la  mana- 
to' Gf.  la  Reseña  de  Guido,  sobre  la  entrevista  con  Leiva  á  las  doce  de    la  noche  del  a4- 


230  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Junta  (es  sabido  que  al  principio  los  secretarios  no  tuvieron  voto), 
sino  para  la  designación  de  los  nombres,  recomendados  por  su  no- 
toriedad y  los  servicios  prestados  á  la  causa.  Tanto  por  esta  razón, 
como  por  su  reciente  resonancia  en  el  cabildo  abierto,  después  de 
Saavedra,  que  se  imponía  para  la  presidencia,  los  nombres  de  los 
miembros  de  la  famosa  sociedad  surgirían  inmediatamente.  Pero 
algunos  de  éstos  —  entre  ellos,  sin  duda,  Donado  y  Vieytes,  — por 
su  edad  ó  su  carácter,  hubieron  de  rehuir  las  responsabilidades 
del  gobierno ;  por  otra  parte,  era  regla  observada  en  la  formación 
de  las  numerosas  juntas  españolas  y  americanas  (inclusa  la  reciente 
de  Montevideo)  dar  representación  á  las  principales  clases  sociales, 
como  en  el  mismo  cabildo  abierto  se  había   expresado.  Represen- 
tados en  la  lista  provisional  el  clero  por  Alberti  y  el  derecho  — 
con  exceso  —  por  Gastelli,  Passo  y,  si  se  quiere  el  ambiguo  Bel- 
grano,  faltaban  un  militar  y  un  comerciante :  ausente  ó  presen  te, 
el  honrado  Azcuénaga  era  designado  por  su  calidad  de  jefe  vete- 
rano y  6u  posición  social;  así  también  Larrea,  por  las  razones  di- 
chas. Era  político,  por  fin,  agregar  á  la  Junta  un  representante 
genuino  del  numeroso  grupo  español,  que  se  había  mostrado  sim- 
pático ó  neutral  en  los  sucesos  recientes  (i) :  el  nombre  del  catalán 
Matheu,  muy  amigo  de  Terrada,  con  quien  votara  en  el  cabildo 
abierto,  se  presentaba  naturalmente  para  substituir  á  Incháurregtii. 
Por  el  doble  motivo  de  sobrar  abogados  en  la  Junta,  y  necesitarse 
de  hombres  ilustrados  y  activos  en  las  secretarías,  que  eran  verda- 
deros ministerios,  hubo  de  ser  propuesta  á  Passo  la  honrosa  trans- 
ferencia, y  el  mismo,  ó   Darregueira,  indicaría  á  Moreno,  ya  de- 
signado por  un  voto  del  cabildo  abierto  (2). 

Por  cierto  que  esta  reconstrucción  conjetural  carece  en  sus  de- 

(i)  Los  Larrea  eran  vascos  ó  catalanes,  pero  acaso  de  origen  francés.  Juan  pidió  ser 
cónsul  argentino  en  Francia,  y  su  hermano  Ramón  fué  en  iSag  comandante  del  batallóla 
Amigos  del  orden,  compuesto  de    franceses  y  que  tanto   dio  que   hacer  al  oónsut  u 
deville.  V 

(a)  Podrá  parecer  extraña  la  no  designación  de  Rodrigues  Peña  ;   no  coaoMcck  \ 
biografía  intima.  Alguna  razón  hubo  para  que  no  figurase  nunca   en  primer   léis^^ 

\ 


SANTIAGO  LINIERS  aai 

talles  de  base  positiva ;  puede  que  otras  causas,  hoy   ignoradas, 
hayan  influido  en  la  elección  de  los  últimos  nombres ;  pero  la  pro- 
babilidad raya  en  certeza  para  los  primeros.  En  todo  caso,  la  lista 
fué  evidentemente  discutida  y  acordada  por  lo  que  llamaríamos  hoy 
el  «  comité  « .  —  Cuando  la  aceptación  literal  de  un  documento  con- 
duce al  absurdo,  es  de  buena  critica  desestimarlo,  sea  quien  fuere 
su  autor.  Ahora  bien  :  la  versión  contraria  sobre  la  confección  de 
la  lista,  sólo  fundada  en  la  Reseña  de  Guido  (vagos  recuerdos  de  la 
primera  juventud,   escritos  medio  siglo  después  de  los    sucesos), 
tiende  á  establecer  hechos  que  abiertamente  repugnan  á  la  razón ; 
debería,  pues,  rechazarse,  aunque  no  contuviera  los  monstruosos 
errores  materiales  que  tenemos  señalados.  No  es  admisible  en  grado 
alguno  que  los  organizadores  de  un  movimiento,  cuyo  objeto  único 
era  la  creación  de  una  junta  gubernativa,  discutiesen  durante  toda 
una  noche  de  invierno  sin  entrar  á  tratar  del  asunto  que  los  re- 
unía, dejando  que  una  « inspiración  de  lo  alto  »  iluminase  al  chis- 
pero Beruti!  Y  menos  aún,  si  cabe,  que  al  día  siguiente,  en  el  mo- 
mento de  presentarse  ante  el  Ayuntamiento  los  delegados  que  iban 
(mientras  los  jefes  estaban  tomando  mate  en  casa  de  Azcuénaga) 
á  imponer  la  voluntad  del  pueblo,  ignorasen  completamente  en  qué 
dicha  voluntad  consistía,  — hasta  que  el   iluminado  Beruti  «  tomó 
una  pluma  y  definió  la  situación  »  (i).   Triste  historia  nacional 

(i)  Más  insostenible  aún  es  esta  corrección  propuesta  por  el  señor  Mitre  á  la  ver- 
sión de  Guido,  y  que  naturalmente  ha  sido  acogida  con  avidez  porque  halaga  el  instinto 
mitológico  de  la  muchedumbre  :  según  él,  fué  al  día  siguiente,  en  el  acto  mismo  de  ha- 
llarse la  delegación  popular  en  presencia  del  Cabildo  (sin  saber  lo  que  iba  á  pedir), 
cuando,  «  ol  fogoso  Beruti  iluminado  por  una  do  esas  inspiraciones,  etc.,  tomó  una 
ploma  y  escribió  unos  nombres  en  un  papel  ».  Para  demostrar  que  Guido  se  ha  equivo- 
cado, el  señor  Mitre  se  funda  :  i*  en  el  testimonio  de  Guido,  el  cual  afirma,  que  Moreno 
y  Belgrano  estaban  presentí» :  a*  en  el  testimonio  de  Moreno  y  Belgrano  que  se  decla- 
ran ausentes!  —  Ello  recuerda  aquel  sofisma  famoso  en  las  antiguas  escuelas :  Demócrito 
dice  que  los  abderitanos  son  mentirosos;  pero  Demócrito  es  abderitano :  luego,  Demó- 
crito miente  :  luego,  no  es  cierto  que  los  abderitanos  sean  mentirosos,  luego,  Demócrito 
no  miente ;  luego  etc.,  hasta  la  consumación  de  los  siglos.  Como  cualquier  patraña  suele 
arrancar  de  un  fondo  de  realidad,  es  posible  que  Beruti,  á  fuer  de  escribiente  que  era, 
se  encargase  la  vispera  de  copiar  algunas  listas  electorales,  y  acaso  también  la  solicitud 


aa2  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

• 

sería  la  que,  para  resultar  interesante  é  instructiva,  necesitara  fun- 
darse en  tales  patrañas  ;  y  no  alcanzo  á  percibir  lo  que  gana  el  acto 
más  trascendental  déla  revolución  argentina  —  fuera  délo  que 
pierde  la  verdad  —  en  aparecer  como  un  palo  de  ciego !  —  Tam- 
bién hubo  de  decidirse  en  la  misma  junta  nocturna  aquella  expe- 
dición ((auxiliadora  »  á  las  provincias  interiores,  que  introdujo  una 
nota  imprevista  y  amenazadora  en  la  fórmula  del  Cabildo,  y  cuya 
exigencia  se  formuló,  al  otro  día,  en  nombre  del  (( pueblo  »  —  aquel 
niño  incapaz,  de  que  habla  José  de  Maistre,  eterno  ausente  de 
las  resoluciones  y  sólo  presente  para  cumplirlas.  Después  de  dejar 
así  arreglado  el  programa  completo  que  el  25  había  de  realizarse 
sin  obstáculos  ni  variantes,  los  antiguos  ((precursores  »  ahora  pro- 
tagonistas del  drama  que  empezaba,  se  separaron  por  pocas  horas : 
al  triste  alborear  de  aquel  día  de  invierno,  lluvioso  y  frío,  pero  que 
la  imaginación  del  gran  poeta  anónimo  se  encargaría  de  idealizar, 
¡unto  con  sus  escasas  peripecias,  fijando  un  sol  simbólico,  más 
refulgente  que  el  real,  en  el  inmutable  azul  de  un  cielo  de  le- 
yenda. 

Desde  el  amanecer  del  25  de  mayo,  empezaron  á  tomar  su 
puesto  respectivo  los  actores  y  público  del  drama,  en  el  vasto  esce- 
nario de  la  Plaza  de  la  Victoria  (i).  La  lluvia  persistente  hacía  re- 
fluir los  grupos  populares  en  las  arquerías  de  la  Recova  y  del  Ca- 
bildo; se  había  apostado  en  la  fonda  de  la  Vereda  \ncha,  á  vista 
de  los  balcones  consistoriales,  el  coro  de  los  manifestantes,  cono- 
cibles por  una  cinta  en  el  sombrero  (2)  y  prontos  á  entrar  en  esce- 

cargada  de  firmas  que  se  presentó  al  Cabildo  y  deide  la  n<x:he  anterior  circulaba,  tegua 
la  versión  de  Dominguec  que  ha  de  ser  la  buena :  de  ahí  el  cuento  de  la  iluminación. 

(i)  AI  emplear  esta  designación,  en  su  relato  de  los  sucesos  de  iSio,  el  doctor  Ló- 
pez  (111,  309)  se  disculpa  por  el  «anacronismo»  .  Asi  se  llamaba  la  Plaxa  Mayor  desde 

1808. 

(a)  Dice  precisamente  el  testigo  anónimo  ya  citado  (Diario  de  varios  sucesos )  :  «  «o 
dicho  día  (aS)  se  vio  que  en  lugar  de  las  cintas  blancas  del  primer  dia  (a a),  se  pusie- 
ron los  de  la  turba  en  el   sombrero  cintas    encarnadas».  El  señor  Mitre    dice  que  uel 


SANTIAGO  LINIERS  aa3 

na  á  una  señaldeBeruti,  French,  Dupuy  y  otros  caudillos:  mu- 
chos de  ellos  llevaban  cintas  de  coloren  el  sombrero;  desde  la  es- 
quina diagonal,  los  directores  del  movimiento,  reunidos  en  la  casa 
de  Azcuénaga,  observaban  la  ejecución  de  las  maniobras.  A  las 
ocho,  el  Ayuntamiento  se  halló  reunido  en  la  Sala  de  acuerdos,  y 
la  función  comicial  (en  que,  como  hemos  dicho,  todo  estaba  pre- 
visto, hasta  las  entradas  tumultuarias  del  pueblo)  se  desarrolló  ccn 
la  precisión  de  ima  pieza  bien  sabida.  El  Cabildo  comenzó  por 
rehusar  la  renuncia  de  la  Junta,   despachando  al  Fuerte  su  resolu- 
ción. A  los  pocos  minutos,  un  primer  grupo  popular  invadía  la 
sala;  su  orador,  u previo  el  competente  permiso»,  exigió  la  depo- 
sición inmediata  del  virrey  ;  Leiva  sostuvo  el  ataque  y  logró  neu- 
tralizarlo, consiguiendo  una  tregua  que  iba  á  ocuparse  «  en  el  me- 
jor bien  y  felicidad  de  estas  provincias  ». Retirados  los  asaltantes, 
la  tregua  se  empleó  en  discurrir  otra  escapatoria, — y  en  tales  circuns- 
tancias, conocida  la  general  pusilanimidad  de  esos  burgueses,  tanta 
pertinacia  reviste  un  aspecto  casi  heroico.   A  las  nueve  y  media,  se 
presentaron  los  jefes  de  los   cuerpos;   á  la  pregunta  del  sindico 
Leiva :  «  si  se  podría  contar  con  las  armas  de  su  cargo  para  soste- 
ner el  gobierno  establecido»,  todos  contestaron  unánimes  con  la 
negativa,    á    excepción    de  Orduña,    Lecoq    y    Quintana,  que, 
como  españoles,  guardaron  dignamente  el  silencio.  En  esto  «las 
gentes  que  cubrían  los  corredores  dieron  golpes  á  las  puertas  de  la 
sala  capitular,  o  vendóse  voces  de  que  querían  saber  de  lo  que  se  tra- 
taba (i).   El  popular  comandante  Rodríguez  salió  á  contener  á  los 
más  exaltados  que,  como  suele  ocurrir  en  estos  casos,  empezaban  á 
desempeñar  su  papel  al  natural.  Terminó  la  sesión  con  reiterar  los 
jefes  su  declaración  de  que  la  renuncia  de  Cisneros  era  necesaria  y 


pueblo  enarboló  los  colores  de  su  cielo,  ya  popularuados  por  el  anifórme  de  los  Patri- 
cios n.  Süb  jadiee  lis  esl.  Por  lo  demás,  casi  todos  los  cuerpos  de  la  Defensa  estaban  uni- 
formados de  calzón  blanco  y  casaca  azul,  con  faja,  cuello   y  mangas  ó  peto  encarnados. 

^i)  Áeta  capitular  áe\  a5  de  mayo.  A  ésta  se  refieren  todas  las  palabras  entre  comillas 
que  no  llevan  otra  indicación. 


334  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

urgente.  Al  fin  comprendió  el  Ayuntamiento  que  era  fuerza  cor- 
tar por  lo  sano  y  pedir  al  virrey  su  dimisión  lisa  y  llana,  sin  pro- 
testa de  ninguna  clase.  Pero  era  tarde  ya  (siempre  lo  hubiera  sido), 
y  cuando  llegó  la  resignada  renuncia,  se  presentó  la  verdadera  de- 
legación popular  encabezada  por  Beruti,  manifestando  categórica- 
mente que  (( no  se  tenia  por  bastante  que  el  Excmo.  señor  Presidente 
se  separase  del  mando,  y  que  el  pueblo  reasumía  la  autoridad  que 
depositó  en  el  Excmo.  Cabildo».  Y  entonces,  en  medio  de  las  pro- 
testas de  los  capitulares  y  el  «  alboroto  escandaloso  »  de  los  mani- 
festantes, el  orador  formuló  el  programa  de  la  revolución,  que  ya 
conocemos :  «  una  junta  gubernativa  compuesta  de  Saavedra  como 
Presidente  y  comandante  de  armas,  de  los  vocales  Gastelli,  Bel- 
grano,  Azcuénaga,  Alberti,  Matheu  y  Larrea,  y  los  doctores  Passo 
y  Moreno  como  secretarios :  con  la  precisa  cualidad  de  que,  esta- 
blecida la  junta,  debería  publicarse  en  el  término  de  quince  días 
una  expedición  de  5oo  hombres  para  las  provincias  interiores,  cos- 
teada con  la  renta  del  señor  virrey,  señores  oidores,  contadores 
mayores,  etc.  ».  Y  la  intimación  terminaba  con  la  amenaza  de  « re- 
sultados muy  fatales  »,  si  no  se  le  hacía  inmediato  lugar.  Con  eslo  y 
todo,  el  síndico  Leiva,  más  fértil  en  recursos  que  el  griego  Ulises,  pi- 
dió que  se  presentara  por  escrito  y  firmada  a  por  el  pueblo^)  la  formi- 
dable petición.  Fué  un  entreacto  de  respiro  (un  « largo  intervalo» 
dice  el  Acta),  después  del  cual  volvieron  los  revolucionarios,  tra- 
yendo en  efecto  un  pliego  «  con  las  mismas  ideas  que  manifestaron 
de  palabra,  .y  firmado  por  un  número  considerable  de  vecinos,  re- 
ligiosos, comandantes  y  oficiales  » .  Asimismo  no  se  dio  por  ven- 
cido el  admirable  procurador:  expuso  que  el  Cabildo,  para  ase- 
gurar la  resolución,  debía  oir  al  mismo  pueblo  congregado  en  la 
Plaza.  Y  entonces  fué  cuando,  al  encontrarse  Leiva  con  los  rari 
nantes  que  chapoteaban  en  el  lodo  y  personificaban  al  ficticio  so- 
berano, se  le  escapó  la  fatal  pregunta  :  ¿  Dónde  está  el  pueblo  ?  — 
más  funesta  para  su  prestigio  americano  que  todas  sus  tretas  y  resis- 
tencias anteriores.  Calmados  los  furiosos  clamores  que  la  imperti- 


I 


SANTIAGO  LINIERS  aa5 

nente  pregunta  desencadenó,  pudo  el  escribano  leer  en  alta  voz,  y 
hacer  ratificar  por  los  presentes  « la  primera  constitución  del  pueblo 
argentino»,  la  cual  no  era  sino  la  Magna  Carta  de  la  víspera,  con 
la  mudanza  de  retener  la  Junta  las  atribuciones  que  antes  el  Cabil- 
do se  reservaba.  Incontinenti  fueron  llamados  á  prestar  juramento 
ios  miembros  de  la  Junta,  que  se  hallarían  en  casa  de  Azcuénaga, 
pues  «  sin  haberse  separado  déla  sala  capitular  los  señores  del  Cabil- 
do »  se  repitió  con  el  aparato  habitual  laya  descripta  ceremonia  (i). 
Así  se  realizó,  sin  una  gota  de  sangre  derramada,  sin  excesos  ni 
violencias  personales,  el  primer  acto  de  la  revolución  argentina. 
Si  ello  fué  posible  porque  los  patriotas  disponían  de  la  fuerza  arma- 
da, no  es  menos  justo  reconocer  que  se  abstuvieron  de  ostentarla 
en  los  comicios,  procurando,  y  consiguiendo,  que  la  iniciativa  po- 
pular conservase  ante  la  historia  la  actitud  ennoblecedora  de  un 
movimiento  de  opinión.  Los  batallones  quedaron  en  los  cuarteles  ; 
y  sus  jefes  sólo  acudieron  al  llamamiento  de  la  autoridad  para  sig- 
nificarle que  las  tropas  no  coartarían  la  reivindicación  de  los  dere- 
chos cívicos  por  el  mismo  Cabildo  reconocidos  y  en  seguida  vulne- 
rados. Nadie  que  no  abdique  su  puesto  en  la  región  superior  de  las 
ideas,  puede  desconocer  el  sello  de  grandeza  moral  que  esta  mode- 
ración imprimeen  quienes  la  observaron,  y  que  todos  los  errores 
subsiguientes  no  lograrían  borrar.  Y  si  se  recuerda  que  el  pacifico 
iniciador  de  la  más  tarde  sangrienta  cruzada,  era  el  único  pueblo 
hispano-americano  que  se  hubiese  señalado  al  mundo  por  recientes 
victorias  europeas,  no  se  sabe  qué  es  más  admirable,  si  la  lógica  ó 
la  justicia  de  esta  sentencia  lapidaria,  que  sólo  el  extravío  pudo  dic- 
tar :  ((  Los  oídos  de  Buenos  Aires  están  vírgenes  de  esa  música  de 
la  muerte  que  conduce  á  la  gloria.  Sólo  ha  oído  las  balas  de  la  gue- 
rra civil :  en  la  revolución  del  25  de  mayo  de  1810  contra  el  virrey, 

(i)  Manuel  Moreno  nos  cuenta  que  «  muchas  horas  después  de  la  elección»,  su  her- 
mano la  ignoraba  y  que  «le  sorprendió  la  noticia»;  lo  propio  apunta  Belgrano,  y  sin 
dbda  sofrieron  el  mismo  género  de  sorpresa  los  otros  siete,  que  se  encontraron  todos 
ápoint  nommé  para  colocarse  bajo  el  dosel.  Debilidades  humanas  de  ayer,  hoy  y 
mañana. 

AXALSS   DS    tX   KBUOnCA.  —   T.    Ul  1 3 


3a6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

en  que  tomó  parte  el  virrey  mismo  (?),  no  se  quemó  un  grano  de 
pólvora,  sino  lade  las  salvas  »  (i). 

Al  engrandecer,  pues,  el  levantamiento  de  Mayo,  no  yerra  el  sen- 
timiento popular;  sólo  que,  obedeciendo  al  antropomorfismo  inven- 
cible que  ha  creado  las  mitologías  y  las  épicas  leyendas,  personi- 
fica en  algunos  hombres  vacilantes  y  falibles,  apoderados  incons- 
cientes del  destino,  las  energías  y  virtudes  del  alma  nacional.  Em- 
pero, si  fué  la  obscura  razón  colectiva,  lógica  como  las  fuerzas  na- 
turales, la  que  marcó  la  hora  y  el  carácter  de  la  revolución,  fueron 
hombres  los  que  luego  la  recibieion  y  aplicaron ;  y,  aunque  de  las 
mismas  contiendas  políticas  surgiera  el  predominio  de  los  más  dig- 
nos, como  por  diferente  concepto  lo  eran  sin  duda  Moreno,  Puey- 
rredón,  San  Martín  y  Rivadavia,  tenían  fatalmente  que  dejar  estam- 
pado en  su  obra  imperfecta  el  estigma  de  las  pasiones  y  los  errores 
humanos.  De  estos  errores,  cometidos  ó  sufridos  por  dos  genera- 
ciones, apenas  si  me  toca  mencionar  de  paso  los  que  desde  el  origen 
descaminaron  la  empresa  hasta  comprometer  su  existencia.  Seña- 
lémosloSj  no  obstante,  con  indulgencia,  —  y  sin  perder  de  vista  las 
corrientes  históricas  y  sociales  á  que  hubieron  de  resistir  para  ha- 
cerse libres,  aquellos  criollos,  que  habían  nacido  vasallos  españoles» 
subditos  de  una  monarquía  absoluta  que  era  un  edificio  de  preocu- 
paciones jerárquicas,  fieles  de  un  catolicismo  estrechado  por  la  igno- 
rancia y  la  superstición;  y  vivido,  por  fin,  del  todo  extraños  á  la  prac- 
tica, no  sólo  de  las  instituciones  que  anhelaban  fundar,  sino  de  las 
disciplinas  intelectuales  que  vigorizan  y  emancipan  la  mente. 

La  intolerancia  es  en  todos  nosotros  una  actitud  natural,  que  sólo 
por  la  educación  de  la  vida  se  corrige  ó  atenúa :  yes,  además,  acha- 
que muy  humano  que,  al  verse  libres,  los  oprimidos  se  tornen 
opresores.  ¡  Son  amos  duros,  dice  el  poeta  griego,  los  avezados 
á  servir!  Pero  la  intolerancia  política,  con  ser  en  los  revoluciona- 
rios una  herencia  de  la  raza  y  de  la  historia,  asumió  en  el  acto  el  ca- 

(i)  Albbhoi,  Escritos  postamos,  V,  Sy. 


SANTIAGO  UNIERS  «7 

rácter  de  un  fanatismo  casi  religioso  que  no  admitía  disidencias.  Y 
á  no  mediar  cierta  generosidad  innata  y  blandura  de  fibra  del  alma 
argentina,  hubieran  revestido  las  formas  atroces  del  patriotismo 
español.  Al  día  siguiente  de  la  incruenta  victoria,  comenzó  á  des- 
puntar y  tomar  forma  una  suerte  de  derecho  divino  de  la  Revolu- 
ción, tanto  más  absoluto  é  indiscutible  en  la  mente  de  sus  defenso- 
res, cuanto  menos  fundado  en  derechos  positivos.  Desde  el  25  de 
mayo,  el  ser  español  en  estas  provincias  fué  tenido  por  un  defecto 
sospechoso,  y  el  ser  realista,  por  un  delito ;  lo  mismo  que  ocurrió 
en  la  Reconquista  con  los  moros  de  España,  que  al  ser  vencidos  se 
hicieron  objeto  de  escarnio  y  vilipendio.  Fuera  de  la  novísima  co- 
munión revolucionaria,  no  hubo  ya  salud  ni  perdón :  en  nombre 
de  la  pasión  excluyente  que,  al  punto  de  estallar,  se  propagó  rápi- 
damente, como  un  incendio  de  verano  en  la  pampa,  fueron  mu- 
chos perseguidos  y  otros  sacrificados  —  éstos,  felizmente,  en  corto 
número  en  este  virreinato  —  v  ello,  no  á  manos  de  malvados,  si- 
no  de  patriotas  rígidos  y  puros  que  entendían  cumplir  un  doloroso 
deber.  Y  tan  indeleblemente  impregnó  este  pueblo  el  venenoso  so- 
fisma, que  después  de  un  siglo  de  experiencia  histórica,  enseñanza 
en  mucha  parte  perdida,  esta  es  la  hora  en  que  se  escribe  y  se  en- 
seña á  las  nuevas  generaciones  por  escritores  argentinos ;  que  no  son 
los  sectarios  impulsivos  los  que  necesitan  disculpa,  sino  los  «  ajus- 
ticiados »  los  que  esperan  su  rehabilitación !  —  Por  cierto  que  con- 
tribuyeron no  poco  á  difundir  tan  deplorable  doctrina  el  ejemplo 
y  la  prédica  de  Moreno:  suerte  de  Casio  enfermizo  y  genial  (i), 
cuya  inflamada  elocuencia  no  era,  al  modo  del  rojo  penacho  que 
ondula  sobre  la  chimenea  del  horno,  sino  el  indicio  y  reflejo  de  la 
combustión  interior.  ¿  Pero  éste  no  la  creó ;  brotó  directamente  de 
las  entrañas  populares  á  raíz  del  cabildo  abierto,  y  denuncian  su 
presencia  ciertas  precauciones  de  la  llamada  »  constitución  »  del 
24,  inspiradas  por  el  prudente  Leiva.  Un  anglo-sajón  no  com- 

(i)  Sbaebspbarb,  Jüliíu  Caetar,  1, 11 :  Yond  Cassiut  has  a  lean  andhungry  look ;  he  Oiinla 
too  maeh... 


aa8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

prendería  que  fuese  necesario  «  amnistiar  »  á  un  grupo  de  vecinos 
por  las  opiniones  libremente  vertidas  en  un  congreso  (i).  No  sólo 
este  Ayuntamiento  juzgaba  indispensable  proteger  á  la  minoría, 
sino  que,  más  avisado,  pudiera  prever  que  su  protección  resulta- 
ría ineficaz  contra  los  arrebatos  revolucionarios ;  con  amnistía  y  to- 
do, los  oidores  y  funcionarios  mal  pensantes  fueron  perseguidos, 
despojados  y,  antes  de  cumplirse  un  mes,  desterrados  con  el  vi- 
rrey, y  prueban  los  documentos  que  entre  los  capítulos  del  proceso 
figuraban  sus  opiniones  vertidas  en  el  cabildo  del  22  (2).  Por  lo 
demás,  es  harto  conocido  el  sistema  inquisitorial  que  la  Junta  esta- 
bleció en  Buenos  Aires,  levantando  un  censo  político  en  que  los  ve- 
cinos eran  clasificados  por  sus  opiniones,  imponiendo  las  denun- 
cias de  sus  amos  á  los  esclavos,  a  castigando  con  rigor  al  que  de 
obra  ó  de  palabra  pretenda  sembrar  divisiones  ó  descontentos  »,  y 
dictando,  por  fin,  una  a  ley  de  sospechosos  »  imitada  de  la  francesa 
que  caracterizó  al  Terror  de  1798,  y  que  Rosas  no  necesitó  inventar 
ni  copiar  de  modelos  extraños  :  tan  cierto  es  que  todos  los  fanatis- 
mos son  hermanos,  y  que  la  intolerancia  de  Robespierrc  sólo  difiere 
de  la  de  Torquemada  por  la  materia  y  el  punto  de  aplicación. 

(i)  Acta  capitular  del  a4  :  «Lo  sexto,  que  los  referidos  señores  (de  U  Junta),  inme- 
diatamente después  de  recibidos  de  sus  empleos,  publiquen  una  general  amnistía  en  to- 
dos los  sucesos  ocurridos  el  día  2  3,  en  orden  á  opiniones  sobre  la  estabilidad  del  gobier- 
no ;  y  para  mayor  seguridad  este  Cabildo  toma  desde  ahora  bajo  su  protección  á  todos 
los  vocales  que  han  concurrido  al  Congreso  general,  ofreciendo  que  contra  ninguno  de 
«líos  se  procederá  directa  ni  indirectamente  por  sus  opiniones,  cualesquiera  que  hayan 
sido».  Ya  sea  por  omisión,  ó  resistencia  do  la  Junta,  esta  cláusula  no  figura  en  la  dcons- 
titución»  del  aS,  que  reproduce  todas  las  otras. 

(a)  Gaceta  extraordinaria  del  a3.  El  virrey  y  los  oidores  fueron  deportados  el  a  a  i 
la  noche ;  días  antes  el  fiscal  Caspe  habia  recibido  «  una  formidable  palixa »  por  haber- 
se presentado  en  un  acto  oficial  a  escarbándose  los  dientes  con  un  palito».  Cisneros  e»- 
cribió  luego  :  u  lo  echaron  por  tierra  á  sablazos  y  lo  hubieron  de  matar  »,  y  otros  (entre 
«líos  Liniers)  refirieron  el  «asesinato  de  Caspe»  ;  asi  escriben  la  historia  los  partidos! 
Los  manifiestos  de  la  Junta  son  tan  parciales  como  el  informe  de  Cisneros  y  necesitan  la 
misma  critica.  En  éste,  por  ejemplo,  es  inadmisible  que  Cisneros  u  estuviese  escribiendo 
dicho  parte  »,  como  dice  su  mujer,  á  las  siete  y  media  de  la  noche  del  a  a,  cuando  le  lla- 
maron del  Fuerte,  siendo  tanto  el  apuro  que  no  tuvo  tiempo  para  firmar  el  Informe,  ya 
concluido  y  fechado. 


SANTIAGO  LINIERS  aag 

Fue,  á  mi  ver,  otro  pecado  original  del  gobierno  revo- 
lucionario, el  falso  concepto  de  la  situación,  que  le  indujo  á  dis- 
frazar bajo  la  «  máscara  de  Fernando  »  sus  propósitos  de  radical 
independencia.  Bien  sé  que  la  política  se  rige  por  otros  principios 
que  los  de  la  moral  absoluta  —  y  acaso,  muy  á  menudo,  por  una 
moral  sai  generis  que  carece  de  principios  ;  pero,  aun  concediendo 
el  deplorable  postulado,  es  fácil  demostrar  que  la  actitud  ambigua 
no  podia  reportar,  como  no  reportó,  ventaja  alguna  para  la  causa 
patriótica,  y  sí  funestas  consecuencias.  Y  no  se  nos  objete  que  es 
harto  cómodo  profetizar  después  de  los  sucesos.  Pasadas  las  pri- 
meras semanas,  y  cuando  repercutieron  aquí  las  impresiones  exte- 
riores del  levantamiento  de  Buenos  Aires,  no  pudo  escapárseles  á 
Moreno  y  sus  colegas  que  sus  fórmulas  engañosas  no  engañaban  á 
nadie.  Así  en  Europa  como  en  América,  la  creación  simultánea  de 
las  Juntas  de  Buenos  Aires  y  Caracas  significó  para  todos  la  eman- 
cipación de  estas  colonias,  á  quienes  desde  luego  la  Regencia  de 
Cádiz  trató  como  rebeldes  (i).  Concretándonos  á  lo  nuestro,  huel- 
ga recordar  cómo  los  mandatarios  de  Montevideo,  el  Paraguay  y 
el  Perú  acogieron  las  protestas  de  «  conservar  estos  dominios  á 
nuestro  amado  Fernando  » :  con  más  ó  menos  eficacia,  pero  con  igual 
resolución,  declararon  la  guerra  á  los  singulares  doctrinarios  que 
juraban  ser  más  realistas  que  el  rey,  y  lo  demostraban,  proscribien- 
do —  ó  fusilando  —  á  sus  legítimos  representantes.    Lo  propio 

(i)  Por  olra  parte,  la  Gacela  de  Madrid,  órf^^no  oficial  del  rej  José,  celebraba  la  su- 
blevaciÓD.  Ensu  número  de  8  de  octubre  de  1810,  publicó  una  carta  de  Buenos  Aires, 
con  fecha  del  i*  de  junio,  confirmando  otra  llevada  por  el  bergantín  inglés  Piti  que,  se- 
gún Temos  en  el  Correo  de  Comercio  zarpó  el  a8  de  mayo.  El  autor  es  un  comerciante 
inglés,  admirablemente  informado ;  después  de  reseñar  los  acontecimientos  recientes,  dice : 
«  Los  cabezas  de  la  revolución  mantienen  una  correspondencia  seguida  con  las  provincias 
del  Perú  y  esperamos  que  no  tardarán  en  declararse  independientes  »;  y  luego  agrega  : 
«  Si  los  deseos  de  los  españoles  se  hubieran  cumplido,  ya  nos  hubieran  echado  de  aquí, 
porque  siempre  han  deseado  que  se  diesen  leyes  severas  contra  los  extranjeros.  El  último 
virrey  se  propuso  publicarlas,  á  pesar  de  la  libertad  que  se  habla  concedido  al  comercio, 
pero  la  Junta  nos  ha  hecho  saber  que  podemos  seguir  aquí  con  entera  libertad... 
Don  Juan  Josef  Castelli,  doctor  en  derecho,  hombre  de  gran  mérito,  es  uno  délos  prin- 
cipales autores  de  esta  importante  revolución  y  oeapa  el  segundo  lugar  en  la  Junta  ». 


aSo  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ocurrió  al  punto,  como  luego  veremos,  en  las  más  importantes  de 
las  provincias  interiores.  Todo  el  Informe  de  Cisneros,  del  22  de 
junio,  no  es  sino  un  desarrollo  de  esta  proposición  fundamental: 
(( el  objeto  [de  tan  escandaloso  atentado]  es  la  absoluta  independencia 
de  estas  Américas  »  ;  y  es  muy  sabido  que  un  concepto  idéntico  ins- 
piró la  entonces  célebre  Proclama  de  Casa  Irujo,  que  Moreno  refutó 
en  la  Gaceta.  \  Tal  éxito  alcanzáronlos  según  ella  maquiavélicos  disi- 
mulos de  la  Junta !  Seria,  pues,  tiempo  perdido  el  que  empleára- 
mos en  discutir  largamente  las  razones  de  una  actitud  equívoca  que 
á  nadie  persuadieron  y,  por  tanto,  no  pesaron  para  nada  en  el  re- 
sultado. A  despecho  desús  juramentos  de  fidelidad,  la  Regencia 
asumió  contra  Buenos  Aires  la  misma  actitud  hostil  que  contra 
Caracas,  y  si  no  lograron  aquí  una  efímera  reconquista,  fué  por  fal- 
ta  de  elementos,  no  de  intenciones.  —  Tampoco  resistía  al  más  lige- 
ro examen  el  pretexto  de  contenerse  así  las  sublevaciones  interiores, 
teniéndose  á  la  vista  las  tentativas  de  Córdoba  y  otras  provincias  : 
.  no  se  contuvieron  los  españoles  por  las  palabras  de  la  Junta,  en  las 
cuales  no  creían,  sino  por  sus  actos  enérgicos  que  desmentían  sus 
palabras.  Por  fin,  en  la  hipótesis,  por  todos  admitida,  de  afianzarse 
el  trono  de  José,  — lo  que  desde  luego  ahuyentaba  el  fantasma  de 
Cádiz,  —  era  á  todas  luces  evidente  que  el  nuevo  gobierno  español 
tendría  mejores  derechos  para  imponer  la  sumisión  á  unas  provin- 
cias que  se  declaraban  ellas  mismas  «  parte  integrante  déla  monar- 
quía )),  que  á  un  Estado  independiente.  Con  mayor  lógica  y  funda- 
mento que  Venezuela,  pues,  pudo  y  debió  Buenos  Aires  proclamar 
francamente  su  independencia,  al  día  siguiente  de  la  revolución  y  en 
nombre  délas  provincias  del  antiguo  virremato,  no  escapándosele 
á  nadie  que  la  expedición  auxiliadora,  como  muy  bien  afirma  el 
señor  Mitre,  llevaba  sus  argumentos  «  en  la  punta  de  sus  bayo- 
netas ». 

Si  la  falsa  posición  por  la  Junta  asumida  sólo  contenía  ventajas 
ilusorias,  sus  inconvenientes  positivos  no  se  hicieron  esperar.  En  6 
de  junio  esta  Audiencia  comunicaba  al  gobierno,  «  por  si  acaso  no 


SANTIAGO  UNIERS  aSi 

hubiera  llegado  á  sus  manos  >i,  el  decreto  del  Consejo  de  Regencia 
que  disponía  la  elección  de  diputados  á  Cortes,  é  importaba  la  obli- 
gación previa  de  prestar  juramento  y  obediencia  á  dicho  Consejo, 
como  representante  de  Fernando  YII.  Cogida  en  sus  propias  redes. 
la  Junta  tuvo  que  apelar  al  sofisma  para  establecer  distinciones  en> 
tre  los  deberes  actuales  de  estas  colonias  respecto  de  la  Regencia,  y 
su  anterior  reconocimiento  inmediato  de  la  Central.  Promovióse  un 
expediente  al  parecer  interminable,  pero  que  la  Junta  terminó,  á 
falta  de  buenas  razones,  con  el  destierro  de  los  adversarios.  Así  fué 
conducida  al  primer  acto  de  violencia  que,   hábilmente  explotado 
por  los  reaccionarios  de  Córdoba  y  otras  provincias,  tenía  que  defi- 
nir netamente  las  respectivas  posiciones  y  precipitar  los  desenlaces 
trágicos :  veremos  luego  cómo  este  primer  conflicto,  no  el  mismo 
movimiento  de  Mayo,  fué  lo  que  determinó  la  actitud  decisiva 
y  la  resolución  extrema  de  Liniers.  No  es  dudoso,  para  concluir  con 
estas  consideraciones,  que  la  engañosa  bandera  enarbolada  por  la 
Junta,  muy  lejos  de  allegar  recursos  á  la  revolución,  atrájole  sus 
primeras  dificultades,  entibiando  el  ardor  de  los  partidarios  y  sem- 
brando la  desconfianza  entre  los  indecisos,  sin  desarmar  una  sola 
resistencia.  La  patriótica  propaganda  de  Moreno  quedó  al  pronto 
desvirtuada  por  el  imprudente  compromiso ;  y  hasta  en  sus  últimas 
páginas,  al  esbozar  la  futura  constitución  de  su  pueblo  libre,  vésele 
detenerse  y  reprimir  el  vuelo  del  atrevido  pensamiento  para  colgarle 
el  grillete  de  un  fantástico  vasallaje  (i).  En  tanto  que  la  intolerancia, 
del  autoritario  tribuno  alzaba  ante  su  propio  paso  los  obstáculos  en 
que  había  de  estrellarse,  aquella  impostura  inicial  esterilizaba  en 
parte  su  acción  política,  en  otros  campos  tan  fecunda.  Y  si  al  cabo 
y  contra  todo  antagonismo  se  realizó  la  independencia,  y  es  justísi- 
mo que  la  posteridad  coloque  en  el  Panteón  argentino  al  glorioso 


(i)  Miras  del  Congreso.  Gaceta  del  i3  de  noviembre:  «Más  adelante  eiplicaré  cómo 
puede  realizarse  esta  constitución,  sin  comprometer  nuestro  vasallaje  al  señor  don 
Femando » .  Casi  no  hay  página  de  esos  admirables  artículos  sin  alguno  de  estos  correc- 
tivos pegadizos  que  debilitan  y  deforman  el  pensamiento. 


a3a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

patricio,  cuyos  éxitos  y  merecimientos  cubrieron  con  exceso  sus 
errores,  no  podría  la  historia  dejar  de  señalarlos  sin  abdicar  su  más 
alta  misión,  que  es  la  de  extraer  de  lo  pasado  lecciones  aplicables 
al  porvenir.  Resultaron  harto  prolífícas  las  simientes  de  falacia  é  in- 
tolerancia por  el  gran  hombre  depositadas  en  el  surco  revoluciona- 
rio ;  pero  fué  más  tarde  la  peor  de  las  calamidades  morales,  el  que 
pudieran  los  más  cínicos  mandones  autorizarse,  con  razón  aparente, 
en  los  ejemplos  de  Moreno,  para  violar  sus  juramentos  y  perseguir 
de  muerte  á  sus  opositores  (i). 


El  3o  de  mayo,  comenzaron  á  circular  en  Córdoba  rumores  de 
las  novedades  ocurridas  en  Buenos  Aires,  los  días  21  y  22  (2).  Sólo 

(i;  Monteagndo,  que  fué  sin  duda  el  discípulo  más  vigoroso  y  personal  de  Moreno,  no 
dejó  de  señalar  los  extravíos  de  su  maestro,  á  quien  con  toda  justicia  atribuía  lo  IraeDO 
j  lo  malo  de  la  primera  Junta.  Entre  muchos  otros  pasajes  significativos,  puede  citarse 
respecto  de  la  intolerancia,  el  que  principia  asi,  én  las  Observaciones  diddclieas  (Gacela, 
1 3  de  mayo  de  i8ia  —  mal  fechado  en  la  colección  de  Pelliza)  :  u  Se  instaló  el  aS  de 
Mayo  la  primera  junta  de  gobierno  :  ella  pudó  haber  sido  más  feliz  en  sus  designios, 
si  la  madurez  hubiese  equilibrado  el  ardor  de  uno  de  sus  principales  corifeos,  y  si  en 
vez  de  un  plan  do  conquista  se  hubiese  adoptado  un  sistema  político  de  conciliación  con 
las  provincias».  Y  el  párrafo  siguiente:  a  Tampoco  es  dudable  que  la  tendencia  del  pri- 
mer gobierno  provisional  era  el  despotismo,  etc.  ».  Y  luego :  «  Sigamos  con  la  máscara 
de  Fernando  Vil,  dicen  algunos  :  las  circunstancias  no  permiten  otra  cosa.  ¡  Oh  circuns- 
tancias, cuando  dejaréis  de  ser  el  pretexto  de  tantos  males!...» 

(2)  Para  el  estudio  del  conilicto  de  Córdoba,  los  documentos  del  Archivo  general  (pu- 
blicados é  inéditos)  ocupan  el  primer  puesto.  Las  historias  de  Mitre  y  Domínguez  lo  tra- 
tan muy  á  bulto  :  la  de  López  os  un  tejido  de  errores  y  afirmaciones  gratuitas  :  sólo  rec- 
tificaré, do  pasada,  los  más  visibles.  La  Crónica  de  Córdoba,  por  1.  Garzón,  trae  interesantes 
pormenores  locales,  pero  muy  pocos  relativos  á  la  crisis  de  julio  y  agosto  de  1810. 
Fuera  de  su  intolerable  parcialidad,  la  versión  del  capellán  Jiménez  (publicada  en  Torrente) 
resulta  ala  par  incompleta  y  errónea.  Considero  de  importancia  capital  la  relación  anónima 
que  en  este  tomo  de  los  Anales  se  publica  bajo  el  número  ^7»  y  que  debo  á  la  amabilidbd 
de  la  familia  de  Liniers.  El  manuscrito  que  posee  ahora  la  Biblioteca  es  una  copia  mo- 
derna, hecha  con  gran  cuidado  sobre  el  original,  por  un  francés  :  algunas  trocatintas  de 
lengua  y  ortografía  no  son  indicios  respecto  del  autor,  proviniendo   evidentemente  del 


SANTJAGO  LIMERS  a33 

se  sabia  que  la  deposición  del  virrey  había  sido  votada  en  el  cabildo 
abierto ;  pero  las  versiones  de  los  sucesos  resultaban  incompletas  y 
contradictorias,  como  transmitidas  de  posta  en  posta  por  viajeros, 
habiéndose  suspendido  de  orden  superior  toda  salida  de  correo. 
Realizóse  aquella  misma  noche  una  primera  junta  en  la  casa  parti- 
cular del  gobernador  Gutiérrez  de  la  Concha,  á  la  que  asistieron 
Liniers,  el  obispo  Orellana,  el  coronel  Allende,  los  oidores  Mosco - 
so  y  Zamalloa.  los  alcaldes  Piedra  y  Ortiz,  el  asesor  Rodríguez,  el 
deán  Funes  y  el  tesorero  Moreno. 

Algunos  de  los  presentes  formaban  parte  de  la  tertulia  diaria  del 
gobernador  ;  pero  otros,  como  Funes  y  los  alcaldes,  habían  sido 
invitados  en  vista  de  las  circunstancias ;  en  cuanto  á  Liniers,  se  ha- 
llaba en  la  ciudad,  como  dijimos,  por  su  negocio  de  Alta  Gracia 
con  dicho  doctor  don  Victorino  Rodríguez,  su  futuro  compañero 
de  infortunio.  La  conferencia  se  redujo  á  comentar  los  aconteci- 
mientos y  preparar  los  ánimos  en  previsión  de  otros  inminentes. 

El  correo  general  del  4  de  junio  trajo  impresos  y  oficios  relativos 

copista.  La  más  ligera  critica  comprueba  que  no  pudo  cometer  galicismo  tan  grosero 
como  el  de  incroyahle  (por  increíble)  quien  usa  de  corrido  un  estilo  genuinamente  espa  • 
ñol.  8Í  bien  con  las  incorrecciones  de  gramática  y  ortografía  que  eran  entonces  frecuentes. 
Toda  tentativa  de  atribución  precisa  sería  hipotética;  se  puede,  sin  embargo,  encerrar  en 
un  circulo  bastante  estrecho  la  conjetura.  De  la  lectura  del  documento  se  infiere  (como  lo 
advierto  en  las  notas  correspondientes)  :  i'  que  el  autor  era  español  y  sacerdote  :  a'  que  no 
asistió  á  las  ejecuciones,  si  bien  puede  haber  sido  actor  en  los  primeros  episodios  de  la 
fuga  ;  3*  que,  además  de  conocer  el  medio  cordobés,  allegó  los  datos  más  seguros  y  cir- 
cunstanciados de  los  sucesos  (probablemente  de  los  actores  sobrevivientes  Luis  Liniers, 
AUogaray,  García,  etc.)  en  vista  de  la  publicación  —  aunque  no  creo  que  ésta  se  rea- 
lizara. Si  el  autor  no  es  el  mismo  capellán  don  Gregorio  T.  Llanos,  ha  recibido,  segu- 
ramente, las  confidencias  de  éste.  A  pesar  de  cierta  exageración  en  lo  referente  á  la  acti- 
tud de  los  patriotas,  la  novedad  y  exactitud  del  relato  lo  colocan,  como  dije,  en  el  primer 
puesto  después  de  los  documentos  oficiales.  Para  la  pintura  del  trágico  episodio,  nos 
vemos  condenados  á  emplear  testimonios  espúreos,  llenos  de  detalles  apócrifos  ó  visible- 
mente deformados  por  la  pasión  partidaria ;  croo,  sin  embargo,  que  el  presente  merece 
en  su  mayor  parte  ser  exceptuado.  Sin  aceptar  la  versión  en  su  espíritu  y  tendencia,  la 
tengo  por  generalmente  fidedigna  en  lo  material.  En  todo  caso,  considero  que  deben 
publicarse  hasta  las  más  absurdas  de  uno  y  otro  bando,  aunque  sólo  fuese  para  mostrar 
á  qué  grado  de  aberración  puede  conducir  el  fanatismo  patriótico  y  sectario.  —  En  las 
referencias,  designaré  por  «el  Anónimo  »  al  autor  de  este  relato. 


a34  AN\LES  DE  LA  BIBLIOTECA 

á  la  instalación  del  nuevo  gobierno  :  pliegos  del  Cabildo  de  Buenos 
Aires^  déla  Junta  y  de  la  Audiencia,  además  de  muchas  cartas  par- 
ticulares; por  fin,  la  circular  de  conciliación  arrancada  á  Gisneros. 
Volvieron  las  citadas  personas  á  reunirse  de  noche  en  la  misma  ca- 
sa del  gobernador,  quien  expresó  sin  ambajes  su  propósito  de  des- 
conocer á  la  Junta,  contando  con  el  apoyo  del  Ayuntamiento  y  el 
vecindario.  Todos  los  presentes  asintieron  por  lo  pronto  ai  parecer 
de  Concha,  con  excepción  de  Funes  que  aconsejó  se  aceptasen  los 
hechos  consumados,  ó,  por  lo  menos,  se  resolviese  en  cabildo  abier- 
to tan  grave  asunto.  Combatida  esta  opinión,  y  al  parecer  con  gran 
vehemencia  por  Liniers,  el  Deán  se  retiró  de  la  junta  reaccionaria, 
adhiriéndose  desde  entonces  pública  y  activamente  á  la  revolu- 
ción (i).  Esta  actitud  del  doctor  Funes,  agravada  sin  duda  por  otras 
manifestaciones  posteriores,  es  la  que  ha  servido  de  base  para  que 
algunos  escritores  nacionales  y  extranjeros  le  aplicaran  el  dicterio  de 
traidor.   Estudiados  los  hechos  que  motivan  la  acusación,  la  reputo 
infundada  por  excesiva,  si  bien  considero  muy  difícil  apartar  del 
todo  el  cargo  de  delación  é  infidencia.  Funes  no  fué  propiamente  un 
traidor,  por  cuanto  manifestó  su  disconformidad  con  los  proyectos 
de  Liniers  y  Concha,  y  se  retiró  de  los  conciliábulos ;  pero  el  solo 
hecho  de  haber  concurrido  á  ellos  le  imponía  guardar  silencio  sobre 
su  objeto  y  personas  presentes.  Ahora  bien  :   no  sólo  esparció  por 
Córdoba  el  secreto  jurado,   sino  que  remitió  á  la  Junta  de  Buenos 
Aires,  en 'lío  de  junio,  su  insidioso  Dictamen,  que  importaba  una 
delación,  tanto  más  vituperable  cuanto  que  fué  conocido  aquí  estan- 
do aún  sin  marcharse  la  expedición,  y  hasta  se  publicó  en  la  Gaceta 
(7  de  agosto)  antes  de  haberse  insistido  en  la  sentencia  irrepa- 
rable. 

¿  Cómo  caracterizar  sin  injusticia  tal  extravío,  en  un  hombre  cuyo 
nivel  moral  no  era  seguramente  inferior  al  de  la  generalidad?  — 

(i)  Dice  el  Anónimo  qae  el  dictamen  de  Funes  se  produjo  en  la  junta  del  hl  p«ro 
creo  que  en  este  caso  debe  tenerse  por  decisivo  el  testimonio  de  Funes,  publicado  á  niz 
de  los  sucesos.  Hubo  sin  duda  varias  conferencias  :  de  ahí  la  confusión. 


SANTIAGO  LINIERS  335 

Ei  doctor  don  Gregorio  Funes,  que  ala  sazón  contaba  sesenta  años, 
era  un  sacerdote  instruido  y  liberal,  no  destituido  de  talento  lite- 
rario ni  de  moralidad :  sólo  que  su  talento  ciceroniano  consistía  en 
diluir  ideas  cortas  en  frases  largas,  y  su  moralidad  fluctuaba  á 
merced  de  sus  pasiones.  Entre  éstas,  eran  dominantes  la  vanidad  y 
la  ambición.  Después  de  bachillerarse  en  Alcalá,  volvió  á  su  patria, 
allá  por  1780,  provisto  de  una  canongia,  y  desde  entonces  compar- 
tió su  vida  entre  borrajear  y  pretender.   Sus  escritos  todos  (antes 
del  Ensayo  Histórico)  pertenecen  al  género  amorfo  de  las  oracio- 
nes fúnebres  ó  congratulatorias,  informes  doctrinales,  polémicas 
de  claustro  y  batallas  de  sacristía;  sus  pretensiones  giraban,  natu- 
ralmente, en  el  circulo  de  las  prebendas  y  dignidades  eclesiásticas. 
Su  correspondencia  privada,  que  tengo  á  la  vista,  arroja  luz  curiosa 
sobre  esa  existencia  de  canónigo  vanidoso  é  intrigante,  que  se  agita 
sin  tregua  en  torno  de  su  campanario  colonial,  al  modo  de  un  cetá- 
ceo dejado  por  la  marea  en  un  charco  de  escaso  fondo,  donde  se 
revuelve  incansable  en  espera  de  otra  gran  creciente  libertadora. 
Mantenía  á  dos  agentes  en  Madrid,  ocupados  en  comprarte  libros, 
música,  baratijas,  —  sobre  todo  en  mover  ante  los  consejos  penin- 
sulares sus  instancias  y  candidaturas.  Conseguido  el  deanato,  cons- 
tituyóse en  pretendiente  perpetuo  á  todos  los  obispados  vacantes  de 
América  y  hasta  de  Filipinas.  Fué  el  Tántalo  de  la  mitra,  gastando 
en  untos  y  propinas  la  renta  del  obispado  que  no  logró  jamás.  Des- 
pués de  cien  decepciones,  que  no  eran  tales  para  sus  agentes,  éstos 
hicieron  espejear  ante  el  deslumhrado  Deán  ¡  nada  menos  que  la 
vacante  de  Córdoba  !   Fueron  meses  de  febril  correspondencia :  el 
licenciado  Flores,  su  condiscípulo  de  Alcalá,  teníale  asegurados 
varios  votos  en  la  consulta.  Y  tan  seguros  los  tenía  el  amigo  Flores, 
que  en  abril  del  i8o5   salió  con  la  chuscada  de  haberse  nom- 
brado —  ¡pero  fuera  de  consulta  I  —  al  premostratense  Orellana,  ca- 
tedrático en  Yalladolid,  —  y  sobre  todo  hermano  de  un  togado  muy 
arrimado  al  candel^ro.   No  insistamos  en  la  caridad  evangélica  que 
los  dos  compadres  gastaron  con  el  favorecido  catedrático,  sin  que 


a36  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

bastaran  para  desagraviar  al  cordobés  los  dos  años  de  gobierno  en 
sede  vacante  que  Orellana  le  dejó,  antes  de  resolverse  al  sacrificio, 
que  sin  duda  algún  presentimiento  le  anunciara.  Sea  como  fuere, 
hay  indicios  claros  de  que,  hasta  1810,  Funes  quedó  resentido 
contra  Orellana,  é  impaciente  por  verle  salir  —  ó  caer. 

Otras  rencillas  locales  habían  cavado  hondas  divisiones  entre 
los  Funes  y  el  grupo  gubernista.  A  consecuencia  de  rivalidades  con- 
cejiles, Ambrosio  Funes  había  vivido  casi  desterrado  en  Buenos 
Aires  por  las  persecuciones  reales  ó  imaginarias  de  Concha,  el  ase- 
sor Rodríguez,  Allende  y  otros  cabecillas  del  bando  adverso.  Volvió 
á  fines  de  1809,  merced  á  la  protección  de  Cisneros,  pero  dispues- 
to, nos  dice  la  crónica  local,  a  á  lanzarse  contra  una  autoridad  que 
le  era  antipática  de  mucho  tiempo  atrás  »  (i).  En  suma,  los  dos  her- 
manos Funes,  con  encabezar  el  partido  de  oposición  colonial,  tenían 
medio  andado  el  camino  revolucionario  ;  las  instancias  y  promesas 
de  la  Junta  hiciéronles  andar  el  resto  (2).  Sabido  es  cómo  su  celo  fué 
prontamente  recompensado ;  pero  probablemente  cifraron  su  más 
inmediata  recompensa  en  la  caída  de  sus  adversarios,  —  sin  que 
esto  importe  decir  que  previeran  ni  desearan  el  sangriento  desen- 
lace. Así  es  como  se  puede  explicar,  sin  debilidad  ni  acrimonia,  la 
conducta  del  célebre  Deán.  Parala  inmensa  mayoría  de  los  hombres, 
las  conveniencias  personales  se  anteponen  á  los  intereses  de  gremio 
ó  vecindad,  y  éstos,  á  su  vez,  á  los  de  la  república,  —  á  pesar  de 
ser  máxima  corriente  que  debieranseguiv  una  progresión  contraria. 
Entre  los  dos  polos  morales,  habitados  por  los  santos  y  los  mons- 
truos, la  muchedumbre  intermedia  sólo  obedece  al  egoísmo;  su 
conducta  es  una  serie  de  actos  neutros,  ni  meritorios  ni  perversos. 


Ci)  loHACio  Gakzúii,   Crónica  de  Córdoba,  1,  117. 

(a)  Consta  por  la  correspondencia  de  Funes  que  Moreno  había  sido  su  alx^aclo 
en  1807.  De  esto  nacieron  sus  relaciones  cordiales  que,  por  supuesto,  pesaron  tao 
poco  en  la  actitud  del  Deán  como  diputado,  como  su  vieja  amistad  con  Liniers  en  »u 
conducta  respecto  de  su  protector.  Funes  practicó  siempre  la  a  independencia  del 
corazón  ». 


SANTIAGO  LINIERS  2Íj 

como  que  casi  nadie  hace  el  bien  ni  cometed  mal  gratuitamente, 
sino  á  impulso  de  la  vanidad  ó  el  interés . 

El  7  de  junio,  llegaron  déla  capital  varias  cartas  particulares  de 
vencedores  y  vencidos  para  los  reaccionarios  de  Córdoba.   Saave- 
dra,  Belgrano  y  otros  escribían  á  Liniers,  pintando  á  su  modo  la  si- 
tuación é  invocando  en  sus  misivas  el  nombre  de  Fernando  VII,  cu- 
yos derechos  juraban  á  todo  trance  defender.    Otra  cuerda  más  ín- 
tima hacia    vibrar  el  desconsolado  Sarratea,  temeroso  ya  de  las 
consecuencias  funestas  que  los  ímpetus  de  su  yerno  podían  acarrear 
á  su  familia.   Sin  decidir  cuál  fuese  el  peso  respectivo  de  unas  y 
otras  instancias  en  la  resolución  de  Liniers,  no  es  dudoso  que  en  di- 
cha fecha  tenía  determinado  abstenerse  de  toda  participación  directa 
en  Jos  proyectos  del  brigadier  Concha,  —  y  acaso  éste  mismo  vaci- 
lara en  presenciado  las  protestas  conciliadoras  de  la  Junta.   Prue- 
ba de  lo  primero  es  la  carta  de  Liniers  al  doctor  Echevarría  (i), 
anunciándole  terminantemente  su  salida  al  campo  para  el  sábado 
siguiente  (9  de  junio) ;  y  no  tenemos  fundamento  para  pensar  que 
este  viaje  no  se  realizara.  Por  otra  parte^  es  indiscutible  que  la  acti- 
tud de  Concha  y  del  Cabildo,  cuyas  sesiones  de  junio  aquél   siguió 
presidiendo  robustece  mi  conjetura.  En  la  sesión  del  8,  tomáronse  en 
consideración  los  oficios  pasados  por  el  Cabildo  de  Buenos  Aires  y 
por  la  Junta  Gubernativa,  resolviéndose  contestar  al  primero  que 
este  pueblo  estaba  pronto  á  designar  un  diputado  al    congreso  de 
las  Provincias,  y  á  la  segunda  que  no  n  debe  dudar  por  un  momen- 
to que  este  Cabildo  siempre  ha  reconocido  las  autoridades  legal- 
mente  constituidas  »  (2).  Sin  dejar  de  manifestar  su  recelo  por  la 

(ij  Documento  número  29.  «  El  sábado  me  voy  con  toda  mi  familia  á  Alta  Gracia, 
á  cavar  mi  tierra,  sembrar  y  plantar  árboles  ».  La  concisión  de  esta  carta  parece  rela- 
cionarse con  la  adhesión  de  Echevarría  al  nuevo  gobierno. 

(3)  Actas  del  Cabildo  de  Córdoboy  publicadas  en  Archivo  general  de  la  B.  A.,  I,  i34 
7  Big.  El  manuscrito  existente  en  el  Archivo  de  Buenos  Aires  es  evidentemente  la  copia 
solicitada  en  agosto  de  18 10  por  el  comandante  Ortix  de  Ocampo  upara  calificar  la 
culpabilidad  de  los  vocales».  Era  natural  que  el  Cabildo»  al  cumplir  la  orden,  se  esfor- 
ttae  en   atenuar  las   responsabilidades,  omitiendo  ó  alterando  quizá  ciertos  pasajes  de 


338  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

expedición  armada  que  la  circular  del  27  de  mayo  anunciábanlas 
autoridades  de  Córdoba  no  habían,  pues,  asumido  aún  una  actitud 
irrevocable ;  y  pudo  liiniers  conciliar  las  súplicas  de  los  suyos  coa 
el  pedido  de  Saavedra  que  « le  exigía  únicamente  se  retirase  á  su  ca- 
sa  de  campo  » . 

Esta  calma  aparente  no  era  sino  el  breve  y  angustioso  silencio 
que  precede  el  estallar  de  la  tormenta.  El   correo  del  i4de  juaio 
trajo  un  oficio  de  la  Audiencia,  avisando  la  constitución  del  Con- 
sejo de  Regencia,  á  los  efectos  de  su  reconocimiento  y  jura  por  las 
provincias  del  virreinato ;  el  mismo  día  llegó  de  Buenos  Aires  el  doc- 
tor don  Mariano  Irigoyen,  cuñado  del  gobernador  y  enviado  confi- 
dencial déla  Junta  para  gestionar  un  acomodamiento  (i).  Las  mis- 
mas circunstancias  se  encargaban  aquí  de  formular  el  dilema  en  una 
forma  aún  más  perentoria  y  punzante  que  la  que  en  otras  partes 
asumía.  En  el  Río  de  la  Plata,  especialmente,  muchos  eran  los  je- 
fes españoles  que  habían  cedido  al  atractivo  del  medio  social  y  al 
encanto  de  la  mujer  americana  ,  emparentándose  con  las  familias 
principales.  Estos  vínculos  de  la  sangre  eran  los  que  unían  estre- 
chamente á  los  adversarios ;  y  para  todos  los  que  obedecieran  ai 
austero  dictado  del  deber,  la  cuchilla  de  acero,  que   sólo  aparecía 
separando  bandos  políticos,  desgarraba  en  realidad  la  carne  viva, 
mutilando  los  corazones  y  dispersando  los  hogares. 

Por  no  haber  querido  sentir,  ó  haber  acallado,  ese  estremecimien- 
to de  las  entrañas,  es  por  lo  que  nuestros  historiadores  han 
desconocido  la  trágica  grandeza  de  la  protesta  realista,  y  negá- 
dose  á  cobijar  bajo  el  mismo  dosel  de  gloria  á  los  apóstoles  arma- 
dos de  dos  creencias  enemigas,  pero  igualmente  sagradas  y  venera- 
bles en  sus  confesores.  —  Se  pronunciará  algún  día  la  sentencia  re- 
paradora sin  mezquinas  reservas;  se  ensanchará  á  la  medida  de  un 

las  actas.    No  he  podido  cotejar  los  dos  textos,  pero  espero  hacerlo  al  reimprimir  este 
trabajo. 

(i)  E4  doctor  Mariano  Irigoyen  era  decidido  patriota;  en  el  cabildo  abierto  del    as, 
había  votado  con  Martin  Rodriguei. 


SANTIAGO  LINIERS  289 

gran  pueblo  la  noción  de  justicia^  para  confundir  en  un  mismo  culto 
admirativo,  no  á  los  verdugos  con  las  victimas,  sino  á  los  soldados 
de  una  y  otra  causa  que  cayeron  en  buena  lid  al  pie  de  su  bandera  : 
reconoceremos  á  nuestros  vandeanos,  y  miraremos  alzarse  entonces, 
en  una  plaza  de  la  ciudad  reconquistada,  la  estatua  de  Liniers  junto 
á  la  de  Belgrano,  como  se  han  alzado  en  otra  parte,  á  impulso  de 
un  solo  patriotismo,  las  de  Hoche  y  La  Rochejacquelein... 

La  misión  de  Irigoyen  iba  particularmente  dirigida  al  goberna- 
dor Concha,  y  también  al  a&esor  Rodríguez  que  gozaba  de  gran  pres- 
tigio social  y  universitario.  Fueron  vanos  los  llamamientos  del  pa- 
rentesco y  de  la  amistad  :  Concha  declaró  que  la  instalación  de  la 
Regencia  de  Cádiz  le  dictaba  su  deber  de  mandatario  y  soldado ;  y 
el  día  1 5  remitió  al  Cabildo,  para  su  consideración,  los  oficios  de  la 
Audiencia.  Además  de  la  minoría  opositora,  no  faltaban  en  el 
Ayuntamiento  ánimos  prudentes  que  aconsejaban  la  abstención,  si 
no  la  sumisión  á  la  Junta :  pero  aquellos  mismos,  puestos  entre  las 
amenazas  lejanas  de  Buenos  Aires  y  las  más  próximas  del  poder  lo- 
cal, cedieron  á  las  últimas,  con  la  misma  lógica  conservadora  con 
que,  al  acercarse  Ortiz  de  Ocampo,  habían  de  formar  una  mayoría 
revolucionaria.  El  20  de  junio,  el  Ayuntamiento,  presidido  por  el 
gobernador,  resolvió  que  se  reconociese  y  jurase  la  Regencia  «  en 
el  modo  más  solemne  y  á  la  mayor  brevedad  »  (i).  Por  aquellos 
mismos  días,  Liniers  había  recibido  comunicaciones  secretas  de 
Cisneros,  traídas  por  «  un  sujeto  de  su  confianza))  (que  sería  proba- 
blemente el  joven  Lavín),  y  en  las  cuales  el  virrey  le  confería  ple- 
nos poderes  para  organizar  la  resistencia  en  todo  el  virreinato, 
obrando  de  acuerdo  con  las  autoridades  del  Perú  (2).  Hubo  devolver 

(1)  No  consta  por  las  Actas  capitulares  que  se  haya  realizado  la  jura.  Pero,  por  las  ra- 
zones apuntadas,  esta  publicacióu  es  muy  deficiente  :  no  es  admisible  v.  g.  que  en  esas 
circunstancias  criticas,  el  Cabildo  estuviese  sin  reunirse  desde  el  ao  de  junio  hasta  el  7 
de  julio.  El  mbmo  señor  Garzón  nota  la  falta  de  varias  actas.  El  Anónimo  da  sobre 
u  jura  detalles  que  inducen  á  creer  en  su  realización. 

(3)  En  el  relato  del  Anónimo  se  dice  que  Liniers  recibió  u  en  el  mismo  correo  del  7  » 
las  eomanicaciones  de  Cisneros  u  por  conducto  de  un  sujeto  de  su  confiansa  y  de  la  del 


94o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

inmediatamente  de  Alta  Gracia,  pues  desde  fines  de  junio  le  vemos 
tomar  la  dirección  de  los  preparativos ;  y  si  pudiera  vacilar  aún  su 
actitud,  debieron  de  decidirla  las  violencias  ejercidas  por  la  Junta 
Gubernativa  contra  el  virrey  y  la  Audiencia  de  Buenos  Aires  (i). 
La  suerte  estaba  echada;  y  cuando,  á  principios  de  julio,  su  amigo 
y  apoderado  Letamendi  llegó  á  Córdoba  para  unir  sus  súplicas  á 
las  déla  familia,  los  esfuerzos  del  amigo  y  las  últimas  prevenciones 
de  la  Junta  se  estrellaron  en  lo  irrevocable  (2). 

La  defensa  de  la  causa  española  en  el  virreinato  ofrecíase  á  Liniers 
bajo dosaspectos  distintos:  el  general,  que  consistía  en  alzar  con- 
tra la  revolución  las  fuerzas  movilizadas  de  todas  tas  provin- 
cias, desde  Montevideo  y  el  Paraguay  hasta  el  Alto  Perú  ;  el 
particular,  que  por  lo  pronto  se  limitaba  á  esperar  en  Córdoba  la 
llegada  de  la  división  de  Buenos  Aires,  y  batirla  en  un  punto  favora- 
ble, á  inmediaciones  de  la  ciudad.  De  los  varios  documentos  y  da- 
tos dispersos  que  he  podido  consultar,  se  desprende  que  el  primer 
plan  fué  el  de  Liniers  :  áél  obedecen  sus  numerosos  oficios  al  virrey 
Abascal,  áGoyeneche,  Nieto  y  demás  autoridades  del  norte,  instán- 
doles á  que  reconcentraran  sus  milicias  hasta  formar  un  ejército  de 

virrey»  :  hay  evidentemento  contradicciÓD  en  los  térmioos.  Además,  del  mismo  texto 
se  deduce  que  estas  comunicaciones  no  fueron  leídas  en  la  reunión  del  día  7,  sino  en 
otra  posterior  á  que  no  asistió  Funes.  Estas  cartas  reservadas  serian  las  traídas  á  caballo 
por  el  joven  Melchor  Lavin,  con  toda  la  celeridad  que  la  urgencia  del  caso  exigía  y  ^e 
hizo  proverbial  en  Córdoba,  sin  asumir  las  proporciones  fantásticas  que  el  capellán  Ji- 
ménez (versión  de  Torrente)  ha  propalado.  Consta  por  el  relato  del  Anónimo  que  Lavin 
quedó  al  lado  de  Liniers  como  ayudante. 

(i)  Háse  atribuido  la  resolución  de  Liniers  á  este  destierro  de  Cisneros,  que  le  devolvía 
de  hecho  y  derecho  el  mando  superior  del  virreinato.  Todas  las  presunciones  y  los  ante- 
cedentes expuestos  son  contrarios  á  esta  conjetura  :  pudo  Liniers  considerarse  más  obli- 
gado ahora  á  defender  una  causa  que  había  perdido  su  jefe  legitimo :  pero  seguramente 
no  se  movió  á  impulsos  de  la  ambición,  quien  acababa  de  expresar  tan  espontánea  y 
enérgicamente  su  repugnancia  y  desprecio  por  el  mando. 

(a)  Véase  el  documento  número  3o.  La  prontitud  con  que  Moreno  ordenó  el  mismo  día 
la  entrega  del  pasaporte  pedido,  muestra  que  se  esperaba  todavía  convencer  á  Liniers.  Entien- 
do que  don  Francisco  de  Letamendi  era  socio  de  Sarratea,  y  es  interesante  comprobar  con 
BU  solicitud  la  opinión  que  tenían  los  mismos  amigos  y  allegados  de  Liniers  acerca  de  sn  poca 
firmeza  de  carácter.  Véase  también  la  carta  (documento  número  3i)  que  Liniers  escribió 
á  su  suegro  Sarratea,  y  constituye  la  apología  más  ingenua  y  sincera  de  su  conducta. 


SANTIAGO  LINIERS  a4i 

observación  en  el  Alto  Perú  :  en  tanto  que  despachaba,  el  3o  de  ju- 
nio, á  su  hijo  Luis  con  instrucciones  análogas  páralos  jefes  de  Mon- 
tevideo. Su  intención,  según  el  documento  anónimo,  era  salir  de 
Córdoba  con  algún  cuerpo  respetable,  que  se  engrosaría  en  el  tra- 
yecto, y  reunirse  con  las  fuerzas  peruanas  para  mover  luego  Bue- 
nos Aires  un  poderoso  ejército,  dejando  á  retaguardia  todo  el 
norte  pacificado.  A  este  concepto  americano  de  la  contrarrevolución 
respondía  (aunque  se  produjo  algo  tarde)  la  actitud  del  Cabildo  de 
Córdoba  que,  á  mediados  de  julio,  reconoció  provisionalmente  la 
superior  autoridad  del  virrey  de  Lima  en  lo  político,  y  de  la  Audien- 
cia de  Charcas  en  lo  judicial  —  si  bien  mandó  archivar  la  grave  re- 
solución en  (da  alacena  de  tres  llaves».  Conocidos  los  recursos  con 
que  contaban  los  jefes  del  Perú,  y  el  campo  favorable  que  allí  en- 
contró la  reacción  española,  parecía  bastante  plausible  el  phm  estra- 
tégico de  Liniers.  Pero  fuera  vano  epilogar  sobre  un  proyecto  que  no 
tuvo  siquiera  un  principio  de  realización  :  sabido  es  cómo  triunfó  el 
plan  de  Concha,  que  consistía  en  localizar  en  Córdoba  la  resistencia, 
sin  perjuicio  de  sublevar  contra  la  Junta  los  pueblos  interiores,  es- 
pecialmente los  de  Cuyo  que  estaban  dispuestos  á  pronunciarse. 

Cediendo,  pues,á  consideraciones  locales,  cuya  poca  solidez  no  se 
le  ocultaba,  Liniers  hizo  suyo  el  plan  del  gobernador;  y  sólo  aten- 
to ya  á  sus  ventajas  posibles,  aplicó  toda  su  actividad  y  experiencia 
en  organizar  los  elementos  déla  provincia.  En  pocas  semanas  las  mi- 
licias de  Allende  llegaron  á  formar  una  división  de  unos  mil  hom- 
bres de  caballería,  cuya  educación  militar  hubo  de  reducirse  al  ma- 
nejo del  arma;  la  infantería,  escasa  y  mala,  constaba  de  un  batallón 
provincial  que  apenas  prestaría  servicios apreciables  en. la  plaza  mis- 
ma ó  sus  cercanías.  Encarece  el  Anónimo  la  cooperación  eficaz  que 
como  instructor  prestó  el  tesorero  Moreno,  antiguo  oficial  español, 
sin  duda  más  activo  que  el  respetable  Allende,  quien,  de  puro  vete- 
rano, resultaba  inválido.  Ni  el  armamento  ni  las  municiones  es- 
caseaban, como  tampoco  las  buenas  «  caballadas  », —  sobre  todo  las 
muías  de  carga  y  tiro,  cuya  falta  absoluta  haría  tan  lentas  y  penosas 

AKAUS  DB    Uk    BiaUOTBCA.  T.    in  iG 


a43  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

las  marchas  del  enemigo.  Liniers  dirigió  personalmente  el  montaje 
de  la  artillería,  logrando  dejar  listos  catorce  cañones  sacados  del 
fuerte  San  Garlos ;  también  fabricó  600  granadas  de  mano,  «  con 
un  barro  muy  duro,  y  se  experimentó  haciendo  mucho  estrago  »  . 
En  suma,  á  mediados  de  julio,  el  estado  de  la  defensa  parecía  satis- 
factorio, tanto  más  cuanto  que  se  anunciaba  la  incorporación  de  los 
destacamentos  salidos  de  Mendoza  y  San  Luis,  que  casi  habían  de 
duplicar  el  actual  efectivo.  Si  á  las  ventajas  del  número  y  «le  los 
medios  de  movilidad  se  agregaban  las  de  la  situación,  —  apoyadas 
las  fuerzas  en  la  ciudad  y  auxiliadas  por  una  población  campestre 
toda  adicta  al  gobierno,  —  y  también  del  prestigio  que  rodeaba  el 
nombre  del  Reconquistador,  parecía  asegurado  el  triunfo  contra 
la  división  auxiliadora,  que  todos  los  rumores  circulantes  mostra- 
ban diezmada  por  las  deserciones  y  rendida  por  las  fatigas.  En  to- 
do caso,  no  se  ponía  en  duda  que  cada  día  transcurrido  reforzaba 
los  augurios  propicios  ala  causa  realista,  mermando  proporcional- 
mente  los  favorables  á  la  revolución . . . 

Amenazada  por  el  norte,  desconocida  en  Montevideo  y  en  el  Pa- 
raguay, casi  exhausta  de  recursos  (i)  é  imposibilitada  para  despren- 
der de  la  capital  los  pocos  batallones  que  mantenían  el  orden  preca- 
rio, la  Junta  Gubernativa  no  había  conseguido  sin  grandes  esfuer- 
zos organizar  la  expedición  alas  provincias  interiores,  que  ella  mis- 
ma inscribiera  en  su  programa.  La  sola  actitud  de  Górdoba  hacía 
más  que  justiñcar  políticamente  la  medida  arbitraria,  demostrando, 
al  par  que  su  necesidad,  lo  insuficiente  de  sus  primitivas  proporcio- 
nes. Para  internarse  en  el  virreinato  estremecido  é  imponerse  á  las 
autoridades  vacilantes  ú  hostiles,  no  era  un  contingente  de  quinien- 
tos hombres,  sino  uno  doble  ó  triple  el  que  era  indispensable  mo- 

Ci)  En  los  cinco  primeros  meses  do  xSio,  lo  recaadado  por  estas  tesorerías  daba  un 
promedio  mensual  (en  cifras  redondas)  de  65o. ooo  pesos  :  en  junio  (según  los  estados 
publicados  en  la  Gaceta)  la  renta  fué  de  537.000  pesos :  en  julio,  cayó  á  311.927  pasos: 
desde  entonces  voItíó  á  subir  paulatinamente,  alcanzando  en  diciembre  A  4 16.000  pesos. 
La  revolución  causó,  pues,  un  notable  malestar  económico  cuyos  efectos  se  prolongaron 
bastjinte  :  no  hay  declamaciones  que  valgan  contra  las  cifras. 


SANTIAGO  LINIERS  a43 

vilizar.  ¿De  dónde  sacarlo  a  en  quince  días  »,  uniformado  y  disci- 
plinado? ¿A  qué  jefes  expertos  confia  ríase  la  misión  de  vencerá 
generales  ilustres  ó  jefes  prestigiosos  como  lo  eran  Liniers,  Concha, 
Nieto  y  Goyeneche?  ¿De  qué  arbitrios  se  valdría  el  gobierno 
para  pagar  el  armamento,  los  suministros  y  sueldos  de  la  división 
paesta  encampana?...  Los  arduos  problemas  que  estas  preguntas 
entrañaban  fueron  resueltos  con  una  decisión  y,  en  general,  un 
acierto  admirables.  Si  otras  faces  de  la  acción  revolucionaria  son 
discutibles  y  hasta  condenables,  es  justo  reconocer  que  su  energía 
venció  todos  los  obstáculos  y  dominó  las  circunstancias.  No  sólo  la 
actividad  contagiosa  de  Moreno  galvanizó  la  Junta  Gubernativa , 
sino  que  se  propagó  á  la  población  entera,  con  virtiéndola  en  cola- 
boradora activa  de  sus  designios.  De  los  departamentos  de  Gobier- 
no y  Guerra,  que  Moreno  directamente  manejaba,  salieron  en  aque- 
llas semanas  febriles,  y  minutados  de  su  puño  y  letra  los  más,  cen- 
tenares de  órdenes  y  decretos,  cada  uno  de  los  cuales  resolvía  una 
duda,  allanaba  una  dificultad,  doblaba  una  resistencia,  llevando  en 
su  brevedad  imperativa,  hasta  los  confínes  del  territorio,  una  mis- 
teriosa virtud  de  obediencia  y  adhesión. 

Formóse  la  llamada  «  Expedición  auxiliadora  »,  distrayendo  una 
ó  dos  compañías  de  los  cuerpos  existentes  (cuyos  vacíos  se  llena- 
ron inmediatamente  con  reclutas),  en  la  proporción  siguiente  :  dos 
compañías  de  cada  uno  de  los  batallones  números  i  y  2  (Patricios), 
número  3  (Arribeños),  números  4  y  5  (antiguos  Montañeses  y  Anda- 
luces) y  de  Castas,  esto  es,  diez  compañías  que  sumarían  unos  600 
hombres,  fuera  de  oficiales  y  agregados  (i);  llevaba,  además, 
cuarenta  artilleros  veteranos  y  sesenta  de  la  Unión  (artillería  volan- 
te) ;  cincuenta  soldados  del  Fijo,  otros  tantos  dragones  y  húsares,  y. 
por  fin,  cíen  blandengues  (en  todos  éstos  estaban  inclusos  los  oficia- 
les) ;  el  total  efectivo  no  pasaba  de  mil  hombres  el  día  de  la  revista 
(25  de  junio)  en  la  Plaza  Mayor.  Componían  la  plana  mayor:   el 

(1)  Una  sola  compañía  de  Patricios  (la  7*  del  3"  batallón)  alcanzó,  durante  la  Defensa, 
¿  tener  65  hombre«,  inclusos    tres  oficiales.  El  término  medio  ora  de  60  hombres. 


Hk 


ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


coronel  don  Francisco  Ortíz  de  Ocampo,  primer  comandante;  el 
teniente  coronel  don  Antonio  Balcarce,  segundo  comandante;  don 
Hipólito  Vieytes,  comisionado  de  la  Junta  ;  el  doctor  don  Feliciano 
Chiclana,  auditor  de  guerra  (i);  don  Juan  Gil,  comisario  de 
guerra  ;  por  fin,  dos  cirujanos  y  dos  capellanes.  Para  todas  las  re- 
soluciones Y  providencias  relativas  uá  la  conducta  política  con  los 
pueblos  y  el  gobierno  militar  de  la  expedición  » ,  constituíase  una 
Junta  de, comisión  formada  del  primer  comandante,  el  Auditor  y  el 
Comisionado.  Es  sabido  que  fué  secretario  de  esta  junta  don  Vicen- 
te López  (2).    Al  fin  logró  moverse  del  Monte  de  Castro  el  pequeño 


(i)  Chiclana  no  desempeñó  estas  fuaciones  (Archivo^  ^«90)  •  ol  ^8  de  julio,  alcanxó  á 
la  expedición  en  Fraile  Muerto,  pero  fué  sólo  para  reforzar  su  escolta  y  seguir  riaje  á 
Salta  con  misión  do  la  Junta  (Ibid.;  106).  No  tuvo  nunca,  pues,  que  «apurará  los  per- 
8e£[UÍdos  »  (que  d  la  sazón,  mandaban  todavía  en  Córdoba),  y  lo  que  hizo,  al  contrario,  con 
sus  doce  blandengues,  fué  desviarse  prudentemente  de  la  ciudad. 

(2)  La  página  (lll,  iqS)  en  que  el  doctor  López  nos  instruyo  de  la  expedición  es 
un  buen  espécimen  del  método  descansado  que  gastaba  en  sus  historias  :  transcribiré  al- 
gunas de  sus  afirmaciones  notables,  con  un  breve  comentario  al  frente  : 


«  El  Pueoto  de  Marqaex,  colocado  rntoncei  d 
las  márgenes  del  rio  de  ¿o/an,  como  á  diez  le- 
guas al  oeste  de  la  capital,  fué  el  lugar  donde 
so  formó  el  campamento  de  reunión  de  los 
cuerpos. . . 

c  (Nota).  — El  total  efectivo  se  componía  de 
dos  batallones  de  Patricios  con  36o  hombres  ; 
del  batallón  de  arribeños  con  a5o ;  de  soo  par- 
dos j  morenos;  i5o  correntinos ;  como  acó 
dragones  j  76  artilleros  con  ocho  piesas  de 
campaña...  ■ 

<  Mandaba  la  expodicion  el  coronel  Ortix  de 
Ocampo  que  como  comanelante  del  batallón  de 
Arribeños  había  hecho  sus  primeras  armas  en 
la  Defensa...  Entre  los  jefe*  de  cuerpo  se  dis- 
tinguían D.  Martin  Rodríguez.  Viamonte,  ¡Haz 
Velez  j  otros...  La  secretaría  era  servida  por 
el  doctor  Don  Vicente  Lopes.  Además  acompa- 
ñaba al  ejército...  el  vocal  de  la  Junta  guber» 
nativa  don  Hipólito  Vieytes...  • 


El  cuartel  general  fué  el  Monte  de  Castro  (Fio- 
resta),  mny  distinto  j  distante  del  Puente  de 
MirquoK ;  éste,  por  otra  parto,  nunca  estuvo  d  las 
márgenes  del  río  de  Lujan  sino  «o6re  el  río  de  las 
Conchas  (como  todos  los  puentes),  á  una  legua 
de  Morón  jr,  por  cierto,  no  á  diez  de  Buenos 
Aires.  —  El  regimiento  de  Patricios  constaba 
entonces  de  dos  batallones  con  nuera  compañías 
cada  uno :  era  dtíTcil,  pues,  confundir  la  com- 
pañía con  el  batallón.  (Sobre  la  formación  de 
ejército  véase  la  página  anterior).  La  artillería 
se  componía  de  cuatro  piexas  volantes  j  dos 
obuses.  —  Ocampo  era  capitán  de  Arribeños  en 
la  Defensa :  el  comandante  era  don  Pío  de  Gama 
j  el  sargento  major  L  Pazos.  —  Martín  Ro- 
dríguez no  estuvo  nunca  en  la  expedición : 
quedó  en  Buenos  Aires,  hasta  que  en  novicm' 
brc  pasó  á  SanU  Fe  j  Entre  Ríos  rArchivoJ. 
Viamonte  no  se  incoporó  á  la  expedición  hasta 
enero  de  181 1,  en  Potosí.  Díaz  Veles  estaba 
en  Buenos  Aires  cuando  fué  nombrado,  en  11 
do  septiembre,  tercer  jefe  de  la  expedición,  * 
la  que  también  se  incorporó  en  el  Alto  Per¿. 
—  El  licenciado  LtSpcz  nunca  fué  doctor  ni  to« 
mó  este  título...  Lo  de  Viejrtes  no  prueba  qx 
el  historiador  de  la  Revolución  ignorase  1<>* 
nombres  de  los  siete  vocales  de  la  primer* 
Junta,  sino  sn  incurable  y  desastrosa  Ugeress. 


SANTIAGO  LINIERS  a45 

ejército,  llegando  el  i4  de  julio  á  Lujan,  donde  completó  sus  pre- 
parativos y  recibió  su  comandante  nuevas  instrucciones  de  la  Junta 
—  que  no  serían  las  últimas,  pues  la  infatigable  vigilancia  de  More- 
no había  de  seguir  etapa  por  etapa  la  marcha  de  la  expedición. 

De  las  órdenes  impartidas  y  recibos  otorgados  por  los  jefes,  se 
infiere  que  las  fuerzas  iban  regularmente  uniformadas  y  provistas, 
con  anticipo  de  sueldo  oficiales  y  tropa,  buen  armamento  y  muni- 
ciones abundantes :  todo  ello,  que  representaba  un  gasto  crecido, 
se  había  pagado  en  parte  con  un  empréstito  subscripto  por  el  co- 
mercio, bajo  la  garantía  de  Larrea  y  otras  casas  importantes,  y  los 
primeros  donativos  espontáneos  del  vecindario.   Esta  contribución 
patriótica,  que  añadía  á  su  valor  propio  el  mucho  más  import^^nte 
de  su  significado  moral,  había  sido  encabezada  por  Mariano  Moreno 
con  seis  onzas  de  oro ;  y  tras  de  él  el  pueblo  entero,   sin  distinción 
de  clase  ni  sexo,  iba  llevando  su  óbolo  á  esa  «  patria  nueva  »  :  vaga 
abstracción  que  comenzaba  á  diseñarse  por  entre  las  nubes  tumul- 
tuarias de  la  revolución,  y  que  tan  extraña  forma  real  revestiría  con 
los  años  en  las  imaginaciones  populares.  Algunas  subscripciones 
sorprenden  por  lo  considerables,  —  como  la  de  don  Gervasio  Po- 
sadas, que  pasa  de  i5oo  pesos,  fuera  de  seis  meses  de  sueldo,  — 
otras  por  su  relativa  parsimonia,  como  la  del  presidente  Saavedra 
(oo  pesos)  (i);  y  las  hay  también  más  conmovedoras  aún  que  las 
ofrendas  humildes  de  los  negros  esclavos  para  una  cruzada  de  eman- 
cipación que  no  era  todavía  sino  la  de  los  blancos  :  y  son  las  de  los 
españoles  que,  al  enviar  sus  ahorros  á  la  Junta,  formulan  votos  in- 
genuos por  la  causa  del  Rey !  Pero,  en  general,  el  arranque  de  inde- 
pendencia fué  tan  consciente  como  espontáneo;  y  así  lo  demuestra, 
mejor  que  las  subscripciones,  el  concurso  eficaz  que,  á  impulso  del 
magnético  Secretario,  las  poblaciones  todas  prestaron  al  levanta- 
miento. 

(i)  Saavedra,  sobre  ser  hombre  de  forinna,  percibía  8000  pesoa  do  sueldo  como 
Presidente ;  sabido  es  que  Bolgrano,  Matheu  y  Larrea,  renunciaron  al  que  como  vocales 
|es  correspondía  (3ooo  anuales). 


a46  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

A  pesar  de  las  deserciones  inevitables,  supuesta  la  organiza- 
ción apresurada  y  allegadiza  de  algunos  cuerpos,  la  división  expe- 
dicionaria avanzaba  sin  graves  tropiezos  hacia  su  destino,  causando 
no  poca  sorpresa  á  sus  jefes  las  pruebas  inequívocas  de  adhesión  que 
los  vecindarios  le  prodigaban,  asi  en  la  provincia  de  Buenos  Aires 
como  en  las  de  Santa  Fe  y  Córdoba  (i).  Esta  actitud  presagiosa 
respondía  sin  duda  á  un  sentimiento  profundo  del  alma  popular;  pe- 
ro era  también  consecuencia  de  Fa  incesante  propaganda  y  disposi- 
ciones decisivas  de  la  Junta.  En  pocas  semanas,  por  la  persuación  ó 
el  terror,  la  liga  délas  autoridades  realistas,  formada  por  Concha  y 
Liniers,  había  quedado  desarticulada  ;  San  Juan,  La  Rioja,  San  Luis 
y  las  provincias  del  norte  aceptaban  la  situación  y  nombraban  sus 
diputados  al  Congreso;  en  Mendoza,  que  era  el  centro  reaccionario 
de  Cuyo,  había  abortado  una  tentativa  de  resistencia  encabezada 
por  el  comandante  Ansay  y  los  ministros  de  la  Real  Hacienda,  y 
estos  ((  reos  »  marchaban  bajo  escolta  á  Buenos  Aires. 

Pero  en  Córdoba,  sobre  todo,  era  donde  el  derrumbe  de  la  frágil 
empresa  reaccionaria  se  pronunciaba  día  por  día.  Al  principio  in- 
sidiosa é  hipócrita,  la  oposición  del  grupo  de  los  Funes  tomábase 
más  briosa  y  audaz,  al  paso  que  venía  minando  las  autoridades  y 
desprendiendo  de  la  causa  realista  á  los  individuos  más  influyentes 
del  clero,  del  foro  y  del  comercio  —  que  no  eran  por  cierto  los  de 
alma  mejor  templada  . 

Bajo  este  trabajo  persistente  y  sordo  de  desorganización,  dirigido 
desde  Buenos  Aires  por  el  influjo  de  Moreno,  se  disgregaban  á  ojos 
vistas  los  batallones  movilizados :  aparecían  cada  mañana  los  claros 
dejados  en  las  filas  por  los  desertores  de  la  noche,  que  habían  gana- 
do el  monte  ó  la  sierra,  favorecida  su  fuga  por  manos  ocultas.  A 
medida  que  se  aproximaba  el  enemigo,  la  resistencia  de  Córdoba 
se  derretía  como  masa  de  nieve  bajo  los  rayos  del  sol.  El  fogoso 
Cabildo  de  días  antes  no  había  esperado  la  última  hora  para  poner 

(i)  Archivo^  I  ;    comunicaciones  del  Salto,  Pergamino,   Esquina  y  Fraile  Muerto,  fe- 
chadas del  20  al  3o  do  julio. 


SANTIAGO  LINIERS  aA? 

sordina  á  su  intransigencia  :  en  las  últimas  sesiones  de  julio,  se 
manifestaba  ya  el  cambio  del  viento  por  las  abstenciones.  Ig- 
noramos lo  que  se  discutió  en  la  del  27,  todavía  presidida  por 
el  Gobernador,  pues  el  acta  correspondiente  ha  sido  á  todas 
luces  mutilada ;  pero  es  probable  que  la  actitud  de  los  capitula- 
res presentes  corroborase  en  la  mente  del  infeliz  mandatario  el 
convencimiento  del  fracaso  inevitable  (i).  AI  día  siguiente,  Liniers 
y  Concha  prepararon  la  retirada  á  las  provincias  del  norte,  con  las 
fuerzas  que,  al  parecer,  quedaban  adictas  y  algunos  de  los  perso- 
najes más  comprometidos.  La  salida  se  verificó  el  3o  de  julio  (2). 
El  I *"  de  agosto,  los  señores  del  Cabildo,  desprendiéndose  de  todo 
quijotismo  municipal,  seapresuraron  á  estudiarla  situación  á  la  luz 
del  «  número  uno  ».  Del  estudio  concienzudo  resultó  clarísimo  ( ¿en 
qué  estábamos  pensando  ?)  que  los  oficios  de  la  Junta  y  los  papeles 
públicos  de  Buenos  Aires  a  no  respiraban  otros  sentimientos  que  los 
de  fraternidad  y  unión»  :  por  consiguiente,  se  imponía,  ajuicio  del 
Alcalde  de  primer  voto,  el  envío  de  un  diputado  al  general  de  la  expe- 
dición, para  pintarle  el  estado  de  consternación  y  orfandad  en  que  la 
huida  de  los  jefes  militares  y  del  obispo  había  dejado  al  vecindario, 
que  sólo  anhelaba  abrir  sus  brazos  á  los  emancipadores.  Y  como  el 
segundo  Alcalde  se  distinguiese  por  la  energía  con  que  apoyó  la 
moción,  este  elocuente  orador  se  encontró  honrado,  á  gran  pesar 
suyo,  con  el  delicado  encargo  de  ser  el  san  León  del  Genserico  rio- 

(i)  Faltan  las  actas  de  las  sesiones,  que  seguramente  se  realizaron  entro  el  at  y  el 
37  de  julio :  en  ésta  dejaron  de  asistir  varios  vocales,  y  se  deduciría  del  acta  que  se 
cerró  la  sesión  apenas  abierta  ¡«por  no  haber  nada  que  tratar»!  Fué  la  última  que 
presidió  Concha. 

(a)  Gahzóh  (obra  eitadat  I,  ia4)  dice,  que  el  3i  de  julio  el  Cabildo  abrió  pliegos 
del  Gobernador,  ude  fecha  aS,  avisando  que  se  ausentaba».  Aceptando  el  dato,  ello  no 
indicaría  que  hubiera  salido  el  día  mismo  en  que  lo  comunicaba,  si  es  admisible  que  el 
Cabildo  esperase  tres  días  para  ocuparse  de  tan  grave  asunto.  Por  otra  parte,  la  nota 
de  Ocampo  á  la  Junta,  de  fecha  i*  de  agosto,  no  deja  lugar  á  duda:  «ayer  i  medio 
día  han  salido  de  Córdoba...»  Aunque  se  contaba  3o  leguas  del  Paso  de  Ferreira  (de 
donde  escribía  Ocampo),  no  hay  dificultad  en  admitir  que  el  chascpie  salido  en  la  tarde 
del  3 1  llegase  á  cualquier  hora  al  campamento.  Concuerda  con  la  fecha  fijada  por  el 
Anónimo. 


3^8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

jano.el  cual,  por  otra  parte,  era  bastante  manso  y  bonachón.  Dictá- 
ronse las  providencias  encaminadas  al  más  digno  recibimiento  délos 
libertadores  :  autoridades  y  vecinos  se  disputaban  la  gloria  de  alo- 
jarlos como  á  su  clase  correspondía  ;  y  no  fué  porculpa  del  Cabildo 
si  el  colegio  de  Monserrat  no  se  vio  convertido  en  cuartel.  El  8  de 
agosto.  Ocampo  y  Vieytes  tomaron  posesión  de  la  ciudad  en  medio 
de  las  aclamaciones  y  repiques  de  campanas.  Aun  antes  de  depurar 
al  Cabildo  de  sus  elementos  reaccionarios,  la  Junta  de  Comisión 
quiso  recompensarlos  buenos  servicios  del  deán  Funes,  proponién- 
dole para  Gobernador  interino  (i);  pero  ya  estaba  designado  don 
Juan  M.  Pueyrredón,  que  se  recibió  el  i6.  El  19,  Funes  fué  elegido 
diputado  al  Congreso  «  por  su  patriotismo  y  literatura  »,  como  decía 
la  Junta  al  aprobar  el  nombramiento ,  y  el  electo  justificó  inmedia- 
tamente los  términos  de  la  aprobación,  dirigiendo  al  Cabildo  una 
solicitud  en  que  exponía  u  que  era  muy  del  caso  se  tuviera  en  cuenta 
al  fijársele  la  dieta,  que  iba  á  abandonar  su  cátedra  de  matemáticas 
dotada  con  quinientos  pesos  en  cada  año,  y  que  no  podrían  ser  sino 
muy  crecidos  los  gastos  de  su  establecimiento  en  la  capital  »  (2). 
Así  terminó,  entre  premios  á  la  delación  y  la  intriga,  la  co- 
media política  de  la  resistencia  cordobesa  :  nos  resta  ahora  asistir 
á  su  tragedia. 

Antes  de  caracterizar  la  actitud  de  la  Junta  Gubernativa  respecto 
de  los  vencidos,  cúmplenos  tributar  justicia  á  las  disposiciones  opor- 

(i)  Oficio  á  la  Junta  de  ii  de  agosto.  Don  Joan  Martin  Pueyrredón  había  sido 
nombrado  por  decreto  de  3  de  agosto ;  para  que  todavía  el  1 1  se  ignorase  en  Córdobi 
este  nombramiento,  debe  suponerse  alguna  demora  en  la  comunicación.  Creo  que  pue- 
de explicarse  del  modo  siguiente.  El  borrador  de  la  comunicación  al  Cabildo  de  Cór- 
doba (Archivo  General^  inédito)  no  se  referia  primitivamente  A  Pueyrredón,  sino  al  señor 
coronel  del  regimiento  del  rey,  don  Martin  Bodriguez ;  aparece  tachado  lo  aquí  subrayado, 
y  puesto  entre  renglones  teniente  [coronel]  don  Juan  Martin  Pueyrredón.  El  decreto  hubo 
de  retardarse  algunos  días,  ya  por  renuncia  de  Rodríguez,  ya  por  reconsideración  de  U 
Junta:    pero  quedó  la  fecha  primitiva. 

(a)  Garzóh,  obra  citada,  I,  i35.  Todas  las  cosas  de  Funes  están  llenas  de  recovecos. 
¡  Resulta  ahora  que  era  él  mismo  quien  percibía  los  5oo  pesos  de  la  cátedra  por  el 
fundada  !  £1  señor  Garzón  dice  que  recibió  como  diputado  3ooo  pesos  anuales :  era  el 
sueldo  de  los  vocales  de  la  Junta. 


SANTIAGO  LINIERS  =49 

tunas  y  decisivas  con  que  hizo  tan  fácil  el  triunfo  de  los  inconscientes 
vencedores.  Mientras  la  expedición  cumplía  sus  etapas  por  las  hon- 
das rodadas  del  camino  al  Perú,  la  Junta  —  mejor  dicho.  Moreno, 
que  la  personificó  para  lo  bueno  y  lo  malo  en  aquellos  días  —  ence- 
rraba á  los  realistas  en  un  círculo  de  aislamiento  que  desbarataba  sus 
planes,  así  para  esperar  auxilios  exteriores  como  para  salir  á  bus- 
carlos. No  sólo  estaban  sometidas  todas  las  autoridades  délas  pro- 
vincias limítrofes,  sino  ganadas  a  la  causa  revolucionaria  y  conver- 
tidas en  cooperadoras  suyas.  Partidas  armadas  custodiaban  los  pa- 
sos de  los  ríos  y  las  encrucijadas  de  los  caminos,  desde  el  Paraná 
bástala  Cordillera  y  desde  la  Pampa  hasta  las  abras  del  Alto  Perú. 
El  alférez  Liniers  que,  con  el  doctor  Alzogaray,  se  dirigía  á  Montevi- 
deo, había  caído  en  una  de  las  diez  trampas  que  á  orillas  del  Paraná 
se  le  tenían  armadas.  La  actividad  de  la  Junta  no  tuvo  un  instante 
de  vacilación  ni  desfallecimiento.  Ya  en  8  de  julio,  los  cabildos  ó 
comandancias  de  Cuyo,  Santa  Fe,  Gatamarca.  Santiago,  Tucumán 
y  Salta  tenían  orden  de  aprehender  á  los  a  fugitivos  n;  y  el  coronel 
don  Diego  Pueyrredón  vigilaba  la  línea  de  Jujuy.  Apenas  conven- 
cido Moreno  de  que  la  resistencia  cordobesa  quedaría  reducida  á 
sus  propias  fuerzas,  no  la  tomó  en  cuenta  sino  para  castigar  á  sus  pro- 
motores ;  y  el  17,  cuando  éstos  alardeaban  en  Córdoba  con  sus  ardo- 
rosas milicias,  á  vista  del  Cabildo  entusiasmado,  era  el  día  en  que  el 
terrible  secretario  decretaba  que  «  irremisiblemente  deben  venir 
presos  á  esta  ciudad,  con  segura  custodia:  el  Obispo,  Concha, 
Liniers,  Rodríguez,  Allende,  el  oficial  (tesorero)  Moreno,  el  alcalde 
Piedra  y  el  Síndico  Procurador  »  (i). 

Lo  atrevido  de  la  actitud  era  tanto  más  admirable  cuanto  que 
(bien  lo  mostraron  los  resultados,  contrato  aparentemente  difícil  y 

(1)  Árdiivo  general^  I,  19.  Oficio  de  la  Janta,  i3  de  julio  de  1810.  En  18  de  julio 
(faltando  casi  tres  semanas  para  que  la  expedición  llegara  á  Córdoba),  la  Junta  fijaba 
los  detalles  de  la  prisión:  «  no  debe  (enesto)  oírse  la  voz  de  Funes  ni  relación  alguna. 
Bino  «/Malar  d  ciegas  y  d  todo  trance  la  prisión  de  esas  personas  y  remitirlas  con  toda 
seguridad. .  .n  Ni  el  alcalde  Piedra  ni  el  síndico  Mier  siguieron  á  los  fugitivos ;  el  pri- 
mero se  ocultó  y  el  segundo  fué  indultado. 


95o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

adverso  de  las  circunstancias),   nacía  de  un  sentimiento  exacto  de  la 
situación.  Sea  cual  fuere  la  legitimidad  de  los  medios  empleados, 
es  así  como  una  causa  se  defiende  y  vence ;  y,  aceptada  la  responsa- 
bilidad de  la  lucha  política,  no  es  dudoso  que  fuera  el  primer  deber 
de  la  Junta  perseguir  á  todo  trance  el  afianzamiento  de  la  revolu- 
ción. Lo  consiguió,  desde  luego,  ostentando  fe  tan  inconmovible 
en  su  triunfo,  que  logró  comunicarla  no  sólo  á  sus  adictos,  sino  tam- 
bién á  sus  adversarios,  que  se  sintieron  vencidos  antes  de  pelear. 
Empero,  si  la  necesidad  de  vencer  autorizaba  en  cierto  modo  el  em- 
pleo de  ciertos  medios  delictuosos,  debieron  arrojarse  después  déla 
victoria  aquellas  armas  prohibidas,  apenas  tolerables  en  el  combate  é 
indignas  de  ser  instrumentos  de  gobierno.  Antes  señalé  aquella  men- 
tira sistemática  que  envenenó  la  fuente  de  la  revolución ;  hablaré  lue- 
go délas  ejecuciones  que  salpicaron  su  frente  de  manchas  tan  indele- 
bles como  las  del  Terror  francés :  quiero  únicamente  referirme  aho- 
ra á  la  prédica  inmoral  y  á  la  práctica  corruptora,  que  consistieron 
en  glorificar  la  traición  y  la  apostasía,  en  tanto  que  se  ultrajaba  á  las 
víctimas,  sólo  culpables  de  fidelidad  á  su  patria  y  á  su  rey.  Por  un 
monstruoso  sofisma,  que  hubo  de  perturbar  hondamente  las  con- 
ciencias, inventóse  una  linea  de  división  fantástica  que  se  trazara  el 
25  de  mayo  :  una  suerte  de  nuevo  ecuador  político  que,  así  como  el 
físico  cambia  las  estaciones,  trastornaba  bruscamente  los  principios 
morales,  presentando  como  único  criterio  de  lo  justo  y  lo  injusto  la 
adhesión  ó  la  resistencia  á  una  causa  muy  legítima  en  el  fondo, 
pero  que  necesariamente  no  podía  ni  debía  aparecer  como  tal  á 
funcionarios  españoles.  Por  efecto  de  una  aberración  ingenua,  que 
excluye  toda  intención  sarcástica,  los  que  se  atenían  al  orden  tra- 
dicional fueron  perseguidos  como  «revolucionarios»  (i)  ;  y  los 
jefes  de  la  Reconquista  española  cayeron  arcabuceados  por  suscom- 


(i)  Son  abominables  las  comunicaciones  cambiadas  entre  la  Junta  y  los  Allende 
(2  y  3  de  septiembre  de  18 10),  con  motivo  de  los  grados  militares  conferidos  4  éstos 
por  haber  delatado  á  su  tio.  Véase  también  el  articulo  de  la  Craeeki  de  16  de  agosto 
en  que  se  difama  i  Liniers,  ya  preso  y  condenado  á  muerte. 


SANTIAGO  LINIERS  aSi 

pañeros  de  armas,  porque  servían  sinceramente  la  bandera  real  que 
los  otros  sólo  llevaban  de  disfraz...  Todo  ello,  debe  la  historia  do- 
cirio,  si  aspira  á  ser  la  conciencia  de  la  posteridad,  no  un  vano  pane- 
gírico de  lo  pasado,  inferior  á  la  pura  novela  en  arte  literario  é  in- 
vención. Por  eso  también  habrá  de  enseñarnos  lo  bueno  después  de 
lo  malo,  é  invocar  las  circunstancias  que  atenúan  la  acusación,  re- 
pitiendo que  Moreno  y  Gastelli  eran  dos  hombres  de  bien,  —  all 
honourable  men!  como  dice  el  Marco  Antonio  de  Shakespeare,  — 
dos  caracteres  austeros,  servidos  por  inteligencias  cultas  (que  por 
cierto  no  comparo)  y  perjudicados  por  pasiones  implacables  aunque 
exentas  de  móvil  sórdido.  Y  acaso  pudiera  el  historiador  psicólogo 
aventurar  una  última  conjetura,  opinando  que,  si  fué  una  suerte 
para  la  revolución  argentina  ser  dirigida  por  dos  hombres  moral  ó 
intelectual  men  te  superiores,  quiso  su  desgracia  que  fueran  ambos 
enfermos:   pues  si    es    infantil    mirar,  como   lo   hicieron  algu- 
nos piadosos  monárquicos,  un  castigo  del  Cielo  en  el  fin  prematuro 
de  Moreno  y  Gastelli,   considero  mucho  menos  absurdo  buscar  en 
ello  una  explicación  de  su  carácter  irritable,  y  también  de  su  ener- 
gía exasperada,  que  tuvo  seguramente  algo  de  mórbido  y  convulsivo 
en  su  pasmosa  actividad. 

El  3 1  de  julio  salieron  de  Córdoba  los  jefes  realistas  y  demás 
funcionarios  españoles,  acompañados  de  unos  4oo  hombres  de  tro- 
pa, y  con  el  propósito  de  ganar  el  Alto  Perú  según  el  antiguo  plan 
de  Liniers.  Pero  era  tarde  ya  para  realizarlo;  la  mayor  parte  de  los 
oficiales  estaba  en  connivencia  con  los  patriotas  para  provocar  la 
dispersión  de  los  soldados  y  retardar  la  marcha  de  los  fugitivos.  En 
la  misma  noche  del  3i  desertaron  cincuenta  hombres,  y  la  desban- 
dada se  pronunció  en  los  días  siguientes  hasta  el  grado  de  no  quedar 
sino  una  compañía  de  blandengues  de  la  Frontera.  En  vano  se  sem- 
braba el  dinero  para  contenerla  deserción  incoercible  (i):  entre  el 

(i)  Por  orden  del  gobernador  Concha,  y  dejando  constancia,  el  tesorero  Moreno  Ile- 
^'«ka  So  ó  4o  mil  pesos  de  las  cajas  reales.  En  el  desfalco  de  77.000  pesos  que  se  de- 
nanció,  estaba    evidentdmente  incluido  lo  gastado  en  la  moviliaación  y  preparativos  de 


a5a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Totoral  y  Tulumba,  la  compañía  restante  abandonó  en  masa  á  sus 
jefes  con  gritos  é  insultos.  Allí  también  se  incendió  el  carro  de  mu- 
niciones; y  como  los  maestros  de  posta,  instigados  por  varios  patrio- 
tas que  ocultamente  seguían  la  expedición  (i),  se  negaban  á  facili- 
tar caballos,  hubo  que  clavar  los  cañones  y  quemar  las  cureñas.  El 
4,  entre  San  Pedro  y  el  Río  Seco,  un  chasque  despachado  por  un 
amigo  de  Córdoba  les  dio  aviso  de  haber  entrado  en  la  ciudad  la  ex- 
pedición, y  salido  Balcarce  con  yS  hombres  en  seguimiento  de  los  fu- 
gitivos (3) :  tan  lentamente  se  había  efectuado  la  retirada,  que  éstos 
no  llevaban  sino  una  jornada  de  ventaja  á  sus  perseguidores.  En 
consecuencia  resolvieron  dividirse,  despidiendo  á  los  pocos  oficiales 
que  habían  quedado  fieles  al  infortunio.  Dejaron  los  coches  y  mon- 
taron á  caballo,  llevando  cada  grupo  sus  muías  de  carga :  Liniers, 
con  su  ayudante  Lavín  y  el  canónigo  Llanos,  tomó  por  la  izquierda, 
hacia  la  sierra  ;  el  obispo  Orellana,  con  su  capellán  Jiménez,  en  rum- 
bo opuesto  se  dirigió  á  la  casa  de  un  cura  amigo,  que  resultó  otro 
Allende  ;  en  tanto  que  Concha,  Rodríguez  y  los  demás  seguían  el 
camino  de  las  postas.  Tenían  todos  que  caer  infaliblemente  en  po- 
der de  las  partidas  perseguidoras,   pues  Balcarce,  informado  á  las 

defensa.  Sobre  la  desaparición  de  la  suma  tomada  á  Moreno,  véase  el  documento  n*  47- 
La  denuncia  de  Ocampo  (Archivo,  I,  39)  sobre  que  los  «malvados  meditaron  también  sa- 
quear el  situado  del  comercio  que  transitaba  por  aUíu,  fuera  de  no  tener  fundamento,  no 
puede  evidentemente  referirse  al  situado  del  rey  (como  ha  creído  el  doctor  López)  sino 
á  caudales  particulares  que  seguramente  ninguno  de  los  fugitivos  meditó  asaltar.  Hemo» 
visto  ya  que  el  situado  del  rey  había  pasado  por  Córdoba  en  mayo,  dejando  5o. 000 
pesos  en  esas  cajas ;  este  mismo  dinero  era  el  que  sin  duda  se  gastaba  en  el  camino.  A 
esta  denuncia  de  Ocampo  hace  pendan!  la  del  Anónimo,  sobre  los  3o. 000  pesos  tomados 
á  los  fugitivos  y  que  desaparecieron. 

(i)  Fuera  de  alguna  discordancia  en  las  fechas,  los  datos  del  Anónimo  concnerdan 
hasta  en  los  nombres  con  el  parte  de  Balcarce  (Gaceta  de  ai  de  agosto)  :  entre  los  pa- 
triotas que  éste  cita  para  alabarlos  y  aquél  para  vituperarlos,  figuran  el  doctor  Rivadi- 
via,  don  Gaspar  Gorro,  don  Santiago  Carrera,  don  Faustino  Allende,  etc. 

(3)  Por  denuncia  de  Ambrosio  Funes  y  Faustino  Allende.  Véase  el  documento  n*  3S 
también  publicado  en  la  Gacela  del  9  de  agosto.  Ocampo  destacó  á  Balcarce  con  3oo 
hombres,  pero  éste  explica  en  su  parte  cómo,,  por  falta  de  caballos  y  tener  aviso  dei 
u  desgreño »  en  que  se  efectuaba  la  retirada,  resolvió  perseguirlos  con  sólo  7^ 
hombres. 


SANTIAGO  LiNIERS  a53 

pocas  horas  de  estas  disposiciones,  había  lanzado  varias  comisiones 
sobre  las  pistas  señaladas. 

Refiere  en  su  parte  el  comandante  Balcarce  que  en  la  noche  del  6, 
al  llegar  á  una  estancia  (que  sería  la  de  las  Piedrilas,  cerca  del  Cha- 
ñar), (I  descubrió  una  lumbre  dentro  del  bosque  y  que,  dirigido  á 
ella,  encontró  la  mantenían  dos  hombres  á  la  puerta  de  una  cerca  de 
ramas  de  árboles».  Los  paisanos  estaban  guardando  unas  muías; 
interrogados,  en  la  forma  eficaz  que  se  supone,  dieron  al  pronto  res- 
puestas confusas.  Pero  luego  uno  de  ellos  confesó  ser  las  muías  de 
don  Santiago  Liniers,  que  se  encontraba  en  una  choza  escondida  en 
el  monte,  á  tres  cuartos  de  legua. — El  delator  era  un  negro,  peón  de 
la  estancia,  que  había  recibido  dinero  de  Liniers  para  ocultarle :  sir- 
vió de  guía  para  descubrirle;  y  regocija  el  alma  el  saber,  poruña  tra- 
dición fidedigna,  que  el  sentimiento  popular,  infalible  en  sus  impulsos 
instintivos,  reivindicó  los  derechos  de  la  humanidad  ultrajada,  re- 
chazando para  siempre  como  un  leproso  al  traidor  (i).  Se  encargó 
de  sorprender  al  indefenso  general  el  ayudante  de  campo  don  José 
María  Urien,  joven  que  se  distinguía,  dice  un  testigo  ingenuo,  «  por 
estar  adornado  de  todos  los  vicios  » ;  y  á  fe  que  en  esta  ocasión  no 
desmintió  su  buena  fama.  Rendidos  por  el  cansancio  déla  jornada, 
Liniers  y  su  corta  comitiva  estaban  durmiendo,  cuando,  á  media  no- 
che, fueron  bruscamente  despertados  por  la  partida  que  rodeaba  el 
rancho  y  les  ponía   sus  bayonetas  al  pecho.  Urien  contó  á  su  jefe 
que  Liniers,  al  sentir  que  se  abría  la  puerta,  habíale  disparado  los 
dos  tiros  de  su  escopeta,   escapando  á  la  muerte  por  la  doble  y  ex- 
traña casualidad  de  haber  u  fallado  las  cebas  ».  Ello  no  es   imposi- 
ble, aunque  muy  improbable ;   pero  parece  más  seguro  lo  de  ha- 
ber sido  tratado  el  preso  por  aquel  malvado  con  inaudita  brutalidad, 
después  de  saquear  sus  equipajes  y  despojarle  de  cuanto  dinero  y  jo- 
yas llevaba  (2).   Los  prisioneros  pasaron  el  resto  déla  noche  «  atados 

(1)  Debo  estos  interesantes  apuntes,  que  reflejan  evidentemente  la  verdad,  á  una  ama- 
ble deferencia  del  doctor  don  Ramón  J.  Circano  que  los  recogió  en  la  villa  del  Cbañar. 

(a)  AreIúvOf  U,  a6o:  oficio  de  la  Junta,  de  septiembre  a,  ordenando  procesar  á  Urien, 


a54  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

con  los  brazos  atrás  »,  y,  al  amanecer,  fueron  conducidos  al  campa- 
mentó  de  Balcarce.  El  obispo  Orellana,  aprehendido  á  ocho  leguas  de 
allí  por  el  alférez  Rojas,  fué  tratado  poco  más  ó  menos  como  Li- 
niers.  En  cuanto  á  Concha,  Rodriguez,  Allende  y  Moreno,  fueron 
sorprendidos  en  la  travesía  de  Ambargasta  por  el  teniente  Albariño ; 
y  el  hecho  de  que  el  narrador  anónimo  consigne  la  mejor  conducta 
observada  con  éstos  por  dicho  oficial,  hace  presumir  que  no  miente 
ni  exagera  al  pintar  el  indigno  tratamiento  de  que  los  otros  fueron 
víctimas  (i).  En  poder  del  tesorero  Moreno  fueron  hallados  So.ooo 
pesos,  que  desaparecieron.  Sin  duda  en  seguimiento  de  esta  última 
partida,  el  comandante  Balcarce  habíase  adelantado  cuatro  ó  cinco 
leguas  más  al  norte,  hasta  el  Pozo  del  Tigre,  de  cuya  posta  mandó 
á  Ortiz  deOcampo  su  parte  triunfal  del  7  de  agosto.  En  él  anun- 
ciaba también  que  hacía  conducir  á  «  los  reos  á  un  paraje  donde  se 
reuniesen  y  pudieran  seguir  á  la  Capital  sin  hacer  rodeos,  ó  á  esa 
ciudad  si  se  conceptuase  lo  más  conveniente».  Estas  palabras,  uni- 
das á  otros  datos  oficiales,  permiten  establecer  la  verdadera  versión 
acerca  de  la  actitud  respectiva  que  la  Junta  de  comisión  y  los  Fu- 
nes observaron  en  el  doloroso  conflicto. 

La  sentencia  de  muerte  ((  fulminada  contra  los  conspiradores  de 

por  ('  no  haberse  manejado  con  la  purexa  y  honor  que  debía  en  la  prisión  de  Don  San- 
tiago Liniersi).  Dice  el  Anónimo  (que  sospecho  sea  el  capellán  Llanos,  allí  presente) 
que  Liniers  «  fué  atado  con  tal  crueldad,  que  le  reventó  la  sangre  por  las  yemas  de  lo» 
dedos.  Correspondiente  á  este  tratamiento  era  el  que  de  palabra  le  hacia  Urien,  tuteán- 
dole y  no  llamándole  sino  :  picaro  Sarraceno  n.  Podría  admitirse  alguna  erageración  :  pero 
ciertos  detalles  no  se  inventan  :  por  otra  parte  ^  qué  no  debe  esperarse  de  un  oficial 
capaz  de  robar  á  su  prisionero  ? 

(1)  Documento  N*  ^7  :  u  Albariño,  degenerando  do  sus  compañeros,  trató  con  algu-, 
na  distinción  á  sus  presos».  Poro  agrega  en  seguida  :  <t  Remacharon  una  barra  de  gri- 
llos al  tesorero  Moreno  y  se  apoderaron  de  más  de  3o  mil  pesos  fuertes  que  llevaba  en 
dinero,  pertenecientes  al  erario  público,  para  loe  gastos  de  la  tropa  :  de  los  cuales 
hasta  ahora  no  se  ha  podido  averiguar  el  paradero,  por  más  que  lo  ha  solicitado  el  Tribunal 
de  cuentas  de  Buenos  Aires,  y  se  quedó  en  disculpas  de  Ocampo'y  demás  que  comp^H 
nian  la  Junta  de  comisión  y  los  que  hicieron  las  prisiones».  —  Sin  aceptar  á  ci^;as  la 
insinuación,  pueden  cotejarse,  en  lo  referente  ¿  Ortiz  deOcampo,  las  gravistmas  aca- 
saciones  que  contra  él  formuló  oficialmente  Belgrano  (Archivo,  VIII,  i3i),  y  repitié 
también  en  su  Aaiobiograjia. 


SANTIAGO  LINIERS  aSS 

Córdoba  »  por  la  Junta  Gubernativa,  lleva  la  fecha  del  28  de  julio. 
A  este  respecto  conviene,  desde  luego,  desvanecer  la  leyenda  que 
atribuye  á  un  voto  de  mayoría  ¡  y  un  voto  español !  la  terrible  reso- 
lución (i).  Por  lo  pronto,  á  suponer  el  empate,  el  voto  decisivo  hu- 
biera sido  el  del  presidente  Saavedra.  Pero  el  decreto  está  firmado 
por  todos  los  vocales  (ya  los  secretarios  tenían  voto)  con  excepción 
de  Alberti,  impedido  por  su  carácter  sacerdotal ;  y  hasta  descubrirse 
un  documento  fehaciente  en  contrario,  la  historia  debe  rechazar  esas 
anécdotas  de  efectismo  teatral  que  chocan  con  la  lógica  y  la  razón. 
Ahora  bien  :  tal  documento  no  se  ha  encontrado  ni  creo  que  se  en- 
contrará. Concedo  que  poco  ó  nada  pruebe  la  afirmación  de  Manuel 
Moreno  (2),  quien  tenía  interés  en  distribuir  por  igual  las  respon- 
sabilidades; pero  Belgrano  y  Saavedra,  que  redactaron  sus  autobio- 
grafías casi  en  las  puertas  del  sepulcro,  pudieran  haber  confesado 
la  verdad:  nada  dijeron,  porque  nada  tenían  que  decir.  Y  más  vale 
así  para  su  memoria ;  pues,  al  cabo,  es  muy  comprensible  que  todos 
ellos  hayan  padecido  sinceramente  la  ilusión  contagiosa  del  jacobi- 
nismo francés :  lo  que  sería  imperdonable,  lo  que  no  se  debe  admi- 
tir, es  que  un  solo  miembro  de  la  Junta  fuera  capaz  de  firmar  una 
sentencia  de  muerte  que  su  conciencia  le  declarara  injusta. 

Firmada,  pues,  por  la  Junta  unánime,  la  orden  dirigida  á  la  Co- 
misión hubo  de  llegar  á  Córdoba  el  4  ó  5  de  agosto  :  seguramente 
después  del  3,  pues  la  nota  de  Ocampo  de  esta  fecha  no  la  menciona. 
Ya  se  había  destacado  á  Balcarce  en  persecución  de  los  fugitivos, 
pero  Víeytes  y  Ocampo  no  podían  abstenerse  de  comunicarle  en  el 
actola  sentencia  tremenda  que  no  admitía  réplica  ni  dilación  (3).  En- 
tre tanto,  la  Comisión  conferenciaba  con  Funes  y  otros  notables : 

(i)  óigase  entre  otros  á  Calvo  (Anales^  I,  ihk)  :  «  Pero  ¿  cuál  fué  ese  voto  que  deci- 
<^ó  de  la  suerte  cruel,  etc. . .  ?  ¡  Este  voto  fué  el  de  un  español!. . . » 

(})  Vidaf  3^0;  <c  Todos  los  individuos  de  la  Junta    fueron  unánimes...  » 

(3)  Archivo t  I,  a5:  uEn  el  momento  en  que  todos  ó  cada  uno  de  ellos  sean  pilla- 
das.  sean  cuales  fuesen  las  circunstancias,  se  ejecutará  esta  resolución,  sin  dar  lugar  á 
minutos  que  proporcionaron  ruegos  y  relaciones  capaces  de  comprometer  el  cumpli- 
miento de  esta  orden  y  el  honor  de  V.  E.  » 


a56  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

todos  retrocedieron  ante  el  acto  irrevocable,  y  se  decidió  mandar 
un  chasque  para  suspender  la  ejecución  y  la  marcha  hasta  segundo 
aviso.  Pero  cuando  llegó,  el  9  de  agosto,  el  parte  de  Balcarce  (i),  se 
impuso  urgentemente  una  resolución  definitiva.  De  días  antes  cir- 
culaban en  el  pueblo  rumores  siniestros  sobre  la  suerte  reservada  á 
los  prisioneros,  cuyas  familias  pertenecían  á  la  aristocracia  cordo- 
besa. Guando  la  noticia  de  su  captura  mostró  inminente  el  desenlace 
fatal,  que  no  excluía  al  mismo  obispo,  la  ciudad  entera  se  levantó  en 
un  solo  movimiento  de  protesta,  al  que  Ocampo,  Vieytes  y  los  Fu- 
nes cedieron  sin  esfuerzo,  como  que  ellos  mismos,  sin  duda,  con- 
sideraban inejecutable  la  bárbara  sentencia.  Entre  las  dos  responsa- 
bilidades gravísimas  que  ante  ellos  se  formulaban,  eligieron  la  de 
desobedecer  á  la  Junta  ;  y  Ocampo  tuvo  la  energía  ó  la  debilidad 
de  asumirla  solo,  en  vex  de  exigir  que  los  otros  firmaran  también  la 
comunicación  que  el  10  dirigió  á  los  déspotas  del  Fuerte,  la  cual, 
además  de  ineficaz,   acarreó  lamina  de  su  autor.  Desde  aquel  día 
Ocampo  cayó  en  completo  descrédito  revolucionario :  fué  declarado 
inepto,  incapaz  de  llenar  su  misión,  responsable  de  la  indisciplina  y 
deserciones  que  comprometían  el  éxito  de  la  campaña ;  sobre  él  llo- 
vieron denuncias  y  vituperios ;  negósele  cuanto  pedia,  hasta  el  cas- 
tigo de  un  oficial  insubordinado ;  y  cuando,  harto  de  humillaciones 
y  disgustos,  quiso  aprovechar  su  nombramiento  de  diputado  por  la 
Rioja  para  resignar  un  mando  desautorizado,  la  Junta  le  ordenó 
continuar,  «reservándoseelusodel  sobredicho  nombramiento  »  (3). 
En  agosto  18,  la  Junta  Gubernativa  apercibió  á  la  Comisión  en 

(i)  Del  Pozo  del  Tigre  á  Córdoba  se  contaban  US  leguas  por  el  camino  de  postas. 

(a)  Archivo f  I,  aoo.  Véanse  también  (Ibid.,  ao4)  las  prevenciones  á  la  Junta  de 
comisión,  y  el  oficio  de  Pueyrredón  (Documento  n"  ¿i4)  que  motivó  aquéllas.  El  jui- 
cio que  Belgrano  balbuceó  contra  el  infeliz  Ocampo,  al  fin  de  su  Aatobtograjia  (Bel" 
granOf  I,  444)  tiene  algo  de  delirante :  a  Soy  delincnente  ante  toda  la  nación,  de  haber 
dado  mi  voto  por  que  [Ocampo]  fuera  jefe.  /  Qué  horrorosas  consecuencias  trajo  esta  pre- 
cipitada elección  !  »  El  papel  militar  de  Ocampo  fué  siempre  secundario,  y  por  cierto 
que  él  no  mandaba  en  Vilcapugio  ni  Ayohuma  ;  sin  embargo,  alguna  parte  de  verdad, 
que  por  ahora  no  puedo  graduar,  han  de  tener  tantas  acusaciones  ;  pero  no  es  dudoso 
que  arrancaran  de  la  lenidad  que  Ocampo  demostró  en  Córdoba. 


SANTIAGO  LINIERS  357 

términos   imperiosos  y  hasta  ofensivos  (i),  reiterándole  la  orden 
perentoria  de  ejecutar  sin    demora  á  los  reos,  único  medio  de  des- 
vanecer la  <(  amargura  ocasionada  por  su  anterior  procedimiento  ». 
Pero  cuando  ésta  llegó  á  su  destino,  sus   presuntos  ejecutores  ha- 
bían tomado  disposiciones  para  substraerse  á  ella ;  y  para  encontrar 
los  verdugos  dóciles  que  sus  doctrinas  exigían,  tuvo  la  Junta  que 
extraerlos  de  su  propio  seno.  —  Hallábase  el  triste  convoy,  el  1 1 
ó  12  de  agosto,  por  el  Totoral,  á  unas  veinte  leguas  de  Córdoba, 
cuando  Balcarce  recibió  la  orden  de  no  pasar  adelante  y  remitir  á 
los  reos  bajo  escolta  segura  directamente  á  Buenos  Aires.  Los  pre- 
sos, víctimas  de  los  saqueos  de  las  partidas,  venían  casi  desnudos  y 
privados  de  todo  alivio  á  su  miseria.  Con  pretexto  de  reparar  el  co- 
che que  un  vecino  había  cedido  al  obispo  Orellana,  se  demoraron 
en  aquella  ranchería  algunos  días  ;  y  sus  familias  pudieron  mandar- 
les de  Córdoba,  por  intermedio  del  teniente  coronel  don  Manuel 
Derqui,  «  una  carretilla  de  bastimentos  y  ropa  »  que  en  su  mayor 
parte  fué  á  parar  á  manos  de  los  soldados  (2).  Al  ausentarse  Bal- 
carce había  cometido  el  desacierto  (probablemente  sin  la  mala  in- 
tención que  el  Anónimo  le  atribuye)  (3)  de  designar  como  jefe  de  la 

(i)  La  nota  publicada  (Archivo^  I,  3a)  no  contesta  propiamente  á  la  «anterior»  de 
Ocampo  :  holx)  sin  dada,  en  la  misma  fecha  del  10,  otro  oficio  de  éste  á  la  Junta  á 
qaeee  refiéreoste  pasaje  :  «  Dice  V.  E.  en  su  oficio,  que  á  las  tres  horas  de  mandar  eje- 
cutar la  sentencia  fué  preciso  despachar  un  chasque  para  la  revocatoria,  por  el  movi- 
miento de  dolor  que  se  observaba  en  todo  el  pueblo » ;  no  hay  nada  de  esto  en  la 
nota  de  Ocampo.  Dicha  comunicación  ha  desaparecido  del  expediento  que,  actualmente, 
úlo  contiene  las  publicadas. 

I  (a)  Núñez  (op.  eit.  aoi)  había  inventado  la   entrada  do  los  presos  en  Córdoba,  y  el 

doctor  López  (III,  303)  tenia  que  sacar    del  csboxo  un  cuadro  patético  :  u  Conducidos 

,  loe  presos  al  arrabal  llamado  el  Pueblito...  Salió  el  clero  presidido  por  el  Dean  Funes, 

el  Ayuntamiento   y  los  principales  vecinos,  las  señoras,  entre    ellas  haciendo  cabeza  la 

madre  del  que  fué  después  el  general  Paz,  que  era  una  matrona  respetabilísima,  etc.  » 

1  1'  Todo  ello  es  pura  fantasía  :  los  presos  quedaron  á  veinte  leguas  y  nadie  los  vio,  fuera 

>.'  I  de  Derqoi.  —  El  Anónimo  llama  u  Los  Ranchos  »  al  punto  mencionado.    Sólo  conozco 

*"£  un  logar  de  este  nombre  al  norte  de  Córdoba,  pero  muy  recostado  á  la  sierra,  por  Cruz 

¿el  Eje. 

(3)  También  refiere  (véase  el  documento  número  l^^)  los   insultos   á   que  se  vieron 
expuestas  las  familias  de  los  presos,  y  especialmente  las  hijas  de  Liniers,  de  parte  de  la 

AW A.XMM  am    LA    BISUOTBCA.  —  T.    111  1 7 


a58  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

escolta  al  desalmado  Urien :  esto  fué  motivo  para  que  se  empeorase  la 
suerte  délos  desgraciados,  quienes,  ya  sin  sus  acompañantes  y  cría- 
dos  (i),  quedaron  á  merced  de  la  soldadesca.  Felizmente,  los 
mismos  hábitos  crapulosos  de  aquél  daban  lugar  á  que  se  relajase 
la  vigilancia,  permitiendo  que  las  buenas  almas  del  agreste  vecinda- 
rio deslizasen  á  los  presos  sus  humildes  y  preciosas  dádivas.  Eq  los 
peores  eclipses  de  la  sensibilidad  y  la  razón,  del  ingenuo  y  sano 
fondo  popular  es  de  donde  brotan  las  flores  caritativas  que  nos  recon- 
cilian con  la  humanidad.  Cuando  Urien  había  derretido  en  noc- 
turnas orgías  las  joyas  ó  el  dinero  que  hasta  entonces  habían  salvado 
los  infelices,  y  estaba  fermentando  su  borrachera,  era  el  momento 
que  aprovechaba  algún  gaucho  para  poner  estribos  á  las  monturas  6 
alcanzar  un  paquete  de  cigarrillos  á  los  fumadores ;  y  tampoco  faltó 
allí  la  Verónica  legendaria  de  todos  los  calvarios,  en  forma  de  una 
chinita  compasiva  que  compró  con  sus  ahorros  seis  pañuelos  de  al  - 
godón,  y  «  bañada  en  lágrimas  »  los  ofreció  á  su  virrey. 

Otro  beneficio  de  mayor  trascendencia  discurrieron  (según  el 
Anónimo)  dos  sujetos  del  lugar,  que  contaban,  al  parecer,  con  la 
complicidad  de  algunos  soldados  :  y  era  nada  menosque  un  plan  de 
fuga  al  desierto,  con  baqueanos  seguros  y  amigos  de  los  indios,  y 
llevando  los  fugitivos  los  doscientos  caballos  de  la  escolta  que,  asi 
dejada  á  pie,  no  podría  intentar  la  persecución.  Todo  estaba  pron- 
to ;  examinado  el  proyecto,  no  presentaba  ninguna  dificultad  mate- 
rial ;  pero  fué  abandonado  á  instancias  de  Liniers  que  demostró  «se 
interesaba  más  la  buena  causa  en  que  siguieran  viaje  á  Buenos  Ai- 
res »,  pues  su  presencia  allí  podía  conmover  al  pueblo  de  la  Recon- 
quista  y  detenerle  en  la  pendiente  revolucionaria.  ¡  Ilusión  cando- 
rosa, pero  nacida  en  un  alma  noble  que  no  podía  incluir,  entre  las 

soldadesca  de  Córdoba  ;  es  casi  tan  difícil  creer  en  tanta  perversidad  como  admitir  qu» 
sea  todo  invención  :  la  verdad  ha  de  estar  entre  los  dos  extremos. 

(i;  De  dicho  punto  fueron  despachados  á  Córdoba,  con  excepción  del  padre  Jiménei» 
capellán  del  obispo.  Alli  también  tuvo  qpe  separarse  de  Liniers  el  canónigo  Llanos,  á 
quien,  hasta  prueba  en  contrario,  tengo  por  autor  probable  del  tantas  veces  citado  do- 
cumento. 


SANTIAGO  LINIERS  aS^ 

más  siniestras  previsiones,    la  suerte  que  sus  antiguos-  amigos  y 
protegidos  le  tenían  preparada ! 

Fueron  tantos  los  excesos  de  Urien,  que,  por  fin,  y  á  solicitud  de 
la  misma  tropa,  fué  relevado  y  substituido  por  el  capitán  don 
Manuel  Gara  yo,  digno  militar  que  trató  á  los  presos  con  los 
debidos  miramientos.  Al  mando  de  éste,  pues,  el  19  de  agosto» 
la  caravana  siguió  viaje  á  Buenos  Aires,  por  el  despoblado, 
rumbo  á  Santa  Rosa  y  Fraile  Muerto,  sin  acercarse  á  Córdoba. 
Iban  los  seis  prisioneros  tan  ajenos  de  la  catástrofe  cercana,  que,^ 
libres  de  vejámenes  y  mortificaciones,  sentían  sus  espíritus  re- 
cobrarse poco  á  poco,  á  impulso  de  esa  invencible  esperanza 
que  nunca  afloja  del  todo  su  resorte  en  el  elástico  ser  humano.  La 
víspera  de  marcharse  habían  sabido  que,  con  motivo  de  la  elección 
de  Funes  como  diputado  al  Congreso,  el  vecindario  había  solici- 
tado y  obtenido  de  Ocampo,  Vieytes  y  el  mismo  gobernador 
Pueyrredón,  la  libertad  del  síndico  Pérez  Mier  (i):  era  imposible 
no  ver  en  ello  un  síntoma  favorable.  ¿  Quién  sabe  si  la  Junta,  incli- 
nada á  la  generosidad  por  la  victoria,  no  procuraría  con  la  clemen- 
cia atraerse  las  voluntades  que  le  enajenara  el  rigor,  ahorrándole» 
el  destierro  á  España  ó  Canarias  ?. . .  Así  transcurrían  los  días,  do- 
blemente aliviados  ya  por  lo  menos  ingrato  de  las  etapas  y  la  pers- 
pectiva de  su  término  cercano.  Habían  caído  al  antiguo  camino  de 
las  postas  que  costeaba  el  río  Tercero  ;  y  ahora,  cada  noche,  des- 
pués de  la  jornada^  los  seis  amigos  prolongaban  la  velada  de  invier- 
no al  amor  del  fogón  que  atiza  los  recuerdos.  El  26,  después  de  cru> 
zado  el  Saladillo,  hicieron  noche  en  la  Esquina  de  Loba  ton,  casi 
fronteriza  de  Santa  Fe;  y  para  esos  españoles  piadosos  fué  noticia 
grata  y  consoladora  la  que  les  dio  el  obispo,  de  que  al  día  siguiente,, 
domingo,  podrían  oir  misa  y  comulgar  en  la  capilla  de  la  Cruz  Alta. 
De  acuerdo  con  el  jefe  de  la  escolta,  que  tomó  sus  medidas  para  salir 
muy  de  madrugada,  los  viajeros  se  recogieron  temprano,  sin  duda 

(i)  La  Junta  Gubematíva  aprobó    esta  medida  de  clemencia  el  a6,  el  mismo  dJa  en 
qne  se  compila  la  otra. 


36o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

mecido  su  sueño  por  el  anuncio  en  que  miraban  un  buen  presagio. 

Cuando  se  levantaron,  al  amanecer  del  26,  vieron  á  un  oficial 
desconocido  en  conferencia  con  el  capitán  Garayo ;  al  rato,  éste  \í- 
no  á  despedirse  de  los  presos,  pues  no  pasaba  adelante,  y  era  el  co> 
mandante  don  Domingo French  quien  tomaba  el  mando  de  la  escol- 
ta. Antes  de  seguir  viaje,  el  nuevo  jefe  mandó  quitar  á  Liniers  la 
escopeta  de  caza  que  Garayo  le  devolviera,  yá  otros  los  cuchillos 
((que  se  les  había  permitido  para  comer»:  entonces  tuvieron  el 
presentimiento  de  su  suerte.  A  las  10  de  la  mañana  llegaron  á  un 
punto  que  distaba  dos  leguas  de  la  Cabeza  del  Tigre ;  allí  encontra- 
ron al  teniente  coronel  de  húsares  don  Juan  Ramón  Balcarce,  her- 
mano de  Antonio  y  amigo  de  Liniers:  éste  dispuso  que  quedasen 
en  dicho  punto  los  criados  con  los  equipajes,  y  mandó  que  los  pre- 
sos se  internasen  en  el  bosque  vecino  llamado  el  Monte  de  los  Papa- 
gayos (i).  Al  notar  que  el  coche  se  desviaba  del  camino,  preguntó 
Liniers :  «  ¿  Qué  es  esto,  Balcarce?  »  Éste  contestó  :  «  No  sé :  otro  es 
el  que  manda  » .  A  poco  hallaron  «  al  que  mandaba  »  :  era  el  vocal 
Castelli,  al  frente  de  una  compañía  de  húsares  del  rey,  formada  y 
con  el  arma  al  pie;  le  acompañaba  como  secretario  el  doctor  Rodrí- 
guez Peña.  Hicieron  bajar  á  los  presos,  amarrándolos  á  la  hila  con 
los  brazos  atrás,  á  excepción  del  obispo  :  entonces  Castelli  leyó  la 
sentencia  de  muerte.  Fueron  tan  vanas  las  protestas  de  los  condena- 
dos como  las  súplicas  del  prelado,  que  escapaba  solo  ala  hecatombe: 
tenían  tres  horas  para  sus  disposiciones  supremas  ;  pero  Castelli 
creyó  mostrarse  generoso,  prolongando  una   hora    más  su  agonía. 

La  pasión  partidaria  y  el  mal  gusto  del  capellán  Jiménez  le  han 
inducido  á  recargar  con  pormenores  odiosos  é  inverosímiles  su  re- 
lación de  la  catástrofe,  que  resultaría  mucho  más  conmovedora  en  su 
trágica  desnudez.  Aunque  no  arguyese  en  contrario  la  presencia  de 
Rodríguez  Peña  y  de  Balcarce  (para  no  mencionar  al  funesto  pro- 

(i)  Este  punto  está  incluido  ahora  en  la  colonia  Juárez  Celman  ;  según  mis  informes, 
no  ha  existido  nunca  la  «tupidísima  selva  »,  de  que  hablan  algunos  historiadores,  y  el 
mismo  montecillo  do  talas  y  espinillos  ha  desaparecido. 


SANTIAGO  LINIERS  a6i 

cónsul  que,  sin  cobrar  horror  á  tamaños  atentados,  pudo  repetirlos 
en  el  Alto  Perú)  (i),  bastaba  la  sombra  de  la  muerte,  que  se 
i^ernia  sobre  las  víctimas  ilustres  ó  venerables,  para  infundir  en  los 
más  rudos  sayones  un  sentimiento  de  sagrado  respeto :  nada  hubo 
de  producirse,  en  tales  momentos,  que  se  pareciese  á  escarnio  y  ul- 
traje (2).  Liniers  y  Allende  se  confesaron  con  el  obispo,  y  con  el 
padre  Jiménez  los  otros  tres.  Cumplidos  estos  deberes  (que  no  se- 
rían de  poco  consuelo  para  creyentes  fervorosos),  y  conGados  á  los 
que  habían  de  sobrevivir  los  mensajes  supremos  á  sus  familias, 
esperaron  los  condenados  el  momento  fatal.  El  prelado  tentó 
el  último  esfuerzo,  invocando  las  leyes  divinas  y  humanas  que 
prohiben  las  ejecuciones  en  día  domingo  ;  Castelli  se  limitó  á  pedir- 
le que  se  apartara  del  sitio  donde  su  presencia  no  era  ya  necesaria. 
Orellana  se  retiró,  y  es  casi  seguro  que  hiciera  lo  propio  su  secreta- 
rio :  esta  circunstancia  quita  mucho  interés  á  los  novíssima  verba 
que  á  los  ejecutados  se  atribuyen,  supuesto  que  si  los  testigos  patrio- 
tas los  refiriesen  años  después,  hubieran  empleado  términos  muy 
distintos.  Las  declaraciones  de  Liniers  y  sus  compañeros,  que  el  lec- 
tor hallará  en  el  documento  citado,  carecen,  pues,  de  autenticidad  ; 
pero  en  su  sentido  general  son  verosímiles.  Si  los  condenados  ha- 
blaron, como  es  probable,  hubieron  de  protestar  en  voz  alta  contra 
la  sentencia  inicua  y  atestiguar  por  última  vez  su  fidelidad  á  su  na- 
ción y  á  su  rey. 

(i)  Ea  181 3  el  cirujano  don  Juan  Madera  declaró  ante  la  comisión  de  residencia 
como  público  y  notorio  (Archivo^  VIII,  197)  que,  á  no  haberse  apresurado  Castelli  á  eje- 
cutar á  Sanx,  Nieto  y  Córdoba,  éstos  hubieran  escapado,  «  pues  inmediatamente  que 
salió  el  doctor  Moreno  y  se  incorporaron  los  diputados,  se  remitió  un  expreso  en  que 
se  perdonaba  á  dichos  reos  y  se  mandaba  á  Castelli  no  ejecutase  más  á  nadie».  La  eje- 
cución se  realizó  el  i5  ;  Moreno  se  retiró  de  la  Junta  el  18. 

(a)  El  doctor  López  que,  por  cierto,  no  admite  tampoco  la  versión  del  padre  Jiménez, 
dice  (III,  ao8)  que  después  de  «indagar  la  verdad»,  puede  afirmar  que  la  ejecución  no 
fué  mandada  por  French,  sino  por  Urien,  y  hasta  parece  indicar  esto  como  un  argu- 
mento contra  los  cargos  calumniosos  de  Jiménez.  Mandó  el  fuego  quien  debia  mandarlo, 
que  era  Balcarce,  y  sabemos  que  Urien  habia  quedado  en  Córdoba.  Por  lo  demás,  se- 
ria esta  una  buena  razón  para  que  no  se  produjeran,  á  espalda  de  los  jefes,  los  escán- 
dalos denunciados. 


i6a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

A  las  dos  y  media  de  la  tarde,  Castellí  mandó  cumplir  la  orden 
de  la  Junta.  En  un  descampado  del  monte,  los  reos  fueron  puestos 
en  línea,  acierta  distancia  uno  de  otro,  al  frente  de  la  tropa  forma- 
da. Después  de  vendarles  los  ojos,  los  piquetes  de  ejecución  se  ade- 
lantaron á  cuatro  pasos,  teniendo  cada  cual  su  blanco  humano.  En 
el  universal  silencio  de  aquella  soledad,  percibíanse  algunos  respiros 
angustiosos.  Al  levantarse  la  espada  de  Balcarce  todos  los  fusiles 
se  bajaron,  apuntando  al  pecho :  hubo  dos  terribles  segundos  de  es- 
pera para  asegurar  el  tiro,  y  luego,  al  grito  de  ¡fuego!  un  solo 
trueno  sacudió  el  bosque,  y  los  cinco  cuerpos  rodaron  por  el  suelo. 
Algunas  aves  huyeron  de  los  árboles,  y  fué  el  único  estremecimien- 
to de  la  naturaleza  impasible  por  la  muerte  de  los  que  habían  man- 
dado provincias  y  conducidoejérci  tos.  Fueron  rematados  individual- 
mente los  que  se  retorcían  aún  en  horribles  convulsiones,  y  se  dice 
queá  French,  soldado  de  la  Reconquista,  le  tocó  descargar  su  pis- 
tola en  la  cabeza  del  Reconquistador  (i). 

De  orden  de  Castelli ,  los  cadáveres  fueron  llevados  en  carretillas 
á  la  Cruz  Alta,  y  enterrados  en  una  zanja  que  abrieron  al  lado  de 
la  iglesia  algunos  húsares  dePueyrredón.  Al  día  siguiente,  cerciora- 
do de  que  los  ejecutores  habían  emprendido  la  vuelta  á  Buenos  Ai- 
res, un  fraile  déla  Merced,  teniente  cura  de  la  parroquia,  exhumó 
los  cadáveres  para  darles  más  cristiana  sepultura  ;  y  dejándolos  se- 
parados, puso  sobre  la  tumba  una  sola  cruz  con  las  iniciales  de  los 
apellidos,  según  el  orden  que  los  cuerpos  ocupaban  :  L.  R.  C.  M.  A. 
—  «para  que  pudieran  algún  día  su  familias  recoger  las  reliquia^  de 
tan  ilustres  víctimas  o  (2). — Allí  debían  de  yacer  olvidadas  por  más 


(i)  El  padre  Jiménez  (Torrente^  I,  72)  consagra  un  largo  párrafo  indignados  este 
<(  nuevo  acto  de  ferocidad».  Son  raptos  de  elocuencia  para  oración  fúnebre  que  debili- 
tan la  emoción  en  vez  de  provocarla.  Sabido  es,  por  otra  parto,  que  el  «golpe  de  gra- 
cia »  implica  lo  contrario  de  la  ferocidad  ;  existe  todavía  en  el  código  militar  y  debe  darse 
á  indicación  del  cirujano  presente.  Y  lo  más  curioso  es  que  el  almirante  Pavía  tran»> 
cribe  los  aspavientos  del  fraile  sin  recordar  que  manda  la  ordenanza  «rematar al  reo  »>. 

'^  Q )  A  esto  se  reduce  la  leyenda  de  la  inscripción  Clamor  que  «  á  los  pocos  días  ap»- 
rcció  en  un  árbol  de  la  Cruz  Alta».  Es  invención  muy  posterior  de  algún  fabricante 


SANTIAGO  LINIERS  263 

de  medio  siglo,  sin  queBelgrano  las  invocase  al  pisarlas  nueve  años 
después ;  ni  los  caudillos  de  tes  discordias  civiles  se  dieran  cuenta 
de  la  atracción  magnética  que  señalaba  obstinadamente  el  campo 
de  la  Cruz  Alta  y  Arequito  para  sus  citas  de  anarquía  :  érala  planta 
sacrilega,  la  mandragora  brotada  déla  sangre  inocente,  allí  vertida 
en  nombre  de  un  mentido  ideal  de  patria  y  libertad,  la  que  llama- 
ba á  los  extraviados  hijos  de  Mayo  para  brindarles  su  fruto  de  mal- 
dición. Al  ñn,  en  1861,  un  hallazgo  fortuito  hizo  dar  con  los  res- 
tos, que  fueron  exhumados  y,  confundidos  esta  vez  para  siempre, 
depositados  provisionalmente  en  un  sepulcro  del  Paraná.  El  cónsul 
de  España  los  reclamó  en  nombre  de  su  gobierno  ;  y  fué  al  día  si- 
guiente de  la  victoria  que  parecía  cerrar,  casi  en  el  mismo  sitio  don- 
de se  abriera,  el  ciclo  de  las  luchas  fratricidas,  cuando  el  vencedor 
de  Pavón  interrumpió  su  discurso  inaugural  déla  estatua  de  San  Mar- 
tín, para  firmar  el  decretoque  enajenaba  las  glorias  de  la  Reconquis- 
ta (i).  Las  reliquias  de  las  víctimas,  llevadas  por  el  bergantín  Gra- 
vina,  recibieron  en  Cádiz  grandes  honras  militares :  descansan  hoy 
en  el  Panteón  de  marinos  ilustresde  San  Carlos,  juntas  en  la  gloria 
como  lo  fueron  en  el  infortunio. 

de  acrósticos,  quizá  del  mismo  Núñes  que  la  puso  en  circulación.  La  O  estaba  demás, 
pues  el  obispo  no  fué  ejecutado  ;  y  si  bemos  de  dar  crédito  á  lo  que  de  Alberti  se  re- 
fiere, el  verdadero  clamor  bubiera  debido,  según  él,  levantarse  por  la  exención  de  Orellana. 

(i)  El  3o  de  junio  de  1863.  el  señor  Fillol,  cónsul  de  España  en  el  Rosario,  pidió 
en  nombre  de  la  reina  Isabel  que  los  restos  de  Liniers  y  sus  compañeros  le  fuesen 
entregados  para  trasladarlos  á  la  Península.  El  3  de  julio,  el  encargado  del  Ejecutivo 
nacional  accedió  á  lo  solicitado.  El  i5  de  julio,  la  familia  de  Liniers  protestó  en  tér- 
minos poco  felices  (decia,  entre  otras  cosas,  que  hubiera  sido  distinta  la  aotitud  del  ex- 
virrey al  conocer  el  alcance  del  movimiento  de  Mayo  !).  El  ig,  el  gobierno,  visiblemente 
agaeé,  y  no  sin  razón,  se  desentendió  del  asunto:  y  el  cónsul  español  logró  persuadir  á 
los  deudos  de  que,  siendo  ya  imposible  entresacar  los  restos  por  que  tan  tardíamente  se 
interesaban,  resultaba  su  oposición  un  tanto  excesiva.  Por  su  parte,  el  mandatario  ar- 
gentino no  supo  desligarse  del  panegirista  de  Belgrano,  pronunciando  por  decreto  esta 
sentencia  histórica  muy  sujeta  á  revisión  :  «  después  de  un  silencio  de  cincuenta  años 
vinieron  (los  deudos)  á  pedir  los  restos  de  pemonas  que  murieron  eonirariando  la  revo" 
Ituióiiy  sin  que  sa  memoria  haya  sitio  rehabilitada  n.  Véanse  los  periódicos  de  las  fechas 
citadas,  especialmente  La  Tribuna.  La  estatua  de  San  Martín  en  el  Retiro  fué  inaugu- 
rada el  1 3  de  julio. 


II 64  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Así  murió  y  vivió  lejos  de  su  patria  nativa  —  al  parecer  tan  des- 
ligado de  ella  en  lo  moral  como  en  lo  material — un  soldado  valiente 
y  un  hombre  bueno  que,  sin  ser  propiamente  un  grande  hombre, 
llenó  un  gran  destino,  y,  con  no  alcanzarla  estatura  heroica,  tuvo 
sus  horas  de  heroísmo  que  le  aseguran  la  inmortalidad. 

He  procurado  pintarle  como  le  veía,  y  he  puesto  todo  esfuerzo  en 
verle  bien,  en  su  marco  hispano-americano:  ya  sufriendo  la  influen- 
cia de  las  circunstancias  con  la  docilidad  de  su  carácter  impresio- 
nable, ya  reaccionando  contra  ellas  á  impulso  de  ciertas  secretas 
energías  atávicas  que  formaban  su  fondo  de  reserva  moral.  Muchas 
de  sus  aparentes  inconsecuencias  provinieron  sin  duda,  más  que  de 
accidentes  idiosincrásicos,  de  su  adaptación  incompleta  á  este  medio 
social.  Casi  todos  los  emigrados  remedamos  á  actores  que,  después 
de  echarse  sobre  los  hombros,  en  el  vestuario  á  obscuras,  el  primer 
traje  hallado  á  mano,  saliesen  á  improvisar  en  la  escena  el  corres- 
pondiente papel.  A  despecho  de  su  larga  carrera  española,  Liniers 
nunca  se  despojó  del  «  hombre  viejo  « (i),  el  cual  era  esencialmente 
un  noble  francés  del  antiguo  régimen.  Alegre,  intrépido,  ligero, 
pródigo  de  su  sangre  y  de  su  bolsa,  sincero  hasta  la  imprudencia  y 
bueno  hasta  la  debilidad,  repentista  incurable,  coronel  eximio  y  me- 
diocre general,  capaz  de  volver  á  ganar  con  su  arrojo  la  batalla 
perdida  con  su  irreflexión,  devoto  del  Rosario  y  amigo  del 
cotillón  y  no  destituido  de  talento  y  lectura,  un  tanto  pagado  de  su 
elegancia  y  nobleza,  pero  con  un  don  de  simpatía  irresistible,  y 
asentando  todas  estas  prendasamables  sobre  un  fondo  inconmovible 
de  honor  y  probidad,  á  manera  deesas  plantas  de  adorno  criadas  so- 
bre un  subsuelo  de  granito :  tal  era  el  airoso  «  aventurero  »  que  una 
calaverada  juvenil  arrojó  al  servicio  de  España,  y  una  inspira- 
ción feliz  sacó  más  tarde  de  la  obscuridad  para  elevarle  al  mando 
de  un  virreinato.  Nacido  para  ser  un  brillante  oficial  de  Conde, 
tocóle  tramitar  expedientes  coloniales,  entrecapitulares  y  oidores  que 

(  i)  S.  Pablo,  Eph.  IV,  a 2  :  Deponere  veterem  hominem... 


SANTIAGO  LINIERS  a65 

le  entendían  á  medias,  y  á  quienes  nunca  entendió  del  todo,  que- 
dando siempre  un  poco  adventicio  y  exótico. 

Con  todo,  y  á  pesar  de  las  borrascas  que  sin  tregua  asaltaron  la 
nave  del  Estado,  hemos  visto  cómo  el  improvisado  piloto  no  se 
mostró  indigno  de  su  fortuna :  á  dificultades  menores  se  rindieron, 
no  sólo  el  antecesor,  sino  también  el  sucesor.  Al  cabo,  tuvo  dos  ho- 
ras  grandes,  deesas  que  llenan  una  existencia  :  la  primera,  cuando 
el  bajel,  con  viento  en  popa  y  guiado  por  las  estrellas,  salvó  triunfal- 
mente  el  canalizo  en  medio  de  frenéticas  aclamaciones ;  la  segunda^ 
más  grande  aún,  cuando  vencido  por  el  temporal,  prefirió  embicar 
contra  el  escollo  antes  que  guarecerse  en  puerto  enemigo.  Llegado 
el  momento  en  que  el  conflicto  moral,  que  torturara  su  vida  entera, 
se  exteriorizó  y  magnificó  en  la  forma  tremenda  de  una  guerra  á 
muerte  entre  sus  dos  patrias,  permaneció  leal  á  la  segunda,  si  bien 
su  alejamiento  le  ahorró  la  amargura  de  tomar  las  armas  contra  la 
primera ;  no  hubo  un  francés  de  honor  que  no  aplaudiera  su  actitud ; 
y  aquí  mismo,  el  único  recelo  de  españoles  y  americanos  fué  que  el 
representante  del  rey  no  considerase  estar  su  deber  donde  estaba  su 
juramento.  Todo  cambió  muy  luego,  menos  el  juramento  y  el  de- 
ber, y  entonces  fué  declarado  traidor  el  que  no  había  cambiado. 
Renació  con  carácter  más  angustiosa  la  fatal  disyuntiva,  cuando  la 
revolución  triunfante  pretendió  arrancar  á  sus  adversarios  legales 
una  aquiescencia  imposible.  El  anhelo  emancipador  de  los  ameri- 
canos era  por  cierto  legítimo,  y  fuera  santo  á  no  cobijarse  al  pronto 
bajo  un  engañoso  estandarte;  pero  en  ningún  caso  era  dudosa  la 
obligación  que  á  cualquier  soldado  español  se  imponía.  Liniers  y 
sus  compañeros  murieron  por  ser  fieles  á  su  nación  y  á  su  rey,  y 
su  descubierta  resistencia  no  debe  equipararse  á  las  conspiraciones 
de  Álzaga  y  sus  cómplices.  Cayeron  como  buenos  al  pie  de  su  ban- 
dera; y  el  solo  hecho  de  ser  ésta  la  misma  que  sus  enemigos  tremo- 
laban, nos  enseña  que  fué  inicua  su  condena.  Aunque  la  causa  de 
la  metrópoli  fuera  políticamente  tan  injusta  como  era  justa  la  de 
las  colonias,  no  tenían  que  averiguarlo  los  jefes  españoles,  sólo  Ha- 


366  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

¡nados  á  defenderla.  Los  prisioneros  de  guerra,  fusilados  sin  juicio 
en  la  Cruz  Alta,  fueron  mártires  de  su  lealtad,  y  no  necesitan  ser 
rehabilitados. 

Por  lo  demás,  esa  rehabilitación  innecesaria,  se  la  tributaron  á 
pesar  suyo  los  mismos  ejecutores.  Un  estremecimiento  de  horror 
•corrió  por  el  cuerpo  de  los  proceres  del  pacífico  Mayo  ;  y  en  la  pro- 
clama tardía  con  que  la  Junta  Gubernativa  intentaba  denigrar  á  sus 
víctimas,  se  percibe  un  conato  balbuciente  de  justificación.  Muy 
pronto  acabó  de  caer  la  venda  ofuscadora.  El  prestigio  de  Moreno 
no  resistió  á  la  repercusión  del  atentado  ;  y  sabemos  que,  no  bien 
alejado  el  genio  terrible  de  la  Revolución,  la  Junta  procuró  desan- 
darla Via  scelerata  por  aquél  abierta,  y  que  ¡  ay  !  dos  generacio- 
nes argentinas  estaban  condenadas  á  recorrer.  Aquel  funesto  sofisma 
por  los  sectarios  formulado,  y  según  el  cual  eran  justos  todos  sus 
pasos,  y  criminales  los  contrarios  :  ellos  mismos  se  iban  á  encargar 
de  destruirlo,  persiguiéndose  los  unos  á  los  otros,  arrojándose  mu- 
tuamente á  la  cárcel  y  á  la  proscripción,  en  nombre  de  un  ideal  re- 
volucionario por  todos  proclamado  y  por  ninguno  realizado  ni  defi- 
nido, —  hasta  que,  veinte  años  después,  los  últimos  sobrevivientes 
de  la  Junta  de  Mayo,  cansados  de  luchas  sangrientas  y  estériles 
.  represalias,  se  resignaron  á  saludar  en  don  Juan  Manuel  Rosas  al 
salvador  de  la  República. 

Pero  ahora,  en  vísperas  del  centenario  de  Mayo,  no  basta  ya  que 
cada  nación  haya  recogido  á  sus  grandes  muertos  para  glorificar- 
los á  solasen  sus  Panteones.  Á  ésta  le  toca  el  augusto  deber  de  adop- 
tar á  la  par  de  los  suyos  á  los  contrarios,  como  que  las  primeras 
víctimas  de  la  patria  nueva  eran  los  últimos  héroes  de  la  patria  vie- 
ja ;  y  en  la  mezcla  de  verdades  y  errores  por  los  cuales  unos  murie- 
ron y  otros  mataron,  no  descubre  la  historia  un  solo  elemento 
egoísta  é  impuro,  sino  el  móvil  idéntico  del  patriotismo,  cuyos  cho- 
ques sangrientos  han  sido  y  serán  durante  siglos  la  condición  ge- 
neradora y  el  rescate  de  la  civilización. 

P.  G. 


DOCUMENTOS  INÉDITOS 


RELATIVOS  A  LINIERS 


N'»  I 


LIQUIDACIÓN    DEL    SUELDO    DE    LINIERS 

Junio  ag  de  1807. 

• 

Habiéndose  posecion'***  del  mando  Político  Militar  y  Presid'  déla 
R*  Aud'  el  S®"^  Brigadier  D"  Santiago  Liniers  á  consecuencia  de  lo 
prevenido  en  W  orn  de  2  3  de  Oct"  de  1806  ha  declarado  el  B} 
Acuerdo  que  mediante  q'  p*  este  caso  no  esta  determin"**"  el  suel- 
do que  debería  gozar  el  oGcial  en  q°  recaiga  el  mando  se  satisfa- 
gan a  dho  S^'  Liniers  durante  este  encargo  el  q"  esta  declarado  á 
los  Gefes  q"  entran  en  el  p'  Pliego  de  Provid'  ó  nombrara***  Int°  de 
S.  M.  Lo  q"  comunico  á  V.  S.  p*  q"  se  sirva  dar  las  orns  conven*** 
al  efecto  —  Dios  gue  a  V.  S.  m"  a*  B*  A*  y  Junio  29  de  1807  — 
Man^  de  Velasco,  —  S*'  Reg**  Superint**  de  W  Haz^*  —  B'  A'  3o  de 
Jun"  de  1807  —  Tómese  razón  en  el  tnal  de  C***  y  Cax"  W  de  esta 
Gap*  y  fho  tráigase  para  proveer  lo  demás  q"  corresponde. 

B*  A"  21  de  Julio  de  1807  —  Pase  al  S*''  Mtro  encarg**"  délas  re- 
gulaciones de  Mediannata  p*  q'  tome  la  correspond**  délo  q*  debe  sa  - 


a68  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

tisfacer  á  dho  B}  dro  el  S®'  Brigadier  D"  Sant**  Liniers  — Muñoz  y 
Cubero  — Gallego, 

Regulación  del  B}  dro  de  Media  anata  q^  adeuda  el  S'  Brigadier 
D"  Santiago  Liniers,  por  la  Interinida  q*  exercede  la  Capitania  gral 
y  Presid**  de  la  W  Aud'  Pretorial  por  R'  Cédula  de  2  3  de 
Oct^  de  1806,  la  cual  regulación  va  ajustada  alas  reglas  8  y  4i 
délas  generales  dadas  en  i664  para  goviemo  del  Ramo  y  Real  or- 
den circular  de  24  de  Febrero  de  1799. 

Por  365o  p*  dedho  R*  derecho  deducido  de  la  4'  parte 
de  los  14.600  q'  han  sobrevenido  al  espres***"  S'  de 
aumento  en  el  sueldo  de  los  20  m'  q*  le  corresponden 
aora  porquanto  disfrutaba  5. 4oo,  como  Capitán  de  Na- 
vio de  la  W  Armada  embarcado 3 .  65o 

0/T  657  pesos  del  18  p  "^'o  de  la  antecedente  partida  por 

razón  de  su  conduc'**"  á  España 657 

Son  Quatro  mil  Trescientos  siete  pesos.  Total 4 .  Soy 

los  que  pertenecen  al  W  derecho  de  media  anata  y  su  conduc*** 
que  deben  satisfacerse  en  los  5  primeros  años  del  servicio  de  dha 
interinidad  alrespecto  de  ochocientos  sesenta  y  un  pesos,  tres  y  un 
quinto  r"  encada  uno,  ó  si  antes  cesare,  lo  q*  corresp"*'  aprorrata 
conforme  á  la  W  Cédula  de  26  de  Mayo  de  i  .774.  Buenos  Ayres  23 
de  Julio  de  1807. 

B*  A'  34  de  Julio  de  1807. 

Apruevase  la  anteced*®  regulz"  y  tómese  raz'  de  ella  y  del  oficio 
q*  la  precede  en  el  tral  de  C***  y  las  Cax"  R*  de  esta  Capital  — Mu- 
ñoz y  Cubero  —  Man}  Gallego, 

Tomóse  razón  en  el  Tribunal  y  Audiencia  Real  de  Cuentas  de 
este  Virreynato  —  Buenos  Ayres  24  de  Julio  de  1807. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  369 


N'    2 


NOMBRAMIENTO    DE    VIRREY    INTERINO 

Al Exmo  S""  D,  Santiago  Liniers, 

Titulo 

de  Vlrey  interino  de  las 

Provincias  del  Rio  de  la  Plata 

Dic'  3  de  1807. 

D.  Garlos  por  la  gracia  de  Dios  Rey  de  Castilla,  &'.  Por  quan- 
to  atendiendo  al  particular  mérito,  y  distinguidos  servicios  de  vos 
el  Gefe  de  Esquadra  de  mi  Real  Armada  D.  Santiago  Liniers,  he 
venido  en  elegiros  y  nombraros  como  en  virtud  del  presente  os  eli- 
jo y  nombro  interinamente  Virey,  Gov**',  y  Capitán  Gral  de  las 
Provincias  del  Rio  de  la  Plata,  y  Presidente  de  mi  Real  Audiencia 
de  Buenosayres  con  el  sueldo  de  veinte  mil  pesos  al  año  mitad  del 
que  está  asignado  á  estos  empleos  en  propiedad  conforme  á  mi  Real 
resolución  de  treinta  y  uno  de  Enero  de  mil  setecientos  noventa  y 
nueve.  Por  tanto  os  doy  cumplido  poder  y  facultad  p'  que  como 
tal  Virey,  Gov""^  y  Capitán  Gral  interino  de  dichas  Provincias 
podáis  ordenar  en  mi  nombre  general  y  particularm**  lo  que  os  pa- 
reciere conveniente  y  sea  necesario  á  su  buen  govierno,  castigo  de 
los  excesos  de  la  gente  de  guerra,  y  administración  de  justicia  en 
que  pondréis  particular  cuidado :  y  mando  á  los  tenientes  Generales, 
Mariscales  de  Campo,  Governadores  de  Plaza  y  á  los  demás  cavos 
y  gente  de  guerra  de  Infantería  Caballería,  Dragones,  Milicias  y 
demás  personas  Militares,  que  al  presente  sirven  y  en  adelante  sir- 
vieren en  las  referidas  Provincias  guarden  y  cumplan  las  Ordenes 
que  les  diereis  de  mi  R^  servicio  por  escrito  y  de  palabra,  sin  repli- 
ca ni  dilación  alguna  en  todos  los  casos  á  este  cargo  pertenecientes, 
de  la  misma  forma,  que  lo  harian  y  deberían  hacer  si  yo  lo  man- 


370  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

dase.  Y  que  los  Intendentes,  Comisarios  Ordenadores,  y  de  Gue- 
rra, Proveedores  y  tenedores  de  bastimentos  y  demás  oficiales  de 
Sueldo  que  sirvieren  en  las  mismas  Provincias  os  den,  como  lo  or- 
deno y  mando  todas  las  veces  que  lo  pidiereis  y  os  pareciere  con- 
veniente las  noticias  que  dependan  de  sus  oficios  p'que  podáis  apli- 
car las  providencias  que  conduzcan  á  mi  W  servicio  por  ser  asi  mi 
voluntad  ;  y  que  el  ministro  de  R^  Hacienda  á  quien  tocare  dé  la 
orden  conveniente  p'  que  se  tome  razón  de  este  Despacho  en  la  Con- 
taduría principal  donde  se  os  formará  asiento  de  este  Empleo  con 
el  mencionado  sueldo  que  haveis  de  gozar  como  lo  tengo  resuelto 
por  punto  general  en  mi  Real  orden  de  diez  y  seis  de  Abril  de  mil 
setecientos  noventa  y  dos.  Y  para  que  se  cumpla  y  execute  todo  lo 
referido  mando  despachar  el  presente  titulo  firmado  de  mi  R'  mano, 
sellado  con  el  sello  secreto  y  refrendado  del  infrascrito  mi  secreta- 
rio de  Estado  y  del  Despacho  Universal  de  la  Guerra  de  España  é 
Indias,  debiéndose  también  tomar  razón  de  él  en  las  Contadurías 
generales  de  la  distribución  de  mi  Real  Hacienda  y  del  mi  Consejo  y 
Cámara  de  las  Indias.  Dado  en  San  Lorenzo  á  tres  de  Dic"*  de  mil 
ochocientos  siete — Yo  el  Rey  —  Hay  vn  sello  Real — Antonio 
O  laguer  Feliv. 

Tomóse  razón  del  título  de  S.  M .  en  la  Contaduría  general  de  la 
distribución  de  la  W  Ilac***  Madrid  diez  y  siete  de  Dic*  de  mil  ocho- 
cientos siete  — Luis  GazéL 

Tomóse  razón  en  la  Contaduría  Oral  de  la  America  Meridional. 
Madrid  diez  y  nueve  deDic'  de  mil  ochocientos  siete- /?Van~  Vi<iña 

-  Queda  tomada  razón  del  antecedente  R*  Titulo  en  el  Libro  respec- 
tivo de  este  Tribunal  de  la  B}  Avdiencia,  a  consecuencia  de  haver 
prestado  S.  Ex*  el  juramento  acostumbrado  en  R*  acuerdo  de  este  dia 
como  consta  de  Certificación  que  doy  por  separado  con  esta  fecha. 
Buenosayres  y  Mayo  diez  y  seis  de  mil  ochocientos  ocho  —  D"' 
Marcelino  Callexa  Sanz. 


DOCUMENTOS  SOBRE  UNIERS  371 

Buenos  ayres  17  de  Mayo  de  1808  —  Cúmplaselo  que  S.  M. 
manda,  y  tómese  razón  en  el  Tribunal  de  Cuentas  y  R*  Cajas  de 
esta  Capital  —  Santiago  Liniers, 

Tomóse  razón  en  el  Tral  y  Avd'  R'  de  Cuentas  de  este  Vireynato. 
Buenos  ayres  y  Mayo  18  de  1808  —  Ramón  de  Oromi, 


N'»  3 


SOBRE    LA    LLEGADA    DE    GOTEIfEGHE 

Serenis"***  Señor. 

El  23  de  Agosto  próximo  llegó  á  esta  capital  el  ilustre  Brigadier 
D.  José  Manuel  De  Goyeneche,  conduciéndonos  las  noticias  Del 
estado  De  esa  Metrópoli,  Délos  acaecim****  De  Madrid,  Déla  opre- 
sión en  q*  se  halla  va  nuestro  Augusto  Soverano  el  S*"^  D.  Fern**** 
7*"  con  toda  la  R'  Familia,  y  q^  el  mando  del  Reyno  estaba  en  esa 
Suprema  Junta,  que  en  representación  Déla  Nación,  y  á  nombre 
Del  S**'  D.  Fernando  7°  govierna  esos  Dominios.  Este  comisiona- 
do se  presentó  precisam**  quando  este  fiel  vecindario  se  hallava  aun 
enlos  transportes  De  gozo  en  que  le  havia  hecho  prorrumpir  la  pro- 
clamación De  su  nuevo  Soberano  verificada  dos  dias  antes,  en  me- 
dio déla  incertidumbre  q*  nos  hacian  tener  las  noticias  vltimam**  re- 
cividas,  y  fué  testigo  Del  singular  gozo  q*  causó  á  este  Pueblo- 
haver  visto  prevenidas  con  sus  demostraciones  de  fidelidad  las  mis- 
mas ideas,  los  propios  sentimientos  De  esa  Suprema  Junta,  y  Deto- 
das  las  Provincias  de  España.  Yo  escuso  manifestar  á  V.  A.  los 
pormenores  De  estos  sucesos,  porq*  supongo  que  dicho  S*"'  Goye- 
neche los  detalle,  como  testigo  presencial  de  ellos,  pero  incluyo  á 
V.  A.  baxo  el  num°  i""  testimonio  Déla  Junta  Del  Tribunal  déla 
R^  Audiencia,  y  Cuerpo  municipal  celebrada  en  i4  del  citado  Agos^ 


^^2  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

to  con  motivo  de  la  llegada  Devn  Emisario  Francés  con  Pliegos  para 
mi,  y  para  todos  los  Gefes  Déla  America,  dando  noticia  Déla  re- 
unión Déla  Familia  R*  en  Bayona,  y  Déla  abdicación  del  Trono  he- 
cha por  el  S'  D.  Carlos  4°  en  el  Emperador  Buonaparte,  y  en  q*  se 
demuestran  los  sentimientos  q*  desde  los  principios  animaron  álos 
Magistrados,  y  fiel  Pueblo  de  esta  Ciudad  y  cuya  noticia  comuni- 
qué al  Virey  De  Lima,  Presidente  de  Chile,  Gefes,  y  Prelados  de  las 
Provincias  de  mi  mando  por  la  circular  cuya  copia  es  la  del  n""  2. 
La  distinguida  conel  n*"  3  q*  lo  es  de  vna  carta  dirigida  ala  Sra  Prin- 
cesa Del  Brasil  D'  Carlota  Joaquina  de  Borbon  en  contextacion  Déla 
que  con  fha  de  27  del  citado  Agosto  me  ha  escrito  desde  el  Janeiro, 
impondrá  á  Y.  A.  y  á  esa  Suprema  Junta  de  todo  lo  ocurrido  con 
la  llegada  del  enunciado  Emisario  Francés,  y  posteriores  aconteci- 
mientos ;  asi  como  por  el  testimonio  Déla  Junta  señalada  con  el  n"" 
4  y  celebrada  con  motivo  del  arrivo  del  S°'  Goyeneche,  de  ios  sen- 
timientos de  fidelidad,  lealtad,  y  entusiasmo  del  Pueblo,  q*  tengo 
el  honor  de  mandar ;  deviendo  asegurar  á  Y .  A.  que  no  oigo  sino 
expresiones  de  la  mas  alta  lealtad,  ni  otros  sentim^  que  los  de  se- 
guir inviolablemente  las  superiores  disposiciones  de  esa  Suprema 
Junta,  conformándose  en  vn  todo  con  las  ideas  Déla  Nación  q*  ve 
representada  en  ella. 

Igualmente  dirijo  á  Y.  A.  baxo  el  n°  5  la  circular  con  que  co- 
muniqué á  todas  las  Provincias  interiores  la  noticia  déla  llegada  del 
precitado  Sr.  Brigadier  y  del  establecimiento  de  esa  Suprema  Junta, 
deseoso  de  anticiparles  las  q^  nos  havia  conducido  Ínterin  se  pre- 
scnciava  en  ellas,  y  las  tenian  por  su  conducto,  y  con  los  números 
de  6  á  1 7  las  relaciones,  que  desde  los  sucesos  gloriosos  del  diaS 
de  Julio  del  año  próximo  pasado,  he  dirigido  alos  Ministerios  res- 
pectivos acerca  de  todos  los  individuos  q*  concurrieron  á  ellos,  y  se 
distinguieron  en  las  acciones  con  los  premios  á  q*  los  he  considera- 
do acrehedores,  y  délos  q®  solo  los  han  obtenido  los  correspon- 
dientes alos  cuerpos  Déla  Armada,  y  Artillería,  asi  para  q'esa  Jun- 
ta Suprema  pueda  enterarse  de  los  méritos  y  servicios  de  cada  vno, 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  373 

como  por  si  es  de  su  agrado  confirmar  los  q*  supongo  se  conce- 
dieron i^almente  á  todos  los  demás  Cuerpos  y  cuyos  Despachos 
aun  no  se  han  recibido,  aunq*han  llegado  los  de  aquellos,  conside- 
rándolos yo  tan  acrehedores  á  esta  demostración  De  haber  sido  acep- 
tos sus  servicios,  como  conveniente  para  mantener  y  aumentar  el 
noble  entusiasmo  con  q*  hta  ahora  se  han  conducido  por  sostener 
los  dros  déla  Soberania  Española. 

Dios  gue  á  V.  A.  m'  a'.  Buenos  Ayres  i4  de  Sept"  de  1808. 

Santiago  Liniers. 

Serenis"^**  S"  Presida  y  vocales  déla  Suprema  Junta  de  Goü'"'  de  Es- 
paña. 


N«  4 


LI5IERS    RECOMIENDA    AL    SOBRINO    DE    OGAMPO 


S"'  Dean  Doctor  D"  Gregorio  Funes, 

Buen'  Ayres  y  Junio  a 6  de  1809. 

Muy  Sor.  mió  y  Amigo :  la  amistad  y  cariño  q*  profeso  al  Coman- 
dantede  Arribeños  D"  Fran*"*  Antonio  Ortizde  Ocampo,  y  alos  vivos 
deseos,  q*  me  asisten  de  servirle,  me  estimulan  solicitar  de  V.  S.  q*  en 
atención  al  parentesco  q**  el  Sobrino  de  dicho  Comandante  D"  Josef 
Gabriel  Ocampo  tiene  con  el  finado  Dean  Garay,  Fundador  de  una 
Yeca  dotada  en  este  real  colegio  de  Montserrat  á  beneficio  de  sus 
descendientes,  sea  este  atendido  en  ella,  con  exclusión  de  otro  qua- 
lesquiera  solicitante,  en  consideración  del  mas  immediato  grado 
de  Parentesco,  q*  este  posee,  y  p'  q*  el  logro  de  esta  pretenc"  pende 
del  asilo  de  Y.  S.  pasa  mi  confianza  á  suplicarle,  q^  mirándole  pro- 
picio, favorezca  al  mencionado  Ocampo,  según  lo  exige  la  justicia, 

ASAtS*  UB  LA  aZBUOTBCA.    —  T.    1(1  l8 


374  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

y  acredite  mí  mediación,  facilitando  el  obten to  de  esta  gracia  q*  re- 
conoceré ala  galantería  de  V.  S.  en  las  ocaciones  de  sii  mayor  servi- 
cio, cuya  yida  gue  Dios  m'  a'  como  lo  desea  sumas  apasionado  Q. 
S.  M.  B. 

Santiago  Liniers. 


N»  5 


PROTESTA    DE    LOS    PATHIGIOS    CONTRA    ELÍO 

Sor  Comandante 

Los  Oficiales  q*  subscribimos,  con  la  atención  debida,  y  en 
vso  de  los  Sagrados  derechos  q*  nos  permiten  la  R^  Ordenanza  y 
Leyes  del  Rey  no  manifestamos  á  V.  que  la  Sup"'  Orden  p*  recono- 
cer p'  Inspector  y  2"*  Comandante  délas  Trop'  de  este  Virrey***  al  Sor 
D"  Fran''"  Xavier  de  Elio  era  suplicable,  y  p'  lo  tanto  nos  Reserba- 
vamos  representar  en  el  particular  p'  q*  V.  se  sirviese  elebar  ala  inte- 
ligencia del  Exmo  Sor  Virrey  la  exposición  y  motibos  denuestra 
Súplica. 

Ella  está  con  trahida  á  rogar  a  S.  E.  con  nuestro  mayor  rendimien- 
to se  digne  suspender  el  cumplim^  y  posesión  déla  R*  Orn  q*  le  ba- 
vilita  á  tales  Empleos  la  que  obedecemos  con  el  maior  acatam^  hta 
q*  mejor  informado  S.  M.  de  nuestro  recurso  y  motibos  en  q*  se 
funda  resuelba  lo  q*  estime  combeniente. 

Quando  los  R*  Rescriptos  son  ganados  con  falsas  preces,  con  los 
vicios  de  obrrepcion,  y  subrreccion,  ó  q*  aparejan  un  daño  publico» 
y  tocan  al  perjuicio  comunal,  manda  y  quiere  S.  M.  q*  se  obedezca 
su  mandato  y  no  se  cumpla^  y  al  efecto  se  le  suplique:  Este  pues  es 
el  caso  precisam^  en  q*  nos  hallamos  con  respecto  á  la  Inspección 
y  Seg**'  Comandancia  dada  al  Sor  Brigadier  Elio. 

Quando  las  desgracias  agovian  á  una  Provincia  ó  aun  Reino» 
suelen  multiplicarse  alas  veces  con  los  mismos  remedios  q*  se  creían 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  37^ 

á  proposito  p*  SU  alibio  ;  De  esta  naturaleza  son  los  q*  nos  ha  pre- 
sentado el  mismo  Sor  Elio  desde  el  momento  en  q^  se  personó  en 
esta  Capital  el  año  de  807,  creyéndole  un  remedio  a  la  Necesidad  y 
Escasez  de  Gefes  Militares,  que  pudiesen  conducirnos  á  una  defensa 
como  la  q"  necesitábamos. 

Los  Enemig"  entonces  ocupaban  la  Ciudad  de  MonteY""  y  Colonia 
del  Sacram*^,  y  la  Junta  de  Guerra  determinó  q"  el  Sor.  Elio  pasase 
a  los  Campos  déla  Colonia,  formase  en  ellos  sus  partidas  de  guerri- 
lla y  protegiese  á  los  moradores  de  aquellas  Campañas,  observando 
las  fuerzas  y  disposición'  de  los  Agresores  sin  empeñar  acción  con 
ellos:  Estos  y  otros  mas  estrechos  mandatos  fueron  los  q*  sele  im- 
pusieron p'  economizar  la  sangre  de  los  fíeles  vasallos  de  esta  Capi- 
tal q"*  llevaba  á  su  mando  :  El  Sor  Elio  abrió  la  campaña  con  la  de- 
sovediencia  y  desprecio  á  aquellos  Mandatos,  fuerza  su  marcha  y  sin 
detenerse,  ni  dar  descanso  alas  Tropas,  desordenadam**  asalta  ala 
Plaza,  el  éxito  correspondió  alas  disposicin'p'  q'  recobradas  del  es- 
panto las  guardias  Enemigas,  hacen  vso  del  cañón  y  con  el  mismo 
desorden,  tienen  precisión  de  retirarse  aquellos  vecinos  honrrados, 
dejando  escarmentada  la  temeridad  del  Sor  Elio  con  perdida  de  mu- 
chas armas  enlos  Soldad*,  en  la  necesidad  de  huir  p'  sendas  p'  ellos 
desconocidas,  aumentadas  sus  dudas  y  confusión' p' las  lobreguezes 
déla  noche  (aqui  ciertam^  un  profesor  Militar  esclamaria  contra  el 
intrépido  Elio,)  lastimándose  de  su  impericia,  y  del  sacrifício  de 
unos  vecinos  q*  p'  el  servicio  del  Rey  sacrifícaban  sus  vidas  y  fami- 
lias .   ¿  Pero  quien  dijera  q*  este  sufrimiento  y  silencio  del  crasisi- 
mo  error  Militar  no  bastara  á  sellar  los  labios  del  Sor  Elio,  p'  q°  el 
también  lo  guardase  y  contemplase  con  aquellos  mártires  de  la  obe- 
diencia ?  Pero  sucedió  mui  al  contrario,  p'  q'  este  Xefe  se  desaze  en 
dicterios  contra  aquellos  miserables  sacrifícados  p*  cubrir  su  igno- 
rancia y  temeridad;  Acaso  las  circunstanc'  estrechantes  de  aq^  tpo 
dejaron  de  llebar  á  un  Consejo  de  Guerra  la  falta  de  subordinación 
y  excesos  cometidos  p'  el  Sor  Elio. 

Si  este  primer  Ensayo  costó  tan  caro  á  los  vecinos,  trop'  vrban' 


376  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

de  B'  Air",  aun  fué  mayor  el  segundo  en  el  campam*^  del  Arroyo  de 
S"  Pedro,  donde  le  atacó  el  enemigo  p'  sorpresa  en  termin'  que  per- 
dió todo  su  equipaje  y  Tesorería,  hta  su  propia  Espada  :  descuido 
tan  crimin^  como  escandaloso  en  un  Gefe  de  q^  hai  causa  pendiente, 
y  q*  tampoco  p'  ello  sufrió  Consejo  de  Guerra,  sin  duda  p'  q*  se  rea 
grabaron  los  cuidados  déla  Capital  con  el  Asedio  posterior  délos  Ene- 
mig*;  los  muertos  y  hqridos  quedaron  abandonados  ala  Providencia, 
y  estas  dos  pruebas  primer*  q*  en  clase  de  Gefe  nos  dio  dho  Sor. 
han  costado  las  vidas  de  much'  honrrad*  vecinos  de  B'Air*,  cuias 
viudas,  huérfanos  i  mutilad*  lloran  hta  hoy  estas  desgraciadas  Cam- 
pañas del  Sor  Elio,  quien  al  fin  abandonó  el  Campo  trasladándose  á 
esta  Capital,  infamando  á  aquellos  victimas  de  su  impericia  con 
otros  muchos  hechos  atroces  q*  empleó  contra  aquellas  Trop*  mani- 
festándoles su  oposición  y  Odio  implacable  acia  estas  Tropas  y  ve- 
cin*  atribuyéndoles  delitos  q*  no  cometieron  p'labar  los  enorm*  de 
su  ignorancia  y  Responsabilidad. 

Se  presenta  en  esta  Capital  con  un  denuedo  como  si  fuese  Victo- 
rioso :  todos  saben  q^  aunq*  debió  asistir  al  Campo  de  Miserere  con 
su  División  el  dia  dos  de  Julio  no  pareció  en  el :  El  dia  cinco  per- 
dió p'  su  tenacidad  y  capricho  dos  cañón*,  y  q*  dejó  al  Enemigo  su 
ca vallo  huyendo  p'  no  caer  en  sus  manos,  vio  en  fin  cantar  la  vic- 
toria y  obserbó  de  espacio  á  los  Enemigos  después  de  prisioneros : 
Esta  ha  sido  su  conducta  Militar  Publica,  q*en  lo  Político  como 
Gov**'  de  Montev"  presenta  el  quadro  mas  melancólico  q*  no  tiene 
semejante  en  las  Américas,  y  en  la  actual  desgraciada  constitución 
déla  Metrópoli  acaso  podrá  igualarse  con  los  mas  prevaricadores  de 
ella. 

El  se  substrajo  de  la  obediencia  deeste  Govierno  Sup"%  formó 
una  Junta  subversiba  del  orn  Publico,  atentó  contra  la  B}  Autori- 
dad,  conspiró  contra  este  Pueblo  y  Govierno  con  libelos  infamato- 
rios y  calumnias  las  mas  atroces  al  abrigo  délos  muros  déla  Ciu- 
dad de  Montev*,  apoyado  en  las  Trop*  de  su  guarnición  y  en  alg* 
parciales  q*  en  aquella  y  en  esta  Ciudad  tenia,  con  miras  de  depo- 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  377 

ner  á  las  Autoridad',  y  establecer  un  Govierno  Popular  como  se  in- 
tentó el  dia  primero  de  Enero  en  él  tumulto  é  insurrección  formada 
p'  sus  aliados  i  á  quien'  sacó  con  infracción  de  las  LL.  del  confina- 
miento en  q*  se  hallaban,  atentando  contra  el  R*  Pa vellón  en  aq^ 
Establecim*^  como  lo  hubiera  hecho  un  Enemigo  déla  Corona^  ha- 
ciendo salba  R^  al  Triunfo  conseguido  q****  arribaron  á  Montevideo 
los  confinad*,  haciendo  particip'  á  las  Iglesias  p'  q*  con  sus  Campa- 
nas manifestasen  Regocijo  á  este  hecho.  ¿  Quando  hemos  visto  con 
semejante  escándalo  celebrar  los  Atentados  cometidos  contra  la  So- 
verania  y  hacer  alarde  de  ellos  p'  confundir  y  abatir  mas  la  Supre- 
ma Autoridad?  Encastillado  eu  su  Plaza,  y  aprovechándose  de  la 
humanidad  del  Govierno  procuró  seducir  Provine*  interiores  deque 
son  funestos  resultados  las  turbación*  q*  padecen,  por  todo  declaró 
un  odio  implacable  á  las  Tropas  y  Vecindario  de  esta  Capital  tra- 
tando á  los  Tribunales,  y  Trop*  de  ella  de  insurgent*  trahidores  al 
Rey  y  sequaces  del  pérfido  Napoleón,  con  cuias  preces  falsas  es  de 
creer  recabó  déla  Junta  Central  la  Insp*""  y  Segunda  Comandancia 
de  las  Tropas  de  este  Virrey***  y  de  q*  reverentem**  reclamamos. 

Es  prueba  nada  equiboca  del  odio  vengativo  y  sanguinario  q* 
ha  tenido  y  tiene  contra  las  Tropas  y  havitant'  de  B*  Air*  el  empeño 
q*  manifíesta  su  esquela  ó  memoria  de  veinte  y  tres  de  Julio  escrita 
á  don  Josef  Guerra,  corre  en  Testimonios  Públicos,  alli  quiere  q* 
se  amenaze  con  oreas,  y  q*  luego  se  ejecute,  alli  se  ofrece  mas  q* 
aconsejar  á  ejecutar  estos  sacrificios  á  la  frente  de  mil  hombres : 
alli  renuncia  la  docilidad  ó  humanidad  p^  empaparse  en  nuestra  san- 
gre ;  alli  p'  tres  veces  manifiesta  ser  inflexible,  y  la  dureza  de  co- 
razón en  el  Gefe  p'  q*  se  conozca  la  benignidad  :  no  se  leerá  de  Ti- 
to ni  Vespaciano  mas  horror  á  sus  semejantes  y  bien  ¿  q*  le  ha  he- 
cho esta  Jerusalen  cibil  defender  con  sus  nobles  pechos  q*  sirvieron 
demuralla  álaimbasion  délos  Enemig*p' sostener  estos  Dominios  del 
Rey,  es  delito  q*  merece  una  pena  tan  cruel  sobstener  estos  mismos 
Ciudadanos  fieles  la  Autoridad  y  Soverania  q"  quisieron  arrebatar 
con  las  Armas  en  la  mano  el  desgraciado  dia  primero  de  Enero, 


^78 


ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


puede  ser  delito?  Enfín  el  haber  dado  un  Exemplo  q*  no  tiene  seme- 
jante la  Nación  en  las  tristes  y  desgraciad'  combulcion*  q*  ha  pade- 
cido  y  sufre  la  Metrópoli,  ¿Será  p""  ventura  delito  ?  Nosotros  cree- 
mos q*nó. 

Gomo  el  Señor  Elio  no  pierde  momento  de  herir  alos  havitant* 
defensores  de  esta  Capital,  hecho  un  Misionero  de  la  blasfeoiia  con- 
tra ella  en  sus  cartas  pribadas,  en  sus  Proclamas  publicas,  y  en  to- 
dos sus  sentimientos,  quedan  como  la  del  dia  doce  sellados  sus  de- 
seos con  la  invectiba,  con  la  injuria  y  la  calumnia  de  q^  hace  fre- 
quente  vso. 

Todos  estos  son  Docum***'  y  razones  q*  constan  de  hecho,  resal- 
tan de  causas  y  piezas  calificatibas  en  la  secret*,  con  ellas  están  dada 
cuenta  al  Rey  en  mucha  parte,  á  quien  en  vso  de  ntros  dhos  pro- 
metemos recurrir  instruidam^  ;  y  considerando  q*  entretanto  son 
bastantes  los  motibos  dhos  á  suspender  la  posecion,  ocurrimos  á  V 
p*  q*  se  si rba  hacerlo  presente  á  S.  E.  en  el  modo  mas  sumiso  y 
atento  que  corresponda  y  combenga,  exforzando  ntros  sentimient*  p* 
q^  no  podemos  sobrevibir  á  ntra  infamia  y  vi  trajes  después  de  haber 
sacriñcadonos  p'  sostener  las  Autoridades  del  Rey  y  su  Soberanía, 
p*^  cuia  conserbacion  rendiremos  como  lo  deseamos  ntro  espíritu 
contratos  q"  la  atentaren. 

B*  Air'  y  Ag"  2  a  de  1809. 


Fran''''  Diaz 
Juan  Simón  Gómez 
José  Balentin  Garda 
Juan  Albaro  de  Ossorio 
Lorenzo  Alvares 
José  Ignacio  González 
Fern^"*  de  la  Gándara 
Anselmo  delRial 
Fernando  de  Arrióla 


JW  Ant  de  la  Puebla 
Josef  de  Zeballos 
José  Gabriel  de  la  Oyuela 
Fran^""  Xavier  Garda 
Manuel  de  Horna 
Vicente  Diaz 
Man^  Sánchez  De  Cosió 
Sebastian  Casas 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  379 


N»  6 


SAA YEDRA  APOYA  LA  PROTESTA  ANTERIOR 

Exmo  Señor. 

Persuadido  intimam^  de  que  la  sobordínacíon,  obediencia  y 
respetos  devidos  al  Superior,  son  compatibles  con  la  súplica  y 
reclamo  reverente  del  subdito  al  mismo  Superior,  quando  sus  man- 
datos, ordenes  ú  preceptos,  le  son  gravosos  y  perjudiciales,  que 
este  alivio  por  nuestras  mismas  Leyes  esta  concedido  al  Vasallo  aun 
quando  el  Soberano  es  que  manda,  establece,  ú  ordena  por  medios 
de  Sus  Reales  rescriptos.  Cédulas  y  Decretos,  quando  estos  son  de 
aquella  clase,  no  he  dudado  poner  en  manos  de  V.  Ex'  la  adjunta 
representación  de  los  .oficiales  del  cuerpo  de  Patricios  de  mi  cargo, 
relatiba  á  suplicar  á  V.  Exa  se  suspenda  hasta  la  resolución  de  S.  M. 
dar  cumplimiento  á  la  orden  superior  que  en  oficio  de  16  del  corr** 
se  ha  publicado  sobre  la  Inspección  general  y  segunda  comandan- 
cia de  las  Tropas  de  este  Vireynato.  que  la  Suprema  Junta  Cen- 
tral ha  concedido  al  S""  Brigadier  D"  Fran*"  Xavier  de  Elio. 

En  dha  representación  indican  los  oficiales  las  razones  justas  que 
creen  asistirles  confiados  en  que  la  justificación  de  V.  Exa,  las  pon- 
derará y  pesará  confórmelo  exigen  nuestras  circunstancias.  Aellas 
he  creído  dever  añadir  otra  que  en  mi  concepto  al  paso  que  es  mas 
publica  que  la  luz  del  día,  obra  mas  inmediatam^  al  proposito  de  su 
solicitud,  y  es  el  odio  y  aversión  con  que  aquel  Gefe  mira  principal- 
mente alos  hijos  del  Pays.  Esta  Señor  Exmo.  no  es  una  imaginaria 
sospecha,  no  es  cavilación  de  celebros  exaltados,  es  una  verdad  pu- 
blica, notoria  y  constante  :  Y.  Ex'  ha  visto  vajo  la  firma  del  mismo 
S"*'  Elio  en  22  de  Julio  ultimo  su  deseo  y  empeño  en  que  se  nos 
amenaze  con  la  horca,  y  que  efectibam^  se  nos  haga  esta  caridad. 


a8o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

que  se  nos  hace  duro,  duro,  duro :  Tal  vez  habrá  visto  íguaUn^ 
V.  Exa.  la  proclama,  ó  alocución  de  aquel  mismo  Gefe  que  el  12 
del  corr^  hizo  a  sus  tropas,  en  que  después  de  usar  de  muchas 
expresiones  equibocas  que  manifiestan  aquien  lo  entiende  los  respi- 
ros del  veneno  que  abriga  en  su  corazón  contra  nosotros,  al  final  de 
ella  ya  sin  embozo  manda  hacer  la  ultima  salva  por  el  exterminio  de 
los  malos  Españoles. 

Señor  Exmo.  estos  malos  Españoles  en  concepto  del  S*^  Elio  y 
de  sus  partidarios  en  esta,  somos  nosotros.  Quando  habiamos 
crehido  llenos  nuestros  deveres  como  Soldados  y  vesinos,  desde 
que  por  defender  nra  Patria  Rey  y  Religión  abandonamos  nuestras 
atenciones,  quando  por  tan  sagrados  motibos  expusimos  nuestras 
vidas,  en  la  gloriosa  Reconquista  y  defensa  de  esta  Capital  y  en 
ellas  de  toda  la  America  del  Sur;  quando  muchos  de  los  nuestros 
aun  conserban  las  cicatrices  de  sus  heridas,  y  no  falta  quien  las 
mantenga  abiertas,  quando  en  el  dia  i**  de  este  año  sostuvieron  nues- 
tras armas  la  Real  Autoridad  que  se  pretendió  exterminaren  esta 
Capital,  sostituyendo  en  ella  un  goviemo  popular,  quando  final- 
mente no  se  nos  puede  acusar  de  delito  alguno  en  nra  conducta 
Civil  y  Militar,  entonces  es  que  el  S"'  Elio  y  sus  Partidarios  nos 
tienen  por  malos  Españoles. 

Nosotros  Señor  Exmo.  acabábamos  de  jurar  fidelidad  y  vasallage 
á  nuestro  amado  Soberano  el  S*"^  D"  Fern***  7"  estábamos  y  esta- 
mos firmemente  persuadidos  que  un  Govierno  Monárquico  como  el 
de  España  solo  el  Rey  es  la  fuente  y  origen  de  las  demás  autorida- 
des subalternas;  que  solo  el  Rey  es  el  que  crear  Juezes,  Magistrados 
y  Tribunales  nuebos :  Que  en  fuerza  del  juramento  de  fidelidad  y 
vasallage  solo  devemos  obedecer  al  Rey,  y  alos  que  este  ha  confiado 
su  autoridad  y  potestad;  que  devemos  desconocer  y  despreciar 
toda  otra  que  no  emane  de  aquella  fuente,  ni  tenga  aquel  legidmo 
origen,  y  de  consiguiente  que  seriamos  verdaderos  traidores  no  re- 
sistir estas  y  qualesquiera  otras  innovaciones  que  en  este  punto  se 
quisiesen  intentar,  como  se  intentaron  escandalosam^  en  aquel 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  a8i 

desgraciado  dia  en  esta  Capital.  Esta  es  la  verdadera  causa  de 
reputársenos  por  el  S""^  Elio  y  sus  Partidarios,  por  malos  Españoles, 
y  la  que  acabo  de  exitar  sus  iras  contra  nosotros.  De  todo  se  ha  dado 
cuenta  á  la  Suprema  Junta  Central,  y  no  dudamos  que  este  Savio  y 
Regio  Tribunal  aprovará  nuestra  comportacion. 

Por  lo  mismo,  tampoco  dudo  de  la  integridad  y  justifícado  cora- 
zon  de  V.  Exa.  atenderá  las  reverentes  suplicas  de  la  representa- 
ción de  mis  ofíciales,  y  las  razones  que  expreso  es  está,  esperando 
de  su  bondad  tenga  á  bien  decretarla  como  corresponde,  con  el  fín 
de  salir  de  la  opresión  que  nos  amenaza,  ú  de  dirigir  nuestros  cla- 
mores al  mismo  Soberano  único  alibio  y  apoyo  de  sus  vasallos. 

Dios  gue.  á  V.  Exa.  muchos  años. 

Bueno»  Ayrea  Agosto  a  a  de  iSog. 

Exmo  Señor 

Cornelio  de  Saavedra, 

Exmo  5**'  Virey  D"  Baltasar  Hidalgo  de  Cisneros. 


N-  9  (I) 


Exmo  Sor. 


Los  oficiales  del  cuerpo  de  voluntarios  de  mi  mando  me  han  he- 
cho la  representación  que  es  adjunta  suplicando  á  Y.  E.  se  sirva 
suspender  el  cumplimiento  y  posesión  de  la  R*.  Om.  comunicada 
para  exercer  los  Empleos  de  Inspector,  y  Seg**'.  Comandante  de 
las  Armas  de  este  Virrey  nato  conferidos  al  S'*^  Brigadier  D**.  Fran- 
cisco Elio,  cuya  Soberana  disposición  obedecen  y  acatan,  suplican- 
do en  forma  de  ella,  hasta  que  S.  M.  mejor  instruido  por  el  re- 
curso que  han  á  hacerle  resuelve  y  determina  lo  que  sea  de  su 
R^  agrado. 

(i)  Se  ba    considerado  innecesaria  la  publicación  de  los  documentos  N**  7  y  8,  que 
contenían,  en  términos  análogos,  las  protestas  de  otros  cuerpos. 


aSa  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Los  motivos  y  causas  en  que  mis  oficiales  apoyan  la  suplica  son 
harto  notorias  por  los  desgraciados  sucesos  resultados  de  la  con- 
ducta  del  S^  Elio,  y  como  ademas  de  su  dolorosa  publicidad,  es- 
tan  pendientes  muchos  ante  V.  M.  documentadam^.  remitidos  p' 
los  correos  de  Febrero  y  Mayo  parece  S"'.  Exmo.  que  pendientes 
aquellos  recursos  y  causas  de  Estado  rozándose  con  la  alta  traición 
y  atentados  contra  ia  Soberania  nada  tiene  de  abanzada  la  reverente 
Suplica  que  hacen  afianzada  en  hechos  y  causas  calificadas. 

En  la  Junta  de  Guerra  celebrada  el  cinco  de  Octubre  del  año 
pasado  áque  asisti  con  los  demás  Comandantes  y  Gefes  de  todos 
los  cuerpos  que  existian  en  esta  Plaza  fue  la  mayoría  de  votos  de 
ser  un  Governador  contra  la  Autoridad  Soberana,  y  que  habiendo 
fuerzas  devia  atacársele  y  sugetarlo  como  a  un  insurgente:  Este 
voto  lo  dimos  por  escrito  y  de  palabra;  y  pendiente  la  resolución 
de  esta  causa,  como  podrá  ser  Juez,  mandar  ni  obtener  Empleo  al- 
guno Político  ni  Militar,  y  mucho  menos  délos  mismos  que  según 
nros  juicios  hemos  resuelto  declararnos  enemigos  suyos  por  mi- 
nisterio déla  Ley  por  serlo  el  del  Estado  ? 

Ya  para  esta  resolución  havia  negado  la  obediencia  á  la  autoridad 
de  este  Govierno,  habia  desobedecido  esta  R'.  Audiencia  después 
de  haverse  sometido  a  ella  en  sus  imposturas  criminales,  y  ya  este 
Tribunal  havia  manifestado  que  no  podia  proceder  vlteriorm^.  (sin 
duda  porque  no  tenia  en  su  mano  la  fuerza)  y  que  el  Superior  Go- 
vierno tomase  las  medidas  de  su  resorte.  Todo  este  procedimiento 
y  causa  en  testimonio  se  leyó  y  tuvimos  ala  vista  en  aquella  Junta, 
es  decir  Sor.  que  nuestro  juicio  estaba  yá  prevenido  y  calificado  por 
el  pronunciamiento  de  el  de  aquel  Regio  Tribunal  que  habia  pre- 
cedido. 

Esta  resolución  Soberana  esta  pendiente,  las  causas  en  sufuerza 
y  vigor,  parece  de  justicia  Señor  que  no  solo  no  se  le  deve  poner  en 
uso  de  exercicio  de  la  R^  Orn.  sino  asegurar  su  persona  ;  Porque 
si  se  dá  el  caso  de  declararse  Reo  de  Estado,  aquella  provisión  dada 
sin  los  conocimientos  de  sus  causas  queda  ineficaz,  como  sucede 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  aSS 

tx>n  cualquier  otro  agraciado,   que  cometió  delitos  obstatibos  de 
exercerla  al  tiempo  de  darle  su  cumplimiento. 

Vltiniamente  Sor.  yo  me  veo  ejecutado  con  mis  oficiales,  y  aca- 
so con  toda  la  parte  sana  de  este  Vecindario  y  Tropas  de  esta  Guar- 
nición en  exercicio  de  nuestra  fidelidad  y  conocimientos  délos  deli- 
tos del  S^  Elio,  a  rogarle  no  abenture  la  seguridad  y  tranquilidad 
de  estos  Dominios,  que  han  estado  y  aun  se  hallan  al  borde  del 
precipicio  por  su  seductora  é  insurgente  conducta. 

Nos  ha  costado  Señor  mucha  sangre  y  fatigas  librarlos  délos  Ene- 
migos externos  y  délos  internos  concitados  por  el  S^  Elio,  y  estos 
tristes  conocimientos  nos  hacen  explicarlos  con  el  lenguaje  déla 
verdad  sin  afectación  y  en  el  preciso  Castellano  como  brotes  délos 
mas  leales  sentimientos.  Crea  V.  E.  que  están  muy  lejos  de  nues- 
tro corazón  la  ruin  venganza  y  la  bajeza  para  difundirnos  en  dicte- 
rios ni  otras  expresiones  descompuestas  por  que  ademas  de  de- 
vernos  a  nosotros  mismos  por  naturaleza  honrroso  y  noble 
proceder,  seríamos  muy  criminales  en  faltar  al  respeto ;  y  á  la 
alta  dignidad  de  Y.  E.  al  Rey,  y  á  Dios  en  nras  conciencias. 

Acaso  tendremos  ocasión  de  manifestar  a  V.  E.  nuestra  generosa 
comportacion  y  deseos  de  tranquilizar  y  desterrar  la  discordia  que 
ha  sido  capaz  de  perder  el  S^  Elio  y  algún  otro  espiritu  rebolucio- 
nario.  Creemos  que  la  Providencia  que  muy  singularmente  ha  ve- 
lado sobre  este  Pueblo  há  elegido  á  V.  E.  para  serenar  la  tormenta 
que  corremos  ;  Pero  esto  sin  duda  deverá  conseguirse  quitando  los 
resortes  primordiales  que  la  han  formado. 

Hé  aqui  Señor  nros  deseos  y  anhelos :  Conservar  la  Soberania 
de  nro  amable  Joben  y  desgraciado  Monarca  el  S^  D°.  Femando  en 
estos  sus  Dominios :  Que  sus  autoridades  se  respeten  en  todo  el 
Heno  délas  LL.  para  conservar  según  ellas  nuestra  Sagrada  Reli- 
gión, y  sellar  con  nuestra  sangre  esta  obligación  jurada.  Bajo  es- 
tos inalterables  principios  puede  y.  E.  descansar,  contando,  que 
mientras  nosotros  tengamos  existencia  capaz  deobrar  ensu  desem- 
peño no  le  faltaremos,  y  con  tanta  más  energia,  quanto  conocemos 


38&  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

en  estos  turbulentos  calamitosos  tiempos  la  urgentísima  necesidad  de 
conservar  en  respeto  y  decoro  la  primera  autoridad  de  \ .  E.  para  no 
i  ncidir  en  las  miserables  confusiones  que  nos  ofrecieron  los  melan- 
cólicos dias  de  i4  de  Agosto  de  806,  y  1°.  de  Enero  de  este  año. 

Hablo  Sor.  Exmo.  por  mis  oficiales  y  por  el  Cuerpo  de  mi 
mando  y  sin  exponerme  puedo  también  firmar  por  todas  las  tropas 
de  la  Guarnición  que  el  dicho  dia  i^.  asi  lo  executaron  con  el  ma- 
yor y  mas  respetable  vecindario  de  esta  Capital  que  aspira  y  Dora 
por  la  paz  y  detesta  las  novedades,  é  insubordinaciones. 

Parecióme  Señor  que  devia  no  silenciar  los  sentimientos  genera- 
les de  mis  compañeros  de  armas  y  conciudadanos,  y  que  el  mani- 
festalos  a  V.  E.  devia  ser  no  solo  como  subdito  a  Superior,  si  no 
como  hijo  á  Padre,  y  creyéndole  tal ;  pues  este  es  el  oficio  de  V.  E, 
representando  la  viva  Imagen  denuestro  Cautivo  natural  Padre  el 
Sor  D".  Femando  7*. 

Pero  Sor  Exmo.  aun  quando  ningún  motivo  hubiese  fundado 
que  llenase  ó  convenciese  el  animo  de  Y.  E.  con  respecto  á  la 
Inspec**.  esta  no  deveria  estar  al  cargo  del  Sor  Elio,  si  está  en  su 
vigor  y  fuerza  la  R^  disposición  que  prescrivey  señala  con  respecto 
á  las  Milicias  Vrbanas  de  Indias.  Colon  en  sus  Juzgados  Militares  y 
la  R^  Orn.  que  deve  obrar  en  esta  Secretaría  de  Gov"**.  en  igual  so- 
licitud del  S''^  Marques  de  Sobremonte  siendo  subinspector  de  es- 
tas Tropas ;  pues  las  Vrbanas  están  sugetas  solo  á  la  Capitania  Ge- 
neral que  es  decir  á  V.  E.  aquien  deseamos  queremos  y  pedimos  si 
es  compatible  con  la  justicia  y  con  lo  basto  de  su  mando. 

Interesa  á  nuestra  pública  tranquilidad  la  vida  de  Y.  E.  por  la 
que  rogamos  al  Señor  la  conserve  muchos  años.  Buenos  Ayres  y 
Agosto  24  de  1809. 

Exmo  Sor. 

Pedro  Andrés  García 

Exmo,  5**'.    Virrey  D.   Balthasar  Idalgo  de  Zisnero, 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  aSS 


PJO      gbÍB 

EliO    ACUSA    RECIBO    DE    LAS    PROTESTAS    DE    LOS   CUERPOS 

Exmo  Señor ; 

He  recibido  el  Superior  oñcio  de  V.  E.  en  que  se  sirve  prevenir- 
me que  (c  habiéndole  representado  los  comd*^  y  oGciales  de  los 
cuerpos  urbanos  de  esa  Capital  los  inconvenientes  que  hay  para 
que  yo  exerza  respecto  de  ellos  la  Inspección  que  me  esta  consedi- 
da  por  R*  orden  asta  que  S.  M.  resuelva  acerca  délas  representa- 
ciones que  dicen  le  tienen  dirij  idas  y  deseando  evitar  todo  motivo 
de  alteración  y  conservar  la  tranquilidad  y  sosiego  publico  que  es 
la  suprema  ley  de  toda  sociedad  ha  determinado  V.  E.  que  la  Ins- 
pección de  los  citados  cuerpos  urbanos  de  esa  Capital  quede  refun- 
dida en  la  persona  de  V.  E.  con  quien  únicamente  han  de  enten- 
derse sus  Comandantes».  En  contextacion  á  esta  determinación 
digo  que  nada  me  queda  que  hacer  en  la  materia  sino  manifestar 
á  V.  E.  como  lo  executo  que  me  confirmo  en  todo  y  por  todo  gus- 
tosisimamente  con  susuperior  expresada  resolución  aun  quando 
ella  fuese  mas  humillante  para  mi  crédito  y  reputación,  hallándome 
bien  persuadido  de  que  á  V.  E.  consta  del  modo  mas  notorio  haber 
reconocido  nro  Supremo  Govierno  que  lodo  mi  interés  y  conducta 
se  cifran  en  la  salud,  y  quietud  publica  y  defensa  de  nro  adorado 
Rey  y  Señor  D"  Fernando  7°  é  integridad  de  sus  dominios ;  á  mas 
de  que  siendo  la  muy  respetable  persona  de  V.  E.  la  que  se  hace 
cargo  de  exercer  en  esta  parte  la  comisión  que  el  Soberano  se  ha 
dignado  confiarme,  nunca  podra  llenarse  con  mayor  dignidad  ni  yo 
podre  tener  un  motivó  mas  plausible  de  dar  exemplo  de  sumisión 
respetuosa  que  quando  la  disciplina  militar  de  esos  Comandantes  y 
oficiales  urbanos  ha  tocado  en  él  extremo  de  poner  condiciones  ó 
negarse  al  cumplimiento  délas  r*  resoluciones,  y  siendo  V.  E.  el 


386  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

primer  representante  del  Rey  en  estas  Provincias  á  V.  E.  toca 
esencialmente  el  hacerlas  respetar. 

Dios  gue  á  y .  E.  m*.  a"  Montevideo  3o  de  Agosto  de  1809. 

Excmo  señor : 

Xavier  Elio. 

Exmo  S^\  D"  Baltasar  Hidalgo  de  Cisneros, 

N"  10 

LINIERS    Á  ECHEVARRÍA  (l) 

Mi  mas  estimado  Dueño  y  Señor  he  recivido  con  la  mayor 
complasencia  y  satisfacción,  las  expresiones  de  su  Cariño  de  la  que 
me  tiene  dado  tantas  repetidas  pruevas  si  amigo  estoy  persuadido  y 
convencido  que  la  Providencia  me  tiene  destinado  para  la  defensa 
de  Buenos-Ayres  contra  toda  clase  de  Enemigos :  los  Malvados  de 
Montevideo  han  empleado  todos  los  resortes,  y  han  puesto  enjuega 
todas  las  maquinaciones  del  Enemigo  del  Genero  humano  para 
Manchitar  el  Alto  honor  de  estos  habitantes  :  pero  en  valde ;  yo 
creo  haverle  dado  una  prueva  nada  equivoca  de  mi  Amor  en  mi 
yda  á  la  Colonia,  y  en  mi  detención  en  ella,  asta  el  arribo  del  Nuevo 
Virrey  mucho  podria  decir  sobre  el  particular  pero  me  oprime  el 
tiempo  :  remito  á  Y  la  Copia  de  mi  Confidencial  al  Virrey  de  fecha 
del  24  que  cito  para  que  atienda  V  que  la  infernal  Esquela  de  que 
V  me  hace  referencia  es  del  23,  que  la  Providencia  solo  hizocaher 
en  mis  manos  el  29. 

Adiós  mi  Amado  Amigo  viva  V  persuadido  que  en  todos  tiempos 

y  en  todas  fortunas  puede  V  contar  sobre  el  invariable  afecto  de  este 

su  Servidor  y  Amigo 

Santiago  Liuiers. 

P.  S.  Devuélvame  V  la  Copia  después  de  Leida. 

S'  /)'  D"  Vizenle  Anastasio  de  Echevarria, 

(i)  Sin  fecha.  ¿Córdoba,  septiembre  de  1809? 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  387 


N"    H 


EL  MISMO  AL  MISMO  * 

GordoYa  y  Octubre  16  de  i8og. 

Mi  Estimado  Amigo  solo  dos  palabras  porque  el  tiempo  no  per- 
mite otra  cosa  ;  ay  va  la  certificación  que  quisiera  fuesse  escrita  con 
la  Sangre  de  mis  Venas  ;  ese  ombre  no  a  resollado,  naturalmente 
el  asunto  le  ba  paresido  digno  de  consulta  aunque  muy 
de  todas  maneras  pienso  dirigirme,  á  S°  Ni  colas,  y  de  allí  a 

de  la  Fragata  de  que  me  a  proporcionado  Letamen- 

dy  —  A  Dios  Amado  Amigo  páselo  V  bien,  ofrescame  V.  A.  L.  P. 
de  esa  Señora  y  disponga  Y.  de  todos  los  individuo  dees  ta  su  casa  y 
muy  particularmente  de  su  mayor  apasionado  y  Amigo  Q.  S.  M.  B. 

Santiago  Litviers. 

S'  D'  £)°  Vizente  Anastasio  Echevarría. 


N*  12 


EL    MISMO    AL    MISMO 


Gordova  y  Noviembre  3o  de  1809. 

Mi  mas  Estimado  Amigo  la  mala  combinasion  de  los  Correos  me 
priva  del  gusto  de  ha  ver  recivido  las  suyas,  que  ya  deven  estar 
Caminando,  antes  de  Escrivirle  esta,  y  aunque  me  vendría  muy 
al  caso  no  puedo  dilatar  el  comunicarle  mi  ultima  resolución,  no 
dudando  que  tanto  por  las  Reflexiones  que  le  hize  en  mi  ultima^ 
como  por  las  que  le  voy  hazer  en  esta  no  meresca  su  aprobación. 

Yo  veo  que  las  Noticias  de  Europa  pronostican  y  prometen  mas 
ventajosas  resultas  que  lo  que  quieren  persuadimos  los  que  forman. 


388  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

el  partido  revolucionario  mas  generalisado  de  lo  que  parece,  por 
otra  Parte,  la  Corte  de  Brazil,  y  los  comerciantes  de  Londres  que 
tienen  intereses  en  B'  A'  por  sus  miras  particulares,  procuran  siem- 
pre inspirarnos  terrores  infundados  sobre  la  suerte  de  la  Metrópoli 
para  sorprender  nuestra  buena  Fé,  los  unos  para  que  fomentados  el 
Espiritu  de  Rebellón  en  los  unos  y  la  desconfianza  en  los  otros, 
pueden  lograr  los  fines  de  su  pérfida  Politica,  y  los  últimos  para  sa- 
carnos el  Dinero  y  salir  de  Guapos,  de  toda  suerte  mi  situación  es 
Escabrosa,  nada  adelanto  con  Escritos,  y  solo  puedo  esperar  justi- 
cia de  la  voz  viva,  y  quando  no  tenia  mas  que  mi  desengaño,  siem- 
pre habria  adelantado  mucho,  mi  demora  me  expone  a  mil  contin- 
gencias, padece  mi  concepto,  y  me  veo  expuesto  de  un  momento  á 
otro  á  nuevos  ultrajes  del  i""  Mandarín :  combinado  todo  e  tomado 
la  invariable  resolución  de  Marcharme,  pero  no  en  drechura,  a 
España,  de  tratar  segretamente  con  un  Buque  ingles,  o  Americano 
para  que  me  lleve  a  la  ysla  de  la  Madera,  y  desde  alli  enviar  a  mi 
Luis  con  el  duplicado  del  Escrito  que  embio  a  Y,  paraque  después 
que  lo  lea,  me  haga  el  gusto  de  serrarlo  y  echarlo  al  Correo,  mi  hijo 
lleva  cartas  de  este  Señor  Obispo  Consejero  de  Castilla  quien  le 
podra  guiar  en  el  modo  de  conducirse,  como  instruirle  del  Espiritu 
que  Reine  en  el  Govierno  que  exista  h  su  llegada,  puede  decir  que 
yo  me  e  quedado  enfermo  en  la  Madera,  y  abisarme  del  semblante 
de  las  Cosas  para  mi  determinación  me  parece  que  por  este  medio 
todo  se  consília,  pero  el  Secreto  es  de  toda  entidad,  pues  si  mis 
contrarios  Podrían  penetrar  este  Plan  Se  me  podrían  seguir  graves 
perjuicio,  y  asi  trate  Y  el  asunto  verbalmente  con  Letamendí  a 
quien  solo  escrivo  que  se  entenda  con  Y  sobre  el  particular  de  mi 
Yiage,  este  por  segunda  manopodria  tratar  de  mi  pasaje  a  la  citada 
ysla  &'. 

A  Dios  mi  Amado  Amigo,  páselo  Y  bien  y  mande  quanto  sea  de 
su  agrado  a  este  su  aP"""  de  corazón  Q.  S .  M.  B. 

Santiago  Liniers, 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  189 

P.  S.  Reciva  Y.  finas  expresiones  de  todos  los  de  esta  su  casa  ofre- 
ciéndome A.  L.  P.  deesa  Señora. 

A  llegado  mi  comisionado  de  Famatina  con  minerales  de  Veinte 
Bocas  Minas  ya  abiertas  y  que  no  piden  mas  que  fomento  para  aro- 
jar  imensas  Riquesas  —  en  primera  ocasión  remitiré  a  V.  unas 
Piedrecitas,  y  un  prospecto  que  he  hecho  para  una  Gompañia  com- 
puestas de  Quinientas  acciones  de  a  Dos  Cientos  Pesos.  Y  a  de  ser 
uno  de  los  accionistas  y  a  de  Buscar  entre  sns  Amigos  algunos  que 
lo  sean  se  va  a  arriesgar  bien  poco  con  la  perspectiva  de  un  incalcu- 
lable lucro. 

S'  D^  D'  Vizente  Anastasio  de  Echevarría. 


N°  i3 


EL    MISMO    AL   MISMO 


Cordova  y  Diciembre  16  de  1809. 

Mi  mas  Estimado  Amigo  las  Almas  generosa  exaltan  siempre  mas 
los  procederes  ágenos  que  los  propios,  quanto  hazen  les  parece  poco 
y  qualquiera  demonstracion  de  gratitud  un  exceso,  porque  la  ver- 
dadera la  única  remuneración  que  apetesen  es  el  Plazer  de  hazer 
bien.  V  esta  positivamente  en  este  caso  :  me  a  dado  V  las  pruevas 
mas  acrisoladas  de  su  Cariño  dedicando  sus  Luces  y  Tarreas  al  des- 
empeño de  mis  deveres  y  aun  quiere  V  ser  el  Beneficiado  por  ha- 
verle  occupado  no  Amigo  mió  yo  le  e  de  agradecer  y  estimar  sus  fa- 
vores desinteresados,  por  todos  los  Medios  que  consiva  que  le  pueda 
acreditar  estos  sentimientos  sin  errir  su  delicadeza. 

Que  le  Párese  de  esta  Mudanza  repentina  del  Principal  Mandarín 
quien  tan  pronto  aborece,  como  Estima,  Exalta  y  umilla,  premia  y 
Castiga  según  Amaneze,  ne  le  suceda  lo  que  a  la  Mujer  Coqueta,  o 

AÜAIJU  DI    Ul    BIBUOTVGA.  T.    lO  ig 


9go  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Borreguera  quien  después  de  haver  sido  pretendida  de  mucho  se  ha- 
lla despreciada  de  todos  —  en  quanto  a  mi  es  imposible  que  yo  pue- 
da tomar  sobre  mi  el  pedirle  cosa  alguna,  si  me  reconviene  sobre 
mi  demora  con  responderle  que  es  involuntaria  y  subordinada  el  de- 
fecto de  proporción,  no  le  diré  mas  que  la  verdad,  pero  pedirle  yo  al- 
gún favor  para  exponerme  al  Bochorno  de  una  negativa,  no  alcanza 
a  tanto  mi  virtud,  ni  mi  Amor  al  sufrimiento. 

Yo  creo  que  el  desembarco  de  la  desgraciada  familia  en  la  Ban- 
da oriental  esta  sujeto  a  mil  contingencia,  si  no  se  puede  lograr  que 
vuelvan  a  su  Casa  es  preferible  el  Rio  Grande,  particularmente  per- 
suadido como  estoy  que  en  todo  Febrero  estará  en  B*,  A".  D".  Tho- 
masOgorman  a  quien  tengo  escrito  con  la  mayor  fuersa  sobre  el  par- 
ticular. 

Las  noticias  llegadas  oy  del  Perú  son  satisfactoria,  todos  los  in- 
surgentes de  la  Paz  están  presos,  menos  doz  de  que  han  hecho  jus- 
ticia los  yndios  evitándoles  el  fastidio  de  la  formación  de  Causa  por 
el  Cordel,  entre  estos  parece  que  fue  un  tal  Castro  Piloto  del  comer- 
cio que  havia  hecho  de  Comandante  de  Artillería  en  la  oposición  á 
Goyeneche.  e  tenido  Carta  del  Pobre  Presidente  Pizarro  hia  puesto 
en  libertad,  me  dice  que  la  Cholada  le  ha  prodigados  tantos  Cariños 
como  lo  Colmo  de  oprobio  la  Noche  del  25  de  Mayo  todo  su  resenti- 
miento es  contra  la  Audiencia  dice  siguiendo  su  humor  que  sus  in- 
dividuos tienen  todo  menos  Jaris  y  Prudencia.  Nielo  estara  en  Po- 
tosí con  sus  doz  Divisiones,  ha  viendo  recibido  diputasiones  con  to- 
das las  Muestras  de  Sumisión,  pero  no  creo  que  sera  tan  tonto  que 
se  fie  de  semejantes  demonstraciones  sin  corroborarlas  con  el  acom- 
pañamiento de  sus  voluntarios  —  de  todas  maneras  se  puede  consi- 
derar terminadas  las  revoluciones  por  esta  parte  —  quia  noticia  que 
tendrá  B'.  A',  antes  del  i"  de  Año  pondrá  un  poderoso  freno  á  los 
mal  intensionados  y  por  consiguiente  me  parece  que  no  tienen 
Vmd"  nada  que  rezelar  por  esta  Parte. 

Yo  no  creo  los  asuntos  de  la  Península  tan  deplorables  como  los 
^ngleses  quieren  pintarlos  los  yngleses  interesados  a  hacernos  tra- 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  agí 

gar  sus  trapos  y  llevarnos  el  Dinero :  de  que  el  ))ueno  de  Elio  Tra- 
niolla  alg-o  con  los  Lusitanos  no  lo  dudo  pues  por  limitado  que  sea 
no  puede    ser  tranquilo  sobre  la  suerte  que  le  espera,  y  el  rompi- 
miento del  Virrei  con  sus  Compadres  podría  muy  bien  accelerar  su 
infernales  Miras. 

Nada  me  contesta  V.  sobre  Famatina  —  Amigo  cada  dia  se  au- 
mentan los  Prodijios  :  estos  Dias  trajo  una  Piedra  un  vezino  de  aqui 
diziendo  tenia  acopiado  Dos  Gaxones  de  ygual  Mineral,  dicha  Pie- 
dra contiene  ^/^  Partes  de  Metal  fino,  si  esto  es  Cierto  siendo  el  Ca- 
xon  de  5oo  qq*  con  lOO  qq'  de  Mineral  que  redusidoa  Plata  con 
solo  el  desfalco  de  una  V4  parte,  resultarían  i5ooo  Marcos  esto  es 
120,000  pesos,  ay  remito  a  V.  el  prospecto  que  he  formado  para 
nna  Compañia  vea  V.  si  algunos  Amigos  quieren  entrar  en  ellas, 
por  mi  parte  entre  yo  y  mis  hijos  emos  subscrito  por  20  acciones^ 
el  obispo  con  aplicación  á  obras  pias,  y  dotación  de  Cátedras  para 
le  universidad  toma  sobre  sesenta,  yo  creo  que  este  Pueblo  solo  en- 
trara por  mas  de  la  mitad. 

Mucho  me  alegrare  que  ya  libre  de  tarreas  extraudiciales  me  pro- 
porsione  V.  el  gusto*  de  leer  sus  Lusidos  y  amenos  Conceptos  ya 
que  la  suerte  me  priva  de  la  satisfacción  de  oyrlos  de  su  boca  que  a 
lo  menos  los  produsca  la  Pluma,  yo  aunque  toscamente  procuraré 
contestarles,  bien  que  con  la  desconfianza  que  entienda  V.  mis  ga- 
rabatos. 

A  Dios  mi  Amado  Amigo  reciba  V.  finas  expresiones  de  todos 
los  individuos  de  esta  su  Casa,  ofrescame  V.  A.  L.  P.  de  esa  Señora 
quedando  como  siempre  su  invariable  amigo  Q.  S.  M.  B. 


Santiago  Liniers. 


S'  D'  D"  Vizente  Anastasio  de  Echevarría, 


293  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


N'    l4 


EL    BQSMO    AL    BUSMO 


Córdoba  y  Diciombre  de  1809. 

Mi  mas  Estimado  Amigo  veo  por  la  favoresida  de  Y.  del  lo  del 
Corriente  Gozaba  Y.  de  perfecta  salud  ygualmente  que  esa  Señora 
A  o*  P*  me  ofresco  con  las  veras  a  que  le  haze  acreedora  su  Mérito  y 
ser  consorte  de  un  tal  estimable  Amigo,  aqui  paso  vegetando  aunq* 
sumamente  agitado  mi  Espiritu,  de  Mil  contradicciones  no  sién- 
dola menor,  mi  detención  a  la  qval  me  conformo  como  el  pasiente 
a  quien  los  facultativos  mandan  amputar  un  miembro,  si  Amigo 
conosco  q*  el  Partido  el  mas  prudente,  es  el  quedarme  pero  no  me 
negara  Y  q*  no  es  el  mas  decoroso  después  de  haberme  explicado 
con  tanto  desembaraso  en  mi  repulsa :  conosco  el  riesgo  imínente 
en  que  me  expondría  en  presentarme  en  España  mientras  dure  la 
preocupación  y  el  influjo  de  los  Malvados^  pero  este  mismo  peligro 
es  un  alisiente  y  un  estimulo  para  mi,  hirse  un  Sobremonte,  y  que- 
darme yo  a  exemplo  de  un  Elio  es  una  Reflexión  que  me  atormenta 
de  Dia  y  de  Noche  y  me  quita  todo  sosiego...  este  Pueblo  que  me 
alusino  en  Los  Principios,  me  va  subministrando  Cada  dia  nuevos 
desengaños  supe  a  hier  que  Sobre  Monte  lleva  consigo  Muestras  del 
Mineral  de  Famatina  y  el  resaltado  de  la  visita  de  este  Asesor  sino, 
nada  mas  Natural  que  un  semi  Pariente,   y  un  deudo  se  muestren  - 
agradesidos,  pero  nadie  puede  ser  autorisado,  para  abusar  de  la 
buena  Fé  de  un  ombre  honrado. 

Si  Concha  y  D'  Yitoríno  me  ubiesen  manifestado  su  pensamien- 
to lo  ubiera  aplaudido,  pero  unas  Almas  pequ3ñas  y  Mesquinas  no 
son  capaces  de  comprender  ni  apresiar  un  pensamientos  generosos 
que  no  son  de  sus  resortes  Porque  Negarme  que  D°  Yictorino  había 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  39$ 

traído  Piedras,  porque  dejarme  costear  en  traherlas  yo,  y  ultima- 
mente  consentir  en  que  sería  yo  el  portador  de  tan  Lisonjeras  espe- 
ranzas, siento  verdaderamente  el  Chasco  en  mismo  tiempo  que  me 

•        

alegro  que  este  Pobre  Diablo  lleve  este  Emplastio  sobre  la  Postema 
Esquiroza,  de  que  adolece. 

La  noticia  de  la  perquizia  sobre  ser  yo  el  Autor  de  la  insurrección 
es  original  y  digna  de  la  Cabeza  mal  organizada  q*lo  formó. 

Tubimos  en  la  Armada  quando  yo  empese  a  servir  un  Capitán  de 
navio  muy  Bárbaro  quien  quando  oya  hablar  delante  de  el  ydiomas 
Estrangeros  que  no  entendia  =  decia  entre  sus  dientes,  Esto  mismo 
te  digo  yo,  y  de  mas,  a  mas  Cabrón  =  puede  que  Alzaga  que  nunca 
ha  entendido  mi  lenguaje  ayga  oydo  este  Cuento,  y  me  lo  aplique  ; 
a  proposito  de  ese  gran  Barón  tengo  que  Sitarle  un  parágrafo  de 
una  Carta  que  tengo  en  mi  poder,  del  Obispo  de  Salta  a  un  Amigo 
mió  =  (( Ahora  le  sacaré  de  una  curiosidad  y  V"*  sacara  a  los  demás 
—  Mil  motivos  se  figuran  Vms  para  la  ida  de  Funes  a  B*  A*  y  no 
tocan  Pelota.  Oyga  V,  y  sepa  la  oculta  y  misteriosa  causa.  El  omni- 
potente Alzaga  ha  alvorotado  el  Pueblo  y  Clero.de  B*  A*  contra  mi 
hermano  adulterino,  digo  uterino  el  pobre  Señor  Lúe,  dice  en  tono 
Ambrosiano  q**  va  a  quitarlo  y  poner  otro  Obispo  a  satisfacción  del 
Pueblo,  Esto  se  porque  solicito  boluntad  de  lo  que  estoy  mas  Lejos 
que  de  bolverme  Turco,  yo  creo  que  mi  repulsamiento  en  el  Amigo 
Gregorio  y  que  este  va  hacerse  presente  como  los  Novios  p'  gran- 
gear  la  voluntad  de  la  Novia,  Diosse  la  dé  que  no  tardaría  mucho  en 
arepentirse  » 

que  le  Parece  Amigo  de  esta  Pillada  pero  no  me  conten- 
to con  este  documento  el  obispo  de  Salta  es  Amigo  mió  y  le 
voy  a  Escribir  para  Pedirle  me  subministre  los  demás  que  lo  com- 
pruevan  y  no  dudo  de  que  me  los  franquea :  bien  dice  V  que  mas 
que  se  agiten  estos  Perversos  no  harán  mas  que  ensenagarse  mas  en 
el  muladar  en  que  se  hallan  hasta  el  Pescueso. 

Nada  nada  me  dice  Y  de  la  desgraciada  familia,  tampoco  me  han 
escrito  lo  que  me  pone  en  quidado,  digame  Y  le  ha  dirigido  el  anillo 


i94  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

que  le  Embie  :  por  mi  hermano  Político  Juan  José  Embiare  las  pie- 
dras  que  le  ofreci :  me  dice  este  que  Goyeneche  á  Escrito  á  Sans 
que  no  a  tomado  una  declaración  ni  visto  un.  documento  sobre  la 
Causa  del  alsamiento  de  la  Paz,  en  que  no  fuessen  comprometidos 
los  Golillas  de  Chiuquizaca :  eleido  con  gusto  la  representación  del 
agente  del  Presidente  que  me  a  paresido  muy  bien,  pero  me  queda 
la  Curiosidad  de  saber  si  a  correspondido  la  providencia  a  la  justi- 
cia de  la  Petición. 

A  Dios  mi  Amado  Amigo,  reciba  V  finas  expresiones  de  todos  los 
yndividuos  de  esta  su  Casa  mandando  como  puede  a  este  su  af"*" 
Amigo  y  Ser»' Q.  S.  M.  B. 

Santiago  Liniers 

P.  S.  la  Carta  de  Londres  que  me  incluio  Letamendi  y  me  dice 
comunico  a  V  es  sumamente  interesante,  su  Autor  es  el  Famoso 
Peltier,  autor  del  mejor  Periódico  de  Europa  (i).  Era  gran  Amigo 
de  mi  hermano  p*  q°  era  la  Carta :  nos  anuncia  el  Embio  de  varios 
Papeles  y  Libros  curiosos,  solicita  subscriptores  y  yo  espero  que  V 
sea  vno  de  ellos  ?  que  bello  objeto,  se  me  presenta  p'  la  Atalaya  de 
Malaga  q*  voy  al  golpe  a  presentarle  al  Foco  de  su  microscopio. 


N*»  i5 


EL    MISMO    AL    MISMO 


Córdoba  y  Enero  lo  de  1810. 

Mi  mas  Estimado  Amigo :  aprovecho  de  la  occasion  de  mi  herma- 
no Juan  Josef  para  remitir  a  V  un  Caxonsito  con  algunas  Piedras 
Minerales  de  nuestras  famosas  Minas  de  Famatina  :  Estimare  a  V 

(i)  Peltier  publicaba  entonces  el  AmbigUt  en  coyas  columnas  apareció  ana  corta  bio- 
grafía de  Liniers. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  agS 

me  a  bise  sin  dilación  del  Nombre  y  Numero  de  acciones  de  los  accio- 
nistas que  V  habrá  reclutado  para  incluirlos  en  la  lista  pues  ya  ten- 
go a  qui  ya  mas  deCiento.  Bastara  tenga  los  de  esa  a  qui  nombrados 
sus  apoderados,  pues  el  desembolso  de  las  acciones  no  se  yra  ha/ien- 
do  que  a  propprcion  de  los  Gastos  que  occuran  —  significando  por 
una  Regla  de  Proporción,  la  cota  que  corresponda  a  Cada  acción, 
verbigracia  se  nesecitan  Comprar  Cien  Negros  y  diez  Negras  a  260 
pesos  Cada  Pieza  quio  importe  son  28.600  pesos  =  quia  Cantidad 
corresponde  a  67  pesos  i'*  Y5  por  cada  acción. 

Remito  a  V  ygualmente  una  Petaquita  que  contiene  una  Pava  de 
Plata  unos  jaros  y  unas  figuritas  de  China  que  mi  Señora  D°'  Ana 
Ogorman  havia  dejado  a  mi  custodia  y  que  a  hora  me  reclama ;  es- 
timare a  V  que  se  sirva  mandárselas  á  bordo,  si  aun  esta  en  Ba- 
usa, o  al  janairo  si  acaso  se  ha  hecho  á  la  Vela,  recomendándole 
muy  encaresidamente  me  aga  V  este  nuevo  favor  con  su  acostum- 
brada eficacia,  mi  citado  hermano  entregara  a  V  asi  mismo  un  Ne- 
gro llamado  Anibal  de  la  propiedad  de  esa  Señora  que  ygualmente 
debe  seguir  la  suerte  de  la  Petaquita  dispensando  V  tantas  moles- 
tias. 

Espero  con  impasiencia  la  llegada  del  Correo  que  sali  oy  de  esa 
esperando  me  trahira  la  noticia  de  hallarse  todo  tranquilo,  no  soy 
mas  Largo  en  esta  ocasión  por  hallarme  muy  contraydo  a  cordinar 
una  memoria,  documentada,  para  el  famoso  Diarista  nuestro  Amigo 
Peltier,  dándole  las  Armas  necessarias  para  Rosinar  al  autor  de  La 
Atalia  —  A  Dios  mi  Amado  Amigo  ofrézcame  V.  A.  L.  P.  de  esa 
Señora  reciva  V  finas  Expresiones  de  todos  los  yndividuos  de  esta 
su  Casa  Mandando  como  puede  a  este  su  aP""  Amigo  y  Ser*"  Q.  S. 
M.  B. 

Santiago  Lijíiers. 

S'  D'  D°  Vizente  Anastasio  de  Echevarría. 


996  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


N'  16 

LLAMAMIENTO    DE    LUflERS    T    ELÍO 

Exmo.  Sor. 

El  Rey  N.  S.  D.  Fernando  Séptimo,  y  en  su  R*  Nombre  la  Supre- 
ma Junta  de  Gobierno  de  estos  y  esos  Reynos,  que  cada  dia  consi- 
dera mas  necesaria  la  venida  á  España  del  antecesor  de  V.  E.  D* 
Santiago  Liniers,  y  el  Brig'  Xavier  Elio,  ha  resuelto  lo  exprese  asiá 
y .  E.  para  que  haga  disponer  el  embarco,  y  viage  de  esos  dos  suge- 
tos  del  modo  que  dixe  á  V.  E.  en  i3  del  prox"  anterior. 

Al  propio  tiempo  ha  resuelto  S.  M.  que  desplegando  Y.  E. 
la  energia  propia  de  sus  conocimientos  y  carácter,  hasta  el  punto- 
en  que  dejaría  de  ser  compatible  con  la  justicia,  se  dedique  Y.  E.  ¿ 
cortar  de  raíz  todo  motibo  de  cuidado  ó  que  se  oponga  á  la  seguridad 
publica,  y  á  la  respetable  representación  de  Y.  E.  á  quien  lo  comu- 
nico de  R^Ord"  para  su  inteligencia  y  cumplim**. 

Dios  gue.  á  Y.  E.  m.  a.  R^  Ale' de  Sevilla  16  de  En*  de  1810. 

Cornel 

Sr,  Virrey  de  Buenos  Aires. 

N°  17 

LINIERS    Á    EGHEVARldA 

Cordova  y  Enero  17  de  1809. 

Mi  mas  Estimado  Amigo,  aunque  por  corto  momento  puedo 
contestar  a  la  muy  apreciable  de  Y.  del  10,  si  no  consultare  mas 
que  mi  gusto  desde  luego  me  determinaría  para  la  vida  Campestre» 
pero  tropieso  en  primer  lugar  con  una  Casa  independiente  en  la 
que  pudiese  alojarme  con  mi  dilatada  familia,  y  en  el  caso  que  la 
hallase  todavia  me  seria  de  mucho  embarazo  transportar  a  ella  todos 


DOCUMENTOS  SOBRE  L1N1ERS  397 

mis  trastes,  pues  no  tengo  criados  de  confianza  a  quien  dejar  el 
cuidado  de  la  Gasa  en  la  Ciudad  —  y  aunque  los  tubiera  sería  siem- 
pre  muy  expuesta  a  ser  robada,  bien  lejo  que  mi  retiro  produjiese 
el  efecto  apetesible  de  ponerme  al  abrigo  del  Rebuzno  y  gragido  de 
los  Burros,  y  Excuersos  que  me  rodean,  se  aumentarían  mas  per- 
diéndome de  vista  :  sobre  todo  se  me  a  puesto  en  la  Cabeza  que  no 
pasa  este  Mes,  o  a  lomas  la  mitad  del  p"*  febrero  sin  que  tengamos 
noticias  que  me  proporcione  el  poder  emprender  mi  deseado  Yiage. 
Yo  pongo  en  Quarentena  lo  que  me  dice  García  sobre  Guiezzi; 
los  ombres  cometen  maldades  que  le  pueden  ser  provechosas  pero 
esta  era  inconducente  bajo  cualquier  aspecto  yo  e  servido  mucho 
a  tal  sujeto,  y  lejo  decreerlo  interesado  en  perjudicarme  creo  que 
tendría  motivos  para  lo  contrario,  mucho  siento  la  nueva  determi- 
nación aunque  tal  vez  se  verán  presisadas  a  ellas  falta  de  proporción 
proporción  para  el  Rio  grande,  los  Procedimientos  de  Marco  son 
infames  si  fuera  cierto  que  ledeviesse  una  Gama,  un  Cla- 

ve, quatro  Trapos  no ;  le  haviande  indemnizar,  pero  aunque  estos 
efectos  fuessen  de  algún  especial  valor,  quien  le  ha  dicho  al  Señor 
Marco  que  el  ajuar  de  la  Mujer  es  solidario  del  Marido,  quando  las 
Leyes  exentan  auntodo'su  Dote  a  menos  de  haverse  comprometido 
por  especial  Escritura  de  fianza,  sobre  quyo  documento  aun  hay 
algunas  Zancadilla  —  vera  V  por  la  adjunta  carta  del  Marido  de 
D"*  Anita  que  distante  esta  de  que  debe  á  Marco,  enfin  mi  Amigo 
en  ninguna  mano  mejores  que  las  suias  puede  estar  un  tan  intere- 
sante negocio  obre  V.  como  le  paresca  y  quente  sobre  mi  entera  y 
apsoluta  aprobación  =  no  Escribo  a  esas  Señoras  por  creer  que  mi 
carta  no  les  Alcansara  ni  soy  mas  largo. por  falta  de  tiempo  —  Re- 
ciba Y  finas  expresiones  de  todos  los  individuos  de  esta  su  Casa 
ofres"'  Y.  A.  L.  P.  de  esa  Señora  (ininteligible)  aten"  Ermano 
quedando  de  Y.  su  finisimo  y  invariable  Amigo  que  S.  M.  B. 

Santiago  Liniers. 

S'  D'  D"  Vizente  Anastasio  de  Echevarría, 


agS  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


N»    l8 


EL    MISMO    AL    mSMO 


Córdoba  y  Febrero  i8  de  :8io. 

Mi  mas  Estimado  Amigo  ya  habrá  visto  V  por  mi  anterior  mi 
■entero  restablecimiento  de  la  corta  indisposición  que  me  privo  el 
correo  pasado  de  Escrivirle ;  a  quien  nada  ha  provado  este  tempe- 
ramento es  a  mi  Luis,  pero  espero  que  los  Ayres  saludables  de  Alta 
'  Gracia  le  provaran  mejor. 

Estimare  a  V  que  en  primera  ocasión  me  remita  mi  Negro  Ber- 
nabé que  me  haze  suma  falta  sintiendo  que  no  se  ayga  aprovechado 
de  la  ocasión  de  mi  Cuñado  Mariano. 

Recivi  y  entregue  ai  Dean  el  Paquete  que  V  me  dirijio  p'  El. 

Siento  la  determinación  de  nuestra  Amiga  en  tocar  a  Montev*. 
Si  el  Nuevo  RobersPierre  la  descubre  no  dejara  perder  la  ocasión 
de  hacerle  algún  desaire,  de  que  el  tal  Bribón  siga  atropel lando 
todos  los  respetos,  no  lo  Extraño,  pero  que  la  debilidad  de  nuestro 
Govierno  no  quite  del  medio  por  qualquiera  a  que  autorisan  sus 
atrosidades  a  semejante  Monstruo  es  lo  que  se  hace 

Amigo  Rianse  enorabuena  los  que  piensa  que  la  España  sucom- 
bira  bajo  el  Poder  del  Goloso  que  la  oprime,  yo  debajo  mi  Coleto 
me  Rio  de  unos  Ombres  que  nunca  juzgan  que  por  las  apariencias, 
si  subsistiera  el  mando  de  la  junta  no  habria  duda  pero  establecida 
la  Regencia  todo  mudaría  de  aspecto,  donde  hay  valor  para  ver  cada 
dia  un  Gefe  nuevo  a  la  Cabeza  de  nuestros  Exercitos  los  que  se  an 
señalados  por  increibles  victorias  separados  del  Mando  y  ombres 
bisónos  Excelentes  Partidarios  pero  malditos  Generales  mandando 
en  Gefes,  sin  combinasiones  ni  conocimientos  necesarios  para  dar 
impulsos  a  esas  grandes  Masas,  contra  los  ombres  mas  expertos  en 
el  gran  Arte  de  la  Táctica  la  Guerrilla,  la  Guerra  de  puesto  es  la 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  399 

que  nos  conviene  V.  habrá  visto  varias  veces  todo  el  Furor  y  la 
Fortaleza  de  un  Poderoso  Torro  sujeta  por  la  astusia  y  Ligereza  de  . 
un  par  de  Perros  de  Presas,  enfin  amigo  ya  le  tengo  a  V  manifes- 
tado varias  veces  que  mi  confianza  en  la  Providencia  es  inalterable 
y  que  quando  veo  mas  apurados  los  Lances  es  quando  se  acrisola 
mas  mis  Esperanzas,  fundándome  en  un  precepto  de  S"  Pablo  y 
en  la  rason  fisica  que  los  extremos  se  tocan. 

Con  las  nuevas  Armas  que  le  remití  a  V.  y  sin  ellas  no  dudo  que 
pondrá  Y  a  buen  recado  el  Astuto  Gallego  acostumbrado  a  alucinar 
y  corromper  con  su  dinero  ombres  tan  despreciables  como  el. 

Ofrescame  V.  A.  L.   P.  de  esa  Señora,  reciva  afectuosisimas 

expresiones  de  todos  los  yndividuos  de  esta  su  Gasa  mandando 

como  puede  a  este  su  apasionado  Amigo 

Q.  S.  M.  B. 

Saütiago  Liniers. 
S*"  D'  D"  Vizente  Anastasio  de  Echevarría, 


N°  19 

ELÍO    ^lOMBRADO    CAPITÍ?I    GE?(EIiAL    DE    CmLE 

Al  Capitán  Gral.  de  Ghile  digo  hoy  lo  siguiente : 
tt  El  Rey  ntro.  S'  D°  Fernando  7**  y  en  su  Rl  nombre  el  Consejo 
de  Regencia  de  estos  yesos  Dominios»  se  halla  muy  satisfecho  de 
los  buenos  servicios  y  méritos  de  V.E  :  y  necesitando  S.  M.  de  sus 
conocimientos  en  esta  Peninsula  para  emplearlos  según  convenga  á 
la  defensa  de  la  Patria  en  las  circunstancias  actuales,  se  ha  servido 
nombrar  para  la  Presidencia  y  Gapitania  Gral.  de  ese  Reyno  que 
V.  E.  sirve actualm** al  Brigadier  D"  XavierdeElio;  siendo  su  So- 
berana voluntad  que  á  reserva  de  que  oportunamente  se  expedirá 
al  mencionado  Elio  el  R^  Despacho  que  corresponde,  le  entregue 
V.  E.  ese  mando  luego  que  se  presente  con  abono  de  los  sueldos  que 


3oo  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

le  pertenezcan,  trasladándose  V.  E.  á  España  sin  perdida  de  tiempo  ». 
Lo  traslado  á  V.  E.  de  real  orden  para  su  govierno  y  satisfacción 
y  á  fin  de  que  inmediatamente  marche  á  tomar  posesión  del  impor- 
tante mando  que  S.  M.  le  confiere  y  espera  desempeñara  V.  E.  con 
la  actividad,  discreción  y  fírmeza  que  le  son  características.  Dios 
gue.  á  V.  E.  m.  a.  Isla  de  León  24  de  Febrero  de  1810 

Eguia 

S'  D»  Xavier  de  Elio. 

N°  20 

LINIERS    Á    ECHEVARRÍA 

Alta  Gracia  y  Ifario  a  de  iSio. 

Mi  mas  Estimado  Amigo  :  ya  me  tiene  V  hecho  un  Ombre 
campestre,  ocupado  solo  del  Arrado,  del  Buey,  del  Novillo, 
del  Mancarrón,  del  Molino,  dando  ordenes  al  Albañil,  al  Ortelano, 
al  Capataz,  al  Peón,  al  Domador  y  al  Carretero,  con  mas  gusto  que 
quando  las  dictara  a  una  Provincia,  y  a  un  Exercito,  entonces  la 
mayor  parte  de  las  Noches,  las  pasava  en  vela,  amanezia  con  nue- 
vos quidados,  y  a  hora  duermo  pasmosamente  y  Amanesco  lleno 
de  satisfacciones,  mirando  con  la  mayor  lastima  los  desgraciados 
Mortales  que  tanto  anelan  por  un  poco  de  humo,  que  disipa  el  me- 
nor soplo  de  viento,  semejantes  a  estos  Globos  que  en  nuestra  Niñez 
formamos  con  Agua  de  Jabón  soplando  en  un  tubo  de  Paja  o  de 
Pluma  que  nos  causan  admiración  por  la  Brillantes  de  las  Refrac- 
ciones de  la  Luz,  pero  que  a  mitad  que  van  engrosando,  y  quando 
nos  paresen  mas  hermosos,  se  convierten  en  un  sutil  vapor,  el  co- 
rreo de  Arriva  a  avivado  mas  en  mi  estas  Reflexiones.  Goyeneche 
me  escrive  y  me  manda  los  adjuntos  Papeles  :  que  los  de  Montevi- 
deo se  miren  en  este  Espejo,  como  los  del  Dia  primero,  y  Giman  de 
ha  ver  dado  el  exemplo  que  a  llevado  a  tal  desdicha  tantos  infelices, 
los  Reos  de  Ghiuquizaga  (sic)  se  hallan  ygualmente  presos.  —  cada 


DOCUMENTOS  SOBRE  UNIERS  3oi 

momentos  doy  mas  gracia  a  la  Divina  Providencia  que  me  a  propor- 
cionado una  quietud  á  la  que  no  era  acreedor  por  lo  mal  que  e  co- 
rrespondido a  los  infinitos  favores  que  no  a  sesado  de  dispensado 
desde  el  primer  momento  de  mi  existencia. 

A  Dios  mi  .amado  Amigo  ofrescame  Y  A.  1.  P.  de  su  Señora 
reciva  Y  finas  expresiones  de  todos  los  yndividuos  de  esta  su  casa 
contando  con  el  invariable  afecto  de  este  su  mayor  apasionado  y 

mas  fino  Amigo 

Q.  S.  M.  B. 

Santiago  Liniers. 
S^  ly  Z)'  Vicente  Anastasio  de  Echevarría, 

N*»  22  (i) 

SOBRE    EL    VIAJE    DE    ELÍO    k    ESPAÑA 

Exmo  S" 

Por  el  oficio  de  Y.  E.  de  7  del  corriente,  y  en  virtud  de  la  salida 
que  hizo  para  España  el  Señor  Brigadier  D.  Xavier  Elio,  quedo 
enterado  que  por  disposición  de  Y.  E.  há  recaido  interinamente  el 
Govierno  Militar  de  esta  Plaza,  en  él  Brigadier  D.  Joaquin  de  Soria, 
igualmente  que  la  subdelegacion  de  Real  Hacienda,  y  demás  que  Y. 
E.  tiene  á  bien  referirme :  asi  mismo  quedo  impuesto  que  él  Alcalde 
de  primer  Yoto de  esta  Ciudad,  queda  encargado  por  ahora  del  man- 
do político  de  ella,  y  de  lo  correspondiente  al  vice  Patronato  Real  y 
Subdelegacion  de  Correos. 

Dios  gue  á  Y.  E.  muchos  años  Montevideo  1 1  de  Abril  de  18 10. 

Exmo  Señor 

Fraw*"  Antonio  Luages. 

Exmo  S^\  D.  Baltasar  Hidalgo  de  Cisneros. 

(1)  Falta  el  docainento  N*  ai,  á  que  correspondería  este  acuse  de  recibo. 


3oa  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


N*»    23 


OFICIO    DE    CASA    IRUJO    Á    CISNEROS 

Excmo.  Señor 

Bol  vio  aqui  Mad™""  Perigom  con  sus  dos  hermanos,  después  de  sa 
inútil  perseverancia,  para  desembarcar  en  ese  Rio.  En  su  casa  se 
han  juntado  porsupuestolos  Españoles  descontentos  de  eseGovierno, 
y  prófugos  de  ese  Pais ;  pero  donde  sus  Juntas  han  sido  mas  fre- 
quentes,  ha  sido  en  una  casita  de  campo  donde  vive  Puigredon  (i), 
á  un  quarto  de  legua  de  esta  Ciudad.  Es  bastante  natural,  que  perso- 
nas de  la  misma  Nación  victimas  como  ellos  se  llaman  por  la  misma 
causa,  y  lo  que  es  consiguiente  de  conformidad  de  ideas,  se  junten 
viviendo  en  un  Pais  extranjero;  pero  las  Juntas  de  la  Gamboa,  han 
sido  demasiado  frequen tes  para  no  sospechar,  tenian  algún  objeto 
particular.  Por  esta  razón  yo  denuncie  áS.  A.  el  S*'  Principe  Reg** 
estos  conciliábulos,  á  que  parece  asistir  también  D°  Josef  Proget 
Administrador  interino,  que  fue  de  esa  Aduana,  y  que  según  me 
han  dicho  se  venia  por  aqui,  para  transferirse  á  España  por  la  via 
de  Portugal,  por  donde  como  Francés  de  Nombre,  y  Nacimiento, 
creia  correrla  menos  riesgo  su  Persona.  La  Señora  Princesa  D*  Car- 
lota tubo  también  noticia  de  estas  Asambleas  é  informó  de  ellas  ál 
conde  de  las  Galveas,  Ministro  de  la  Marina,  y  del  ultra  Mar,  y  aun 
habló  también  al  Principe  sobre  la  importancia  de  asegurarse  de  re- 
pente de  dichas  Personas.  Yo  esforzé  este  paso  con  el  S' Principe 
Regente,  y  le  convencí  tan  completamentede  su  importancia  y  utili- 
dad tanto  con  relación  á  las  Posesiones  inmediatas  del  Rey,  como 


(i)  Caía  Irnjo  usa  habitoalmente  esta  forma  catalana  del  apellido  (tambiéa  tegaiéi^ 
por  Dom(ngaec)  :  pero  no  es  dudoso  que  la  forma  francesa  Píuyrredon.  sea  la  correcta  jr 
acorde  con  loa  autógrafos  del  personaje. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  3o3^ 

eventualmente  á las  suyas  propias,  queme  prometió  rotundamente, 
que  todos  serian  arrestados,  tomados  y  examinados  sus  papeles,  co- 
locadas sus  personas  en  diferentes  Fortalezas  dexando  á  estos  malos 
vasallos  del  Rey  ámi  disposición,   para  embarcarlos  y  dirigirlos  á 
la  de  V.  E.  por  el  paquete  correo,  que  seg"  loque  me  tiene  escrito, 
espero  pMnstantes.  Este  negocio  estaba  tan  adelantado,  que  había- 
mos formado  una  nota  de  sus  moradas,  y  estaba  determinado  el  dia, 
y  hora  que  debían  ser  arrestadas  estas  personas.  Para  trabajaren 
este  negocio  con  la  perspectiva  de  algún  éxito,  habia  sido  necesario 
dirigirse  al  Principe  en  derechura,  y  no  al  Secretario  de  Estado, 
pues  sabiamos  muy  bien,  que  éstehera  un  patrono  y  defensor  de 
Peña,  asi  por  haber  este  servido  á  los  Ingleses  (recomendación  muy 
distinguida  p*  con  el  Conde  de  Linhares)  como  por  haber  ayudado 
con  sus  consejos,   y  noticias  los  proyectos  de  invacion  de  Montevi- 
deo, y  sus  campañas,  quando  esta  corte  muy  resentida  de  la  de  Es- 
paña, se  transfirió  [al]  contin^.  Por  otra  parte,  se  tenian  sospechas 
fundadas  de  que  el  Lord  Strangford|que  como  Ministro  de  Inglaterra 
tiene  aqui  la  mayor  influencia,  pues  han  imbuido  al  Principe  la  idea 
de  que,  solo  déla  Gran  Bretaña,  es  de  quien  tiene  que  temer  ó  que 
esperar,  hera  succesor  de  cierto  oficial  de  IVIarina,  en  el  afecto  de 
Mad"*  Perigom,  y  no  podrá  dudarse  que  asi  el  Ministro  de  Estado, 
como  el  de  Inglaterra  ,  si  tenian  noticias  de  lo  que  se  tramaba,  desi- 
ciesen  por  esta  razón  nuestra  tentativa  de  coxer  á  toda  la  trinca,  y 
sus  papeles.  Pero  sea  q*  el  S*^  Principe  Regente  se  olvidase  de  la  im- 
portancia del  secreto,  y  comunicase  á  alguna  persona,  ó  sea  que  al- 
guno de  los  criados  interiores  de   Palacio,  oyese  mi  combersacion 
con  S.  A.  pues  el  parage  donde  suele  ponerse  en  tales  ocasiones  dá 
bastante  facilidad  p'  ello,  el  hecho  és,  que  un  tal  Guesy  italiano, 
que  debia  haber  sido  arrestado  también,  y  cuyo  nombre  es  provable- 
mente  familiar  áV.  E.  por  sus  intrigas  ai,  dixo  á  una  Persona,  sa- 
bia muy  bien  todos  mis  esfuerzos  p*  arrestar  á  ciertos  Españoles  en 
esta  Ciudad,  y  á  él  entre  ellos.  Apenas  supe  esto,  reconoci  la  inuti- 
lidad de  pretender  yo  se  sorprendiese  y  arrestase  á  todos,  como  el 


3o4  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Principe  me  lo  habia  prometido.  Este  Guesy  ha  sido  también  espía 
áy,  del  Conde  de  Línhares,  y  está  también  baxo  su  protección,  y 
patrocinio.  No  podía  quedarme  ya  duda  habrían  ya  quemado,  ó  es- 
condido sus  papeles  estos  conjurados,  y  me  inclino  á  crérqueel 
Conde  de  Linhares  mismo,  habiendo  penetrado  el  misterio,  p*  la 
extremada  facilidad  del  Principe,  hubiese  dado  alg*"  avisoá  los  inte- 
resados. Quando  bolvi  á  hablar  k  S.  A.  sobre  el  asunto,  le  hallé 
lleno  de  dudas,  y  del  terror  de  ofender  k  la  Inglaterra  entregando  á 
Peña,  que  decía  estaba  baxo  la  protección  Inglesa.  En  vano  le  repre- 
senté, y  le  presenté  con  vigor,  la  obligación  que  le  imponía  los  trata- 
dos existentes  entre  nuestras  Naciones,  en  que  la  estipulación  sobre 
este  punto  hera  clara,  esplícita  y  que  no  podía  admitir  tergiversa- 
ción :  que  la  buena  fé,  su  gloría,  y  su  propio  ínteres  dictavan  la  nece- 
sidad de  la  resolución  que  yo  tan  justamente  solicitaba :  que  no  po- 
día esperarse,  ni  temerse  que  la  Inglaterra  hiciese  á  su  Soberanía  el 
insulto  de  intervenir  en  el  cumplimiento  de  parte  de  S.  A. ,  con  los 
empeños  que  habia  contrido :  En  una  palabra  que  la  Inglat*  había 
exercido  el  derecho  que  la  daba  una  estipulación  semejante  en  su 
tratado  de  1796,  con  los  Estados  Vnidos  de  América,  que  había  re- 
clamado y  obtenido  alli,  algunos  de  los  Marineros  de  la  Fragata 
Inglesa  La  Hermiona  cuya  tripulación  después  de  asesinar  á  sus  ofi- 
ciales había  llevado,  y  entregado  el  Buque  en  Cartagena  de  Indias. 
Todo,  todo  fué  inútil,  el  Principe  convenía  en  la  justicia  de  mi  de- 
manda ;  pero  el  terror  á  la  Inglat',  que  seguram**  no  se  había  mez- 
clado en  este  Negocio,  me  dexaba  poco,  ó  nada  que  esperar.  Con 
todo,  viendo  no  existian  ya  los  motivos  de  reserva  que  le  habían 
impedido  dar  á  este  Negocio  la  forma  Ministerial,  me  determiné  á 
pasar  ál  Secretario  de  Estado,  la  Memoria  deque  tengo  el  honor  de 
enviar  á  V.  E.  adjunta  una  copia,  limitándome  á  la  demanda  de  las 
dos  cabezas  principales  Peña  y  Puigredon ;  pues  aunque  mi  animo 
está  bien  convencido  de  las  intenciones  siniestras  de  los  demás,  no 
existia  prueba  alguna  en  mi  poder  con  que  justificar  mi  reclamación 
sobre  ella. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIEHS  3o5 

El  Secretario  de  Estado  recivió  esta  mi  Memoria  p^  manos  del 
Secretario  de  esta  Legación.  La  leyó  en  su  presencia,  y  se  atortoló 
en  términos  que  dirigiéndose  al  citado  Secretario  de  Legación,  dixo 
del  modo  mas  claro,  y  positivo,  como  podemos  entregar  d  Peña  que 
esta  baxo  la  protección  de  la  Inglaterra  ?  y  que  ademas  por  la  inter- 
vención de  esta  Potencia  está  gozando  de  una  pensión  del  S*"  Prin  - 
cipedeiOO  $  Reix?  A  estos  se  han  seguido  varias  tentativas,  para 
con  migo,  de  parte  de  este  Secretario  de  Estado,  para  reducir  el 
asunto á  conversación,  según  dice  él,  para  discutirlo ;  pero  yo  me 
he  negado  á  perder  el  tiempo  de  este  modo,  y  embrollar  el  negocio, 
diciéndole  que  el  Asunto  hera  tan  claro  como  una  demostración  de 
Euclides:  que  no  admitía  discusión,  y  que  le  rogaba  me  diese  la 
respuesta  prescrito.  Me  está  prometiendo  de  un  día  p'  otro  esta 
respuesta,  pero  si  se  pasa  él  termino  que  el  decoro  requiere  en  tales 
casos,  le  haré  un  recuerdo,  que  renovaré,  si  este  no  fuese  suficiente : 
en  una  palabra,  quedará  la  injusta  negativa  de  este  Govierno  autori- 
zada del  modo  mas  completo  para  los  usos  que  eventualmente  pue- 
dan convenir. 

Me  es  imposible  concluir  esta  Carta  sin  hacer  la  devida  justicia  al 
zelo;  y  actividad  personal  conque  la  S"  Princesa  D°*  Carlota,  ha 
sostenido  p*"  su  parte  mis  diligencias  en  el  Asunto ;  pero  p*"  desgra- 
cia, aunque  su  talento  devería  darla  una  grande  influencia  en  el 
Govierno  esta  es  muy  pequeña  p*  una  desgraciada  convinacion  de 
circunstancias,  de  que  V.  E.  se  hallará  probablemente  informado. 

Dios  gue.  á  V.  E.  m"  a%  Rio  de  Janeiro  de  Abril  de  1810 

Exmo.  Señor 

El  Márquez  de  Casa  Irujo 

Exmo.  S"*^  D""  Balthasar  Hidalgo  de  Cisneros 


AVAUS  DI  LA   BtBUOnCA.    T.    III  aO 


3o6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


N°    26   (l) 
AUXILIOS  CONCEDIDOS    Á    LINIERS    PARA    TRASLADARSE    Á    ESPAÑA 

Debiendo  trasladarse  a  españa  el  Exmo  S*"'  D"  Santiago  Liniers 
Virrey  int"*  que  fue  de  estas  Provincias,  en  cumplimt**  de  la  soberana 
resolucioa  que  se  meha  comunicado  porla  via  reserbada  déla  Gue- 
rra, y  le  be  trasladado  del  efecto,  me  ha  expuesto  con  fha  de  siete  del 
corr**  necesitar  quese  le  auxilie  con  8fi¡)  p'  por  esas  R"  cajas,  áifin  de 
poderse  habilitar  y  dejar  asu  benemer^  familia  alg*  fondos  con  que 
pueda  ocurrir  á  su  subsistencia,  sin  perjuicio  de  la  liquidación  de 
los  cinco  mil  y  quin****  del  pago  de  la  Hac"**  de  Alta  Gracia,  quedan- 
do hipotecada  la  pensión  que  es  transcendí  asu  posteridad,  y  la  mis- 
ma Hac*'*  a  la  Seguridad  de  las  expresadas  cantidades ;  y  no  ocu- 
rriendome  el  menor  embarazo  en  acced'  en  tales  términos  a  su  jus- 
ta solicif*,  prebengoá  V.  S.  disponga  desde  luego  que  se  enterca 
dho  S°'  exmo  déla  exprés***  suma  de  Sfji  p'  p""  esa  caxa  Pral  reser- 
bandome  comunicarlo  ulteriorm^  la  ord"  que  estime  oport"'  en 
quanto  á  la  s***  parte  de  la  solicit**  del  expresado  xefe  reducida  aque 
la  pensión  de  cien  mil  r*  v**"  anuales  que  le  está  asignada  p'  S.  M. 
sobre  estas  R"  caxas,  y  dexa  para  alimentos  de  su  dilaf*'  familia»  se 
le  pgue  hoy  asu  Yerno  D°  Juan  Perichon  de  los  fondos  de  tabacos» 
cuya  operación  no  yndica  puede  simplificarse  mandando  q'  porla  Te- 
sorería G"^  de  esta  capital  se  abonen  á  la  Dirección  de  aquella 
renta  las  cantidades  que  se  pagaren  en  esa  ciudad,  puesto  que  sin 
perjuicio  de  tal  desembolso  pueden  cubrirse  hoy  con  superabun- 
dancia los  caudales  que  se  libraren  contra  esas  cajas  por  la  compra 
de  tabacos  del  Paraguay. 

Dios  gue  a  V.  S.  m*  a*  B*  A"  16  de  Abr^  de  1810. 

S°'  Gobernad'  Intend^  de  Córdoba. 

(i)  Se  omito  la  publicación  de  los  documentos  N**  a4  y  3 5,  (pie  son  otras  cartas  de- 
Irujo  sin  relación  con  Liniers. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  807 


N**  27 


GASA    IRUJO    Á    GISNEROS 

Desde  la  desgraciada  Batalla  de  Ocaña,  este  Gobierno  parece  ha~ 
berperdido  el  respeto  y  consideración  que  debe  al  nuestro.  En  rea- 
lidad las  circunstancias  desgraciadas,  asi  de  los  sucesos  Militares 
y  délos  incidentes  de  nro.  Gobierno  han  influido  también  sin  duda 
en  la  conducta  menos  favorable  y  justa  de  este  Gabinete.  Esta  mu- 
danza ñola  advierto  yo  con  relación  á  mi  persona,  pues  se  me  trata 
con  el  mismo  decoro  y  atención,  pero  es  muy  visible  en  los  Nego- 
cios. V.  E.  puede  verificarlo  por  las  resultas  de  mi  justisima  recla- 
mación délas  personas  de  Peña  y  Puigrredon.  Mi  ultima  memoria 
sobre  este  asunto,  al  paso  que  demuestra  de  un  modo  irresistible  la 
obligación  en  que  se  halla  el  Gob**  Portuguez  de  entregar  estos  trai- 
dores no  ha  tenido  replica  y  las  cosas  permanecen  en  el  mismo  esta- 
do,   esto  es,    burlándose  ios    interesados  déla  inutilidad  de  mis 
esfuerzos. 

En  el  asunto  del  Navio  llevado  áPhernambuco  (i)  también  se  he- 
chan  el  cuerpo  fuera  y  en  carta  separada  aviso  á  V.  E.  del  modo 
poco  decoroso  conque  se  trata  aqui  nuestra  bandera,  afín  de  que  por 
ahi  se  siga  lareciproca  sobre  este  asunto. 

Dios  gue.  á  V.  E.  much*  a'.  Rio  de  Janeiro  á  3  de  Mayo  de  i8io- 

Exmo.  Señor 
B.  L.  M.  de  V.  E.  su  at^  y  seg*  serv*»' 

El  Marques  de  Casairujo 

Exmo.  S""  /)°  Baltazar  Hidalgo  de  Cisneros. 

(i)  Antigua  ortografía  :  de  ahi  la  doble  forma  francesa  con  P  ó  F  inicial,  que  hasta, 
aixora  subeiste. 


3o8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


N*»  28 


o'gORMAN    Á    ANA    PÉRIGHON 

*S"  Z)*  Ana  Perichony  0-Gorman. 

Mi  querida  Sobrina  :  Por  hallarme  todavia  detenido  en  casa, 
tuve  q*  remitir  al  S***^  de  Marcó  las  cartas  de  Vm,  con  otra  mía  sobre 
el  cobro  de  lo  que  Vm  ha  pedido.  Dho  S*"^  en  vista  de  ellas  vino  á 
verme  diciendo  en  primer  lugar  q"  no  tiene  mas  Llaves  que  la  de  la 
Sala  y  el  Quarto  que  sigue.  En  quanto  á  los  art°*  pertenecientes  á 
Guillermo  P.  White,  q*  no  losdaria,  respecto  á  q"  diceq*  él  és  pri- 
mero q®  nadie.  Tampoco  quiere  dar  el  Forte  Piano,  por  conside- 
rarlo en  poder  de  una  Señora  que  es  responsable  por  Escrito  de 
entregarlo  en  el  mismo  estado  que  lo  recivió,  y  por  lo  tocante  á  la 
cama  dice  que  Vm  es  Dueña  de  sacarla  quando  le  dé  la  gana,  siem- 
pre que  esté  en  la  Sala  ó  en  el  quarto  que  le  sigue.  Además  pensava 
dicho  S"*'  Marcó  pasar  ayer  á  la  chacra  de  Vm  p*  despedir  todos  los 
Peones,  dejando  solo  el  capataz  con  los  criados  p*  cuydar  de  ella. 

Querida  Sobrina,  estimare  mucho  de  Vm  q*  en  adelante  los  asump- 
tos  de  Vm  con  Marcó  corran  p*^  su  Apoder'*  el  D**'  Echeverria,  res- 
pecto q''  mi  estado  de  salud  no  permite  incomodarme  con  gestiones 
con  este  cavallero.  Lo  demás  puede  Vm  mandar  como  quiera  y  guste 
á  su  affmo  TioQ.  B.  S.  P. 

Miguel  Gorman  . 

Día"  9/809. 

P.  D.  Me  ha  sido  de  mucha  complacencia  el  saber  del  S*'  Marcó 
q"  la  S'*  su  Madre  deve  vajar  á  Tierra  p*  su  curación,  á  q"  como  á 
mis  estimados  sobrinos  dará  Vm  las  mas  finas  expresiones. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  309 


N«  28-" 


ANA    PBRIGHON  Á    ECHEVARRÍA 

De  la  fragata  inglesa  Euex  (i). 

Muy  Estimado  D'  y  amigo  :  tomo  la  pluma,  aun  consternada 
con  la  Carta  q* acabo  de  recibir  de  mi  Tío  D"  Migue)  =  Cuya  Copia 
no  remito  á  V**  por  el  corto  espacio  de  tpo  q*  tengo  p'  escribir. 

El  contenido  de  la  Carta  es  sollicitar  de  mi;  retracte  de  Vd  el  po- 
der mió;  que  le  tengo  dado  á  Vd.  tocante  a  mi  Casa,  bienes  y  pro- 
piedades que  poseo  en  Buenos  r— Aires  =  Vea  Vd  Estimado  0*^= 
qual  debe  ha  ver  sido  mi  sorpresa  al  recibo  de  Esta  Carta. 

Pero  Creha  Vd  q*  en  lugar  de  hacer  caso  de  su  suplica ;  le  remi- 
ttiré  a  Vd.  un  poder  mucho  mas  fuerte  q*  el  q'  Vd  tiene  ya,  authori- 
zado  aqui  por  los  escribanos. 

Mientraz  tanto  Operé  Vd=  Y  siga  Vd  operando  sobre  mis  pro- 
piedades ;  según  las  facultades  q''  le  da  el  poder  mió  dado  a  Vd. 

« 

antes  de  mi  salida  = ;  El  primer  artículo  de  la  Carta  de  el ;  es  que 
tenía  celebrado  Contrato  de  alquiler  de  mi  casa  con  D"  J"  Larrea  ; 
y  que  los  dos  cientos  p"  q""  me  habia  remittido  aqui  eran  á  buena 
C**  de  otro  alquiler  de  mi  casa  ;  sobre  este  artículo;  suplico  a  Vd. 
reclame  y  haga  q***  sea  en  su  poder,  para  no  permittir  q*  se  alquile 
mi  casa,  por  ningún  motivo. 

Recomiendo  á  Vd.  mis  intereses  como  suyos  y  en  consideración  de 
su  Amistad  y  Justo  modo  de  pensar  por  primera  occasion  le  remi- 
tiré á  Vd  el  Poder  y  la  Copia  de  la  Carta  de  mi  tío  p'  que  le  sirva  de 
Govierno. 


(i)  Sin  focha  ¿diciembre  de  1809? 


3io  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Quedo  rogando  á  Dios  güe  su  vida  por  muchos  para  Deffensa  de 
los  opprimidos. 

Soy  suaffecf-^Q.  S.  M.  B. 

Ana  Perichon  de  OGormaji  . 

S**'.  D".  Vicente  Anasf  de  Echevarría. 


N^  29 


LINIERS    k   ECHEVARRÍA 

Cordova  y  Junio  7  de  1810. 

Mi  mas  Estimado  Amigo  no  puedo  menos  que  pensar  que  la  falta 
de  cartas  mi  as  de  que  V  se  queja  no  prosediesen  de  que  D"  Fran- 
cisco de  Lezica  no  a  sacado  del  Correo  un  Pliego  bajo  del  qual 
escrivi  á  V  según  me  parece  ó  que  mi  carta  se  habrá  traspepado  ísicj 
en  el  correo  pues  positivamente  he  escrito  á  V  por  mas  seña  que  le 
suplicava,  como  a  hora  lo  repito  que  me  mandase  V  simplemente 
por  el  Correo  la  Encomienda  que  V  tiene  para  mi  que  es  un  sello 
gravado  sobre  Piedra  —  que  tengo  muchos  deseos  de  tener  en  mi 
Poder  como  memoria  de  un  Amigo  de  mi  mayor  aprecio . 

Mucho  podría  decirle  sobre  el  suceso  intempestivo  y  estraordi- 
nario  del  dia  26  y  26,  Dios  quiera  q*.  orégano  Sea  y  que  no  se 
le  pueda  aplicar  lo  de  la  Ormiga  que  crio  Alas  para  su  Mal,  y  lo  de 
que  bien  esta  y  mal  ecoje  (sicj  del  Mal  que  le  venga  no  se  enoje  todo 
esto  y  mas  diria  Sancho  Panza,  pero  me  acuerdo  que  dice  también 
q^en  boca  serrada  no  entran  moscas. 

El  Sábado  me  voy  con  toda  mi  familia  á  Alta  Gracia,  a  cavar  mi 
tierra,  sembrar  y  plantar  arboles,  reciva  V  fines  expresiones  de  todos 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  3ii 

los  individuos  de  esta  su  casa,  ofrescame  V.  A.  L.  P.  de  esa  Señora 
disponiendo  como  puede  del  fmo  afecto  de  este  su  apasionado  amigo 

Q.  S.  M.  B. 

Santiago  Liniers. 

S'  D'  D'  Vizente  Anastasio  de  Echevarría. 


N*^  3o 


LETAMENDI    Á    LA    JUNTA 

Exmo.  Señor 

Tengo  la  gloria  de  haber  manifestado  alguna  vez,  que  amo  áeste 
Pais ;  y  no  puedo  negar  la  afección  que  me  inclina  acia  la  persona 
del  Exmo.  Señor  Don  Santiago  Liniers,  pOr  antigua  amistad,  por 
sus  servicios  Militares,  y  porque  siempre  he  sido,  y  soy  su  Apode- 
rado :  Todo  esto  ha  causado  en  mi  espíritu  un  terrible  contraste  á 
las  noticias  qüasi  ciertas  que  yá  corren  de  que  el  Govierno  de  Cór- 
doba le  ha  inclinado  á  que  siga  tenazm^  su  opinión,  contra  el  Sa- 
vio  movimiento  de  este  Pueblo. 

Por  el  conocimiento  que  me  asiste  délas  sorpresas  que  regular- 
mente suele  padecer  éste  recomendable  militar  por  su  docilidad,  he 
determinado,  si  ésta  Superior  Junta  me  lo  permite,  trasladarme  á 
Córdoba  en  marcha  precipitada,  para  ver  si  logro,  como  lo  espero, 
desimpresionar  al  enunciado  Señor  Liniers,  detodo  el  orrible  aspec- 
to con  que  aquel  Govierno  le  abrá  presentado  éste  movimiento.  Sé 
que  la  Capital,  no  debe  contar  con  ningún  estorbo  en  sus  designios, 
por  la  justicia  de  ellos,  y  por  el  sosten  que  indispensablemente  han 
de  hallar  en  los  demás  Pueblos :  pero  la  prudencia  parece  aconsejar 
el  aorro,  y  alejamiento  de  todo  tropiezo  por  la  via  menos  exprepi- 


3ia  ANALES  DE  LA   BIBLIOTECA 

tosa  (sicj  quese  adapte :  Tanto  más  en  nuestro  caso,  qüanto  que  la 
persona  del  expresado  Señor  Liniers  debe  merecer  á  éste  publico 
distinta  consideración  que  la  de  qüalesquier  otro.  Suplico  pues  seme 
concedan  Pasaportes. 

Dios  guarde  á  Y.  E.  muchos  años. 

Buenoe  Ayres,  3o  de  Junio  de  iSio 

Exmo.  Señor 

Fran'^  Antonio  de  Letamendi 

Exmo.  Señor  Presidente,  y  Vocales  déla  Sup"*^  Junta  Gabernatiba. 


N*»  3i 


DE    LINIERS    Á    SARRATEA 


Cordova  y  Julio  ik  de  iSio 

Mi  Amado  Padre  y  Sr;  no  puedo  ponderarle  á  Vmd.  el  senti- 
miento que  me  ha  causado  el  verle  alusinado  por  los  falsos  princi- 
pios de  unos  hombres  que  olvidando  los  principios  mas  sa- 
grados del  honor,  de  la  Religión  y  de  la  Lealtad  se  han  levantado^ 
contra  el  Trono,  contra  la  Justicia,  y  contra  los  Altares ;  bien 
.  veo  que  rodeado  de  las  bayonetas,  el  carácter  honrado  y  pací- 
fico de  Vm  le  hace  proferir  solo  por  el  cariño  y  amor  que,me  profesa, 
igualmente  que  á  sus  nietos.  Ojala  hubiese  Ym  admitido  la  oferta 
que  le  hice  de  venirse  á  Alta  Gracia,  y  no  tuviese  el  disgusto  de 
verle  rodeado  de  Tigres  que  no  respiran  mas  que  sangre  y  codicia. 
El  asesinato  del  Sr  Gaspe,  el  Estrañamiento  del  Yirey  y  de  los  mi- 
nistros arrancados  del  seno  de  sus  familias,  son  un  débil  preludio 
de  lo  que  intentan  hacer  ;  estos  eroes  de  nueva  creación  que  claman 
contra  el  despotismo  y  tropelia  de  los  Gefes  Europeos  que  han  go- 
bernado la  América  han  cometido  estos  jamas  semejante  tropelia  ni 


DOCUMENTOS  SOBRE  UNIERS  3i3 

acto  de  arbitrariedad  que  se  asemeje  o  aproxime  á  ese  P  pero  guales 
son  los  autores  de  semejante  novedad?  Frailes  Fanáticos  quienes 
olvidados  de  los  preceptos  los  mas  sagrados  y  mas  sencillos  de  la 
Moral,  abusan  de  su  ministerio  para  seducir  los  hombres  sensillos  ; 
de  Abogados  cuyo  único  estudio  es  el  de  embrollar  las  verdades  mas 
claras,  y  fundan  su  mayor  gloria  al  abrigo  de  sus  soRsmas  en  con- 
fundir el  buen  derecho  y  hacer  prevalecer  la  iniquidad  ¿  de  quien 
se  han  valido  estos  para  lograr  sus  pérfidos  designios  ?  de  hombres 
que  no  tienen  nada  que  perder,  y  los  mismos  que  sacrificarian  ma- 
ñana á  la  hora  que  se  apartasen  de  sus  deprabadas  ideas.  A  uno 
de  los  corifeos  de  esta  obra  de  iniquidad,  á  quien  he  amado  y  dis- 
tinguido creyéndole  otro  modo  de  pensar,  le  digo  en  esta  ocasión 
entre  otras  cosas :  que  nada  acredita  mas  la  inepcia,  la  ignorancia  y 
la  presumpsion  de  los  autores  de  esta  execrable  revuelta,  que  de 
pensar  que  todos  los  demás  Pueblos  del  Yireinato  y  del  continente 
seguirían  sus  criminales  huellas;  por  decontado,  Montevideo  y  Cor- 

4 

dova  se  han  explicado  con  energia  en  contra ;  Mendosa  quien  al 
primer  momento  se  habia  dejado  alucinar,  ha  abjurado  un  error 
momentáneo,  y  se  ha  reunido  á  la  buena  causa ;  á  Salta  le  sucede 
lo  mismo;  El  Tucuman  y  Santiago  del  Estero  (á  pesar  del  fanático 
é  infernal  promotor  de  la  insurrección  el  Padre  Guerra)  anuncia  el 
mismo  arrepentimiento;  desde  luego  Potosi,  Chuguizaca,  Cocha- 
bamba,  Y  la  Paz  no  solamente  nos  han  comunicado  su  adhesión  v 
fidelidad,  pero  mandándonos  la  primera  cuantiosa  Remesa  de  Di- 
nero nos  anuncia  las  fuerzas  armadas,  á  las  que  con  la  misma  acce- 
leracion  se  reunirán  las  del  Cusco,  Arequipa  y  de  todo  el  Alto  Perú. 
Cuando  Tupamaro  quiso  sacudir  la  dominación  Española,  principio 
por  asegurarse  la  voluntad  de  todos  los  Indios.  La  revolución  Fran- 
cesa se  efectuó  en  un  mismo  momento,  y  un  mismo  dia  y  hora  en 
todo  el  reino ;  Cuando  bajo  el  reinado  de  Felipe  quarto  la  casa  de 
Braganza  trató  de  sustraerse  de  la  de  Austria,  hubo  igualmente  una 
unidad  perfecta  y  un  consentimiento  universal  antes  de  la  execu- 
cion  del  plano  proyectado  etc  etc  etc.  Pero  mi  amado  Padre  nadie 


3i4  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

conoce  mejor  que  Vd  que  nada  es  mas  presumptuoso  que  la  igno- 
rancia. Ahora  en  cuanto  á  mi  individuo ;  como  siendo  yo  un  gene- 
ral, un  oficial  quien  en  treinta  y  seis  años  he  acreditado  mi  Gdelidad 
y  amor  al  soberano,  quisiera  Vd  que  en  el  ultimo  tercio  de  mi  vida 
me  cubriesse  de  ignominia  quedando  indiferente  en  una  causa  que 
es  la  de  mi  Rey ;  que  por  esta  infidencia  dejase  ámis  hijos  un  nom- 
bre hasta  el  presente  intachable  con  la  nota  de  traidor?  ha  mi 
padre  yo  que  conosco  también  la  honradez  de  sus  principios,  no 
puedo  creer  que  Vd  piense,  ni  me  aconseje  de  motu  propio  seme- 
jante proceder.  Cuando  los  Ingleses  invadieron  á  Buenos  Aires  en 
buena  guerra,  yo  era  un  Gefe  muy  subalterno  del  Vireinalo  ¿quien 
me  obligaba  á  tratar  de  su  reconquista  y  á  arrojarme  con  un  puña- 
do de  hombre  á  acometer  unas  tropas  veteranas,  y  defendidas  por 
su  situación  local.  Entonces  no  trepide  un  momento  en  emprender 
una  azaña  tan  peligrosa  y  abandonar  mi  familia  bajo  el  auspicio  de 
la  Providencia  en  medio  de  los  enemigos.  Guando  traté  de  defender 
á  Buenos-Aires  con  soldados  visónos  y  oponerme  á  las  gigantes 
fuerzas  victoriosas  ya  de  Montevideo  y  de  las  fuerzas  manda- 
das por  Elio.  Cuales  fueron  los  resultados  ;  el  ver  triunfar  Ja 
buena  causa ;  pues  mi  Padre  cuente  Vd  que  si  entonces  era  buena, 
la  que  defiendo  en  eldiano  solamente  es  buenisima,  sino  santa  y  obli- 
gatoria, no  digo  de  un  militar  asalariado  por  su  Rei.  honrado  con  las 
mas  Altas  distinciones  de  que  puede  decorar  á  un  vasallo,  pero  que 
reclama  la  de  todo  subdito  bajo  la  pena  de  caer  en  el  delito  de  per- 
juro habiéndole  jurado  fidelidad.  Que  son  mil,  dos  mil,  ni  mas  mil 
hombres  mercenarios  y  viles  instrumentos  de  la  perfidia,  contra 
un  puñado  de  ellos  visiblemente  protegidos  por  un  Dios  amigo  de 
la  justicia  y  enemigo  de  la  iniquidad.  David  era  bien  pequeño  y 
tenia  unas  armas  muy  desiguales  á  las  de  Goliat.  Judas  Macabeo 
tenia  unas  fuerzas  muy  desiguales,  á  las  de  los  enemigos  del  de 
Dios,  pero  no  titubearon  un  momento  en  pelear  y  la  victoria  fué  el 
premio  de  su  fee.  Sito  solo  estos  ejemplos  para  decirle  á  Vd  que 
por  despreciables  que  sean  las  fuerzas  de  Cordova,  respecto  á  las  de 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  3i5 

Buenos  Ayres,  Dios  que  deja  obrar  las  causas  segundas,  ha  premia- 
do ya  la  constancia  y  virtud  de  Cordova,  proporcionándole  ya  unos 
auxilios  que  superan  con  superabundancia  las  fuerzas  de  los  rebel- 
des. 

Descanse  Vd  mi  amado  Padre  y  ponga  como  yo  su  confianza  en 
el  Señor,  el  que  sabe  mejor  que  nosotros  los  que  no  conviene  el 
que  me  ha  precavido  en  tantos  peligros,  me  precaverá  en  los  pre- 
sentes, si  asi  me  conviene  y  es  arreglado  á  su  justicia*  pero  si  por 
sus  altos  decretos  hallase  en  esta  contienda  el  fin  de  mi  agitada  vida, 
creo  que  me  tendría  en  cuenta  y  descargo  de  mis  innumerables  cul- 
pas ese  sacrificio,  á  el  que  estoy  constituido  por  mi  profecion,  pero 
fiado  en  las  promesas  del  Señor  que  dice  que  aun  nos  tendrá 
cuenta  de  la  obediencia  y  sumisión  á  lo  que  es  de  nuestra  obli- 
gación. Por  ultimo  Señor  el  que  nutre  á  las  aves,  á  los  reptiles,  á 
las  fieras  y  los  insectos  proveerá  á  la  subsistencia  de  mis  hijos,  lo 
que  podran  presentarse  en  todas  partes  sin  avergozarse  de  deber  la 
vida  á  un  Padre  que  fuese  capaz  por  ningún  titulo  de  quebrantar 
los  sagrados  vínculos  del  honor,  de  la  lealtad,  y  del  Patriotismo  y 
que  si  no  les  deja  caudal,  les  deja  á  los  menos  un  buen  nombre  y 
buenos  exemplos  que  imitar.  Celebrare  se  mantenga  Vd  con  salud, 
Y  expresiones  á  mis  hermanas,  y  hermanos,  á  mi  tio  D°  Martin 
José,  a  mi  tia  Mariquita,  reciba  Vd  los  cariñosos  y  respectivos  afec- 
tos de  sus  nietos  y  de  mis  hijos  quedando  con  las  veras  de  un  res- 
pectuoso  hijo  agradecido.  Q.  S.  M.  B. 

Santiago  Liniers. 


Señor  estimaré  comunique  Vd  la  presente  á  cuantos  le  pregunten 
por  mi  que  quiero  que  todo  el  mundo  conosca  mi  modo  de  pensar, 
en  la  inteligencia  que  con  el  dogal  al  cuello,  ni  con  la  cuchilla  so- 
bre la  garganta  desmentiré  estos  sentimientos. 

Padre  y  Señor  D"  Martin  de  Sar ratea. 


3i6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


La  carta  anterior  lleva  la  siguiente  autenticación : 

Don  Baltasar  Hidalgo  de  Cisneros  caballero  pensionado  de  la 
Real  y  distinguida  orden  Española  de  Carlos  III  Teniente  General  de 
la  Real  Armada,  Capitán  General  del  Departamento  de  Cádiz  pre- 
sidente de  sus  Juntas  etc  etc. 

Certifico  que  la  firma  que  se  halla  en  la  carta  anterior  es  del  pro- 
pio puño  y  letra  del  S'  D'  Santiago  Liniers  Ge/e  de  Escuadra  de  la 
Real  Armada  (ya  difunto)  por  habérsela  visto  usar  en  todos  sus 
papeles  y  actos  públicos,  mas  particularmente  en  los  muchos  en  que 
como  su  sucesor  en  el  mando  del  Vireinato  del  Rio  de  la  Plata  he 
tenido  ocasión  de  verla  y  por  tal  la  reconozco,  asi  como  el  contenido 
de  la  carta  el  honor,  patriotismo  y  amor  al  Rey  que  siempre  han 
distinguido  á  este  desgraciado  General  y  muy  particular  y  heroica- 
mente en  el  último  año  de  su  vida  y  para  que  hagafé  donde  conven- 
ga á  su  hijo  /)"  Luis  Liniers  Teniente  de  Fragata  de  la  Real  Armada 
doy  á  su  instancia  la  presente  firmada  de  mi  mano  y  refrendada 
del  primer  Ayudante  Secretario  de  esta  Capitanía  General  en  San 
Fernando  a  treinta  y  uno  de  Mayo  de  Mil  ochocientos  y  quince. 

Balthasar  Hidalgo  de  Cisneros. 


Como  primer  Ayudante  secretario  que  soy  de  esta  Capitanía  Ge- 
neral del  Departamento. 

Francisco  Xavier  de  Mendinueta. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  317 


N°   32 


SOBRE    LA    PRISIÓN    DE    LUIS    LITIIERS 


Excmo  Sor. 

Inmediatam^  q*  este  Cavildo  recivio  la  requisitoria  dirixida 
ala  aprehencion  (si  posible  fuere)  de  los  q"  en  ella  se  anunciaban 
D"  Luis  Liniers,  y  el  Doctor  Alsugaray;  se  tomaron  las  providen- 
cias mas  escrupulosas  citiando  todos  los  pazos,  y  paragesde  la  juris- 
dicción áfin  de  ver  sisé  puede  verificar  su  arresto,  los  q*  se  mantienen 
en  ia  actualid'^en  esta  misma  dilig*;  y  del  resultado  daremos  á  V.  E. 
el  compet**  aviso. 

Dios  gue  á  V.  E.  m"  añ*.  Sala  Capitular  de  esta  Villa  de  S'"  Dom* 
Sor**  y  Julio  28  de  1810 

Exmo  Sor. 
Josse  y/z**  Gallegos.  Juan  José  Viera  Lovo. 

Juan  José  Gadea 

El  Sind''°  provis'^  Josef  Faustino  González. 

Exmo  Sor  Presid^  y  Junta  Provicion^  de  Buenos  Ayres. 


N^  33 

OCAMPO    Á    LA    JUNTA 

Exmo  S**' 

Acabamos  de  saber  por  D"  Faustino  Allende  y  carta  de  £)"  Am- 
brosio Funes  (i)  que  ayer  á  medio  dia  han  salido  de Cordova camino 
del  Perú  el  Gobernador  Concha  el  S°'  Liniers,  el  Obispo,  el  Coronel 

(1)  Lo  subrayado  ha  sido  saprimido  en  la  publicación  que  se  ha  hecho  de  esta  nota  en 
el  Archivo  general^  I,  107. 


3i8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Allende,  D"  Vitorino  Rodríguez,  y  el  Oficial  Real  Moreno,  llevando 
consigo  nueve  piezas  de  Artillería  volante  del  calibre  de  4,  6,  y  8, 
con  algunos  carruages,  y  trescientos,  á  quatrocientos  hombres  con 
fusil,  y  chuzas,  y  aunque  todo  este  aparato  creemos  podría  ser  des- 
baratado con  trescientos  hombres  de  nuestras  Tropas,  como  veni- 
mos escasos  de  Caballada,  y  no  podemos,  aun  haciendo  los  mayores 
esfuerzos,  montar  regularmente  este  numero  de  gente,  y  como  por 
otra  parte  podria  ser  ardid  p*  q"  dividiendo  nuestras  fuerzas  pu- 
diesen hallarse  en  estado  de  aventurar  alg"'  acción  con  q*  creyesen 
ventaja,  hemos  determinado  acelerar  á  toda  costa  la  marcha  unida 
del  Exercito,  y  mandar  desde  Cordova  en  su  alcanze  trescientos 
hombres,  que  con  los  auxilios  q*  ya  nos  ofrecen  de  aquella  Ciudad 
se  podrá  sin  duda  conseguir  el  alcanzarlos,  antes  de  q*  lleguen  á 
Santiago  del  Estero,  ó  Tucuman.  Por  otra  parte  la  marcha  q*  llevan 
es  muy  larga,  los  caminos  fragosos,  y  el  trabajo  desproporcionada 
á  los  auxilios  del  camino,  cuyas  consideraciones  han  pesado  tanto, 
q*  no  hemos  temido  resolvernos  á  tomar  decididam**  la  deliberación 
indicada. 

Comunico  áV.  E.  esta  noticia,  asi  porque  V.  E.  quede  impuesto 
de  este  fatal,  y  desgraciado  suceso,  como  porque  podria  suceder  que 
estos  prófugos  tomasen  el  camino  del  Paraná,  donde  acaso  tengan 
buques  q"  los  aguarden  p*  pasar  á  Montevideo. 

V.  E.  debe  reposar  tranquilo  en  la  seguridad  deque  se  están  to- 
mando desde  ahora  mismo  todas  las  mas  eficaces  medidas,  p*  q^  no 
se  internen  ál  Perú,  donde  serían  tan  perjudiciales,  como  lo  han 
sido  en  Cordova,  causando  de  consiguiente  los  indecibles  males,  (f 
son  inseparables  de  sus  depravadas  miras  : 

D*  gue  á  V.  E.  m*  a'.  Quartel  Gral  del  Paso  de  Ferreyra  i**  de 
Agosto  de  i8io 

Exmo  Señor 

Fran"*  An(?  Oríiz  de  Ocampo. 

Exmo  S°'  Presidente  y  Vocales  de  la  Junta. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  3 19 


N*»  34 


OFICIO  DÉLA  JUNTA    (l) 

La  vindicta  pública  y  la  tranquilidad  interior  de  estas  Provincias 
perturbada  por  la  escandalosa  combulsion  suscitada  y  sostenida  con 
capricho  en  esa  Ciudad,  hacen  preciso  tomar  estrecha  cuenta 
al  Governador  D"  Juan  Gutiérrez  de  la  Concha  de  estos  acaeci- 
mientos :  por  lo  mismo  há  resuelto  la  Junta  su  separación,  y  nom- 
brado de  Governador  Intendente  Interino  de  esa  Provincia  al 
Ten**  D"  Juan  Martin  Puirredon,  á  quien  con  esta  fecha  se  le  há  ex- 
pedido el  competente  Despacho.  La  Junta  que  en  todas  sus  dis- 
posiciones no  tiene  otro  obgeto  que  el  bien  del  Estado  y  la  felicidad 
particular  de  estas  Provincias,  de  que  está  encargada,  espera  que 
V.  S.  poseido  délos  mismos  sentimientos,  propenderá  por  su  par- 
te ai  exacto  cumplim***  de  esta  resolución,  dando  con  su  obediencia 
el  exemplo  devido  al  Pueblo  á  quien  representa. 

Dios  gue  á  V.  S.  m"  a*  Buenos  Ayres  3  de  Ag***  de  1810. 

Ilt  Cabildo,  Justicia,  y  Regim^  de  la  Ciudad  de  Cordova. 


N''  35 


SOBHE    LA   PRISIÓN    DE    LUIS    LINIERS 

Exmo  Sor. 

En  vno  de  los  impresos  q"  V.  E.  ha  tenido  la  vendad  de  remi- 
tirme en  el  presente  correo  he  hallado  el  parte  q"  dio  áV.  E.  desde- 

(1)   M.  S.  del  Archivo  omitido  en  la  publicación  correspondiente. 


Sao  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Areco  el  Alférez  D.  Fran'*  Antonio  de  Larramendi  de  haber  apre- 
hendido al  Alférez  de  Fragata  D.  Luis  Liniers  y  D**^  Alsugaray;  y 
no  debiéndome  quedar  la  menor  duda  desu  aserto  dispuse  (confiado 
en  la  aprobación  de  V.  E.)  el  retiro  délas  Partidas  q*  cubrían  los 
pasos  del  Yruguay,  campos  destinadas  al  mismo  Efecto,  recibida  la 
orden  de  V.  E.  de  q*  di  cuenta  en  21  de  Julio  anterior. 

Dios  Gue  áV.  E.  muchos  años.  Villa  de  la  Concep*"  del  Uruguay 

4de  Ag*«de  i8io. 

Exmo  S*" 

José f  de  Vrquiza. 

Exmo  S"  Presida*  de  la  Junta  Gubernatiba  délas  Probincias  de 
Rio  déla  Plata. 


N»  36 


SOBRE    LO    MISMO 

Exmo  S^^ 

A  esta  hora  q*  es  la  una,  y  tres  quartos  del  dia  acabo  de  recibir  la 
feliz  noticia  de  haber  caido  en  poder  de  nras  armas  todos  los  revolu- 
cionarios de  esta  Ciudad  á  excepción  del  Obispo  de  q"  dice  el  Mayor 
Gral  Balcarce  haber  ya  mandado  por  el  :  sobre  este  particular  hay 
otras  varias  circunstancias  dignas  de  la  consideración  de  V.  E.  q*  no 
las  puntualizo  por  anticipar  con  la  aceleración  posible  esta  noticia 
interesante. 

D"  gueá  V.  E.  m"  a'.  Quartel  Gral  de  Cordova  8  de  Agosto  de  1 810 

Exmo  Señor 

Franr  A  nt*  Ortiz  de  Ocampo. 

Exmo  S^  Presidente  y  Vocales  de  la  Junta. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  Sai 


N^  37 

OGAMPO    Á    LA    JUNTA 

Exmo  S»^ 

Como  uno  de  los  mas  fírmes  apoyos  del  actual  Gobierno  y  de  la 
Exped'*''  auxiliadora  es  la  adhesión  y  amor  de  todos  estos  Pueblos, 
es  absolutam^  indispensable  no  chocar  descubiertamente  la  opinión 
publica.  Las  preocupaciones  q"  aun  prevalecen  en  ellos  en  las  ma- 
tei*  de  Religión  principa Im^,  han  producido  á  nuestra  vista  el  mas 
declarado  sentim^  con  solo  la  presunción  de  q"  el  Obispo  seria  una 
de  las  victimas  de  nuestra  fuerza.  Los  mas  de  los  delincuentes  enla- 
zados en  esta  Ciudad  con  los  vínculos  mas  estrechos,  serian  llorados 
p*^  aquellos  mismos  q*  acaban  de  hacer  los  mayores  esfuerzos  por 
auxiliarnos,  y  entrar  con  nosotros  á  la  parte  en  la  gloria  de  su  pre 
hension.  La  mayor  parte  de  este  Pueblo  se  cubriria  de  luto,  y  de 
este  modo  previniéndonos  en  todas  las  ciudades  la  consternación  y 
el  terror,  no  hallaría  entrada  en  los  corazones  de  sus  havitantes  la 
alegría,  y  el  regosijo  q"*  debiamos  esperar  :  Los  dominaria  la  fuerza 
y  no  el  amor,  q*  es  por  tantos  titulos  la  base  mas  segura  para 
cimentar  el  nuebo  sistema  de  Gobierno,  y  el  inevitable  escollo  en  q* 
debe  estrellarse  la  esperanza  de  los  opresores  del  Períi. 

El  haber  palpado  muy  de  cerca  mucha  parte  de  los  tristes  efectos 
q*  ha  causado  una  simple  presunción,  ha  dado  motivo  á  q*  unani- 
mem**  resolviésemos  la  suspensión  de  la  orden,  q*  con  fha  de  28  de 
Julio  ultimo  se  sirvió  V.  E,  dirigir  k  esta  Junta  de  comisión,  y  cree 
firmem**  que  ala  sabiduría  y  prudencia  de  V.  E.  no  se  le  ocultará 
el  medio  de  conciliar  aquella  indispensable  execucion  con  las  ideas 
exteriores  de  suavidad  paternal  q^  es  necesario  mantener  en  este  y 
demás  Pueblos  á  favor  de  ese  Superior  Gobiomo. 

V.  E.  conoce  mejor  que  nadie  la  necesidad  en  q*  todos  nos  halla- 

A%XIMB  DI    LA    MBtlOTICA.  T.    Ilt  31 


383  ANALES  DE  LA  BIBUOTECA 

mos  de  ganar  el  afecto  de  todos  estos  oprimidos  compatriotas,  ha— 
ciendoles  ver  que,  contrarios  en  todo  á  los  sanguinarios  Despotas, 
q"  se  complacian  anteriorm**  en  derramar  su  sangre,  se  pone  exL 
execucion  todos  los  medios  de  dulzura  para  hacer  conocer  las  ven- 
tajas desuabe  y  sabio  Gobierno  q"  unanimem**  conñeran  en  V.  E^ 

Jamas  se  hubiera  separado  esta  Junta  un  solo  instante  de  las  me- 
ditadas y  superiores  ordenes  de  V.  E.  si  p'  el  convencimiento  in- 
terno de  los  males  q'  trahia  aparejados  su  execucion,  no  se  hubiera 
visto  en  la  indispensable  justa  precisión  de  obtemperará  las  circuns- 
tancias, q"  inevitablemente  le  han  conducido,  á  su  pesar,  á  suspen- 
der en  esta  parte  el  }ustoexercicio  de  la  justicia,  q^  el  brazode  V.  E^ 
habia  casi  descargado  contra  los  mas  criminosos  conspiradores  de- 
la  tranquilidad  y  sociego  de  la  America. 

Esta  Junta  espera  q"  la  sabiduriade  Y.  E.  se  serbirá  aprobar  una 
conducta,  q^  no  ha  tenido  p'  base  mas  q"*  el  crédito  de  las  armas,. 
la  gloria  y  el  buen  nombre  de  V.  E.  y  la  unión  conforme  de  los. 
Pueblos  q"*  tengan  la  fortuna  de  obedecer  al  dulce  y  sabio  gobierno 
de  V.  E. 

Dios  gue  á  V.  E.  m*  añ'  Quartel  General  de  Córdoba  i o  de- 
Agosto  de 1810. 

Exmo  Señor 

Fran***  Ant**  Ortiz  de  Ogampo 
Vicente  López 

Secret* 

Exmo  S'  Presidente  y  Vocat  de  la  Junta. 


^-  38 


RESPUESTA    DE   LA   JUNTA  AL   11^  33 


La  Junta  ha  visto  con  placer  las  medidas  tomadas  por  V.  S.  para 
la  aprehensión  de  los  conspiradores  de  Córdoba,  que  han  profuga— 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  3a3 

do:  espera  que  serán  presa  del  zelo  y  vigilancia  déla  columna,  que 
los  persigue,  y  dando  á  V.  S.  las  gracias  por  tan  acertadas  provi- 
dencias, le  recomienda  la  detención  enlas  resoluciones,  por  que 
á  veces  un  deseo  excesivo  de  terminar  una  empresa,  apresura  las 
determinaciones,  y  aventura  la  felicidad  del  éxito. 


A  la  Junta  de  Comisión  &*. 


Agosto  lodeSio. 


N-  39 


OGAMPO    Á    LA   JUNTA 


Exmo  S' 


Incluyo  áV.  E.  el  Parte  dado  á  esta  Junta  de  comisión  p*^  el 
Mayor  Gral  D°  Ant*"  Balcarce  relativo  al  arresto,  y  prisión  de  lo» 
Gefes  revolucionarios.  El  mérito  contrahido  p^  aquel  Comandan- 
te crece  en  proporción  de  los  riesgos  de  q*  ha  libertado  á  la  Expe- 
dición Auxiliadora  impidiendo  que  esos  criminales  introduxesen 
en  lo  interior  del  Perú  el  veneno  de  sus  sentimientos,  y  el  fuego  de 
sus  ideas  incendiarias.  Solo  su  actividad,  su  zelo,  su  Patriotismo 
pudo  allanar  todos  los  tropiezos  q"  dificultaban  una  empresa  de  tanto 
vulto.  Desentendiéndose  de  las  fatigas  del  camino  emprendió  una 
violenta  marcha  que  puso  en  peligro  su  existencia,  aunq"  desde  lue- 
go aseguro  el  éxito  mas  feliz.  Todos  creian  inasequible  el  proyecto 
p'  los  muchos  dias  transcurridos  desde  la  fuga ;  peni  ha  dado  el 
mas  irrefagable  testimonio  de  q*  su  zelo,  y  su  actividad  no  conocen 
las  difícultades.  El  relevante  mérito  de  esta  acción  no  se  ocultará  á 
V.  E.  que  desea  premiar  los  servicios  importantes  que  se  rinden  á 
la  Patria,  entre  cuyos  servidores  deben  seguramente  enumerarse 
los  individuos  que  recomienda  el  mismo  Parte. 


3a6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Dios  gue  á  Y.  E.   muchos  años.  Gordova   ii  de  Agosto  de 

1810. 

Exmo  Señor 

Fran"*  Ant"  Ortiz  de  Ogaicpo 
Vicente  López 

Secret* 

Excma  Junta  Provisoria  Guvernat^  de  estas  Provincias 


N^  4o 


LA  JUNTA  GUBERNATIVA  Á  LA  COMISIÓN 

Ha  sido  muy  sensible  á  esta  Junta  la  resolución  que  tomó  V.  S. 
en  orden  á  los  reos  de  Córdoba,  y  que  comunica  en  ofício  de  diez 
del  corriente.  Los  compromisos  que  há  producido  á  este  goviemo, 
habrían  echo  balancear  su  firmeza,  si  no  se  hubiesen  expedido  fe* 
lizm^  providencias  capaces  de  allanar  el  terrible  constraste  en  que 
se  ha  visto ;  pero  no  será  igualm**  fácil  reparar  el  descrédito  q*  ha 
resultado,  al  ver  que  las  Gefes  de  esa  Expedición  han  atropellado  las 
ordenes  de  esta  Junta,  dando  entrada  á  consideraciones,  que  se  ha- 
bian  mandado  anteriorm^  no  fuesen  escuchadas.  La  obediencia  es 
la  primera  virtud  de  un  General,  y  la  mejor  lección  que  ha  de  dar 
á  su  Exercito,  de  la  que  debe  exigirle  en  el  acto  de  un  combate.  El 
goviemo  superior  reúne  y  concentra  relaciones,  que  no  deben  co- 
municarse, y  los  executores  no  necesitan  saberlas,  para  cumplir 
puntualm**  lo  que  se  les  ordene. 

Dice  Y.  S.  en  su  oficio,  que  á  las  tres  horas  de  mandada  execu- 
tar  la  sentencia,  fue  preciso  despachar  un  chasque  para  la  revoca- 
toria por  el  general  movimiento  de  dolor,  que  se  observaba  en  todo 
el  Pueblo;  y  la  Junta  extraña,  que  unas  deliberaciones  tan  impor- 
tantes transcendiesen  á  el  publico  tan  fácilmente,  pues  el  secreto 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  3a5 

debe  ser  la  primera qualidad  de  esa  Junta  de  Comisión,  y  el  único 
medio  de  adquirir  la  dignidad  y  decoro  q"*  hagan  respetables  sus 
resoluciones. 

La  Junta  espera,  que  la  amargura  ocasionada  por  este  procedi- 
miento será  satisfecha  con  una  puntual  execucion  de  quanto  ella 
ordene  en  lo  sucesivo;  y  que  sus  ordenes  no  sufrirán  el  examen  y 
desaire  que  en  esta  ocasión  han  padecido. 

Dios  &*  Agosto  1 8  de  1810. 

A  la  Junta  de  Comisión  &*. 


N«  Hi 


LA    JUNTA    Á    PUETRREDÓN 

Se  ha  enterado  esta  Junta  de  la  razón  que  la  ha  pasado  el  com^ 
gral  delaExped"  con  of**  de  10  del  corr**del  enorme  gasto  de 
7  7 .  484  p'  3  f/g  r*  disipados  por  los  criminales  Gefes  que  fue  [ron]  desa 
Prov*  ó  autores  del  temer"  proyecto  de  opresión  de  sus  habitantes ; 
i  no  debiendo  servir  los  caudales  del  R*  Erario  á  los  delinq**  capri- 
chos de  los  que  abusando  del  poder  q*  les  daba  el  mando,  lo  han 
convertido  á  fines  destructores  de  los  que  en  la  instrucion  reglaron 
sus  destinos,  ha  resuelto  la  J**  i  previene  á  V.  S.  que  proceda  in- 
mediatam^  á  reintregará  la  R^  Hac*'*  de  la  suma  desta  importancia 
con  la  de  los  bienes  de  los  criminales  autores  y  cómplices  pH** 
dése  infame  proyecto,  arreglandoseensuprocedim^a  los  dispuesto 
en  dro  y  comunicado  en  instrucciones,  dando  c^á  esta  Superiori- 
dad con  lo  que  obrare. 

D*  g""  i8deAg'«dei8io 

S^  Gov'  Intendente  interino  de  Córdoba. 

Of"  ala  Junta  de  comisión  acusándola  el  recibo  del  que  motiba  el 
anteced'*'  y  contest"'. 


3a  6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


N^  42 


PUETRREDÓN    Á    LA   JUNTA 

Exmo  S"*'  Presidente  y  S  S.  Vocales 

Enterado  del  oficio  de  V.  E.  de  i8  de  Agosto  en  que  me  coniu<- 
nica  el  cargo  hecho  por  el  Gral  déla  Expedición  del  gasto  de  setenta 
y  siete  mil  quatro  cientos  ochenta  y  quatro  pesos  tres,  y  tres  octa- 
vos reales»  que  han  hecho  a  estas  R*  Cajas  los  Gefes  que  fueron  de 
esta  Provincia,  procederé  inmediatamente  a  reintegrar  ala  R'  Ha- 
cienda la  suma  de  esta  importancia  con  la  de  los  bienes  de  los  reos. 

Diosguea  V.  E.  m'aV  Cordova  2  de  Sept*  de  i8io. 

Exmo  Señor 

Juan  Martin  de  Pubtrrbdon 

Santiago  Rivadavia 

Secret* 

Exma  Junta  Guvernar  del  Rio  de  la  Plata. 


N°  43 


PUEYRREDÓlf    i    LA    JUNTA 

Adjuntas  dirijo  a  V.  E.  originales  dos  actas  cdebradasen  esta 
Ciudad  por  los  principales  reos  de  su  conspiración  q*  han  llegado 
a  mis  manos  después  de  la  salida  de  los  Oficiales  Gorordo  y  Lafinur 
p'  esa  Ciudad,  p*  q*  V.  E.  les  de  el  mérito  q*  juzgue  conveniente. 

No  puedo  menos  que  hacer  presente  a  V.  E.  que  D"  José  XaV 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  Sa? 

Diaz,  que  parece  haber  sido  uno  de  los  actores,  se  ha  particulariza- 
do en  hacer  demostraciones  publicas  de  contento  por  la  ruina  de 
los  Opresores  de  esta  ciudad ;  ha  hecho  servicios  especiales  desde  el 
instante  que  entró  la  expedición ;  y  aun  antes,  pues  luego  q'  los 
reos  decidieron  su  salida,  el  declaró,  que  no  lo  haría  ;  y  aunque 
quedó  con  el  mando  de  las  armas,  fue  su  conducta  toda  en  ntro 
favor,  desde  q'  vio  q^  podia  hacerlo  con  libertad,  o  sin  temor.  El 
estuvo  en  las  secretos  mas  graves  de  los  mejores  patriotas  cordove- 
ees,  y  les  fue  escrupulosam**  fiel,  según  informes  q*  de  todos  he  te- 
nido  :  No  cesa  de  hacer  visibles  esfuerzos  p*  acreditar  su  adhesión  á 
ntro  Gobierno ;  ha  prestados  q^  auxilios  ha  podido  con  sus  caba- 
lladas p'  la  expedición ;  y  pa  ntro  Señor,  apesar  de  su  conducta  an- 
terior, el  tiene  la  confianza,  y  la  amistad  de  toda  esta  Ciudad :  Está 
relacionado  con  todo  lo  pral  de  ella  ;  y  es  un  Paisano,  q*  por  debi*- 
lidad  suscrívió  a  q*^  le  mandaron. 

Estas  razones  contuvieron  alos  Sres  de  la  Junta  de  Comisión,  p* 
no  incomodarlo  en  cosa  alguna ;  y  yo  las  hago  presentes  a  Y.  E.  p* 
q*  en  su  vista  disponga  lo  que  estime  conveniente.  ' 

Exmo  Señor. 
Diosguea  V.  E.  m'  a'.  Cordova  7  de  Septiembre  de  iSro. 

JuAR  Martin  de  Puetrrbdon 
Santiago  Rivadavia 

Secret* 

Exmo  S*'  Presida  y  S""  Vocales  de  la  Junta  Guvernativa. 

En  la  Ciudad  de  Córdoba  á  veinte  y  seis  de  Julio  de  mil  ocho- 
cientos diez,  el  S°'  D*"  Juan  Gutiérrez  de  la  Concha  Brigadier  de 
la  Real  Armada,  Gobernador  Intendente  de  esta  Provincia,  abien- 
dose  juntado  en  la  Casa  de  su  morada  el  exmo  S""  D*"  Santiago 
Liniers  Gefe  de  Esquadra  de  la  W  Armada,  el  Señor  Coronel  de  exto 


SaS  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

D"  Santiago  Alejo  de  Allende»  que  lo  es  del  Regim^  de  Voluntarios 
de  Córdoba,  D°  José  Xavier  Diaz  Teniente  Coronel  D"  José  Julián 
Martínez  Comandante  de  esquadron,  y  D°  Simón  Gorordo  Sargento 
maior  Veterano,  á  presencia  demi  el  Secretario,  propuso  dicho  Se* 
ñor  Gobernador  Que  vna  Persona  que  merecia  confianza,  se  le  abia 
ofrecido  á  introducirse  entre  las  tropas  que  vienen  de  Buenos  Aires, 
y  que  dándole  ocho  mil  pesos  en  oro  depronto  y  hasta  cinquenta 
mil  si  cumplía  su  Empresa,  prometía  ganar  mucha  parte  de  los 
ofíciales  y  tropas,  y  hecho  cargo  dichos  Señores  de  la  ventaja  del 
proiectovnanimescombinieron  en  quese  le  franqueasen  los  ocho  mil 
pesos  en  oro,  y  se  le  prometiesen  y  entregasen  los  cincuenta  mil  siem- 
pre que  verificase  la  total  destrucción  ó  imposibílitacíon  de  operar 
ofensibamente  las  citadas  tropas  por  qualquier  medio  que  lo  logra* 
se ;  Y  también  determinaron  que  á  la  tropa  descínada  al  mando  del 
S^'  Coronel  don  Santiago  Alejo  de  Allende  no  se  le  haga  descuento 
alguno  por  la  carne  que  consuma  durante  su  Comisión,  como  toda 
lademas  que  se  halla  en  la  campaña  y  que  sepaguen  las  reses  de 
quentade  la  Real  Acienda.  Y  para  que  conste  lo  firmaron  en  dho 
dia  mes  y  año. 

Juan  Gutiérrez  de  la  Concha.  Santiago  Liniers. 

Sanf*  Alexo  de  Allende.  Josef  Xavier  Diaz, 

Simón  de  Gorardo.  José  Julián  Marlinez. 

Luis  Lajinur. 

En  la  Ciudad  de  Córdoba  á  veinte  y  cinco  días  del  mes  de  Julio 
demil  ochocientos  diez  años,  el  Señor  D"  Juan  Gutiérrez  de  la  Con- 
cha Brigadier  de  la  Real  Armada  Gobernador  Intendente  de  esta 
Provincia,  con  motibo  de  aber  llegado  el  día  de  oy  D"  Dámaso  Pie- 
dra Buena  que  se  á  conducido  á  la  ligera  de  Buenos  Aires,  y  también 
el  Soldado  Isidro  Quiroga  Desertor  de  las  Tropas  déla  expedición 
que  desde  Buenos  Aires  se  dirije  á  estos  destinos,  después  de  ohidos 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  Sag 

á  los  referidos  dispuso  dicho  Señor  Gobernador  que  á  la  Oración  de 
este  dia  se  juntasen  en  la  Gasa  de  su  abitacion  el  Ilf"*"  S""  D"  Rodrigo 
de  Orellana  Obispo  de  esta  Diócesi,  el  Exmo  S""^  D°  Santiago  Linicrs» 
Gefe  de  Esquadra  de  la  R*  Armada,  el  S*'  D"  Santiago  Alejo  de  Allen- 
de, Coronel  de  los  R'  exlos  y  del  Regim*"  de  Voluntarios  de  esta 
Provincia  D"  José  Xabier  Diaz  Teniente  Coronel  del  mismo  D"  José 
Julián  Martinez,  Comandante  de  Esquadron  y  D**  Simón  Gorordo 
Sargento  maior  Veterano,  y  con  asistencia  demi  el  Secretario  D" 
Luis  Lafínur  Aiud**  maior  Veterano,  expuso  dicho  Señor  Goberna- 
dor que  por  las  noticias  déla  dos  Personas  referidas  y  las  que  dirijio 
el  Teniente  D"  Diego  Rápela  Comandante  devn  Destacam*^de  obser- 
bacion  situado  por  el  Rio  Tercero  se  sabia  que  la  expedición  com- 
puesta según  noticias  de  vn  mil  y  doscientos  hombres  y  ocho  piezas 
de  Artillería,  que  se  dirije  de  Buenos  Aires  a  estos  destinos  se  aliaba 
á  poca  distancia  de  los  conñnes  de  esta  Jurísdicion,  Y  teniendo  prc- 
senté  los  Estados  del  Armamento  y  Municiones  que  esta  Plaza  tiene 
existentes  para  su  defensa,  y  que  acompañan  á  este  Documento, 
vnanimes  resolbieron  dichos  Señores.  Que  el  dia  demañana  sepon- 
gan  en  marcha  ochenta  hombres  de  Fusil  y  veinte  de  Lanza,  con 
dos  Cañones  de  Campaña  y  sus  correspondientes  municiones;  Que 
Uebe  el  mando  de  esta  Tropa  el  S**'  Coronel  D°  Santiago  Alejo  de 
Allende,  y  por  su  segundo  el  Comandante  de  Esquadron  D°  José 
Julián  Martínez,  elijiendo  el  Gefe  á  su  satisfacción  y  según  sus  co- 
nocimientos los  demás  oGciales  subalternos.  Que  se  remitan  cin- 
quenta  Lanzas  al  Teniente  D°  Diego  Rápela  para  Armar  la  Tropa 
que  tiene  á  su  cargo.  Que  el  especial  encargo  debe  ser  procurar 
portodos  los  medios  posibles  en  haser  entender  á  la  Tropa  de  la  ex- 
pedición de  Buenos  Aires,  que  a  todo  Desertor  que  se  pasase,  se  le 
darán  imediatamente  que  se  presente  á  nuestras  Partidas  cinquenta 
pesos  por  cada  vno,  y  si  fuese  con  Fusil,  y  municiones  veinte  y 
cinco  pesos  mas.  Y  si  alguno  de  dichos  Desertores  lograse  pegar 
fuego  á  algunas  de  las  carretas  dedha  expedición  especialmente  las 
que  conduzen  la  Polbora  y  Municiones,  ó  hiciese  alguna  otra  acción 


33o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

que  pueda  perturbar  ó  atrasar  á  la  expedición  se  le  gratificará  á  pro- 
porción de  lo  que  la  acción  mereciere  como  también  si  por  su  per- 
suasión é  Industria  trajese  algunos  mas  Desertores.  Y  para  que 
conste  lo  firmaron  dhos  S"^  antemi  el  Secretario  en  el  referido  dia 
mes  y  año. 

Juan  Gutiérrez  de  la  Concha.  Santiago  Liniers 

Rodrigo  obpo  de  Cord*.  Sant*  Alexo  de  Aliénele 

Josef  Xavier  Diaz.  José  Julián  Martínez 

Simón  de  Gorordo, 

Luis  Lajinur. 

Con  oficio  de  V.  S.  de  7  del  corr^,  ha  recivido  esta  Junta  las 
dos  actas  que  en  25  y  26  de  Julio  habian  celebrado  los  princimales 
actores  déla  cospiracion  de  esa  Civdad  al  intento  de  fustrar  la  Expe- 
dición despachada  de  aquí  á  esa  Provincia,  y  acepta  la  Junta  la 
recomendación  que  hace  Y.  S.  á  fabor  de  D"  José  Xavier  Diaz  que 
parecia  ser  vno  de  ellos  por  haber  acreditado  con  su  buena  conduc- 
ta y  particulares  servicios  la  falta  de  libertad  con  que  subscribió  a 
quanto  le  mandaron  ;  lo  que  aviso  á  Y.  S.  de  acuerdo  déla  misma 
en  contextacion. 

Dios  gue  &'.  Sept"  27  de  i8io. 

Sor  Gover'  Intend^  inter"""*  de  Cordova, 


La  Junta  se  ha  impuesto  del  oficio  de  Y.  S.  de  1 3  del  corr**  en  q* 
participa  la  deserción  q*  se  experimento  en  la  Tropa  déla  Exped*'  au- 
xiliadora luego  q*  se  acercó  el  dia  de  su  marcha ;  y  ensu  conseq*  en- 
carga a  Y.  S.  la  Junta  el  cumplim**  déla  orn  q*  se  le  dirige  en  este 
Correo  sobre  su  aprehensión,  que  dando  pasadas  las  corresponda 
alos  demás  Gov"°"  p*  el  mismo  efecto. 

Dios  &',  Sep**  26  de  18 10. 

S"'  Goxf'  Intend*^  Inf  de  Cordova, 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  33 1 


N»   44 


PUEYRREDÓN    Á    LA    JUTITA 

Exmo  señor 

Yo  seña  un  verdadero  delincuente  contra  el  estado»  si  por  po* 
Uticos  miramientos  ocultase  á  Y.  E.  ios  males,  en  que  nos  halla- 
mos, y  que  piden  el  mas  eficaz,  y  pronto  remedio. 

Contraído  enteram^  al  enorme  peso  de  los  negocios  de  mi  cargo, 
separé  mi  atención  desde  mi  libada  a  esta  Ciudad  de  todo  otro 
asunto ;  y  aunq* presenciaba  algunos  desordenes  efectos  de  poca  dis- 
ciplina en  las  tropas  déla  Expedición  auxiliadora,  ni  estuvo  en  mi 
facultad  remediarlos,  ni  temi  q^  se  aumentasen  al  extremo  q*  hoy 
tocamos. 

La  deserción  q"  empezó  a  experimentarse,  desde  q"*  las  Tropas  su- 
pieron, q*  se  acercaba  el  dia  de  continuar  su  derrota,  obligó  ala 
Junta  de  Comisión,  a  adoptar  por  medio  de  preservación  la  me- 
dida, de  imponer  la  ultima  pena  a  todo  desertor,  q'  se  separase  de 
sus  Yanderas  después  de  estar^resolucion  ;  Como  se  imponia  igual 
pena  a  toda  persona,  q*  encubriese  ó  fomentase  la  deserción,  pare- 
ció conveniente  publicarlo  por  Bando,  para  q'  llegase  a  noticia  de 
todos;  y  asi  loegecuté  con  fha  de  i"  del  pres^  mes.  Ni  aun  asi  se 
ha  podido  contener ;  y  desde  q*  la  Expedición  se  puso  en  movi- 
miento, ha  sido  enorme,  y  continúa  con  tan  criminal  escándalo « 
q*  me  hace  temer  muy  funestos  resultados. 

La  razón  q*  se  me  ha  pasado  de  losq'  desertaron  antes  de  salir  de 
esta  Ciudad  pasa  de  sesenta  individuos  y  por  las  noticias  generales 
q*  ha  adquirido,  de  lo  q'  sucede  después  q*  están  en  marcha,  quiza 
no  exagere  si  estiendo  su  numero  a  dos  cientos. 

He  despachado  varias  partidas,  p*  perseguirlos ;  y  en  efecto  a 


BÍ2  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

costa  de  sacrificios  se  me  han  traido  varios,  en  quienes  contaba,  q* 
se  harían  egemplares,  p' imponer  temor  y  ovedienciaa  los  demás, 
pero  veo  con  desconsuelo,  que  se  sacan  de  las  prisiones,  en  que  yo 
los  pongo  p^  darles  entera  libertad,  sin  que  uno  solo  hasta  ahora 
haya  servido  de  provechoso  escarmiento. 

Estoy  convencido  de  q*  el  origen  de  todo  este  desorden  es  el 
abandono  de  los  Oficiales,  que  ocupados  de  su  comodidad,  prosti- 
tuyen sus  obligaciones,  y  desamparan  sus  compañias  en  medio  de 
los  campos,  por  no  sugetarse  al  corto  trabajo  de  custodiarlas.  De 
aquí  la  horrorosa  deserción,  el  descrédito  de  nuestras  armas  y  el 
inmenente  riesgo  de  nuestra  sagrada  causa. 

Nada  me  hará  callar,  quando  mis  voces  lleven  el  objeto  de 
hacer  respetable  la  autoridad  de  V.  E.  y  asegurar  los  intereses  de 
la  Patria  y  aun  quando  no  fuera  de  mi  obligación  comunicar  i 
V.  E.  estas  noticias,  pasaría  por  encima  de  todos  los  respetos,  por 
seguirlos  impulsos  de  mi  corazón,  que  clama  a  gritos  por  la  publi- 
ca seguridad. 

Uno  de  los  sujetos,  q'  me  han  informado  del  triste  desorden  de 
nuestras  fuerzas  es  D"  Hypolito  Videla  natural  de  esa  Ciudad, 
que  baja  del  Perú,  y  conduce  este  pliego  á  V.  E.  El  podra  dar  rela- 
ción circunstanciada,  de  lo  q*  ha  visto  en  los  caminos  de  su  transito 
desde  Santiago  a  Esta ;  y  si  Y .  E.  halla  exagerada  mi  relación,  crea» 
q''  el  vivo  interés  y  el  rabioso  empeño  por  el  bien  de  nuestra  causa 
ha  dado  la  fuerza  a  mis  expresiones,  para  hacer  patente  la  necesi- 
dad del  remedio. 

Dios  gue  a  V.  E.  m*  a'  Gordova  i3  de  Sept*  de  1810. 

Exmo  Señor 

JuAn  Martin  de  Pueyrredoic. 

Exmo  S"*^  Presid^  y  Sres  vocales  déla  Janta  GavernaC . 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  333 


N'»  45 


AlfA    PÉRIGHON    AL    D''    ECHEVARRÍA 

Muy  S*'  mió  :  Las  adiccíones  y  trabajos  que  he  padecido  con  mo- 
tivo de  haber  barado  en  punta  de  Piedras  la  Fragata  en  que  me 
conducía  con  toda  my  familia  desde  el  Rio-Janeiro  á  esa  Cap^  y  el 
recio  temporal  q^se  ha  experim''''  en  estas  Balisas  desde  que  Arribé  á 
ellas,  no  me  han  permitido  comunicará  Vm  con  mas  anticip"  la  no- 
ticia de  mi  Venida  é  implorar  en  conseq*  el  favor  de  Vm  p*  que 
usando  del  Poder  que  le  tengo  dado,  me  alcanze  de  los  SS"*  que 
componen  la  Junta  de  Goviemo  de  este  Reino  la  Licencia  necesaria 
p*  mi  desembarco  y  recid'  en  mi  Chácara  ó  donde  tengan  por  Con- 
ven^ pues  mi  salud  quebrantada  con  los  trabajos  de  la  naveg"  y  al 
falta  de  auxilios  con  que  me  hallo  p*"  sustentarme  con  mi  crecida  fa- 
milia exijen  de  necesidad  la  pronta  ascención  de  dho  permiso,  el 
qual  si  seme  negase  (que  no  lo  Espero  de  la  Justifica"  de  los  Expre- 
sados SS"*)  completaría  la  amarga  Carrera  de  mis  infortunios  y 
maritimas  perigrinaciones,   reduciéndome  a  lasituacion  de  lamas 
lamentable  que  Vm.  puede  imaginarse.  Los  gastos  que  he  sufrido 
son  incalculables,  ya  en  el  pago  de  mis  transp^"  de  esa  Ciudad  al 
Rio-Janeiro  y  ya  de  este  destino  á  ese,  ademas  de  los  q*  he  tenido 
durante  my  mansión  en  aq^  que  son  execivos  y  sise  me  obligase  de 
nuevo  a  regresar  á  el  no  podria  realizarlo  por  no  asistirme  ya  me- 
dios con  que  pagar  un  nuevo  flete  y  mucho  menos  p*  sostenerme 
con  solo  el  alquiler  de  my  Casa  con  mi  larga  familia  en  un  Pais  ex- 
traño en  donde  los  articules  de  prim*  necesidad  son  extremadam** 
Carros. 

P.  D.  Espero  que  Vm.  como  quese  hallabien  instruido  de  todos 
mis  asuntos  girará  el  presente  con  la  eficacia  propia  de  su  Carácter 


334  ANALES  DE  LA  BIBUOTEGA 

y  en  los  términos  que  le  parescan  mas  propios.  — entre  tanto  q^ 
sumuy  humilde  Servidora  &.&.&. 

Ana  Perichoh  de  OGormah. 
S*»'  D"  Vicente. 


N«  46 


LA  JUNTA  AL  CAPITÁN  DEL  PUERTO 


La  Junta  ha  permitido  que  Madama  O  -Gorman  pueda  bajará 
tierra  con  el  objeto  de  reparar  su  salud  quebrantada,  pero  con  ia 
precisa  calidad  deno  fíxarse  un  momento  en  esta  Capital,  sino  trans- 
ferirse inmediatam^ásuChacra,  donde  deberá  permanecer  por  ahora 
guardando  la  circunspección  y  retiro  q*  le  encargo  el  Govierno  y 
observará  por  sí  mismo.  Y  lo  prevengo  á  Vm.  p' su  cumplim**  y 
q*  lo  haga  entender  á  la  Interesada  en  el  acto  en  q*  quiera  verificar 
su  desembarco. 

Dios  g*  Nov*  3  de  i8io 

Al  Capitán  de  este  Puerto 


N«  47 


RELACIÓN  DE  LOS  l&LTIMOS  HECHOS  T  FIN  HEROICA  DEL  GENERAL  LÜVIERS. 

El  3o  de  Mayo  de  i8io  se  supo  en  la  ciudad  de  Cordova  del  Tu- 
cuman  el  movimiento  que  empezó  á  manifestarse  en  la  de  Buenos 
Aires  el  ai  del  mismo  mes.  Inmediatamente  dispuso  aquel  cavallero 
Govemador  Intendente  el  Brigadier  déla  Armada  D.  Juan  Gutiér- 
rez de  la  Concha  formar  una  Junta  para  oir  el  parecer  de  las  per- 


DOCUMENTOS  SOBRE  UNIERS  335* 

soaas  mas  caracterizadas  del  pueblo  en  tan  criticas  circunstancias ; 
a  este  fin  convocó  al  lU"*  S•^  Qbispo  D.  Rodrigo  de  Orellana,  al 
ExcmoS**'D.  Santiago Liníers  Gefe  de Esquadra  Ex- virrey  interimo. 
de  las  Provincias  del  Rio  de  la  Plata,  y  á  los  SS.  D.   Santiago  Ali- 
xa  de  Allende  Coronel  de  Exercito  y  del  Regimiento  Provincial  de- 
Cordova»  D.* Miguel  Sánchez  Moscoso  Oydor  Jubilado  de  la  Au- 
diencia del  Cuzco,  D'  D.  Miguel  Gerónimo  Zamalloa  Asesor  Jubi- 
lado del  govierno  de  Montevideo  Oydor  honorario  de  la  Audienciai 
de  Buenos-A yres,  D^  D.  Gregorio   Funes  Dean  de  aquella  Santas 
Iglesia,  D.  Joaquín  Moreno  Ministro  Tesorero  de  Real  Hacienda  de- 
la  provincia  de  Cordova,  D'  D.  Victorino  Rodríguez  Teniente  !e- 
trado  del  mismo  govierno  e  intendencia,  Oydor  honorario  de  la^ 
Audiencia  de  Buenos-Ayres  y  Juez  conservador  del  Mineral  de  Fa- 
matina,  D.  José  de  la  Piedra  y  D'  D.  José  Ortizdel  Valle  Alcalde- 
de  I®  y  3**  Voto,  y  D.  Lorenzo  Marza  Diputado  del  Comercio  (i) ; 
manifestóles  las  noticias  recividas,  y  su  firme  resolución  de  derra- 
mar hasta  la  ultima  gota  de  su  sangre,  por  defender  y  conservar  la. 
integridad  de  los  derechos  de  la  Nación  y  autoridad  que  estaban  á. 
su  cargo ;  todos  animados  del  mismo  zelo  aprovaron  esta  conducta, 
y  se  prestaron  á  auxiliarlo  con  quantos  medios  estubiesen  en  su 
poder,  y  S"""  Liniers  se  ofreció  a  organísar  todas  las  fuerzas  y  recur- 
sos que  pudieron  oponerse  á  los  rebeldes,  de  que  resultó  alos  con- 
currentes la  maior  satisfacción  por  ver  las  armas  al  cargo  de  un  Ge- 
neral que  siempre  habia  vencidos  los  enemigos  del  Estado.  Desde* 
este  momento  no  perdonó  el  S'  Liniers  ninguno  de  trabajo  al  in- 
tento. 

El  7  de  Junio  llegó  á  Cordova  el  correo  general  de  la  Capital  que 
confirmando  las  noticias  citadas  conducia  los  manifiestos  y  documen- 
tos de  la  instalación  del  govierno  revolucionario  en  Buenos-Ayres 
el  25 de  Mayo,  y  los  oficios  circulares  que  lafuerza  hizo  firmar  al. 
Exmo  S**'  D.  Baltasar  Hidalgo  de  Cisneros  Virrey  de  aquellas  pro- 

(i)  No  vuelve  á  encontrarse  este  apellido  en  la  crónica. local,. ni  figura  entre  los  de»-- 
titaidoa  ó  peneguidoa  por  la  Junta  de  Comisión. 


336  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

vincias,  y  al  Exmo  Cavildo  de  la  Capital  dirigidos  á  sorprender 
á  los  Gefes  de  las  Provincias,  y  generalisar  la  revolución,  exigien- 
do el  reconocimiento  y  obediencia  al  nuevo  goviemo  quien  permi- 
tía todo  de  oficio  al  de  Cordova. 

El  mismo  correo  condujo  cartas  particulares  para  los  S.S.  Li* 
niers,  Concha  y  Allende,  en  las  guales  aconsejándoles  la  adhesión 
al  nuevo  sistema,  les  hacian  las  mas  lisonjeras  ofertas,  y  concluian 
con  las  mas  terribles  amenazas  caso  de  oposición  ó  resistencia:  todo 
produjo  en  estos  111"*  Españoles  un  mismo  efecto,  el  desprecio. 

La  noche  de  dicho  dia  7,  convocó  el  Governador  Intendente  nue- 
vamente á  junta,  alos  mismos  que  compusieron  la  anterior,  y  lei- 
dos  en  ella  todos  los  papeles  de  oficio,  después  de  haberse  hecho  so- 
bre todos  y  cada  uno  de  ellos  las  mas  sabias  reflexiones  fundadas  en 
derecho  y  en  las  sagradas  obligaciones  de  todo  buen  Español,  uná- 
nimemente juraron  sacrificarse  por  defender  la  justa  causa  de  la 
Nación  Española  y  de  nuestro  monarca  el  S'  D.  Fernando  7'. 

El  Dean  Funes  ya  en  este  acto  no  pudo  ocultar  su  decidida  opo- 
sición aeste  modo  de  pensar,  y  se  singularizó  defendiendo  alos  re- 
volucionarios,  pretendiendo  a  fuerza  de  sofismas  persuadir  la  obe- 
diencia y  unión  ala  capital ;  y  aun  viendo  destruidos  sus  argumentos 
por  las  sólidas  razones  que  le  opusieron,  no  por  eso  dejaba  de  tocar 
nuevos  medios  de  hacer  prevalecer  su  iniqua  opinión,  con  lo  que 
irritó  tantoel  delicado  patriotismodel  S'  Liniersque  apesar  de  la  amis- 
tad con  que  lo  distinguía,  después  dehaberesforzado  todaslasrazones 
en  contra  le  dijo  que  todo  aquel  que  adhiriese  al  partido  de  la  Janta 
revolucionaria  de  Buenos  Aires,  y  aprovase  la  deposición  del  Virrey 
y  demás  que  se  habia  hecho,  debia  ser  tenido  por  un  traidor  alos  in- 
tereses de  la  Nación  que  la  conducta  de  los  de  Buenos  Aires  conlü 
Madre  Patria  en  la  critica  situación  en  que  se  hallaba  por  la  atroz 
usurpación  de  Napoleón,  era  igual  ala  de  un  hijo  que  viendo  á  su 
padre  enfermo,  pero  de  un  mal  que  provablemente  salvaría,  le  ase- 
sinaba en  la  cama  por  heredarlo  ».  Todo  fue  inútil  para  el  Dean 
Funes  que  desde  este  momento  quitó  la  mascara  asu  hipocresía,  y 


DOCUMENTOS  SOBRE  UNIERS  337 

nada  dejó  de  hacer  por  se^ir  lo  que  le  dictaba  su  ingrato  y  co- 
rrompido corazón. 

El  S"'  Liniers  que  en  el  mismo  correo  había  recibido  por  conduc- 
to de  un  buen  Español,  sugeto  de  su  confianza  y  de  la  del  S^  Virrey 
Gisneros  las  ordenes  de  este  en  que  después  de  manifestarle  el  por- 
menor de  los  sucesos  (i)  :  la  violencia  conque  le  habian  obligado  á 
renunciar  el  superior  mando  :  la  con  que  le  habian  arrancado  su  fir- 
ma ;  y  la  que  habia  padecido  para  los  mismos  objetos  el  Exmo 
Gavildo  cuia  conducta  y  accendrada  fidelidad  y  patriotismo  califica- 
ba ;  le  mandaba  oponerse  á  la  Junta  Revolucionaria,  resistiendo  la 
fuerza  con  la  fuerza  ;  que  esto  mismo  lo  hiciese  entender  al  S'  Go* 
vernador  Concha,  y  ambos  atodos  los  Governadores  Intendentes 
del  Rey  no;  que  el  S*"' Liniers  lo  noticiase  particularmente  al  Exmo 
S*'  Virrey  de  Lima  D.  José  Fernando  Abascal,  y  al  S'  Presidente 
interino  del  Cuzco  el  Brigadier  D.  José  Man*  Goyeneche,  anadien- 
do  al  S'  Liniers  que  obrase  como  correspondía  a  un  General  que 
estaba  en  plena  libertad,  y  al  S"'  Concha  como  debia  por  su  empleo. 

Estas  ordenes  en  que  el  S"^  Gisneros  se  estendia  con  la  generosi- 
dad y  confianza  que  exigía  el  distinguidísimo  mérito  de  los  Gefes 
que  debían  obedecerlas  y  auxiliarlas  produjeron  en  los  SS.  Liniers 
y  Concha,  la  satisfacción  de  ver  aprovada  la  conducta  que  habian 
adoptado,  y  no  desmentido  el  concepto  que  tenían  de  Gefe  supe- 
rior y  del  Cavildo  de  la  Capital;  lo  qual  manifestaron  atodos  los  de 
la  Junta  (menos  á  Funes)  y  obrando  en  ellos  el  mismo  efecto,  man- 
daron quemar  todos  los  papeles  que  el  subversíbo  govierno  de  Bue- 
nos-Ay  res  dirigía  alos  de  las  demás  Provincias. 

Comunicaron  Liniers  y  Concha  dichas  ordenes  atodos  los  Go- 
vernadores y  demás  sugetos  indicados,  con  tal  brevedad  que  en  9 
de  Julio  se  recívieron  en  Lima  acompañadas  con  las  representacio- 
nes de  los  Governadores  y  Ayuntamientos  de  Cordova  y  Salta  del 
Tucuman,  Potosí,  la  Plata  y  la  Paz  pidiendo  socorros  y  algunos 


(i)  Probablemente  e«te  ha  de  ser  el  celebradlo  riaje  del  joven  Lavin. 

Aa4U>  0>  LA   BIBtlOTBCA.    —  T.    III  H 


338  ANALES  DE  LA  BIBUOTECA 

anadian  aesta  suplica,  la  de  ser  admitidos  bajo  el  mando  de  aquel 
benemérito  Virrey  el  S"'  Abascal  quien  con  todos  los  buenos  Espa- 
ñoles de  que  abunda  Lima,  tubieron  en  medio  de  su  dolor,  el  sin- 
gular placer  de  ver  que  la  revolución  no  tenia  mas  dominio  que  en 
Buenos-Ayres,  y  se  pronunciaban  con  alegría  y  respeto  los  nombres 
de  Cisneros,  Liniers,  Concha,  Sanz,  Cavildo  de  Buenos-Ayres  y 
demás  Geíes  que  manifestaron  ser  acreedores  de  la  confianza  con 
que  el  Rey  y  la  Nación  los  habia  honrado. 

¡  Quanto  alcanza  la  actividad  de  los  Gefes ! 

A  la  con  que  obró  e  hizo  obrar  en  esta  ocasión  el  S'  Liniers  cir- 
culando la  expresada  orden,  se  debe  que  en  Ss  dias(desde7  de 
Junio  á  9  de  Julio)  se  corriesen  sobre  700  leguas  que  median  desde 
Gordo  va  á  Lima,  con  las  paradas  que  se  adbierten  :  que  se  supiese 
en  Lima  la  verdad  de  este  interesan tisimo  suceso  y  que  no  hubiese 
penetrado  en  el  territorio  de  aquel  Virreinato  la  revolución,  pues  su 
digno  Gefe  el  Señor  Abascal  mandó  inmediatamente  el  Señor  Go- 
yeneche  con  tropas  al  Desaguadero  y  aquellos  limites  fueron  los  de 
laRevolucion . 

Desgraciadamente  se  vio  que  la  infidelidad  pudo  llegar  a  domi- 
nar en  algunos  pueblos  y  con  demasiada  rapidez  aumentarse  los 
revolucionarios,  sacrificar  tan  distinguidos  Españoles  y  hacer  succe- 
der  el  sentimiento  al  gozo. 

Para  realizar  en  Cordova  una  fuerza  capaz  de  (ponerse  alos  insur- 
gentes, se  tomaron  las  medidas  mas  activas*  y  como  se  necesitase 
Artillería  en  igual  numero  ala  que  estoe  podian  conducir,  se  mandó 
recoger  la  que  habia  en  el  fuerte  de  S"  Garlos  que  estaba  todo  des 
montada;  y  no  habiendo  ningún  carpintero  capaz  de  hacer  los 
montages.  tubo  el  S'  Liniers  que  delinear  todas  las  piezas  de  car- 
pinteria  y  herrería,  y  presenciar  en  ambos  oficios  la  execucion  lo- 
grando con  su  eficacia  y  viveza  montar  y  dejar  listos  el  i4  o  i5  de 
Junio  1 4  cañones;  formó  dos  compañías  de  esta  arma  instruiendo 
por  sí  mismo  alos  soldados  y  aun  alos  que  nombró  oficíales ;  y  auxi- 
liado por  el  tesorero  D.  Joaquín  Moreno  que  fué  el  que  mas  sccfc- 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  339 

ting-uióentre  los  subalternos,  concurriendo  simultáneamente  alo 
que  estaba  encargado  en  su  actual  empleo  y  ala  instrucion  de  la 
tropa  cuia  carrera  babia  seguido,  logró  reunir  ig^  hombres  de 
todas  armas,  incluso  el  regimiento  provincial  de  Gordova  con  los 
cuales  sin  duda  se  hubiera  hecho  temer  de  los  enemigos,  y  cuando 
no  los  hubiese  derrotado  al  menos  hubiera  impedido  sus  pro- 
gresos. 

Esto  mismo  puntualmente  temieron  los  insurgentes,  y  su  partido 
en  Gordova  que  regían  el  Dean  Funes  y  su  hermano  D.  Ambrosio,. 
y  adoptaron  los  medios  de  devilitar  esta  fuerza  ;  no  entrare  por  aho- 
ra en  el  por  menor  de  los  sugetos  que  los  auxiliaron,  ni  en  todos 
los  pasos  que  dieron  para  conseguirlo,  y  solo  me  contraeré  aque 
nada  perdonaron  para  realizarlo,  y  se  vieron  pronto  los  efectos  en 
la  deserción  de  esta  tropa  que  sedugeron  y  ganaron  afuerza  de  di- 
nero. 

Observado  esto  por  el  S'  Liniers,  de  acuerdo  con  el  S'  Goncha^ 
teniendo  noticia  de  que  en  Buenos  Aires  se  preparaba  una  expedi- 
ción de  I  g)  hombres  bajo  el  pretexto  de  auxiliar  el  Perú,  cuio  nu- 
mero se  habia  duplicado  al  que  se  habia  asignado  en  el  acta  que  se 
publicó  por  bando  a  la  instalación  de  la  Junta.  Determinó  mandar  á 
su  hijo  el  alférez  de  Navio  D.  Luis  de  Liniers  á  Montevideo  á  soli- 
citar algún  socorro  de  tropa  de  aquella  Plaza  para  hacerse  respetar 
y  sugetar  con  ella  el  resto  que  le  quedaba  y  tomaí  otras  providen- 
cias necesarias. 

A  pesar  del  sigilo  y  prontitud  con  que  executó  D.  Luis  Liniers  su 
salida  de  Gordova  aprincipios  de  Julio  (i)  no  pudo  escaparse  al  zelo 
del  Dean  Funes  quien  dio  parte  ala  Junta  de  Buenos  Aires  y  aun- 
que por  esta  se  interceptaron  los  caminos,  logró  aquel  embarcarse 
en  una  balandra  que  salia  de  Santa  Fé  para  Montevideo,  pero  al 
pasar  por  San  Nicolás  de  los  Arroyos  fué  detenida  y  el  preso  por 
un  oficial  Larramendi  subteniente  de  Blandengues  de  Santa  Fé  y 

(1)  Salió  el  3o  de  junio. 


34o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

conducido  con  el  maior  rigor  á  Buenos  Aires  en  compañía  del 
respectable  Presvitero  D'  Alzugarai  que  lo  habia  acompañado  hasta 
su  embarque  y  a  quien  prendieron  por  esta  sola  razón  ;  sufrió  D. 
Luis  una  prisión  de  76  dias  con  incomunicaciones  repetidas,  sin 
que  el  mui  mal  estado  de  su  salud,  ni  la  responsabilidad  que  pres- 
taba por  su  persona  el  Padre  Prefecto  del  Hospital  Betlemitico  para 
que  le  permitiessen  pasar  a  el  á  curarse  hubiesen  podido  ablandar  á 
aquel  inhumano  govierno  para  que  le  concediese  algún  alivio. 

Este  oficial  no  se  descuidó  en  el  momento  de  su  prisión  en  salvar 
la  correspondencia  que  conducía,  y  se  aprovechó  de  un  honrado 
Español  que  en  el  mismo  buque  seguia  viage  á  Montevideo  aquien 
encargó  la  entrega,  que  se  verificó  inmediatamente  de  su  arrívo. 

Este  es  entre  otros  uno  de  los  graves  males  que  de  esta  revolución 
se  siguieron  al  Estado. 

El  S^  Liniers  (nótese  que  cuando  hablo  de  este  S*^  en  materia  de 
disposiciones,  se  entiende  de  acuerdo  con  los  S"^*'  Concha,  Allende, 
Moreno  y  Rodríguez  y  con  el  111"***  S**'  Obispo,  pues  que  todosanima- 
dos  de  unos  mismos  sentimientos,  y  dotados  de  conocimientos  no 
comunes,  nada  dejaban  de  comunicarse  para  el  mejor  acierto)  el 
S'  Liniers,  pues  que  tubo  noticia  de  que  se  aproximaba  el  Exercilo 
auxiliador  déla  revolución  que  habia  salido  de  Buenos-Ayres  el  7 
de  Julio,  al  mando  del  Coronel  Francisco  Antonio  Ortiz  de  Ocam- 
po,  en  numero  de  i  ^  hombres  de  todas  armas  con  4  ó  6  piezas  de 
Artillería ;  que  supo  la  prisión  de  su  hijo ;  que  no  vio  venir  de 
Montevideo  el  socorro,  sin  embargo  que  se  remitió  de  Cordova  otro 
sujeto  con  el  mismo  objeto  y  que  vio  crecer  la  deserción  de  sus  tro- 
pas al  paso  que  se  acercaban  las  enemigas ;  que  su  fuerza  se  ha- 
bia reducido  á  solos  4oo  hombres,  con  los  cuales  no  podia.  ni 
debia  aventurarse  á  la  defensa ;  no  queriendo  dar  motivo  a  que  las 
tropas  de  los  insurgentes  saqueasen  á  Cordova,  se  resolvió  en  Jun- 
ta que  celebraron  el  27  de  Julio,  dirigirse  al  Perú  á  reunirse  con  la 
tropas  que  debia  enviarles  el  Gobernador  de  Potosi  D.  Francisco  de 
Paula  Sanz. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LIMERS  34i 

El  3 1  del  mismo  verificaron  su  salida  de  Cordova  entre  la  cons- 
ternación que  causó  en  la  maior  parle  de  aquel  pueblo,  la  separa- 
Clon  de  unos  Gefes  que  con  su  bondad  se  habian  ganado  su  amor  ; 
y  de  su  Ill«  Prelado  aquien  tiernamente  amaban  por  sus  virtudes,  y 
<pje  sabian  se  via  precisado  aesta  ausencia  por  no  exponerse  á  los 
insultos  y  violencias  que  justamente  temia  de  los  rebeldes  como 
lo  acreditó  la   experiencia.    Solo  los    corifeos  de  la    revolución 
níianifestaron   serenidad  y  satisfacción  en  medio  del  dolor  y  llanto 
publico,  sin  atreverse  por  temor  á  manifestar  lo  contrario  los  pocos 
qwe  pensaban  bien  y  no  estaban  unidos  con  el  Dean ;  Señor  D.  Gre- 
gorio Tadeo  Llanos  Canónigo  de  Merced  de  aquella  Santa  Yglesia 
yelD'D.  Fernando  Garcia  Pres> itero   tubieron  bastante  patrio- 
tismo para  no  abandonar  su  Prelado  y  Gefes;   el  i°  en  clase  de 
Capellán  del  S'  Liniers  aquien  acompaño  con  distinguido  zelo  en  la 
Reconquista  de  Buenos-Ayres;  y  el  2°  en  la  de  Capellán  déla  tropa  ; 
este  sigue  en  el  dia  el  ejercito  del  S'  Goyeneche  y  aquel  está  depues- 
to de  su  canongia. 

La  noche  del  mismo  dia  que  salieron  de  Cordova  se  desertaron 
5o  hombres  y  sucesivamente  los  demás,  en  tal  grado  que  á  los  qua- 
trodias,  solo  algimos  oficiales  acompañaban  á  los  Gefes.  La  com- 
pañía de  veteranos  partidarios  de  la  Frontera  en  que  fundaban 
maior  confianza,  se  desertó  toda  junta  al  medio  dia  y  a  vista  de  los 
Gefes  á  quienes  no  solo  insultaron  con  gritos  y  voces,  si  no  que  dis- 
pararon tres  tiros  de  fusil,  y  corrió  mucho  riesgo  la  vida  del  S' 
obispo  que  estaba  rezando  el  oficio  Divino. 

A  este  estado  de  insubordinación  e  insolencia  los  habian  reducido 
la  seducción,  y  promesas  que  les  habian  hecho  en  Cordova,  no 
menos  que  á  su  Comandante  el  Subteniente  D.  José  González  agre- 
gado al  Regimiento  de  Infantería  de  Buenos-Ayres  que  al  siguiente 
dia  se  desertó. 

En  la  Aguadita  lugar  distante  5o  leguas  de  Cordova  la  noche  del 
3  de  Agosto  se  incendiaron  casualmente  dos  carretillas  cargadas  de 
pólvora  y  municiones  y  600  granadas  de  mano  que  la  falta  de  otras 


342  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

hizo  idear  y  mandó  fabricar  el  S*"  Liniers  de  un  barro  mui  duro  que 
se  experimentó  bacian  mucho  estrago.  Este  succeso  y  la  imposibili- 
dad de  conducir  la  Artillería  porque  los  Maestros  de  postas  y  demás 
vecinos  pudientes,  igualmente  vencidos  por  la  seducción  negaban 
los  auxilios,  les  obligó  á  clavarla  y  quemar  las  cureñas  para  que  no 
sirviesen  á  los  enemigos. 

Los  cavallos  que  en  crecido  numero  sacaron  de  Cordova  para 
atender  atodo  lo  necesario,  se  habian  ya  perdido  por  que  Gaspar 
Corro,  Pedro  Juan  González,  José  Arguello  y  el  D*^  Manuel  Rivada- 
via  que  seguian  ocultamente  este  pequeño  exercito  de  noche  los 
habian  hecho  huir,  y  por  este  servicio  fueron  premiados  el  prime- 
ro con  el  empleo  de  Sargento  mayor,  los  dos  siguientes  con  los  de 
capitanes  todos  con  sueldo,  y  el  último  con  el  de  secretario  de  go- 
vierno  de  Cordova.  Algunos  vecinos  fieles  prestaron  alos  Gefes 
quantos  auxilios  pudieron,  pero  no  fueron  bastantes  para  poder 
seguir  su  marcha  con  brevedad. 

Quando  llegaron  ala  Parroquia  del  Rio  Seco  tubieron  noticia  de 
quel  el  Exercito  insurgente  habia  entrado  en  Cordova  en  medio  de 
aclamaciones  de  los  revolucionarios  y  que  su  llamado  General  Ortiz 
de  Ocampo  antes  de  entrar  en  la  ciudad,  bien  asegurado  de  que  no 
podian  continuar  su  marcha  con  presteza  por  falta  de  auxilios,  ha- 
bia destacado  200  hombres  al  mando  de  su  Mayor  General  el  Te- 
niente Coronel  Antonio  Valcarce  en  su  seguimiento;  en  esta  inteli- 
gencia determinaron,  pues,  los  Gefes  caminar  divididos  del  modo 
que  pudiesen,  acordando  un  punto  de  reunión ;  dejaron  en  libertad 
atodos  los  oficiales  que  les  acompañaban  para  que  pudiesen  retirar- 
se y  quedaron  algunos  que  no  quisieron  abandonarlos  :  despacha- 
ron dos  sugetos  á  Potosi  con  credenciales  para  dar  noticias  al  Go- 
bernador Intendente  de  su  estado  y  resolución,  uno  de  estos  fué  el 
Capellán  D'  García. 

La  opinión  del  S**  Liniers  habia  sido  desde  el  principio  pasar  á 
Potosi  ala  ligera  acompañado  de  su  hijo  D.  Luis  y  reunirá  las  fuer- 
xas  que  tenia  el  S*^  Nieto  en  Chiquiraca  ó  la  Plata  (en  las  cuales  ha- 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  343 

bia  algunas  tropas  Veteranas)  todas  las  que  alli  considerase  útiles, 
y  así  se  loescrivióal  S*^  Abascal,  quien  en  su  circular  de  ii  de 
Julio  manda  á  todos  los  Gefes  de  las  Provincias  que  se  le  habian 
reunido,  obrar  de  acuerdo  con  el  S^  Liniers;  pero  habiéndole  hecho 
presente  en  Gordo  va  que  su  persona  podía  ser  mas  útil  alli  que  en  el 
Perú,  se  prestó  á  desistir  de  su  viage  pues  este  gefe  como  buen  mi- 
litar nunca  conoció  utilidad  propia,  si  no  la  de  la  Nación  y  del 

Rey. 

A  consecuencia  de  lo  que  acababan  de  acordar;  el  S'  Liniers  con 
su  ayudante  D.  Melchior  Labin  y  su  capellán  el  canónigo  llanos, 
tomó  un  camino  estraviado  á  la  izquierda  :  el  111"°  S*'  obispo  con  su 
familiar  y  secretario  el  recomendable   Padre  Premon trátense  D. 
Pedro  Ximenez  que  lo  habia  acompañado  desde  su  salida  de  Gordo- 
va,  auxiliados  del  cura  de  aquel  partido  D'  D.  José  Domingo  de 
Allende,  vestido  S.  I.  de  simple  clérigo  y  dejando  en  su  poder  las 
vestiduras  Episcopales  y  ifj)  pesos  en  oro  para  que  se  lo  librase  o 
remitiesse  según  su  destino  y  circunstancias;  se  dirigió  por  el  ca- 
mino de  la  derecha  a  casa  del  Eclesiástico  Maestre  D.  Juan  José 
Espinosa;  los  quatro  S.  S.  restantes  siguieron  el  camino  común  de 
la  posta  acompañados  de  aquellos  oñciales  que  no  habian  querido 
desampararlos  sin  embargo  que  les  dieron  libertad   para  que   lo 
hiciesen. 

Al  dia  siguiente  de  esta  separación,  llegó  al  lugar  de  ella  la  divi- 
sión que  los  insurgentes  habian  despachado,  la  que  habia  hecho 
una  marcha  extraordinariamente  ligera,  que  solo  hubieran  conse- 
guido con  las  caballadas  apostadas  al  intento  por  Mariano  Usan- 
dibares,  José  Irasa  y  Esteban  Bustos  que  con  Gorro  y  dema^ 
citados,  habian  contribuido  a  que  faltasen  estos  auxilios  á  los  Gefes. 
La  Junta  premió  a  Usandibares  haciéndolo  Gomandante  con  sueldo 
del  Regimiento  que  se  lebantó  en  Gordova ;  a  Irasa  lo  nombró  Mi- 
nistro Tesorero  de  aquella  caja  cuio  empleo  obtenia  Moreno  y  á 
Bustos  Alcalde  ordinario  de  i"  voto. 

Antonio  Valcarce  fué  instruido  inmediatamente  de  los  caminos  que 


á' 

i 


344  ANALES  DE  LA   BIBLIOTECA 

habían  tomado  y  despachó  tres  partidas  en  su  seguimiento,  orde- 
nando un  punto  de  reunión  caso  de  ser  alcanzados  y  presos. 

El  5  de  Agosto  hizo  noche  el  S'  Liniers  con  los  que  le  acompa- 
ñaban en  una  infeliz  choza  y  rendidos  del  camino  y  fatiga  que  les 
causó  haber  caminado  20  leguas  á  caballo  por  caminos  ásperos  y 
quebrados  se  entregaron  a  un  profundo  sueño ;  a  media  noche  los 
sorprendió  la  partida  que  los  perseguía  mandada  por  el  teniente 
José  María  Orien,  joven  que  siempre  se  ha  distinguido  por  estar 
adornado  de  todos  los  vicios,  los  recordó  poniéndoles  las  bayonetas 
al  pecho,  los  precisó  a  vestirse  y  en  seguida  los  ató  con  los  abrazos 
atrás,  pero  con  tal  crueldad  al  S^  Liniers  que  le  rehén tó  la  sangre 
por  las  yemas  de  los  dedos.  Correspondiente  aeste  tratamiento  era 
el  que  de  palabra  le  hacia  Oríen  tuteándolo  y  nolla mandóle  sino 
picaro  Sarraceno.  Sarracenos  llaman  los  rebeldes  alos  que  por  fieles 
á  la  buena  causa  son  opuestos  asu  sistema. 

Tres  horas  permanecieron  atados  que  fueron  las  que  tardó  en 
amanecer  el  dia  y  parte  de  este  tiempo  se  ocupó  Orien  en  saquear 
los  equipages  de  los  presos,  siendo  de  bastante  valor  el  de  S.  E.  (i) 
Luego  que  amaneció  dispuso  Orien  conducirlos  al  lugar  señalado 
por  Valcarce,  y  montando  el  en  la  silla  y  con  las  armas  del  S'  Li- 
niers, le  puso  á  este  una  indecentisima  é  incomoda  montura. 

De  este  modo  fué  conducido  en  medio  de  soldados  el  Reconquis- 
tador de  Buenos-Ayres,  el  libertador  de  la  America  del  Sur. . .  un  Ge- 
neral, y  llegó  aaquel  sitio  con  griteria  y  escarmio(^ííc^;  pero  nada  de 
esto,  ni  la  suma  incomodidad  que  le  resultaba  de  ir  mal  montado ; 
ni  quantos  actos  de  humiliacion  le  hicieron  sufrir,  fueron  bastantes 
para  abatir  su  heroico  animo,  y  nunca  le  desamparó  su  presencia 
de  espiritu,  con  la  que  guardó  el  cordel  con  que  fué  atado,  diciendo 
que  lo  apreciaría  siempre  como  una  señal  gloriosa  de  su  fidelidad  á 
la  nación  Española  y  d  su  Rey  Fernando  7**. 

La  partida  que  fué  aperseguir  al  111"***  S°'  Obispo  mandada  por  el 

(1)  Véase  en  Arehivo,  II,  s6o,  el  decreto  ordenando  el  proceso  de  üríen. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  345 

oficial  Manuel  Roxas  se  dirigió  a  casa  del  Cura  Allende,  quien  lle- 
vando ropas  Episcopales  fué  con  el  ala  casa  del  Eclesiástico  en  que 
estaba  hospedado  S.  I.  que  fué  insultado  en  tal  grado  por  el  oficial, 
que  irritado  el  dueño  de  la  casa,  intentó  convocar  sus  criados  para 
impedir  la  prisión  y  lo  contubo  el  Cura  Allende  sin  que  le  advir- 
tiesse  el  oficial,  lo  qué  fué  una  felicidad  para  que  este  buen  Eclesiás- 
tico no  padeciese. 

Si  se  atiende  aque  todos  los  vicios  parecen  naturales  en  todos  los  ■*,, 

oficiales  de  los  revolucionarios,  y  que  se  distinguen  mas  en  la  irre- 
ligiosidad, se  concibirá  fácilmente  quanto  padeció  este  respetabilísi- 
mo Prelado;  el  oficial  Roxas  le  registró  indecorosamente,  le  quitó 
la  esposa  y  tres  onzas  de  oro  que  tenia  en  el  bolsillo,  y  diciendole 
S.  I.  con  su  natural  dulzura  Apostólica  (quando  lo  intentó)  que 
adbirtiese  que  habia  excomunión  mayor  reservada  al  Papa,  para  el 
que  pusiese  las  manos  en  su  persona,  le  contestó  con  expresiones 

tan  obcenasque  el  pudor  no  permite  repetir.  Aunque  su  S.  I.  esta-  | 

ba  convaleciente  de  una  grave  enfermedad,  le  obligó  non  solo  á  mon- 
tara  caballo  (vestido  como  ya  lo  estaba  con  sus  ropas  Episcopales) 
sino  y  lo  que  es  mas,  a  galopar;  fué  tal  el  cansancio  de  S.  I.  que  en 
una  posta  aque  llegaron  á  mudar  caballos  se  iba  á  tirar  en  el  suelo 
por  no  poder  mantenerse  en  pie,  y  una  virtuosa  mujer  le  puso  una 
alfombra.  Rogó  por  Dios  S.  I.  con  el  maior  encarecimiento  al  ofi- 
cial, le  diese  un  rato  de  descanso,  pero  su  respuesta  compuesta  de 
blasfemias  atormentó  al  Prelado  mas  que  el  cansancio  y  la  fatiga* 
Y  por  que  no  volviesen  a  repetirse  montó  nuevamente  á  caballo,  y 
este  monstruo  ú  oficial  tubo  el  bárbaro  placer  de  castigar  el  por  si 
mismo  el  caballo  en  que  iba  S.  I.  para  que  corriese  hasta  llegar  al 
lugar  de  reunión. 

El  Cura  Allende  pasó  á  Cordova  y  entregó  á  aquel  govierno  los 
I  f¡¡^  pesos  de  su  obispo,  y  ademas  denunció  el  lugar  en  que  S.  I. 
tenia  ocultos  800  marcos  de  plata  pina  que  habia  destinado  para 
una  obra  pia,  los  quales  con  todos  los  demás  vienes  fueron  seqües- 
trados,  ó  mejor  se  dirá  robados  porque  no  se  sabe  el  paradero  de  la 


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3)^6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

maior  parte.  Este  cura  que  asi  correspondió  alas  distinciones  y  con- 
fianzas de  su  Prelado,  quiso  justificarse,  diciendo  que  el  temor  de 
incurrir  en  la  excomunión  que  los  revolucionarios  obligaron  al 
Provisor  de  Gordo  va  apublicar  para  que  se  manifestaron  todos  los 
vienes  de  los  111**  fugitivos,  como  si  el  creiese  que  esta  censura  saca- 
da ala  fuerza  y  sin  las  previas  diligencias  que  ordenan  los  cañones, 
siendo  ademas  local  y  no  habiéndosele  comunicado  podía  com- 
prenderlo ;  si  lo  creyó  es  lamentable  creencia  en  un  Párroco  (2). 

Los  cuatros  S.S.  restantes  que  caminaban  juntos  como  se  ha  di- 
cho llegaron  hasta  la  puerta  de  la  travesía  de  Ambargasta,perono 
pudiendo  ya  continuar  su  viaje  por  estar  Qacas  y  debilitadas  lis 
caballerias  fueron  afletar  otras  acasa  de  un  buen  vecino  de  aquel 
lugar ;  el  cual  no  solo  se  prestó  gustoso,  si  no  que  los  guió  aun  bos- 
que en  que  pudiesen  estar  ocultos  mientras  las  aprontaba  :  al  si- 
guiente dia  llegó  hasta  esta  misma  casa  la  partida  que  los  seguia 
mandada  por  el  teniente  Domingo  Alba  riño,  quien  examinó  al 
Dueño  de  la  casa  y  este  le  dijo  que  la  tarde  anterior  hablan  entra- 
do en  la  travesía ;  y  como  no  pudiese  pasar  de  es.te  lugar  este  ofi- 
cial según  las  ordenes  que  tenia  de  su  gefe,  se  retiraba  con  su  par- 
tida quando  encontró  á  Santiago  Carrera  que  (era  uno  de  los  oficiales 
del  Regimiento  Provincial  de  Cordova,  que  habia  merecido  distin- 
ción y  confianzas  de  su  Coronel  y  que  habiendo  seguido  a  los  Gefes 
se  retiró  el  dia  que  resolvieron  caminar  separados)  hizo  regressar  la 
partida,  y  con  los  conocimientos  que  tenia  en  aquel  lugar  de  donde 
era  vecino,  pudo  averiguar  que  no  hablan  pasado  :  y  dirigiéndose 
ala  misma  casa  no  hallaron  al  dueño,  que  andaba  recogiendo  ios 
caballos  en  que  habia  de  introducir  á  la  travesía  á  sus  ocultos  hues- 
pedes; lo  esperaron,  escondiendo  la  partida  de  tropa,  y  quando 
llegó  con  los  caballos  en  la  persuasión  que  esta  se  habia  retirado  el 
dia  anterior,  fué  inmediatamente  preso,  y  nuevamente  exanimado 
por  Albariño,  se  ratificó  en  su  primer  dicho;  pero  habiéndolo desnu- 

(a)  El  autor  parece  ser  clérigo. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  $^^ 

dado  y  atado  a  un  árbol  para  azotarlo,  haciendo  al  mismo  tiempo 
el  aparato  de  preparar  los  fusiles  para  arcabucearlo  después  de  azota- 
do, no  pudo  ya  menos  de  confesar  y  lo  obligaron  á  señalar  el  lugar 
en  que  estaban  ocultos. 

Se  entregaron  los  SS.  Concha,  Allende,  Rodríguez  y  Moreno  sin 
resistencia  y  ciertamente  fsicj  Albariño  el  que  degenerando  de  sus 
compañeros  trató  con  alguna  distinción  a  sus  presos ;  pero  no  por 
esto  es  decir  que  no  fueron  robados ;  el  Asesor  Rodríguez  al  ir  á  mon- 
tar á  caballo  halló  le  faltaban  losestrivos  de  plata,  y  mandado  á  su 
criado  le  pusiese  los  de  palo  que  el  llevaba,  no  lo  permitió  el  Dueño 
de  la  casa  y  tomando  estos,  le  puso  los  de  su  uso  también  de  plata; 
lo  reusaba  Rodríguez  pero  aquel  le  dijo  mas  justo  es  que  yo  baya 
con  estos  de  palo  que  no  Vd.  Tengo  el  sentimiento  de  no  poder  es- 
tampar aqui  el  nombre  de  este  honrado  y  sensible  ciudadano,  que 
con  sus  operaciones  y  armago  ísic)  llanto  manifestó  su  bondad. 

Es  de  advertir  que  en  el  acto  de  esta  prisión  remacharon  una 
barra  de  grillos  al  Tesorero  Moreno  y  se  apoderaron  de  mas  de  3o 
gj  pesos  fuertes  que  llevaba  en  dinero  pertenecientes  al  Erario  pú- 
blico, para  los  gastos  de  la  tropa,  de  los  cuales  hasta  ahora  se  ha 
podido  aberiguar  el  paradero,  por  mas  que  lo  ha  solicitado  el  Tri- 
bunal de  cuentas  de  Buenos-A  y  res  y  se  quedó  en  disculpas  de  Ocam- 
po  (i)  y  demás  que  componían  la  junta  de  comisión,  y  los  que  hi- 
cieron las  prisiones. 

Debe  notarse  que  si  estos  SS.  hubiesen  escapado  de  esta  persecu- 
ción, no  por  eso  hubieran  podido  llegar  al  Perú,  pues  Diego  Puey- 
redon  vecino  de  Jupuy  con  mucha  anticipación  por  ordenes  de 
Buenos-Ayres,  con  partidas  quel  el  mismo  pagaba  de  su  bolsillo, 
compuestos  de  gentes  muí  practicas  del  pais,  les  tenia  tomados 
todos  los  caminos  desde  Salta  hasta  Jupuy  y  era  imposible  el  paso, 
y  asi  es  que  caieron  en  sus  manos  el  D'  García  y  el  Teniente  D. 
Manuel  Sánchez  Moscoso  Ayudante  del  S'  Liníers  que  por  su  orden 

(i)  Esta   suma  formaba  parto  de  los  77.000  pesos  tomados  en  las  caja»  v  que  fueron 
reintegrados  con   los  bienes  de  las  victimas. 


i. 


/ 


348  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

c  orno  se  ha  dicho  iban  á  Potosí,  y  aunque  no  les  halló  ningún  papel 
ni  el  mas  minimo  motivo  de  sospecha,  los  mando  presos  á  Salta 
cuio  gobernador  los  puso  en  libertad  dejándolos  seguir  su  viaje. 
Diego  Pueyrredon  se  jactaba  de  que  no  entrarían  en  el  Perú  los 
demás  SS.  y  estos  buenos  servicios  se  los  pagó  la  Junta  haciéndolo 
Coronel  y  sucesivamente  Governador  de  Cordova  en  lugar  de  su 
hermano  Juan  Martín  que  fué  nombrado  Presidente  de  Charcas. 

El  tal  Santiago  Carrera  que  fué  como  queda  expresado  el  autor 
principal  de  la  prisión  de  estos  SS.  había  intentado  por  si  mismo 
prenderlos,  y  desde  que  se  separó  de  ellos  solicitó  gente  que  le 
acompañase,  que  no  pudo  hallar ;  pero  en  el  acto  de  la  que  habló 
se  apoderó  de  algunas  alhajas  y  plata  labrada  que  aun  mantiene 
ocultas,  y  se  apropió  un  coche  que  creió  ser  del  Tesorero  Moreno, 
pero  su  legítimo  dueño  se  lo  quitó.  Estos  distinguidos  y  honrrosos 
servicios  y  otros  muí  parecidos  que  hizo  en  el  exercito  del  Perú,  lo 
han  elevado  á  Sargento  Mayor  del  regimiento  n**  4  y  en  el  día  i 
Governador  de  Cordova  (i). 

Juntos  los  111^  presos  en  el  lugar  ó  punto  de  reunión,  escoltados 
ya  de  toda  la  división  dirigida  á  su  alcance,  los  volvieron  acia  Cor- 
dova adonde  avisaron  luego  de  su  prisión.  En  los  días  siguientes 
a  esta  nada  se  les  había  preparado  de  comer  y  solo  tomaron  con 
escasez  un  poco  de  fiambre  que  sus  criados  pudieron  escapar  de  la 
rapacidad  de  los  sóidos. 

Al  tercer  día  llegaron  ala  Aguadita  que  fué  en  donde  al  ir  se 
incendiaron  las  carretillas  de  municiones  que  es  hacienda  de  aquel 
D'  Rivadavía  (que  se  ha  dicho  seguía  con  otros  la  expedición  para 
hostilizarla  de  noche)  el  cual  tenia  preparado  un  abundante  convite 
para  los  oficiales  y  tropa,  y  mientras  duró  estubieron  los  presos 
custodiados  en  los  coches,  sin  permitirles  bajar  ni  ofrecerles  de 
comer.  El  S'  obispo  obligado  de  la  debilidad  por  su  mala  saludí 
hizo  pedir  una  taza  de  caldo  y  se  le  contestó  que  nada  se  había  pre- 

(i)  Carrera  fué  nombrado  gobernador  el  3 3  de  diciembre  de    1811  :  resulta,  pues, 
auténtica  la  fecha  del  escrito. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS 


3^9 


parado  para  el :  Rivadavia  no  podía  ignorar  que  no  habían  comido 
en  dos  días,  y  aun  quando  lo  ignorase  es  indisculpable  en  no  haber- 
les dado  de  comer,  mayormente  habiendo  sido  su  Maestro  en  la 
Carrera  de  la  Jurisprudencia  el  D'  Rodríguez,  pero  le  debieron  la 
atención  de  que  hubiese  hecho  pedazos  un  Zepo  que  tenia  en  su 
casa  y  en  el  que  había  dispuesto  el  Comandante  de  la  tropa  durmie- 
sen aquella  noche. 

En  este  mismo  lugar  debieron  ser  pasados  por  las  armas  los  111'* 
presos  incluso  el  S'  obispo  conforme  a  la  sentencia  que  la  Junta  de 
Buenos-Ayres  habia  remitido  al  llamado  general  Ocampo  que  era 
presidente  al  mismo  tiempo  de  la  Junta  de  comisión  que  iba  con 
el  propio  exercito  y  de  la  que  eran  vocales  Antonio  Valcarce  é 
Ipolito  Vieites,  y  secretario  Vicente  López  cuia  sentencia  recivieron 
antes  de  entrar  en  Cordova. 

Efectivamente  luego  que  esta  junta  de  comisión  recivío  la  noticia 
de  hallarse  presos  los  SS.  referidos  despachó  un  oficial  con  dicha 
sentencia  que  según  se  prevenía  en  ella  debía  executarse  alas  tres 
horas  de  su  intimación ;  pero  los  Funes  á  quienes  nada  se  reserbaba, 
luego  supieron  la  salida  del  oficial  y  su  objeto,  y  se  empeñaron  con 
la  Junta  de  comisión  para  que  se  suspendiese  la  execucion,  y  se  diese 
parte  á  Buenos-Ayres  adonde  ellos  se  ofrecieron  escrivir.  No  le  s 
fué  dificíl  conseguir  la  suspensión  que  acaso  les  seria  conveniente 
por  sus  fines  particulares  entonces,  y  hay  motivo  de  creer  que  la 
Junta  de  Comisión  tenia  orden  de  la  gubernativa  de  no  obrar  nada 
en  Cordova  sin  acuerdo  de  los  Funes  (i) ;  y  alas  809  horas  de  haber 
salido  el  oficial  para  la  execucion,  salió  un  expreso,  con  la  orden  de 
suspensión  que  felizmente  alcanzó  antes  de  la  intimación.  Esta  sus- 
pensión, su  tardanza,  y  quanto  entonces  se  hizo  es  una  tramoya  y 
no  se  halla  sinceridad. 

Es  evidente  que  los  Funes  supieron  la  sentencia  día  antes  que 
llegase  á  Cordova  y  tubieron  demasiado  tiempo  de  impedir  los  pri- 

(i)  Véase  efectivamente  en  Archivo^  I,  31,  la  nota  de  la  Junta.  El  Anónimo  está  mny 
bien  informado. 


i 


35o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

meros  pasos,  y  evitábanlos  segundos  cuio  éxito  era  contingente;  es 
verdad  que  esto  tubo  un  resultado  ventajoso  qual  es  el  baberse  ex- 
cluido de  esta  barbara  execucion  al  S'  obispo,  y  aunque  también  lo 
es  que  ya  entonces  la  Junta  de  Buenos-Ayres  habia  revocado  su 
sentencia  en  ^sta  parte,  no  habia  llegado  esta  resolución  á  Cordova  y 
no  podia  tener  efecto,  y  pudo  tenerlo  la  primera :  es  incroyable(i} 
que  los  Funes  se  glorian  de  haber  salvado  la  vida  del  obispo ;  acaso 
fue  este  el  único  objeto  de  la  tramoya  ¿  pero  por  que  no  se  glorian 
asi  los  Funes  de  haber  salvado  á  los  demás  ?  Este  cargo  no  les  mas 
pesado  que  otros  que  tienen  de  igual  naturaleza.  No  se  crea  que  esta 
excepción  tubo  otro  objeto  que  el  de  evitar  las  consecuencias  que 
debian  seguirse  de  matar  á  un  obispo. 

Con  la  citada  orden  de  suspensión  dio  la  Junta  de  comisión  de 
conducir  los  lU*"  Sentenciados  á  Buenos-Ayres,  y  que  el  Canónigo 
Llanos  y  demás  oficiales  con  todos  los  criados  se  llevasen  á  Cordo- 
va ;  cumplióse  asi  dejando  aquellos  SS.  sin  mas  criados  que  los  sir- 
viesen que  un  esclavo  cocinero  del  S'  Liniers.  Para  cumplirla  pri- 
mera parte  se  entregaron  los  lU**  presos  al  oficial  Orien  que  pren- 
dió al  S'  Liniers,  dándole  una  escolta  de  5o  hombres;  sin  duda  en 
esta  disposición  se  consultó  la  mortificación  de  estos  SS. ;  la  prime- 
ra diligencia  de  este  oficial  al  recivirse  de  ellos  fué  un  registro  ge- 
neral, en  que  los  quitó  quanto  habian  podido  conservar,  ó  les  habian 
dejado  los  mismos  oficiales  que  los  prendieron  y  otras  personas  del 
transito,  de  modo  que  iban  casi  desnudos,  pues  al  que  mas  le  dejó 
tres  mudas  de  ropa  blanca  excepto  del  S'  Liniers  aquien  le  dejó 
únicamente  la  que  tenia  vestida,  de  forma  que  para  limpiarla  se 
ponia  la  de  otros,  y  hubo  ocasión  en  que  por  labar  toda  la  suya  se 
quedó  enteramente  desnudo  metido  en  la  cama. 

Es  necesario  interrumpir  esta  relación  para  introducir  otra  no 
menos  interesante.  Desde  el  momento  en  que  el  Exercito  revolucio- 
nario entró  en  Cordova,  mandó  en  junta  de  comisión  embargar 

(i)  Es  galicismo  del  copista,  como  otros  machos. 


DOCUMENTOS  SUBRE  LIMEHS  3S> 

lodos  los  vienes  de  lo?  expresados  SS.  lo  que  se  hizo  con  indicible 
prontitud,  pero  fué  para  saquearlos,  pues  lo  realmente  embar- 
gado no  pasa  de  las  casas  y  escalvos  porque  están  despreciable 
el  valor  de  alguna  otra  cosa  que  se  puede  decir  ninguno  i'es- 
pecio  de  lo  robado,  pues  ni  aun  los  uniformes  parecen;  ade- 
mas exigieron  la  excomunión  de  que  he  hablado  que  no  lubo 
otro  objeto  que  el  de  que  pareciesen  las  alhajas  ocultas  para 
robarlas. 

Esta  disposición  no  era  mas  que  cumplir  la  de  laJunla  de  Buenos- 
\yres  quien  la  acompañó  con  la  horrorosa  y  hasta  ahora  nunca 
oída  entre  naciones  civilizadas,  y  quiza  ni  aun  entre  ninguna  de  las 
mas  barbaras,  de qae permitUssen  y  autorizasen  toda  especie  de  in- 
sultos a  la  familia  del  S'  Liniers,  se  oyó  ó  viá  tal  ?  Eran  una  parte 
de  esta  sus  dos  hijas  las  Señoras  Doña  Carmen  y  Doña  Enriqueta 
de  Liniers.  esta  soliera  de  i/|  años,  y  aquella  casada,  de  la  de  17. 
Menos  bastaba  paca  una  oficialidad  lan  corrompida,  pero  la  provi  • 
dencia  veló  sobre  ellas.  Con  el  carácter  de  verdad  con  que  obró  en 
estas  exposiciones  que  solo  sirven  para  demostrar  hasta  que  punto 
los  insurgentes  llevaban  su  odio  contra  el  S'  Liníers  y  todos  los 
demás  que  se  oponian  á  su  sistema,  diré  que  el  Gefe  Ocampo  tomo 
todas  las  medidas  para  que  no  tuhiese  efecto  esta  atroz  orden,  que 
original  conserva  en  su  poder,  y  por  el  contrario,  dispuso  que  las 
personas  de  esta  desgraciada  familia  fuesen  respetadas;  pero  no 
pudo  impedir  que  sus  oficiales  y  otros  golpeasen  furiosamente  una 
noche  de  música  y  borrachera  la  casa  en  que  vivían  estas  dos  seño- 
ras en  Cordova  y  el  temor  causase  el  hacer  abortar  á  Doña  Carmen 
que  estaba  embarazada  de  pocos  meses. 

En  este  intermedio  sabiendo  la  familia  del  S'  Liniers  el  estado  de 
su  respetable  Padre,  le  enviaron  al  camino  alguna  ropa  blanca  que 
caió  en  manos  de  Orien  y  nunca  la  llegó  á  ver  S.  E. 

La  prontitud  con  que  se  les  hizo  caminar  desde  la  Aguadila  y  U 
escasez  de  cabalgaduras,  les  obligó  á  caminar  muchos  días  sin  ca- 
mas, y  apasar  las  crueles  noches  de  fcio  del.mesde  Agosto  en  esto- 


35a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

esmiferio  del  Sur  (i)  envueltos  en  sus  capotes.  En  uno  de  estos  dias 
hicieron  noche  en  casa  de  una  probre  mujer,  que  se  afanó  en  prepa- 
rar para  el  S'  obispo  una  cama  la  menos  incomoda  y  mas  decente 
que  pudo,  pero  habiéndolo  observado  Orien,  usando  délas  expresio- 
nes obcenas  que  precedían  y  acompañaban  siempre  atodo  quanto 
hablaba  dijo  á  la  mujer  ¿  y  que  deja  V.  para  mi  ?  y  tomando  el  la 
cama  dejó  a  S.  I.  pasar  aquella  noche  como  los  demás. 

Los  frecuentes  registros  que  Orien  hacia  á  sus  presos  los  obligó  a 
entregar  al  negro  cocinero  algunas  cosas  que  les  ofreció  la  compa- 
sión y  les  obligó  á  aceptar  la  necesidad;  pero  duró  bien  poco  este 
asilo  por  que  habiéndolo  observado  Orien  lo  registró  también  y  le 
quitó  todo  y  i3  pesos  que  tenia  para  comprar  alimentos. 

Otra  probre  mujer  del  transito  que  llegó  á  entender  la  desnudez 
en  que  venian  y  que  ella  sin  duda  se  figuro  aun  maior,  compró 
seis  pañuelos  de  narices,  mui  ordinarios  pero  que  acaso  le  costarían 
todo  quanto  poseia,  y  bañada  en  lagrimas  se  lo  distribuyó,  y  los 
recibieron  con  el  aprecio  que  en  su  sensibilidad  merecian  las  de- 
mostraciones de  esta  alma  no  menos  sensible ;  bien  poco  les  duró  su 
posesión  pues  al  siguiente  dia  fueron  presa  de  Orien  en  el  registro. 

El  D'  Rodríguez  era  en  estremo  fumador  en  papel  y  por  absoluta 
falta  del  caminaba  con  mucha  mortificación  y  compadecido  de  esta 
uno  del  transito,  le  dio  dos  pliegos  que  por  mas  que  el  procuro 
ocultarlos  con  el  maior  cuidado,  también  fueron  presa  de  Oríen, 
que  se  mostró  con  su  acostumbrada  fiereza,  por  mas  que  le  encare- 
cía aquel  virtuoso  hombre  su  necesidad,  y  solo  consiguió  rescatar- 
los dando  por  ellos  un  par  de  charreteras  de  oro  de  calzón  que  habia 
conservado  hasta  entonces  por  que  les  ocultaban  las  botas. 

Se  estrañará  la  franqueza  con  que  algunos  trataban  y  socorrían 
alos  presos  por  estar  en  oposición  con  el  mal  trato  que  digo  recivian 
de  Orien,  pero  se  satisface  con  decir  que  no  era  efecto  de  su 
indulgencia,  si  no  de  sus  vicios  que  precisándolo  estos  a  que  siempre 

(i)  El  autor  es  europeo :  ¿  un  americano  no  se  le  ocurriría  la  observación. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  353 

que  tenia  ocasión  jugase,  y  bebiese  hasta  ponerse  ebrio  y  otros 
desordenes  menos  decentes,  abandonaba  enteramente  los  presos  á 
otro  oficial,  quien  con  los  soldados  los  miraban  con  alguna  mas 
atención  y  cuando  Orien  se  llegaba  á  verlos,  era  solo  para  insultar- 
los con  obcenidades  e  injurias ;  de  este  modo  desahogaba  el  calor 
del  vino  y  el  de  la  perdida  en  el  juego ;  no  contento  con  lo  que  les 
robó,  y  con  presentárseles  vestido  con  las  mismas  prendas,  llegó  á 
tal  grado  su  bajeza  que  hasta  los  pantalones  del  cochero  del  S*^ 
Liniers  no  se  exceptuaron  y  los  usaba. 

Sabiéndose  en  Cordova  que  debian  pasarlos  por  el  lugar  de  los 
Ranchos  que  dista  20  leguas  de  la  Ciudad  salió  de  ella  con  licencia 
del  General  Ocampo  el  teniente  coronel  Urbano  D.  Manuel  Derqui 
sobrino  politico  del  D'  Rodríguez  y  secretario  del  Gobernador  Con- 
cha con  una  carretilla  de  bastimientos  y  ropa  que  enviaron  las  espo- 
sas y  familias  de  los  111'*  presos,  y  con  los  criados  que  les  quitaron 
quando  los  prendieron ;  todo  les  entregó  y  les  suministro  algún  di- 
nero propio,  para  lo  cual  los  esperó  en  este  lugar  adonde  llegaron 
el  10  de  Agosto  y  teniendo  que  demorarse  para  componer  un  coche 
que  se  les  habia  descompuesto  se  alojaron  en  casa  del  respetable 
Presvitero  el  maestro  D.  Felipe  Ferreira  quien  desplegando  su 
fidelidad  á  la  Nación,  usó  con  estos  SS.  toda  generosidad  y  nada 
perdonó  para  obsequiarlos  y  servirlos. 

Para  proporconarles  algún  descanso  se  retardó  la  compostura 
del  coche;  ni  daba  esto  ningún  cuidado  a  Orien  que  ocupado  en 
dar  á  sus  vicios  el  pasto  que  le  proporcionaba  la  tal  cual  población  y 
civilizasion  de  aquel  lugar,  y  por  otra  parte  obsequiado  del  presvite- 
ro Ferreira  que  pudo  vencer  aparentemente  la  oposición  y  disonan- 
cia que  habia  entre  sus  costumbres  y  las  de  Orien  para  merecer  su 
amistad  y  confianza  a  beneficio  délos  presos,  y  que  logró  obtener- 
las con  algunos  sacrificios  pecuniarios,  franqueándole  gratis  reses  y 
cavallos  para  la  tropa,  no  tubiera  cuidado  Oríen  de  permanecer 
algunos  meses  en  este  lugar. 

Por  otra  parte  habia  quien  regalaba  á  los  soldados  y  los  tenia 

AÜALSS   DB    LA    BtSLIOTBCA.  T.    Itt  a3 


á 


354  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

contentos  y  todo  produjo  el  deseado  efecto  de  que  en  los  g  dias  que 
permanecieron  en  los  Ranchos  fueron  visitados  y  tratados  de  todos 
quantos  lo  solicitaban,  llegando  hasta  el  punto  de  que  S.  I.  acom- 
pañado del  Presvitero  Ferreira  y  de  un  religioso  de  la  Merced  salió  á 
visitar  la  iglesia  parroquial  y  otra  que  se  estaba  edificando  á  mas  de 
un  quarto  de  legua  de  distancia,  pero  el  párroco  de  este  lugar  D. 
Manuel  Aguirre  nunca  se  presentó  á  saludar  á  su  obispo.  En  la 
misma  tarde  el  presbitero  pidió  á  Orien  una  hermosa  escopeta  de 
dos  cañones  del  S'  Liniers  á  quien  la  presentó  para  que  saliese  á 
cazar  como  lo  verificó ;  pues  era  su  pasión  dominante. 

En  el  propio  lugar  se  presentó  al  S'  Liniers  un  soldado  que  ser- 
via á  Orien  con  una  caja  de  oro  guarnecida  de  brillantes  propia  de 
S.  E.  que  estaba  tasada  en  el  Rio- Janeiro  en  ySoo  p*  fuertes  (i)  di- 
ciendole  que  aquel  se  la  mandaba  vender  4oo  p*  y  que  de  ellos 
pudiese  rebajar  5o  y  que  sabiendo  era  de  S.  E.  creiendo  que  balia 
mucho  mas  le  proponia  si  quería  tomarla;  agradeció  elS'  Liniers 
esta  propuesta  y  temiendo  que  fué  alguna  trama  de  Orien  se  balió 
del  presbitero  Ferreira  para  que  facilitase  el  dinero  y  la  comprase 
como  para  si ;  sin  embargó  el  soldado  lo  comprendió  y  al  tiempo  de 
recibir  el  dinero  pidió  á  S.  E.  se  le  entregase  lo  p"  menos  que  Orien 
le  habia  ofrecido  para  el  si  la  vendia.  No  podia  la  generosidad  del  S*^ 
Liniers  admitir  esta  noble  acción,  y  haciendo  que  se  le  entregasen  los 
I  o  pesos,  le  manifestó  con  toda  la  emoción  de  su  sensibilidad  la  pena 
que  tenia  en  no  haberlo  conocido  en  el  tiempo  de  su  mando  y  tomando 
su  nombre  le  ofreció  tenerlo  presente  quando  las  circunstancias  le 
fuesen  mas  favorables  y  premiarlo  como  merecía  su  buen  corazón . 

A  los  dos  dias  el  mismo  soldado  hizo  igual  venta  en  dos  onzas  de 
oro  de  un  alfiler  de  pecho  de  un  solo  brillante  abaluado  en  1 200 ; 
p*  también  de  la  propiedad  de  S.  E.  y  que  por  su  orden  tomó  el  pres- 
bitero Ferreira.  Del  valor  y  aprecio  que  hizo  Orien  de  estas  dos 
alhajas  se  pueden  deducir  sus  conocimientos. 

(1)  ¿No  sobrará  un  cero  ? 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  355 

Estas  alhajas  las  tenia  en  su  poder  el  S*^  Liniers  quando  lo  pasaron 
por  las  armas  y  no  se  ha  sabido  su  paradero,  que  no  lo  ignoran 
Castelli  (i)  y  sus  socios  en  aquella  horrenda  acción. 

La  libertad  que  se  ha  dicho  gozaban  en  los  Ranchos  los  presos;  la 
buena  disposición  en  que  se  hallaban  los  soldados  para  con  ellos 
particularmente  con  el  S'  Liniers  á  quien  era  imposible  tratar  y  no 
amarlo  y  á  quien  siempre  llamaban  nuestro  libertador,  hizo  ocurrir 
a  dos  sugetos  de  aquel  lugar  la  idea  de  proporcionarles  la  fuga  á 
tierra  de  los  Indios  Pampas  que  amaban  en  extremo  al  S'  Liniers 
por  el  buen  trato  que  de  el  recibieron  mientras  fué  Virrey  y  por  la 
misma  razón  al  S'  Concha  desde  que  le  conocieron  Gobernador; 
debe  adbertirse  que  en  el  tiempo  del  mando  del  S*^  Liniers  vinieron 
á  visitarlo  infinidad  de  Indios  por  conocer  al  vencedor  de  los  ene- 
migos que  atacaron  aquel  pais. 

Convinado  perfectamente  el  plan  de  fuga  se  lo  manifestaron  á 
los  111^  presos  haciéndoles  ver  que  en  dos  o  tres  dias  podian  llegar 
pues  estaban  auxiliados  con  mas  de  200  caballos  excellentes,  de 
prácticos  ó  baqueanos  del  camino,  dinero  y  armas  y  que  ellos  mis- 
mos los  acompañarían;  añadiéndoles  que  entre  los  Indios  estarían 
con  seguridad  hasta  ver  con  el  semblante  que  tomaban  las  cosas  a 
donde  podian  pasar  con  utilidad  del  estado  :  Ninguna  objeccion 
hicieron  ala  facilidad  y  total  seguridad  del  plan,  pero  hubo  diversi- 
dad de  parecer  entre  ellos  en  favor  y  contra  la  fuga,  y  por  fin  todos 
convinieron  enque  se  interesaba  mas  la  buena  causa  en  que  siguie- 
ron viaje  á  Buenos-A yres,  pues  la  presencia  del  S'  Liniers,  sus 
conexiones  y  el  ascendiente  que  tenia  sobre  las  tropas  como  lo  esta- 
ban observando  y  aun  sobre  algunos  individuos  de  la  Junta  (tal 
creian)  podría  producir  que  se  córtasela  revolución  o  de  moderarse 
en  los  sangrientos  efectos  que  calculaban.  En  almas  tan  nobles  no 
podian  caber  las  intenciones  de  las  de  los  infames,   que  estaban 

(i)  Parece  inadmisible  respecto  a  Castelli ;  sin  embargo,  en  su  proceso  de  residencia, 
además  de  los  cargos  contra  su  crueldad  ó  fanatismo  patriótico,  los  bay  también  contra 
su    probidad . 


i 


356  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

metidos  en  la  revolución  y  el  que  reflexione  sobre  el  contenido  de 
este  parágrafo  y  el  anterior  no  podrá  dudar  que  si  las  tropas  del 
mando  del  S*^  Liniers  en  Cordova  llegan  a  permanecer  reunidas 
hasta  presentar  acción  á  los  revolucionarios,  reporta  ( i)  sobre  ellos 
la  victoria. 

Si  el  Dean  Funes  y  su  hermano  no  tubiesen  un  particular  in- 
terés en  las  muertes  de  estos  5  SS.  no  no  atropellaran  lo  que  les 
dictaba  la  gratitud  respecto  del  S^  Liniers  y  la  caridad  y  obligación 
respecto  de  todos,  pues  pudieron  hacerles  avisar  del  riesgo  en  que 
se  hallaban  para  que  procurasen  librarse  de  el  (y  hubieron  aprovecha- 
do la  anterior  propuesta)  sin  que  temiesen  quedar  comprometidos 
por  ser  descubiertos  pues  asi  Derqui,  como  el  presviteroD.  Gonzalo 
Mitanes  sobrino  y  familiar  del  S'  Obispo  que  de  Cordova  pasaron 
alos  Ranchos  averíos  no  eran  sugetos  capaces  de  descubrir  el  secre- 
to. Nadie  ocurra  al  pretesto  de  que  lo  ignorarían  pues  se  sabe  que  el 
Dean  Funes  antes  de  executarse  la  sentencia  la  confió  al  D**  Don 
Alejo  Martines  y  a  otros.  Su  sabiduria  aunque  no  sea  tanta  como 
algunos  la  suponen  es  la  bastante  para  no  ignorar  que  no  estaba  obli- 
gado aguardar  el  sigilo  y  que  debia  impedir  la  execucion  de  una 
sentencia  que  aun  supuesta  justa  (que  el  sabia  no  lo  era)  infringía  el 
derecho  natural  y...  sigamos  los  hechos. 

El  1 5  de  Agosto  solicitó  el  presvitero  Ferreira  permiso  de  Orien 
para  que  celebrase  el  S*"  Obispo  el  Santo  sacrificio  de  la  Misa  en 
aquella  festividad  cuia  privación  mortificaba  infinito  á  S.  I.  que  es 
mui  espiritual  y  solo  consiguió  por  respuesta  que  el  reo  de  estado  no 
podía  decir  misa.  Viendo  Ferreira  que  sus  esfuerzos  habian  sido 
inútiles  se  valió  de  una  mugerzuela  aquien  obsequiava  Orien  y  por 
este  conducto  de  ignominia  se  consiguió  que  al  siguiente  dia  i6 
digese  Misa  el  S'  obispo  y  en  ella  comulgaron  con  especial  devoción 
y  recogimiento  interior  los  5  SS.  restantes  y  luego  todos  junios 
renovaron  entre  si  el  Juramento  que  habian  hecho  de  fidelidad  á 

(i)  No  es,  como  pudiera  creerse,  un  galicismo :  reportar  tiene  en  castellaao  el  mismo 
sentido  de  conseguir  ó  alcanzar  que  el  francés  femporter. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LLMERS  357 

Fernando  7''  y  ala  nación  Española  de  defender  sus  derechos  y  de- 
rramar su  sangre  por  la  justa  causa  que  seguian.  Esta  comunión 
sin  pensarlo  ellos  fué  el  sagrado  viatico  con  que  á  los  10  dias  entra- 
ron en  la  eternidad. 

Antes  de  salir  de  los  Ranchos  se  sacaron  los  grillos  al  Tesorero 
Moreno  por  lo  mui  enfermo  que  estaba  de  las  piernas ;  se  ere  que  el 
habérselos  puestos  fué  efecto  de  personalidad  de  Norverto  del  Signo 
natural  y  vecino  de  Cordova  á  quien  la  Junta  Guvernativa  habia 
nombrado  Auditor  de  Guerra  de  aquella  expedición  ó  llámese  exer- 
cito  y  dictaba  todas  las  providencias  ( i). 

El  19 :  siguieron  el  viage  á  Buenos-Ayres  mandando  ya  la  escolta 
el  Ayudante  mayor  de  Dragones  de  Buenos-Ayres  graduado  de  ca- 
pitán D"  Manuel  el  Garajo(2)por  haberse  relevado  á  Oriená  solici- 
tud de  la  tropa ;  Este  nuevo  comandante  apesar  de  que  olvidado  de 
sus  obligaciones  de  veterano  militar  reconocióla  Junta  y  obedecien- 
do la  custodiaba  á  tres  Gefes  á  quienes  debia  por  ordenanza  obede- 
cer contra  ella,  les  trató  con  todo  el  decoro  debido,  esmerándose  en 
asistirlos  con  toda  puntualidad;  si  sabia  su  destino  (como  es  de 
creer)  hacia  lo  que  los  antiguos  sacerdotes  de  los  Ídolos  que  cuida- 
ban mucho  la  victima  que  habian  de  sacrificar. 

Sin  cosa  digna  de  notarse  caminaron  hasta  el  25  que  hicieron 
noche  en  la  posta  de  Gutiérrez  (3)  que  dista  67  leguas  de  Cordova  y 
10 1  de  Buenos-Ayres,  bien  ágenos  que  esta  era  la  ultima  noche  de 
su  vida. 

En  esta  posta  los  esperaba  un  oficial  y  escolta  de  la  tropa  que  ha- 
bia sacado  de  Buenos-Ayres  el  feroz  D'  Juan  José  Castelli  vocal  de 
la  Junta ;  la  mañana  del  Domingo  26  de  Agosto  se  recivió  de  ellos 

(i)  La  exactitud  del  dato  es  tanto  más  significativa,  cuanto  que  el  nombramiento  (en 
reemplazo  de  Chiclana)  es  del  10  de  agosto,  os  decir  de  muy  pocos  dias  antes  del  hecho 
relatado.  Chiclana  pasó  á  Salta  con  misión  especial  (luego  fué  gobernador)  y  nunca  des- 
empeñó sus  funciones  de  auditor. 

(3)  Manuel  Garayo. 

(3)  Seria  el  nombre  del  dueño ;  era  la  Esquina  de  Lobatón. 


358  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

el  coronel  Domingo  Frenche  intimando  orden  á  Garuyo  de  que  no 
diese  un  paso  adelante  y  guardase  aquel  punto.  Frenche  antes  de 
marchar  pidió  á  cada  uno  de  los  SS.  una  nabaja  pequeña  que  se  les 
habia  permitido  para  comer  y  entonces  el  D'  Rodríguez  dijo  á  los 
demás  compañeros  hoi  compareceremos  en  el  tribunal  de  Dios, 

A  las  ocho  y  media  de  la  mañana  de  este  dia  salieron  de  esta 
posta  y  llegaron  después  de  las  lo  a  poco  mas  adelante  de  un  para- 
ge  llamado  el  Puesto  distante  tres  leguas  de  la  posta  :  aqui  los  en- 
contró el  teniente  coronel  Juan,  Ramón,  Valcarce  que  también  salió 
de  Buenos-Ayres  acompañando  á  Castelli :  en  el  mismo  lugar  en  que 
Valcarce  los  encontró  hizo  quedar  sus  equipages  con  todos  los  cria- 
dos y  dirigió  los  coches  acia  un  pequeño  bosque  llamado  el  monte 
de  los  Papagayos  distante  del  camino  cosa  de  un  quarto  de  legua  y 
dos  leguas  de  la  posta  llamada  la  Caveza  del  Tigre. 

Valcarce  iba  al  lado  del  coche  del  S'^  Liniers  quien  viendo  que 
los  separaban  del  camino  le  preguntó  Valcarce  que  es  esto  ?  y  el  le 
contestó  no  lo  sé  otro  es  el  que  manda  :  Llegados  al  bosque  hallaron 
la  tropa  formada ;  esta  se  componía  de  4o  usares  del  esquadron 
llamado  del  rey,  todos  estrangeros  (i)  que  se  habían  desertado  délos 
Ingleses  en  las  acciones  de  Buenos-Ayres,  pues  no  se  atrevieron 
allevar  españoles :  Mandáronles  bajar  de  los  coches  y  conforme  ba- 
jaban les  amarraban  los  brazos  atrás  de  lo  que  solo  fué  exceptuado 
el  S'  Obispo.  El  S'  Liniers  que  bajó  el  tercero  presentó  al  soldado 
que  iba  a  atarlo,  el  cordel  con  que  antes  lo  habia  sido  diciendole 
asegúrame  con  este  para  que  ya  que  el  empezó  mi  ignominia  la  con- 
sume, ((Estando  ya  todos  asegurados  se  acercó  el  cruel  Castelli  y  les 
hizo  leerla  sentencia  concevida  en  estos  términos.  La  Junta  Supre- 
ma Gubernativa  de  las  provincias  del  Rio  de  la  Plata  ha  determina- 
do que  dentro  de  tres  horas  sean  arcabuceados  el  General  Liniers  el 
Brigadier  Concha,  el  Coronel  Allende  el  Asesor  D'  Rodríguez  y  d 
Tesorero  Moreno  » .  A  dicho  terminó  agregó  una  hora  mas  de  su 

(  i)  El  dato  tiene  que  ser  exagerado ;  nunca  se  dijo  que  en  el  escuadrón  de  los  Há»- 
res  de  Puejrrredón  (mandados  ahora  por  M.  Rodríguez)  fuesen  Unto>  los  ingleses. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  SSg 

parte  el  sanguinario  Castelli.  Quiso  hablar  el  S*"  Linicrs  pero  tomó 
ia  palabra  el  S'  Obispo  y  derramando  muchas  lagrimas  se  puso  de 
rodillas  para  abogar  por  ellos,  y  apenas  habia  dicho  que  como  se 
les  condenaba  á  muerte  sin  oírlos  ?  que  porque  se  les  pribaba  de  los 
auxilios  espirituales  como  es  la  sagrada  comunión,  y  se  profanaba 
la  festividad  del  Domingo?...  quando  le  interrumpió  Frenche 
diciendole  Calle  Vd  Padre  que  aun  no  sabe  la  suerte  que  le  espera. 

El  D'  Rodríguez  con  voz  Grme  y  su  inalterable  serenidad  dirigién- 
dose al  denaturalizado  Castelli  a  quien  conocía  le  dijo  «  D°'  Castelli 
«sesto  conforme  á  la  Jurisprudencia  que  Vd  ha  estudiado?  ¿  Quería 
V"  que  adoptásemos  un  sistema  que  empieza  de  este  modo?  Aun 
qaando  no  hubiera  el  motivo  de  fidelidad  á  Dios,  al  Rey,  y  día  Na- 
tion,  me  considerarla  feliz,  en  morir  por  no  ser  testigo  de  los  horro- 
res que  anuncian  estos  principios :  Castelli  se  desentendió  y  tomando 
la  voz  el  S'Liniers  dijo  «  Todo  es  en  vano,  estamos  en  la  mano  de 
la  fuerza;  conformidad ;  mucho  mas  merecen  nuestras  culpas;  mas 
glorioso  no  es  morir  que  suscribir  alas  miras  de  la  Junta;  Morimos 
por  defender  los  derechos  de  nuestro  Rey  y  de  nuestra  Patria,  y  nues- 
tro honor  ba  ileso  al  sepulcro  »> .  Calló  y  pidió  al  S'  Obispo  le  sacase 
de  su  bolsillo  el  rosario  y  paseándose  lo  rezó  y  continuó  paseándose 
preparándose  para  la  confesión,  todo  con  tal  nobleza  y  entereza  que 
aseguran  algunosde  losque  estaban  presentes  (i)  que  en  aquel  estado 
de  ignominia  y  con  los  brazos  atados,  parecia  mas  glorioso  que  en 
sus  victorias  de  la  Reconquista  y  defensa  en  que  con  heroica  intre- 
pidez despreciaba  las  balas  enemigas.  Este  Señor  y  el  Coronel  Allen- 
de hicieron  su  confesión  con  el  S"'  Obispo  y  los  tres  restantes  con  su 
secretario  el  Padre  Ximenez. 

Habian  atado  con  tanta  crueldad  al  S"  Concha  que  no  pudiendo 
sufrir  el  dolor  rogó  al  P*  Ximenez  pidiese  al  oficial  que  lo  custodiaba 
le  hiciese  aflojar  un  poco  la  ligadura  mientras  se  confesaba  para 
hacerlo  con  sosiego;  el  Padre  lo  executó  con  lagrimas  que  solo  ob- 

(i)  El  aator  no  fué  testigo  ocular. 


36o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

tubieron  una  insolente  y  barbara  repulsa  la  que  oyó  el  S*'  Concha 
en  medio  de  sus  dolores  con  la  serenidad  que  nunca  le  desampa- 
raba. 

Castelli  retiró  al  S*"'  Obispo  á  quien  dijo  que  no  podia  serle  grata 
aquella  trágica  escena  e  hizo  la  señal  de  haberse  cumplido  las  cuatro 
horas  siendo  las  dos  y  media  de  la  tarde  y  se  executó  la  atroz  sen- 
tencia. 

Quisiera  poder  satisfacer  la  curiosidad  del  publico  que  siempre 
manifestó  el  maior  interés  en  saber  las  ultimas  expresiones  que 
salen  de  los  labios  de  los  hombres  grandes  en  el  momento  de  sufrir 
una  muerte  de  esta  naturaleza,  porque  las  considera  como  una  pre- 
ciosa emanación  de  su  heroicidad ;  no  hai  duda  que  atendido  el  ca- 
rácter de  estos  5  Ilustres  Mártires  déla  fidelidad  Española,  en  estas 
quatro  horas  habría  sucesos  mui  dignos  de  la  historia,  pero  hasta 
ahora  me  ha  sido  posible  recoger  todas  las  noticias  individuales  y 
me  linsogeo  que  las  expresiones  que  referiré  son  ciertas  en  el 
todo  (i). 

El  S**'  Liniers  en  el  acto  de  vendarle  los  ojos  dijo,  quita  nunca  he 
temido  la  muerte  y  mucho  menos  guando  muero  por  mi  fidelidad  ala 
Nación  y  al  Rey  ! !  En  voz  perceptible  imploró  el  auxilio  de  Mana 
Santísima  (bajo  el  titulo  del  Rosario  de  quien  siempre  fué  mui  de- 
voto) incado  de  rodillas  y  con  la  vista  fija  en  los  soldados  que  es- 
taban con  las  armas  preparadas  les  dijo  «  ya  estoy  muchachos  »  y 
haciendo  a  este  tiempo  la  señal  el  oficial  Juan  Ramón  Valcarce  se 
hizo  la  descarga  por  impericia  ó  perturbación  de  los  soldados,  sin 
embargo  de  los  seis  tiros  que  le  dirigieron,  caió  en  tierra  con  todas 
las  señales  de  vida,  le  dispararon  dos  tiros  mas,  y  no  murió  hasta 
que  Frenche  le  disparó  una  pistola  en  la  frente. 

El  D*"  Rodríguez  con  la  serenidad  que  le  inspiraba  su  vida 
exemplar  con  que  edificó  al  pueblo  de  Gordo  va,  muchos  años  (2)  á  la 

(i)  El  autor  ha  procuradlo  recoger  datos  fidedignos,   procediendo  como  historiador. 

(a)  Parece  que  falta  algo ;  podría  corregirse  asi  ;  ateniéndome  á  la  relación  etc.  Sio 
duda  se  refiere  al  P.  Jiménes. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  36i 

dirección  de  uno  de  los  sa  cerdotes  mas  espirituales  que  hai  alli,  a) 
tiempo  de  vendarle  los  ojos  dijo  en  alta  y  firma  voz  «  declaro  que 
muero  mui  gustoso  por  Dios,  por  el  Rey  y  la  Nación;  prefiero  esta 
ignominia  alas  grandezas  que  me  ha  ofrecido  el  intruso  gobierno  : 
el  Rey  y  la  Nación  atenderán  d  mi  familia  infeliz !! 

El  Tesorero  Moreno  después  de  vendados  los  ojos  pidió  reconci- 
liarse y  habiendo  concluido  dijo  en  alta  voz  «  En  este  momento  de 
dar  cuenta  d  Dios,  declaro  que  tengo  por  injusta  y  revolucionaria  la 
Junta  de  Buenos  Aires :  muero  por  la  justa  causa  y  cito  para  ante  el 
tribunal  de  Dios  alos  que  son  causa  de  mi  muerte. 

El  que  0}  ó  estas  palabras  no  pudo  dar  razón  de  las  que  dijeron  el 
Brigadier  Concha  y  el  Coronel  Allende,  y  apenas  se  puede  decir 
aquien  corresponde  la  preferencia  en  el  valor  y  religiosidad  que  tan 
heroicamente  se  disputaban  entre  estos  5  Mártires. 

El  111"'*  S*""  Obispo  aseguró  que  envidiaba  la  disposición  con  que 
se  presentaron  ala  muerte  pero  a  pesar  de  no  haber  podido  recivir  los 
últimos  alientos  de  sus  Ilustres  compañeros  por  el  paréntesis  que 
como  se  ha  dicho  parece  hizo  la  ferocidad  de  Castelli ;  fué  tal  la  im- 
presión que  causó  en  S.  I.  la  descarga  que  le  ocasionó  un  temblor 
general  que  parecia  mortal  el  que  le  duró  tres  dias  en  los  cuales 
no  pudo  tomar  otro  aliento  que  agua.  Esta  preciosa  vida  que  Dios 
quiso  conservar  dará  noticias  mui  circunstanciada  é  interesantes  pues 
su  Secretario  el  P"  Ximenez  que  no  se  separó  de  ellos  hasta  después 
de  [su]  muerte  puede  (i)  darle  todas  las  que  no  presenció  y  la  Nación 
tendrá  todos  los  conocimientos  que  la  confianza  en  el  alto  grado 
de  aprecio  que  tiene  la  memoria  de  esas  victimas  aunque  llorará  la 
perdida  irreparable  que  experimentó. 

Concluida  la  horrible  e  inaudita  carnicería  fueron  algunos  solda- 
dos atraer  las  carretillas  de  los  equipages  que  como  se  ha  dicho 
quedaron  en  el  camino  con  los  criados,  para  conducir  los  cadáveres 
ala  Iglesia  del  lugar  de  la  Cruz  Alta  que  dista  sobre  5  leguas,  mas 

(i)  ¿Podo? 


36a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

acia  Buenos-Ayres.  Sin  embargo  del  tiempo  que  medió  en  esta 
diligencia  y  en  la  descarga  de  las  carretillas  que  debió  ser  de  alguna 
consideración ;  quando  los  criados  alzaron  los  cadáveres  para  po- 
nerlos en  las  carretillas  advertieron  que  el  Brigadier  Concha  aun 
estaba  vivo,  boqueaba  y  se  estremecia  y  habiéndolo  avisado  al  ofi- 
cial encargado  de  acompañarlos  hasta  darles  sepultura,  contestó 
con  serenidad  no  importa,  echadlo  que  el  se  morirá;  No  es  admira- 
ble la  exactitud  con  que  los  rebeldes  han  aprovechado  todas  las  oca- 
siones de  acreditar  que  exceden  en  ferocidad  alos  maiores  tiranos? 

Llegados  ala  Cruz  Alta  se  hizo  abrir  una  zanja  en  el  campo  al  lado 
déla  Iglesia,  con  intervención  del  Teniente  cura  que  era  un  religio- 
so de  la  Merced  para  quien  iba  una  orden  de  Castelli,  y  el  oficial  no 
se  separó  hasta  que  los  vio  sepultados  y  se  asegura  que  el  Brigadier 
Concha  espiró  en  el  sepulcro.  Este  religioso  al  siguiente  dia  los  hizo 
desenterrar  y  abriendo  una  sepultura  mas  amplia  en  el  mismo 
lugar  en  que  antes  los  hablan  hechado  unos  sobre  otros,  colocó  to- 
dos los  cadáveres  con  separación  y  poniendo  una  cruz  á  la  cavezera 
puso  en  el  brazo  derecho  de  ella  las  iniciales  de  los  apellidos  por  el 
orden  en  que  estaban  y  es  asi  :  L.  R.  C.  M.  A.  para  que  pueden  al- 
gún dia  sus  familias  recoger  las  reliquias  de  tan  ilustres  victimas  (i). 
Este  virtuoso  religioso  desempeñó  su  ministerio  rezándoles  el  oficio 
de  Difuntos  y  bendiciendo  el  terreno  déla  sepultura  pues  el  orden  de 
Castelli  le  prevenia  fuese  sin  pompa  alguna. 

Quando  se  supo  en  Buenos-Ayres  estos  asesinatos  mandó  la  Jun- 
ta uno  de  sus  Ayudantes  adar  orden  en  todos  los  templos  de  la  ciu- 
dad que  por  ningún  pretexto  hiciesen  exequias  por  alguno  de  los  5 
difuntos. 

Este  cumulo  de  atrocidades  que  tanto  excita  á  la  Nación  al  justo 
castigo  parece  que  ya  mereció  en  parte  el  Divino,  pues  el  D'  Maria- 
no Moreno  secretario  que  fué  de  la  Junta  y  uno  de  los  mas  sangui- 
narios murió  casi  á  la  vista  de  Inglaterra  (adonde  iba  en  comisión) 

(i)  A  esto  queda  reducida  la  famosa  leyenda  de  Clamor. 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  363 

de  una  violenta  enfermedad  y  sin  ningún  sacramento  manifestando 
hasta  el  ultimo  suspiro  su  impenitencia.  Esto  acaeció  alos  7  mes 
poco  mas  ó  menos  de  aquellas  muertes,  y  con  poca  diferencia  de 
tiempo  murió  en  Buenos-Ayres  el  presvitero  Manuel  Alberti  (i), 
Tocal  de  la  Junta  sin  recivir  ningún  sacramento  apesar  de  que  por 
tres  veces  le  anunció  el  medico  su  próxima  muerte  y  le  mandó  se 
dispusiese. 

Este  fué  el  ñn  que  los  dignos  Españoles  Liniers,  Concha,  Allende, 
Moreno  y  Rodriguez  prefirieron  alas  lisongeras  ofertas  que  les  hi- 
cieron por  escrito  y  de  palabra,  pues  con  este  objeto  pasó  á  Cordova 
á  mediados  de  Junio  el  D^  Mariano  Irigoyen  hermano  politico  del 
Brigadier  Concha  y   recivió  por  respuesta  general,  después  de  las 
mas  enérgicas  repulsas  individuales  el  presenciar  el  solemne  jura- 
mento de  reconocimiento  y  obediencia  de  Supremo  Consejo  de  Re- 
gencia establecido  en  la  Isla  de  León  que  entonces  exercia  la  So- 
berania    de  las   Españas  cuio  juramento  se  hizo   con  la  maior 
Solemnidad  y  pompa  posibles,  y  no  teniendo  formula  que  seguir 
pues  no  tenia n  mas  que  la  noticia  de  haberse  instalado  siguieron  la 
instrucción  remitida  para  el  reconocimiento  de  la  Suprema  Junta 
Central  y  lo  prestaron  sobre  los  Santos  Evangelios,  todos  los  Gefes 
en  manos  del  S°'  Obispo  y  luego  todas  las  corporaciones  y  la  maior 
parte  del   Pueblo  en  las  del  mismo  y  del  Governador  Concha.  El 
S***"  Obispo  pronunció  con  este  motibo  una  oración  en  que  ostentó 
su  acendrado  patriotismo  y  erudición ;  lo  mismo  repitió  en  todas  las 
festividades  de  aquella  corta  época,  y  este  fué  el  asunto  de  sus  con- 
versaciones y  la  causa  de  sus  padecimientos;  la  infracción  de  este 
Juramento  es  un  crimen  mas  que  tienen  sobre  si  varios  de  los  revo- 
lucionarios del  Tucuman,  menos  perdonable  en  el  Dean  Funes  y 
otros  Eclesiásticos  y  seculares  de  instrucción.  Parece  que  este  mismo 
Juramento  hicieron  á  imitación  de  Cordova  los  demás  pueblos  del 
Virreinato  aquien  dieron  noticia  de  su  resolución. 

(1)  Alberti  murió  el   3  de   febrero  de    i8ti  ;  sabido  es  que  no    votó  por  U  muerte. 
Castelli  murió  el  13  de  octubre  de  1813. 


364  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

La  misión  de  Irigoyen  se  dirigia  particularmente  á  los  SS'*  Con- 
cha y  Rodríguez  juzgando  por  sus  connataciones  con  el  primero  y 
antigua  amistad  con  el  segundo  podria  venzerlos  y  atraerlos  á  su 
partido  pero  solo  sacó  nuevos  convencimientos  de  la  heroica  cons- 
tancia de  aquellos,  y  de  los  demás  citados  pues  el  Señor  Allende  que 
habia  mas  de  3o  años  obtenia  el  empleo  de  Coronel  de  Exercito  con 
un  sueldo,  no  haciendo  aprecio  del  olvido  del  antiguo  goviernopara 
su  ascenso,  escrivió  á  un  amigo  suyo  á  Buenos-Ay res  diciendole  (» me 
acreditarla  de  indigno  dios  gracias  y  distinciones  que  desde  mi  juven- 
tud gozo,  si  en  estas  circunstancias  trepidase  un  momento  en  seguir  la 
causa  de  la  nación  y  oponerme  d  los  revolucionarios  »  y  esto  se  hizo 
tan  publico  como  su  desidida  resistencia  atodos  los  que  intentaron 
seducirlo.  Estas  pretenciones  eran  obra  del  temor  y  asi  fueron  maio- 
res  las  que  hicieron  con  el  General  Liniers  que  era  á  quien  mas  te- 
mian  y  la  Junta  no  perdonó  medio  para  hacerlo  entrar  en  su  partido 
ó  separarlo  del  contrario.  Le  mandaron  un  o&cial  con  las  mas  lison- 
geras  ofertas ;  obligaron  á  algunos  de  sus  amigos  de  Buenos-Ayres 
aque  le  escriviesen  haciéndolo  también  con  ellos,  últimamente  el 
Presidente  Cornelio  Saavedra  esigiendo  deel  únicamente  que  se 
retirase  á  su  casa  de  campo  y  fuese  un  tranquilo  expectador,  pero 
como  eso  no  estaba  en  sus  principios,  contestó  únicamente  á  todos 
y  con  mas  ostensión  y  firmeza  á  los  Gefes  militares  a  que  nunca  po- 
dria suscrivir  ó  reconocer  un  govierno  que  desconocía  el  superior  de 
la  Nación,  que  separándose  de  la  Madre  Patria  no  veia  en  ellos  mas 
que  infractores  de  los  sagrados  derechos  que  unen  ambos  Mundos 
que  como  oficial  general,  mas  que  otro  alguno  se  consideraba  obli- 
gado d  declarar  abiertamente  contra  todo  individuo  ó  corporación 
que  se  separase  de  la  unidad  de  la  nación  Española,  cuios  derechos 
sostendría  hasta  derramar  la  ultima  gota  de  sangre  d  Vista  por  la 
Junta  de  Buenos-Ayres  esta  heroica  declaración  determinaron  á 
toda  costa  asesinarlo,  y  con  este  objeto  salieron  tres  asesinos  de 
Buenos-Ayres  que  fueron  encontrados  por  Irigoyen  quando  regresa- 
ba en  las  cercanias  de  Gordova  y  habiéndole  comunicado  su  intento 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  365 

procuró  disuadirlos  dándoles  por  imposible  la  empresa,  y  logró  se 
retirasen  como  el  lo  hacia  bien  desengañado  de  que  eran  incorrupti- 
bles los  que  el  soñó  vencer. 

No  fué  este  el  ultimo  atentado  que  porlas  razones  expuestas  adop- 
taron contra  el  General  Liniers;  poco  satisfechos  Ipolito  Vieites  y 
Antonio  Yalcarce  de  la  suspensión  de  la  execucion  de  la  sentencia  de 
muerte  que  se  hizo  en  la  Aguadita,    mandaron  al  Cirujano  de  su 
exercito  F.  Madera  disponer  un  veneno,  y  efectuado  lo  mandaron  á 
la  Villa  de  los  Ranchos  para  que  alli  se  le  diese  al  S^  Liniers  en  la 
comida ;  quando  llegó  á  los  Ranchos  el  veneno,  ya  habían  salido  los 
SS.  y  fué  en  su  seguimiento  pero  con  la  feliz  casualidadde  no  haber- 
los alcanzado,  y  quando  llegó  á  la  Posta  de  Gutiérrez  ya  se  sabia  su 
muerte  y  retrocedió  á  Gordo  va  dirigido  á  la  Junta  de  comisión  :  lo 
recivió  Ocampo,  que  ignorando  lo  que  contenia  llamó  un  boticario 
paraquelo  reconociese  y  habiéndolo  hecho  y  dicho  lo  que  era,  entró 
Vieites  que  preguntado  por  Ocampo  aque  se  dirigia  aquel  veneno, 
contestó  «  lo  hemos  dispuesto  para  acabar  con  el  picaro  de  Liniers, 
pues  V"  no  quiso  dar  cumplimiento  alas  ordenes  que  traia ;  pero  ya 
no  es  preciso  »  Ocampo  quedó  asombrado  al  ver  esta  atrocidad ;  que 
no  era  posible  poner  por  obra  sin  que  muriesen  todos  los  demás 
pues  todos  comían  igualmente,  y  no  hubieran  gozado  de  los  auxi- 
lios espirituales  que  después  tubieron. 

La  Junta  de  Buenos-Ayres  declaró  vacante  el  obispado  de  Gordo- 
va  y  se  hizo  tocar  en  Gordova  a  sede  vacante  por  el  Dean  Funes  que 
en  ausencia  de  los  demás  canónigos  se  hizo  el  solo  Gavíldo  Eclesi- 
sastico  y  dio  cumplimiento  al  orden  que  se  dirigió  al  Guerpo. 

El  S""^  obispo  desde  el  momento  del  asesinato  de  sus  compañeros 
fué  conducido  preso  á  la  Guardia  de  Lujan  que  es  una  de  las  de  la 
frontera  de  Buenos-Ayres  en  donde  permaneció  sobre  i4  meses  que 
sufrió  con  su  mansedumbre  Evangélica  y  le  asignaron  una  corta 
pensión  para  su  alimento  que  creo  no  le  pagaron.  S  L  no  perdió  el 
tiempo  durante  su  prisión  usando  de  su  Sagrado  Ministerio  con 
consentimiento  del  Señor  obispo  de  Buenos-Ayres  y  aun  de  la  Junta 


366  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

hasta  que  en  últimos  de  Octubre  de  1811,  sin  que  el  lo  solicítase 
fué  llamado  á  Buenos-Ayres  por  el  nuevo  gobierno  executivo  en 
donde  una  Junta  de  Teólogos  y  Juristas  que  nombró  el  mismo  go- 
vierno  declaró  que  todo  quanto  se  había  obrado  contra  S.  I.  era 
violento  é  ilegal  y  en  Enero  después  que  se  cerró  la  comunicación 
entre  Buenos-Ayres  y  Montevideo  pasaron  á  S.  I.  orden  para  resti- 
tuirse á  su  obispado  en  donde  será  de  general  utilidad  particular- 
mente á  las  4  viudas  y  19  huérfanos  que  pueden  gozar  las  gracias 
que  esperan  de  la  magnánima  e  invencible  Nación  Española  se  hallan 
en  la  maior  necesidad  por  subsistir  embargados  todos  los  vienes  sin 
exceptuar  los  dótales,  y  no  haberlos  dado  los  rebeldes  el  mas  míni- 
mo socorro  ni  aun  permitidoles  gozar  del  Monte  pío  á  que  tienen 
derecho. 

En  conclusión ;  los  Gefes  de  Cordova  todo  emprendieron  y  nada 
omitieron  para  consolidar  la  opinión  publica  contra  la  revolución. 

Quantas  reflexiones  pudiera  hacer  sobre  estos  hechos  me  parecen 
inútiles  pues  las  harán  los  justos  y  sensibles,  y  serian  inútiles  ales 
iniquos  y  perversos  á  quienes  conviene  manchar  el  honor  que  claro 
como  el  sol  a  medio  dia  han  manifestado  siempre  todos  y  cada  uno 
de  los  5  mártires  del  Patriotismo  Español  pues  que  solo  á  esta  som- 
bra pueden  mantener  laque  cubre  sus  delitos...  y  sobre  todo  la  ver- 
dad y  la  justicia  no  necesitan  apologistas. 

No  puedo  pasar  en  silencio  la  no  menos  recomendable  memoria 
de  los  SS.  D.  Vicente  Nieto  Mariscal  de  Campo  y  Presidente  de  la 
Audiencia  de  Charcas,  D.  Fransico  de  Paula  Sanz  Caballero  de  la 
Real  y  distinguida  orden  Española  de  Carlos  tercero  Intendente  de 
exercito  y  Governador  Intendente  de  Potosí  y  D.  José  de  Cordova  y 
Roxas  Capitán  de  Fragata  de  la  Armada  y  Mayor  General  del  exer- 
cito Nacional  del  Perú  que  el  1 5  de  Diciembre  de  18 10  fueron  muer- 
tos en  la  Villa  de  Potosí. 

La  distancia  y  la  incomunicación  no  me  permiten  dar  una  relación 
circunstanciada,  pero  si  me  consta  que  estos  SS.  desde  el  principio 
manifestaron  la  mas  decidida  adhesión  ala  causa  de  la  Nación  y  del 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  367 

Rey ;  que  particularmente  el  S**'  Sanz  prestó  auxilio  de  dinero  alos 
Gefes  de  Cordova  y  fué  el  conducto  principal  de  [la]  comunicación 
de  estos  con  los  demás  del  Reyno  y  con  el  Señor  Abascal  y  socorrió 
en  quanto  pudo  alos  otros  gefes  con  especialidad  al  S**  Nieto. 

Después  que  el  feroz  Castelli  regresó  á  Buenos- Ay res  adar  cuentas 
de  los  asesinatos  que  acababa  de  cometer,  se  resolvió  que  el  exercito 
que  hasta  entonces  habia  permanecido  en  Cordova  continuase  su 
marcha  al  Peni,  en  donde  habia  crecido  el  partido  de  los  reveldes. 
Se  le  confió  su  dirección  y  mando  con  el  pomposo  titulo  de  vocal 
Plenipotenciario,  y  haciendo  retirar  al  General  Ocampo  cuia  mode- 
rada conducta  estaba  en  oposición  con  las  miras  sanguinarias  de  la 
Junta,  dejaron  el  mando  inmediato  de  las  Armas  en  Antonio  Val- 
caree  ya  entonces  Coronel,  y  ambos  haciendo  jurar  con  la  fuerza 
alos  pueblos  del  transito  reconocimiento  y  obediencia  ala  Junta  lle- 
garon hasta  Santiago  de  Cotagaita. 

Son  bien  sabidas  las  disposiciones  que  tomó  el  general  Nieto  para 
poner  aquellas  provincias  en  estado  de  defensa.  Una  victoria  que 
reportaron  sus  tropas  sobre  las  de  los  insurgentes  en  Santiago  de 
Cotagaita  fué  el  fruto  de  aquellas  y  el  efecto  de  las  fortificaciones  que 
lebantó  en  aquel  punto  D.  José  de  Cordova.  No  duró  mucho  el  de 
esta  victoria,  pues  la  persecución  de  los  insurgentes  que  intentaron 
después  les  ocasionó  una  pequeña  derrota  en  Suipachia.  El  general 
Nieto  resolvió  abandonar  las  fortificaciones  de  Cotagaita  y  el  resul- 
tado de  esta  disposición  fué  quemar  todo  el  campamento  y  las  muni- 
ciones y  se  retiraba  á  la  costa  por  el  despoblado  sin  entrar  en  Potosí. 
Cordova  pasó  á  Chuguisaca  y  fué  preso  en  el  camino  y  apenas  se 
supo  en  Potosi  lo  acaecido  trató  el  Intendente  Sanz  de  abandonar 
aquel  punto  que  le  era  ya  imposible  sostener  y  pasar  al  Desaguade- 
ro á  reunirse  con  el  S°'  Goyeneche  (que  por  orden  del  S'  Virrey  de 
Lima  se  habia  situado  alli  desde  el  principio  de  la  Revolución)  lle- 
vando 200  g)  pesos  en  oro  del  Erario  para  salvarlos  y  fué  preso  por 
el  Cavildo  quien  lo  presentó  á  disposición  del  cruel  Castelli  y  gefes 
del  exercito  insurgente  quando  entraron  en  aquella  villa,  lo  mismo 


368  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

que  hizo  con  Cordova  aquien  pasaron  alli  inmediatamente  que  fué 
preso.  Este  Cavildo  después  de  este  delito  cometió  el  de  obsequiar 
á  Gastelli  hasta  pasarle  5oo  pesos  oro  diarios  para  la  mesa  todo  el 
tiempo  que  permaneció  en  dicha  villa. 

El  general  Nieto  por  su  abanzada  edad  no  pudo  hacer  largas  jor- 
nadas y  á  los  i6  o  1 8  dias  de  viaje  aun  se  hallaba  á  i8  o  20  leguas 
del  primer  pueblo  de  la  Costa  perteneciente  al  Vireinato  de  Lima, 
y  aqui  fué  vendido  por  el  baqueano  ó  guia  que  lo  conducia,  que 
quitándole  las  muías  y  dejándolo  imposibilitado  de  poder  seguir  su 
marcha  lo  denunció  al  Alcalde  del  Pueblo  de  Colcha,  anejo  de  S" 
Cristóbal  de  Lipis,  quien  se  apoderó  de  su  persona,  equipage  y 
criados  y  de  su  Ayudante  y  secretario  el  teniente  del  regimiento  de 
Infantería  de  Buenos- Ay res  D.  Joaquin  Teran.  El  D'  Sánchez  Cura 
de  Tomari  Capellán  de  dicho  General  pudo  escapar  por  no  estar 
comprendido  en  la  requisitoria  que  ya  tenia  el  Alcade  aprensor.  La 
misma  noche  de  la  prisión  llegó  una  partida  de  tropa  despachada  de 
Potosi  a  perseguir  aeste  desgraciado  General  que  se  recivió  del  y 
demás  expresados  y  lo  condujo  adicha  villa.  Se  cree  que  el  teniente 
Cura  de  Tomari  en  donde  tomaron  el  guia,  fué  quien  ganó  a  este 
para  la  entrega  y  quien  dio  parte  á  Potosi  del  camino  que  llevaban. 

En  el  transito  hasta  Potosi  fué  bien  tratado  el  General  Nieto  por 
el  oficial  que  mandaba  la  tropa,  pero  lo  insultó  altamente  un  oficiaK 
Joven  de  Buenos-Ayres  llamado  José  María  Echauri  que  no  respeto 
ni  la  graduación  ni  la  edad. 

Llegados  á  Potosi  los  pusieron  en  la  casa  de  moneda  donde  se 
hallaban  los  SS.  Sanz  y  Cordova,  á  este  le  dejaron  en  un  cuarto,  y 
en  el  del  S"^  Sanz  metieron  al  S*^  Nieto,  y  en  uno  bajo  á  Teran  a  acom- 
pañar a  D.  Manuel  Sánchez  Moscoso  ya  relacionado  que  fué  Ayu- 
dante del  S'  Liniers  y  sucesivamente  a  Cordova,  y  al  padre  Prefecto 
del  Hospital  Betlemitico  de  aquella  villa  que  estaba  preso  por  que 
auxilió  la  fuga  de  algunos  oficiales  del  exercito  de  Nieto;  estando  los 
tres  con  tanta  incomodidad  que  no  cabian  acostados. 

Todo  el  tiempo  que  duró  la  prisión  fué  del  maior  tormento  para 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  869 

los  SS.  Nieto,  Sanz  y  Cordova,  pues  cada  media  hora  de  la  noche 
un  oficial  que  iba  de  ronda,  no  se  contentaba  con  verlos,  si  no  que 
les  recordaba. 

Sin  formarles  mas  proceso  que  una  declaración  que  se  tomó  á 
cada  uno  en  que  solo  seles  preguntó  por  su  dinero  y  el  del  Rey  (sus 
propiedades  particulares,  lashabian  robado  al  tiempo  de  las  prisiones 
respetivas)  alas  diez  de  la  noche  del  i4  de  Diciembre  se  les  intimó 
sentencia  de  muerte  concevida  en  estos  términos  «  En  atención  alos 
delitos  de  Alta  traición  que  contra  el  Rey  y  la  patria  han  cometido 
el  General  Nieto,  el  Gobernador  Sanz  y  el  Capitán  de  Fragata 
Cordova,  serán  pasados  por  las  armas  dentro  de  diez  horas  que  se 
le  dan  de  termino  para  disponerse.  Al  oiría  el  S'  Sanz  dijo  «  que  era 
falso  qiianto  se  suponía  que  en   mas  de  30  años  que    servia  d  S. 
M.  no  le  arguia  su  conciencia  haberlo  seroido  mal,  que  antes  por 
el  contrarióse  lisongeaba  haberlo  servido  lo  mejor  que  habia  podido, 
y  mas  particularmente  en  la  ocasión  presente  y...  queriendo  conti- 
nuar se  lo  impidieron  los  frailes  que  estaban  presentes,  diciendole 
que  debia  prescindir  de  todo  y  aprovechar  los  momentos  para  dis- 
ponerse como  católico,  y  oido  esto  dijo  «  que  moria  presente  y  libre 
de  todos  los  crímenes  que  se  le  imputaban;  que  su  delito  no  era  otro 
que  el  de  haber  caido  en  tales  manos,  pero  que  su  posteridad  venga- 
ría su  muerte  »  Pidieron  mas  termino  para  disponerse,  y  que  se  les 
tragesen,  al  S*^  Sanz  su  confesor  que  lo  dirigia  habia  muchos  años ; 
al  S'  Nieto  uno  que  eligió  y  al  S'  Cordova  un  clérigo  con  quien  ha- 
bia hecho  confesión  general  desde  el  siguiente  dia  que  entró  preso 
en  Potosi.  El  feroz  y  sanguinario  Gastelli  que  fué  el  que  dio  esta 
sentencia,  les  concedió  dos  horas  mas  de  vida,  y  les  negó  la  elección 
de  confesores,  precisándoles  á  que  todos  fuesen  confesados  por  los 
Capellanes  de  su  Exercito,  que  lo  eran  entre  otros  dos  Frailes  de  la 
Merced  de  Buenos- Ay  res  que  escandalizaron  todos  los  pueblos  don- 
de han  estado  por  sus  vicios  y  desordenes ;  y  siendo  la  irreligión  su 
principal  distinto,  sin  duda  quiso  Gastelli  que  le  revelasen  las  con- 
iesiones,  y  no  se  puede  dudar  lo  hiciesen. 

ASALIS  DI  LA    BIBLIOTECA.    T.    Itl  sd 


370  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Alas  I O  de  la  mañana  del  siguiente  día  i5  fueron  sacadas  estas- 
III'''  victimas  ala  plaza  publica  de  Potosi  en  donde  estaba  formada 
la  tropa  con  vanderas,  y  haciéndolos  hincar  al  pie  de  ellas  les  vol- 
vieron á  leer  la  sentencia  que  lo  hizo  el  oficial  Máximo  Zamudio  y 
se  acidentó  al  concluirla.  El  S*^  Sanz  repitió  en  alta  voz  todo  quanto 
habia  dicho  en  la  prisión  en  el  acto  de  la  notificación  que  queda  re* 
ferido.  El  S'  Gordova  que  aunque  iba  con  los  ojos  vendados  pudo 
ladeando  la  cabeza  ver  las  vanderas  dijo  «  Estas  vanderas  no  son  del 
rey  mi  Señor  »  le  contestaron  que  si  lo  eran  y  añadió  no  las  conoz- 
co ¿está  aqud  el  banquillo  ?  y  contestándole  que  estaba  mas  adelante 
dijo  paes  llévenme  ael;  lo  hicieron  asi  con  sus  dos  compañeros  y  los 
tres  fueron  arcabuceados,  dejando  admirados  atodos  los  especta- 
dores por  la  religiosidad  y  valor  con  que  se  presentaron  á  la  muerte, 
no  necesitando  que  los  auxiliasen  pues  ellos  mismos  lo  hacían. 

Es  de  notar  que  todos  los  Indios  amaban  tiernamente  al  S'  Sanz 
que  siempre  los  trató  como  á  hijos  y  desde  que  supieron  su  prisión 
no  se  apartaban  un  momento  de  sus  cercanias  para  lograr  verlo  por 
una  ventana  de  su  prisión  que  caia  ala  Galle  y  cuando  lo  conseguían 
le  indicaban  con  sus  desmostraciones,  su  pena  y  sentimiento  por 
el,  á  tal  grado  que  llegó  atemer  intentasen  alguna  cosa,  y  se  pribó 
de  recivir  este  agradable  homenage  de  gratitud  y  ciertamente  fué  el 
partido  mas  prudente,  pues  como  sabia  Gastelli  que  si  podia  culpar- 
se á  Sanz  seria  por  algún  exceso  de  bondad,  temió  algún  movimien- 
to popular  y  dio  la  orden  para  que  en  el  acto  de  percivirse  el  mas 
mínimo  rumor  que  indicase  revolución,  pasasen  por  las  armas  alo- 
dos  los  presos  ;  y  para  facilitar  mas  la  operación  tenían  en  el  palio 
dos  cañones  cargados  a  metralla,  y  cualquiera  acción  mas  viva  de 
los  Indios  podía  producir  la  execucion. 

Seis  sugetos  mas  estaban  condenados  á  muerte  y  exceptuados  en 
un  yndulto  general  que  publicó  Gastelli  pero  á  ninguno  de  ellos 
pudo  aprender.  El  Gonde  de  Gasa  Real  de  Monedo,  D.  Indalesio 
González  de  Socasa  Goronel  del  regimiento  provincial  de  Potosi  y 
el  D'  Gánete  Asesor  del  Govierno  de  Potosi,  son  tres  de  los  6  que 


DOCUMENTOS  SOBRE  LINIERS  371 

felizmente  se  han  reunido  ai  Exercilo  del  S'  Goyeneche  y  solo  han 
padecido  sus  intereses  que  fueron  del  todo  presa  de  los  revolucio- 
narios. 

Es  necesario  hablar  del  Gobernador  Intendente  de  la  provincia 
del  Paraguay,  el  Brigadier  de  Infanleria  D"  Bernardo  de  Vclasco. 
Exige  una  larga  relación  la  digna  conducta  de  este  benemérito  Es- 
pañol, pero  no  teniendo  las  noticias  suGcientes  me  contraeré  alas 
positivas  que  tengo;  Para  resolver  este  Gefe  sobre  los  documentos 
que  la  Junta  de  Buenos-Ayres  remitió  al  Paraguay,  lo  mismo  que  á 
todos  los  demás  pueblos,  formó  un  congreso  general  en  la  Asunción 
capital  de  la  provincia,  y  en   el  se  leyeron;  El  administrador  de 
Correos  D.  Bernardo  Jovellanos  presentó  el  oficio  circular  que  el 
Administrador  General  de  Buenos -Ay res  D.  Antonio  Romero   de 
Tejada,  aprovechando  la  demora  de  la  Junta  que  no  remitió  susfolle- 
tos  adicha  provincia  hasta  el  19  de  Junio,  le  dirigia  insertándole  la 
orden  de  la  Direcion  de  esta  renta  para  el  reconocimiento  y  obedien- 
cia al  Supremo  Consejo  de  Regencia  instalado  en  la  isla  deLcon 
por  la  central  ;  y  en  su  vista  antes  de  resolver  otra  cosa  se  determi- 
nó en  el  mismo  congreso  prestar  juramento  de  obediencia  a  dicho 
supremo Govierno  sin  perjuicio  de  repetirlo  con  mas  solemnidad; 
asi  se  hizo  acto  continuo,  en  manos  del  III™'*  S"'  obispo  Fr  Pedro 
Panes cuio  patriótico  zelo  se  distinguió  en  esta  ocasión;  y  en  segui- 
da se  resolvió  no  obedecer  ni  reconocer  la  Junta  de  Buenos-Ayres ; 
Esta  a  solicitud  de  algunos  rebeldes  ocultos  en  aquella  provincia 
dispúsola  remisión  de  i  g)  hombres  de  tropa,  cuio  mando  confirió  á 
Manuel  Belgrano  vocal  de  la  Junta.   El  Governador  Velasco  con 
algunos  auxilios  de  Montevideo,  formó  un  pequeño  Exercito  con  el 
cual  rechazó  v  derrotó  el  de  los  rebeldes  cuio  comandante  Bel^ra- 
no  capituló  con  un  oficial  de  los  de  Velasco  no  intentar  nada  contra 
dicha  provincia. 

Quando  ios  Paraguayos  debian  gozar  tranquilos  los  frutos  de  la 
victoria ;  los  mismos  á  quienes  su  Governador  dirigió  á  ella,  cedie- 
ron ala  intriga  de  los  de  Buenos-Ayres  formaron  una  revolución; 


I 


373  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

establecieron  una  Junta,  prendieron  á  su  Governador  y  entraron 
en  relaciones  con  el  govierno  insurgente,  cuios  por  menores  contan 
en  los  papeles  públicos  de  Buenos-A yres. 

Algunos  buenos  Españoles  cuio  numero  no  es  corto  en  aquella 
Provincia,  que  conocieron  el  mérito  y  virtudes  del  Governador,  le 
propusieron  la  fuga  y  para  estimularlo  le  recordaron  los  sucesos  de 
la  Caveza  del  Tigre  y  de  Potosi  y  su  respuesta  ha  sido  «  La  Nación 
me  ha  confiado  el  mando  de  esta  provincia,  y  aunque  esta  en  revo- 
lución, hai  muchos  que  siguen  la  buena  causa,  y  no  puedo  ni  debo 
abandonarlos,  ni  a  aquella;  y  cuando  me  asesinen  como  d  los  demos 
gefes,  habré  llenado  mi  deber,  como  ellos  llevaron  el  suio,  y  asi  no 
admito  ninguna  propuesta  de  fuga  » .  Este  Gefe  hace  seis  meses  que 
sufre  una  estrecha  prisión  e  incomunicación,  y  por  su  parte  hizo  el 
mismo  sacrificio  que  los  demás  que  solo  falta  consumar.  No  permi- 
ta el  todo  Poderoso  que  tal  suceda,  para  que  existan  Españoles  que 
tanta  gloria  dan  á  la  Patria. 

Montevideo  i5  de  Enero  de  1813. 


DIARIO 

DE  LA  SEGUNDA  PARTIDA  DEMARCADORA  DE  LÍMITES 

EN  LA  AMÉRICA  MERIDIONAL 

Por    nv    Comihabio    D0!>1     DIEGO    DE    ALVEAH 

1783- I 79 I 

(ConclusiónJ 


CAP.  10. 

\avegacio:í  y  recoüocimiejíto  del  Pararía,  Iguazi  t  Sanajit"  co!«  las 
dudas  del  comis'*  portug*  qie  embarazaro?i  la  demarcación  de  es- 
TOS Ríos. 

Restablecido  el  Coron'  Roscio  de  su  grave  y  dilatada  enfermedad, 
llegado  el  tpo  de  la  buena  estación,  y  verificados  los  preparativos, 
emprendieron  las  dos  Partidas  la  navegación  y  reconocim**  de  los 
rios  Paraná,  Iguazú  y  Sanantonio  :  embarcándose  el  26  de  Ab^  de  88 
en  6  Barcos,  exguifados  ( i )  al  estilo  de  los  Pueblos,  tripulados  de  indios 
Guaranies,  con  12  Canoas  y  viveres  para  4  meses.  Los  Ministros  de 
R*  Haz**'  quedaron  en  Candelaria,  encargados  de  aprontar  nuevo  aco- 
pio de  provisiones,  á  cuya  conducion  regresarían  oportunam*'  dos 
de  dhos  Barcos  desde  el  Rio  Yguazú ;  donde  sepensaba  establecer  el 
Cuartel  ó  Campo  gral. 

Para  combinar  en  lo  posible  la  derrota  q^  hacian  los  Barcos  por 
el  Rio,  trazando  con  mas  exactitud  su  proyección  :  y  para  determi- 

(i)  Asi  parece  escrito:  pero  creemos   que  debe  leerse:  esquifados =pToyÍBiM,  abas- 
tecidos. 


376  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

nar  la  situación  délos  Pueblos,  q'  sehallan  no  lexos  del  Paraná,  nos 
transferimos  por  tierra  el  astrónomo  Portugués  loachim  Feliz  da  Fon- 
seca  y  yo,  con  la  colección  de  instrumentos,  hasta  el  del  Corpus,  q*" 
es  el  mas  Septentrional  :  observando  la  lat^,  asi  en  este  como  en  los 
Pueblos  intermedios,  Santana,Loreto  y  Sanignaciominy.  Todas  estas 
Aldeas  secolocan  en  nro  plano  según  el  resultado  de  nras  operacio- 
nes.  Sinembargo  paraq*  en  todo  tiempo  se  puedan  estas  verificar,  \ 
para  seguir  uniforuicm**  el  sistema  q"  nos  hemos  propuesto  en  este 
diario,  q*"  sereduce,  como  sepuede  haber  observado,  aq*  por  él  sepue- 
da  sin  dificultad  construir  de  nuevo  y  las  veces  q*  sequiera,  la  Carla 
del  Pais  ;  entraremos  en  el  detal  délos  trabajos,  y  en  la  descripción 
de  los  terrenos  :  exponiendo  sucintam*"  las  marchas  consecutivas  y 
ligadas,  las  distancias  y  rumbos  de  unos  puntos  á  otros,  con  las  ob- 
servaciones de  latitud  y  longitud,  donde  las  hubiere,  y  evitando  cuy- 
dadosam*'  q^  sea  dable,  la  excesiva  y  cansada  prolixidad. 

La  mañana  del  27  de  Abril,  dia  después  déla  salida  délos  Barcos, 
salimos  también  nosotros  de  Candelaria,  y  andadadas  ( i )  poco  más  do 
4  millas  como  al  E.  N.  E.  encontramos  sobre  unas  lomas  suaves  la 
tapera  ó  ruinas  dv\  Pueblo  viejo  de  Sáneosme,  donde  el  celebre 
Jesuíta  Buenaventura  Suarez(2)  hizo  sus  observaciones  astronómicas 
construyéndose  por  su  mano  los  instrum*"*  propios.  Anteojos  Pén- 
dulo, y  Quadrante  y  dando  áluz  un  Calendario  ó  Efemérides,  im- 
preso en  Lisboa;  para  el  Siglo  que  corre  desde  1740  a  84 1  con 
reglas  practicas  p"  poderlo  continuar.  =  En  dhas  lomas  hay  una 
^  ^^**'  copiosa  mina  de  cobre,  nativo  o  puro,  de  color  encendido ;  algo  granu- 

loso, pero  bastante  dulce,  y  debuena  calidad,  con  excelentes  propor- 
ciones de  agua  y  leña  p'  su  beneficio.  No  ha  muchos  años  q'  sctrato 
de  ponerlo  en  obra,  mas  la  falta  de  industria  y  sobra  de  ignorancia 
obligaron  ásu  abandono,  por  haber  dado  en  agua  y  no  habiendo  sa- 
cado otro  fruto  q*  19  lib"  de  dho  metal.  En  la  Capilla  de  Sanantonio 

( 1)  En  el  manuscrito  :  andadadas. 

(2)  Del  mismo  P.  Suáreí,  que  parece  haber  sido  un  sabio  do  verdadero  mérito,  « 
noticia  más  detallada  el  mismo  Alvear  en  su  Relación  de  Misiones  (Akgelis,  IV>. 


Mina  de  Cobre 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  Z-jh 

del  Otro  lado  del  Paraná  entre  Itapua  y  Trinid**,  se  encuentra  tam- 
bién otra  veta  abundantísima  de  flor  de  cobre,  q*  nace  entre  las 
grietas  délas  Piedras  á  manera  de  unos  arbolitos  pequeños  y  ramo- 
sos. Cerca  de  Itapua  sehabla  asimismo  de  una  mina  de  Plata  en  el 
cerro  Isobyty,  á  orilla  del  Paraná,  mas  tampoco  seha  trabajado.  Los 
P"  q*  están  mas  á  mano  deberían  hacer  alg**  experiencias,  y  ensayar 
estas  minas  p"  continuar  su  cultivo,  si  el  lucro  y  calid**  del"  meta- 
les correspondiesen  ál"  costos. 

Dos  millas  después  está  la  capilla  de  Sanserapio,  sobre  la  horque-        sanum. 
ta  del  Aguapey,  que  baxa  de  la  Serranía  del  Peyuré,  no  distante  ala 
derecha,  y  entra  en  el  Paraná,  siendo  el  lindero  délos  dos  Pueblos. 
El  mismo  dia  llegamos  á  Santana,  situado  entre  las  dos  piernas  del 
Cochuy  ó  Caachuy  á  5  millas  de  Sanserapio,  y  1 2  cortas  de  Cande- 
laria, baxo  la  dirección  gral  de  78°   N.  E.  rumbo  corregido  ya  de 
Variación  magnética,  como  losdamos  de  costumbre.  El  28,  por  me- 
dio de  dos  estrellas  la  i'  3  del  Navio,  y  la  2*  Regulo,  que  pasaban  casi 
equidistantes  del  Zenit,  á  Sur  y  Norte,  y  por  esta  circunstancia  se 
corregia  el  error  q*  pudiera  tener  el  Quarto  de  Circulo,  se  observó 
lalatid**  de  Santana  de  27^  28'  4*.  Este  Pueblo  sevé  rodeado  de 
asperezas,  entre  las  q'**  descolla  al  Sur  un  Cerro  inmediato  de  notable 
mole,  enq"  abundan  los  Cristales  de  varíos  colores  y  fíguras,  y  aun  el 
cobre  de  superior  calidad.  El  29.  pasamos  á  Loreto,  distante  solo  5  ur«to. 

millas  cortas  al  ángulo  de  4o°  N  E.  y  su  latitud  obserbada  p*^  las  es- 
trellas fue  de  27®  19'  44".  El  3o  hicimos  mediodia  en  Sa/i/V//iac/o- 
miny  4  ^  millas  álos  7°  N.  O.  cortando  antes  en  Canoas  el  Cauda-  saníg*. 
loso  y  manso  labebiry,  termino  natural,  y  á  igual  distancia  de  am- 
bos Pueblos,  y  donde  tienen  sus  Barcos,  y  ala  tarde  descabezando 
los  pequeños  arroyos  Guatirapd  e  Igaugüy  entre  los  qles  sehallan 
también  las  dos  Capillas  limitrofes,  vinimos  finalm'*  á  parar  al  del  corpu». 
Corpus,  8  millas  largas  álos  i4°  N  E.  y  en  la  lat**  de  27"^  7'  36*. 
Los  Barcos  q*  como  ya  sedixo,  dieron  la  vela  en  Candelaria  el 
26,  no  lograron  los  mejores  tiempos.  Muy  desdeluego  lescargó  la 
lluvia  :  y  con  la  oposición  y  variedad  délos  vientos,  perdieron  aque- 


Eitopt   de   Ca- 


376  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Ua  prim'  unión,  conq*  salieron,  y  sehabian  propuesto  conservar. 
Obligados  áseguir  su  ruta  recostados  ala  orilla  para  vencer  la  Co- 
rriente, muchos  de  ellos  baraban  con  frecuencia,  y  eran  forzados  á 
quedarse  atrás,  tomando  el  puerto  q*  estaba  mas  amano,  quando  les 
cogia  la  noche  :  no  pocos  tuvieron  q*  alijar  parte  y  aun  el  todo  desu 
carga,  poniéndola  en  tierra  por  medio  délas  Canoas,  hta  conseguir 
voyar  :  y  para  doblar  varias  puntas,  montar  algunos  arrecifes  y  re- 
basar otros  pasos  estrechos,  enq'  aumentaba  la  rapidez  délas  aguas, 
tenian  todos  q'  auxiliarse  unos  á  otros  con  Silgas  y  gente.  De  este 
modo  no  pudieron  llegar  al  puerto  del  Corpus  sino  dispersos,  y  con 
algún  descalabro  :  los  déla  Partida  Portug*  el  i  *  de  Mayo,  y  el  4  y 
5  los  de  la  Española.  Todos  necesitaron  dereparo,  ya  de  hecharles 
algún  rumbo,  ya  de  tomarles  alguna  costura,  y  aun  fue  preciso  ex- 
cluir el  de  Candelaria,  q*"  trahian  los  Portugueses,  remplazandolo 
con  el  Segundo  del  Corpus,  ápeticion  de  nro  Concurrente. 

El  Rio  hasta  aquí  da  diferentes  bueltas,  bastantes  parecidas  alas 
del  Camino,  siendo  su  proyección  gral  éntrelos  26®  y  87**  N.  E.  y 
su  distancia,  como  de  33  millas  ú  11  leg*.  Le  entran  varios  arroyos, 
délos  q'~  el  mas  señalado  es  el  Capibary  sobre  la  altura  de  37**  10 ', 
q"  viene  de  Occidente  entre  los  Pueblos  de  Jesús  y  Trinidad,  sirvién- 
doles de  puerto  y  dando  fácil  entrada  ásus  Barcos.  El  labebiry  lada 
también  muy  cómoda  álos  de  Loreto  y  Sanignacio  ;  y  sobre  su  boca 
hay  dos  pequeñas  islas,  y  otras  dos  algo  mayores,  con  un  Arrecife  de 
gran  corriente  y  mal  paso,  llamado  el  laguary^  antes  del  Igauguy, 
tabacal  del  Corpus.  Poco  arriba  de  estas  islas  del  laguary  liace  el 
Paraná  un  serco  como  de  una  legua  al¿S.  E.,  en  cuyo  fondo  se  halla 
el  Arroyogrande,  astillero  del  Pueblo,  donde  entraron  los  Barcos  a 
carenarse,  y  fueron  prodigiosos  los  esfuerzos  de  actividad  q*  hicie- 
ron  los  indios,  guiados  desu  Administrador  D**  Juan  Bautista  Florez, 
en  esta  laboriosa  faena,  q"  concluyeron  en  solo  una  semana. 

Los  ingredientes  q'  emplean  en  estas  Carenas,  son  sebo  mezclado 
con  carbón  molido,  y  una  estopa,  q*'  sacan  del  Cardo  Caraguatá 
cocido  ó  podrido  en  agua,  y  después  majado,  loq*  comodiximosen 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  377 

otra  parte,  es  de  muy  buena  calidad,  especialm*^  para  los  fondos,  ú 
dcbaxo  del  agua,  donde  siendo  incorruptible,  y  teniendo  la  propie- 
dad de  entumecerse,  6  incharse,  apretando  por  esta  razón  notable- 
m^  las  costuras,  esescusada  labrea  ó  Sebo.  Las  amarras  ó  Silgas  de 
estos  Barcos  son  también  de  bastante  duración  y  resistencia,  con 
particularidad  dentro  del  agua  :  y  serian  mejores,  si  fuesen  mas  bien 
hechas  y  torcidas.  La  materia  de  q'  las  hacen  es  la  cascara  delgada 
ó  corteza  délas  raizes  fibrosas  de  cierta  planta  parasítica  llamada 
Güembe  q  secreia  (sic)  comunmente  y  engran  abundancia  sobre  los  sugaideGoembe. 
arboles,  sobre  las  piedras  y  otros  Cuerpos  estraños.  Sus  hojas  son  an- 
chas, hendidas  en  grandes  lobos  y  medioabroqueladas  con  un  pezón 
largo  y  rollizo.  El  fruto,  una  mazorca,  semejante  ala  déla  Zea  ó 
Maiz,  con  multitud  de  estambres  ó  hilos  largos,  y  los  pistilos  infe- 
riores, pulposos  ó  amanera  de  granos  y  de  buen  gusto.  Las  velas 
deq''  usan  dhos  Barcos,  son  de  lienzo  grueso  de  Algodón,  con  drizas 
y  demás  cabos  de  torzales  de  cuero  ó  huascas  :  y  p*  defensa  del  sol  y 
(lela  lluvia,  los  cubren  de  popa  á  proa  con  una  Carroza  de  cueros 
en  forma  del  caballete  de  un  tejado  con  sus  alas  ó  caidas,  q"  suben  y 
baxan  quando  lo  requiere  la  necesidad,  y  á  q"*  llaman  Casaderioarri- 
ba.  La  Casaderioabaxo  es  arqueada  y  defirme. 

El  1 4  reparados  los  Barcos,  desbastados  algunos  desús  Palos  y 
Canoas,  q*  estaban  demasiadam^  cargadas,  y  compuestas  las  casas  ó 
Carrozas,  nosembarcamos  todos,  y  siguió  de  nuevo  la  navegación, 
noobstante  de  estar  el  tiempo  muy  metido  en  agua,  con  fuertes  tur- 
bonadas, y  los  vientos  variables.  Desde  el  Astillero,  áq"  los  antiguos 
demarcadores  llamaron  Muruard  vuelve  el  Rio  al  4^  qte  describien- 
do un  área  (i)  de  20  millas  delargo,  y  déla  figura  de  una  C,  hta  el 
Ibiray  ó  Rio  de  Sanfrancisco  de  Paula,  y  recoge  por  la  banda 
oriental  las  aguas  délos  pequeños  arroyos,  Yacaré,  Yaguagüyguazu, 
Yaffuagüymiri,  Yaguaracapy  y  el  Piad,  ypMa  Occidental,  las  délos 
Guarumbey,  Guacacays  miny  y  guazú  Pirapó,  Yaguy  Ytano,  y  los 

(1)  Asi  en  el  roanuscrito :  probablemente  por  arco. 


378  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

dos  Mandubys,  Nros  dos  barcos  de  Loreto  é  Itapua,  sin  embar- 
go de  estar  tripulados  con  los  Milicianos  del  Paraguay  en  q""^  se  te- 
nia mayor  confíanza  q'  en  los  Guaranies,  seatrazaron  de  dos  dias  en 
este  tramo  del  Paraná,  y  no  alcanzaron  álos  demás  hta  19  en  la  ba- 
rra del  Ibiray. 
Guayiná».  Al  dia  siguicute  sallamos  en  tierra,  y  acompañados  de  Fr.  Nico- 

lás de  Alcaraz,  religioso  de  S*°  Domingo,  Cura  Doctrinero  délos 
Guayanas,  fuimos  á  visitar  la  Reducción  de  estos  indios,  nombrada 
de  Sanf raneo  de  Paula,  y  situada  sobre  las  margenes  meridiona- 
les del  Ibicuy  á  i  ^  leg*  del  mismo  Paraná.  El  pais  es  todo  montuo- 
so y  cerrado  :  tiene  pocos  campichuelos  ;  pero  el  terreno  no  es  de 
mala  calidad,  y  lleva  bien  toda  laya  de  frutos.  La  Reducción  está 
poco  adelantada,  p""  falta  de  auxilios.  Cuenta  solam**"  27  familias  de 
Neófitos,  q*  no  pasan  de  70  personas.  Su  primer  reunión  fue  del 
otro  lado  del  Paraná,  poco  después  de  la  expulsión  délos  Jesuítas  : 
y  se  debió  al  zelo  cristiano  de  otro  Dominico,  Fr  Bonifacio  de  Orliz, 
quien  la  trasladó  á  este  parage  muy  desde  sus  principios,  dexandola 
por  su  fallecim***  el  año  de  78,  al  reP*"  P.  Alcaraz.  La  Nación  délos 
Guayanas  es  de  un  carácter  tan  parecido  al  de  los  Guaranies,  q' 
sepuede  tener  por  cierto,  no  ser  m*  q*  una  desús  parcialidades,  sin 
otra  diferencia  esencial,  q*  la  del  idioma,  alterado  por  el  tiempo,  la 
falta  de  comunicación,  y  la  pequeña  variedad  de  costumbres,  natu- 
ral aun  en  las  Provincias  inmediatas.  Habitan  dispersos  los  raonles 
de  ambas  orillas  del  Paraná,  y  en  num°,  alo  q*  se  cree,  de  800  á  1  Q 
familias.  Se  alimentan  de  batatas,  mandiocas,  maiz,  porotos,  zapa- 
llos y  otras  legumbres  y  verduras  q**  siembran  en  sus  rozados  v 
chácaras  :  de  fnitas  y  miel  silvestre,  deq**  abundan  los  montes :  déla 
Caza  y  de  la  pesca.  Recogen  no  pequeña  cantidad  de  ceravirgen,  q' 
l)enefician  y  mezclan  con  sebo  para  el  uso  desu  iglecia  ;  y  podrían 
hacer  de  ella  una  recogida,  considerable,  no  menos  q*"  de  Yerba,  ma- 
íleras,  resinas,  plantas  medicinales  &".  Su  trato  es  fácil  y  frecuente 
ron  los  indios  délos  Pueblos,  q**  navegan  el  Paraná,  y  suben  álos 
su  reducción.         bcueficios  dcla  Yerba.  No  seria  dificultoso,  despertar  su  industria,  e 


ar 


DIARIO  DE  DOS  DIEGO  DE  ALVEAR  879 

inclinarlos  poco  apoco  al  comercio  de  aquellos  renglones.  La  suavi- 
dad y  el  agrado,  con  alguna  dadivas  anticipadas,  q'  pagarian  bien, 
de  hachas,  machetes,  sierras  y  algunos  ponchos  ó  ropas  de  Lien- 
zo de  Algodón,  serian  los  medios  mas  oportunos  :  y  el  fruto  consi- 
uienle  seria  su  total  reducción,  y  un  servicio  no  pequeño  al  Estado. 
Los   Pueblos  del  Departam*"  de  Candelaria,  por  mas  inmediatos, 
tienen  la  mejor  proporción  para  poner  en  planta  esta  idea,  pero  su 
entero    logro  loconseguiria  con  mayor  facilidad  el  Comercio  déla 
Nación,  si  seledexasc  la  libertad  de  penetrar  en  lo  interior  de  esta 
Provincia  de  Misiones. 

El  2 1  refocilados  algim  tanto  con  el  refresco  de  algunas  reses,  q*' 
<le  antemano  sehicieron  venir  por  tierra  del  Pueblo  del  Corpus,  dio 
nra  gran  escuadra  la  vela,  q'  conservó  breve  rato,  por  falta  de  vien- 
tos favorables  q''  loson  pocas  vez"  Acausa  délas  repetidas  vueltas  del 
Paraná,  y  principalm*^  por  los  continuos  y  peligrosos  baxos  déla 
orilla  :  y  usando  délos  remos  y  silgas,  su  ordinario  y  como  pecu- 
liar modo  de  navegar,  surgió  andadas  4  millas  al  E.  N.  E.  sobre  la 
costa  occidental,  frente  del  arroyo  Güendy  enla  latitud  observada 
do  26°  57 '  3()*.  El  rio  tuerce  desde  este  arroyo  álos  4o*^  N.  O.  la 
distancia  de  i  legua  larga,  en  que  le  entran,  de  levante  los  dos  Ca- 
pys  y  el  primero  délos  Carufjiiapés,  y  de  Poniendo  (i),  el  Aniangd. 
Después  vuelve  de  nuevo  al  N.E.  su  rumbo  gral,  con  \\n  suave  serpen- 
teo de  18  millas,  hasta  losdos  }'^m6cj5 occidentales,  primera  residen- 
cia délos  Guavanás,  como  cpieda  dicho,  y  donde  se  observó  el  26  la 
lat**  de  26^,  43  '  18*  dexando  antes  el  Pirayabyyc]  Mbirapuytangd, 
y  al  E.  el  Seg"  Canujuapé,  con  la  isleta  Itacord  cerca  de  su  barra. 
Desde  el  mavor  de  los  Yembeys,  en  los  Ixi' ,  hace  el  Paraná  otra 
digresión  al  E.  de  2  leg*  largas  hta  el  Parnayguazú,  rio  de  alg" 
consideración,  q*"  baxa  déla  Serrania  de  Sanantonio,  y  es  uno  délos 
mejores  yerbales  del  P.  del  Corpus.  Por  ultimo  ganando  de  allí 
al  N.  N.  E.  continua  esta  dirección  el  espacio  de  27  leg*  con  una       Arribad»  «i 

O)  Poniente. 


38o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

dulce  y  tendida  ondulación  de  vueltas  alternadas  y  casi  iguales  hta 
la  boca  del  Iguazú  ó  Riogrande  de  Curitiuha,  en  la  altura  de  25*^ 
35'  36',  donde  arribó  la  división  Portugueza  el  26  de  Junio  y  el 
29,  la  Española. 

Nra  navegación  fue  no  menos  dilatada  y  penosa,  q^  llena  de  traba- 
jos y  peligros,  notanto  porlos  malos  temporales  y  fuertes  turbona- 
das de  vientos  y  piedras,  enqu'  cayeron  alg"  monstruosas  del 
grueso  de  naranjas,  como  aconteció  el  27  de  dho  mez  de  Junio, 
quanto  por  las  continuas  baradas  y  choques  violentos  contra  las 
rocas  viejas  en  remansos  de  terribles  herbideros  y  remolinos ;  y  es- 
pecialmente por  la  frecuencia  con  q*"  nos  faltaban  las  silgas  ya  por 
su  maltexido  y  debilidad  ya  rozadas  del  continuo  ludidero  sobre  las 
piedras.  Los  Barcos  en  estos  lances  terribles  eran  arrebatados  déla 
corriente  con  espantosa  celeridad,  y  como  el  grueso  de  la  marinería 
q''  tiraba  de  la  Silga,  quedaba  en  tierra,  sevcian  forzados  los  pocos 
q'  restaban  abordo,  sin  exceptuar  los  oficiales  y  Comisarios,  á  he- 
char  mano  álos  remos  p"  atracar  ala  orilla,  perdiendo  á  veces,  á  pesar 
de  esta  diligencia  muchos  dias  dejomada  en  cortos  instantes,  y  dan- 
do otros  furiosos  encuentros  contra  las  puntas  salientes,  baxos 
ocultos  y  otros  escollos,  enq*  secorría  el  mayor  riesgo.  El  i3  de 
Jun**  en  uno  de  estos  desgraciados  accidentes  estubimós  para  perder 
nro  gran  Barco  de  Itapua,  q*  conducía  las  provisiones  y  pertrechos 
del  Rey  :  habiéndole  faltado  la  silga,  se  estrelló  contra  una  piedra, 
y  abrió  tal  rumbo,  q^  apenas  alcanzó  la  tierra,  y  esto  fue  lleno  de 
agua,  y  con  averia  considerable  délos  vi  veres.  En  otro  aun  mas  in- 
feliz, el  18  del  mismo,  perdió  dho  Buque  de  Itapua  al  Granadero 
Luis  Garcia,  uno  de  los  mas  honrados  dragones  del  destacam** 
q'  selefue  al  agua  sin  saber  nadar,  y  no  pudo  ser  socorrido.  Su 
Cuerpo  fue  recogido  12  dias  después  en  el  P.  del  Corpus  adonde  lo 
llevaron  las  Corrientes,  burlando  la  vigilancia  de  una  Canoa  que 
sedexó  en  su  custodia,  y  donde  ledieron  sepultura  sagrada  como 
supimos  posteriorm**.  El  Barco  de  Sáneosme  estubo  también  dos 
veces  dormido  sobre  un  costado,  y  como  seexplican  los  marineros, 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  38i 

para  dar  ala  Banda.  El  Seg"  de  Itapua  q'  llevaban  los  Portugueses, 
abrió  asimismo  no  pequeños  rumbos  en  casos  de  igual  naturaleza  ; 
y  para  decirlo  de  una  vez,  todos  los  Barcos  escupían  diariam^  las 
estopas  á  fuerza  délos  repetidos  golpes,  y  habia  q*  calafatearlos  y 
componerlos,  no  siendo  dable  hacer  una  singladura  entera  sin  el 
penoso  afán  dedar  á  la  bomba,  ni  soltar  los  valdes  de  la  mano. 

Desde  el  Paranay  al  Iguazú  desagua  en  el  Paraná  p""  una  y  otra 
orilla  prodigiosa  multitud  de  arroyos  y  riachuelos,   muchos   de 
ellos  sin  nombre,  y  otros  con  él  q'  les  dieron  los  Vaquéanos,  q" 
entre  si  no  concordaban  enteram**.  Nro  plano  N"  ii   expresa  todos 
quantos  se  notaron,  y  está  bastante  conforme  con  el  lebantado  el 
año  de  59  p'  los  antiguos  demarcadores  :  siendo  no  poco  de  admi- 
rar q*"  aquellos  oficiales,  trabajando  con  exactitud,  pudieran  entonces 
vencer  en  20  dias  la  misma  navegación  del   Corpus  al   Iguazú, 
q'noscostó  ahora  46  de  no  pocas  fatigas.  Los  mas  señalados  de  dhos 
arroyos  son  :  en  el  paralelo  de  26°  29  '  el  Pirayguazá,  ó  Riogrande 
de  pescado,  llamado  asi  por  loq'abunda  de  él,  viene  del  N.  E.  y  es 
también  Yerbal  del  Corpus,  con  excelente  puerto  y  buenos  Galpones  : 
en  los  26'^  20 '  el  Pirayminy,  q*  tamb"  abunda  de  pescado  y  Yerba  : 
una  legua  mas  arriba  desu  boca  se  hallan  las  tres  islas  pedregosas 
de  Parehd,  uno  délos  peores  pasos  del  Rio  :  en  los  26°  i3  '  y  26^ 
11',  los  dos  Aguarays  orientales  :  en  los  26°  4  '  el  Itapiabeby  occi- 
dental, ó  lo  q**  es  mas  propio,  el  Itatiguazú,  que  quiere  decir  Rio 
de  Salto  grande,  teniendo  efectivamente  uno  como  á  80  toesas  desu 
barra,  y  de  18  á  20  bar*  de  elevación,  q'  seregistra  desde  el  Paraná, 
y  por  donde  se  despeña  todo  unido  con  agradable  vista  y  mucho 
estruendo :  en  los  26°  la  gran  isla,  ó  Paranambuguazá  q*  tiene 
cerca  de  2  millas,  tendida  al  E.  N.  E.  y  recostada  sobre  la  margen 
occid*'',  la  Paranambuminy,  sobre  la  Oriental  en  los  26°  55'  33"  ; 
el  Uruguay,  rio  de  boca  ancha  ;  en  los  25^  53 '  el  Mbocay  ó  Rio  de 
las  espadas  nombrado  asi,  por  las  q*  suponen  los  indios  haber  toma- 
do álos  Paulistas,  venciéndolos  en  cierta  refriega  ó  combate  ;  en  los 
25**  39',  estos  dos  últimos  orientales  :  y  finalm*®  en  los  25°  37  ',  el 


383  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

caudaloso  Mondayy  q'  trahe  su  curso  de  Occidente  de  las  cercanias 
déla   Villarica  y  Sanestanilao,    prim*  délas  dos  Reducciones  del 
Tarumá. 
Árbol  de  la  Yerba       Eu  toclos  cstos  aiToyos  y  CU  los  dilatadisimos  montes  del  Paraná 

q'  enpartes  seex tienden  á  muchas  leguas,  deq*"  aun  no  se  tiene  co- 
nocimt"  seda  de  si  muy  frondoso  y  alto,  el  árbol  de  la   Y^erba  tan 
celebrada  del  Paraguay,  y  que  parece  ser  la  Callicarpa  americana, 
de  Linneo,  de  la  clase  de  la    Tetrandrias   Monoyyneas,   y   deq*" 
hay  varias  especies.  Los  Pueblos  de  Misiones  tienen  en  muchos 
de  ellos  sus  establecim^"  de  ranchos  y  galpones,  con  una  Cruz 
en  parage  visible  y  en  ella  inscripto  el  nombre  de  aquel  aque  jjerle- 
necen.  Todos  los  años  benefician  cantidad  considerable  de  arrobas 
de  dha  Yerba,  y  podrían  aumentarla  al  num"  q"  quisieran,  con  ntv 
table  utilidad  déla  Provincia,  del  Comercio  y  del  Estado  en  general 
sin  el  menor  rezelo  de  agotar  la  planta.  Antes  por  el  contrario  con 
el  beneficio  déla  poda,  forzosa  p*  esta  faena,  y  con  el  preciso  rompi- 
miento délos  montes,  este  útil  y  hermoso  árbol  sevcntilaría  mas : 
gozaría  de  los  rayos,  y  benignas  influencias  del  Sol,  y  haciéndose 
más  lozano  y  vigoroso,  la  yerba  vendría  á  ser  de  calidad  mas  selecta. 
Dehese  pues  abrir  la  mano  á  estas  licencias,  q'  hta  aqui  ha  tenido 
cerrada  la  cabala  ó  la  ignorancia.  Todos  los  Pueblos  de  Misiones 
deben  disfrutar  indistintam^  del  privilegio  libre  de  hacer  yerba  en 
las  vastas  Comarcas  del  Paraná  y  Uruguay,  y  el  Común  délos  Par- 
ticulares de  la  Nación  no  debe  estar  exento  de  esta  prerogaliba, 
teniendo  todos  los  Vasallos  del  Rey  igual  derecho  alo  q**  sin  prove- 
cho de  alguno  sedexa  podrir  y  perder  todos  los  años,  malogrando 
de  estemodo  p*^  una  errada  política  la  liberalidad  de  la  Providencia, 
q"  supo  enriquecer  el  suelo  de  este  Pais  con  un  fruto,  no  menos 
precioso  q'  elq'  producen  las  minas  del  Perú. 
VenujaB  de  su       Síu  cmbargo  de  todo  esto,  como  los  arboles  de  la  Yerba  estén 

cultivo  7  atil  pro-      .,  ,    ,  ,  ,        . 

puesta  o'  ■ehacc  dispcrsos  Ó  a  pequeños  manchones  :  y  los  montes  sean  muy  intrinca- 
dos y  casi  impenetrables,  cubiertos  por  lo  regular  de  noblinas  den- 
sas, humedades  nocivas,  ayres  detenidos  y  malsanos,  con  multitud 


DIARIO  DE  DON  DIEííO  DE  ALVEAR  383 

lie  molestisimas  plagas  de  insectos  y  sabandijas  ponzoñosas  :  aq**  so 
agrega  la  inala  calidad  délos  alimentos  deq*  usan  los  indios,  poro- 
tos y  Charques  apolillados,  no  siendo  fácil  darles  otras  provisiones 
por  la  gran  distancia  y  dificultad  déla  navegación,  no  es  decible  el 
trabajo  délos  Guaranies  enla  fabrica  déla  Yerba  silvestre.   Muchos. 
de  ellos  perecen  de  miserias,  y  agoviados  con  el  peso  de  tan  dura 
fatiga,  sin  q**  jamas  corresponda  el  fnito  alo  |>enoso  de  su  afán,  ni 
las  utilidades,  álos  costos.   Los  Pueblos  adelantarían  mas  sin  duda 
nig*.  I"  Cultivando  mejor  y  extendiendo  qlo  les  fuera  dable,  los^Yer- 
bales  de  plantío,  q*  tienen,  ya  en  sus  inmediaciones,  y  q"  son  capa- 
ces del   mayor  aumento  ;  nadie  ignora  la  mayor  facilidad  de  este 
trabajo  y  la  superior  calidad  y  rendimiento  de  la  Yerba  cultivada  : 
2."  poniéndose  con  im  poco  de  industria,  ó  encargando  al  cuydado 
délos  infíeles  el  beneficio  de  los  Yerbales  del  Paraná,  instruyéndoles 
del  modo  de  hacerlo,  y  comprándoles  después  la  Yerba  ácambio  de 
inslnim*"*,  ropas  y  comestibles.  Los  Pueblos,  como  ya  seapunló, 
|Kxlrian  de  esta  manera  atraherinsensiblem**  á  un  Comercio  que 
acarrearia  muchas  ventajas,   y  daria  nuevo  vigor  ásus  fabricas  y 
agricultura,  á  todas  las  Naciones  de  indios  Salbagcs  desús  contor- 
nos, por  mas  fieros  q"  se  supongan,  haciéndoles  conocer  sus  nece- 
sidades con  los  medios  de  repararlas  y  de  procurarse  mayor  como- 
didad.  Son  también  muy   comimes  enlos   montes  y  arroyos  del 
Paraná  los  Cedros,  Lapachos,  Laureles,  Canelos,  el  Apetereby,  el 
Viraró,  el  Ibirápuyta,  el  Timbó  deq'  se  hacen  Canoas,  arboles  todos 
de  extraordinaria  corpulencia  y  maderas  excelentes  p'  todo  genero 
de  arquitectura.  Abunda  asimismo  el  Drago,  cuya  sangre  es  tan        Madera» 
recomendada,  el  Aguaraybay  deq®  se  hace  el  balsamo  q*  lleva  el 
mismo  nombre  :  el  Cury  ó  Pino,  bueno  para  arboladuras  de  los 
Navios  de  guerra,  no  menos  q**  p"  la  extracción  de  la  pez  y  por  últi- 
mo sedan  otros  muchos  arboles  resinosos,  y  plantas  medicinales 
áq*"  podría  estenderse  también  nra  reflexión  y  q"  deberia  abrazar  la 
misma  industria,  pero  dexemos  este  punto  q'  tendrá  mejor  asiento 
en  otro  lugar  y  volvamos  al  hilo  de  nras  operaciones. 


384  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

El  3o  de  Junio  se  dispuso  entrar  en  el  Iguazú,  con  la  mira  de 
establecer  nro  Cuartel  general  hacia  aq^  parage  donde  le  formaron 
los  antiguos  Demarcadores,  como  ordenaba  el  Plan  de  instrucción 
y  del  q*  sepudiese  atender  alas  operaciones  del  Paraná,  y  alas  del 
rio  de  Sanantonio,  pero  la  creciente  de  aquel  rio,  y  los  grandes 
arrecifes  q*  tenia  descubiertos,  nos  atajaron  el  paso,  y  fuimos  obli- 
gados ásituarle  sobre  la  ribera  merid'^  á  i  3/4  leg*  de  su  barra,  y 
como  4  millas  antes  de  dho  sitio,  dándose  principio  desde  el  dia  sigte 
I"  de  Julio,  al  desmonte  y  formación  de  ranchos  p'  deposito  de 
viveres  y  pertrechos.  Entretanto  como  la  navegación  del  Paraná,  des- 
de la  boca  del  Iguazú  hta  el  Salto  grande  ofreciese  mayores  emba- 
razos y  detenciones,  setubo  por  mas  acertado  consejo,  practicarla  en 
canoas  q'  enlos  Barcos,  losq^**  sobre  el  Seguro  de  no  poder  llegar  ni 
con  mucho  alas  cercanias  de  aquella  gran  Catarata,  y  haber  de  de- 
xarlos  casi  ala  mitad  del  camino,  tardarían  tanto  mas  en  lo  q' 
podrían  subir,  qto  era  mayor  la  dificultad  y  rapidez  de  las  Corrien- 
tes. Se  empezó  pues  p*"  otra  mano  á  preparar  un  suficiente  num*' 
de  Canoas  con  este  objeto.  Sedesbastaron  algunas  de  las  q'  trahia- 
mos,  y  podian  servir  aligerándolas  y  dándoles  mejor  figura,  y  otros 
delgados  p*  corte  y  salida  de  las  aguas  :  seconstruyeron  otras  de 
nuevo  y  esquifaron  todas  de  remos,  espadillas,  toletes,  chumaceras, 
valdes,  sarzos,  silgas  y  demás  útiles. 

A  este  tiempo,  el  Comis**  Portugués  nro  Concurrente,  q'  en  nada 
menos  habia  pensado,  q'  en  procurarse  con  la  debida  anticipación 
una  decisión  competente  y  necesaria  al  desempeño  de  nra  diligen- 
cia, acerca  de  las  dudas  suscitadas  y  no  resueltas,  sobre  los  ríos 
Igátimy  ó  Ygurey  y  Pepiryguazú,  puntos  extremos  de  la  demarca- 
ción de  nro  cargo  de  q*  dimos  ya  idea  en  el  Cap**  anteced**  pág.  226 
nos  dirígió  el  3  de  Julio  un  oficio  y  entabló  seguidam^  una  prolixa 
competencia,  enq"  sin  mucho  disfraz  hace  ver,  lo  poco  dispuesto  q* 
venia  á  executar  la  ref^  demarcación  sin  otras  instrucciones,  ni  fa- 
cultades, q*  para  entretener  el  tiempo  con  trabajos  y  reconociml*** 
inútiles,  años  antes  verificados  con  tanta  ó  mas  exactitud  que  po- 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  385 

-drian  ahora  practicarse,  y  en  una  palabra,  con  animo  hecho  y 
deliberado  á  no  dar  cumplim^  de  manera  alg^  al  trat**  preliminar 
de  Limites  ;  antes  p'  el  contrario  muy  resuelto  á  embarazar  su  exc- 
cucion  á  fuerza  de  recursos  y  expedientes.  Nosotros,  como  sea  este 
un  punto  delicado,  y  el  de  mayor  importancia  de  nra  comisión,  q*' 
convenga  exclarecer  abiertam"  sin  omitir  la  menor  de  sus  circuns- 
tancias :  no  tanto  para  justificación  de  nra  propia  conducta,  como 
para  manifestar  la  sinceridad,  y  buena  fe,  conq"  la  Corte  de  España 
ha  propendido  siempre,  y  deseado  con  el  mayor  ardor,  ver  cum- 
plida la  Demarcación  de  esta  America  :   y  q'  si  no  hatenido  efecto 
bta  ahora  particularm*^  en  esta  ocasión,  no  han  sido  otras  las  causas, 
<f  las  intrigas  déla  corte  de  Lisboa,  y  la  falta  de  correspondencia  y 
conformidad  en   las   ordenes  dadas  ásus  respectivos  Comisarios  ; 
daremos  puntual  noticia  de  toda  la  disputa  ó  competencia,  copian- 
do  ála  letra,  y  por  el  orden  que  seescri vieron  todos  los  oficios  del 
Comisario  Portugués  con  las  respuestas  ó  contestaciones  q*  Icdimos 
y  alg**  notas  q"  faciliten  su  inteligencia  ;  pues  estamos  persuadidos, 
q*  estos  documentos  como  esenciales  en  materia  de  Limites,  podrán 
ser  en  algún  tpo  útiles  y  no  dexarán  fuera  de  esto  de  esparcir  alg* 
luz  sobre  la  relación  délas  operaciones.  Mas  para  no  interrumpir 
la  serie  de  ellas  loharemos  al  fin  del  Capitulo  con  la  conven^  sepa- 
ración. 


ReCO?(OCIMIENTO  DEL  P ARANÁ  DESDE  LA  BOCA  DEL  IgLAZU 

HASTA  su  SaLTOGRANDE 

Antes  de  convenir  en  la  Demarcación  del  Art**  8  del  traf*  de  Li- 
mites, proponia  el  Coron^  Roscio  en  sus  oficios,  se  debian  practicar 
ciertos  reconocim*"'  preliminares,  q*  no  determinaba,  pero  q"  gra- 
duaba necesarios.  Ofrecía  un  expediente  no  menos  indefinido,  para 
substituir  al  Igurey  deq*  no  habia  noticias,  otro  rio  q*  no  declaraba, 
pero  délas  condiciones  recomendadas  en  el  mismo  tratado,  y  rehu- 

AMAUS,*  DI    la    BIBLIOTICA.  —   T.    Ul  9 5 


386  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

saba  conslantem*''  la  substitución  del  Ygatimy  ordenada   por  S.  M. 
en  su  R'  instrucción  de  6  de  Jun°  de  78.  Pedíanos  én  todos  estos, 
puntos  nro  dictamen  para  no  conformarse  en  lo  esencial,  yescusaba 
siempre  dar  el  suyo,  hablando  en  todo  con  misterio  y  sin  declarar 
jamas  cosa  alg*  de  positivo.  Seperdian  los  instantes  mas  preciosos  déla 
estación,  y  seconsumian  los  víveres,  en  infructuosos  debates  y  puras 
disputas.  Estaba  todo  pronto,  y  nada  seresolvia.  Pasosenos  pues  en 
esta  inacción  y  perplexidad  hta  el  11  de  Julio,  q"  p'  noquedar  enle- 
ram**  ociosos,  ó  tomar  otro  partido  de  mayor  violencia,  como  seria 
el  de  retirarse  á  Candelaria  :  y  también   por  si  se  abría  entretan- 
to algim  camino  de  ajuste  o  composición,  nosvimos   forzados  á 
contemporizar  con  el  artificioso  sistema  de  los  reconocimt***  prelimi- 
nares  y  demoras.  Propusimos  enconsecuencia  á  nro  Concurrenle, 
de  practicar  prim"  la  navegación  y  reconocim*"  del  Paraná  hta  su 
Saltogrande  enlas  Canoas  ligeras  para  lo  q*  el  tiempo  y  vaciante  del 
Rio  eran  favorables  :   y  después  el  del  Yguazú  y  rio  de  Sanantonio, 
abriendo  entretanto  la  picada,  y  tomando  las  medidas  mas  condu- 
centes ásu  logro.  La  propuesta  fue  admitida  en  todas  sus  partes,  y 
puesta  desde  luego  en  execucion. 

Resuelto  primeram***  el  reconocim"*  del  Paraná,  desde  la  boca  del 
Iguazú  lita  el.  Saltogrande,  fueron  destinados  á  esta  diligencia  el 
Ten**  de  ingenieros  D"  José  Maria  Cabrer  por  nra  parte  y  por  la  de 
Portug^  el  Cap"  de  Artill*  y  Astrónomo  Joachín  Feliz  da  Fonsera, 
llevando  cada  uno  4  canoas,  i5  soldados  de  escolta,  1  Vaqueano 
del"  del  Pueb°  del  Corpus,  q'  eran  los  mas  prácticos  del  Rio  y  víveres 
para  dos  meses.  El  1 4  de  Julio  dieron  principio  ásu  navegación, 
baxando  hasta  la  barra  del  Iguazü,  en  uno  de  los  dos  Barcos  q* 
seembiaron  á  Candelaria  p'  las  provisiones,  y  el  i5  de  mañana,  no 
sufriendo  las  canoas  la  carga  de  toda  la  comitiva,  equipages  y 
bastimentos,  las  embiaron  p*"  delante  poniendo  en  cada  una  un 
centinela  para  Custodia  délo  q"  conducia,  y  siguieron  pie  atierra  p' 
la  costa  Oriental  del  Paraná,  q'  no  ofrecía  mal  camino,  aunq*  algo 
desigual  y  pedregoso.  Nosotros  resumiremos  fielm**  su  relación. 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  887 

Como  alas  2  millas  cortaron  el  arroyo  Mboychy,  frente  decuya  boca 
entra  otro  en  el  Paraná,  q'  lleva  el  mismo  nombre  según  los  Vaquea- 
nos,  y  á  q'  llama  Royrobay  el  plano  déla  antigua  Demarcación, 
dado  por  el  Brigad'  D"  Jph  Custodio,  q*  no  dexa  de  variar  alg*  cosa 
enla  nomenclatura  délos  rios.  Andadas  otras  21/2  millas  lucieron 
alto  sobre  una  pequeña  cala  déla  Costa,  donde  pasaron  la  noche,  á 
causa  de  unos  Soldado  Portugueses,  q**  tirando  Loros  deq**  abundan 
los  montes,  se  internaron  p^  ellos  y  extraviaron,  sin  regresar  lila 
puestas  de  Sol,  con  no  pequeño  cuydado  de  toda  la  Partida,  q** 
recelaba,  podian  haber  caido  en  manos  de  infieles,  cuyos  ranchos 
recien  abandonados  tenia  ala  vista,  y  en  ellos  secncon tro  porción  no 
mala  de  cera  silvestre. 

El  16  después  de  i  milla  de  marcha  enfrentaron  con  las  dosisle- 
tas  q*  se  hallan  en  la  boca  del  .1  caray  arroyo  caudaloso  y  de  brazos 
complicados  que  nace  entre  las  Reducciones  del  Tanimá  y  la  Villa 
de  Cuniguaty,  situadas  como  3o  leg*  al  O.  N.   O,  y  E.  N.  O.  Los 
villeros  pudieron  haber  auxiliado  esta  trabajosa  expedición  con  alg** 
reses  y  Muías,  q*  tcnian  facilidad  de  introducir  por  el  Carema,  uno 
de  sus  mejores  Yerbales  al  iN.  del  Acaray,  mas  aunq**  con  este  objeto 
se  requirió  oportunam*"  desde  Candelaria  al  Gobcrn"'  intend*"  del 
Paraguay,  D"  Pedro  de  Meló  y  Portugal,  no  surtió  el  efecto  desea- 
do, teniéndose  la  idea  por  impracticable,  aunq"  en  realidad  no  loera 
y  de  ello  sobraban  experiencias.  Alas  2  millas  sig***  encontraron  los 
dos  Ibachays :  y  otra  después,  siendo  muy  fragosa  la  margen  del 
Paraná,  leatrabesaron  en  las  Canoas,  y  continuaron  por  la  de  ()c- 
cid**  algo  mas  de  una  legua,  viniendo  á  observar  la  laV^  de  25®  2/1 ' 
46"  pasado  el  Mandlupd,  con  otros  dos  regajos,  y  el  sitio  llamado 
sin  motivo  especial  el  Pueblo  viejo  de  Loreto.   El  camino  de  este 
dia  pasó  de  6  millas,  aunq*  fue  bastante  embarazoso,  y  estaba  cu- 
bierto de  piedras  puntiagudas  y  pantanos.  Se  vieron  muchos  rastros 
de  Venaos,  Antas,  Coatys  y  una  copiosa  pesca  de  i4  grandes  peces, 
entre  Dorados,  Zurubies  y  Pacús,  hizo  olvidar  bien  pronto  los  tra- 
bajos de  la  jornada.  El  17  trepando  grandes  torreones  y  asombrosos 


388  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

precipicios,  enq*  se  valian  mas  délas  manos  q*  de  los  pies,  an- 
dubieron  8  millas,  cortando  el  Guaypripajá,  con  una  isleta  en  su 
boca,  el  gran  despeñadero  del  Taliyupia  con  su  agradable  campes- 
tre inmediato,  el  Capibary^  y  en  la  otra  costa  el  Capiruyuy,  Yer- 
bales todos  del  Pueblo  de  Santana  ;  y  pasaron  frente  déla  barra  del 
Hocoy  q*  loes  del  de  Itapua,  habiendo  hecho  abundante  provisión 
de  naranjas  de  buena  calidad,  con  q"  templaron  su  ardentía  y  can- 
sancio. El  1 8  pasaron  otros  Yerbales  muy  frondosos,  y  no  tan  aspe- 
ros  ilcl  Pueblo  de  Sanignaciominy  :  el  Tacara,  el  Pindayguy,  el 
Itapitantjaá,  y  el  vislosisimo  aunq" :  pequeño  Itaypd  con  su  hermoso 
salto  de  48  pies  de  altura  ;  y  observaron  la  latitud  de  20°  1 1 '  48' 
andadas  7  millas,  y  poco  antes  de  otra  isleta  en  q'  el  Rio  forma  una 
ensenada  de  4  millas,  al  N.  E.  recogiendo  las  aguas  del  Mbaehuy 
y  Zuruhy  donde  hicieron  alto  el  19.  La  dirección  del  Paraná  desde 
el  Iguazú  hasta  el  Mandiupá  en  los  26^  27'  de  latitud  es  álos8' 
N.  O.  y  de  alli  cambia  á  las  3o°  N.  E.  hta  la  dicha  isleta  de  Mba- 
ehuy, y  principio  de  la  ref*  ensenada. 

El  20  después  del  Itabo  del  Aguaray  con  el  Arrecife  Rucay  ó 
Mborevitagad,  q  cruza  el  Rio  deunlado  á  otro  del  Ititaracay  Pe- 
chijy  Iticuy,  y  al  Oriente  el  Yuqaery,  Yerbales  del  Corpus,  sentaron 
el  real  frente  del  Aray,  en  el  paralelo  observado  de  25°  i '  á  6  1/2 
millas  del  campo  anterior. 

Las  corrientes  del  Paraná  q®  aumentaban  su  fuerza  a  paso  q'  es- 
trechaba el  Canal,  hicieron  faltar  no  pocas  veces  las  Silgas  de  las 
Canoas,  creciendo  por  instantes  la  dificultad  déla  navegación  con  la 
confusión  délos  herbideros  y  remolinos  encontrados,  y  lo  bravo  de 
las  puntas  salientes  y  pedregosas.  Anduvieron  el  21  otras  6  millas 
y  acamparon  sobre  la  confluencia  del  Yacangaazú  uno  de  los  arro- 
yos mas  caudalosos  de  esta  costa  Occid*^  en  dictamen  délos  Vaquea- 
nos,  dexando  antes  otros  menores  Yerbales  todos  del  mismo  Pueblo, 
entre  los  cuales  sedistingue  no  poco  el  Ibaró  con  la  isleta  desu  barra. 
En  el  paso  de  este  arroyo  dieron  demanosaboca  con  4  indios  y  2 
chinas  (asi  llaman  por  lo  común  alas  mujeres)  déla  nación  délos 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  889 

Cahimjuas  ó  Monteses,  q*  en  lo  oculto  de  su  retiro  guisaban  descuy-      c«i,mgii*8  ó 

Monteses. 

dadam**  unos  monos  q*  habian  cazado,  el  mas  delicioso  desús  man- 
jares. Sorprendidos  con  el  arribo  detales  huespedes  q"no  esperaban, 
empezaron  á  gritar  los  varones,  tocando  unos  pitos  como  avisando 
á  otros  compañeros,  q*  podrían  estar  inmediatos,  pero  que  no  res- 
pondieron, ni  se  dexaron  ver.  Las  indias  fiadas  en  el  natural  y  po- 
deroso atractivo  del  st^xo,  se  mantubieron  con  mayor  quietud,  espo- 
cialm*'  la  de  menor  edad,  que  siendo  como  de   18  años,  de  agrada- 
ble fisonomia,  color  claro,   y  bien  proporcionada  de  cuerpo,  si* 
mostró  llena  de  conñanza,  y  prestó  la  primera  á  conversación  dando 
á  entender,  no  leerán  desconocidos  aquellos  trages.  Efectivam*''  die- 
ron noticia  délos  españoles  cercanos  déla  Villa  de  Curuguaty,  desús 
ganados  y  Campos  limpios  &.  Unos  y  otros  tenian  cortado  el  pelo 
que  cae  á  la  frente,  los  hombres  trahian  ademas  coronas  y  las  cejas 
rapadas,  y  todos  estaban  bien  lucidos  y  gordos,  hta  un  perro  q*  les 
acompañaba,  prueba  nada  equivoca  de  abundarles  los  comestibles. 
En  la  costa  opuesta  habitan  los  Yahuses,  q**  son  los  indios  mas  fie- 
ros, belicosos  y  antropo-phagos  de  toda  la  comarca  y  q*"  no  sedan 
á  partido  de  manera  alguna. 

El  tpo  con  sus  muchas  aguas,  y  recias  turbonadas,  embarazó  la 
jomada  del  22,  pero  el  23,  cruzando  el  referido  lacanguazü,  el  Gua- 
znbicud  de  Santamaría  con  un  Salto  de  25  pies,  el  Ibirañatimagua- 
zú,  con  otra  catarata  mayor  y  más  hermosa,  como  de  70  pies  de 
«nltura,  cortada  en  forma  de  anfiteatro,  q*  parece  artificial  dando 
paso  libre  y  espacioso  la  curbidad  délos  caños  q*  sedespeñan,  y 
final m**  el  Yacoyabay,  todos  ellos  Yerbales  también  del  Corpus, 
en  el  espacio  de  3  leg*  pasaron  sobre  el  arroyo  de  Santateresa  baxo 
la  lat**  observada  de  24^  46 '.  En  la  ribera  oriental  dexaron  ala  mis- 
ma distancia  el  Mbuyrahajd  el  Ibirañatimaminy  el  Yacayobayminy 
y  otros  siendo  la  navegación  del  Paraná  por  extremo  dificil  y  peli- 
grosa. Después  de  Santateresa  encontraron  el  24,  otro  arroyo  con 
rápido  y  gracioso  despeñadero,  q"  salpica  sus  aguas,  y  enla  orilla 
opuesta,  el  anchuroso    Yaguaray,   termino  del   conocim*°  de  los 


390  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Prácticos,  y  donde  los  antiguos  Divisores  dexaron  sus  Barcos  gran- 
des, y  continuaron  con  los  pequeños,  recelando  la  furia  y  violencia 
délos  remolinos  y  Corrientes  q"  seguían,  llamados  Panellas,  \ra  es- 
cuadra ligera  de  Canoas  pasó  tamb"  adelante,  venciendo  las  Pane- 
llas,  y  nros  geógrafos  como  buenos  infantes,  siempre  por  tierra,  sin 
perder  la  margen  orcid*  desdeq*  la  tomaron,  hicieron  noche  á  las  3  1/2 
millas,  rebasado  d  Ytay  be  grande,  q  conefecto,  es  de  alg*  conside- 
ración. Continuaba  la  suerte  en  favorecerlos  con  abund**  pesca,  y 
eran  muy  comunes  los  Cuervos  y  Gaviotas,  indicio  cierto  de  nodis- 
tar  mucho  por  aquellas  alturas  la  Campaña  y  ganados,  según  los 
naturales.  En  los  dias  25  y  26,  dieron  á  las  10  millas  con  otro 
arroyo  q"  tubieron  por  el  délos  Pozuelos  del  Plano  antiguo  ;  y  ob- 
servaron media  legua  mas  arriba  la  laf*  de  2^*^  32  '  11*.  El  27  en 
el  trecho  de  3  millas  cortaron  otros  dos  arroyos  no  pequeños,  esli- 
mando el  ultimo,  en  los  24*^  29 '  por  el  nombrado  délas  Pelotas. 
de  donde  no  parece  subieron  los  oficiales  de  la  ultima  demarcación. 
y  embiaron  por  tierra  una  partida,  cuyo  Cabo  Fran"  López,  q*  en- 
tendía de  rumbos,  dice  el  Diario,  lebantó  el  plano  hta  el  Salto  del 
Paraná,  q"  encontró  alas  12  leg*  y  estaba  ya  demarcado  p*^  las  terce- 
ras Divisiones. 

Mas  esforzados  nros  exploradores  adelantaron  todavía  otras  2  mi- 
llas su  navegación,  pasando  3  pequeñas  isletas,  y  el  28  sevieron 
obligados  á  dcxar  las  Canoas  en  los  24"^  27 '  delaf*  después  de  rey- 
teradas,  é  inútiles  tentativas  para  superar  la  velocidad  délas  aguas 
q'"  corrían  con  extraordinaria  precipitación.  Resueltos  con  nuevo 
empeño  siguieron  el  3o  su  bien  sostenida  empresa  con  losdos  tercio» 
desu  gente,  y  restando  el  otro  p'  resguardo  délas  mismas  Canoas. 
Alas  2  millas  encontraron  un  arroyo  de  barranca  escarpada  y  pedre- 
gosa, y  no  de  corto  caudal,  q"  teniendo  en  su  barra  36  baras  de 
ancho,  fueron  forzados  á  pasarle  en  Pelota,  especie  de  batea  hecha 
del  hijar  ó  cuero  q*  sirve  de  canoa  álos  indios,  y  deq*  tiran  los  na- 
dadores por  medio  de  una  huasca  q*  toman  en  la  boca.  A  otras  4 
millas  encontraron  otros  dos,  y  uno  en  la  Costa  de  frente,  todos 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  3(ji 

medianos,  con  despeñaderos  visibles,  y  2  islas  en  el  Paraná,  ha- 
cia sus  barras.  Siguió  después  un  torreón  resbaladi/x),  como  de  cien 
pies  de  profundidad,  q"  pasaron  con  riesgo,  q*"  aumentaba  la  vista 
del  Rio  con  sus  encrespadas  olas  :  y  llegaron  el  3 1  ala  lat**  de 
q4*^  19 '  46",  caminadas  cerca  de  3  leg*  en  las  dos  marchas.  En  los 
Q  prim°"  dias  de  Agosto,  vencieron  otras  8  millas,  con  otros  arroyos 
é  isletas  de  menor  entidad  ;  y  pararon  frente  de  un  cerro  elevado 
de  la  orilla  opuesta,  y  sobre  una  laguna  profunda,  q°  rodearon  ásu  Ugmu. 
regreso,  y  tiene  media  legua  delargo,  condesagüe  en  el  Paraná,  y  por 
este  sitio  corre  suavem**  ápesar  délo  pedregoso  desús  margenes.  A 
esta  laguna  venian  de  todas  partes  veredas  ó  caminos,  cubiertos  de 
trampas,  cimbras,  y  lazos  p"  toda  caza  mayor,  y  menor,  texidos  con 
no  pequeña  industria  de  cuerdas  del  Guembé  á  4  ramales,  y  dis- 
puestos con  maña  por  los  Ínfleles,  como  sedexa  entender,  de  q** 
habia  no  distante  alguna  numerosa  toldería. 

El  3  de  mañana  vieron  cerca  de  dha  laguna  el  Saltochico  del  saitochioo. 
Paraná,  formado  de  multitud  de  isletas  pedregosas,  entre  lasq'" 
corren  las  aguas  repartidas  con  agradable  y  sordo  murmullo,  leban- 
tando  blancas  y  vistosas  pirámides,  y  observaron  2^'  11'  7*  sobre 
la  mayor  délas  islas,  déla  parte  ya  del  Septentrión.  En  este  paraje 
hace  el  Rio  un  Saco  de  bastante  anchura,  q'  seinterna  no  poco  sobre 
la  costa  misma  de  Occid*®  y  al  verle  enteram*"  seco,  de  resultas  déla 
gran  vaciante  del  Paraná,  q^'era  tal  como  no  sehabia  experimentado 
en  muchos  años,  exclamó  el  astrónomo  Portugués  :  «  este  es  el  Y(fii- 
rey,  pues  en  Guaraní  significa  Arroyoseco  »,  á  q*  nro  Geógrafo 
nada  contestó,  no  perteceniendole  la  decisión  de  este  punto,  mas 
averiguó  de  los  indios,  no  tener  tal  signiñcacion  la  palabra  Ifjurey. 
El  mismo  dia  de  tarde  continuaron  otras  2  millas,  en  cuya  distancia 
hay  otras  2  islas  de  mayor  estension  :  y  dudosos  por  lo  manso  del 
Rio,  de  sí  sería  aq'  el  Salto  grande,  observaron  sobre  la  del  N.  la 
lat**  de  24®  9 '  8*".  No  obstante  p*  mayor  segurid'*  de  su  derrota  hi- 
cieron el  4  ala  ligera  un  corto  reconocim***  délo  interior  del  cauce 
del  Paraná,  dexando  la  mayor  parte  déla  gente  enla  isla,  junto  ala  q"* 


39» 


ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


Partida 
de  Pauliataii. 


Man^nruyuíi. 


Macaco. 


desagua  un  arroyo  q"*  medido  á  cordel  tubo  de  ancho  i5  toesas,  cerca 
de  su  boca,  y  enesta  3i,  siendo  de  arrebatada  corr*^. 

Cierta  partida  de  Pauiistas  q*"  alas  orns  de  un  ten**  Coron*  y  de 
un  Cap"  de  Artillería  (a)  penetró,  el  año  de  1788,  reconociendo  es- 
tos parages,  hta  el  arroyo  de  Pelotas,  dio  ¿  este  deq*  venimos  tra- 
tando el  nombre  de  Iguarehy,  loq*  tal  vez  no  seria  sin  premeditada 
designio,  siendo  fácil  de  equivocar  con  el  Igurey  deq*  habla  el  tra- 
tado. Cabrer  supo  esta  celebre  anécdota  de  su  Concurr*'  Joachín 
Feliz,  y  da  noticia  de  ella  con  oportunidad  en  su  diario.  El  Astro- 
nomo  Portugués  llevaba  una  relación  individual  del  viaje  délos  Pau- 
iistas. En  este  sitio  hicieron  una  prodigiosa  pesca  de  Mangiiruyús, 
no  tanto  por  su  numero,  como  por  el  tamaño  y  crasitud  délos 
peces.  Los  mas  eran  como  de  dos  varas  de  largo  y  de  8  arrobas  de 
peso.  Aunq*'  pescado  de  cuero,  sin  escamas  y  algo  blando,  es  de 
buen  gusto,  y  parece  déla  clase  délos  de  Lineo.  También  cazaron 
un  Macuco,  especie  de  perdiz  gris,  bastante  común  en  los  montes 
del  Paraná.  Buela  poco  y  con  mucho  estruendo.  Canta  un  sonido 
semejante  ásu  nombre.  Su  cuerpo  es  aovado,  déla  magnitud  de  un 
Pavo  pequeño,  y  de  una  carne  blanca  y  delicada. 

Las  orillas  del  Rio  abundaban   de  Naranjos,  Limones  y  Pal- 
mas. 

El  5  no  siéndoles  dable  romper  por  las  margenes  del  Paraná, 
cubiertas  de  peñascos,  sueltos  y  disformes,  con  paredones  elevadi- 
simos  y  escarpados  á  trechos  ;  subieron  al  monte,  y  abriendo  picada 
para  continuar,  dieron  luego  con  la  q^  habian  seguido  antiguam*^ 
los  Pauiistas,  como  ha  referido,  y  enq*  se  conserbaban  toda>ía  los 
palos  6  durmientes  q"  les  sirvieron  de  arrastrar  las  Canoas.  Guia- 
dos por  ella,  aunq"  embarazada  de  enredaderas  é  Hisipos,  pasaron 
alas  41/2  millas,  un  arroyo  con  agua  ala  cintura,  y  bastante  ancho, 
q'  desagua  en  el  Paraná  por  entre  dos  Paredones  6  murallas  acanti- 
ladas de  altura  considerable.  Los  de  Sanpablo  hubieron  de  cons- 


(a)  Candido  Xavier  d'  Almeida,  y  Ant'  Ferreira,  nombrados  Comisarios  do  las  3'  y  i' 
Partidas. 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  SgS 

truir  un  puente  de  doce  tixeras  para  pasar  este  arroyo,  el  q'  según 
su  relación,  tiene  un  brazo  Septentrional,  q'  proviene  de  unas  lagu- 
nas inmediatas.  Sus  orillas  son  pantanosas,  la  corriente  precipitada, 
y  por  la  situación,  parece  el  Garey  del  plano  antiguo.  Algo  al  Sur 
déla  hoca  de  este  arroyo  entra  otro  por  la  banda  opuesta,  de  igual 
entidad  y  no  menos  hondo,  con  un  pasmoso  salto  de  9  gradas,  q** 
obligó  álos  Paulistas  á  retroceder,  habiendo  empezado  su  nita  por 
aq'  lado,  poniéndole  el  nombre  de  Itatá  q*  significa  Sallo.  Por  ull" 
observada  el  6  la  lat**  de  24°   \ '   58" ,  como  un  aiarto  de  legua    saitogr«nde  dd 

Paraíá. 

después  del  Garey,  llegaron  el  7  á  racdiodia,  á  observar  la  de  24® 
4  '  20"  sobre  la  misma  cresta  del  Saltogrande  del  Paraná  deq"  ha- 
blan como  de  una  délas  mas  hermosas  y  considerables  Cataratas  q* 
puede  descrivir  la  Geografía,  tanto  por  el  gran  caudal  de  aguas, 
como  por  lo  elevado  déla  rampa,  por  donde  caen  divididas  en  grue- 
sos torrentes  por  i4  islas  frondosas  aibiertas  de  grandes  arboles  y 
Palmas,  q*  le  hacen  de  una  vista  sobremanera  agradable,  y  digna 
de  atención.  De  la  otra  parte  del  Salto  se  explaya  el  Rio  nolablem^  ; 
siendo  sus  orillas  menos  altas,  y  mas  suave  su  corriente,  demodo 
q'   ofrece  una  navegación  tranquila  de  muchas  leguas. 

Nros  Geógrafos,  noteniendo  instrucción  de  pasar  adelante,  por  ser 
disposición  délas  Cortes,  quela  prim"  Partida  déla  seg*  División  hu- 
biese de  reconocer  y  demarcar  el  tramo  del  Paraná  q"  restaba  hta  el 
igalimy,  dieron  porconcluido  su  trabajo,  y  regresaron  el  mismo  dia, 
rectificando  sus  operaciones.  La  mañana  del  12  llegaron  al  puerto 
délas  Canoas,  con  alg"*  enfermos,  de  resultas  déla  fatiga  y  cansancio, 
y  por  la  escasez  de  comestibles,  q"  lesllegaron  á  faltar  del  todo,  te- 
niendo q"  mantenerse  alg***  días  con  frutas  silvestres,  cocos  y  dátiles. 
Repuestos  algún  tanto  desu  debilidad,  baxaron  el  16  hta  el  Yagua- 
ry,  donde  construyeron,  el  17,  una  balsa  de  dos  Canoas,  y  unos 
{lalos  atrabesados  p'  cada  destacam^.  El  18  continuaron  en  ellas 
agiias  abajo,  y  el  20  de  mañana  entraron  finalm^  en  el  Iguazü,  des- 
andadas cerca  de  33  leg"  q*  entre  senos  y  vueltas  corre  el  Paraná 
álos  12®  S.  O.  desde  su  Saltogrande  ala  barra  de  este  rio,  y  llegando 


3i)4  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

aquella  misma  tarde  con  toda  dicha  al  Campam*^  gral,  después  de 
37  días  de  expedición. 


Reconocim***  délos  Ríos  IguazC    y  Sanaxtomo 

El  reconocim*"  q*'  acabamos  de  referir  del  Paraná,  no  embarazó 
de  modo  alguno,  q"  por  otra  mano  sefueran  disponiendo  las  cosas, 
y  preparando  los  caminos  p'  emprender  sin  demora,  como  sehabia 
convenido,  el  délos  Rios  Iguazü  y  Sanantonio,  q'  seconsideraba  aun 
mas  penoso  y  arduo.  El  mismo  dia  p*  i4  de  Julio,  q'  salieron  los 
Geógrafos  p'  aquella  expedición,  salió  también  nro  Piloto  D"  An- 
drés de  Oyarvide,  acompañado  del  Alférez  de  milicias  D"  Juan  Jph 
Valdez,  alguna  gente  de  armas,  y  el  Vaqueano  Portugués  y  Alí' 
Man'  délos  Santos,  á  navegaren  una  Canoa  y  reconocer  hta  el  Salto 
del  Iguazü,  distante  cosa  de  6  1/2  millas  del  Campam***  siendo  la  idea 
explorar  las  margenes  deste  Rio,  y  averiguar,  si  era  posible,  con 
las  noticias  q^  daba  el  Diario  de  la  antigua  Demarcación,  el  parage 
p"^  donde  montaron  entonces  las  canoas,  abrieron  la  picada  y  subie- 
ron ala  cima  de  dho  Salto.  De  hecho  como  alas  4  millas  dieron  con 
el  sitio  deseado,  sobre  una  pequeña  ensenada  con  playa  de  arena 
déla  ribera  merid"'  y  cerca  de  una  preciosa  cascada,  q'  sedespeña 
de  notable  altura,  enlos  mismos  términos  q*  la  pinta  el  Plan  de  ins- 
trucción. Con  el  conocim*°  de  esta  valiza,  sedispusoal  dia  sig*'un 
destacam*°  de  3o  hombres,  q'  provistos  detodo  lo  necesario  p'  su 
alimento  y  defensa,  como  asimismo  de  hachas,  machetes  y  demás 
instrum*"'  propios  p'  romper  el  monte  abrieron  efectivam**  la  pica- 
da q*  se  les  ordenó,  siendo  dirigidos  por  dhos  oficiales,  laq'  tenia  5 
millas  de  distancia,  y  conducía  alas  aguas  su[>eriores  del  Iguazú,  q' 
en  aquellas  alturas  seexplaya  considerablm*"  entre  multitud  de  fron- 
dosas islas  y  canales.  Tardaron  en  esta  faena  hta  el  25,  y  el  26, 
volvió  Oyarvide  con  el  encargo  de  establecer  un  puesto  en  el  Salto, 
con  almacenes  p'  deposito  de  víveres  y  pertrechos,  y  fabricar  algn- 


DIAKlü  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  SqS 

ñas  Canoas.  El  Comisario  de  S.  M.  F.  no  menos  prolixo  q'  hábil 
arquitecto  en  la  construcción  de  estos  pequeños  buques  no  quiso 
fiar  la  obra  á  ninguno  desús  inferiores,  y  tomando  sobresi  la  direc- 
ción desu  astillero,  caminó  también  al  Salto  el  27,  lleno  todo  de 
esta  idea.  Con  un  tal  magisterio  sehubiesen  hecho  con  detención 
las  Canoas  necesarias  y  con  todas  las  proporciones  del  arle  ;  pero  los 
timbos  y  Cedros  de  tamaño  correspond**  escaseaban  en  aquellas 
cercanías,  y  el  Coron'  Roscio  sevió  forzado  á  descender  el  9  de  Agos- 
to, dexando  p'  concluirse  tres  canoas  pequeñas,  las  únicas  q*  seen- 
cofitraron,  y  en  animo  de  buscar  algima  otra  déla  parte  de  abaxo 
para  subirla  después  en  caso  de  necesidad,  como  aconteció  efec- 
tivam***.  Oyarvide  regresó  también  el  20  del  mismo,  acabados  los 
ranchos,  y  2  Canoas  regulares,  q**  pudo  hallar,  navegando  el  Iguazii 
en  otra  q^  hizo  montar  al  efecto,  y  cuya  faena  se  llevó  3  dias,  sin 
embargo  de  haber  descubierto  otra  subida,  q"  sino  mas  suave. 
Alómenos  acortaba  de  algunlanto  la  distancia  déla  picada.  El  Alférez 
Valdez  quedó  con  alg"*  desús  Milicianos  para  conservación  de  aq' 
puesto. 

Durante  este  tpo,  dio  el  Iguazú  una  baxa  tan  considerable,  q*"  nros 
Barcos  quedaron  en  seco  y  bien  distantes  déla  lumbre  del  agua, 
mediando  una  lomada  ó  albardon  de  piedras  sueltas,  q"  sedescubrió 
derepente,  y  embarazaba  el  paso  al  Canal.  De  un  lado  y  otro  del 
Campam*"  velaron  también  varias  cadenas  de  piedras,  ó  arrecifes,  q*' 
imposibilitaban  ó  hacían  muy  peligrosa  la  navegación  del  Rio.  Una 
Canoa  chasquera  que  llegó  el  26  de  Julio  con  cartas  del  Pueblo  del 
Corpus,  de  donde  había  salido  el  i4,  fue  detenida  por  el  mayor  de 
estos  arrecifes  ó  rebentazones  antes  del  Real  délos  Portugueses. 
Cinco  indios  q**  vinieron  en  ella,  nos  dieron  la  noticia  de  haber  arri- 
bado ásus  playas,  el  3o  de  Junio  el  cadáver  del  Dragón  Luis  García, 
ahogado,  como  ya  diximos,  el  18  y  q'  llevaron  las  aguas  cerca  de 
4o  leg*,  talvez  no  sin  providencia  especial,  para  q'  lograse  como  de 
hecho  sele  dio  sepultura  eclesiástica  en  aq'  cementerio  !  También 
tropezaron  con  la  misma  Cachoera,  como  llaman  los  Portugueses 


396  AiNALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

las  canoas  q**  regresaron  del  Paraná  el  20  de  Agosto,  y  unicam*** 
lapudieron  pasar  descargadas  y  suspensas  áfuerza  de  brazos.  El  23 
senosmurió  el  indio  Juan  Cherí,  Calafate  y  Carpintero  del  Barco  de 
Sáneosme.  Su  enfermedad  fue  una  especie  de  opilación  de  humores, 
q"  dirigió  su  ataque  ala  cabeza  y  pecho  :  y  lehubo  de  acelerar  la 
muerte  una  sangría  que  sehizo  dar  fuera  de  tpo  por  el  Curuzuyá  6 
curandero  de  los  indios,  sin  noticia  del  profesor  de  medicina  D" 
Feliz  Pineda,  q'^  desde  el  instante  pronosticó  malos  efectos. 

El  21  fueron  nombrados  los  destacam^*  q*  debian  ir  al  reconoci- 
miento del  Sanantonio.  Componiase  el  Lusitano  de  8  Soldados,  i 
Cabo  y  1 5  indios  remadores  ;  el  Español  de  8  Dragones,  i  Cabo  y 
1 2  Milicianos  del  Paraguay,  que  manejaban  con  no  menos  destreza 
el  arma  q®  el  remo  ;  y  ambos  fueron  provistos  de  vi  veres  y  municio- 
nes p°  dos  meses  igualm^  q*  de  insti*um*"*  para  romper  el  monte, 
quedando  en  recurrir  á  tpo  por  nuebo  socorro.   El  Ten**  de  ing'*' 
Fran''**das  Chagas  Santos,  y  D"  Andrés  de  Oyarvide  fueron  puestos 
ala  cabeza  de  dhos  destacam*°"  y  en  la  orden  de  su  destino,  seles 
dio  la  instniccion  de  navegar  y  reconocer  el  Iguazú  hasta  la  barra 
del  Sanantonio  :  subir  después  las  aguas  de  este  lita  su  origen :  pro- 
curar de  allí  su  unión  y  enlace  por  lo  mas  elevado  del  terreno,  con 
las   vertientes   del  Pepiryguazú  :  y  baxar  finalm**  por  las  aguas  de 
este  ultimo  hta  su  confluencia,  si  era  dable,  en  el  L  niguay ;  y  deno. 
recorrerlo  alómenos  en  cierto  tramo,  hta  quedar  seguros  desu  co- 
nocim*"  y  déla  trabazón  exacta  de  sus  trabajos  con  los  de  la  prim' 
Subdivisión  q*"  debian  terminar  en  la  boc^i  de  dho  Pepiryguazú- 
Dispuesto  todo  esto  en  la  forma  reí^  partieron  de  nro  Campo  en  los 
dias  24  y  25  del  cit°  Agosto  llevando  amas  porción  de  indios,  q* 
lesayudasen  ásubir  las  provisión*  y  pertrechos  p*^  la  Picada,  cuyo 
camino  ala  verdad  no  era  de  los  mejores. 
Viaje  al  Salto  del        La  agradable  pintura  q'  noshacian  del  Salto  del  Iguazú  excitó  en 

Iguacú.  ^       ,  . 

nosotros  el  deseo  de  verlo  ;  y  llevados  de  esta  curiosidad,  acompaña- 
mos el  mismo  dia  25,  la  partida  de  Oyarvide,  siéndonos  fonoso 
hacer  apie  toda  la  jornada,  por  ir  sobrecargadas  las  Canoas  con  los 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAU  397 

viveros  y  hatos  dcla  gente.  El  Coron'  Roscio  quiso  también  volver 
en  esla  ocasión,  y  salió  delante  en  una  Canoa  ligera,  q'  sehabia 
hecho  construir  á  su  modo  para  pasear  el  Rio.  Una  marcha  de  todo 
el  dia  nos  costó  llegar  ala  boca  déla  picada,  q**  distaba  solo  4  7  mi- 
llas del  Campam*"*  donde  pasamos  la  noche.  Las  orillas  del  Iguazú  nirerentM  piedras 
sehallan  cubiertas  de  grandes  piedras,  sueltas  y  negras,  colocadas 
unas  sobre  otras  como  derrumbadas  déla  barranca,  y  algunas  de  ta- 
maño disforme.  Todas  eran  de  figura  casi  redonda,  y  estaban  como 
labadas  por  las  aguas,  y  en  partes  bañadas  de  cierto  betún  brillan- 
te, ó  aceyle  petrolino,  q*  hacia  resbalar  con  facilidad  de  manera  q"         Aceite. 

,.  .,  .  4«.t  1111  Prlrolino  AsfaUo. 

el  cammo  nos  vino  aser  por  extremo  penoso.  Atrechos  se  hallaban 
sin  embargo  algunos  arroyiielos  con  playa  de  arena,  q"  servian  de 
refrigerio  y  descanso,  y  también  en  estos  era  muy  común  cierto 
aceyteójabonglustinosof'A/c^,  especie  de  as/>/ía//o  amarillo,  q* nadaba 
sobre  el  agua,  formando  nata  gruesa  y  espumosa.  Vimos  igualm**"  en 
dhos  arroyos  varios  f/uijarros  ó  piedrecitas,  redondas,  obaladas  y 
de  otras  figuras  :  unas  opacas,  bruñidas  y  matizadas,  tal  vez,  de  be- 
las  de  dibersos  colores,  y  otras  transparentes,  ó  medio  diafanas,  es- 
cabrosas y  teñidas  ya  deverde,  ya  de  encarnado  ó  amarillo  &■  El  26 
subimos  la  picada  y  el  2  7  quedaron  enlos  ranchos  todos  los  Vi  veres 
y  pertrechos,  regresándose  este  mismo  dia  el  Comisario  Portugués 
á  efecto  de  hacer  montar  otra  canoa  deq*  carecia  el  Destacam*"  desu 
Nación,  y  sin  tener  el  gusto  de  ver  el  Salto  objeto  principal  de  su 
seg°  viaje. 

La  tarde  del  28  tubimos  nosotros  la  satisfacción  de  reconocer  sau©  dei  igu««á. 
bien  de  cerca  esla  gran  catarata,  pasando  en  una  Canoa,  acompa- 
ñados de  Oyarvide,  las  Chagas  y  otros  q*  ya  eran  vaquéanos  :  y  lle- 
gando después  por  una  isleta  de  piedras,  y  atrabesando  desnudos 
diferentes  canales  de  poca  agua  y  corriente  hasta  el  borde  mismo 
del  precipicio.  Es  el  Salto  del  Iguazú  uno  de  los  portentos  pasmosos 
déla  naturaleza.  Las  dos  orillas  del  Rio,  q*  cosa  de  una  legua  por 
baxo  del  Salto  son  de  piedra  y  sevan  elebando  progresiva  y  per- 
pendicularm**  hta  la  altura  de  60  á  70  varas,  á  manera  de  dos  pare- 


398  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

dones  ó  lienzos  de  muralla  acantilados,  áq'  los  indios  llaman  Tem- 
bey ,  se  acercan  poco  apoco  una  á  otra,  y  llegan  por  último  á  unirse, 
dexando  una  área  como  de  cinquenta  toesas  de  ancho,  ó  algo  mas, 
en  forma  de  herradura,  y  proyectada  al  N.  N.  O.  El  Iguazú  corre 
en  la  parte  superior  manso  y  explayado   de  una  milla  entre  mul- 
titud de  rocas  ó  isletas,  de  arboles  y  palmas  :   y  al  encontrar  con 
aquella  gran  caxa,  ó  profunda  Sima,  q'  leestá  preparada  se  reparte 
por  ambos  lados  y  ba  precipitando  sucesivam***  en  distancia  de  otra 
milla,  dividido  en  grandes  y  vistosos  torrentes.  Entre  estos  se  notan 
dos  muy  considerables  y  asombrosos  :  el  uno  alfrente  déla  Catarata,  q* 
desciende  prim"  por  varias  gradas,  vistiéndolas  de  torneadas  y  blan- 
cas espumas,  y  saltando  después  de  la  inferior,  haciendo  un  her- 
moso arco,  que  llena  todo  el  ámbito  del  mismo  frente  :  y  el  otro  q* 
es  aun  de  mayor  entidad,  sedespeña  todo  unido  de  arriba  abaxo  por 
la  parte  oriental,  tomando  una  extensión  de  mas  de  cien  toesas. 
Otros  muchos  se  registran  á  derecha  é  izquierda  de  diversos  lama- 
ños  y  hermosura  :  y  todos  ellos  estrellándose  enel  fondo  déla  caver- 
na, herizado  de  monstruozos  peñascos,  hacen  temblar  todo  el  con- 
torno, difundiendo  á  larga  distancia  el  ronco  estruendo  de  un  furioso 
huracán,  y  cubriendo  los  ayres  de  humedad  y  densa  neblina  q'  en 
columnas  de  humo  con  los  agradables  adornos  del  arco  iris  subehta 
los  cielos.  Tenia  en  esta  maravilla  su  literal  aplicación   aquello  de 
David  :  u  elevaverunt  Jlu/ninajlactas  saos  d  vocibus  aguaram  multa- 
rum  (ps.  92)  y  esta  fue  en  efecto  la  inscripción  q'  oportunam**  hizo 
gravar  nro  geógrafo  Oyarvide,  ásu  retirada  del  Sanantonio,  en  el 
grueso  tronco  de  un  árbol  q'  miraba  á  dho  Salto  :  convidando  por 
su  cara  de  occid**  áver  aq*  prodigio,  con  otro  mote  no  menos  del 
caso  :  «  venite  et  videte  opera  Domini  »  1788  (ps.  45). 

Satisfecha  nra  curiosidad,  regresamos  el  29  al  Campam**  dexan- 
do todo  pronto  de  nra  parte  :  y  la  tarde  del  3o,  montada  la  Canoa 
q"  faltaba  álos  Portugueses,  seacomodaron  ambos  destacara^  en 
seis  de  estos  pequeños  buques,  y  dieron  principio  ásu  navegación. 
El  tiempo  no  lesdexó  de  favorecer  en  los  primeros  dias:  después  les 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  399 

lio  ¡Ó  alg*  cosa,  [>ero  el  rio  noobstante,  lo  encontraron  tanbaxo,  y 
con  tal  multitud  de  arrecifes  descubiertos  q*  lecruzaban,  q*  es  inde- 
cible el  trabajo  q*  tubieron  para  superarlos.  En  muchos  de  ellos  tenia 
la  gente  q^  ponerse  en  el  agua,  y  alijando  las  canoas,  pasarlas  de 
rastro,  con  las  cargas  al  hombro  ;  y  en  todos  era  por  lo  común 
violenta  la  corriente,  peligrando  no  poco  la  pequeña  escuadra  con 
el  fixícuente  gol[)c  délas  encrespadas  olas.  Oyarvide  empleó  i3  dias 
en  llegar  ala  barra  del  Sanant" :  en  los  25^^  35',  distante  del  Salto 
del  Iguazií  07  millas  según  las  vneltas  del  rio  :  Las  Chagas  gastó  2 
dias  mas ;  y  subiendo  ambos  las  aguas  de  aq'  el  i3  de  Sep*"  senave- 
garon  con  no  menos  dificultad  p*^  la  creciente  délas  últimas  lluvias 
hta  la  distancia  de  7  leg* ;  y  pararon  el  19,  sobre  la  ribera  occid"' 
en  los  25"  4i '  de  latitud  cerca  de  una  pequeña  cascada  q"  se  des- 
peña de  altura,  y  no  lexos  de  un  Salto  que  como  en  otro  tpo  álos 
antiguos  demarcadores,  embarazó  también  ahora  pasar  adelante  con 
las  Canoas. 

Despachando,  el  20,  dos  de  ellas  al  Salto  del  Iguazú,  por  nuevo  luncho. 
socorro,  y  conduciendo  algunos  enfermos,  tomaron  el  partido  de  *  "*" 
hacer  unos  ranchos  en  aq'  parage,  para  depositar  el  resto  desús 
provisiones  :  y  trataron  luego  de  continuar  su  diligencia  por  tierra, 
abriendo  picada  enel  monte  sin  apartarse  mucho  del  cauce  del  rio  q'' 
debian  reconocer.  El  tiemp  q*  seleshabia  empezado  á  declarar  ad- 
verso, siguió  con  repetidas  aguas  y  fuertes  turbonadas,  y  los  indios 
empezaron  también  á  decaer  de  animo  á  vista  délos  trabajos  q'  seles 
presentaban.  Tres  déla  Partida  Portuguesa  hicieron  fuga  la  noche 
del  24,  llevándose  dos  Canoas  pequeñas,  q**  dexaron  á  corta  distancia. 
Con  todo  diviendo  sus  cortas  fuerzas,  dejaron  ima  guardia  propor- 
cionada en  los  ranchos  y  dieron  principio  ala  picada,  el  26,  conti- 
nuando la  penosa  fatiga  de  esta  obra  con  ordenada  alternativa  entre 
los  destacam*""  hta  el  3o  de  Octubre,  siendo  tal  la  espesura  é  intrin- 
cada breña  délos  montes,  q*  la  mejor  jornada  no  excedia  de  una 
milla,  á  pesar  de  los  mas  poderosos  esfuerzos. 

Como  la  estación  era  propia  de  lluvias  las  del  mes  de    ot''  fue-   i>i«gaide  ¡xuecto*. 


6oo  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ron  mas  copiosas  y  frecuentes  ;  muy  densas  y  constantes  las  neblinas 
y  creció  el  num°  de  enfermos  a  proporción  délas  humedades,  ayrcs 
nocivos  del  bosque,  y  multiplicación  délos  insectos  y  sabandijas, 
mosquitos,  gegenes,  tábanos  &■  plagas  molestisimas  q"  alternaban  y 
sucedian  unas  á  otras  en  las  2 4  horas  del  dia  sin  intermisión.  Entre 
ellas  era  muy  denotar  cierta  mosca  grande  y  parda  q*  volaba  solo  do 
mañana  ó  tarde,  y  al  picar  dexaba  uno  ó  dos  huebezuelos  introducidos 
en  el  cutis,  deq*  provenian  otras  tantas  ninfas  ó  gusanos  blancos, 
agusados  hacia  la  cola,  sin  pies,  y  con  dos  series  de  puntos  negros, 
ó  posos  laterales  :  los  q'"'  roian  y  atormentaban  muchos  días  loq" 
no  es  creible.  La  mala  calidad  délos  alimentos,  el  continuo  acarreti 
délos  pocos  q'  habian  dexado  enlos  ranchos,  cuya  pensión  se  aumen- 
taba con  la  distancia  :  las  contingencias  y  demora  del  socorro  que 
aguardaban  :  los  retirados  (sic)  délos  recursos  :  y  el  duro  trabajo  de 
romper  diariam*"  y  abrir  á  fuerza  de  brazo  una  selva  impenetrable, 
un  monte  q'  no  tenia  fin  !  todas  estas  calamidades  juntas  y  desazo- 
nes llegaron  á  postrar  el  vigor  de  aquellas  gentes,  y  abatió  su  espí- 
ritu en  tales  términos  q''  los  indios  desertaban  á  cada  paso,  teniendo 
á  menos  abenturarse  álos  grandes  riesgos  del  desierto,  q'  sufrir 
aquellas  penalidades.  Dos  de  estos  infelices  sehallaron  dias  después 
muertos  sobre  las  playas  del  Iguazü,  y  otros  tres  serecogieron  casual- 
Acuerdo  iH**  cstando  sobrc  el  punto  de  espirar  de  flaqueza  y  falta  de  susten- 
to no  habiendo  encontrado  otro  q*  unas  frutas  y  miel  silvestre.  Nros 
Geógrafos  pues,  no  habiendo  ya  de  quien  hechar  mano,  se  vieron 
constreñidos  á  resolver  su  retirada,  antes  de  verse  en  el  ultimo  apuro  : 
y  formado  de  acuerdo  un  intrum^  q'  con  fha  de  3o  de  Oct'  expre- 
sa todas  aquellas  causales,  la  pusieron  en  execucion  el  i"  de  Nov*»** 
dexando  un  rozado  á  orillas  de  un  pequeño  arr°  q*  lespudiera  servir 
de  marca  en  caso  de  volver. 

Durante  este  medio,  tpo,  las  Canoas  q*  fueron  por  viveres  el  20 
de  Sep""  llegaron  la  mañana  del  24  al  Salto  del  Iguazú  donde  sehabia 
mantenido  el  Alférez  Valdes,  con  alg*"  milicianos  para  conservación 
de  aq*  Puerto,  y  tener  abierta  la  comunicación.  Aquella  misma  tar- 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEA.K  /^oi 

de  baxaron  los  enfermos  por  la  picada  :  seembarcaron  en  otra  Ga  - 
noa  q**  se  tenia  siempre  por  baxo  del  Salto  :   y  aunque  tubieron  la 
mala  suerte  de  naufragar  en  el  gran  arrecife  descubierto  poco  des- 
pués del  primer  Campo  délos  Portugueses,  fue  sin  otra  desgracia  q' 
la  pérdida  de  algunas  armas  y  ropas  ;  ellos  se  transfirieron  ápie  por 
las  riberas  del  Iguazú  hta  su  barra  donde  se  hallaba  ya  nro  Campa- 
m^  como  diremos  abaxo,  y  la  Canoa»  con  una  tipa  q"  por  fortuna 
se  conservó  dentro  de  ella,  enq**  venian  las  cartas  délos  facultativos 
sesacó  al  dia  siguiente.  El  barco  grande  de  Itapua  q*  fué  á  Candela- 
ria por  los  viveres  p*  la  Partida  Española,  había  llegado  á  nro  Real 
el  mismo  dia  20  de  Sep\  El  del  Corpus  q**  conduela  los  destinados 
ala  Portuguesa,  y  otro  de  Sanignaciominy,  con  mantenim****  para 
los  indios  no  estaban  distantes.  Con  lo  q"  terminada  la  escasez,   q" 
ya  sehabia  empezado  asentir  en  nras  tropas,  sepudo  habilitar  el  soco- 
rro p*  los  destacam***  del  Sanantonio  :  y  el  27  salió  en  5  Canoas, 
construidas  las  mas  de  ellas  por  nro  Concurrente  q'  nosabia  estar 
ocioso.  Los  malos  tpos  detubieron  este  comboy  hta  el  9  de  Oct*  en 
el  Salto  del  Iguazú.  El  3i  del  mismo  llegó  sinembargo  álos  ranchos 
del  Rio  de  Sanantonio  y  el  4  de.  Nov*  al  parage  donde  sehallaban 
los  profesores,  q*  como  se  acava  de  ver,  trahian  ya  4  jornadas  de 
regreso. 

Animados  nros  Geógrafos  con  la  llegada  oportuna  de  este  auxilio 
y  conla  délos  indios  q"  lo  conducían,  q*  eran  délos  venidos  de  re- 
fresco en  el  cit°  barco  de  Itapua,  suspendieron  ía  retirada  :  y  rem- 
plazados los  mas  endebles  y  enfermos,  délos  q''*  falleció  el  5  un  in- 
dio del  Corpus  que  servia  á  los  Portugueses;  acometieron,  el  7,  con 
nuevo  brío  la  empresa  ardua  desu  reconocim*",  volviendo  Seg"  vez, 
y  álos  dos  dias,  al  arroyo  déla  marca.  Pasaron  el  10,  otro  nombra- 
do délas  Antas  por  los  antiguos  Demarcadores,  ácausa  délas  muchas 
huellas  de  este  Cuadrúpedo,  q*  notaron  enél,  y  q"  ahora  confirma- 
ron. El  28  advertido  un  gran  desfalco  enlas  remesas  de  viveres  q" 
les  hacian  amenudo  del  rancho  déla  provisión  q"  causaban  los 
mismos  Conductores,  sebieron  obligados  a  desprenderse  de  varios 

AMALR*  DB  t4   aiBUOTCaA.    —  t.    111  a6 


hoi  ANALES    DE  LA  BIBLIOTECA 

dcsu  escolta,  disminuyendo  asi  el  consumo,  y  remitiendo  algunos 
otros  q*"  habían  caido  nuevam*^*  enfermos.  El  5  de  Diz*  les  alcanzó 
el  Alférez  Valdes  con  cartas  del  Campo  general,  de  donde  habia  sa- 
lido el  17  de  Nov^^'^en  compañia  del  Cabo  Portugués  Joseph  López, 
conduciendo  un  corto  socorro  de  dietas  p'  los  enfermos  q*  sesupo- 
nian,  y  q'  habian  dexado,  el  27  del  mismo,  en  el  Pto  de  Sanan- 
tonio. 

Crecian  con  la  distancia  la  dificultad  délos  acarreos,  y  la  falta 
délos  vi  veres.  Los  portadores  apenas  entregaban  libras  p'  arrobas 
délas  especies  q**  habian  recibido,  sin  haber  modo  de  evitar  este  des- 
orden. Fuera  de  esto,  por  camino  tan  penoso  y  dilatado  la  carga 
de  un  hombre,  q""  habia  de  llevar  amas  algún  hato,  armas  y  muni- 
ciones para  su  defensa,  no  podia  exceder  de  mucho  loq'  el  mismo 
necesitaba  para  su  propio  sustento,  aun  regulado  con  toda  modera- 
ción. Bien  a  costa  suya  experimentaron  aquellos  honrados  oficiales 
las  funestas  resultas  de  este  desconcierto  en  otra  conducta  de  provi- 
siones, q'  recibieron  el  6  de  Diz*.  Las  mermas  fueron  tan  conside- 
rables, q*  sevieron  aun  forzados  á  disminuir  su  Comitiva,  formando 
el  proyecto  de  llevar  adelante,   y  concluir,  mas  q*  fuese  solos,  el 
examen  de  aquel  rio,  q*  daba  ya  muestras  de  no  tener  lexos  sus 
cabezeras.  Tomada  esta  resolución,  como  el  ultimo  esfuerzo,  á  q' 
daban  lugar  tan  opuestas  circunstancias,  siguieron,  el  7,  con  los 
mas  alentados  su  penosa  ruta :  caminando  atrechos  por  el  álveo 
mismo  del  Arroyo  p"  excusar  enlo  posible  la  dura  faena  de  romper 
el  monte. 
Origen  I^®  ^sta  manera  y  con  esta  constancia  llegaron  finalm**  nros  Geó- 

grafos, el  1 1  de  Diz"  á  una  elevada  y  pendiente  loma  q*  da  origen  al 
rio  Sanantonio  con  un  copioso  manantial  en  los  26"  12  '  deLat**.  La 
misma  Cuchilla  reparte  aguas  por  su  cara  del  Sur  al  Uruguay  :  y 
cortada  su  meseta  enesta  dirección  por  lo  mas  alto  del  terreno,  vie- 
ron álos  46o  pasos  otra  vertiente  pantanosa  y  nomenos  fecunda, 
nacimiento  según  los  Diarios  déla  antigua  Demarcación,  del  rio  de- 
nominado entonces  Pepiryguazú,  Nros  exploradores  no  pudiendo 


del  SiaanUmío. 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAH  koS 

pasar  adelante,  como  les  ordenaba  su  instrucción,  dieron  aqui  por 
concluida  la  diligencia,  gravando  en  un  hermoso  Cary  de  6  varas 
de  cerco,  aquella  celebre  inscripción  q*  Hercules  en  otro  tpo  en  la 
Ciudad  de  Cádiz.  «  I\on  plus  ultra  1788  «  y  labrado  otro  segundo 
instrumento  q*  los  exonera  de  cargo,  verificaron  su  regreso  el  mismo 
dia,  rectificando  sus  operaciones.  Incorporados,  el  i3,  con  la  Tropa 
de  inválidos,  enque  iban  no  pocos  mordidos,  y  agusanados  déla 
cruel  Motuca,  una  délas  mayores  molestias  de  aq"  expedición,  y  de 
q*  no  selibró  nro  Oyarvide,  llegaron  juntos,  el  19,  al  Puerto  de 
Sanantonio,  y  embarcándose  enlas  canoas  el  20  al  amanecer,  arri- 
baron felizmente  al  Salto  del  Iguazú,  el  23  de  mañana,  y  álatarde 
al  Campamento  general,  contando  muy  cerca  de  cuatro  meses  de 
campaña. 

Resumiendo  ahora  los  trabajos  de  estos  oficiales  por  la  relación     i>e»cripcion  dei 
y  plano  q'  presentaron,  corre  el  Sanantonio  27  leg*  álos  22  grs 
N.  O.  desde  su  origen  en  los  26^  12  '  de  lat**  hta  su  barra  en  los 
25^  35 ' ;  incluyendo  en  esta  distancia  su  fsic  )  pequeñas  e  infinitas 
vueltas,  y  siendo  unicam*'  navegables  p*  Canoas  las  últimas  7  Icg". 
Todos  los  arroyos  q*  leentran  son  de  poca  entidad,  y  por  su  banda 
de  Occid**  loq'  hace  presumir  q'  las  caidas  de  todos  aquellos  terre- 
nos orientales  formarán  tal  vez  otro  rio  no  distante,  q"  fluirá  también 
al  Iguazii.  El  curso  de  este  desde  la  boca  del  Sanantonio  hasta  su 
confluencia  con  el  Paraná  es  de  23  leg"  al  O.  pero  con  vueltas  tan 
dobladas  y  tendidas  á  N  y  S.  q'  el  apartamiento  de  aquellos  dos 
puntos  es  solo  de  34  millas.  En  todo  este  ramo  conserva  una  an- 
chura casi  igual,  como  de  3oo  á  4oo  toesas.  Tiene  muchos  arreci- 
fes q*  lecruzan  de  un  lado  á  otro,  embarazando  no  poco  su  navega- 
ción, y  en   el  gran  num°  de  estas  q'  selecuenta,  la  únicas  conside- 
rables son,  la  del  Pesquero^  las  QuaírohermanaSf  la  délas  Tacuaras, 
y  la  Sola  llamadas  asi  por  los  antiguos  Demarcadores.  No  tiene  otro 
arroyo  notable  q'  el  Sanfrancisco  5  millas  largas  por  baxo  del 
Sanantonio,  y  en  la  misma  ribera  meridional.  El  gran  Saltóse  halla 
alas  i3  millas  justas  desu  barra,  y  en  los  25*^  4  '  fx"  de  laf*.  Las  ere- 


üok  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

cientes  del  Paraná  hacen  reposar  las  aguas  del  Iguazú,  facililando 
en  tal  manera  su  navegación,  y  cubriendo  los  arrecifes  hta  cerca  de 
esta  hei'mosa  Catarata,  q'  no  seria  difícil  registrarla  inlcriorm*'  en 
Canoas,  loq*  fuera  de  estos  casos  seria  impracticable.  Tiene  el 
Iguazú  sus  primeras  fuentes  en  los  campos  á  inmediaciones  déla 
pequeña  villa  de  Curitiba,  hacia  la  Costa  del  Brasil,  altura  de  (i) 

Corre  mas  de  al  y  por  esta 

razón  es  también  conocido  con  el  nombre  de  Rio(/randede  Curitiba. 
Los  Portugueses,  laboriosos  investigadores  délos  terrenos  mas  altos, 
hicieron  reconocer  este  rio  el  año  de  1773  al  Cap"  de  Auxiliares  F.. . 
Silbeyra  ;  q'  baxó  por  sus  aguas  en  unas  canoas  y  una  escolta  de 
7)0  hombres  con  designio  de  formar  un  establecimiento  hacia  su 
barra ;  mas  habiéndosele  acabado  las  provisiones,  embió  p**  nuevo 
socorro  la  mayor  parte  desu  gente,  q"  no  volvió,  y  él,  temiendo  los 
¡ndios^Coro/2aí/o,9  y  falto  de  auxilio  sevino  álos  Pueblos  de  Misiones, 
donde  fue  preso  por  su  Gobern*""  y  remitido  á  Buenos  ayres  ;  paso 
alg**  años  en  la  Cindadela  de  Montevideo. 
Critica  situación       Nro  Real  pues,  como  ya  seapuntó,  subsistió  dentro  del  Iguazú, 

del  Campam**. 

desde  1°  de  Julio  hta  18  de  Sep".  El  mal  temperam**  de  este  rio, 
lóbrego  y  húmedo  ;  la  estrechez  desús  orillas  pendientes  y  pantanosas 
y  lo  incierto  de  sus  crecientes,  q*  hacian  dudosa  la  salida  de  nros 
barcos,  nos  resolvieron  á  transferirlo  este  día,  fuera  de  barra,  sobre 
la  punta  N.  del  Paraná,  donde  serespiraba  un  ayre  mas  libre,  se  go- 
zaba de  un  cielo  espacioso,  abundaba  la  pesca,  y  siendo  otra  la  pro- 
[K)rcion,  era  también  punto  mas  señalado  para  las  observaciones 
astronómicas.  Cuadraba  asimismo  esta  determinación  conlos  barcos 
(lelos  viveres  q*  estaban  para  llegar  de  Candelaria,  y  no  tendrían 
facilidad  de  entrar  en  el  Iguazú.  Sinembargo  de  estas  ventajas,  la 
situación  local  de  nro  nuevo  Campo  no  era  délas  mas  adecuadas  ni 
estaba  fuera  de  peligro.  Inclinado  todo  el  terreno,  y  cubierto  de 
arena  suelta,  sobre  una  segunda  tonga  de  arcilla  ó  barro  resbaladizo  : 

(i)  Alvear  omitió  llenar  estos  blancos  con  los  datos  naméricos:  su  plagiario  Cabrer 
anprimió  sencillamente  la  cláusula  peligrosa. 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  ^o5 

fuera  de  no  tener  fírmeza  para  clavar  las  tiendas,  ni  formar  ranchos, 
eran  continuas  las  filtraciones  en  tpo  de  aguas,  muy  frecuentes  >  ho- 
rrorosas las  grietas  del  suelo  que  se  habrían,  y  terribles  e  instantáneos 
los  derrumbam****  en  tan  glandes  masas,  q'  noshacian  estremecer. 
Un  notable  fenómeno  de  esta  clase,  nos  advirtió  el   lo  de  Oct"  el 
^ran  riesgo  aq'  estábamos  expuestos.  Formado  un  pequeño  deposito 
lie  aguas  con  las  lluvias  antecedentes,  delado  superior  de  la  barran- 
ca, y  bien  cerca  de  nro  Campam*"  se  desplomó  la  tarde  de  este  dia, 
un  gran  promontorio  de  mas  de  20  varas  cubicas  de  tierra,  corrien- 
do un  espacio  de  60,  y  llevando  consigo  un  gnieso  árbol  de  otras  20 
de  altura,  q*  dexó  en  medio  del  Rio,  tan  derecho  y  firme,  como  si 
hubiese  nacido  en  aq'  parage,  donde  permaneció  del  mismo  modo 
á  nra  retirada.  Las  aguas  del  Paraná  seabrieron  ala  caida  de  tan 
vasta  mole,  y  su  movimiento  fue  sentido  ala  distancia  de  5oo  toesas 
por  los  barcos  délos  Portugueses,  q'  estaban  doblada  la  punta  del 
Iguazú.  Paseando  la  tarde  anterior  con  nro  Concurrente  por  aquel 
sitio,  las  filtraciones  turbias  y  cenagosas  anunciaban  ya  la  próxima 
ruina.  Otros  medaños,  aunq'  de  menos  entidad,  sedespeñaron  en 
varias  ocasiones  ;  y  todos  redoblaban  nros  cuydados  sobre  nro  Cam- 
pam*"  q*'  como  seha  dicho  estaba  muy  expuesto  á  igual  fracaso,  y  no 
habia  lugar  mas  seguro,   donde  transferirlo  en  aquellas  cercanías. 
Por  esta  causa  se  tomaron  alg**  precauciones  :  como  evitar  cuidado- 
sara*"  los  estanques  y  represas  dando  fácil  salida  alas  aguas  :  revestir 
las  regueras  y  arroyuelos  q*"  brotaban  todos  los  dias,  rascando  y 
excabando  las  tierras,  con  canales  de  madera  ó  medias  cañas,  he- 
chas del  hastil  délas  Palmas,  partido  alo  largo  :  y  por  ult°,  sostener 
los  terrenos  vacilantes  y  movedizos  conestacas  y  palos  apique,  for- 
tificando las  laderas  y  parages  arriesgados.  Con  estos  diques  artifi- 
ciales y  apoder  de  industria,  pudo  permanecer  segura  nra  mansión 
hta  fin  de  año. 

El  invierno  nos  fué  templado  y  seco.  Las  aguas  empezaron  el  20     Tempertinr». 
de  Agosto  y  en  Sep"  y  Oct"  fueron  abundantes,  con  turbonadas  fre- 
cuentes de  piedras,  truenos  y  relámpagos,  que  causaban  por  lo 


6o6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

regular  los  vientos  de  i"  y  2°  quadrante,  y  limpiaban  los  de  3"  y  4*. 
El  8  de  Ocr  se  experimentó  un  furioso  huracán  del  S.  E.  que  duró 
déla  I  alas  2  déla  mañana,  y  causó  extragos  enlos  montes,  desgajando 
y  arrancando  de  raiz  los  arboles  mas  corpulentos  y  asombrosos.  El 
mayor  frió  se  sintió  el  i3  de  dho  mes  de  Oct'  al  salir  el  Sol  con 
tiempo  claro  y  vieiHo  del  S.  y  el  mayor  calor  el  28  de  Nov',  alas  4 
déla  tarde,  con  vonlolinas  del  N.  El  termómetro  de  Nairne  mani- 
festó el  estado  déla  atmosfera,  con  48  partes  escala  de  Farnheit,  en 
el  primer  caso,  y  con  102  en  el  segundo.  Pasando  del  otro  lado  del 
Paraná,  afm  de  descubrir  mejor  el  cielo,  selograron  varias  observa- 
ciones, de  lat**,  p'  las  estrellas  ;  de  longitud,  por  los  eclipses  de  los 
satélites  de  Júpiter  y  por  el  de  Sol  del  27  de  No\'  q*  casi  fue  anular.  \ 
déla  Variación  déla  Aguja  magnética,  p"*  los  Azimudcs  de  este  Astro. 
La  barra  pues  del  Iguazú  sehalla  con  arreglo  alas  mas  exactas  en  la 
Latitud  Merid*'  2/|^35'36''  ^  Variación  magn* 

Long**  déla  isla  del  Forro  323.32  '3o*'  )  N  E.  10^,  3o' 

Las  circunstanciíis  de  estas  y  demás  observaciones  practicadas 

durante  el  curso  de  nra  comisión,  se  podrán  ver  enel  Catalogo  de 

ellas,  q"  como  ya  hemos   anunciado,  hará  la  seg*  parte  de  eslc 

Diario. 

Proponte  r«co-       El  i"  dc  Nov"  llegó  a  uro  Campo  otra  Canoa  q"  habia  salido  del  P. 

aguas  arriba  del  dcl  Corpus  oclio  dias  autcs,  y  couducia  pliegos  del  Servicio  del  Sor 

Sanantonio. 

Virey  de  Buenos  ayres,  y  délos  Comisarios  déla  prim"  Subdivisión 
q"  rehallaban  en  el  de  Sanjuan.  En  ellos  senosdaba  noticia  de  haber 
descubierto  los  (Jeografos  de  aquellas  Partidas  el  verdad"  rio  Pepi- 
ryguazú  1 6  leg"  á  Oriente  dcrq"  equivocadam**  tomaron  por  tal  los 
antiguos  Demarcadores  :  y  senosincluia  el  plano  del  Uruguay  q' 
acababan  de  lebantar,navegandolohta  el  Pueblo  de  Sanxavier  el  déla 
Española  D"  Joachin  Gundin,  con  expresión  y  notas  de  esta  descu- 
bierta. El  19  de  Diz**  llegó  tercera  Canoa,  q"  habia  salido  tamb"  del 
Corpus  el  1 1  de  mañana  y  nro  Comis°  Director  D"  Jph  Várela,  re- 
cibida nra  contextacion  sobre  el  particular,  recomendaba  con  nueva 
instancia,  se  reconociese  el  Iguazú  en  distancia  de  20  leg"  á  oriente 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  607 

del  Sanantonio,  con  el  obgeto  de  ver,  si  sehallaba  algún  otro  brazo, 
q"  descendiendo  déla  parte  meridional,  confrontase  con  las  cabeze- 
ras  del  verd*  Pepiryguazú,  recien  descubierto;  pues  hallado  aq* 
«rror,  podría  talvez,  convenir  q*"  la  nueva  Linea  divisoria  tomase  su 
giro  por  estos  rios.  La  critica  situación  en  q*  nos  hallábamos,  sin  vi- 
veres  y  toda  la  gente  enferma  ó  endeble,  dificultaba  ala  verdad,  no 
poco  aq^  examen ;  mas  sinembargo  lo  propusimos,  al  día  sig^  en 
conferencia  formal  al  Coron^  Roscio,  manifestándole  dhos  oficios  y 
planos  del  Uruguay.  El  Comis"  de  S.  M.  F.  sin  pararse  á  cónsul-  Neg,»  ieUoei 
lar  el  modo,  q*  ofrecia  sus  inconvenientes  :  nosolo  senegó  redonda- 
m**  á  prestarse  al  tal  reconocim*",  sino  q*"  adelantó  no  lo  dexaria 
practicar  sin  orden  expresa,  tratándose  de  terrenos  q'  el  mismo  tra- 
tado clara  c  individualm*"  cedia  y  consideraba  de  Portugal.  Nosotros 
graduamos  inútil  insistir,  p^  entonces  mas  sobre  el  asunto,  y  lodife- 
rimos  p*  tratarle  con  la  debida  estension,  quando  hubiésemos  depa- 
sar ala  barra  del  Pepiry,  persuadidos  q'  este  rio  podría  dar  mayor 
facilidad  para  conseguirlo. 

Finalm*"  terminada  la  prolixa  competencia  q'  motivó  nro  Concu- 
rrente, embarazando  la  demarcación  de  este  ríos,  sin  q*  se  hubiese 
logrado  erigir  un  solo  marco  después  de  tan  largos  y  costosos  reco- 
nocim**** :  luego  que  arribaron  los  destacam*"*  del  Sanan t",  y  baxaron 
los  indios  las  Canoas  para  utilizarse  de  ellas,  fue  acordado  nro  re- 
greso á  Candelaria  y  puesto  en  exccucion  la  mañana  del  26  de  Diz*" 
después  de  misa.  Las  Naciones  de  infieles  q*  habitan  aq'  pais,  y  deq** 
sedexó  ver  una  numerosa  toldería  de  mas  de  cien  personas  sobre  las 
playas  del  Igiiazú,  dias  antes  de  nra  partida,  dieron  lugar  á  q*  se 
gravasen,  en  el  robusto  tronco  de  un  corpudo  higueron,  cuya  som- 
bra cubría  todo  nro  Campo,  las  dos  inscripciones  sigtes  :  i"  en  la 
faz  occid*'  «  Scitote  quoniam  Dominas  ipse  es  Deus8  Kal.  Jan,  1789  »> 
2'  en  la  oriental :  Converte  nos  Deas  salataris  noster,  est  averie  iram 
iaam  á  nobis  (Salm"  84-  99). 

Como  se  hubiese  empezado  á  sentir  desde  fin  de  NoV"  la  gran 
creciente  ó  inundación  periódica,  q*  qual  otro  Nilo,  tiene  el  Paraná 


&Ó8  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

en  los  tres  prim'"  meses  del  año,  provenida  de  las  copiosas  lluvias 
q*'  hacia  las  Minas  Gerales  y  otros  parages  déla  Zona  tórrida,  donde 
este  tiene  sus  Cabezeras,  causan  las  brisas  australes  con  la  proximi- 
dad del  Sol ;  es  indecible  la  velocidad  délas  aguas,  y  la  prontitud 
de  nro  viaje.  El  27  hicimos  noche  enel  Pueblo  del  Corpus,  y  el  28 
después  de  mediodia  vinimos  á  dar  felizm^  á  Candelaria ;  empleando 
solo  32  horas  en  navegar  la  distancia  de  56  leg*  q"  ala  ida  nos  habia 
costado  60  dias.  Esta  navegación  de  regreso  por  medio  del  río   q* 
dexaba  descubrir  rumbos  mas  dilatados  y  seguros  q*  p'  las  oñllas 
hecha  siempre  á  remos,  á  paso  mas  igual  y  constante,  y  con  unas 
mismas  aguas  ó  corriente,  sin  cruzar  de  un  lado  á  otro,  ni  usar  de 
silga,  facilitó  una  derrota  mas  correcta  q*  la  q*  sehabia  sacado  ala 
ida  al  Iguazú,  sugeta  á  todos  aquellos  inconvenientes;  y  pudo  deter- 
minarse ahora  con  mas  exactitud  la  proyección  del  Paraná.   Cuya 
*  descripción  en  general,  siendo  un  rio  caudaloso,  no  sera  fuera  de) 
caso  :  y  en  ella  nos  arreglaremos  al  resultado  de  nros  trabajos,  alas 
noticias  mas  exactas  y  modernas  y  especialm**  ala  gran  Carta  de 
esta  America,  construida  el  año  de  1776  p'  el  Geógrafo  del  Reyno 
D"  Juan  déla  Cruz  (i),  y  ultimam*'  acavaremos  el  Cap*  como  tene- 
mos ofrecido,  con  la  Competencia  del  Comisario  Portugués. 


DESCRIPCIÓN  DEL  RIO  PaRA?VA 

Dos  son  los  rios  mas  remotos  y  q"  debemos  considerar  como  las 
cabezeras  del  Paraná  :  i**  el  rio  délas  Muertes,  q*  tiene  su  principio  en 
la  Capitania  del  Riojaneyro,  algo  al  S.  déla  Villarica,  situada  en  los 
20®  24 '  de  lat**  Austral :  el  q*  corridas  al  pie  de  60  leg"  por  el  S"  y 
y  4"  qtes,  sejunta  con  el  2"  llamado  Rio  Verisima,  q  baxa  del  N. 
y  tiene  sus  primeras  puntas  en  los  18^  45 '  contiguas  alas  del  gran 
Rio  de  Sanfrancisco.  Unidos  estos  dos  rios  sobre  el  paralelo  délos 

(1)  Probablemente  el  mismo  ejemplar  del  mapa  de  Cano  y  Olmedilla,  á  «pae  se  re- 
fiere Alvear,  es  uno  de  los  dos  que  existen  en  esta  Biblioteca. 


DIARIO   DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  609 

ü  I  '^  toman  el  nombre  de  Paranaguazú,  ó  gran  Paraná  q  en  len- 
gua de  los  indios  quiere  decir  Pariente  del  Mar,  lo  q'  no  da  mala  idea 
tlesii  grandeza  :  y  andadas  86  leg*  al  O  NO  seleagrega  el  Paranai- 
ba  q*  compuesto  de  otros  anexos  considerables,  trabe  su  origen 
deles  17^  3o '  al  IS .  E.  donde  lo  tiene  también  el  celebre  Rio  de  To- 
canlines,  q*  fluye  al  Septentrión  y  desagua  en  el  de  las  Amazonas 
por  la  Ciud**  del  Para.  Continua  después  el  Paraná  al  O  el  espacio 
de  1 3  leg*  hasta  la  boca  del  Rio  de  los  Cayapas  que  viene  del  N.  y 
dando  dulcera**,  una  vuelta  larga,  prolonga  su  curso  como  al  S.  S.  O. 
el  dilatado  trecho  de  187  leg*  hta  el  Pueblo  déla   Candelaria  Cap'* 
de  las  Misiones,  dedonde  tuerce  otras  60  al  O  hasta  la  Ciud***  délas 
siete  Corrientes. 

En  todo  este  tramo  recibe  el  Paraná,  cantidad  de  caudalosos  ríos 
p'  una  y  otra  parte  ;  sobre  el  paralelo  de  los  20°  el  famoso  Tiete  6 
Anemby,  y  riega  con  sus  prim"  fuentes  la  Ciud**  de  Sanpablo,  la 
Villa  de  Torocabas  y  varias  Aldeas  Portuguesas.  Los  Paulistas  ba- 
xan  por  este  rio  al  Paraná  :  entran  después  p'  el  Colorado  ó  Pardo^ 
q  está  7  leg*  mas  al  S.  p'  la  banda  opuesta,  y  arrastrando  sus  Ca- 
noas desde  sus  cabezeras  al  rio  Camapud  distante  solo  2  leg*, 
decienden  por  el  al  del  Paraguay,  suben  por  este  y  el  de  Cuyabd  : 
corren  los  dos  grandes  territorios  de  Cuyabd  y  Matogroso  y  hacen 
una  navegación  de  4oo  leg*  sin  otro  embarazo  q*  aquella  pequeña 
intermisión.  Con  otra  igual  acorta  diferencia,  les  seria  muy  fácil 
pasar  del  Tauru  al  Guaporé  ó  llenes,  penetrando  por  el  déla  Ma- 
dera al  délas  Amazonas,  y  navegar  de  este  modo  la  mayor  parte 
déla  America  Merid*'.  Cerca  de  los  22°  vierte  sus  aguas  en  el  Pa- 
raná el  Paranapané :  antes  de  los  23®  el  Ibay  ó  Guabay,  anteriorm*** 
Ibaxibá :  en  los  24°  el  Peqaery  ó  Itatu,  y  en  los  25®  35 '  el  Iguazú 
deq"  hemos  hablado  :  Jtodos  ríos  de  consideración,  particularm^  el 
prim"  y  ultimo,  que  nacen  tamb"  hacia  la  costa  del  Brasil,  y  cruzan 
la  celebre  y  antigua  Prov*  del  Guayrd  donde  estubieron  formadas 
la  C/urf**  real  ú  de  Ontiveras,  la  Villarica  y  las  1 3  floridas  Misiones 
délos  Jesuitas,  q'  destruyeron  los  Mamelucos  ó  Moradores  de  San- 


^lo  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

pablo,  ensus  tiránicas  excursiones,  para  captivar  indios,  llamadas 
Malocas. 

Por  la  orilla  Occid"'  frente  del  cit°  Pequery,  desagua  el  Igaii- 
my  en  otro  tiempo  Igurey,  por  donde  debe  ir  la  Linea  Divisoria. 
En  su  margen  Septent*'  tubieron  los  Portugueses  años  pasados  una 
Población,  q'  estableció  en  aq'  parage  el  Brig'  Jph  Custodio,  y 
tomó  y  destruyó  el  de  1777,  D"  Agustín  Pinedo,  siendo  Gobern"' 
del  Paraguay.  Luego  desp*  délos  24°  tropieza  el  Paraná  en  la  gran 
Cordillera  de  Maracayá,  y  le  causa  el  Sattogrande  deq"  ya  dimos 
noticia,  impidiendo  su  navegación  en  las  i5  leg**  inmediatas  los  peli- 
grosos herbideros  y  rapidez  desús  Corr***.  Desde  la  altura  del  Mon- 
day  é  Igiiazü  entra  ya  el  Paraná  en  la  Provincia  de  Misiones,  re- 
gistrándose hta  16  délos  Pueblos  no  lexos  desús  riberas  :  en  la 
Occid"'  la  de  Jesús  y  Trinidad  á  N.  y  S.  del  Capibury,  mas 
abaxo  la  Encarnación  de  Itapud  en  el  Aguapey  Sáneosme,  Saniia 
(JO,  y  Santateresa  enel  Atingy,  y  sobre  el  Yabebiry,  ó  Anangapé 
Santamaria  de  Fé  y  Sanignacio  guazú,  el  prim"  y  mas  antiguo  delo- 
<los  ;  en  la  Oriental  el  Corpas  sobre  el  Igaaguy  á  un  lado  y  otro  del 
Yabebiry  Oriental,  Sanignaciominy  y  Loreto,  antes  de  otro  Aguapey 
Santana,  Candelaria,  sobre  el  Igarupá ;  y  en  las  cabezeras  de  esto, 
los  tres  restantes  Sanearlos,  Sanjoseph  y  Apostóles,  Cerca  de  Co- 
rrientes sevé  fuera  de  estos  el  Ytaty,  (f  es  Reducción  antigua  de  los 
P.  P".  Seráficos. 

Sobre  Sanjuan  de  Vera  délas  Corrientes,  enla  altura  de  27^  3o' 
tse  reúne  el  Paraná  con  el  magestuoso  Paraguay,  cuyos  dos  cauda- 
losos torrentes  se  disputan  largo  trecho  la  preferencia  con  particu- 
lar división  desús  aguas.  Queda  la  ciud'*  en  el  recodo  de  Oriente 
tomando  su  nombre  déla  rara  hermosura  de  esta  gran  confluencia  y 
prevaleciendo  glorioso  el  Paraná,  discurre  ii3  leg*  como  al  S.  7 
S.  O.,  dibidiendo  los  confines  délas  dos  Gobernaciones  de  Tucu- 
man  y  Buenos  ayres,  y  admitiendo  en  su  seno  multitud  de  pequeños 
Arroyos,  deq'  varios  tienen  su  Aldea,  ó  Capilla.  Dexa  en  los  29^  la 
Villa  de  Santalucía,  antes  del  arroyo  desu  mismo  nombre,  llamado 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  Im 

también  délos  Astores  que  baxa  del  rincón  del  Iberd  ó  Latjuna  de 
Carazares  en  el  i"  quadrante.  Esta  Laguna»  asi  como  en  el  Uru- 
guay, vierte  también  sus  aguas  en  el  Paraná,  ó  mas  bien  selasresli- 
tu  ve,  siendo  como  quieren  algunos  no  sin  fundam*"  un  resurgidero 
del  mismo  rio,  por  medio  de  otro  sangradero  llamado  Rio  Corrien- 
tes, q"  fluye  lodo  el  año,  cerca  délos  3o^  de  lat**.  Del  4"  qte  traho 
su  curso  el  fíio  Salado,  nombrado  así  por  sus  aguas  salobres.  Naco 
enel  valle  del  Calchaqai  :  cruza  las  Jurisdicciones  de  Salta  y  Tueu- 
man  :  y  repartido  en  dos  en  el  País  de  los  Abipones  :  el  menor,  lla- 
mado por  esto  el  Saladillo^  forma  dos  grandes  Lagunas,  la  délas 
Víboras  y  y  la  del  Crist*  que  comunican  al  Paraná  por  varios  canales 
y  el  otro  mas  merid"'  desagua  p^  Saníafé  de   Vera,   situada  en  los 
3i^  4o '  ,  dexando  esta  Ciud'*  al  Septentrión,  cercada  de  agua  por 
los  tres  prim'"*  qtes.  El  Zarcarañd  ó  Carcaraña  no  es  otro  q'cl  Hio 
Tercero,  q*  tiene  su  origen  en  el  Valle  de  CalamoCliita  comarca 
de  Córdoba  ;  y  fluyendo  al  2°  qte  tributa  su  feudo  al  Paraná  por  el 
rincón  de  Gaboto  donde  estubo  la  Fortaleza  de  este  nombre  ú  do 
Santiespiritus ,  construida  por  el  celebre  descubridor  de  este  rio  :  Se- 
bastian Gaboto.  La  Villa  del  Rosario  se  halla  al  Sur  del  Carcaña  f'í/c) 
en  los  33 '^  do  donde  cambia  el  Paraná  en  dirección  al  S.E.  y 
andadas  por  ultimo  otras  /jo  leguas,  muda  también  su  nombre  en 
el  de  Rio  déla  Plata,   ¡untándose  por  los  34^  con  el  Uruguay, 
dividido  en  7  bocas. 

Tiene  pues  el  Paraná,  según  lo  dicho,  muy  cerca  de  54 1  leg"  de 
curso,  sin  contar  sus  menudas  vueltas,  y  considerando  en  general 
su  figura,  hace  con  la  costa  del  Brasil  un  cuadrilongo  de  3oo  leg" 
de  largo  y  100  de  ancho,  siendo  los  dos  lados  mas  cortos  el  Rio  déla 
Plata  y  el  que  nombramos  Paranaguazú  hacia  sus  cabezeras.  Con 
el  Uruguay  corta  una  hermosa  y  dilatada  Península,  tendida  del 
N.  N.  E.  á  S.  S.  O.  entre  los  paralelos  de  27^  y  34^,  teniendo  do 
ancho  por  donde  mas  3o  leguas  y  8  ensugarganta  ó  istmo  que 
cae  entre  los  Pueblos  del  Corpus  y  Sanxavier,  compuesto  de  unas 
asperezas  intransitables.  Forma  un  cuantioso  numero  de  islas,  algu- 


6ia  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ñas  de  consideración.  Antes  del  Salto  del  Guayra  sehalla  la  mayor 
de  todas,  q'  es  de  20  leg"  de  largo  ;  poco  después  de  Itapuá,  sehalla 
otra  algo  menor,  y  desde  la  Baxada,  Pueblo  reciente  de  Españoles, 
frente  de  Santafe,  sigue  una  cadena  de  ellas,  q"  casi  ledivide  en  dos 
brazos  hta  la  confluencia  del  Uruguay,  siendo  muy  denotar  que  has- 
ta en  las  aguas  se  advierte  la  misma  separación,  conservándose  sa— 
obres  las  occidentales  del  Rio  Salado,  y  dulces  las  orientales,  \inas 
del  referido  Salto  del  Guayrá,  hasta  donde  navega  el  Paraná  tranquí- 
lame desde  sus  mas  remotas  puntas,  hay  otro  como  20  leg*  porbaxo 
de  Candelaria,  q"  impide  su  navegación  la  mayor  parte  del  año  ;  y 
fuera  de  estos  embarazos  está  su  cauce  interrumpido  de  un  sinnum* 
de  bancos  de  arena  y  arrecifes,  q'  hacen  preciso  el  auxilio  de  un 
Práctico  bien  esperto,  con  especialidad  hta  Corr'*"  donde  abundan 
mas  los  escollos. 

Es  el  Paraná  muy  semejante  al  Nilo,  no  solo  en  lo  dilatado  y  cau- 
daloso de  su  curso,  hermosura  de  sus  Cataratas  ó  Saltos,  y  en  las 
siete  bocas  de  su  desaguadero  en  el  Rio  déla  Plata  sino  también  en 
sus  periódicas  y  grandes  inundaciones.  Empiezan  est^s  á  repuntar 
por  lo  común  á  mediado  diciembre  q**"  la  estación  del  calor  seba 
dexando  sentir  con  mas  vehemencia.  Crecen  las  aguas  todo  enero  y 
parte  de  febrero ;  y  después  tardan  en  baxar  cerca  de  otros  dos  me- 
ses :  demanera  q*"  el  rio  no  semete  en  caxa  hta  el  i5  de  Ab'.  Las 
brisas  pardas  del  S.  E.  al  S.  que  reynan  tanto  de  Sep*  i  Noviembre, 
causadas  por  la  proximidad  del  sol  q*"  se  acerca  del  Austro,  inundan 
(le  vapores  y  lluvias  aquellas  regiones  déla  Zona  Tórrida,  donde  el 
Paraná  tiene  sus  cabezeras,  y  son  el  verdadero  origen  de  estas  cre- 
cientes ;  no  de  otra  manera  q*  e]\Artesio,  ó  Norte  causa  las  del  ISilo  en 
sus  respectivos  tpos  :  esto  es  en  medio  del  Verano  de  aquella  región, 
ó  por  los  meses  de  Jun°  y  Jul'*.  En  el  invierno  baxa  el  Paraná  regu- 
larmente mas  q"  en  alg*  otra  estación  del  año  á  no  ser  q'  las  muchas 
aguas  lo  hagan  crecer  p'  el  mes  de  Jun"  como  se  suele  verificar  no  po- 
cas veze".  En  estas  ocasiones  disminuyen  los  riesgos  déla  navegación 
y  los  Barcos  cargados  ron  1 2  fí)  arrobas  de  Yerba,  pasan  sin  detención 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAIl  /|i3 

por  el  Sallo  de  Candelaria,  venciendo  del  mismo  modo  con  facili- 
dad los  demás  obstáculos.  Por  u\V*  con  estas  inundaciones  reverde- 
cen los  pastos  secos,  se  fertilizan  los  Campos  agostados,  las  tierras 
adquieren  nuevo  vigor  y  substancia  con  el  limo  y  brozas,  se  refrigira 
el  ambiente  délos  intensos  calores  del  clima  y  del  Estío,  terminan 
las  plagas  y  epidemias,  los  animales  respiran  nuevo  aliento  y  las 
gentes  nueva  vida  (i). 

Aunque  se  habia  convenido  en  reconocer  el  Paraná,  era  unicam*^ 
con  la  mira  de  demarcarlo  y  con  la  de  indagar  la  boca  del  Iguréy , 
como  afirma  nro  Concurrente,  loq"  seria  contra  la  instrucción  de 
S.  M.  que  sentada  la  inexistencia  de  tal  rio,  ordena  tomar  en  su  lu- 
gar el  Igatimy. 

De  no  tomar  este  partido,  nada  se  hubiera  hecho.  El  Coronel 
Roscio  no  declaraba  su  dictamen,  ni  dexaba  aq'  estilo  reservado, 
lleno  de  precauciones  y  misterios,  sin  determinar  cosa  alguna  de  por 
si,  ya  con  el  pretexto  de  no  tener  Vaquéanos,  ya  con  otras  ideas,  y 
generalidades  fuera  del  caso,  pero  sin  convenir  de  forma  alguna  en 
la  demarcación  de  aquellos  Rios.  Quería  emplear  el  tpo  en  puros 
reconocimientos,  propuestos  por  otro  para  errar  por  mano  agena  :  y 
deseaba  un  expediente  mas  favorable  que  el  Igatimy,  q*"  también  le 
habian  de  proponer,  para  ver  el  modo  de  hacerlo  todavia  mas  ven- 
tajoso, sin  arriesgar,  ni  ceder  nada  desupartc.  La  Estación  se  nos 
pasaba.  Los  Viveres  seconsumian  en  puros  debates ;  y  nosvimos  obli- 
gados á  contemporizar  con  el  sistema  moroso  de  los  reconocim*"' 
por  no  estar  en  la  inacción,  dando  parte  de  todo  al  Sor  Virey  del 
Rio  de  la  Plata.  El  Paraná  fue  reconocido  hta  el  Saltogrande :  el 
Iguazú  y  el  Sanantonio  lo  fueron  igualm**  ;  y  el  Comis"  Portugués, 
recibida  entre  tanto  la  contestación  ásus  oficios  del  Primero  desu 


(i)  Por  las  razónos  apantadas  en  el  prólogo  se  suprimea,  aqui  y  más  adelaate,  las 
notas  cambiadas  entre  los  comisarios. 


hifi  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

Nación,  entabló  de  nuevo  su  negociación  politica,  persuadido  deq* 
el  asunto  podria  dardesí  alguna  cosa. 

Parece  q*  el  Coron*  Roscio  con  esta  especie  délo  q*  varia  la  deno- 
minación délos  ríos  ha  proporcionado  lugar  á  q'  secrea,  q'  el  Igu- 
rey  sehalla  por  baxo  del  Saltogrande  del  Paraná,  habiendo  mudado 
algunas  letras  desu  nombre,  y  es  aquel  Rio  deq*  hablamos  pág. 
282  llamado  Iguarehy  por  la  Partida  de  Paulistas  que  baxó  á  reco- 
nocer aquellos  terrenos  el  año  de   1783,  mas  ya  diximos  ser  esta 
una  invención  premeditada,  y  un  designio  malicioso.  El  Igurey  seha 
considerado  siempre  déla  banda  del  N .  del  Saltogrande,  y  déla  Cor- 
dillera  de  Maracayá,  y  no  á  corta  distancia,  con  q**  de  haber  muda- 
do algo  su  nombre,  debemos  suponer  mas  bien,  q'  sera  el /a^riuirey, 
rio  caudaloso  q*  entra  en  el  Paraná  por  la  orilla  Occid"'  como  32 
leg"  á  Septentrión  déla  expresada  Cordillera  y  Salto.  Las  Cabeceras 
de  este  gran  Rio  confrontan  con  las  del  nombrado  Corrientes,  en  el 
Art*  9  del  Tratado  Preliminar  q*  fluye  al  Paraguay,  y  tal  vez  acomode 
mejor  para  limite  q'  el  Igatimy  por  cubrir  nros  Establecimientos 
del  Ipaná,  la  Reducción  de  Belén  y  la  villa  déla  Concepción. 

Uno  de  los  motivos  q*  nosobligó  állevar  tan  adelante  esta  contien- 
da aunq'  conociamos  no  sehabia  de  sacar  fruto  alguno,  fue  la  con- 
testación del  Sor  Virey  del  Rio  déla  Plata,  sobre  los  primeros  deba- 
tes ocurridos  enel  Iguazú,   y  recibida  por  nosotros  en   1"  de  No%'. 

Ya  dexamos  notado  en  el  oficio  i  o  de  nro  Concurrente,  q'  por  estas 
expresiones  del  Trat*  «  continué  (la  frontera)  d  encontrar  ¡as  co- 
rrientes del  Rio  de  Sanantonio  »  no  entiendo  se  haya  de  tomar  por 
limite  el  mismo  Rio  de  Sanantonio. 

La  falta  de  conformidad  en  las  ordenes,  q*  tantas  veces  se  solicitó 
desde  las  primeras  juntas  del  Chuy,  y  jamas  con  resultas,  fue  con 
efecto  la  causa  principal  de  no  haber  convenido  en  la  demarcación 
del  Paraná  el  Comisario  Portugués.  También  hemos  visto,  se  negó 
practicar  el  reconocimt*  del  Iguazú,  en  las  16  ó  20  leg*  á  oriente 
de  la  boca  del  Sanantonio  (pag         )  como  ordenaba  ahora  el  Sor 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  fiíS 

Virey,  en  su  oficio  antecedente.  Recibidas  estas  contestaciones  en 
Candelaria,  remitimos  á  S.  E.  con  fha  i6  de  Enero  de   1789,  un 
tanto  de  la  competencia  ref**  y  la  contextacion  fue  la  siguiente  (i) :. 
Como  no  hubo  ajuste  alguno  sobre  la  demarcación  del  Iguazú  y 
Paraná,  ni  nuestro  convenio  fue  otro  q*  pasar  á  reconocer  el  Pepiry 
por  la  parte  del  Uruguay,  no  habiéndolo  podido  practicar  por  la 
Serrania  de  Sanantonio,  no  se  formalizó  expediente  alguno  délos  q' 
ordena  el  Tratado  solo  p'  aquellos  casos,  ni  nro  Concurrente  convi- 
no después  en  ello  á  nra  solicitud  para  dar  gusto  al  Sor  Virey.  Por 
la  misma  razón  de  no  haberse  concluido  los  trabajos,  no  sepusieron 
tampoco  los  Planos  en  limpio,  ni  remitieron  á  S.  E.  debiéndolo  ve- 
rificar todo  después  del  examen  del  reP**  Pepiry guazú,  mas  como 
los  pedia  con  instancia,  secortó  el  del  Paraná,  y  embió  á  Buenos- 
ayres,   firmado  de  acuerdo  con  el  Com"  Portugués,  luego  de  nra 
llegada  al  Pueblo  de  Santoang^  cuyoviaje,  y  operaciones  del  Pepiry 
serán  materia  del  Cap"  sigte. 


CAP.  II. 


VIAJE  AL  PUEBLO  DE  SaNANg'.  DISCUSIÓN  SOBRE  EL   VERDADERO  PePIRY  O 
PeQUIRY  y  RECOÍIOCIMIENTO  DÉLOS  DOS  RÍOS  Q*  LA  CAUSARON 

Dimos  ya  noticia  (pag  )  de  la  representación,  que  dirigimos 
al  Sor  Virey  de  Buenos  ayres,  en  17  de  Mzo  de  87,  sobre  la  difi- 
cultad ó  detención  q'  sepodria  encontrar  departe  délos  Portugueses, 
para  q**  la  prim*  Subdivisión  seencargase  del  reconocim*"  del  Pequy- 
ry,  ó  Pepiryguazú,  como  ordenaba  el  Plan  de  Detal,  atendida  la 
mayor  facilidad  q*  tendria  en  este  trabajo,  debiendo  terminar  su 
respectiva  demarcación  enla  boca  dedho  rio,  y  los  grandes  emba- 
razos q'  por  el  contrario  presentaría  la  elevada  Cordillera  de  Sanan- 

(1)  Suprimida  por  las  ra2one«  antes  apuntadas. 


6i6  ANALES  DE  LA  BIBLÍOTECA 

tonio,  para  q"  lopracticase  la  Segunda,  q'  nolo  podria  conseguir 
sino  acosta  de  una  nueva  expedición,  trasladándose  ásu  barra  por 
lado  del  Uruguay.  La  experiencia  no  hizo  mas  que  confirmar  nros 
recelos.  El  Sor  Marques  de  Loreto,  obró  quanto  estubo  desu  parle. 
Sus  recursos  llegaron  hta  el  Brasil,  pero  el  prim"  Comis"  de  S.  M.  F. 
hizo  tal  oposición  informando  de  tal  suerte  al  Virey  del  Janeyn). 
que  no  pudo  tener  lugar  un  expediente  tan  conforme  al  espirilu 
del  Tratado  y  q'  abreviaba  de  tantos  meses  la  demarcación ; 
siendo  esto  tanto  mas  de  notar,  quanto  restó  ociosa  mas  de  un  año 
en  el  Pueblo  de  Sanjuan  la  cit'  primera  Subdivisión.  La  Segunda 
pues,  fue  encargada  expresam**  del  recpnocim*"  y  demarcación  del 
Pepiryguazú,  en  27  de  Junio  de  88,  quando  apenas  habia  empeza- 
do sus  operaciones  en  el  Paraná. 

Tomada  esta  resolución,  y  no  habiéndose  conseguido  el  examen 
de  dho  Pepiry  por  lado  déla  Serrania  de  Sanantonio,  como  seacava 
de  ver  en  el  capitulo  antecedente  ;  luego  que  regresamos  á  Candela- 
ria, setrató  de  transferirnos  al  Pueblo  de  Sanang'  el  ult°  y  mas  Sep- 
tentrional délos  del  Uruguay,  y  q*  por  lo  mismo,  ofrecia  mayor 
proporción  para  el  objeto.  El  Coron'  Roscio,  persuadido  q'  las  in- 
mediaciones del  primer  Comis"  desu  Nación  lefacilitarian  habilitarse, 
con  mayor  prontitud,  sepuso  luego  en  marcha  con  su  Partida,  el  1 1 
de  En°  del  89,  mas  nosotros  tubimos  por  mas  conveniente,  verificar 
prim°  los  preparativos,  q*  sehallaban  no  poco  atrasados  :  y  dar  entre- 
tanto algún  descanso  alas  gentes,  q*  venian  demasiado  extenuadas 
del  Paraná,  y  necesitadas  de  refresco,  q'  emprender  con  precipita- 
ción nro  viage  en  medio  de  los  mas  fuertes  calores,  para  ir  después 
á  detenernos  en  aq*  Pueblo  sin  utilidad.  En  todo  el  destacara*"  de 
Milicias  del  Paraguay  no  sehalló  un  solo  individuo,  que  pudiese 
continuar  el  Servicio  :  y  nos  fue  forzoso  pedir  su  remplazo  al  Go- 
bernador Intendente  de  aquella  Provincia  D°  Joachín.  \los  q*  no  le 
pudo  red  litar  y  remitir  hta  entrado  Marzo.  El  relevo  sucesivo  do 
dos  Minros  de  B}  Haz*^"  D"  Man^  Moreno  de  Argumosa,  y  D"  Fran'" 
Diaz,  á  quien  sucedió  el  3o  de  En**  p'  disposición  del  Sor  Virey,  D' 


DÍARÍO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAH  417 

Juan  Bpta  Florez,  Administrador  del  Pueblo  del  Corpus,  retardó 
bastante  nras  providencias,  expedidas  anticipadam^*'  desde  la  barra 
del  Iguazú,  para  hacer  nuevo  acopio  de  viveres,  y  demás  pertrechos, 
componer  Carretas  &'.  La  cosecha,  amas  de  esto,  fue  tardia  y  exca- 
sa, de  manera  q'  el  Viscocho  no  se  obtuvo  hta  principio  de  Abril,  y 
no  en  la  cantidad  pedida.  Fue  asimismo  necesario  un  nuevo  surtimien- 
to de  medicinas,  consumidas  ya  todas  las  q*  sesacaron  de  la  Capital  ; 
como  también  un  presupuesto  de  caudales  para  pagar  los  sueldos  y 
gratificaciones  vencidas,  jornales  y  demás  empeños  de  la  Tesorería 
de  S.  M.  y  proveer  álos  nuev*  gastos  extraordinarios,  y  subsistencia 
déla  Subdivisión  en  el  presente  año  de  89,  q*  se  juzgó  seemplearia 
en  la  expedición  del  Pepiry.  Con  este  motibo  se  despachó  á  Buenos 
ayres,  el  20  de  Mzo  al  Alfz  de  Dragones  D"  Tomas  de  Ortega,  q' 
hizo  su  viage  por  el  Paraná,  llevando  consigo  78  soldados  de  su 
destacamento,  q'  schallaban  no  menos  impedidos,  y  necesitados  de 
relevo. 

Todas  estas  causas  nos  detubieron  en  Cand"  hta  el  23  de  dho  mez  saiida  de  cand- 
de  Marzo,  q'  auxiliados  por  los  Pueblos  con  Peones,  Caballos,  Bue- 
yes, Reses  de  consumo  y  algunas  Carretas  q'  faltaban  por  compo- 
ner, y  acuyo  cuydado  quedó  el  Ministro  Florez,  emprendimos  por 
ultimo  la  marcha  á  Sanang'  por  los  Pueblos  de  Sanjoscph,  Apostó- 
les, y  Concepción,  donde  arribo  la  Comitiva  el  1°  de  Abril.  La  situa- 
ción geográfica  de  estos  dos  primeros  Pueblos  se  dio  ya  á  nra  ida  á 
Candelaria.  Concepción  dista  de  Apostóles  i3  Millas  álos  69^  S.  E.  concepción. 
y  se  halla  en  27^  58 '  5i"  de  Laf*  Aust'.  El  camino  se  aparta  poa) 
del  nimbo  general,  y  corta  dos  gajos  del  Chimird,  dos  del  Arecutay 
y  dos  del  laguané.  El  lapeá  seforma  sobre  el  Pueblo,  y  todos  estos 
arroyos  q*  son  de  corta  entidad,  fluyen  al  Sur  para  entrar  en  el 
Uruguay,  cuyo  Paso  dista  6  millas  álos  52^  S.  E.  y  en  el  seobservó 
la  lat'*  de  28^^  2  '  45"  por  el  astrónomo  Portugués  Joachín  Feliz,  q' 
llevaba  los  instrumentos. 

En  este  Pueblo  de  la  Concepción  tubimos  la  infausta  noticia  del 
fallecim*"  de  nro  muy  amado  y  piadoso  Monarca  el  Sor  D"  Carlos 

ASALRfl  DC   LA    BIBLIOTSCA.    —  T.    til  ^•J 


6i8 


ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


SannicoUs. 


Martirio    de  3 
JcsuitaB. 


3*,  que  Dios  haya,  el  i4  de  Diz^"  u\V  y  la  exaltación  al  trono  desu 
hijo  primogénito  y  Principe  de  Asturias  el  S"  D"  Carlos  4%  que 
Dios  conserve,  el  1 7  de  Enero.  También  en  este  Pueblo  se  había 
hecho  el  acopio  de  Viscochos  y  demás  provisiones,  y  luego  q*  fue- 
ron recibidas,  secontinuó  la  marcha,  molestando  el  tiempo  no  poco, 
con  repetidas  lluvias  en  el  Paso  del  Uruguay,  enq'  emplearon  las 
Carretas  del  Rey  hta  el  10  de  Abril.  Las  délos  Pueblos  del  Departa- 
m***  de  Candelaria,  se  regresaron  desde  aqui  con  los  Peones  y  Caba- 
llos q'  nos  hablan  franqueado,  para  excusarles  el  trabajo  de  pasar  el 
Rio  :  y  el  Gobernador  de  Misiones  dispuso  senos  diese  igual  auxilio 
del  Pueblo  de  Sannicolas,  situado  ya  del  otro  lado,  1 1  millas  álos 
38®  S.  E.  en  la  altura  de  28®  1 1 '  23*'.  Tiene  este  Pueblo  sobre  la 
margen  de  dho  Uruguay  una  hermosa  Capilla  nombrada  de  San- 
isidro,  y  después  se  cortan  los  dos  pequeños  arroyos  Icatuacá  y 
Capüpany,  q'  reuniéndose  corren  á  occid^  y  aumentan  las  aguas  del 
Piratiny,  distante  cosa  de  3  millas.  El  1 1  se  salió  de  Sannicolas,  se 
cruzaron  el  Guacaracapd,  el  Tacuaraty,  con  otro  que  selesjunta ; 
los  tres  gajos  del  Cambay  con  la  Capilla  de  Sangeronimo  que  sine 
de  limite,  en  medio  de  ellos  :  el  Piraya,  conla  de  Sanant  q  lo  es  de 
Sanluis :  y  sevino  el  12,  á  dar  sobre  este  Pueblo,  caminadas  7  leg* 
álos  46^  S.  E.  en  el  paralelo  observado  de  28®  25'  2^' .  Dexando. 
el  1 3,  las  dos  Capillas  limítrofes,  llamadas  de  Sanfrancisco  y  San- 
isidro,  se  paró  en  el  Pueblo  de  Sanlorenzo  después  de  12  millas  lar- 
gas demarcha,  á  los  82^  S.  E.  y  enla  lat**  de  28°  27 '  01'.  Otras 
dos  Capillas  de  Sanjoseph  y  Sanearlos  sobre  las  tres  piernas  del  Ca- 
roqué,  separan  las  pertenencias  de  Sanlorenzo  y  Sanmiguel,  q*  distó 
muy  cerca  de  10  millas  álos  55°  S.  E.  y  sehalla  en  los  28*^  33'  li'' 
de  laf*.  El  arroyo  del  Caroqué  desagua  en  el  Iguy  con  dirección  al 
\orte  :  y  es  celebre  en  la  historia  de  Misiones  por  el  martirio  de  los 
tres  Jesuítas  Roque  González  de  Santaeraz,  Alonso  Rodríguez  y  Juan 
del  Castillo,  acaecido  sobre  sus  margenes  hacia  los  años  de  1688. 
El  cuadro  de  estos  ilustres  Misioneros  se  venera  en  la  ref*'  Capilla 
de  Sanearlos  :  y  sus  huesos  juntos,  con  los  de  otro  Jesuíta  Diego  de 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR 


419 


Alfaro,  seconservan  en  el  Pueblo  de  la  Concepción.  El  Carril  q* 
pasa  por  dhas  Capillas,  dexa  á  Sanmiguel  como  media  legua  al 
Sur :  y  terciando  de  alli  al  4*"  quadrante,  ba  ádar  en  el  de  Sanjuan 
Baptista,  otras  10  millas  distante  de  aq*  alangulo  de  58^  N.  E.  y 
en  el  paralelo  de  28*^  27 '  5i '  .'^Nosotros  nos  adelantamos  y  tubimos 
la  satisfacción  de  visitar  álos  Comisarios  y  oficiales  délas  dos  pri- 
meras Partidas,  q\  como  seha  dicho,  se  hallaban  acampadas  en 
este  Pueblo.  La  tropa  de  Carretas  llegó  el  16,  y  empleando  los  dos 
días  siguientes  en  el  paso  délos  dos  lyayres  sobre  el  primero  de  los 
cuales,  q*  es  el  menor,  se  hallan  de  un  lado  y  otro  las  dos  Capillas 
de  termino,  Sanjuan  Nepumuceno  y  Sanroque,  se  vino  el  18  asen- 
tar el  Real  en  el  Pueblo  de  Sanang',  sito  4  leg*  largas á  los  Sg"  N.  E. 
y  en  28°  18'  iS"  delata 

Por  la  derrota  q*  hemos  seguido,  se  viene  en  conocimiento,  deq* 
ios  cinco  Pueblos,  Sanjuan,  Sanmiguel  q'  da  su  nombre  al  Depár- 
tame", Sanlorenzo,  Sanluis  y  Sannicolas,  sehallan  en  el  Albardon  q' 
reparte  aguas  álos  dos  Rios  Piratiny  é  lyuy  :  los  quales  naciendo 
hacia  los  29^  de  Lat**  donde  tienen  también  su  origen  elYaguary  y 
Toropy,  corren  el  espacio  de  35  leg*,  por  terrenos  montuosos  y 
ásperos,  baxo  la  dirección  del  N.  O.  á  O.  N.  O.  la  misma  enq*  ya- 
cen los  Pueblos,  y  han  a  desaguar  en  el  Uruguay,  á  N.  y  S.  del 
paso  de  Concepción.  El  Piratiny,  es  navegable  desde  el  Paso  de  San- 
luis  :  y  el  lyuyguazú,  q*  es  el  gajo  mas  septentrional,  q*  viene  délos 
28^  al  N.  E.  loes  también  desde  Sanang'  mas  los  Pueblos  no  saben 
en  el  dia  aprovechar  tan  ventajosas  proporciones  como  en  tiempo 
de  los  Jesuitas.  La  Lengua  de  tierra,  ó  Albardon  q*  dexan  entre  si 
dhos  Ríos,  tiene  por  donde  mas  de  8  á  10  leg*  de  ancho,  forma  di- 
versas Rinconadas  y  Potreros,  y  sus  tierras  aunque  coloradas  y 
poco  salitrosas,  no  dexan  deser  de  buena  calidad.  En  varios  parajes 
de  Misiones,  mas  principalm**  en  estos  Arroyos,  se  encuentra  una 
piedrecita,  ó  concreto  de  tierra  verde  celeste,  que  secria  dentro  de 
las  grandes  piedras,  á  pequeños  embriones  y  sin  fig*  determina- 
da, especie  de  ocre  verde,  provenido  de  alg*  precipitación  de  cobre 


Sanjuan. 


Sanang*. 


Piedra  verde. 


4ao  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

disuelto  por  acido  (ochra  cupri  pul  ve  rea  viridis).  Los  Pintores  la 
muelen  y  reducen  á  polvo,  y  mezclándole  un  poco  de  agua  ó  mas 
bien  agrio  de  Naranja  ó  Limón,  la  disuelven  bien,  y  emplean  venta- 
josamente en  sus  obras. 

El  20  de  Ab'  seretiraron  los  Alcaldes,   indios  peones,  tren  de  Ca- 
rretas y  animales  de  Sannicolas  :  y  se  alojaron  las  tropas,  y  oficiales 
déla  Partida,  en  los  Cuartos  del  Colegio,  y  otras  habitaciones  del 
Pueblo,  q*  su  Administrad"  D"  Carlos  Ruano  habia  preparado. 
Desdeluego  se  trató  con  el  Comisario  déla  Reyna  Fidelisima,   nro 
Concurrente,  q*  como  seha  dicho  antes,  seliallaba  en  Sanang'  con  la 
Partida  desu  cargo,  de  dar  principio  alas  operaciones ;  y  como  el 
Albardon  de  Santana  y  la  Picada  abierta  por  los  Geógrafos  déla 
prim*  Subdivisión,  estubiesen  muy  a  trasmano,  y  no  diesen  facili- 
dad para  salir  ala  orilla  del  Uruguay,  donde  seconsideró  indispen- 
sable, formar  algunos  ranchos,  acopiar  viveres,  y  construir  Canoas, 
para  practicar  el  reconocimiento  del  Pepiry,  y  demás  q*  ocurriera  : 
^Picada         se  tomo  el  expediente  de  hacer  abrir  otra  Picada,  q'  tubiera,  si  era 

del   Nucoraguaxú.  •  /-»  p  i- 

dable,  todas  aquellas  proporciones.  Con  efecto  dispuesta  una  |)arli- 
da  de  Gastodores  y  escolta  de  una  y  otra  Nación  con  dos  Vaquea- 
nos  del  Pueblo,  q*  solo  tenían  el  nombre  de  tales  salió  el  7  de  Mayo, 
con  provisiones  p*  dos  meses,  baxo  la  conducta  de  dos  facultativos 
D"  Andrés  de  Oyarvide  y  Joachín  Feliz  da  Fonseca,  q*  fueron  ins- 
truidos con  anticipación  déla  dirección  q'  se  deseaba  dar  ala  Picada, 
y  llevaron  para  su  gobierno  un  Plano  lo  mas  arreglado  que  pudo 
ser  del  terreno.   Dirigieron  su  marcha  por  un  hermoso  Albardon. 
cubierto  de  frondosas  islas,  q*  gira  al  N.  E.  la  distancia  de  i5  leg* 
costeando  á  Occid**  el  lyuyguazú  que  baja  del  paralelo  de  lat**  28^. 
y  cortando  varios  arroyos  de  poca  entidad  primeram**  el  Yanoy  q 
rodea  la  Población  bien  decerca  al  E.  S.  para  entrar  en  el  mismo 
lyuy,  y  después  los  Itapey  Ñacapuyla  y  Ñacayagay  que  bordados 
(le  arboles  como  los  demás  de  esta  America,  corren  al  4°  quadranle. 
Entraron,  pasado  dho  Albardon  por  una  picada  como  de  2  1/2  millas, 
abierta  en  tpo  délos  Jesuitas,  en  un  campo  espacioso,  cercado  de 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  U^i 

monte  por  todas  partes  q*  secstiendc  41/2  leg"  sobre  i  de  ancho  alos 
10°  N.  O.  y  termina  enla  latitud  de  27^  87'  16".  Hacia  el  fondo 
de  este  gran  Potrero,  áq*  los  indios  llaman  Nucoragiiazú,  y  donde 
tienen  excelentes  yerbales,  con  buenos  pastos  y  abrevaderos  p'  los 
ganados,  penetraron  el  bosque  nuestros  Geógrafos  con  no  poco  tra- 
bajo :  y  llevando  ala  derecha  el  Cebollaty,  q'  nace  también  en  los 
28^  con  dirección  casi  opuesta  al  lyuyguazú,  siguieron  al  N.  N.  O. 
la  dist'  de  8  leg\  Doblaron  cerros  ásperos,  y  cortaron  multitud  do 
pequeños  arroyos  tributarios  todos  del  mismo  Cebollaty.  Pasaron 
por  ult°  este  rio,  que  tiraba  demasiado  á  Occidente  en  una  Canoa 
construida  al  efecto.  Seencaminaron  álos  5o^  N.  E.  y  andadas  otras 
3  1/2  leguas  por  terrenos  no  menos  agrios  y  montuosos,  puede  decir 
sin  ver  el  cielo,  salieron  el  29"  de  Jun"  á  la  orilla  del  Uruguay,  fren- 
te déla  barra  misma  del  Pepiry,  de  los  antiguos  demarcadores. 

Trazada  esta  ruta,  seregresaron  los  facultativos,  dexando  á  la 
partida  de  trabajadores  al  cuydado  dcsu  perfección,  limpiándola, 
dándole  mayor  anchura,  desechando  en  lo  posible  los  cerros  mas 
pendientes,  cañadas  pantanosas,  y  otros  malos  pasos,  hta  quedar 
transitable  p*  cabalgaduras,  y  q'  se  pudieran  introducir  por  ella  las 
provisiones.  Quedaron  asimismo  encargados  de  formar  algunos  ran- 
chos  en  el  Nucoragnazú  al  principio  déla  Picada,  en  el  paso  del  Cebolla- 
ty y  en  la  salida  al  Uruguay,  donde  fuera  de  esto,  debian  alo  menos 
construir  una  docena  de  buenas  Canoas,  p*  practicar  los  reconoci- 
m*^  q*  se  pretendian.  Mas  habiéndose  remitido  el  tiempo  en  aguas 
con  notable  tesón,  no  les  fue  dable,  desempeñar  este  trabajo,  q'  ala 
verdad  no  era  pequeño,  hta  fin  de  Sep",  q*  dexandolo  enteramente 
concluido  y  á  cargo  de  un  corto  num**  de  Dragones,  seretiró  el 
grueso  de  la  partida,  enq'  venian  no  pocos  enfermos,  entre  otros  el 
Cap"  D"  Jph  Bareyro  y  29  desús  Milicianos,  q'  pidieron  su  licencia, 
y  fue  necesario  concedérsela,  no  estando  capaces  de  seguir  el  Ser- 
vicio. 

Consiguiente  á  esta  disposición  de  circunstancias  se  tomaron  de 
acuerdo  con  el  Comis"  Portug*  las  mas  activas  providencias  para 


4aa  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

verificar  nra  salida  sin  perdida  de  un  solo  instante,  habiendo 
entablado  de  antemano  una  faena  Común  de  Charques  p*  las 
dos  Partidas,  q*  no  tubo  el  mejor  suceso  por  las  lluvias.  La  falta 
délos  Paraguayos  seremplazó  como  sepudo,  con  5o  indios  del* 
Pueblos  de  Sanluis  y  S.  Nicolás,  dedonde  sehicieron  también  venir 
algunas  carretas,  bueyes,  Caballos  y  reses  de  consumo.  Los  cami- 
nos y  malos  tiempos  detubieron  todo  este  trabajo  bastantes  dias, 
particularm**  el  paso  del*  dos  lyuyres,  impetuosam***  crecidos  conlas 
copiosas  aguas  délos  dos  meses  Anteriores.  Ala  sazón  era  suma  la 
escasez  de  mantenimientos  con  q*  noshallabam'.  Consumido  el  Vis- 
cocho  y  miniestras  q*  habiamos  sacado  de  Concepción,  no  se  provaba 
el  pan  enlas  dos  Partidas  desde  el  mes  de  Julio,  sinhallar  modo  de 
evitar  esta  calamidad,  q'  comprehendia  igualm**  oficiales  y  Comis**. 
Todo  el  alim^  de  nras  gentes  sereducia  á  carne  cansada,  flaca  y 
malmuerta.  Una  remesa  de  3oo  quintales  de  harina,  q*  desde  prin- 
cipio del  año  habia  pedido  el  Pueblo  de  Sanang'  ala  Capital  de 
Buenosayres,  sehallaba  entorpecida  desde  entonces  p*^  las  intrigas 
Desorden  causado  y  monopoUos  dcla  Administracion  general,  q*  tenia  interceptado  el 

por  la   prohibí-  ,  ,        ,  , 

jcion  de  comercio,   comercio  de  k  Provincia,  y  la  mtroduccion  de  todo  genero,  con  el 

plausible  motivo  deq*  los  Comerciantes  engañaban  álos  indios  \ 
perjudicaban  con  sus  tratos  á  los  bienes  de  Comunidad.  Los  recur- 
sos á  la  Superioridad  no  eran  eficaces.  Los  Portugueses  después  de 
poner  sus  gritos  en  el  cielo  avista  de  una  Carestia  tan  general,  q' 
parecía  meditada,  seempezaron  á  proveer  de  Riopardo,  tomando  de 
aqui  margen  para  otras  introducciones  clandestinas.  Toda  la  plata 
q'  expendieron  las  Partidas  q*  no  fue  poca,  pasó  por  este  medio  álos 
dominios  de  Portugal,  y  los  pueblos  perdieron  el  logro  del  beneficio 
q*  leshubiera  causado,  despertando  su  industria,  y  dando  actividad 
ásu  giro.  La  miseria  y  el  contrabando  son  los  efectos  mas  seguros 
de  la  prohibición  del  Comercio. 

Viaje  El  Minro  de  R'  Haz**'  después  de  repetidas  instancias  álos  le- 

al ríucoragaazú.  ,  ^-ii  i  in**»  iiim*  i¥^»i 

mentes  y  Gobernador  de  Misiones,  no  pudo  habilitar  la  Partida,  mas 
q'  con  unas  fanegas  de  maíz,  q'  se  conservaron  cuydadosam'*  para 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  433 

losq*  debían  salir  á  navegar.  Con  tan  cortos  auxilios  nospusimos  en 
marcha  el  i4  de  Oct*  p'  nomalograr  lo  ventajoso  déla  estación.  La 
subdivisión  Portuguesa   salió  dos  dias  antes,  y  ambas  se  vieron 
acampadas  en  el  Nucoraguazú  el  21  del  mismo.   Desdeluego  sedis- 
puso  la  conducion  délas  provisiones  álos  ranchos  del  Uruguay,  y 
prontas  las  muías  con  sus  Cangallas,  ó  aparejos  secedlo  también  la 
delantera  ala  comitiva  déla  Reyna  Fidclisima,  q'  salió  el  25,  acom- 
pañando á  pie  con  un  bordón  en  la  mano  del  Coron*  Roscío,  q'  lle- 
vado del  deseo  dever  el  Pepiry  déla  antigua  Demarcación,  temió 
montar  á  Caballo  por  las  asperezas  y  ramas  déla  Picada.  El  26  fue 
puesta  en  marcha  nra  carabana  de  bastimentos  á  cargo  del  Alí^  Val- 
dez,  con  una  escolta  de  seis  dragones  :  y  al  otro  dia  seguimos  nos- 
otros igualm**  en  pos  de  todos,  montados  en  un  macho  pequeño, 
bastante  aproposito  p'  las  circunstancias  del  Camino.  En  el  paso 
del  Cebollaty  alcanzamos  las  dos  Tropas,  el  28  ala  tarde,  habiendo 
cortado  hta  3i.  Arroyos,  q'  daban  sus  aguas  á  este  rio,  corriendo 
déla  izquierda  ú  de  Occid^  entre  igual  num°  de  Cerros  encumbrados 
y  montuosos,  q*  nosobligaron  á  hechar  pie  á  tierra  p'  pasarlos  y 
enq'  abundaban  los  Cedros,  Pinos,  Laureles,  Inciensos,  Canelos, 
Lapachos  y  otras  maderas  excelentes,  con  particularidad  el  árbol 
déla  Yerba.  La  mañana  del  29  seempleó  toda  en  pasar  el  Cebollaty, 
y  el  3o  llegamos  todos  ala  orilla  del  Uruguay,  donde  estaban  for- 
mados los  ranchos  ó  almacenes,  enq*  sedepositaron  los  Víveres : 
habiendo  cruzado  asimismo  otros  12  arroyos,  q*  corrían  ala  inversa 
ü  de  oriente,  entre  otras  tantas  Colinas  no  menos  escabrosas  y  pen- 
dientes. 

El  Comisario  Portugués  quiso,  fuésemos  enpersona  á  reconocer 
la  boca  del  Periry  délos  antiguos  demarcadores,  q'  teniamos  justa- 
ra** frente  délos  ranchos,  el  Uruguay  depor  medio :  y  efectivam** 
botando  al  agua  dos  de  las  Canoas  acabadas  de  construir,  pasamos 
allá  juntos  la  mañana  del  3i,  y  saltamos  en  tierra  sobre  las  dos 
puntas  q*  forman  su  barra.  Enla  oriental  sevieron  dudosos  indicios 
de  un  antiguo  desmonte,  retoñados  los  arboles  q'  hablan  sido  corta- 


A3&  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

dos,  y  en  el  centro,  un  tronco  viejo,  desnudo  y  carcomido  del  tieni- 
po,  q'  parecía  haber  tenido  impresos  algunos  caracteres ;  y  setubo 
por  el  de  i3  pies  de  altura,  deq*  habla  el  Plan  de  Detal,  enq'  ins- 
crivieron  los  antiguos  Demarcadores  ib  R  F  1759.  Sobre  la  Occid*^ 
hallamos  otro  desmonte  ó  rozado  de  pocos  meses,  y  enmedio   un 
árbol  con  dos  inscripciones  q*  decian  :  i  ■  «  Hucusque  aaxiliatus  est 
nobis  Deas  =  Pepiry  i 7 88  «  2'  «  Sine  auxilio  too.  Domine,  nihil 
sumas  ==  Pepiry guazü  i  788  »  Aquella  estaba  abierta  en  una  plan- 
cha de  cobre,  y  esta  en  el  tronco  mismo  del  árbol ;  y  ambas  fueron 
puestas  por  los  Geógrafos  D"  Joachín  Gundin,  y  el  D*^  Jph  Saldaña 
en  el  seg"  reconocim*^  q*  practicaron  del  Uruguay,  por  disposición 
délos  Comisarios  déla  prim"  Subdivisión,  en  los  meses  de  Jul"  y 
Agosto  del  cit"  año  de  88.  Verificado  este  misterioso  examen,  nos 
retiramos  álos  ranchos  :   y  como  los  Caballos  y  demás  bestias  de 
carga  no  pudiesen  subsistir  alli,  por  falta  de  pastos,  q'  absolutam*' 
nolos  habia  dentro  del  monte,  habiendo  tenido  q*  mantenerse  du- 
rante el  viage,  de  hojas  de  arboles,  especialm**  délas  déla  Caña 
Tacuarembó,  q"  comian  menos  mal,  fue  acordado  nro  regreso  al 
Campo  de  afuera,  dexando  un  destacam*°  de  cada  parte  p'  custodia 
de  Viveres  y  Canoas.  En  esta  virtud  aun  no  fue  de  dia  el  i"  de  No\* 
q'  volvió  el  Coron'  Roscio  á  empuñar  subordon,  y  nosotros  a  tomar  el 
mulillo,  q'  fue  todo  nro  desempeño,  poniéndonos  el  3  ala  tarde,  en 
el  ^ucoraguazú,  después  de  2g  horas  de  marcha,  sinembargo  de 
haber  llovido  copiosam**  desde  el  2,  y  haberse  puesto  el  camino 
punto  menos  q*  intransitable.   Nro  Concurrente  tardó  hasta  el  7, 
empleando  i4  dias  cnsu  trabajosa  romería  de  ida  y  vta. 

Concluida  felizmente  esta  penosa  jornada  :  y  viendo  que  el  Coron' 
l^ortugues  enderezaba  sus  miras  al  Pepiry  délos  antiguos  Demarca- 
dores, tratando  con  actividad  y  eficacia  desu  reconocim**  como  la 
sola  obra  de  nra  Comisión  :  al  paso  q*  afectando  un  entero  olvido, 
se  desentendia  estudiosam**  del  verdad"  Pepiry guazú,  q*  una  vez 
descubierto,  como  ya  se  apuntó,  por  los  Geógrafos  délas  Prim*' 
Partidas,  debia  ser  el  principal  objeto  de  nras  atenciones  ;  nos  vimos 


DIARIO  DE  DON  DJEGO  DE  ALVEAR  4a5 

obligados  á  pasarle  el  sigte  oficio,  solicitando  el  reconocim'"  de  este 
rio^  después  de  haberle  hablado  en  diferentes  ocasiones  sobre  el 
particular  sin  el  menor  fnilo,  dando  margen  por  este  estilo  á  una 
dilatada  discusión,  q*  nopodemos  dexar  de  insertar,  antes  de  exponer 
las  operaciones  q'  siguieron. 


RECONOCIMIENTO    DEL    PEPIRYMINY,    Ó    lUO    DÉLOS  ANTIGUOS 

DEMARCADORES 

Llamamos  Pepirymini  á  este  rio,  cuyo  examen  bamos  á  exponer, 
y  q'  los  antiguos  Demarcadores  equivocaron  con  el  Pepiryguazii ; 
como  se  ha  hecho  ver  enlos  documentos  q*  anteceden.  Parecia  lo  mas 
natural  y  conveniente  principiar  á  un  mismo  tpo  el  reconocim*^  délos 
dos  Ríos  en  disputa,  y  á  este  fin  se  dirigieron  desde  luego  todas  nras 
miras  ;  mas  los  Portugueses  no  sehallnhan  con  tan  sanos  deseos,  ni 
estaban  ala  verdad  tan  prontos,  como  acababa  de  asegurar  su  Xefe 
enlos  oficios,  ó  alo  menos  no  semoviaa  con  aquella  ligereza  y  acti- 
vidad, q*  exigian  las  vivas  protestas,  con  q"  pretendia  hacernos  res- 
ponsables délos  atrasos  y  perjuicios.  Nombrados,  el  17  de  Nov*»'*  por 
una  parte  el  Ten**  extraordinario  de  Ingenieros  d"  Jph  María  Ca- 
brer,  y  el  Geógrafo  d"  Andrés  de  Oyarvide,  y  recibida  la  instnic- 
cion  desús  respectivos  destinos,  aq'  el  Pepirymini  y  este  el  Pepiry- 
guazú,  salieron,  el  19  de  nro  Campamento  del  Ñucoraguazú,  y 
llegaron  el  23  álos  ranchos  del  Uruguay  quedando  desde  aquel  dia 
prontos  con  sus  Canoas,  tripulaciones,  escolta  y  vi  veres. 

No  seaguardaba  el  Coron'  Roscio  esta  reconvención  tanexecutiva 
délas  vias  de  hecho,  acostumbrado  á  dudar  de  todo  quanto  sele 
anticipaba,  muy  persuadido  deq'  usábamos  de  su  misma  política  ; 
mas  sedesembarazó  p'  entonces  déla  sorpresa,  nombrando  desu  parte 
otros  dos  oficiales  para  la  misma  diligencia.  Fueron  estos  el  Capitán 
de  artilleria  y  astrónomo  Joachín  Feliz  da  Fonseca  y  el  Ayudante 
de  Ingenieros  Fran''**  das  Chagas  Santos,  q'  transferidos,  el  25,  álos 


4a6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ranchos  déla  Guardia  con  sus  correspond***  comitivas  fueron  luego 
requeridos  cada  q*  por  su  respectivo  Concurrente  para  dar  principio 
alas  operaciones,  siendo  no  poco  de  atender  al  consumo  inútil  q' 
hacian  délos  bastimentos,  tanto  mas  estimables  en  aq^  parage,  quanto 
eran  escasos  y  costosos  de  introducir  por  el  fragoso  camino  déla  Pica- 
da. Tenian  aun  q'  fabricar  algunas  Canoas,  y  debian  acopiar  tam- 
bién mayor  porción  de  provisiones,  y  no  pudieron  responder  álos 
deseos  de  su  Comisario  hta  el  8  de  Diz*.  Nro  Ingeniero  ^Cabrer  pudo 
facilm**  avenirse  con  esta  disposición,  reducido  su  encargo  unicam" 
á  seguir  y  acompañar  á  Joachín  Feliz,  y  aun  se  aprovechó  de  esta 
demora  para  mejorar  y  aumentar  también  el  número  desús  peque- 
ños buq**;  pero  Oyarvide,  áquien  particularm**  selehabia  recomen- 
dado la  brevedad,  exigiéndolo  asi  la  calidad  de  su  comisión,  y 
áquien  no  seocultaba  desde  el  principio  la  simulada  tibieza  délos 
Portugueses,  q*  interesados  en  eludirla,  tiraban  á  retardarla,  con  la 
idea,  tal  vez'que  bajase  el  rio,  y  no  fuera  practicable,  resolvió  poner- 
la por  obra  desu  parte  el  27  de  Nov*  dexando  ásu  Colega  Las  Cha- 
gas,  q*  aun  no  trataba  de  seguirlo. 

Nosotros  para  mayor  claridad  separaremos  la  relación  de  estos 
trabajos,  como  seha  obrado  hta  aqui ;  mas  entretanto  siendo  inútil 
permanecer  en  el  Nucoraguazú  con  el  grueso  délas  Partidas  y  no 
poco  costoso  ala  R'  Haz'  sedexó  una  guardia  competente  para  la 
conservación  de  aq'  Puesto  importante,  y  mantener  abierta  la  Co- 
municación con  los  otros  intereses,  y  baxamos  el  22,  al  Pueblo  de 
Sanang'  en  compañia  de  nro  Concur**  poniéndonos  también  de  este 
modo  mas  en  proporción  de  facilitar  los  socorros,  conq*  mensualm** 
sedebian  auxiliar  las  dhas  guardias,  y  los  destacam***  de  ambos  Fa- 
Hcievo  del  Sor.   cultativos  =  Ala  sazou  era  ya  relevado  del  mando  y  dignidad  de 

Marques  de  Lorcto 

^.  o^V?"^  .***  '*   Virev  del  Rio  déla  Plata  el  Sor  Marques  de  Loreto,  habiéndole  su- 

cedido,  el  4  de  NoV  el  Exmo  Sor  D°  Nicolás  de  Arredondo  Mariscal 
de  Campo  délos  R  R"  Extos  :  é  instruido  con  docum****  de  quanlo 
sehabia  actuado,  no  dexó  S.  E.  de  prestarnos  su  aprobación.  Asi- 
mismo se  hablan  retirado  á  principios  de  dho  Nov*  las  Prim™'  Par- 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  l^i^ 

t*'  del  Pueblo  de  Sanjuan,  quedando  solo  el  Comis**  Principal  déla 
Rey  na  Fidelisima,  como  particu  larra**  encargado  de  ambas  subdi- 
visiones Portuguesas.  Nro  Comis"  director  D"  Jph  Várela  sedirigió 
con  la  peculiar  desu  cargo  á  Montevideo  por  la  via  de  Santatecla  y 
destacó  al  Piloto  D"  Joachin  Gundin,  para  q'  acabase  de  levantar 
el  Plano  del  Uruguay,  á  cuyo  efecto  llevó  la  Colección  de  instrum^''" 
astronómicos ;  laq*  sedebia  entregar  por  expresa  orn  del  Exmo  Sor 
D"  \nV*  Valdez  Minro  de  Marina  al  Cap"  de  Frag*  D"  Alexandro 
Malespina,  q"  destinado  á  dar  la  vuelta  al  mundo  con  dos  Corbetas, 
acababa  de  tocar  en  Buenos  a  y  res.  Joachin  Feliz  por  otra  parte  se- 
habia  llevado  ásu  destino  del  Pepiry  la  otra  colección  portuguesa,  y 
asi  vinimos  á  quedar  destituidos  de  recursos  y  seperdieron  las  obser- 
vaciones q*  ocurrieron  en  Sanangel. 

El  8  de  Diz"  de  89,  emprendieron  pues  el  reconocim*"  del  Pcpiry- 
mini  Cabrer  y  Joachin  Feliz  (i),  en  16  Canoas  tripuladas  por  indios, 
lina  escolta  de  20  hombres  de  armas  entre  Soldados,  Dragones  y 
Milicianos,  q'  mandaba  el  Alf^  D"  Juan  Jph  Valdez,  2  Vaquéanos 
de  monte  ó  directores  de  Picada  déla  Villa  de  Curitiba,  y  viveres 
para  unos  dos  meses  y  medio,  ó  poco  mas,  con  alg*"  municiones  y 
pertrechos,  q'  fue  todo  loq*  sepudo  acomodar  enlos  pequeños  basos, 
dexando  otra  cantidad  casi  igual  de  provisiones  en  el  almacén  gral 
del  Uruguay.  Apenas  dieron  principio  ásu  navegación,  cuando  em- 
pezaron también  las  infelicidades  y  los  trabajos  q'  siéndoles  después 
tan  comunes,  sellegaron  á  familiarizar  con  ellos  :  las  bolcaduras 
délas  Canoas  á  cada  paso,  con  riesgo,  y  tal  vez  pérdida  de  alguno 
délos  q'  no  sabían  nadar,  y  siempre  con  avería  desús  pobres  tratos 
y  comestibles  :  la  dura  pensión  de  arrastrar  las  mismas  Canoas, 
largos  trechos  por  cima  délas  piedras,  con  toda  la  gente  en  el  agua  : 
la  demontarlas  á  fuerza  de  brazos  por  innumerables  Saltos  y  Arre- 
cifes,  transportando  su  carga  á  hombros  por  tierra  :  la  continua 

(i)  Véase,  en  la  citada  publicacióa  de  Cabrer,  el  curioso  rodeo  por  éste  empleado 
para  adoptar  el  texto  de  Alvear  á  su  propia  situación.  Cf.  Angkl»,  IV,  Reconocimiento 
del  Pepiri-guazú. 


hiS  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

batalla  y  choque  perpetuo  délas  Corrientes  q*  precisam**  habian   de 
vencer,  remolinos,  peligrosos,  caxóeras  rapidisimas  :  la  anticipada 
fatiga  de  sondar  y  escoger  los  mejores  canales  q*  formaban  las  Islas  : 
la  de  limpiarlos  déla  ramazón  alta  délos  arboles  deq'  estaban  cubier- 
tos :  y  fmalm**  la  de  remover  y  apartar  los  viejos  troncos,  y  chopos 
ocultos,  peñascos  gruesos,  lajas  resbaladizas  y  cortantes,  con    otra 
infinidad  de  estorbos  q*  encontraba  á  cada  momento,  y  enq'  se  de- 
tenía su  pequeña  Escuadra  &■.  Con  esta  molestia  y  penalidad  tarda- 
ron hta  el  25  de  dho  Diz"  en  subir  la  distancia  de  20  leg"  contando 
sobre  i5o  arrecifes  de  difícil  transito,  y  2  Saltos  de  mas  considera- 
ción, lita  la  altura  observada  de  26^  5i ' ,  siendo  el  cauce  del  Rio  tan 
tortuoso  y  quebrado,  q'  la  misma  distancia  contada  por  su  rumbo 
directo  que  es  al  N.  E.  j  N.  no  pasa  de  7  leg*. 
Arroyo  Eucsteparage, poco  arriba  del  arroyo  nombrado  délas  Tarariras 

enla  pasada  Demarcación,  y  hacia  donde  á  corta  diferencia  parece, 
dejaron  tamb"  sus  balsas  en  aq'  tpo  :  no  siendo  ya  el  rio  demanera 
alguna  navegable  por  su  corto  caudal,  la  escabrosidad  desu  fondo  y 
aspereza  desús  barrancas,  ú  orillas,  formaron  sobre  la  de  Occid**  unos 
ranchos  para  deposito  desús  bastimentos ;  y  despachando,  el  3o, 
varias  délas  Canoas,  bajo  la  conducta  del  Alf*  Valdez,  por  las  q* 
habian  dejado  en  el  Uruguay,  siguieron  el  i3  de  Enero  de  90,  su 
descubrim*"  por  tierra,  no  habiéndolo  antes  permitido  las  lluvias  y 
malos  tiempos. 

Doblada  una  pedregosa  Serranía  con  algunos  regatos  de  corta 
entidad,  pasaron  el  16  alas  3  leguas,  después  de  haber  registrado  el 
desmonte  hecho  por  los  Demarcadores  del  año  de  Sg ;  y  en  su  cen- 
tro el  gran  árbol  de  Tupia,  con  una  Cruz  gravada  en  su  tronco, 
como  marca  del  ultimo  punto  de  su  exploración.  Acostumbrados 
enel  Paraná  á  enriquecer  y  estender  sus  conocimientos  sobre  el  te- 
rreno prescripto  por  sus  antecesores,  mas  animosos  también  ahora 
nros  Geógrafos  pasaron  adelante,  abriendo  á  repetidos  golpes  de 
machete  la  intrincada  breña,  mas  difícil  de  romper  enlas  margenes  y 
cercanías  del  rio,  deq'  no  podian  separarse  sin  perderlo,  extravian- 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  Asg 

<lose  por  el  interior  del  Monte.  Con  la  precisa  demora  de  esta  diaria 
ocupación,  y  obligados  A  seguir  el  sinuoso  Zigzac,  necesariam*" 
hal)ian  de  hacer  muy  cortas  jornadas,  tanto  q'  por  lo  regular  no 
excedian  de  una  milla  ó  media  legua,  y  á  veces  liacian  alto  sobre  el 
mismo  sitio  de  la  noche  anterior  después  de  haber  dado  una  gran 
vía  con  el  rio,  que  {XKlrian  haber  excusado,  cortándola  por  su  gar- 
«j^anta,  de  tener  su  noticia  anticipada.  Un  arr"  no  pequeño,  con  ba- 
rranca de  piedra  viva  y  escarpada  á  manera  de  un  muro  inaccesible, 
les  obligó,  el  27  andadas  9  leguas  á  pasar  con  agua  ala  rodilla  ala 
ribera  Oriental,  por  un  Salto  q"  contaban  ya  el  8",  dexando  una 
cruz  q*  sirviese  de  guia  álos  que  conduxesen  los  viveres  q'  aguarda- 
ban ya  con  impaciencia  del  rancho  déla  provisión. 

Al  paso  q*  seinternaban,  mas  y  mas  herizado  el  terreno  de  mons- 
truosos peñascos,  lajas  acantiladas,  y  horrorosas  desigualdades, 
multiplicaba  los  Saltos  del  Rio,  y  eran  forzados  a  repasarlo  mas 
amenudo,  creciendo  las  dificultades  de  su  marcha  en  la  misma  razón 
q*  los  embarazos  desu  retirada,  q*  en  caso  de  creciente  podrian  ser 
insuperables.  Fuera  de  esto  habian  notado  varias  veces  desde  su 
entrada  en  el  rio  vestigios  de  infíeles,  mas  desde  el  Puerto  délas 
Canoas,  fueron  mas  frecuentes,  encontrando  diversas  rancherías  de 
Parcialidades  distintas  y  numerosas,  q*  aumentaban  su  cuydadopor         Ranchos 

de  Infieles. 

estar  recien  desamparadas,  y  humeando  en  ellas  todavia  los  fogones. 
Vieron  al  derrededor  de  estos  hogares  muchos  despojos  y  huesos  de 
antas,  Venaos,  Loros,  Yacues,  Peces,  Ollas  de  barro  cocido  y  puli- 
dam^  labradas  :  Canastillas  como  para  frutas,  muy  bien  texidas  déla 
paja  ó  Cascará  del  Güembe  y  colgadas  por  sus  asas  délos  arboles  : 
y  hta  Cobos  ó  Cestos,  aun  mas  airosos  de  bejucos  ó  Carrizos  para 
pezcar ;  muebles  todos  hechos  con  la  industria,  al  estilo  y  gusto  délos 
Pueblos  civilizados,  y  q*  indican  haber  entre  aquellos  indios  algunos 
desertores  Esto  noobstante  redoblando  nros  oficiales  su  Cautela, 
como  requería  la  calidad  de  aquellos  habitantes  del  Bosque,  y  pedia 
la  cortedad  desús  fuerzas  precisam*""  repartidas  en  varios  destinos, 
continuaron  todavia  otras  5  leguas  su  penosa  ruta,  hallando  varios 


43o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

islotes  y  otros  regajos  q*  descendian  délas  quebradas  y  empinados 
Cerros  de  ambas  orillas  y  aumentaban  el  caudal  del  rio,  ya  dema- 
siadam^  disminuido  como  cercano  á  su  origen. 
Se  rrtíraron  p'       Consideraudo  aqui  lo  mucho  q'  se  iban  empeñando  :  la  escasez 

enfermos. 

de  mantenimientos  conq*  se  hallaban  :  la  tardanza  del  socorro  cpie 
habian  dexado  recomendado  :  lo  incierto  del  q'  les  debia  venir  del 
Uruguay  :  el  general  desaliento  de  su  reducida  Comitiva,  agoñada 
del  peso  de  las  Cargan  :  y  el  inminente  riesgo,  de  los  Indios  Tupices, 
que  subia  de  punto  con  la  distancia  :  avista  de  todos  estos  inconve- 
nientes y  demás  obstáculos  queles  rodeaban  por  todas  partes,  difi- 
cultando cada  dias  mas,  ó  imposibilitando  del  todo  la  continuación 
de  aquella  diligencia ;  acordaran  el  3o,  su  regreso,  y  lo  pusieron  en 
practica  al  dia  sig*'.  Las  gruesas  y  frecuentes  lluvias,  las  turbonadas, 
tiempos  deshechos  de  truenos  y  relámpagos,  y  mas  q*  todo  los 
huracanes  temibles  q*  causando  asombrosos  destrozos  enlos  montes, 
los  ponian  en  la  mayor  consternación  con  el  estruendo  y  los  agigan- 
tados arboles  q'  arrancaban  de  raiz,  y  caian  ásu  lado  :  no  les  habian 
dexado  de  perseguir  desde  el  principio  desu  Comisión,  mas  ahora 
parece  trataban  de  oponerse  á  la  resolución  desu  retirada,  cargán- 
doles de  tal  suerte,  q*"  vistiendo  la  ropa  mojada  muchos  dias  deseguido, 
se  vinieron  todos  á  enfermar  délas  humedades  y  frios,  del  cansancio 
y  vigilias,  y  sobre  todo  por  la  infinita  multitud  de  Sabandijas  pon- 
zoñosas y  molestosos  insectos,  boraces  de  Sangre  humana,  q*  con 
sus  ardientes  aguijones  los  mortifícaban  loq*  no  es  decible,  cubrién- 
dolos de  ronchas  picantes,  sarnas  contagiosas  y  dolorosos  granos, 
enq'  anidaba  tal  vez,  y  se  nutria  la  Ninfa  ó  gusano  del  mismo  insec- 
to. Los  dos  facultativos,  como  de  complexión  mas  delicada  fueron 
también  losq*  adolecieron  mas,  y  sobre  q*  secargaban  las  mortiferas 
plagas  de  mosquitos,  gegenes,  tábanos  y  otras  muchas  moscas  de 
varias  especies,  q'  sesucedian  unas  á  otras,  y  remplazaban  en  las 
horas  del  dia  y  delanoche  segim  las  estaciones.  El  de  S.  M.  F.con 
especialidad,  sellegó  á  hinchar  y  poner  monstruoso  de  horrorosa 
lepra,  demanera  q'  aunq"  el  6  de  Febrero  encontraron  el  socorro  q* 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  63i 

aguardaban,  no  pudieron  ya  dexar  de  seguir  su  determinación  y  cl 
II  llegaron  al  Puerto  de  las  Canoas. 
Como  el  reconocimiento  de  este  rio,  practicado  \a  suficientem**  J^'^'^i  !V*"  t* . 

*  «^  Geógrafo  Eupanol. 

en  la  antigua  Demarcación ,  se  reytcraba  ahora  á  instancias  del  Co- 
mÍ8*  Lusitano,  y  ápesar  de  nras  repetidas  protestas,  fundadas  sobre 
su  inutilidad  ;  la  instrucción  q"  llevaba  el  Geógrafo  Español,  sere- 
ducia  unicam*'  á  seguir  y  acompañar,  como  era  justo,  al  Portugués, 
bta  donde  lo  quisiese  continuar,  sin  embarazar,  ni  proponer  desu 
parte  operación  alg*.  Por  este  motivo  pudo  Cabrer  facilm**  convenir 
en  regresar,  hta  el  ref**  Puerto  délas  Canoas  ;  mas  quando  su  Con- 
curr**  trató  de  llevar  adelante  su  retirada  con  el  pretexto  desu  enfer- 
medad, aunq*  ni  él  ni  los  suyos  disfrutaban  de  mejor  salud,  resolvió 
aguardar  antes  nueva  determinación,  q'  abandonar  del  todo  su  des- 
tino, sin  expresa  orden  desu  Xefe.  Dio  cuenta  de  todo  loq*  sehabia 
operado,  y  del  prud**  partido  que  tomaba,  remitiendo  los  mas  graves 
de  sus  enfermos,  con  el  mismo  Joachín  Feliz,  q*  contento  con  dexar- 
le  parte  desu  escolta,  sepuso  en  derrota  con  el  resto,  el  20,  y  arribó 
el  23  álos  ranchos  del  Uruguay.  Informó  desde  ellos  á  su  respecti- 
vo Comis",  y  como  enlas  Cartas  y  relación  desu  viaje  hablase  poco 
ó  nada  desu  dolencia,  fundando  las  causas  desu  regreso  enlas  difi- 
cultades invencibles,  q*  ponderaba  haber  encontrado  en  la  prosecu- 
ción de  aq'  obra  :  habiéndose  vencido  superiores  en  la  expedición 
de  Sanantonio,  lefuedada  la  disposición  de  recomenzarla,  sinobtener 
otra  indulgencia  con  sus  representaciones,  q'  el  embiodeunFisico, 
q*  procurase  mejorar  su  mal  estado  de  salud  con  una  curación  pa- 
liativa. 

¡  Tal  era  el  empeño  délos  Portugueses  en  seguir  el  examen  de  este     idea  dei*  Ponu- 

»  1  -1  1  •    /-t      •  guwea  en  el  rcco- 

rio,  q  no  los  contenían  los  mayores  embarazos !  Creían  q*  consi-  nocim-decsieRío. 
guiendo  ligar  sus  cabeceras  con  las  del  rio  Sanantonio  mejoraba  la 
condición  desu  dispula,  y  nadie  dudaria  ya  de  ser  el  verdadero 
Pepiryguazú.  Ponian  en  esto  su  mayor  esmero,  y  todo  otro  trabajo 
no  era  de  importancia  para  la  Demarcación  de  Limites.  En  baño  se 
trataria,  disuardirlos  de  esta  falsa  idea,  ó  mas  hiende  esta  voluntaria 


433  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ilusión.  Era  un  sistema  artificioso  q'  contaba  mas  de  3o  años 
de  antigüedad,  y  todos  nros  esfuerzos  hubieran  sido  tan  inútiles 
como  la  primera  vez.  No  podiamos  dexar  de  convenir  en  adelantar 
mas  tan  infructuoso  como  difícil  descubrim***,  y  solo  aspiramos  á 
sacar  la  ventaja  posible  de  nra  forzada  condescendencia.  Parecía  de 
moral  imposivilidad  llegar  á  ver  por  esta  parte  el  celebre  Cury  délas 
Vertientes  del  Sanantonio :  y  de  seguridad  moral  q*  este  rio  no  baxaba 
del  famoso  Cerro  de  Pinheyro.  Fundados  en  una  estima  arbitraría 
sugeta  á  mil  errores,  lo  babian  supuesto  asi  los  Demarcadores  anti- 
guos :  dando  p""  sentado  q'  los  Pantanos  q'  |  provenían  délas  faldas 
meridionales  de  dho  Cerro,  y  enq'  estubieron  tamb"  nros  Geó- 
grafos, subiendo  por  el  Sanantonio,  daban  origen  ásu  pretendido 
Pepiry.  Aunquando  setratase  de  alguno  desús  brazos  transversales, 
seria  esta  suposición  una  casualidad  inesperada.  ¿  Qto  lo  sería  mas 
respecto  del  Canal  principal  q'  es  el  q'  ahora  se  seguia  ?  Sobre  ella 
noobstante  sedieron  en  aq^  tiempo  estos  rios  p'  fronterizos,  y  no 
hubo  dificultad  en  dirigir  por  ellos  la  Linea  Divisoria.  Nro  Concu- 
rrente estaba,  ó  lo  afectaba  estar,  no  menos  embuido  de  esta  Chi- 
mera,  y  en  ella  hacía  estribar  todas  sus  esperanzas.  Conq*  si  la  ex- 
periencia llegaba  á  manifestar  lo  erróneo  de  estos  principios  quedaba 
destruido  su  mas  solido  argumento.  Cabrer  tuvo  pues  la  orden  de 
aguardar  ásu  Cooperante,  y  el  suceso  no  hizo  mas  q*  acreditar 
nra  congetura  como  seba  á  ver. 
Su  difícil  Hablan  para  este  tiempo  vuelto  del  efectivo  Pepiry  los  otros  dos 

Geógrafos,  y  aunq'  no  hablan  conseguido  perfeccionar  su  indagación, 
fue  necesario  interrumpirla  p"^  entonces,  para  atender  al  reconocim*' 
pend*"  de  aq^  otro  rio,  q'  ocupaba  todas  nras  fuerzas,  atemperán- 
donos hta  en  esto  al  sistema  Lusitano,  para  hallar  después  la  misma 
facilidad  y  correspondencia,  en  caso  de  haberse  de  volver  tamb"  á 
este  rio  como  era  provable.  La  fatal  Navegación  del  Pepirymini  nos 
obligaba  a  socorrer  á  Cabrer  todos  los  meses,  no  siendo  fácil  remitir 
de  una  vez  considerable  cantidad  de  provisiones,  y  apenas  bastaban 
para  llenar  este  objeto  todas  nras  gentes  y  Canoas,  q*  padecieron 


naveganon. 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  m 

frecuentes  naufragios  y  grandes  averias  en  esta  Carrera.  La  Partida 
Portuguesa  snfrió  aun  mayores  desastres,  viniendo  á  ser  victima  de 
estos  repetidos  incidentes  varios  desús  individuos.  La  extraordinaria 
rapidez  délas  aguas,  sus  formidables  hervideros,  los  saltos  y  el  sin- 
número de  arrecifes  hacían  inevitables  semejantes  desgracias,  oca- 
sionadas tanto  por  la  pequenez  y  debilidad  délos  bastimentos  no 
soportándolos  de  mayor  porte  el  poco  fondo. 

Tardó  Joachfn  Feliz  en  reponerse  hta  principios  de  Ab'  v  reuni-       vaeiia  dd 

^  ^  '^  «^  Geógrafo   Portug 

do  el  19  con  su  Compañero,  emprendieron  de  nuevo  su  ardua  in- 
vestigación el  26,  y  el  7  de  Mayo  estubieron  en  el  punto  mismo  de 
donde  sehabian  regresado  el  3o  de  En"  anterior,  habiendo  encon- 
trado los  arroyos  crecidos  por  las  fuertes  lluvias,  y  muerto  un  tigre 
y  un  lobo  marino.  Por  cerros'encumbrados  y  breñas  impenetrables 
déla  Caña  llamada  Tacuarembó  siguieron  el  mismo  dia  la  ribera  de 
Occidente,  cortando  ^alg*"  Zanjas  y  regajos  :  y  alcanzándolos  el 
i4un  pequeño  auxilio  de  vi  veres,  despachado  del  rancho  de  la 
provisión,  despidieron  con  la  escolta  q'  lo  conducia  algunos  indios 
q'  sehabian  enfermado.  Enlos  26^  ao '  de  lat*^,  pasadas  como  5 
millas,  seducidos  del  tamaño  de  un  Arroyo,  q'  baxando  del  4^  qte 
disputaba  al  rio  su  magnitud,  leexaminaron  no  pequeño  trecho ; 
mas  torciendo  demasiado  al  S.  O.  rumbo  q'  les  separaba  mucho 
desu  deseado  Cury,  leabandonaron  luego,  y  tomaron  el  brazo  del 
N.  E.  conociendo  también  ser  el  mayor.  Subieron  el  22  alas  10 
millas,  una  hermosa  Catarata,  q*  arroxaba  el  caudaloso  torrente 
por  una  elevación  de  5o  pies,  repartido  en  cuatro  caños  distintos, 
llamándola  Salto  iU  :  y  remediada  su  necesidad  con  ima  abundante 
cosecha  de  piñones,  gustoso  y  saludable  maná  q'  provida  y  liberal  piñones  de  Curj. 
mano  les  deparó  en  aq'  desierto  espantoso  no  menos  destituido 
de  humano  recurso  q'  los  déla  Arabia  :  montaron  otros  tres  Saltos 
de  menor  altura,  todos  causados  como  los  anteriores,  por  la  escar- 
pada fragosidad  y  planicies  ó  mesetas  alternadas  del  terreno.  Cru- 
zaron el  27,  el  paralelo  de  26^  12  '  donde  debia  yacer  el  suspirado 
Pinheyro  2  millas  á  Occid"  según  un  plano  q*  les  gobernaba  del 

ARAllS    D>    Lk    BtBLIOTBCA.  T.    111  >8 


434 


ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


Origen 
del  Pepirjmini. 


No  hallaron 
el  Sanantonío. 


Ni  ■onfrODlerir.oH. 


Coron'  Roscio  :  y  el  28  finalm**  andadas  otras  2  leg*  toparon  con  un 
pequeño  y  barrancoso  manantial  cercado  de  un  tremedal  arenoso  q' 
da  origen  al  dichoso  rio  en  los  26°  10'  de  lat^  y  proviene  délas 
faldas  de  una  Colina  de  áoo  pasos,  q'  tendida  E.  O.  reparte  tamb" 
aguas  al  Septentrión. 

Tratóse  luego  de  reconocer  la  tal  colina,  al  dia  sig*"  salió  una 
Partida,  q'  empleó  hta  el  3i,  en  recorrer  su  pierna  oriental  enla 
dist*  de  mas  de  2  leg*.  De  su  extremo  nada  un  rio  como  de  5  á  6 
baras  de  ancho  y  2  á  3  quartas  de  hondo,  fondo  pedregoso,  orillas 
barrancosas,  y  adornadas  de  grandes  tacuaras,  y  q'  formando  desde 
su  principio  una  vistosa  confluencia, 'giraba  como  en  vuelta  del  N.  E. 
Del  I"  al  5  de  Junio  examinó  la  dha  Partida  la  pierna  Occid***  déla 
misma  Cuchilla,  y  terminaba  también  alas  3  leguas,  dimanando 
asimismo  de  todos  sus  derrames  y  vertientes  otro  río,  aun  de  mayor 
caudal  q*  el  prim"  y  q*  discurría  al  O.  el  cumplido  tramo  q*  alean- 
saba  la  vista.  Componíase  la  citada  Partida  investigadora  de  Va- 
quéanos y  Soldados  prácticos  de  una  y  otra  Nación,  q'  habiendo 
estado  antes  en  el  Sanant**  conservaban  la  idea  precisa  del  nacim^ 
de  este  rio,  y  situación  del  Pinheyro  con  la  inscripción  latina  Non 
plus  ultra,  gravada  en  su  tronco  el  año  1788,  y  todos  depusieron 
uniform**  no  haber  hallado  tales  señales,  ni  ser  aquella  Loma  la  de 
las  Cabeceras  del  Sanan tonio. 

Con  el  inesperado  auxilio  délas  almendras  de  Cury  ó  piñones, 
estando  cubierto  todo  aq*  parage  de  un  inmenso  y  frondoso  Pinar, 
hubieran  podido  llevar  adelante  su  especulación  nros  Geógrafos; 
mas  lo  graduaron  superfino.  Los  dos  ríos  q*  habian  visto  correr  de 
aquella  Serranía,  con  direcciones  casi  opuestas  delNE.  y  O,  abnu»- 
ban  una  área  de  muchas  leguas,  y  lestenian  lugar  de  una  descubie- 
rta mayor  q*  la  q*  seles  podia  pedir.  El  Sanantonio,  según  la  laf*  de 
su  origen,  no  podia  estar  en  aq**  inmediaciones,  como  lo  suponía 
el  plano  arriba  cit°  de  nro  Concurr**,  construido  alo  q*  parece  en  la 
barra  del  Iguazú.  El  nro  con  arreglo  á  ellas,  lo  sitúa  9  millas  lar- 
gas mas  al  O,  q'  es  hacia  donde  seledebe  considerar,  por  ser  el  rio 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  «35 

primero,  6  mas  Occidental  délos  q*  fluyen  al  ref  *"  Iguazú,  peroaunq* 
esta  circunstancia  califica  nro  plano  de  mayor  exactitud,  con  todo 
no  le  podemos  dar  por  enterara^  exento  de  error,  no  habiéndose 
encontrado  el  Sanan f*  áig^  distancia  enq'  fue  reconocida  la  Cuchilla. 
Ciertos  pues  los  dos  oficiales,  de  no  ser,  ni  con  mucho  fronterizo 
del  Sanontonio  el  supuesto  Pepiry  :  ni  menos  descender  déla  celebre 
montaña  del  Pinheyro  como  se  habia  creido  :  nueva  equivocación  de 
nros  Predecesores,  q'  ponia  de  peor  condición  la  causa  délos  Portu- 
gueses, como  habiamos  congeturado  ;  acordaron  su  regreso,  y  lo  pu- 
sieron enplanta,  la  mañana  del  6  habiendo  embiado  p*^  delante  hta 
10  indios  enfermos,  délos  q'  pereció  uno  de  miseria  en  el  camino. 
Tropezaron,  el  lo  con  la  Seg*  conducta  de  vi  veres,  q*  aguardaban  ó 
mas  bien  con  los  conductores,  q*  en  vez  de  socorros,  les  llevaban  el 
nuevo  embarazo  de  suministrar  los  consumos  déla  Comitiva.  Contan- 
do ya  21  dias  de  marcha  y  no  pudiendo  ser*  la  carga  de  un  hom- 
bre, particularm^  en  aquellos  caminos,  mucho  mayor  q*  loq'  debia 
comer  en  ese  mismo  tiempo,  aun  arreglada  su  ración  diaria  con 
toda  economía,  como  lo  estaba  en  3o  honzas  por  todo  mantenim^"; 
les  restaba  tan  corta  porción  q*  aun  no  alcanzaba  p*  el  regreso  délos 
mismos  q'  los  venian  á  socorrer.  Por  ult°  á  fuerza  de  industrias,  y 
supliendo  su  escasez  con  alg*  caza,  frutas  silvestres,  miel  y  otros 
arbitrios  déla  laya  q*  daban  los  montes,  pudieron  el  i  g  tomar  las 
Canoas  :  y  arribando  el  24  á  los  ranchos  del  Uruguay,  de  donde 
hablan  salido  el  8  de  Diz"  anf^S  se  restituyeron  el  6  de  Julio  con 
felicidad  al  Pueblo  de  Sanangel. 

Es  pues  en  resumen,  todo  el  curso  del  Pepiry miny,  de  21   leg*      Deacripcion  dei 
álos  i5'^  S  O  desde  su  origen  principal  en  los  26^  10 '  de  Laf*  hta  su  cJ^^^Ímb^umus 

^     en  varío*  parages. 

barra  en  los  27°  10'  3o".  La  misma  distancia  subiría  á  44  leg*  si 
con  tasemos  sus  numerosas  y  complicadas  vueltas.  Los  saltos  mas 
considerables  son  17  é  innumerables  los  arrecifes,  desuerte  q*  nodá 
media  legua  de  navegación  tranquila  y  libre  de  riesgo  en  toda  su 
extensión.  Los  Geógrafos,  aludiendo  ano  haber  encontrado  el  Cury 
ó  Pinheyro  déla  marca  q'  buscaron  cuydadosam*"  hicieron  gravar  la 


436  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

sig**  inscripción  en  varios  arboles  de  hacia  las  asperezas  y  Collados 
délas  primeras  fuentes  de  este  rio  «  Saliens  im  montes  ( i ),  transiliens 
Colles :  Quesivi illumet non inveni,  A.  i 790 (Canticum  Cant.  G.  3.): 
y  en  su  entrada  en  el  Uruguay,  debaxo  de  Plancha  de  Cobre,  f['P"" 
sieron  los  facultativos  déla  prim"  Subdivisión,  dándole  mal  apropo- 
sito  el  nombre  de  Pepiry  «  Pepiry  predato  nomine  vocor.  A  1790.  » 
Duró  esta  trabajosa  expedición  7  j  meses,  enq*  padeció  nra  gente  lo 
q'  no  es  decible.  Naufragaron  muchas  Canoas  y  balsas,  perdiéndose 
cantidad  de  provisiones,  armas  y  pertrechos  y  se  hahogaron  i  sol- 
dado y  2  indios  de  la  Part"  Portuguesa. 


RECO?íCIM*"  DEL  PeQÜIRY  Ó   PePIRYGUAZÚ 

Encargado  del  reconocim**  del  Pequiry,  ó  Rio  de  Mojar  ritas  ó  Pe- 
cecitos  q'  eso  signifíca  en  el  idioma  délos  Indios,  nro  Geógrafo  d" 
Andrés  de  Oyarvide  desde  el  17  de  Nov*,  setransfirió,  el  19,  como 
ya  se  dixo,  álos  ranchos  del  Uruguay,  con  todo  el  destacam*"  que  le 
debia  acompañar  de  nra  parte.  Siguióle  dos  dias  después  por  la  de 
Portugal  el  ayud**  de  Ingenieros  Fran"  das  Chagas  Santos,  como 
habia  convenido  el  Comis"  déla  Reyna  Fidelisima ;  pero  esto  fue  mas 
p*^  aparato  y  ostentación,  q'  con  animo  de  concurrir  deveras  al  des- 
empeño de  una  obra  de  tal  importancia,  y  q*  embolvia  grandes  di- 
fícultades.  La  vaciante  del  Rio,  q*  aumentando  todos  los  dias,  hacia 
recelar  no  poder  subir  hta  sus  cabeceras  :  el  consumo  inútil  de  las 
provisiones  mas  necesarias,  y  lo  estrecho  délas  orns  para  no  perder 
instantes,  no  fueron  motivos  suficientes  para  sacar  de  su  paso  al 
Ayud**  Portug\  Trataba  con  indolencia  de  aumentar  el  num"  desús 
Canoas,  é  introducir  nuevo  acopio  de  bastimentos  del  Campo  de 
Ñacoraguazú,  y  la  frialdad  desús  disposiciones  anunciaba  sobradam** 
lo  simulado  de  estos  pretextos.  Receló  Oyarvide  no  tener  Concu- 

(i)  Asi  en  oi  manuscrito.    Además   del  solecismo,  debo  notarse  que  los  dos  versícu- 
los pertenecen  á  capítulos  distintos  del  Canticum. 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR 


437 


rrenle,  ó  áiomenos  conoció,  q*  p'  logarlo  era  menester  ponerse 
en  camino,  y  emprendió  solo  su  navegación,  el  27,  con  4  Ca- 
noas, 6  indios,  6  Milicianos  déla  Prov*  del  Paraguay,  3  Dragones 
y  2  1/2  meses  de  vi  veres,  después  de  haber  reconvenido  y  protextado 
¿k  Las  Chagas  sobre  las  resultas. 

Montados  dos  considerables  arrecifes,  entre  otros  menores  del 
grande  Uruguay,  q*  bastaron  á  detener  los  Comis"*  déla  antigua  De- 
marcación; y  examinada  á  las  700  1/2  millas  la  boca  del  Mbary  q* 
baxando  délas  caidas  Occidentales  del  Albardon  de  Santana,  donde 
están  los  Yerbales  délos  Pueblos  de  Sanluis  y  Sanmiguel,  fue  equi- 
vocado en  aq*  época  con  el  Uruguaypitá,  estubo  nro  Geógrafo,  el  8 
de  Diz*  navegadas  en  todo  i5  leg"  en  la  barra  efectiva  de  este  rio, 
poco  equivocable  con  ning"  otro  déla  Costa  del  S,  habiendo  regis- 
trado las  inscripciones,  y  desmontes,  hechos  con  el  Apetereby,  y 
otro  Arroyo  déla  del  N.  por  los  oficiales  délas  primeras  Partidas. 
Corre  el  positivo  Uruguaypitá  la  gran  distancia  de  60  leg*  y  se 
compone  de  tres  brazos  prales,  q*  abrazan  aun  mayor  espacio,  tenien- 
do su  principio  hacia  los  28  grs.  de  Lat.  del  Prim"  y  Segundo 
monte,  cuyas  faldas  Meridionales  dan  origen  al  Igay. 

Alas  8  leg"  justas  de  dho  Uruguaypitá  (o  rio  de  aguas  coloradas 
aunq'  en  el  Pais  no  es  estraño  por  serlo  generalm**  las  tierras)  so 
halla  en  medio  del  Uruguay  la  decantada  isla,  conq*  todas  las  noti- 
cias antiguas,  y  modernas  caracterizan  el  verdad"  Pepiryguazú,  y  q' 
realm**  está  frente  desu  boca  ala  distancia  de  200  toesas.  Es  bas- 
tante montuosa,  de  mediana  altura  y  su  proyección  de  |  de  milla 
álos  11*^  N.  E.  En  su  punta  N.  se  lee  en  el  tronco  de  un  árbol  dr 
Curupaynd  la  inscripción  «  Te  Deum  laudamus,  ü  de  Ag^  de  1788,  » 
q'  D"  Joachín  Gundin,  geógrafo  déla  prim'  Subdivisión  puso  por  te 
mino  de  su  Seg"  viaje,  y  en  demostración  de  alegria  de  haber  encon- 
trado el  deseado  Pequiry  porq*  tanto  anelaba.  Estendió  Oyarvidela 
misma  tarjeta  y  añadió, uLaetenturinsulaemultae.  12Diz^  /789)).(Pral 
96).  Pasó  de  all{  á  examinar  la  barra  del  rio;  q*  halló  de  1 10  toesas 
de  ancho,  y  siguiendo  la  misma  idea  desu  antecesor  inscrivió  en  un 


Mbary 
y  Urngoajpitá. 


Verdadert 
isla  del  Pepiry. 


Inacrípcioa  . 


^38 


ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


Arrecife 
de  su  boca. 


Peqairymini. 


'Salto  grande. 


Zapiypita  de  la  punta  S.  aquello  délos  Cantares  « Inveniquem  diligil 
anima  mea,  Peqairy  sea  Pepiryguazá  12  Diz^  1789  (C.  3.  V.  4). 
Montó,  el  i3 ;  alas  3  1/2  Millas  dcla  dha  barra  un  Salto  de  9  pies, 
marca  no  menos  caracteristica  de  este  rio  y  la  ref  ■  Isleta,  arrastran- 
do las  Canoas  por  la  ribera  Occidental,  y  el  24  vencidos  con  el 
mismo  trabajo  otros  muchos  arrecifes  en  la  distancia  de  2  a  millas, 
teniendo  el  último  hta  i4  pies  de  elevación,  graduó  indispensable 
formar  un  rancho  pequeño  y  dexar  en  él  parte  de  los  viveres  p'  su 
regreso,  al  cuydado  de  cinco  individuos,  q*  iban  ya  algo  fatigados, 
y  los  pies  muy  heridos  délas  piedras  y  lajas  del  fondo  del  rio.  To- 
mada esta  resolución,  continuó  su  penosa  fatiga  con  dos  solas  Ca- 
noas y  el  resto  de  su  gente.  Eran  tributarios  del  Pequiry  en  el 
tramo  inmediato  frecuentes  arroyos  no  pequeños,  y  otros  caños  visto- 
sos de  agua  q'  sedespeñaban  gradualm**  délas  Serranías  q'  le  costeaban 
por  ambas  orillas.  Entre  todos  sobresaUa  uno  mas  notable  q'  alas 
81/2  leg*  baxaba  del  Oriente  y  penetrando  por  él  cosa  de  2  iniUas, 
le  dio  el  nombre  de  Peqairymini,  siendo  glorioso  emulo  del  bra- 
zo principal.  Crecia  la  escabrosa  altura  délas  Sierras  alpaso  q'  se 
internaba  por  ellas  y  culebrandose  el  rio  p'  las  sinuosidades  q'  for- 
maban, venía  áser  cada  vez  mas  difícil  su  navegación  con  la  mul- 
titud de  arrecifes  grandes,  q*  sobre  el  peligro  délas  Corrientes  au- 
mentaban el  trabajo  de  suspender  mas  amenudo  las  Canoas,  ) 
transportar  las  cargas  sobre  los  hombros.  Una  serie  de  muchos  días 
enq*  los  malos  tiempos  y  copiosas  lluvias  le  hicieron '  perder  la  ma- 
yor parte,  agravando  lo  ya  demasiado  fatal  det  antos  escollos  con  la 
nueva  rapidez  de  las  crecientes,  reduxo  la  jomada  délos  pocos,  q* 
pudo  aprovechar  á  solo  la  distancia  de  4  leg" ;  y  ásu  extremo  fue 
muevam**  detenido,  el  10  de  En°  de  90,  por  otra  hermosa  Catarata 
q*  estrechando  las  superiores  y  esplayadas  aguas  del  Pepiry  de 
120  toesas,  en  un  lecho  angosto  de  12,  y  370 de  largo,  herizadode 
gruesos  y  negros  peñascos,  las  precipita  en  un  solo,  tumultuoso  j 
arrebatado  torrente  de  nevadas  espumas,  por  una  progresión  de 
radas  sucesivas,  enq*  sedistinguen  tres  estaciones  principales,  sien- 


(T 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR 


639 


Uermcyo. 


<io  SU  total  elevación  de  1 1  toesas,  y  formando  el  todo  el  admirable 
prospecto  de  un  pasmoso  anfiteatro,  q'  captaba  la  atención. 

Ni  las  fuerzas,  ni  las  provisiones  conq*  sehallaba  nro  explorador 
alcanzaban  para  superar  aq'  nuevo  embarazo.  Era  preciso  abrir  una 
picada  por  dentro  del  monte,  subir  por  ella  las  Canoas,"  y  emplean- 
do en  esta  faena  los  pocos  dias  de  vi  veres  q*  lequedaban,  no  podia 
hacer  grandes  progresos.  Sin  embargo  considerando  q'  el  Ayudante 
Portugués  podia  arribar  de  un  instante  á  otro  con  nuevo  refuerzo, 
determinó  esperarlo  algunos  dias  en  aq^  parage,    cercenando  álos 
suyos  la  mitad  déla  ración,  q*  siendo  de  dos  libras,  como  sedixo 
antes,  quedó  reducida  á  solo  una  media  de  tasajo  ó  Charque  y  media 
de  legumbres,  ó  maiz.  Entretanto,  deseoso  de  adelantar  del  modo 
posible  su  investigación,  siguió  pie  á  tierra  la  orilla  del  rio,  hta  q* 
ala  distancia  dha  870  ts. ,  del  otro  lado  ya  délos  arreciles  y  rebenta- 
zones  del  Salto,  lo  detubo  otro  arroyo  de  entidad,  q'  venia  del  4"  qtc  y 
áq*  llamó  Bermejo,  por  el  color  desús  aguas.  Subió  después  ala  cima 
de  un  gran  Cerro  distante  mil  pasos  al  S.  O.  de  la  pral  caida  déla 
Catarata,  y  desde  la  alta  cruceta  de  un  elevado  Apetereby  relevó  el 
cauce  principal  del  Pepiryguazú,  en  la  distancia  de  6  á  8  leg*"  q'  se 
descubrían  entre  los  i5  y  3o^  N.  E.  :  y  el  arroyo  Bermejo,  al  NO. 
El  terreno  parecía  disminuir  de  fragosidad  y  aspereza,  mas  los  mon- 
tes continuaban  tan  espesos  é  interminables,  como  hta  allí,  hacia 
las  4  plagas  del  mundo,  y  atrechos  grandes  manchones  de  Pinares. 
En  el  robusto  pie  de  un  Timboybatd  q'  se  hallaba  sobre  el  primer 
despeño  de  las  aguas,  y  registraba  todo  el  canal  del  rio,  hizo  escul- 
pir, la  inscripción  sigte  con  relación  ala  misma  alegoría  q'  ya  indi- 
camos :  «  eum :  nec  dimittam,   Pequiry  seu  Pepiryguazú.  10  Jan" 
1790.  »  y  en  el  Apetereby  déla  descubierta,  a  Simal  montes  exculta- 
bunt.  H  Jan""  1790  ».  (Cant.c  :  3.  v.  4)  (Ps.  97). 

Finalm^  cumplido  el   5."*    dia  de  aguardar  álos  Portugueses,      Hetiraiu  de  uro 

Geógrafo  y  un  en- 

y  no  siendo  ya  dable  suspender  mas  tpo  su  retirada,  la  puso  en  exe-  cuentroconeiPor- 
cucion  el  1 4  de  En**;  y  la  tarde  del  i5  encontró  ásu  Concurrente  so- 
bre la  confluencia  del  Pepirymini,  reducido  á  una  pequeña  balsa  de 


Inscripciones. 


&4o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

dos  Canoas,  sin  otra  escolta  q'  ^  Soldados,  q*  hadan  también  de 
remadores,  y  un  Sirviente.  Corto  socorro  ala  verdad,  enq'  seconfiaba 
demasiado,  mas  q*  noobstante  fue  el  único  conq'  auxiliaron  los  Lu- 
sitanos en  esta  importante  expedición,  mientras  q*  al  mismo  tpo 
nos  prestábamos  nosotros  con  todas  nras  fuerzas  al  reconocim^  inútil 
de  su  pretendido  Pepiry.  El  Coron*  Roscio  vivía  muy  persuadido, 
q'  si  obraba  de  otro  modo,  ó  concurría  desu  parte  como  era  justo, 
al  examen  del  Pepiryguazú,  autorizaba  con  los  hechos  la  opinión 
contraria  ala  q'  habia  defendido  por  escrito  con  tanto  tesón.  Las 
Chagas  se  habia  detenido,  como  ya  diximos  hta  el  8  de  Diz^  enlos 
ranchos  del  Uruguay,  para  construir  otra  Canoa,  cuyo  tamaño  le 
obligó  á  hacerle  regresar,  no  habiéndola  podido  montar  por  los  arre- 
cifes. Su  compañero  Joachin  Feliz  pudo  haberle  franqueado  algunas 
de  las  muchas  q'  ocupó  sin  necesidad,  mas  esto  seria  ir  contra  el 
sistema  propuesto  ;  y  así  esta  bizarra  idea  del  Comis°  de  S.  M.  F. 
fue  la  verdadera  causa  déla  detención  de  su  Ayudante.  Empeñado 
pues  este  en  continuar  en  aquellos  términos  hta  el  Salto  del  Pequiry, 
sinq*  nadie  pudiera  disuadirlo  de  tan  fútil  empresa,  siguió  también 
nro  Geógrafo  su  determinación,  y  el  20  de  En°  llegó  á  la  barra  del 
rio,  habiendo  recogido  antes  el  repuesto  de  viveres  q'  dexó  ala  subi- 
da, sus  dos  Canoas  y  los  5  individuos  ya  mejorados. 
Uruguaymiin.         Era  la  mcute  de  Oyarvide  en  este  proceder  dar  cumplim**  al  Seg* 
art°  de  su  instrucción,  q'  leordenaba  subir  el  Uruguay  alo  menos 
hta  lograr  descubrir  la  boca  del  Uruguayminí,  q*  los  facultativos 
Portug*  pretendieron  equivocar,  no  sin  refinada  malicia  con  la  del 
verdad**  Pepiryguazú.  Navegando  enesta  virtud  el  Uruguay  aguas 
arriba,  dio  el  26  alas  12  leg*  con  la  deseada  confluencia  del  ref" 
Uruguaymini,  rio  nada  fácil  de  confundir  con  otro  alguno,  tanto 
por  su  dirección  del  oriente,  como  por  su  gran  caudal  de  aguas,  y 
sobretodo  por  el  dilatado  Valle  de  frondosos  y  corpulentos  Pinos. 
q*  se  extienden  por  su  ribera  meridional  hta  las  orillas  del  Uruguav- 
pita  ;  circunstancias  todas  con  q'  le  caracterizan  y  distinguen  los 
planos  impresos,  especialm/*  la  gran  carta  de  esta  America  por  el 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  6/«i 

Geógrafo  del  Reyno  D"  Juan  de  la  Cruz.  Dexando  pues  habicrta  en 
un  Zapiypita  de  tres  ramas  de  la  punta  S.  la  inscripción  «  Flumina 
plaudent  mana.  Uruffuaymini  25  Jan,  1790  »  (Ps.  97),  adelantó  ntro 
Piloto  p*  asegurarse  mas  desu  conocim**,  otras  5  leg'  la  navegación 
del  gran  Uruguay,  elq*  declinando  algo  del  E.  al  N.  se  hace  cada 
vez  mas  ancho,  manso  y  navegable  ;  y  dando  aqui  por  acavada  su 
diligencia  el  27,  regresó  el  4  de  feb°  con  toda  prosperidad  á  los  ran- 
chos déla  Guardia,  de  donde  habia  salido  el  27  de  Nov*  ant°^ 
Dos  dias  antes  de  su  arribó  encontró  detenido  en  el  Salto  del  Uru- 
guay un  socorro  de  provisiones  q*  sele  mandaba,  y  conducía  el  Cabo 
de  Dragones  Pedro  Iguino.  Su  Concurrente  las  Chagas  habia  llega- 
do el  27  de  Enero,  y  el  22  estubo  para  ahogarse,  habiéndosele  virado 
Ja  balsa,  enq'  venia,  en  uno  de  los  arrecifes  del  Pequiry,  dedonde 
le  sacaron  ya  sin  alientos  ni  sentidos,  perdiendo  todo  su  equipaje,  y 
salvando  casualm*"  los  papeles,  y  algunos  comestibles,  con  lo  q*  pudo 
llegar  á  salvamento. 

Esta  es  en  substancia  la  relación  dol  Diario  de  Oyarvide,  El  cur-  iu«om«  p»  q* 
so  del  rio  en  las  21  leg'  reconocidas,  sin  incluir  las  8  descubiertas  deroPepirjgiurf. 
desde  el  Apetereby,  es  álos  38°  N.  E.  y  su  anchura  como  de  60 
toesas  htala  barra  del  Pequirymini,  y  de  allí  hasta  el  Salto  de  3o. 
Enera  de  las  razones  q'  ya  expusimos  en  la  competencia  q*  antecede, 
sosteniendo  contra  nro  Concurrente  ser  este  el  verdadero  Pepirygua- 
zú,  la  circunstancia  solo  de  no  hallarse  otro  rio  de  mayor  caudal, 
q*  entre  en  el  Uruguay  porla  banda  del  N .  cnlas  4o  leg*  navegadas  por 
nro  Geógrafo,  á  saver  23  antes,  y  17  después,  noslo  persuade  hta 
la  evidencia.  El  tomado  por  tal  en  la  pasada  Demarcación,  siendo  me- 
nor indubitablem^,  deberá  alo  sumo,  ser  elPcpirymini,  pues  no  se 
ha  encontrado  rio  alg"  de  este  nombre,  y  lo  debe  haber,  como  indi- 
ca la  relación  délas  partículas  ¿rMazáy/n/ne,  comparativas  desu  mag- 
nitud en  el  idioma  délos  Indios.  No  lo  demuestra  menos  la  etimo- 
logia  de  Pequiry  primer  titulo  con  q*  el  tratado  Preliminar  señala 
este  rio  y  q*  en  Guaraní  significa  rio  de  Pececitos  ó  Mojar  ritas.  Las 
Canoas  de  nras  gentes  se  llenaban  todos  los  dias  desde  q*  entraron 


643  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

por  SUS  aguas  de  dhos  animalitos,  como  refiere  dha  relación.  Amas 
q*  el  mismo  Tratado  no  podia,  en  1777,  dar  á  entender  con  esta 
denominación  de  Piquiry  el  rio  aq*  expresamente  le  fue  suprimida 
en  1759,  por  los  Comisarios  de  Limites  de  aquella  época,  como 
declaran  ensus  Diarios,  y  dexamos  advertido  en  nro  tercer  oficio 
(pag  379).  Luego  el  Pequiry  ó  Pepiryguazú  deq'  habla  el  arl"  8^  no 
es  ni  puede  ser  otro  q*  el  rio  de  nra  aserción. 
Orden  para  Auuque  Oyarvidc  no  pudo  llegar  alas  cabeceras  de  este  Rio,  nime- 

continuar 

el  reconocimiento.   nQg  indagar  otro  frouterizo  á  el,  q'  fluyese  al  Septentrión,  hacia  el 

Iguazú  ó  Grande  de  Curitiba,  como  le  prevenía  su  instrucción,  y 
para  lo  q*  seria  indispensable  la  Campaña  de  otro  año,  con  otros 
preparativos  ;  el  reconocim**  practicado,  parece,  daba  luces  suficien- 
tes para  resolver  el  problema  y  q*  pudiera  ser  acertada  la  determi- 
nación délas  Cortes.  Mas  aunq'  lo  expusimos  asi  respetuosam**  ala 
consideración  del  Señor  Virey  de  Buenos  ayres,  quando  dimos 
cuenta  en  12  de  M***  del  regreso  délos  facultativos  :  consultando 
S.  E.  el  punto  con  el  Com°  director  D"  Jph  Várela,  q*  acababa  de 
llegar  á  dha  Capital,  y  q*  como  primer  autor  de  esta  disputa  tenia 
particular  empeño  en  el  examen  de  este  rio,  y  enq*  se  adoptase  p' 
limite,  fue  resuelto  lo  contrario.  La  Contestación  del  Señor  D°  Ni- 
colás de  Arredondo  de  1 3  de  Ab*  es  concebida  en  estos  formales 
términos  :  «  Sinembargo  de  conceptuar  Vm,  q*  basta  el  reconoci- 
m***  practicado  para  instruir  alas  Cortes  del  fundamento  de  nras  pre- 
tenciones,  y  q*  puedan  resolver  con  acierto,  parece  indispensable  q' 
se  continué  el  examen  del  Pepiryguazú  nuevam**  descubierto,  y  por 
donde  debe  descrivirse  la  Linea  Divisoria  hta  sus  cabeceras,  y  seguir 
por  lo  mas  alto  del  terreno,  baxo  las  reglas  del  Art**  6  del  Tral"  á 
encontrar  las  del  Sanan tonio. . .  y  por  tanto  se  deben  disponer  sin 
prdida  de  tiempo  los  facultativos  de  ambas  Partidas  p'  la  conclu- 
sión de  esta  importante  obra...  &". 
caa«i.  Llegó  á  nras  manos  esta  resolución  á  principios  de  Mayo,  qdo 

q*   lo  demoraron.  ,  ,  ,  .  ■ 

recomenzados  los  penosos  trabajos  del  Pepiryminí  con  el  restable- 
rim*"  del  Astrónomo  Portugués,  llamaban  toda  nra   atención  : 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  i^43 

y  empleadas  todas  nras  fuerzas  y  Canoas  en  redoblar  los  socorros 
de  víveres  como  exigía  la  mayor  distancia  áq'  sehallaban  los  desta> 
cam**%  y  alo  q*  obligaba  ya  el  rigor  déla  Estación»  malogrando  y 
aun  perdiendo  la  mayor  parte  délas  provisiones  en  cada  remeza  con 
las  continuas  aguas  y  malos  tiempos,  como  va  referido  ;  no  pudo 
tener  por  entonces  su  debido  efecto.  Pero  concluida  aquella  emba- 
razosa expedición  á  primeros  de  Jul",  aunq*  lo  crudo  del  invierno 
daba  todavía  pocas  treguas,  tratamos  luego  de  disponernos  sin  de- 
mora para  la  nueva  del  Pepiryguazú,  .tanto  mas  difícil  quanto  mas 
distante,  y  quanto  nras  gentes  estaban  mas  postradas  déla  dura  fatiga 
de  8  meses,  q*  les  habia  durado  la  de  aq^  rio.  Se  pidió  pues  el  rem- 
plazo de  los  Milicianos  del  Paraguay,  q*  ninguno  de  ellos  habia 
quedado  en  términos  de  continuar  el  Servicio.  Sedió  asimismo  baxa 
á  todos  los  indios  de  este  Departamento  q*  la  proximidad  desús  Pue- 
blos leshacía  desertar  con  frecuencia,  y  se  procuraron  otros  de  los 
del  Paraná,  mas  prácticos  en  la  peligrosa  navegación  délos  rios,  y 
mas  acostumbrados  al  manejo  de  las  Canoas.  Se  solicitaron  muías. 
Caballos,  y  Bueyes  :  y  dieron  finalm*"  todas  las  providencias  necesa- 
rias para  verificar  un  nuevo  y  proporcionado  acopio  de  provisiones  y 
pertrechos  &•. 

El  Comis°  de  S.  M .  F.  entre  tanto  haciéndose  olvidadizo  de  q"  la 
indagación  del  Pequiry  habia  quedado  en  embrión,  sin  haber  tenido 
tiempo  de  llegar  ásus  primeras  vertientes,  lejos  de  haber  pasado  á 
unirlas  con  las  del  otro  rio  Septentrional  q*  corriese  al  Iguazú, 
como  le  habia  sido  propuesto  en  nro  primer  oficio  de  9  de  Nov**" 
del  año  anterior  de  8g,  y  él  había  convenido  formalm**  enel  suyo 
de  18  de  dho  mes;  afectaba  haber  dado  ya  de  mano  á  todos  estos 
trabajos.  Se  desentendía  de  aquellas  disposiciones  preventivas,  y  se 
mostraba  frió  espectador  de  nros  movimientos.  Si  alguna  vez  le  lle- 
gamos á  hablar  en  la  materia,  dándolo  por  sentado,  sedebía  conti- 
nuar el  reconocim*"  del  Pepiryguazú,  interrumpido  únicamente  por 
atender  el  del  otro  rio,  no  permitiendo  las  circunstancias  seguir  los 
dos  aun  mismo  tpo,  como  al  principio ;  respondía  con  la  indiferen- 


Wi  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

cía,  y  tono  de  un  curioso,  no  tomando  mas  ínteres  enla  noticia,  q' 
si  selecomunicara  por  entretenimiento  ó  diversión.  Viendo  pues  las 
cosas  en  este  estado  de  crisis  misteriosa  q'  pasaban  los  días,  y  se 
perdían  los  preciosos  instantes,  aunq*  á  nro  exemplo  se  debían  pre- 
parar los  Portugueses  para  la  nueva  campaña,  q*  requería  bacerlo 
con  anticipación  :  q'  llegaría  la  hora  de  salir  y  no  estando  avisados, 
ni  prevenidos,  podrían  excusarse,  y  dexar  de  asistir  ala  conclusión  y 
perfección  de  tan  importante  diligencia,  empezada  de  común  acuer- 
do, y  q*  la  necesidad  sola  había  dexado  pendiente  ;  nos  vimos  obli- 
gados á  formalizar  los  asuntos,  para  correr  el  velo  y  decifrar  el  em- 
blema político  del  Coron*  Roscio,  convidándole  de  oficio  para  el 
seguim***  de  aquella  operación.  Por  mas  q'  procuramos  simplificar  nro 
papel,  sirvió  no  obstante  de  pretexto  á  nro  Concurrente  q^*  deseaba 
anciosam**  la  mas  remota  proporción,  para  renovar  con  mayor  ardor 
sus  antiguas  pretenciones  sobre  los  ríos  Pequiry  é  Igurey  enredando 
fuera  del  caso  una  complicadísima  discusión  tanto  mas  escusada, 
quanto  los  mismos  puntos  habían  sido  sentados  con  suficiente  cla- 
ridad y  separación  en  el  Paraná  y  en  el  Campo  del  Ñacoraguazú,  y 
pendían  ya  déla  decisión  délas  Cortes.  Mas  el  partido  estaba  tomado, 
y  el  fin  no  era  otro  q*  ofuscar  el  verdadero  derecho,  yla  razón,  em- 
brollando mas  y  mas  las  ideas,  y  abultando  á  nuevas  ¡das  y  venidas 
el  voluminoso  expediente,  sin  pararse  en  la  fidelid**  ni  exactitud 
délos  medios.  Nosotros,  siguiendo  el  método  q'  nos  hemos  propues- 
to en  las  materias  polémicas,  ó  contenciosas,  daremos  copia  entera 
délos  documentos  origínales,  como  piden  la  esencia  y  gravedad  de 
los  asuntos  q*  se  tocan,  y  exige  la  delicada  Comisión  de  Límites. 
Nosotros  omitimos  cuydadosam**  decir  q*  procedíamos  de  orden 
del  Sor  Vírey  del  Río  déla  Plata,  precaviendo  que  el  Coron*  Roscio 
tomase  de  aquí  margen  para  solicitar  volver  también  al  Paraná, 
cuya  expedición  no  habiéndose  executado  á  entera  satisfacción  del 
Sor  D"  Luis  de  Basconcellos,  Vírey  del  Brasil,  se  había  ordenado 
reytcrar  varias  vez"  aunq*  jamas  quiso  convenir  en  semejante  píx)- 
puesta  del  Sor  Marq*  de  Loreto.  Nra  precaución  sin  embargo  no 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  H5 

bastó  para  contener  á  nro  Concurr**.  El  requerim*",  hecho  en  prim* 
instancia  p^  el  Gobern°'  de  Hiogrande,  y  en  segunda  por  el  mismo  Sor 
Virey  del  Brasil,  fue  entablado  ahora  en  tercera  con  nuevo  vigor  á 
titulo  de  justa  correspondencia  como  se  va  á  ver,  mas  aquella  cau- 
tela sirvió  para  eludirlo  é  impugnarlo  con  mayor  facilidad. 

Viendo  este  modo  de  reproducir  siempre  las  mismas  cosas  de  nro 
Concurrente,  q'  era  nunca  acabar,  dexamosde  responderle  por  aho- 
ra directamente,  y  tomamos  el  partido  de  acelerar  las  operaciones 
para  acabarlo  de  resolver,  considerando  q*  las  vias  de  hecho  son 
siempre  mas  eficaces  q*  las  disputas  :  y  también  por  q*  tal  vez  estaría 
persuadido,  deq'  nra  determinación  de  proceder  solos  al  reconocim** 
del  verdadero  Pepiry,  no  habia  de  llegar  á  tener  efecto,  como  se 
habia  dexado  decir  en  publico,  y  q"  únicamente  se  proferia  por  q* 
jamas  sehabia  de  executar,  y  con  el  obgeto  de  intimidarlo.  Nro 
oficio  fue  reducido  álos  términos  sigtes,  haciéndole  ver  q'  su  reti- 
rada habia  sido  de  este  carácter. 

Nro  Concurrente  hubiera  querido  q''  quedase  esto  así;  mas  á 
nosotros  nosinteresaba  hacer  constar  q"  habiamos  efectivam*"  dado 
principio  alas  operaciones  sin  su  concurso,  para  q*  en  adelante  no  se 
pudiese  obscurecer,  como  era  fácil,  aq"  tenia  por  costumbre  contra- 
decir y  negar  los  hechos  mas  notorios  :  y  tamb"  queríamos  satisfacer 
álos  varios  puntos  q"  dexamos  pend**"  del  anterior  ó  penúltimo 
oficio  del  Coronel  Roscio,  porq*  no  sepresumiese,  q"  no  tenian  res- 
puesta, y  principalm**  por  lo  mucho  q*  conviene  exclarecer  estos 
asuntos  para  su  mas  acertada  decisión.  Vno  y  otro  obgeto  procu- 
ramos incluir  en  el  sigte  oficio  q*  dirigimos  pocos  instantes  des- 
pués de  haber  puesto  en  marcha  el  Destacamento  encargado  del 
reconocimiento  del  Pequiry. 


4^6  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


CAP»  1 3 


CONTINUACIÓN  DEL  RECONÍX^IM**  DEL  VERDAD*  PEPIHTOUAZé  Y  NUEVAS 
DISPUTAS  DE  LOS  PORTUGUESES  SOBRE  ESTE  RIO  T  EL  IgURET 

Hemos  visto  en  los  docum'^'  q"  anteceden  la  tenaz  resistencia 
q^  hicieron  los  Portugueses  á  la  continuación  del  reconocim^  del 
Pequiry  ó  Pepiryguazú,  ordenada  expresam**  por  el  Sor  Virey  del 
Rio  déla  Plata  en  i3  de  Abril  de  1790,  no  habiéndose  podido  con- 
cluir en  la  campaña  del  año  ant°^  Bien  era  de  conocer,  q*  esta  opo- 
sición, sistemática  llevada  tan  adelante,  y  unicam*^  entablada  p*  nego- 
ciar á  titulo  de  justa  corresponda'^  q*  se  reyterase  la  expedición  mal 
sucedida  del  Paraná,  no  dexaria  de  ceder  desu  aparente  tesón,  si 
llegado  el  caso  de  dar  principio  alas  operaciones,  se  lograba  persua- 
dir con  los  hechos  álos  Comisarios  de  S.  M.  F.  no  ser  tan  vana 
como  sehabían  creido  nra  resolución  de  salir  solos  á  veriGcar  sin  su 
asistencia  la  deseada  conclusión  de  esta  obra  importante.  Efectivam*^ 
no  debiendo  diferir  mas  tpo  un  medio  tan  eficaz  de  acabar  de 
resolver  álos  Portugueses,  y  q*  en  otra  ocasión  habia  tenido  un  éxi- 
to feliz  :  conseguido  en  gran  parte  el  acopio  de  las  provisiones  nece- 
sarias, y  habiendo  llegado  setenta  Indios  buenos  Canoeros,  (f  se 
habian  pedido  délos  Pueblos  de  Itapua  y  Sáneosme,  salió  el  3  de 
NoV  como  expusimos  con  igual  fha  al  Coronel  Roscio,  nro  Geó- 
grafo D"  Andrés  de  Oyarvide,  acompañado  de  alg**'  Dragones  4  con- 
tinuar el  reconocim***  del  verdad**  Pepiryguazú, 

Concluido  el  del  Pepiryminí  ó  rio  délos  antiguos  Demarcadores, 
a  petición  de  nro  Concurrente,  como  se  dixo  arriba  no  habia  ya 
paraqué  conservar  el  Campam**  del  Nucoraguazú.  La  picada  del 
Albardon  de  Santana  abierta  el  año  de  88  por  los  Comisarios  de  la 
prim*  Subdivisión  en  los  montes  Occidentales  del  Uruguaypita,  q* 
entra  en  el  gran  Uruguay  1 5  leg*  á  Oriente  de  dho  Pepiryminí, 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  kki 

como  tamb"  se  expuso,   acortaba  de  otro  tanto  la  navegación   y 
ofrecía  mas  acomodadas  proporciones  p"  esta  diligencia.  Dexando 
pues  su  Comitiva  en  el  camino  de  este  Albardon,  seadelantó  Oyarvi- 
de  á  levantar  y  transferir  á  él  el  ciV*  Campam*"  del  Nucoraguazú, 
haciendo  llevar  asimismo  por  el  rio  unas  Canoas,  q^  habian  queda- 
do de  algún  uso  de  la  ant*""  campaña.  Esta  disposición  era  ya 
dictada  de  acuerdo  con  los  Portug"  q'  viendo  q*  las  cosas  iban  de- 
veras, cedieron  desu  obstinado  empeño,  y  vinieron  por  ultimo  en 
dar  sus  manos  p'  la  execucion  de  una  obra  q*"  habia  quedado  incom- 
pleta, y  cuya  utilidad  no  se  les  podia  esconder.  Pero  respondiendo 
rara  vez  la  actividad  de  los  hechos  ála  de  las  palabras,  no  fueron 
tamb"  estas  muy  puntuales  las  q^adelantó  su  Xefe  en  su  ofício  del 
dia  6,  Muy  satisfecho  de  sus  buenas  ofertas,  y  con  el  pretexto  de 
los  6o  indios'  pedidos  ultimam^  q*'  era  natural  tardasen  no  poco  en 
venir,  defirió  aun  para  otro  tpo  su  concurrencia  el  Coronel  Lusitano. 
Los  primeros  trabajos  de  esta  expedición  q""  en  todas  son  los  mas  pe- 
nosos y  arriesgados,  quedaron  al  cuydado  solo  délos  Españoles,  y  nro 
oficial  reducido  á  operar  sin  ayuda  de  otro,  le  fue  preciso  dividir  su 
gente  y  tardó  hta  fines  de  Nov*»"  en  la  traslación  de  aquel  campo. 

En  este  medio  tiempo  la  tropa  de  Carretas  q*  escoltaba  el  Sarg**     Aiesúuto  deio» 

^  scig    Eapañoles  p'' 

de  Dragones  Man*  Pérez,  con  un  Cabo  y  cmco  Soldados,  llegó  el  dia  »o»  Tupices. 
12  ála  Picada  de  Santana,  y  en  la  mañana  del  i5  antes  de  amanecer 
fue  sorprendida  y  cruelm*^  insultada  p"^  los  indios  Tupices,  q"  pa- 
rece la  habian  venido  observando  de  lejos  por  las  orillas  délos  mon- 
tes, ó  como  dicen  comunm**  bombeando,  (f  es  la  costumbre  de 
estas  Naciones  hta  lograr  su  depravado  intento.  Recien  venido  Pé- 
rez de  Buenos  ayres,  con  poca  experiencia,  y  olvidado  de  las  vivas 
exórtacíones  q*  ásu  salida  de  este  Pueblo  había  oído  sobre  la  re- 
unión, vigilancia  y  disciplina  conq*  sedebia  andar  p'  un  pais  de  tales 
fieras  dexó  separar  aunq*  á  corta  dist'  los  ocho  indios  q*  guar- 
daban la  Caballada  y  demás  animales,  con  el  Soldado  Dragón  Jph 
Rodriguez,  q*  siendo  criollo,  gustaba  mucho  de  andar  sin  armas,  y 
lo  pagó  bien  en  esta  ocasión.  Hicieron  estos  un  ranchillo  de  varas 


648  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

arqueadas  y  ramas  p*  albergarse  de  la  lluvia  encf  estaba  cerrada  la 
noche,  y  se  hecharon  á  dormir  á  pierna  suelta  dexando  el  cuydado 
déla  ronda  délos  Caballos,  y  el  de  sus  propias  vidas  al  zelo  de  un 
Indio  délos  mas  infelices  é  inocentes,  q*  fué  lo  c[*  le  valió.  Reunidos 
silenciosam^  los  Barbaros,  como  alas  dos  déla  madrugada,  al  rededor 
de  la  pobre  Chozuela,  armados  de  gruesas  y  tostadas  macanas,  de 
arcos,  flechas  y  de  algunos  Chuzos  ó  Lanzas  deq"  sehabian  apoderado 
en  otros  asaltos  semejantes  álos  Guaranies,  fueron  inhumanam*' 
asesinando  uno  á  uno  aquellos  miserables,  sin  darles  aun  tpo  de 
despertar  y  q*  de  este  modo  vinieron  áser  victimas  de  su  indolencia 
y  floxedad. 

Dos  sin  embargo  pudieron  escapar  del  Sangriento  furory  aunq^mal 
heridos,  á  favor  de  la  espesura  del  Bosque,  y  obscuridad  del  tiempo  no 
tardaron  en  llegar  ala  Guardia,  donde  acababa  de  arribar  también 
el  otro  indio  q'  habia  quedado  á  Caballo.  No  habia  esta  dexado  de 
sentir  desde  el  principio  el  rumor,  la  gritería  y  algazara  délos  Sal- 
vages,  q*  procuran  siempre  atolondrar  y  confundir  álos  q*  acome- 
ten á  fuerza  de  unr  uido  espantoso,  voces  descompasadas,  y  estrepito. 
No  era  difícil  de  adivinar  qual  era  el  obgeto  de  aq^  desacostumbrado 
estruendo  q"  seoia  y  eran  mucho  de  temer  las  resultas,  considerando 
aquellos  desgraciados  enteram**  indefensos.  Pérez  y  el  Cabo  Fran'" 
Gonzales  con  los  demás  Dragones  pensaban  ir  en  su  socorro,  y  era 
loq"  debian  haber  executado  sin  detension  ;  mas  mientras  se  delibe- 
raban y  disponian,  les  llegó  la  noticia  délo  acaecido,  y  resolvieron  no 
moverse  del  Puesto,  aguardando  en  él  ser  también,  atacados,  y 
hacer  su  ultima  defensa.  Consequen  te  fue  la  determinación  q*  lo- 
maron al  descuydo  q'  habian  padecido.  Los  Tupies  no  pensaron 
en  venir  á  ellos,  y  malograron  la  oportunidad  de  socorrer,  y  aun 
salvar  la  vida  de  alg***  délos  suyos,  dexando  talvez,  bien  escarmenta- 
dos álos  agresores.  Con  todo  la  simiaria  información  q*  se  hizo 
del  cazo,  los  disculpa  enteram**  de  una  conducta  q*  parece  tan  poco 
vigorosa,  atendiendo  ala  distancia  q"  mediaba,  q*  siempre  era  cerca 
de  una  milla,  alo  tenebroso  y  húmedo  déla  noche  q*  embarazaba  el 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  6^49 

uzo  de  las  armas  de  fuego,  ala  cortedad  de  sus  fuerzas,  á  la  supe- 
rioridad de  las  q'  segraduaban  al  enemigo,  y  ásus  otras  ventajas,  de 
hallarse  en  su  propio  Pais,  conocer  el  terreno,  su  destreza  y  agilidad 
para  andar  por  los  montes.  &*. 

Apenas  fue  de  dia  pasaron  con  la  debida  precaución  al  teatro 
donde  sehabia  representado  tan  lastimosa  escena,  y  vieron  de  uno  y 
otro  lado  los  seis  cadáveres,  de  4  Indios  de  este  Pueblo,  uno  de 
Itapua,  y  el  Dragón  Rodríguez,  q*  con  la  mas  extraña  barbarie  ha- 
bian  destrozado  y  dexado  enterara**  desnudos,  llevándose  la  ropa, 
aquellos  desalmados  Caribes.  Llenos  de  espanto,  no  menos  q*  de  im 
piadoso  dolor  los  recogieron  y  dieron  sepultura  provisional,  y  desp* 
eclesiástica  al  regreso  délas  tropas  de  aquel  destino  q'  conduxeron 
los  huesos,  juntos  con  los  demás  de  otros  20  indios,  q"  en  aquellas 
inmediaciones,  no  habia  mucho  tpo,  habian  sufrido  la  misma  des- 
gracia. 

No  era  esta  sola  vez,  en  muchas  otras  nos  habian  ofrecido  de  es- 
tos lamentables  espectáculos,  así  el  Nucoraguazú,  como  el  Albardon 
de  San  tana  y  demás  Yerbales  q*  tienen  los  Pueblos  sobre  el  Lniguay, 
sobre  el  Yacuy  &.   Todos  ellos  están  poblados  de  Cruces  y  desde 
el  año  de  87  no  se  oyen  mas  q'  relaciones  trágicas  de  estos  desas- 
tres. Lo»  Tupices  sin  embargo  hta  este  lance,  habian  respetado 
spre  nras  partidas,  aun  reducidas  á   menor  numero,    y   el   mal 
suceso  de  este  dia  sedebe  solo  atribuir  ala  sorpresa  de  haberlos  cogi- 
do durmiendo  v  sin  armas  en  abandono  total  desús  mas  serias  obli- 
gaciones.  ¡  No  es  fácil  de  explicar  quánto  temian  los  infieles  álos  Ca- 
payus  ó  Soldados,  q"  conocian  por  la  huella  de  bota  ó  pie  calzado  ! 
j  Hacian  cielos  y  tierra  de  encontrarse  con  los  q*  imitan  en  sus  armas 
al  rayo  y  al  trueno,  y  todo  su  valor  y  encono  estallaban  sino  contra 
los  Tapes!  Antes  de  aquel  tiempo  reynaban  la  paz  y  buena  harmo- 
nía entre  las  dos  Naciones,  aunq"  sin  tratarse,  ni  aun  conocerse.  El 
carácter  fiero  y  huraño  délos  Barbaros  los  habia  mantenido  spre 
escondidos  en  lo  mas  interior  y  oculto  de  la  Selva,  sin  q*  jamas  se 
dexasen  ver.  Los  rastros  y  los  fuegos  daban  solo  indicio  desu  exísten- 

A?IALItll  »■  LA    «mUOTtCA.    T.    Itl  ig 


A5o  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

cia;  y  si  alg*  vez  en  ausencia  de  los  Misionistas  se  acercaban  ásus 
Yerbales  ó  ranchos,  lo  dexaban  todo  en  el  ser  q*  lohallaban.  Milla- 
res de  arroba  de  Yerba  seconserbaban  alli  con  mas  seguridad  q*  en 
los  Pueblos,  y  si  senotaba  algo  de  menos,  no  era  mas  q' una  huasca, 
un  pedazo  de  cuero  ó  clavo  roto,  q"  llevaban  p'  hacer  una  flecha. 
Nunca  se  desmintió  su  inocencia  en  esta  parte,  ni  dexaron  señales 
de  mala  fe. 

Los  q*  dieron  primero  un  motivo  de  quexa,  fueron  los  Guaranies. 
Habiéndose  dexado  ver  los  Tupises,  el  año  cit°  arriba  de  87,  en  el 
Yerbal  de  Sanluis,  cosa  q*  antes  no  había  sucedido,  dudando  los  de 
este  Pueblo  si  vendrian  de  paz,  aunq*  verdaderam**  nodaban  indicios 
de  lo  contrario,  ni  era  de  recelar,  siendo  aq*  la  primera  vez  q*  sepresen- 
taban,  y  con  ciertos  ademanes,  ó  señas  de  acercarse,  y  querer  hablar, 
animados  de  un  espiritu  marcial,  q°  no  era  del  caso,  los  rodearon 
estrecham**  en  una  isleta  ó  Capón,  y  aunq*  los  mas  délos  Infieles 
lograron  escapar  por  una  ceja  de  monte  pantanosa,  atollados  una 
India,  y  un  Indio,  ambos  como  de  12  años  de  edad,  cayeron  en  po- 
der de  los  Guaranies,  q*  sin  prevenir  las  resultas,  los  conduxeron  y 
depositaron  en  el  Pueblo  de  Sanjuan,  donde  se  conservan  aun  muy 
gustosos,  habiendo  mudado  de  vida  y  Religión.  Altamente  irritados 
los  Salvages  con  este  hecho,  q®  tubieron  por  una  expresa  declaración 
de  guerra,  y  por  un  principio  de  hostilidades,  no  pensaron  ya  mas 
q*  en  el  modo  de  vengarse,  y  castigar  su  ofensa.  Los  Luiseños  fue- 
ron tam^)"  los  q*  sufrieron  el  primer  insulto.  Su  Yerbal  délas  Ca- 
bezeras  del  Igay,  fue  acometido  con  el  mayor  denuedo  :  incendiadas 
mas  de  li.f¡j)  arrobas  de  Yerba  q*  era  todo  el  fruto  de  aquel  año  : 
muertos  i5  hombres,  y  heridos  muchos,  esoepando  los  demás  p' 
la  fuga. 

Los  demás  Pueblos  han  ido  participando  sucesivam*"  de  estas  des- 
gracias, y  solo  en  una  ocasión  las  dexaron  de  padecer  impunem*. 
Fue  esta  por  Diz^*^®  de  89  en  el  mismo  Albardon  de  Santana,  donde 
por  una  prudente  precaución  del  Gobernador  de  Misiones  combinan- 
do y  reuniendo  todas  las  faenas  de  Yerba  délos  Pueblos  de  este  De- 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  45 1 

partam^  se  hallaban  juntos  mas  de  4oo  Indios,  y  algunos  Españoles 
armados.  D"  Jph  Antonio  Lescano,  q''  habia  sido  Administrador  de 
Sanangel,  y  D"  Pascual  Aregiiaty,  Correxidor  actual  de  Sanmiguel, 
los  dos  bien  expertos  y  desembarazados,  dirigian  la  facción.  Los 
Barbaros  fueron  rechazados  vigorosam**.  Sin  contar  los  q*  hirian 
heridos  q'  es  de  presumir  no  serian  pocos,  quedaron  tendidos  en  el 
campo  de  batalla  hta  23  de  ambos  Sexos  y  dos  niños  de  pechos 
cautivos,  siendo  mucho  de  notar  q*  las  mugeres  no  eviten  los  com- 
bates. Nuestra  perdida  fue  solo  de  un  Miguelista  y  algunos  heridos 
levem*^  de  las  flechas.  Los  Tupises  sin  embargo  continúan  sus  asaltos 
con  el  mismo  furor.  Siempre  q*  pueden  sorprehender  á  los  pobres 
Tapes  no  lo  dexan  de  hacer,  y  no  hay  año  enq*  no  suceda  varias 
vez*.  ¡  Nos  es  decible  quanto  han  perdido  los  Pueblos  en  esta  des- 
avenencia !  Sobre  los  muchos  Naturales  q*"  perecen  todos  los  dias  en 
tan  frecuentes  sorpresas,  inevitables  á  causa  déla  espesura  del  Bos- 
que, seha  desterrado  ya  del  todo  aquel  antiguo  sosiego,  aq*  activi- 
dad tranquila  q**  reynaba  antes  en  sus  faenas  de  Yerba.  La  zozo- 
bra, el  cuydado  y  los  repetidos  alarmas  las  han  hecho  mucho  mas 
raras  mas  costosas  y  menos  productivas  :  y  hasta  sehan  visto  for- 
zados á  desamparar  los  mejores  Yerbales.  Ya  lo  hemos  dicho  mas 
de  una  vez  :  los  Pueblos  ganarían  mucho  en  el  trato  y  comercio  con 
las  Naciones  de  Infieles  q*  les  cercan  por  todas  partes,  y  nunca  harán 
sobrados  esfuerzos  para  reconciliarse  y  entrar  de  nuevo  en  su  amis- 
tod. 
Alos  6  dias  de  este  funesto  incidente  q"  acabamos  de  referir  (el  2 1  Picd« 

w  dd    Uruffuaypílii 

de  Nov^)  llegó  Oyarvide  del  Nucoraguazú,  y  del  Pueblo  de  Sanan- 
gel,  el  Ten**  de  Milicias  D°  Juan  Jph  Valdez  con  20  desús  Soldados, 
q*  aunq*'  no  hacian  mas  q*  llegar  del  Paraguay,  con  aquella  noti- 
cia los  hicimos  salir  en  diligencia.  Restituida  la  tranquilidad  del 
Albardon  con  estos  refuerzos,  se  pudo  dar  forma  á  aquel  Establecim***, 
se  hicieron  Ranchos  y  Almacenes,  se  adelanto  un  Puesto  para  la  Ca- 
ballada y  demás  animales  á  para  ge  de  buenos  pastos  y  abrevaderos, 
q*  no  seencontró  sino  alas  4  leguas,  en  los  Campos  de  afuera  y  en- 


45a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

trada  del  mismo  Albardon  y  el  28  trataron  por  ñn  de  entrar  en  el 
monte,  siguiendo  la  antigua  Picada  délas  Primeras  Partidas,  con  un 
competente  num°  de  gente  de  armas,  para  evitaren  lo  posible  seme- 
jantes insultos.  Hallábase  dha  Picada  toda  interrumpida  de  gruesos 
troncos,  y  casi  ciega  de  ramazón,  espinos,  é  hisipós  ó  enredaderas, 
y  tubieron  q"  aclararla,  haciéndola  transitable  hta  p'  las  bestias 
de  carga.  Fuera  de  esto  sabiéndose  por  otra  parte,  q*  su  dirección 
no  era  de  las  mas  adecuadas  q®  llevaba  por  cima  degrandes  Cerros, 
muy  pedregosos  y  pendientes,  é  iba  á  salir  muy  adentro  del  Lru- 
guaypita  q"  no  ofrecía  la  mejor  navegación,  la  enderezaron  mas 

* 

hacia  su  barra  en  el  Uruguay,  por  terrenos  no  tan  ásperos,  aunq" 
siempre  lo  era  alguna  cosa;  y  el  i5  de  Diz*  la  concluyeron  del 
todo,  dexandola  de  una  distancia  como  de  4  Ya  l^g*  ^1  rumbo  del  \. 
demodo  q"  se  podia  ahora  vencer  comodam*®  en  dos  dias  con  Car- 
gueros, qdo  antes  apenas  bastaban  cuatro. 
Cedros  j  Canoa>.        Hallarou  sobrc  la  margen  de  dho  Uruguaypita  un  ranchillo  i-ecien 

hecho,  con  varios  pozuelos  de  menestras  dentro  de  él,  y  las  cinco 
Canoas  q"  habia  conducido  de  la  boca  del  Pepiryminí  el  Dragón 
Pedro  Chaves,  acompañado  de  algunos  otros  Soldados  é  Indios. 
Hablan  estos  llegado  á  aq*  parage  á  principios  del  mes,  é  impacien- 
tes de  aguardar  en  la  soledad,  utilmente  empleados  en  el  corte  y  fa- 
brica de  Canoas,  como  se  les  habia  prevenido  solo  pensaron  en  salir 
afuera  y  no  acertando  con  el  rastro  antiguo  déla  Picada  por  falta 
de  Vaqueano,  se  escarriaron  por  los  montes,  y  andubieron  errantes 
no  pocos  dias.  Dieron  estos  hombres  no  poco  cuydado  p^  el  recelo 
de  los  Tupises,  mas  su  mayor  enemigo  fue  el  hambre  q*  lospuso 
álos  umbrales  déla  muerte.  Faltos  de  todo  alimento,  su  espíritu  ya 
abatido  y  sin  fuerzas  los  mas  de  ellos  estaban  sobre  el  punto  de  espirar 
quando  tubieron  la  fortuna  de  ser  hallados  por  los  q*  se  destinaron 
á  buscarlos.  Socorridos  estos  miserables,  sededicaron  todos  á  levan- 
tar un  buen  rancho,  q*  pudiera  servir  para  deposito  ó  almacén  de 
víveres,  con  su  separación  ó  Cuerpo  de  Guardia  :  y  acortar  algunos 
Cedros  escogidos  de  q*  habia  gran  abundancia  p'  ir  trazando  las 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  453 

Canoas  q**  segraduasen  precisas.  La  poca  inteligencia  délos  Indios  y 
Paraguayos  dio  q"  hacer  no  poco  á  Oyarvide  en  esta  faena,  y  su 
natural  desidia  la  retardó  hta  mediado  Enero  de  91,  q"  sepudo 
lograr,  diesen  acabadas  i5  Canoas  de  porte,  fuera  délas  5  ya  citadas 
déla  Campaña  anV*\ 

Verificado  entretanto  un  suficiente  acopio  de  provisiones  de  boca 
y  guerra  en  el  Albardon,  é  introducida  no  pequeña  parte  al  nuevo 
Almacén  del  Pitá,  se  hubiera  sin  duda  dado  principio  p""  este  tpo  alas 
primeras  remesas  q*  deacuerdo  sehabia  convenido  embiar  por  delan- 
te al  salto  del  Pequiry,  20  leguas  distante  desu  barra,  q"  era  el  ulti- 
mo punto  reconocido,  y  donde  se  trataba  de  establecer  ahora  el  ter- 
cer Puesto,  p'  atender  desde  allí  álos  trabajos  ulteriores.  Mas  nos 
fue  forzoso  todavia  por  esta  vez,  aguardar  á  nros  Concurrentes,  q" 
no  satisfechos  déla  tenacidad  con  q*"  habian  procurado  impedir  la 
execucion  de  esta  importante  obra,  se  valian  de  todos  los  medios 
imaginables  para  demorarla,  no  sin  considerable  atraso  del  Servicio. 
Enla  idea,  tal  vez,  deq""  la  estación  la  acabara  de  embarazar,  ú  de 
asistir  quanto  menos  les  fuese  posible  álos  trabajos,  no  habia  pre- 
texto de  q"  no  sesirvieran.  Vno  délos  mas  especiosos  conq"  retarda- 
ron hta  fin  de  año  la  traslación  de  su  Campo  de  Ñucoraguazú,  fue 
la  dilación  délos  60  indios  marineros  q*  habian  pedido  de  los  Pue- 
blos del  Paraná  en  6  de  Nov*  y  q"  necesariam**  no  pódian  venir 
antes.  Noobstante  lo  ocurrido,  ni  las  reyteradas  ofertas  desu  Xefe> 
el  Geógrafo  Portug*  no  semovio  de  Sanangel  hta  el  9  de  Feb°,  tres 
meses  y  dias  después  del  Español,  q''  estando  pronto,  hacía  tpo  no 
sesaba  de  quejarse  en  sus  cartas  de  esta  demora,  á  la  verdad  no  muy 
fácil  de  cohonestar  con  palabras. 

Como  encontraron  vencidas  las  primeras  dificultades  q*"  son  las  q*^  SaUd« 

de  r  Geograf*. 

regularm**  llevan  mas  tpo,  dándose  los  Lusitanos  buena  traza  en  el 
apronto  desús  Canoas,  no  es  extraño,  q*'  antes  de  acabarse  el  mes 
de  Febrero,  pudiesen  despachar  de  acuerdo  con  los  nros  dos  gran- 
des remesas  de  bastimentos  al  Salto  del  Pepiry.  Componíase  cada 
una  de  estas  remesas  de  diez  balsas  de  á  dos  Canoas,  y  al  regreso  de 


454  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

los  q"  fueron  con  la  prim*  salió  la  tercera  el  21  de  Marzo,  yendo 
también  con  ella  los  dos  facultativos,  q"  no  seatrevieron  á  emprender 
su  navegación,  sin  llevar  por  delante  alo  menos  cinco  meses  de  vi- 
veres  para  toda  su  gente.  La  empleada  en  esta  expedición  subía  á 
q5o  hombres,  los  1 10  de  armas,  y  aun  no  sobraron  para  guarnecer 
los  diferentes  Puestos  q*  obligó  á  formar  la  mucha  distancia,  escoltar 
los  incesantes  acarreos  de  provisiones  q*  no  podian  pasar  de  unos 
parages  áotros,  y  acompañar  álos  Geógrafos  por  donde  quiera  q* 
fuesen.  La  guardia  de  estos  Puestos  se  encargó  á  un  Cabo  de  cada 
pte  con  alg"*  Soldados,  y  en  el  Campo  de  afuera  del  Albardon  que- 
daron los  ofíciales  délos  dos  Destacam***'  de  Dragones,  el  ten**  D" 
Tomas  Ortega  y  el  Cap"  Alexandro  de  Souza  Pereyra.^  De  este  mo- 
do se  logró  tener  siempre  abierta  la  comunicación  con  las  Partidas 
mas  abanzadas  q"  seguían  la  exploración  del  Rio,  y  según  sus  avisos 
q"  aguas  abaxo  no  tardaban  en  llegar,  seles  socorría  oportunam^ 
siendo  concernientes  las  demás  providencias,  y  disposiciones. 

No  dexó  el  tiempo  de  favorecer,  y  aunq*  sin  aq'  unión  q*  no  per- 
mltian  conservar  los  repetidos  arrecifes  y  precipitadas  Corrientes  del 
caudaloso  Pepiryguazú,  llegaron  á  su  gran  Salto  los  dos  Geógrafos 
con  sus  respectivas  flotas  en  los  días  i3  y  i5  de  Abril,  habiendo 
hecho  gravar  un  Rursum,  baxo  las  inscripciones  puestas  enla  anterior 
Campaña,  con  las  fhas  correspondientes  desu  arribo  álos  mismos 
parages.  Dexando  en  aquel  sitio  la  mayor  parte  délos  mantenimien- 
tos y  pertrechos  q"  llevaban  con  una  Guardia  competente,  hicieron 
regresar  20  desús  Canoas  al  Pitá  por  otra  4*  remesa  de  municiones, 
q*  consideraron  precisa,  y  montando  las  otras  20  alas  aguas  supe- 
riores de  aquella  Catarata,  siguieron  el  19  del  mismo,  su  penosa 
navegación.  Alas  5  millas,  rebasado  el  rio  denominado  antes  Ber- 
mejo, dieron  con  otro  Salto  de  no  menor  altura  (10  ts.).  El  aspecto 
délas  Sierras  y  Montes,  q*  presentaban  las  dos  orillas  del  Piquiry, 
les  hizo  recelar,  no  les  faltarla  en  adelante  de  estos  tropiezos.  Hirié- 
ronse cargo  q**  á  proporción  scdebian  aumentar  las  detenciones,  los 
trabajos,  y  peligros ;  y  se  resolvieron  á  dexar  de  una  vez  las  canoas, 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  455 

estableciendo  una  nueva  Guardia  sobre  la  ribera  Occidental  q*  debia 
comunicarse  con  la  antecedente.  Entretanto  embiaron  delante  los 
Gastadores,  q*  les  fueran  trazando  una  ruta  sin  apartarse  déla  Vista 
del  Rio,  y  el  28  la  siguieron  eljos  también  con  un  nuevo  boato  de 
Cargueros  Indios  q*  conduelan  un  conveniente  repuesto  de  comes- 
tibles. 

\o  se  euMñaron  con  la  conjetura  física  á  q*"  les  dio  lugar  el     Primer  campo 

c  o  T  »J  con    tolderías    de 

escabroso  prospecto  délos  terrenos.  Aun  no  hablan  andado  dos  leg"  '"""'^*- 
según  las  vueltas  del  Rio,  quando  encontraron  otro  Salto  de  7  toesas 
de  elevación,  y  otro  de  11  alas  3  leg'  sigtes.  Mas  sin  embargo  de 
haber  evitado  estos  dos  grandes  escollos,  ladoblada  aspereza  délos 
Cerros  y  la  espesura  délos  Bosques  q*  hablan  de  romper  diariam**  á 
fuerza  de  brazo,  leshübieran  hecho  dudar  délo  acertado  desu  reso- 
lución de  dexar  las  Canoas,  si  alas"  10  millas  inmediatas  no  les  hu- 
biese aliviado  de  tan  cansado  afán  un  agradable  é  inesperado  Cam- 
pestre, q*  á  Lomas  suaves  se  extendía  lita  la  distancia  de  otras  tres 
leg*.  Daba  principio  en  el  Arroyo  grande  que  baxaba  del  N.  con  dos 
brazos,  y  nombraron  así  por  su  gran  caudal :  le  cruzaba  otro  no 
menor,  llamado  por  lo  mismo  del  Campo :  y  terminaba  en  el  de 
Sanpedro  á  cuyos  bordes  llegaron  el  i5  de  Mayo,  dia  del  Sto  La- 
brador. AI  salir  á  este  Campo  despacharon  los  Indios,  q*  venian  ya 
sin  cargas,  por  nuevas  provisiones,  manifestando  el  Rio  en  su  gran 
torrente,  tener  aun  muy  distantes  sus  Primeras  Puntas  :  y  p"  se- 
guridad déla  remesa  fueron  bien  escoltados,  exigiendo  esta  precau- 
ción las  diferentes  tolderías  de  Indios  monteses,  q®  empezaban  á 
indicar  los  repetidos  humos  del  Contorno. 

Hasta  el  Arroyogrande  la  dirección  del  Piquiry  habla  sido  como  i^**"*^^ 
al  N.  E.  tuerce  después  al  S.  E.  como  no  se  esperaba,  el  largo  trecho 
de  5  leg",  y  hacia  la  mitad  de  esta  distancia,  sele  agrega  del  i^  Qte  el 
referido  de  Sanisidro,  cuyas  circunstancias  hicieron  dudar  al  Geógrafo 
Portugués,  si  seria  el  Cauce  Principal  del  primero,  y  se  obstinaba  en 
seguir  poról  la  investigación.  No  alucinado  con  esta  falsa  idea  nro 
Oyarvide  examinó  atentam**  en  alg"  distancia  los  dos  Canales,  y  solo 


456  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

de  este  modo  logró  hacer  evidente  lo  voluntario  de  aq*  equivocación 
q"  podia  embolver  una  refinada  malicia.  No  era  el  Pepiryguazú  de  tan 
poco  momento,  ni  venia  de  tan  cerca  como  el  Sanisidro  :  y  desde  él, 
como  ya  se  apunto,  se  interna  otra  vfz  por  una  intrincada  Selva  de 
1 3  Millas,  q"  obligo  de  nuevo  á  tomar  las  hozes.  El  menudo  Ziczas 
déla  Caxa  del  Rio  alargó  de  mucho  el  tramo  de  esta  Seg*  Picada,  y 
la  dura  pensión  délos  machetes  se  hizo  mas  sensible  con  la  necesi- 
dad enq*  sevieron  de  haber  de  cercenar  la  ración  ásu  gente,  tardan- 
do  ya  demasiado  los  socorros  pedidos.  Costando  el  Arroyo  délos 
Ranchos  y  aunq"  en  muchas  otras  ptes  los  hablan  encontrado  délos 
Infieles :  el  délos  Huidos,  donde  lesdesertaron  algunos  indios  q' 
volvieron  después,  con  otras  varias  y  pequeñas  vertientes,  q*  baxan 
todas  déla  Cuchilla  inmediata  al  Septentrión,  terminaron  el  Seg** 
Monte,  sobre  las  playas  del  Arroyopelado,  q*  toma  su  nombre  de 
im  gran  Cerro  desnudo  q*  seregistra  en  su  misma  confluencia,  p*^ 
donde  le  pasaron  el  28  de  dho  mes  de  Mayo,  teniendo  el  consuelo 
de  salir  á  un  nuevo  Campo  donde  se  gozaba  de  otro  cielo  y  respiraba 
un  ayre  mas  libre. 
Scg*  Campo  ^^  ^^^  ®^^  ^^  Campo  tan  llano  y  limpio  como  el  primero.  Te- 

nia sus  quebradas  y  asperezas,  á  trechos  estaba  cubierto  de  ásperos 
faginales,  pero  corria  una  distancia  mayor  de  9  leg'  y  se  extendía 
hta  las  Gabezeras  mismas  del  Pepiry,  délas  quales  empezaba  otra 
Ceja  ó  Cordón  de  Monte  dilatado  ni  oriente.  No  bastando  ya  la 
precaución  tomada  antes,  de  disminuir  la  ración,  tomaron  el  2  de 
Jun°  la  de  disminuir  también  su  Comitiva,  obligando  á  ello  la  tar- 
danza del  socorro  pedido,  q*  no  les  alcanzó  hta  el  8,  loq*  con  todo  no 
lossirvió  de  gran  alivio,  porq**  después  de  tantos  dias  de  marcha ; 
apenas  trahia  los  conductores  lo  muy  necesario  p*  su  propio  sus- 
tento. La  gran  distancia,  la  calidad  del  Camino  y  las  Cortas  fuer- 
zas  délos  Cargueros,  q*  como  ya  diximos,  eran  hombres,  no  podían 
permitir  otra  cosa,  siendo  este  uno  délos  mayores  inconvenientes  de 
esta  clase  de  expediciones.  Superados  todos  noobstante  á  fuerza  de 
dieta  y  de  constancia,  cortaron  en  los  dias  sigtes  otros  arroyos  que 


Origen  del  Pepity. 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  457 

descendían  igualm**  del  N .  el  del  Arrecife,  el  délas  Piedras,  el  del  Va- 
lle ^  glorioso  emulo  del  Pepiry,  y  descubrieron  por  último  el  deseado 
Origen  de  este  famoso  rio  en  1*  26®  43'  de  Lat**  Austral.  Proviene 
de  un  Esteral  considerable  y  pantanoso  q*  se  forma  délos  derrames 
y    faldas  Occidentales  de  una  gran  Montaña,  no  tan  alta,  como 
grviesa  y  plana,  y  poblada  de  un  bosque  mas  claro  y  baxo  q*  los 
anteriores.  Aludiendo  á  estas  circunstancias  fue  puesta  la  inscrip- 
ción sigte,  el  dia  del  arribo  délos  Geógrafos  á  aq^  parage,  sobre  un 
A^rbol  de  Aguaraybay  q*  desde  la  meseta  de  dha  Montaña  dominaba 
el  nacim*"  del  Rio  :  «  Fundamenta  ejus  in  moníibus  santis.  Piquiíy 
seu  Pepiryguazú  1^  Jan,  179Í.  (Salm.  86). 

Habiase  deseado  de  todo  tpo  hallar  otro  rio,  q"  tubiese  sus  Cabo-   NiegasoeiPortug* 

i  á  buicar  el 

zeras  contiguas  alas  del  Piquiry  pero  q*  corriese  con  dirección  opues-  «•><>  frontori«o. 
ta,  al  Septentrión  q*  desaguara  en  él  Iguazú  ó  Grande  de  Cuntiba. 
«  Por  las  aguas  de  dho  rio  mas  vecino  del  origen  pral  del  Pepiry  y  des^ 
pues  p"  las  del  Iguazú,  continuará  la  Raya  ó  Frontera  »  decia  exprc- 
sam*^  al  Arf*  b"*  del  trat**  de  Limites  del  nño  de  5o.  Mediante  esta  dis- 
posición eligieron  los  antiguos  Demarcadores  para  termino  de  ambos 
Dominios  al  rio  de  Sanan tonio,  como  fronterizo  de  su  pretendido 
Pepiry,  y  en  esta  equivocada  suposición  lo  nombra  también  ahora 
el  Tral'  Preliminar.  Nada  se  habia  hecho  con  descubrir  y  examinar 
el  verdad"  Pepiryguazú,  si  desde  sus  primeras  vertientes  no  se  pasa- 
ba á  buscar  por  lo  mas  alto  del  Terreno  las  de  otro  rio  inmediato 
q*  pudiera  tener  las  condiciones  q*  requerían  los  Traf*'.  Hecho 
cargo  del  peso  de  estas  razones,  lo  habia  solicitado  así  nro  Co- 
mis*  D"  Jph  Várela,  en  sus  cartas  de  oficio  de  i4  de  Oct*  y  24 
de  NoV  de  88,  q*  recibidas  quando  aun  estábamos  enel  Para- 
ná, fue  convidado  nro  Concurrente  á  practicar  la  indagación  por 
el  Iguazú,  q*  como  ya  vimos,  dexo  de  prestarse  á  ella,  como  lo 
tiene  de  costumbre.  Así  también  lo  ordenó  poco  después  el  Sor 
Marques  de  Loreto,  en  oficio  de  1 3  de  Diz'**'*  q*  recibimos  ya  en  el 
Pueblo  déla  Candelaria  :  y  como  no  retratadas  estas  ordenes,  ni 
executadas  p*^  falta  de  tpo,  obrasen  todavia  en  toda  su  fuerza  y 


658  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

vigor,  selehabian  insinuado  asimismo  á  Oyarvide,  en  sus  particula- 
res instrucciones. 

En  esta  virtud  y  en  la  situación  mas  adecuada  al  intento,    trató 
nro  Geógrafo  de  poner  en  practica  una  determinación  tan  esencial,  y 
necesaria,  q*"  sin  ella  se  verian  las  Cortes  muy  embarazadas,   p* 
señalar  el  curso  déla  Linea  Divisoria  desde  las  puntas  del  Piquiry. 
Mas  el  Portugués  dio  en  ellas  p*^  concluidos  sus  trabajos,  y  se  negó 
obstinadam^  á  llevar  adelante  el  reconocim***.  Muy  satisfechos  de 
haber  examinado  ciertas  caídas  inmediatas  y  opuestas  alas  del  Pepi- 
ry,  q'  seguian  al  Oriente,  con  inclinación  al  2"  Qte,  y  hacia  el  Uru- 
guay, no  siendo  por  esta  causa  los  Septentrionales ^  cf  solo  sedebian 
buscar,  resolvió  su  regreso,  y  loexeculo  al  dia  siguiente,  i5  de  Junio, 
abandonando  ásu  Concurrente  en  aq^  espantoso  desierto,  á  pesar 
délas  mas  serias  protextas.  No  dejaba  de  constar  al  Coron^  Roscio 
q*  unicam**  se  debían  inquirir  las  Vertientes  Boreales,  q*  fluyesen 
al  rio  de  Curitiva,  entre  las  q"  podian  rodear  decerca  las  primeras 
fuentes  del  Pepiryguazií.  El  Meridiano  de  Demarcación,  mal  podría 
dirigirse  por  las  Orientales  aun  quando  ñiesen  las  mas  vecinas,  Nros 
diversos  requerim**"  solicitando  el  concurso  délos  Portug*  p'  esta 
importante  diligencia,  estaban  bienclaros  y  terminantes.  No  admi- 
tían tal  interpretación.  Pero  como  el  objeto  no  era  otro  q*  eludirla, 
como  lo  habia  sido  siempre,  vino  á  pelo  aquella  sutileza,  deq**  fue 
bien  instruido  el  referido  oficial. 
Stnanf  goaiú.         ^^  desauimado  el  Español,  ni  con  la  presencia  délas  numerosas 

Tolderías  de  Infieles  deq*  se  veía  rodeado,  y  manifestaban  sus  hogares 
á  orillas  délos  Montes,  ni  con  la  reducida  escolta  q*"  le  quedaba, 
dobló  el  mismo  día  por  lo  parte  del  Aguilon,  la  gran  Cuchilla  de 
donde  nace  el  Pepiry,  y  álos  dos  tercios  de  milla  halló  el  nacim***  de 
(itro  rio  no  menos  Caudaloso,  q*  dirigiéndose  en  derechura  al  Norte, 
mostraba  desde  sus  principios  tener  todas  las  circunstancias  indicadas 
Y  apetecidas.  Entrañabasse  este  nuevo  rio  muy  desde  luego  por  asom- 
brosas asperezas  y  breñas  impenetrables  :  y  como  el  trabajo  de  abrir- 
las y  romperlas  á  fuer^**  de  brazos,  habia  crecido  con  la  diminución 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  4&9 

cielos  q'  seempleaban  en  tan  ruda  fatiga,  advirtieron  entonces  masq* 

antes  lo  arduo  desu  empresa  :  y  lo  expresaron  asi  por  la  sigte  ins- 

cri|>cion  esculpida  sobre  un  Timboybata  déla  Orilla  de  Occidente 

<i  Ififjmrere  et  investigare :  pessimam  ocupationem  Deus  dedil  homiin- 

bus  w  (Eccles'".  C.  i.)Sanantonioguazú17  Jan.  1791.  Nombre  que 

impusieron  al  rio,  no  tanto  por  haberlo  descubierto  dentro  déla 

Octava  de  este  glorioso  Santo,  qto  por  su  mucha  conformidad  con 

el  otro  Sanantonio  déla  pasada  Demarcación,  supuesto  fronterizo 

del  Pepiryguazú. 

¡  Que  ventajas  no  se  hubieran  seguido  al  servicio  de  ambas  Na- 
ciones, si  costeando  este  rio  hta  donde  sus  aguas  permitieran  nave- 
gación, q**  según  los  indicios  no  seria  á  mucha  distancia  desu  origen  ; 
formadas  algunas  Canoas,  se  le  hubiera  descendido  hta  su  entrada 
en  el  Iguazú,  y  después  este  hta  la  barra  del  Sanantonio,  reconocida 
ya  el  año  anf"^  de  88 !  Quedaban  ligadas  p'  esta  pte  todas  nras 
operaciones,  y  no  habría  difícultad  en  determinar  la  proyección  déla 
Frontera,  adoptada  la  opinión  mas  probable  de  ser  el  rio  de  nra 
disputa  el  verdad"  Piquiry  deq"  habla  el  arf*  8"  del  Trat°  Prelimi- 
nar. No  iba  muy  ageno  de  estas  ¡deas  nro  Explorador.  En  animo  de 
hacer  algunas  tentativas,  cargó  los  instrumentos  de  fabricar  Canoas. 
\o  menos  q"  las  proporciones  de  su  situación,  conocia  la  necesidad 
q'  habia  de  reconocer  el  Sanan tonioguazú.  Se  acordaba  q'  en  otro 
tpo  sehabia  ordenado  su  investigación  por  lado  del  rio  de  Curitiva, 
q*  embolvia  insuperables  embarazos,  y  leia  en  sus  instrucciones  el 
bosquexo  de  aq*  orden  antigua,  q"  si  ásu  salida  fue  solo  condicional, 
no  sele  dexaria  de  dictar  muy  expresam**  ásu  vuelta.  Deseaba 
con  ansia  prevenir  esta  disposición,  y  sentia  haberse  devenir  de  tan 
lejos,  dexando  sin  perfeccionar  una  obra,  q*  probablem**  Icharian 
volver  á  concluirla.  Mas  el  abatido  espíritu  délos  pocos  q*  leacom- 
pañaban,  á  vista  de  la  intempestiva  retirada  desús  Cooperantes,  y 
la  escasez  de  viveres,  fueron  obstáculos  superiores  al  vigor  q°  podia 
inspirar  tan  admirable  pensam'**.  Solo  á  2  leg*  les  dexó  penetrar 
por  las  margenes  de  aq*  rio  lo  fragoso  desús  Montes,  haciendo  los 


46o  ANALES  DE  LA  BIBLLOTECA 

mayores  esfuerzos,  y  se  regresaron,  abriendo  en  aq*  punto  sobre  un 
árbol  de  Ibataya  q"  del  Prodigo  :  «  IJicfamepereo,  Surgam  et  ibo  ad 
Patrem  »  Sanantonio  guazú20  Jan.  1791  »  y  en  su  principio  sobre 
un  Pino  de  4  ts.  de  alto  :  «  Flamen  Dei  repletum  sil  aquis,  Sananto- 
nio guazú  23  Jan.  Í79i  » 
RegTMo  del  E.-       AIos  dos  dias  dierou  de  regreso  con  el  Cabo  de  Drag"  Fran''*' 

pañol  yencnentrn     ^^  ,  •  i  i     i 

de  una  Tupí.  Gouzalez,  q"  con  otros  seis  soldados  de  Escolta  y  i4  Indios  les  con- 
ducid el  deseado  socorro.  Trahia  dho  Cabo  64  dias  de  viage  desde 
el  puesto  del  Uruguaypitá,  dedonde  habia  salido  enlas  Canoas,  q* 
dejo  en  el  gran  Salto  del  Piquiry  y  de  allí  se  habia  conducido  por 
tierra,  con  arreglo  alas  Primeras  ordenes  q*"  selehabian  comunicado. 
Se  dexa  entender  bastante,  qual  seria  el  estado  infeliz  de  aquella  po- 
bre gente,  después  de  una  marcha  tan  dilatada  y  penosa  por  aquellos 
desiertos.  Todos  ellos  iban  ya  punto  menos  q*  desfallecidos,  no  tan- 
to por  el  cansancio  y  peso  délas  cargas,  reducidas  ya  demasiado  con 
tanta  demora,  enq""  la  necesidad  les  habia  obligado,  á  hechar  mano 
délas  provisiones  q*  llevaban,  quanto  por  el  continuo  sobresalto  y 
vigilancia  q''  leshabia  causado  la  inmediación  délos  Infieles.  Pocos 
dias  antes,  parece,  habian  tenido  estos  Salvages  unos  con  otros  tan 
Sangrienta  refriega,  q*  hubieron  de  perecer  en  ella  todos  los  de 
una  gran  parcialidad ;  ó  alómenos  asi  lo  daba  á  entender  con  sus 
ademanes  y  señas,  no  habiendo  quien  pudiera  saber  su  lenguage, 
una  desdichada  muger  q**  escapando  sola  del  peligro  con  su  hija  de 
pechos  en  los  brazos,  sevino  á  valer  délos  nros,  sin  quererlos  volver  á 
desamparar.  Pero  lo  q"  especialm**  acabó  de  desmayar  á  dhos  Con- 
ductores, fue  el  encuentro  délos  Portugueses  q*'  venian  de  retirada, 
y  creyeron  no  poder  alcanzar  a  nro  Geógrafo. 
Cuchilla  Sepf.         Auimado  este  denuevo  con  aq*  auxilio,  dispuso  se  volviesen  álos 

ranchos  los  mas  cobardes  y  endebles,  y  con  los  mas  esforzados  ten- 
tó el  26  nueva  descubierta.  Desde  el  arroyo  nombrado  délas  Piedras^ 
(f  cruza  lo  mas  hermoso  y  limpio  del  2®  Campo,  y  entra  en  el 
Piquiry  como  á  3  Yzl^g"  ^®  su  origen,  se  apartó  Oyarvide  desús  mar- 
genes, é  hizo  derrota  ala  gran  Cuchilla  del  Septentrión  q*  lecoslea  y 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  ^61 

sigue  en  todo  su  curso  á  bien  corta  distancia.  Quería  asegurarse  de 
si  esta  Cuchilla  repartia  aguas  al  Iguazú  por  su  Cara  boreal,  como 
indicaba  en  todo  la  inspección  délos  terrenos  ;  y  efeclivam**  dos  con- 
siderables Vertientes  q*  encontró  luego  con  aq*  dirección,  doblada 
la  expresada  Serrania,  ledexaron  cierto  de  esta  congetura  física,  com- 
probándose también  |K)r  ella  q"  el  Sanantoniogiiazú  no  podia  ser 
brazo  de  otro  rio  q'  de  aquel  de  Curitiva,  como  quedó  sentado.  Era 
la  tal  Cuchilla  por  aq"  parle  de  Lomas  dobladas,  pero  suaves  y  lim- 
pias, y  las  dichas  dos  Vertientes,  corriendo  el  espacio  de  5  millas  con 
proyecciones  del  N.  á  N  O,  se  ocultaban  después  en  im  inmenso 
bo^ue  q'  notenia  fin. 

Verificado  este  examen  en  los  términos  posibles,  siguieron  su 
regreso,  cayendo  nuevam*'  ásu  antigua  picada  déla  orilla  del  Rio. 
Sobre  el  arroyo  del  Primer  Campo  se  incorporaron,  el  8  de  Jul*",  con 
los  enfermos  q'  habian  embiado  adelante,  igualm*"  q*  con  el  Ten*" 
Valdez  q**  les  conducía  otra  pequeña  remesa  de  provisiones  en  unión 
délos  Porlug%  y  también  lo  dexaron  al  encuentro  délos  suyos.  El  i3 
llegaron  sin  desgracia  al  Puesto  mas  abanzado  del  Saltogrande, 
acompañados  déla  India  Tupí  con  su  hija  álos  hombros  :  y  embar- 
cándose todos  enlas  Canoas  con  los  efectos  sobrantes  q**  no  fueron 
pocos,  arribaron  el  24  con  felicidad  ala  Guardia  del  Uruguayapita, 
dedonde  se  constituyeron  al  Campo  de  afuera,  y  nro  Geógrafo  á 
este  de  Sanangel  el  i"  de  Agto. 

Según  la  relación  y  plano  q*  nosentregó,  y  q"  hemos  extracta-  ^^^^^  „ 
do  ficlm*^  corre  el  Piquiry  desde  su  nacim**  en  los  26 '  43  '  de  Lat**  "  »q«'y- 
Aust*  la  distancia  de  1 1  leg*  al  rumbo  directo  del  O.  siendo  las  8 
primeras  de  Campo  raso,  y  las  restantes  de  montes.  Tiene  de  allí 
otras  4  leg*  q"  en  la  mayor  parte  son  también  de  Campo,  álos  4o^ 
N.  O.  y  dexando después  i5  al  S.  O,  por  entre  espeso  bosque,  des- 
agua en  el  Uruguay  bajo  el  paralelo  de  27*"^  9' :  de  manera  q"  sien- 
do toda  la  distancia  délos  tres  lances  principales  del  Rio  3o  leg"  en 
linea  recta,  pasan  mucho  de  60,  las  q*  riega  con  el  movimiento 
4lesus  aguas  en  sus  numerosas  y  repetidas  vueltas.  Déla  distancia  de 


A63  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

« 

Otras  2  lég'  poco  mas  o  menos,  le  costea  al  Septentrión  la  Cuchilla 
alta  ó  Cordillera  deq*  hemos  hablado,  siguiendo  cabalm*^  sus  mismas 
ondulaciones,  y  repartiendo  aguas  de  uno  y  otro  lado,  al  Iguazii  y 
al  mismo  Pepiry.  De  ella  se  forman  los  arroyos  q"  le  entran  por 
su  ribera  Boreal.  Por  la  Meridional  seleagregan  pocos,  y  desprecia- 
bles no  permitiendo  la  inmediación  del  gran  Uruguay,  ni  la  natural 
pendiente  délos  terrenos  hacia  él.  Entre  unos  y  otros  solos  se  dis- 
tinguen el  del  Valle,  q''  estando  hacia  las  Cabeceras  viene  áser  su 
Segunda  Vertiente  pral.  Fuera  délos  tres  Saltos  deq*  hemos  hablado, 
selecuentan  otros  tres,  sin  un  gran  numero  de  arrecifes,  q*  difíciü- 
tan  sobremanera,  ó  imposibilitand  el  todo  su  navegación,  aunq*  tal 
vez  en  las  mayores  crecientes  sean  todos  superables. 
Terreno*  7  Monte*       Los  terreuos  q*"  baña  este  gran  rio  son  comumente  altos  dobles 

y  de  una  tierra  colorada,  ó  bermeja,  semejante  á  toda  la  de  Misio- 
nes, q*"  parece  la  Damascena,  humus  i}egeiabilis  ochraceo  rufa  de 
Lineo.  Los  Campos  de  la  otra  pte  déla  Cuchilla  del  Piquiry,  caidas 
ya  del  Iguazü,  son  de  mejor  calidad,  la  tierra  mas  negra  y  crasa,  y 
los  pastos  mas  tiernos  y  nutritivos.  Délos  montes,  aseguran  los 
Geógrafos,  poderse  decir  sin  exageración,  no  ser  otra  cosa  q*  un 
puro  y  dilatado  Pinar,  El  árbol  déla  célebre  Yerba  del  Paraguay, 
aunq'  no  tanto  como  los  Pinos  ó  Curys,  abundaba  sin  embargo 
bastante,  siendo  su  calidad  déla  superior  nombrada  Caá  mini,  Lar- 
gos trechos  estaban  solo  poblados  de  estas  dos  especies,  y  los  demás 
arboles  comunes  en  otras  partes,  eran  raros  en  esta,  y  no  muy  cor- 
pulentos, desuerte  q*  hay  lugar  de  creer,  no  se  dan  bien  entre  los 
Pinos. 

Restaños  solo  decir  q*  para  no  convenir  los  Portug*  en  la  deno- 
minación de  Piquiry  ó  Pepiryguazá  llamaron  á  este  rio  el  Cauda- 
Hozo,  q*  ala  verdad  no  cuadraba  mal  ásus  circunstancias ;  asi  como 
Rio  do  Ingano,  al  Uruguaypitá,  queriendo  significar  por  esta  expre- 
sión el  engaño  q**  suponian  haber  padecido  su  primer  Comis**,  quan- 
do  convino  de  este  nombre  con  su  Concurrente  D°  Jph  Várela  al 
tpo  de  firmar  los  Planos  desu  prim*  División,  como  expusimos 


DIARIO  DE  DON  DIEGO  DE  ALVEAR  46S 

mas  individualm^  enla  nota  déla  pag.  La  alegoria  seria  ma»  razo- 
nable, si  se  refiriera  ala  equivocación,  o  engaño  efectivo,  enq*  acerca 
de  estos  dos  rios,  y  especialm**  del  Uruguaypitá,  induxo  al  preten- 
dido Practico  de  Sanxavier  álos  Comisarios  de  la  pasada  Demarcion. 
Copiemos  ahora  las  nuevas  disputas  q*  suscitó  el  Coronel  Roscio 
sobre  los  mismos  puntos  del  Igurey  y  Pepiriguazü,  sin  otroobgeto, 
q'  reyterar  sus  instancias  de  volver  al  Paraná,  sobre  q*  habia  recibi- 
do nuevas  y  mas  estrechas  recomendaciones  del  virey  del  Brasil 
(Conde  de  Resende)  el  Gobernador  de  Riogrande,  hecho  ya  Mariscal 
de  Campo  délos  Reales  Extos  de  S.  M.  F. 

Con  efecto  se  habia  tratado  de  retirar  las  tropas  del  Albardon  de 
Santana  qdo  regresasen  los  Geógrafos,  mas  en  la  implicita  suposi- 
ción deq'  hubiesen  concluido  enteramente  la  diligencia  Quando  á  la 
llegada  del  Español  sesupo  la  intempestiva  retirada  del  Portugués, 
y  el  descubrimiento  del  Sanantonioguazú,  fue  indispensable  variar 
la  resolución,  y  dexar  en  aquel  Campamento  un  Piquete  de  cada 
parte,  como  á  nra  propuesta  convino  el  Coronel  Roscio,  hta  saber 
las  resultas  de  Buenos  ayres.  Vivian  aun  las  ordenes  con  q*  nos 
hallábamos  de  buscar  un  rio,  q*  fluyendo  en  el  Iguazú,  encabezara 
con  el  verdad"  Piquiry :  y  el  Sor  Virey  podia  ordenar  se  llevase 
adelante  el  reconocim***  del  ref***  Sanantonioguazú,  enq*  parecia  tener 
lugar  todas  aquellas  circunstancias.  Dando  parte  á  S.  E.  de  todo  lo 
acaecido  hta  el  3  de  Agto,  después  del  regreso  de  Oyar\'ide,  le  con- 
sultamos sobre  este  punto,  como  asimismo  sobre  la  respuesta  q* 
debiamos  dar  álos  Portugueses,  si  reclamaban  volver  al  Paraná > 
como  era  de  presumir.  El  Sor  D"  Nicolás  de  Arredondo  nos  habia 
dexado  de  contextar  á  este  segundo  punto,  sin  embargo  deq"  por 
Diz*  del  año  pas**  habia  puesto  en  sus  manos  nro  Segundo  d°  Jph 
Maria  Cabrer  la  gran  Competencia  del  Capitulo  anteced**  q*  versaba 
sobre  él ;  y  acababa  de  ocurrir  p'  el  mes  de  Nov®  ant"'.  No  atrevién- 
donos á  comprometer  la  autoridad  de  S.  E.  no  dexó  de  embarazarnos 
esta  falta  de  contextacion,  esforzando  los  Comisarios  de  S.  M.  F. 
demancomun  sus  instancias,  como  no  es  creible.  Obligados  á  res- 


464  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

ponder  por  escrito,  pues  se  negaban  á  tratar  de  otro  modo,  siendo 
este  el  sistema  adoptado,  hacía  tpo,  sin  otro  fin  q'  huir  las  opera- 
ciones, embrollar  y  complicar  mas  y  mas  los  asuntos  á  fuerza  de 
expedientes  y  controversias,  no  hubo  otro  medio  de  salir  del  caso, 
q"  tirar  á  diferir  nra  respuesta  categórica,  hta  obtenerla  del  Sor 
Virey.  Llegónos  esta  en  el  correo  de  Octubre,  y  como  veremos  des- 
pués, no  fue  de  mucho  tan  decisiva  como  la  deseábamos.  Entre 
tanto  nos  volvieron  á  dejar  solos  los  Portugueses  en  el  Albardon  de 
Santana,  poniendo  desde  luego  en  execucion  la  tema  de  retirar  su 
gente,  y  siéndonos  forzoso  mantener  allí  la  nra  para  la  conservación 
de  aquel  Puesto  y  délas  Canoas  del  üruguaypita,  hta  fin  de  año, 
q'  concluida  la  disputa,  y  no  dándose  á  partido  de  modo  alguno, 
seinterrumpieron  enteramente  los  trabajos. 


FIN 


TRES  CARTAS  INÉDITAS  DE  BOLÍVAR 


Las  tres  cartas  siguientes  me  han  sido  bondadosamente  comuni- 
cadas :  la  primera,  por  el  doctor  don  Lorenzo  Anadón,  que  se  ha 
servido  ofrecer  á  la  Biblioteca  Nacional  el  original  autógrafo  por  él 
adquirido  en  Europa  ;  la  segunda,  por  el  señor  don  Enrique  Peña, 
y  la  tercera  por  el  doctor  don  Pedro  N.  Arata.  No  es  esta  la  primera 
vez  que  me  toca  agradecer  á  estos  amigos  é  ilustrados  americanistas 
la  generosidad  con  que  ponen  al  servicio  de  los  estudiosos  sus  ar- 
chivos particulares.  Otros  han  seguido  ó  seguirán  su  ejemplo  ;  y  no 
dudo  que  aquí,  como  en  Europa  y  Estados  Unidos,  se  irá  difundien- 
do más  y  más  esta  benéñca  aplicación  de  la  doctrina  colectivista  á 
las  cosas  intelectuales.  Quizá  no  esté  lejano  el  día  en  que  los  posee- 
dores de  documentos  y  reliquias  históricas  hayan  de  mirar,  no  sólo 
como  una  obligación  moral  sino  como  una  ventaja  evidente,   el 
contribuir  á  enriquecer  con  sus  dádivas  el  tesoro  común,  que  en- 
cuentra en  los  depósitos  públicos  su  destino  natural  al  par  que  su 
más  segura  y  esmerada  custodia. 

Tengo  por  inéditas  las  cartas  que  hoy  ven  la  luz  en  los  Anales; 
por  lo  menos  no  figuran  en  las  dos  grandes  colecciones  tituladas 
Documentos  para  la  historia  de  la  vida  pública  del  Libertador  y 
Memorias  del  general  0*Leary,  ni  tampoco  en  las  historias  ó  bio- 
grafías que  he  podido  consultar.  Ello,  por  otra  parte,  lejos  de  sor- 
prender, tiene  que  parecer  natural  para  quien  conozca  el  método 

AWALU    DI    LA    BIBLIOTSCA.  -~    T.    Ul  30 


466  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

y  hábitos  del  Libertador.  Plumista  tan  infatigable  como  espontáneo, 
casi  nunca  escribía  borrador  de  sus  cartas  particulares,  ni  hacia  to- 
mar copia  de  ellas  por  sus  secretarios,  que  sólo  se  ocupaban  en    el 
despacho  oficial.  Deahi,  en  las  colecciones  epistolares  publicadas,  la 
relativa  pobreza  de  la  parte  subscripta  por  Bolívar,  que  forma  con- 
traste con  la  masa  correlativa  de  las  cartas  privadas  que  contesta- 
ban á  las  suyas  ó  seguramente  recibieron  contestación ;  siendo  asi' 
que  algunos  de  sus  numerosos  corresponsales  llenan,  ó  poco  menos, 
sendos  volúmenes  de  la  colección  OXeary.  La  razón  de  este  desequi- 
librio es  tan  evidente  que  apenas  merece  mención  :  aun  desorde- 
nado y  nómade,  el  archivo  del  Libertador  tenía  que  conservar  gran 
parte  de  la  correspondencia  recibida,  en  tanto  que  la  enviada  se  dis- 
persaba á  todos  los  vientos  del  mundo  nuevo  y  antiguo.  Por  eso  la 
voluminosa  correspondencia  de  Bolívar,  hasta  ahora  publicada,  se 
compone  esencialmente  de  cartas  á  Bolívar.  Con  todo,  la  diligencia 
laudable  de  los  editores  ha  logrado  allegar  buena  parte  de  la  co- 
rrespondencia, cuyos  destinatarios  vivían  en  Venezuela  ó  Colombia: 
pero  de  las  cartas  dirigidas  al  exterior,  son  muy  contadas  las  que 
han  logrado  recuperarse,  aun  en  copias  de  incierta  fidelidad.  An(e 
cualquier  autógrafo  suelto  de  Bolívar,  pues,  debe  presumirse  que 
se  trata  de  un  documento  inédito ;  y  rara  vez  ocurrirá  que  el  cotejo 
ulterior  no  confirme  la  presunción.  La  segunda  de  las  cartas  que 
hoy  salen  á  luz  presenta  un  ejemplo  cumplido  de  lo  dicho.  La  carta 
de  Bolívar  es  inédita ;  no  figura  en  las  colecciones  conocidas ;  feto 
la  correspondencia  adjunta  á  las  Memorias  de  O'Leary  (lomo  Xí, 
324-325)  trae  las  dos  cartas  correspondientes  del  doctor  D.  José  Mi- 
guel Díaz  Vélez;  la  primera,  del  27  de  febrero  de  1826,  que  mo- 
tiva la  de  Bolívar ;  y  la  segunda,  del  16  de  junio,  en  que  se  acusa 
recibo  de  aquélla :  de  suerte  que  bastaría  esta  perfecta  coincidencia 
para  demostrar  la  autenticidad  del  documento,  aunque  sólo  se  po- 
seyera una  copia  de  él  y  no  el  autógrafo. 

Las  cartas  siguientes  presentan  interés  bastante  desigual;  por 
cierto  que  lo  tiene  muy  escaso  la  tercera,  simple  esquela  dirigida  a 


J 


TRES  CARTAS  INÉDITAS  DE  BOLÍVAR  467 

Sucre  por  el  Libertador.  Conviene,  sin  embargo,  que  salgan  á  luz 
todos  los  documentos  decididamente  auténticos  (i),  bástalos  más 
insignificantes,  que  tal  vez  por  su  data  ó  un  nombre  propio  en  ellas 
citado,  sirvan  para  establecer  irrefragablemente  algún  hecho  ó  alibi 
histórico.  Caso  puede  ocurrir  en  quesea  necesario  comprobar,  ante 
el  tribunal  de  la  historia,  que  por  excepción  Bolívar  no  pasó  el  día 
26  de  agosto  de  1826  en  su  casa  decampo  de  Magdalena,  cerca  de 
Lima,  sino  en  la  misma  capital  :  el  billete  á  Sucre  prueba  la  coar- 
tada mejor  que  un  volumen  de  inducciones  y  cálculos. 

Pero  las  otras  dos  cartas  inéditas,  además  de  su  importancia  do- 
cumental, tienen  valor  propio  que  bien  merece  algunas  palabras 
de  comentario.  La  primera,  dirigida  á  Briceño  y  fechada  en  Angos- 
tura, á  20  de  agosto  de  181 8,  contiene  interesantes  referencias  á 
sucesos  contemporáneos,  fuera  del  proyecto  de  la  expedición  á 
Nueva  Granada  que  expresamente  la  motiva.  La  primera  duda  que 
ocurre  es  determinar  qué  individuo  de  la  interminable  familia  Bri- 
ceño es  aquí  el  corresponsal  de  Bolívar.  Basta  recorrer  la  corres- 
pondencia oficial  (Memorias  de  O'Leary,  XVI,  85)  para  resolver  la 
diGcultad.  En  agosto  19  (víspera  de  la  fecha  de  nuestra  carta),  el 
jefe  supremo  de  Venezuela  dirige  al  general  Páez  un  oíicio  cuyo 
contenido  es  en  gran  parte  análogo  al  de  dicha  carta.  Allí  alude 
también  al  capitán  Uribe  que  le  ha  traído  noticias  del  Pacífico,  v 
transcribe  los  detalles  de  la  batalla  de  Maipo,  consignados  (no  sin 
exageración)  en  las  gacetas  inglesas,  comprobando  una  vez  más  la 
influencia,  no  sólo  moral  sino  material,  que  la  empresa  de  San  Mar- 
tín tuvo  en  la  de  Bolívar.  En  seguida  agrega:  u  He  oficiado  directa- 
mente. . .  al  coronel  Justo  Briceño  que  quede  bajo  las  órdenes  del 
general  Santander...»  Evidentemente,  este  mismo  Briceño  es  el 

(i)  De  esta  caria á  Sucre  no  teogo  á  la  vista  sino  una  copia  de  puño  y  letra  del  doc- 
tor Arata.  Por  cierto  que  para  mi  la  calidad  del  << copista»  abona  la  copia;  pero,  en 
obsequio  del  buen  método  crítico  y  para  el  público  extraño,  no  está  demás  indicar  que, 
á  falta  de  otro  comprobante,  la  autenticidad  del  documento  resultaría  de  la  contesta- 
ción de  Sucre,  fechada  en  Chuquisaca,  á  27  de  septiembre  4®  1836  (Memorias  deO^LearY, 
I,  983.) 


468  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

destinatario  de  nuestra  carta  que  acompañaría  el  oGcio  del  jefe  al 
subalterno.  Sin  haber  alcanzado  la  notoriedad  de  otros  homónimos 
suyos  (v.  g.  el  general  Pedro  Brlceño  Méndez,  íntimo  amigo  y  co- 
laborador de  Bolívar),  el  coronel  Justo  Briceño,  más  tarde  general, 
ocupa  buen  lugar  en  la  poblada  galería  de  las  glorias  venezolanas  ; 
el  Diccionario  biográfico  de  Scarpetta  le  consagra  un  mediano  ar- 
tículo, enumerando  los  combates  de  la  Independencia  en  que  tomó 
parte,  y  cuya  lista,  naturalmente,  se  repite  mutatis  mutandis  en  casi 
todas  las  páginas  del  robusto  mamotreto.  Resulta  del  epitafio  un 
héroe  de  regular  tamaño  —  aunque  no  llega  por  cierto  á  la  estatura 
vertiginosa  de  los  Páez  y  Marino.  Merece  notarse,  en  esta  carta  de 
Bolívar,  la  repetición  de  algunas  frases  sonoras,  que  pocos  diasan- 
tes ( 1 5  de  agosto)  empleara  en   su  proclama  á   los  granadinos : 
desde  luego,  aquel  como  estribillo  de  Marsellesa  («¡El  día  de  Amé- 
rica ha  llegado!»),  el  cual  bajo  su  pluma  es  algo  más  que  una  re- 
tumbante trivialidad,  como  que  exterioriza  la  preocupación  cons- 
tante y  acaso  mórbida,  la  obsesión  ilusoria  del  Libertador.  Así  como 
el  sueño  de  la  monarquía  universal  formó  la  parte  delirante  del  ge- 
nio en  Napoleón,  el  espejismo  de  una  federación,  y  casi  de  una  sola 
nación  americana,  no  dejó  de  perseguir  la  febril  imaginación  de 
Bolívar,  borrando  para  él  toda  noción  de  espacio  y  distancia.  Y  es 
así  como  le  vemos  hacer  suyas,  á  título  de  «americanas»,  todas  las 
manifestaciones  que  agitan  el  Continente,  desde  Méjico  y  los  mis- 
mos Estados  Unidos  hasta  la  Argentina  y  Chile,  asimilando  en  la 
misma  página,  como  sucesos  igualmente  favorables  á  su  causa,  la 
victoria  de  Maipo  y  el  primer  zarpazo  de  Jackson  sobre  la  Florida. 
Esta  utopía  persistente,  quedistingue  á  Bolívar  entre  todos  los  otros 
caudillos  hispano-americanos,  pareció  como  que  se  concretara  un 
momento  en  el  célebre  congreso  de  Panamá  —  que  no  fué  ni  podía 
ser  otra  cosa  que  una  vana  tentativa. 

A  este  período  y  proyecto,  precisamente,  se  refiere  la  carta  diri- 
gida al  doctor  don  José  Miguel  Díaz  Vélez,  la  que  es  sin  duda  al- 
guna la  más  importante  de  las  que  hoy  se  publican.  Es  todo  un  do- 


TRES  CARTAS  INÉDITAS  DE  BOLÍVAR  '169 

cumento  histórico :  no  porque  revele  nuevos  hechos  materiales,  sino 
por  los  detalles  que  suministra  acerca  de  las  relaciones  de  los  repre- 
sentantes de  las  Provincias  Unidas  con  aquel  dictador  de  medio 
continente,  que  tan  poca  simpatía  profesó  siempre  al  pueblo  argen- 
tino, en  quien  miraba,  no  sin  razón,  un  elemento  refractario  á  sus 
exuberancias  y  fanfarrias  tropicales. 

Al  día  siguiente  de  la  victoriade  Ayacucho,  y  antes  de  embarcarse 
los  restos  del  último  ejército  español,  planteáronse  para  los  vencedo- 
res los  formidables  problemas  cuya  solución  había  de  costar  más  san- 
gre y  sacrificios  que  la  conquista  de  la  independencia.  Durante  quince 
años,  la  presencia  del  enemigo  exterior  había  contenido,  si  no  las  anar- 
quías internas,  al  menos  los  conflictos  intercontinentales,  ajustando 
la  única  federación  posible  entre  las  colonias  sublevadas.  Destruido 
el  adversario  común,  el  vínculo  de  unión  se  desató  por  sí  solo.  Hubo 
de  procederse  al  apartado  de  las  banderas  entreveradas  en  la  re- 
friega. Las  flamantes  nacionalidades,  todavía  en  armas,  entraron 
en  posesión  tumultuosa  de  la  herencia  indivisa,  complicando  desde 
luego  la  ardua  tarea  de  la  propia  organización,  con  las  contiendas 
vecinales  por  el  dominio  de  los  desiertos  que  separaban  vagamente 
los  antiguos  virreinatos.  Después  de  la  primera  noche  pasada  en  el 
campo  de  batalla,  los  hermanos  de  ayer  se  despertaron  rivales.  Co- 
lombia era  una  mezcla  artifícial,  no  una  combinación  íntima  ;  y 
muy  luego  sus  tres  ingredientes  tenían  que  separarse  y  acometer, 
cada  cual  por  cuenta  propia,  su  obra  de  desquicio  doméstico.  La 
presidencia  de  Charcas,  étnicamente  peruana,  políticamente  pía- 
tense,  ofrecía  al  Libertador  una  ocasión  única  para  crear  ex  nihilo 
una  república :  fué  padre,  padrino  y  tutor  del  nuevo  Estado,  y  sólo 
cedió  á  su  teniente  Sucre  la  gloria  de  bautizar  por  cuarta  vez  á  la 
capital.  Estas  Provincias  Unidas  soportaron  sin  dolor  la  amputa- 
ción de  otro  miembro  adventicio,  bastándoles  que,  como  el  Para- 
guay, quedase  Bolivia  independiente.  Por  esto  mismo  tenían  que 
sentir — y  más  hondamente  aún  por  el  estrecho  parentesco —  la  re- 
ciente anexión  al  Brasil  déla  provincia  cisplatina.  El  sacudimiento 


470  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

de  Ayacucho  hizo  penetrar  iatolerablemente  en  la  carne  oriental  las 
ataduras  brasileñas.  El  gobierno  de  Buenos  Aires  tuvo  que  soltar 
antes  de  tiempo  á  los  héroes  terribles  que  tenia  asilados :  á  princi- 
pios de  abril,  Lavalleja  y  sus  veinte  y  tantos  compañeros  (i)  cruza- 
ban el  ancho  Rubicón  platense  y  arrojaban  en  el  Arenal  uruguayo 
el  primer  chispazo  que,  de  hecho,  reanimaba  el  secular  incendio  de 
las  demarcaciones.  Por  extraña,  aunque  bien  explicable  coinciden- 
cia, á  la  hora  misma  en  que  se  consumaba  su  emancipación,  estas 
provincias  tenían  que  hacer  suya  la  causa  de  la  metrópoli  vencida ; 
pues,  en  el  fondo,  lo  que  precipitaba  la  guerra  actual  entre  argen- 
tinos y  brasileños,  no  era  sino  un  resabio  de  la  antigua  querella  de 
España  y  Portugal  en  este  mismo  teatro. 

Por  lo  demás,  la  heroica  calaverada  libertadora  sorprendía  á  las 
Provincias  Unidas  en  el  momento  crítico  de  su  primera  gestación 
nacional,  que  había  de  tener  el  éxito  lamentable  de  todos  los  parios 
prematuros.  El  Congreso  general  reunido  en  Buenos  Aires,  á  raíz 
de  encargar  á  una  comisión  el  proyecto  de  Constitución  unitaria, 
sancionaba  la  ley  que  de  antemano  la  condenaba  á  muerte,  libran- 
do su  aceptación  á  los  gobiernos  de  provincias.  Y  entre  tanto,  con 
una  actividad  y  un  tesón  dignos  de  mejor  suerte,  ese  admirable 
congreso  de  1825  multiplicaba  las  providencias  salvadoras,  organi- 
zaba el  ejército  y  la  diplomacia,  arbitraba  recursos  de  guerra,  pre- 
paraba las  vías  á  la  futura  presidencia  que  no  había  de  subsistir : 

(i)  Sabido  es  que  los  mitológicos  TreinUí  y  tres  nanea  han  podido  identificarse  coin> 
pletamente.  Las  varias  listas  que  circulan  sólo  concuerdan  en  los  veinte  y  tantos  prime- 
ros nombres ;  queda  siempre  una  docena  de  «  héroes  sin  importancia  »  cuya  vaga  filia- 
ción varia  á  capricho  de  los  historiadores.  (Cf.  Bkkra,  Bosquejo  histórico,  3*  edición, 
:17a,  nota.)  El  Argos  de  a 6  de  noviembre  de  i8a5  trae  una  lista  de  a 3  nombres  (fuera 
de  J.  A.  Lavalleja),  dos  de  los  cuales,  apeones  voluntarios»,  han  de  sor  los  «negros 
esclavos»  que  figuran  en  otras  listas.  El  redactor  del  A r^of  agrega  expresamente:  u  Los 
que  faltan  para  completar  el  número  33,  fueron  incorporados  cuando  esta  expedición 
estaba  sobre  la  Banda  Oriental  ».  Tal  ha  de  ser  la  versión  exacta.  Es  probable  que  en 
el  momento  de  desembarcar  la  expedición  en  el  arroyo  de  Ruis,  se  agregaran  algunos 
paisanos  de  esta  estancia  á  los  veinte  y  tantos  valientes  salidos  de  San  Isidro,  hasta 
completar,  en  aquella  misma  mañana  del  19  de  abril,  la  cifra  cabalística.  En  su  mani- 
fiesto de  la  Florida  (i^  de  junio)  Lavalleja  fija  ya  la  leyenda  indestructible. 


TRES  CARTAS  INÉDITAS  DE  BOLÍVAR  471 

g-astaba»  por  fin,  en  equilibrar  sobre  su  púntala  pirámide  nacional 
tesoros  de  saber  y  energía...  Día  por  día.  las  exigencias  de  la  situa- 
ción amontonaban  sobre  la  modesta  mesa  presidencial  los  proyec- 
tos y  despachos:  todo  se  estudiaba  con  diligencia,  se  discutía  con 
talento  ó  conciencia,  se  despachaba  con  honradez  patriótica  si  no 
siempre  con  acierto.  Y  en  los  trabajos  legislativos  de  aquellas  pri- 
meras asambleas,  que  de  casi  todo  lo  fundamental  se  ocuparon, 
podría  nuestra  moderna  garrulería  parlamentaria  encontrar,  á 
cuidarse  más  de  tradiciones  castizas  que  de  relumbrones  exóticos, 
no  sólo  lecciones  de  doctrina  sino  de  forma  recogida  y  severa. 

En  la  sesión  del  3  de  mayo  (para  volverá  nuestro  asunto),  habíase 
encomendado  á  una  comisión  el  estudio  de  las  notas  del  general 
Sucre,  anunciando  la  próxima  venida  del  Libertador  al  Alto  Perú  y 
la  convocación  de  la  asamblea  constituyente  de  esas  provincias. 
Con  ligeras  enmiendas  se  aprobó,  en  la  sesión  del  9,  el  dictamen  y 
proyecto  de  la  comisión,  disponiendo  el  envío  de  dos  diputados  á  di- 
cha asamblea,  con  especial  encargo  de  u  felicitar  al  benemérito  Li- 
bertador Simón  Bolívar  ».  Éste  gozaba  de  poco  prestigio  en  Buenos 
Aires,  y  las  reservas  formuladas  por  el  diputado  Vélez  respondían  al 
sentimiento  general ;  el  Argos  había  ridiculizado  el  quimérico  Con- 
greso de  Panamá  que  ya  se  anunciaba.  Con  todo,  la  hostilidad  del 
Brasil,  que  ya  preparaba  la  invasión  de  la  provincia  de  Chiquitos, 
tuvo  la  virtud  de  acallar  cualquier  otro  recelo  ;  y  renació  por  breve 
tiempo,  contra  el  imperio  portugués,  el  sentimiento  de  solidaridad 
que  uniera  á  las  colonias  contra  la  metrópoli.  Por  decreto  de  17  de 
mayo,  el  gobierno  de  Las  Heras  (encargado  del  Ejecutivo  nacional) 
designó  al  general  don  Carlos  Alvear  y  al  doctor  don  José  Miguel 
Díaz  Vélez,  como  ministros  plenipotenciarios  y  enviados  extraordi- 
narios cerca  de  un  Estado  que  aún  no  existía,  y  con  el  extraño  en- 
cargo de  felicitar  al  dictador  del  Perú.  La  misión,  sin  embargo,  no 
era  insólita  y  vaga  sino  en  su  forma  ostensible:  en  realidad,  tenía 
por  objeto  combinar  un  doble  amago  por  el  norte  y  por  el  sur  con- 
tra el  vecino  imperio.  Díaz  Vélez,  que  era  secretario  del  Congreso, 


47a  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

pidió  licencia  (3i  de  mayo)  para  aceptar  el  nombramiento  con  re- 
tención de  su  empleo.  Aunque  el  decreto  no  establecía  distinción 
entre  los  dos  enviados,  el  general  Alvear,  recién  llegado  de  los  Es- 
tados Unidos  (i),  era  naturalmente  el  jefe  de  la  misión  en  lo  que 
atañía  á  las  conferencias  con  el  Libertador. 

Los  enviados  argentinos  se  encontraron  con  Bolívar  en  Potosí,  á 
mediados  de  octubre  ;  fueron  cordialmente  acogidos,  pero  el  dicta- 
dor del  Perú  se  excusó  de  tratar  los  asuntos  de  Estado,  remitiéndo- 
los al  gobierno  de  Lima.  La  función  no  pasó  de  banquetes,  confe- 
rencias privadas,  discursos  belicosos  y  retumbantes,  en  que  el  futuro 
vencedor  de  Ituzaingó  no  quedaba  atrás  del  héroe  de  Carabobo  — 
con  algunas  travesuras  donjuanescas  del  incorregible  «  Balbas- 
trito  »,  que  todavía  se  refieren  en  los  tambos  bolivianos.  En  Chu- 
quisaca,  donde  habían  continuado  las  fiestas  con  calurosos  brindis, 
las  confidencias  del  aM  onócrata  »  respecto  del  Plata,  agregándose 
á  las  agitaciones  separatistas  de  Tarija,  no  dejaron  de  enfriar  el  en- 
tusiasmo de  Alvear,  que  tomó  el  camino  de  Buenos  Aires,  dejando 
que  su  colega  hiciese  frente  á  las  expansiones  del  megalómano.  A 
poco  el  Libertador  tuvo  que  volver  á  Lima,  y,  en  27  de  febrero  de 
18269  l^í^  Vélez  le  escribió  una  carta  halagadora  y  anodina,  á  la 
que  aquél  contestó  desde  la  Magdalena  (2),  el  6  de  abril,  con  la  que 
hoy  damos  á  luz. 

Más  que  por  los  importantes  tópicos  que  roza  de  pasada,  esta 
carta  reviste  importancia  por  la  luz  que  proyecta  sobre  la  psicología 
del  personaje.  Con  una  conciencia  de  su  gloria  que  no  carece  de 
candor,  se  nos  exhibe  allí  confiado  y  satisfecho  de  su  obra  efímera, 
cuya  fragilidad  no  sospecha  un  instante  :  respirando  como  oxígeno 
puro  las  nubes  de  incienso  con  que  las  turbas  ignorantes  le  intoxican: 
barajando  teóricamente  las   nacionalidades  americanas,  desde  el 

(i)  Argos  del  33  de  marzo  de  iSaS 

(a  )  En  este  mismo  lugar  campestre  residió  San  Martin  hasta  la  noche  de  su  embarco 
para  Chile. 


TRES  CARTAS  INÉDITAS  DE  BOLÍVAR  673 

golfo  de  Méjico  hasta  la  Patagonia,  tan  ajeno  de  las  dificultades  in- 
superables que  la  empresa  ofrece  como  su  amigo  el  abate  de  Pradt. 
En  vísperas  de  realizarse  su  sueño  de  Panamá,  comprueba  con  sorda 
irritación  el  mal  encubierto  desvío  de  los  Estados  cuya  presencia 
sería  más  significativa,  y  desde  luego  del  Argentino  que,  á  última 
hora,  fingirá  concurrir  con  un  nombramiento  de  forma  que  encierra 
no  poca  ironía...  En  i6  de  junio,  en  efecto,  Díaz  Vélez  contestaba 
desde  Chuquisaca  á  la  carta  de  Bolívar  (i),  avisándole  que  acababa 
de  ser  nombrado  por  Rivadavia  representante  del  gobierno  argen- 
tino en  Panamá,  á  donde  se  dirigiría  muy  en  breve  «  pasando  por 
Buenos  Aires  »  !  El  bendito  Congreso,  nunca  más  célebre  que  antes 
de  celebrarse  (y  de  cuyo  fracaso  se  burlaba  luego  el  mismo  Bolívar), 
se  dio  por  fenecido  el  i5  de  julio,  —  á  punto  de  embarcarse  Díaz 
Vélez,  —  dejando  firmados  pactos  de  eterna  federación  y  defensa 
común  entre  las  cuatro  repúblicas  representadas,  cada  una  de  las 
cuales  tenía  ya  armada  en  casa  la  zambra  anárquica. 

¡  Extraña  figura  y  destino  más  extraño  aún,  los  de  aquel  héroe 
colombiano,  cuyas  proezas  libertadoras  se  esparcieron  súbitamente 
por  el  mundo  contemporáneo,  participando,  para  las  imaginaciones 
europeas,  del  misterioso  prestigio  que  por  entonces  envolvía  á  esta 
lejana  América  !  Para  quien  hoy  somete  al  análisis  esa  serie  de  ex- 
cesos y  violencias,  de  manotones  políticos  y  atropellos  militares,  en 
que  las  pocas  victorias  aparecen  tan  casuales  y  descabelladas  como 
las  innumerables  derrotas,  y  los  peores  atentados  contra  el  derecho 
y  la  moral  resultan,  en  este  propio  Continente,  más  gloriosos  y  de 
mayor  precio  que  la  noble  tentativa  de  un  Rivadavia  ó  la  abnega- 
ción de  un  San  Martín :  lo  enorme  de  la  aberración  humana  reviste 
aquí  proporciones  al  pronto  inexplicables.  Poco  es  decir  que  la 
exótica  fantasmagoría  deslumhró  en  Europa  á  las  generaciones  del 

(i)  Las  cartas  de  Díaz  Veloz  se  encuentran  publicadas  en  las  Memorias  de  O'Leary^ 
XI,  3aA  y  335.  Diaz  Vélez  fué  nombrado  representante  al  Congreso  de  Panamá,  el  3 
do  mayo  de  1S36,  en  reemplazo  de  García. 


/Í74  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

año  20,  que  acababan  de  asistir  á  la  epopeya  napoleónica :  subsiste 
aún  la  impresión  de  los  primeros  días  ;  la  leyenda  se  ha  coagu- 
lado en  historia ;  y  esta  es  la  hora  en  que  los  diccionarios  biográficos 
mejor  informados  persisten  en  endiosar  á  Bolívar,  desentendiéndose 
de  otros  nombres  más  dignos  de  memoria  (i).  Hasta  los  escritores 
sensatos  que,  como  Gervinus,  no  incurren  en  las  apologías  oficia- 
les de  Restrepo,  y  mucho  menos  en  los  grotescos  ditirambos  de  La- 
rrazábal,  sufren  al  fin  la  fascinación  del  simbólico  Uebermensch  por 
la  más  ignorante  de  las  muchedumbres  elaborado ;  y  el  mismo  gene- 
ral Mitre,  cuyo  trabajo  representa  sin  duda  lo  más  completo  y  exacto 
que  sobre  el  ídolo  tropical  se  haya  escrito,  vacila  al  fin  de  su  es- 
tudio en  formular  la  conclusión  que  fluiría  rectamente  de  sus  pre- 
misas. Con  método  prolijo,  apoyado  en  la  documentación  más  co- 
piosa y  sólida,  nos  ha  enseñado  al  Simón  Bolívar  de  la  realidad : 
disoluto  y  antipatriota  en  su  juventud,  tránsfuga  de  la  causa  ame- 
ricana y  principal  entregador  del  infortunado  Miranda ;  militar  de 
ocasión  en  su  edad  madura,  sin  capacidad  organizadora  ni  concepto 
estratégico,  inferior  en  arrojo  personal  é  instinto  de  la  victoria  á  sus 
tenientes  Sucre,  Marino,  Páez,  Arismendi,  Piar  y  otros,  cuyos 
triunfos  se  apropia;  adversario  implacable  que  fusila  á  sus  rivales, 
infama  el  campo  de  batalla  con  la  matanza  de  los  rendidos,  y  degrada 
á  sus  admiradores,  exigiéndoles  adulaciones  de  Bajo  Imperio;  his- 
trión ambicioso  que  oculta  bajo  renuncias  teatrales  é  hipócritas  su 
sed  insaciable  del  poder,  y  mantiene  en  Europa  y  América  celebra- 
dores  venales  de  sus  hazañas  (2);  legislador  infantil  que  improvisa  en 

(1)  La  Biographie  Genérale  de  Didot  consagra  44^  lineas  á  Bolívar»  omite  ¿  San  Mar- 
tin; la  Grande  Encyclopédie  dedica  á  Bolívar  nkh  renglones,  no  nombra  á  San  Martin: 
la  Britanniea,  874  &  Bolívar,  37  áSan  Martín:  el  Larousse.  i83  á  Bolívar,  34  á  San  Mar- 
tín: Cortés  (chileno)  necesita  3 10  líneas  para  Bolívar,  le  bastan  ia4  para  San  Martin.  — 
Por  dos  veces  me  tocó  en  el  extranjero  (Le  XÍX  Siécle,  de  París,  y  The  Pilota  de  Boston) 
rectificar  apreciaciones  erróneas  acerca  del  respectivo  valer  militar  de  Bolívar  j  San 
Martin :  Sarcey  tomó  la  tesis  por  una  gasconnade,  y  el  periódico  bostonionse  declaró  que 
Mr.  G.  was  joking. 

(3)  Entro  otros,  el  abate  de  Pradt  y  el  deán  Funes.  El  primero  cobraba  una  pen- 
sión anual  de  3ooo  pesos. 


TRES  CARTAS  INÉDITAS  DE  BOLÍVAR  ^^5 

el  papel,  para  mitayos  quichuas,  una  constitución  de  colegio,  y  la 
despacha  con  su  edecán,  á  trote  de  muía ;  libertador  mareado  por  la 
fortuna,  que  se  convierte  en  empresario  profesional  de  redenciones 
americanas  y  sueña  con  la  incorporación  del  extremo  sur  á  la  hege- 
monía colombiana, —  á  la  hora  misma  en  que  su  Colombia  de  pega 
se  desmorona  á  su  espalda  y  estalla  la  tempestad  que  arrojará  de  su 
patria  al  alucinado  dictador...  Ahora  bien  ¿cómo  es  posible  que 
tan  contrastada  y  discutible  Ggura  se  resuma  finalmente,  para  el 
propio  historiador  que  así  la  evoca  y  presenta,  en  un  símbolo  gran- 
dioso y  genial,  coincidiendo  en  cierto  grado  el  juicio  meditado  del 
pensador  político  con  el  fanatismo  impulsivo  de  la  muchedumbre  ? 
La  primera  respuesta  que  ocurre,  y  sin  duda  encierra  una  parte 
de  verdad,  es  que  sabios  é  ignorantes,  americanos  y  europeos,  han 
sido  víctimas  de  la  ilusión  colectiva  que  identificara  la  causa  de  Ja 
Independencia  con  su  heraldo  más  visible,  proporcionando  á  la  mag- 
nitud de  la  obra  la  estatura  del  supuesto  obrero.  Iwant  a  hero  !  Este 
grito  del  poeta  (i)  es  el  anhelo  eterno  de  la  humanidad  primitiva  ó 
civilizada,  ante  cualquier  realización  que  la  conmueve  y  asombra. 
El  antropomorfismo  popular  tuvo,  pues,  su  semidiós  porque  nece- 
sitaba tenerle  ;  y  á  falta  de  alguno  legitimo,  forjósele  ficticio,  sumi- 
nistrando él  mismo  la  materia  plástica.  Los  liberales  de  la  Europa 
subyugada  por  la  Santa  Alianza  escuchaban  con  palpitante  simpa- 
tía los  rumores  de  esta  cruzada  emancipadora;  pero  no  podían  sa- 
ber que  la  causa  americana  era  invencible  y  tenía  finalmente  que 
triunfar,  aun  careciendo  de  genios  conductores  y  á  despecho  de 
todos  los  reveses  y  descalabros.  Cumplióse  lo  inevitable :  la  libertad 
de  diez  repúblicas  coronó  quince  años  de  combates  librados  por  cien 
caudillos  locales  que,  muy  lejos  de  ser  la  causa  generadora,  eran 
el  producto  espontáneo  del  levantamiento.  Pero,  á  tal  distancia,  sólo 
quedó  la  impresión  del  nombre  que  más  alto  resonara  en  la  región 
donde  la  lucha  se  encarnizó:  la  nebulosa  se  condensó  en  astro,  y  el 

(i;  Btron,  Don  Juan,  I,  primer  verso. 


/Í76  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

mundo  proclamó  á  Bolívar  libertador  único  de  la  América  latina, 
como  fuera  Colón  su  único  descubridor. 

Creo  que  la  explicación  es  válida  en  lo  que  atañe  al  prestigio  ex- 
terior de  Bolívar:  pero  no  da  cuenta  de  la  situación  realmente  ex- 
cepcional que  en  su  misma  patria  conquistó  y  retuvo  por  años,  y 
fué  precisamente  la  causa  original  de  aquel  prestigio.  No  se  trata 
en  este  caso,  como  en  el  de  Rosas,  de  una  adaptación  tan  perfecta 
del  caudillo  á  la  ruda  masa  popular,  que  asemeje  su  predominio  ab- 
soluto á  un  patriarcado ;  ni  tampoco  de  un  despotismo  casi  teocrá- 
tico, á  lo  del  paraguayo  Francia,  fundado  en  el  aislamiento  v  el  te- 
rror. Por  otra  parte,  ni  la  persona  física  de  Bolívar  ni  sus  anteceden- 
tes ó  hábitos  permitíanle  disputar  á  robustos  y  arrojados  mestizos, 
como  Piar  y  Páez,  su  natural  influjo  sobre  las  turbas  llaneras. . . 

Aristócrata  de  origen  y  casi  europeo  de  educación,  menudo,  en- 
teco, de  fisonomía  ingrata^  con  su  tez  verdosa,  sus  chupadas  meji- 
llas, su  boca  fruncida  y  el  avieso  mirar  de  sus  ojos  harto  juntos  (i): 
el  discípulo  deCarrión  yapasionado  lector  de  Rousseau  carecía  por 
igual  del  aspecto  imponente  que  fascina  á  las  multitudes,  y  de  ia 
gracia  insinuante  que  seduce  á  los  íntimos.  Improvisado  estratega 
de  montoneras,  en  la  serie  de  victorias  y  derrotas  que  señalan  las 
sangrientas  etapas  de  la  emancipación,  no  cobró  nunca  verdadero 
crédito,  ni  ante  las  tropas  por  su  valor,  ni  ante  los  jefes  por  su  peri- 
cia. Como  político,  redactaba  constituciones  inaplicables;  discurría 
para  vastos  despoblados  sistemas  de  gobierno  que,  aun  para  la  Suiza 
ó  Córcega,  fueran  quiméricos  ;  y  sin  escarmentar  con  el  fracaso  vi- 
sible de  la  unión  colombiana,  seguía  acariciando  la  monstruosa 
utopía  de  un  solo  imperio  continental.  Pero  entretanto,  derrotado, 
despreciado,  escarnecido,  arrojado  varias  veces  al  destierro  por  las 
armas  españolas  y  la  vindicta  pública,  volvía  siempre  á  surgir,  in- 


(i)  Carltle,  Doctor  Francia  (en  Critical  Essays^  IV):    ndark  deep  eyex,  somevhat  too 
cIoM  together».  Todo  oste  retrato  de  Bolívar   es  de  una  admirable  adivinación;  acaso 
nadie   haya  dicho  más  en  una  frase  :  «  a  man  ofmanifold  achievements,   distresses,  Bcaor^vw 
AMD  uiSTRio!(isus  (fi  this  worldf). 


TRES  CARTAS  INÉDITAS  DE  BOLÍVAR  477 

fatigable,  indestructible.  Apenas  desembarcado  en  Venezuela,  ha- 
llaba soldados  y  jefes  que  le  proclamaban  general,  asambleas  que 
renovaban  su  dictadura,  —  y  el  primer  encuentro  feliz  borraba  en- 
tre las  gentes  la  memoria  de  los  antiguos  y  recientes  descalabros. 
Al  fin  cansó  á  la  fortuna  adversa:  los  éxitos  se  sucedieron,  incorpo- 
rándose á  los  propios  los  de  sus  tenientes ;  las  regiones  definiti- 
vamente reconquistadas  ensancharon  más  y  más  el  pedestal  de  su 
figura  estatuaria ;  el  vencedor  de  Maipo  y  protector  del  Perú  cedióle 
el  campo  sin  protesta;  y  la  victoria  de  Ayacucho,  ganada  por  Sucre 
á  cien  leguas  del  «  cuartel  dictatorial  »  (desde  donde  Bolívar  pro- 
clamó á  los  soldados  victoriosos),  completó  la  libertad  del  Conti- 
nente y  la  apoteosis  del  Libertador.  Eso  es  lo  que  ve  la  posteridad, 
y  lo  que  admiró  por  reflejo  la  Europa  de  la  Restauración,  impor- 
tándole poco  que,  apenas  rematada  la  empresa,  se  despidiera  al  em- 
presario con  despiadada  lógica.  Podía  morir  tranquilo,  sabiéndose 
inmortal;  y  no  había  ingratitud  contemporánea  que  amenguar  pu- 
diera tal  recompensa. 

Una  vez  demostrado  que  dicha  recompensa  no  guardó  proporción 
con  el  valer  del  hombre  ¿  habráse  de  admitir  que  todo  en  ello  fuera 
ilusión  y  vanidad?  No  es  posible  aceptarla  conclusión  nihilista  que 
salvaría  los  límites  del  everismo  histórico.  La  más  exuberante  ima- 
ginación popular  no  alcanza  á  crear  de  la  nada  á  un  héroe  humano. 
Puede  á  la  distancia  confundirse  la  flámula  flotante  con  el  humo 
ó  la  nube ;  pero  la  nube  pasa,  el  humo  se  disipa ;  si  la  pintada  tela  si- 
gue siempre  aleteando  al  viento,  es  porque  un  asta  rígida  la  sostiene 
en  el  espacio.  En  toda  gloria  humana  que  resiste  al  tiempo  y  al  ol- 
vido, reside  un  núcleo  interior,  tan  diminuto  como  se  quiera,  pero 
al  cabo  concreto  y  sólido.  Sí,  como  capitán  ó  político,  Bolívar  no 
excedió  la  medianía,  y  fué  ciertamente  inferior  á  muchos  de  sus  ri- 
vales sudamericanos,  una  facultad  tenía  por  la  cual  los  superaba  á 
todos :  este  don  superior,  que  resplandece  en  cada  paso  de  su  acci- 
dentada carrera,  y  más  evidente  aún  en  sus  desastres  que  en  sus 
triunfos,  es  la  voluntad  indomable,  inconmovible,  digamos  heroica. 


478  ANALES  DE  LA   BIBLIOTECA 

pues  ella  es  la  señal  distintiva  de  los  héroes,  aunque  no  baste  para 
constituirlos.  Esta  «voluntad  de  dominación  »,  como  Niestzche  la 
llamaría,  es  la  clave  de  su  destino :  con  esta  barrena  de  acero  horadó 
paciente  é  infatigablemente  la  roca  que  obstruía  el  camino,  para  que 
pudieran  sus  compañeros  pulverizarla  á  martillazos  y  dejar  expedito 
el  paso  al  carro  déla  Revolución. 

Y  acaso,  para  mostrarnos  del  todo  justos  respecto  de  quien  lo  fué 
tan  poco,  debiéramos  añadir  que  entre  todas  las  exterioridades  posti- 
zas, con  que  se  adornara  su  inconmensurable  vanidad,  hubo  una  real 
y  que  de  veras  le  pertenecía :  era  el  don  literario,  si  bien  en  el  género 
subalterno  del  desarrollo  retórico  y  de  la  proclama,  y  en  la  única 
forma  altisonante  y  excesiva  que  pudieta  ser  eficaz.  Por  entre  el  mal 
gusto  inevitable  del  tiempo  y  de  la  raza,  poseía  el  instinto  de  la  frase 
lapidaria  y  del  verbo  potente,  al  igual  que  nuestro  férvido  Montea* 
gudo,  pero  con  bruscas  florescencias  imaginativas  que  el  publicista 
argentino  nunca  conoció,  y  evocan  las  vírgenes  frondosidades  de 
las  selvas  natales...  Un  Monteagudo  ecuestre  y  teatral :  acaso  el  do- 
ble epíteto  caracterizaría  á  Bolívar  sin  amenguarle.  Pero  allá,  por  la 
zona  tórrida,  los  más  entusiastas  admiradores  de  Bolívar  se  conten- 
tan con  apellidarle  el  «  Washington  de  la  América  del  Sud  »  ;  y  si 
se  atiende  á  que  el  dictado  implica  la  misma  proporción  entre  los 
dos  héroes  que  entre  las  dos  regiones,  paréceme  que  la  tasa,  bajo  su 
apariencia  enfática,  resulta  ala  postre  muy  modesta. 


Angostura   Agosto  a  o  de  1818. 

Mi  querido  Brizeño  : 

Con  el  mayor  gusto  he  leido  la  apreciable  de  Y.  de  i6  de  Julio 
que  me  entregó  el  Capitán  Uribe.  Las  noticias  q'  ella  contiene 
sobre  la  Nueva  Granada,  y  la  relación  circunstanciada  que  me  ha 
hecho  aquel,  me  han  colmado  de  placer  y  de  satisfacción.  Creo, 
como  V.,  q*  la  ocasión  es  muy  bella  y  q""  es  preciso  aprovecharla ; 
y  me  parece  casi  seguro  el  buen  suceso  del  exército  que  obre  sobre 


TRES  CARTAS  INÉDITAS  DE  BOLÍVAR  479 

la  Nueva  Granada ;  pues  ademas  de  loque  he  sabido  por  Y.  y  por 
los  amigos  Vázquez  y  Moreno,  las  gazetas  Inglesas  contienen  los 
detalles  de  la  celebre  jornada  del  5  de  Abril  en  las  inmediaciones 
de  Santiago  entre  las  tropas  Independientes  de  Chile  y  las  Rea- 
listas del  Perú.  El  Gral.  S"  Martin  batió  y  destrozó  completamen- 
te allí  siete  mil  españoles,  les  hizo  tres  mil  prisioneros,  entre  ellos 
ciento  noventa  oficiales,  les  mató  más  de  dos  mil  hombres^  y  solo 
se  salvó  el  General  en  Gefe  Osorio  con  doscientos  hombres  de  Ca- 
ballería ;  S"  Martin  lo  hacia  perseguir  vivamente.  Este  exército  rea- 
lista era  el  último  resto  de  las  fuerzas  del  Perú,  y  esta  batalla  ha 
producido  la  absoluta  libertad  del  alto  y  bajo  Perú.  Asi  es  q*  son 
indubitables  los  movimientos  q*  amenazan  las  provincias  Meridio- 
nales de  la  Nueva  Granada.  Los  Españoles  imbadidos  poderosa- 
mente por  el  Sur  por  tropas  victoriosas,  y  aquellos  no  pueden  re- 
sistir y  aun  haciendo  esfuerzos  asombrosos,  deben  necesariamente 
concentrarse  y  dejar  descubiertas  todas  las  entradas  y  abenidas 
del  Reyno  en  todas  direcciones.  Estimo,  pues,  segura  la  expedi- 
ción libertadora  de  la  Nueva  Granada. 

El  General  de  Brigada  Santander  que  goza  de  mucha  reputa- 
cion  en  supays  natal,  q"*  tiene  valor,  prudencia  y  conocimientos, 
me  parece  muy  apropósito  para'  dirigir  esta  empresa.  El  és  ínti- 
mo amigo  de  V.  y  no  dudo  que  los  dos  se  colmen  de  gloria  y  de 
honor,  y  que  vendigan  la  suerte  que  les  ha  cabido  de  ir  á  libertar 
un  vasto  pays  lleno  de  recursos,  y  digno  de  ser  libre.  Uñase  V. 
Brizeño  estrechamente  con  él,  coopere  activamente  al  aumento  y 
organización  de  la  División  que  vá  á  formar  y  emplee  su  influxo  y 
relaciones  en  que  se  logre  el  éxito  de  esta  importante  operación  q*"  vá 
á  íixardeun  modo  inalterable  la  suerte  de  Venezuela  y  de  la  Nueva 
Granada.  Yo  volaría  gustoso  á  tener  la  gloria  de  conducir  ese  exér- 
cito si  el  interés  mismo  de  ambas  Repúblicas  no  exigiese  necesa- 
riamente mi  presencia  aquí,  siendo  este  el  punto  de  donde  deben 
partir  todas  las  operaciones,  todos  los  elementos  armas  y  municio- 
nes de  guerra  á  las  Divisiones  que  obran  en  diferente  (sic)  lugares ; 


68^  A>'ALES  DE  LA  BIBLIOTECA 

y  «iobre  todo  hasta  esperar  el  resultado  que  necesariamente  debe 
tener  los  intereses  de  ia  Europa  con  los  de  América .  Este  resultado 
aparecerá  muy  pronto ;  el  día  de  la  América  ha  llegado  y  todo 
parece  q'  anuncia  un  término  á  nuestra  gloriosa  y  terrible  lucha. 
La  guerra  de  los  Estados  Unidos  del  Norte  no  deja  ya  duda.  El 
General  Americano  Jakson  ísicj  ha  tomado  por  asalto  el  fuerte  de 
Panzacola,  y  las  Floridas  oriental  y  occidental,  están  en  poder  de 
los  Americanos. 

Ademas  de  los  fusiles,  pólvora,  vestuarios  y  tropas  Inglesas  que 
nos  condujo  nuestra  Esquadra,  hemos  recibido  posteriormente  mil 
y  quinientos  fusiles  mas,  y  una  gran  cantidad  de  pólvora.  Conta- 
mos en  Venezuela  con  ocho  mil  fusiles,  que  tenemos  ya,  y  con  mas 
de  seiscientos  quintales  de  pólvora ;  y  aun  está  pendiente  una  con- 
trata de  diez  mil  fusiles  que  espero  se  realize. 

Muéstrele  V.  estacarla  á  mi  querido  amigo  el  coronel  Vasquez 
para  quien  es  también.  Empéñense  todos  en  la  suerte  de  la  Nueva 
Granada.  Espérenme  pronto  por  allá,  auxilien  al  General  Santan- 
der, obcdezcanlo;  únanse  con  él.  y  cólmense  de  gloría. 

A  Dios  mi  querido  Brizeño  cuente  V.  siempre  con  el  decidido 

afecto  de 

Bolívar 


Magdalena  á  6  de  Abril  de  i8a6. 

Señor  í)*"  D"  Miguel  Días  Velez  Ministro   Plenipotenciario  del  Rio 
de  la  Plata 

Estimado  amigo  y  Señor. 

Me  ha  sido  muy  agradable  recibir  la  apreciable  carta  de  Y.  de 
37  do  Febrero  en  Chuquisaca  y  he  visto  con  mucho  interés  las  no- 
ticies oficiales  que  V.  se  sirve  darme  en  sus  comunicaciones  de 
la  misma  fecha.  No  puedo  ocultar  que  los  sentimientos  de  amistad 
couque  V.  me  favorece,  unidos  á  sus  buenos  deseos  por  mi  gloría. 


TRES  CARTAS  INÉDITAS  DE  BOLÍVAR  481 

me  honran  demasiado  porque  nada  me  ha  sido  siempre  tan  lison- 
jero, como  recibir  los  Sufragios  de  los  hombres  de  bien  y  de  los 
Patriotas.  Puede  V.  pues  fácilmente  imaginarse  cuan  obligado  le 
estoy  por  el  modo  con  que  V.  se  espresa  en  su  referida  carta — 

Desde  muy  á  principios  de  la  revolución  he  conocido  que  si 
alguna  vez  llegábamos  á  formar  Naciones  en  la  América  del  Sur,  la 
federación  seria  el  lazo  mas  fuerte  que  podría  unirlas.  Asi  es  que 
no  perdí  un  instante  en  proponer  á  los  Estados  americanos  la  fede- 
ración que  actualmente  se  está  verifícando  en  el  Ismo  de  Panamá. 
Buenos  Ayres  no  solo  ha  sido  convidado  é  instado  á  que  forme 
parte  de  esta  liga  sino  que  ha  sido  rogado  pa^a  ello,  y  sin  embar- 
go no  ha  querido  aceptarla  por  motivos  que  no  puedo  conocer.  Digo 
todo  esto  en  contestación  á  la  propuesta  que  Y.  me  hace  para  que 
nos  unamos  en  principios  y  en  fuerza  contra  el  Emperador  del  Bra- 
zil.  No  obstante  he  mandado  pasar  las  notas  oficiales  que  Y.  me 
dirije  con  este  objeto  al  Ministro  de  relaciones  esteriores  de  este 
Estado,  pues  no  ejerciendo  yo  la  autoridad  esterior  por  haberla 
depositado  en  el  Consejo  de  Gobierno  :  a  el  corresponde  el  cono- 
cimiento de  esta  materia,  á  la  verdad,  muy  interesante. 

Hemos  sabido  que  el  Señor  Rivadavia  ha  sido  electo  Presidente 
de  las  Provincias  Unidas. 

Tenga  Y.  la  bondad  de  saludar  siempre  que  tenga  la  ocacion  á 
su  digno  compañero  el  Señor  Alvear. 

El  Congreso  del  Perú  aun  no  se  ha  instalado  ;  pero  no  pasará  esta 
semana  sin  que  asi  suceda(i).  Aunque  en  las  Juntas  preparatorias  no 
han  dejado  de  haber  algunas  dificultades,  todas  se  han  vencido  y 
espero  que  á  fines  de  este  mes  podre  marchar  al  alto  Perú  donde 
me  llaman  mis  mas  caros  intereses.  Si  los  asuntos  de  la  misión 
de  Y.  lo  detuviesen  allí  hasta  mi  llegada,  me  sera  muy  satisfacto- 
rio encontrarlo  y  de  asegurarle  que 

Soy  su  afectísimo  servidor  y  amigo. 

BOUYAE 

(i)  No  llegó  i  reunirse. 

AVAiBi  vm  Uk  Biu4onoA.  —  T.  ui  3o 


48s  ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


Lima  a6  Agosto  i8s6 

Al  Gran  Mariscal  de  Ayacucho 

Mi  querido  General 

Mando  á  vmd  original  un  papel  que  contiene  siete  artículos  pa- 
ra que  vmd  se  moleste  en  proporcionar  al  Cónsul  general  Mr  Garlos 
Rikketts  (sic)  los  informes  que  en  ellos  pide.  Vmd  podria  encargar 
de  este  trabajo  bien  fuera  á  una  sola  persona  ó  varias  de  las  mas 
ilustradas  a  fin  de  que  este  Sr  Rikketts  reciba  los  informes  que  pide 
y  que  transmitirá  a  Europa  donde  serán  muy  interesantes.  El  Sr 
Rikketts  es  el  cónsul  gl.  de  S.  M.  B.  en  el  Perú  :  reside  en  esta 
capital  y  á  el  puede  Y.  dirigir  estos  documentos. 

Soy  de  Vmd  afm  amigo  de  corazón. 

BOLIYAH 


ERRATAS  Y  ADICIONES 


Página  5i,  nota,  agregúese:  Tengo  para  mi  que  á  e«U  ranu  de  la  familia  pertenecia  el 
marido  de  la  célebre  M**  de  Vandeul,  la  hija  de  DideroL 

Página  53»  linea  17,  dice  creído  descubrir  :  liase  atribuido. 

Página  5ü,  nota,  dice  Liniers  ;  liase  Nieto. 

Página  65,  nota,  agriguese  Cf.  Bibdha  t  Pillado,  Diccionario  biogrdjico  argentino,  página 
100,  nota. 

Página  6g,  linea  7,  liase  muchas  aventuras. 

Página  70,  linea  ig,  liase  en^él  era  el  genio. 

Página  73,  linea  i,  liase  el  antiguo  capitán  de  húsares. 

Página  74,  lineas  5  y  siguientes.  —  Cuando  escribí  este  pasaje,  no  tenia  á  mi  disposición 
la  Correspondencia  general  de  Napoleón  ;  hoy  que  la  Biblioteca  lo  posee,  puedo  recti- 
ficar el  aserto  que  entonces  admití  condicionalmente  bajo  la  autoridad  del  historiador 
Mitre  {Bdgrano,  I,  330). 

La  mosca  á  que  alude  Thiers,  fué  efectivamente  despachada  de  Bayona,  pero  para  las 
colonias /roncMos  (Martinica  ó  Cayena).  El  ConsoltUear  era  el  briek  que  repetida  y  ex- 
presamente menciona  Napoleón  en  sus  cartas  de  Bayona  al  ministro  Decrés.  {Corres- 
pondancCf  tomo  XVII,  p.  90,  i85,  198,  ai 3.)  El  11  de  mayo,  el  emperador  anuncia 
que  dicho  bergantín  saldría  en  dies  días  más  para  la  América  española,  con  1000  fu- 
siles; el  aa  do  mayo,  precisa  el  dato:  o  El  briek  que  he  comprado  al  comercio  estará 
pronto  en  la  semana  :  lo  dirijo  á  Montevideo» ;  el  a5,  avisa  á  Decrés  que  «ha  trope- 
zado con  dificultades  para  armar  el  briek  que  va  á  partir  para  Montevideo»;  por  fin, 
el  a  8,  comunica  á  Murat  que  <<  mañana  partirán  [de  Bayona]  dos  hermosos  bricks  con 
2000  fusiles  franceses  para  Montevideo.  Podéis  anunciarlo».  (Abultaba  la  noticia 
para  impresionar  á  los  españoles.)  El  informe  de  Dauriac  designa  expresamente  al 
Consolatear  como  bergantín  armado  en  guerra,  con  45  hombres  de  tripulación.  Por 
lo  demás,  la  confusión  no  es  posible  :  el  mismo  Napoleón  (ibid.  SgS)  manifiesta  con  su 
acostumbrada  precisión  que  «la  mosca  sólo  lleva  la  hombres  y  cuesta  i5ooo  fran- 
cos :  puedo,  pues,  tener  i  a  moscas  con  lo  que  me  cuesta  un  briek  » .  En  la  Corres- 
pondencia,   se   menciona  dos  veces    á  Liniers,  nunca  á  Sassennay  ni  á  Périchon, 

Página  8a,  linea  11,  dice  contennó ;  liase  continuó. 

Página  84,  linea  11,  liase  sábalos. 

Página  99,  línea  a,  suprímase  la  coma  después  de  bonaerenses. 

Página  100,  línea  5,  liase  Real  efigie. 


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ANALES  DE  LA  BIBLIOTECA 


Página  io3,  nota,  liase  el  mérito  inusitado  del  trabajo. 

PAgina  1 06,  linea  a,  liase  había  de  permanecer. 

Página  lio»  linea  i5,  liase  le  instaló  en  el  Fuerte. 

Página  iig,  linea  ai,  liase  en  que  estos  rezagados. 

Página  laa,  nota  a,  después  de  gaceta,  interedlese  {hsi»\A  lo  trae  Moreno  en  un  decreto). 

Página  I  a  5,  linea  s,  liase  habianse  apiñado. 

Página  ia6,  nota,  linea  6,  dice  Marza;  liase  Maria. 

Página   187,  linea  11,  Uase  y  demás  intrigantes. 

Página  168,  linea  ai,  liase  sin  discrepancia  y  con  dudosa  legalidad. 

Página  1 53,  linea  18,  licué  formaban  el  cemento. 

Página  1 63,  linea  10,  liase  los  errores  cometidos  por  Masséna. 

Página  1 63,  linea  a4,  liase  tres  hijos  varones. 

Página  166,  linea  i,  licué  creo  sea  permitido. . . 

Página  166,  linea  la,  /¿ore  entonces  llamaban... 

Página  168,  nota  a,  liase  número  46. 

Página  171,  linea  i4i  liase  si  bien,  por  una  contradicción... 

Página  1 83,  nota  i,  linea  7,  liase  el  documento  n*  37. 

Página  184,  linea  a7,  liase  participase  entonces... 

Página  189,  línea  a 4,  licué  blanqueadas. 

Página  191,  nota,  /¿are  documento  n*  ao. 

Página  19a,  nota,  liase  documentos  19  y  a6. 

Página  ao5,  linea  a3,  liase  haya  días. 

Página  a 07,  nota,  linea  8,  liase  Ghorroarín :  el  cabildo. . . 

Página  ao8,  nota,  agrigaese:  Es  harto  curiosa  la  mención  que  á  vuela  pluma  hace  de  él 
Napoleón,  en  una  carta  al  Gran  Duque  de  Berg,  datada  en  Bayona,  a6  de  mayo  de 
1808,  once  de  la  noche.  (Correspondance^  XVII,  at4)  :  (<  Le  chef  d'escadre  [Huidobro] 
vient  d*étre  nommé  gouverneur  de  Montevideo  :  il  commandait  lors  de  la  reddition  : 
c'est  un  homme  qui  ne  jouit  d'aucune  considération  dans  le  pays. . .  Envoyes  des 
ordres  pour  qu'il  ne  s*embarque  pas  et  faites  confirmer  la  nomination  (Elio)  qu*a  faite 
le  general  Liniers».  Antes  de  pasar  la  frontera,  sabia  las  cosas  de  España  y  sos 
colonias  mejor  que  Murat  y  los  ministros.  Hay  que  estudiar  los  4o  ó  5o  tomos  de  su 
correspondencia  privada  para  medir  la  altura  y  amplitud  de  aquel  espíritu  :  la  aciivi^ 
dad  asombrosa  y  sobrehumana  de  un  genio  que  nada  ignora,  olvida  ni  confunde,  en 
los  innumerables  detalles  diversos  de  un  escenario  en  perpetuo  trastorno  y  .que  abarca 
el  mundo.  La  carta  citada,  escrita  á  medianoche,  es  la  octava  de  aquel  dia  :  se  ha  di- 
rigido (desde  las  7  de  la  mañana)  á  sus  ministros  Ghampagny,  Gretet  (dos  veces), 
Decrés  (tres  veces),  á  Murat,  otra  vea,  dictando  á  cada  cual  las  órdenes  más  precisas 
y  minuciosas  relativas  á  sus  departament<M. 

Página  a  I  o,  línea  19,  liase  hasta  las  doce. 

Página  a  18,  linea  a 6,  /¿ore  muchos  jefes . 

Página  aa3,  linea  a 5,  ciirrense  las  comillas  en  faltaba. 

Página  a 3o,  línea  i3,  liase  y  si  no  se  logró  aquí. 

Página  a43,  linea  3t,  liase  en  la  placa  de  la  Victoria. 

Página  a6o,  linea  a3,  liase  escapaba  solo  al  sacrificio 


índice 


Prefacio r 

Una  refatación  de  Mariano  Moreno i 

Santiago  Liniers 43 

Documentos  relatiros  á  Liniers 367 

Diario  de  Alvear 378 

Tres  cartas  inéditas  de  Bolívar , 46& 


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